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Florentino y Mourinho: un feedback ganador

Florentino y Mourinho: un feedback ganador

Escrito por: Ricardo Ramos Neira17 junio, 2026
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Hay regresos que responden a la nostalgia. Otros, a la necesidad. Y luego están aquellos que nacen de una convicción compartida. La vuelta de José Mourinho al Real Madrid nace de estas últimas dos: de la convicción, pero también de la necesidad.

Durante años se habló de la posibilidad de un segundo encuentro entre Florentino Pérez y el técnico portugués. Parecía una de esas historias que el fútbol guarda en un cajón y que nunca llegan a materializarse. Sin embargo, el destino ha querido que ambos vuelvan a coincidir en un momento especialmente significativo para los dos.

Florentino Pérez acaba de renovar su liderazgo al frente del Real Madrid después de una etapa en la que el club, acostumbrado a vivir instalado en la victoria constante, ha atravesado dos temporadas muy alejadas de sus estándares habituales. La exigencia en el Santiago Bernabéu es tan elevada que no basta con competir; hay que ganar. Y cuando el Real Madrid deja de levantar grandes títulos durante demasiado tiempo, la sensación de urgencia se instala en cada rincón del club.

Mourinho, por su parte, también necesitaba este reencuentro.

Nadie puede borrar su trayectoria. Sus Champions con Oporto e Inter, sus títulos en Inglaterra, Italia y España, ni aquella capacidad única para transformar grupos competitivos en auténticas máquinas de ganar. Pero es igualmente cierto que durante los últimos años el portugués se había alejado de los grandes focos del fútbol europeo. Sus experiencias más recientes, lejos de los gigantes económicos y deportivos del continente, parecían situarlo en una dimensión distinta de aquella que lo convirtió en uno de los entrenadores más influyentes del siglo XXI.

Florentino devuelve a Mourinho a la élite. Y Mourinho devuelve a Florentino una ilusión que parecía parcialmente dormida

Por eso este regreso tiene algo de reivindicación mutua.

Florentino devuelve a Mourinho a la élite.

Y Mourinho devuelve a Florentino una ilusión que parecía parcialmente dormida.

Lo verdaderamente interesante de esta nueva etapa no es únicamente la llegada del entrenador portugués. Lo que llama la atención es la rapidez con la que el presidente ha comenzado a respaldar sus peticiones.

Históricamente, el Real Madrid de Florentino Pérez siempre ha mantenido una estructura muy presidencialista. Los entrenadores han tenido influencia, por supuesto, pero las grandes líneas estratégicas se decidían desde los despachos. En esta ocasión, sin embargo, la sensación es diferente.

Da la impresión de que Florentino ha decidido entregar a Mourinho una cuota de poder poco habitual. Solo una vez hizo algo parecido, y fue precisamente en la primera etapa de Mourinho en el Madrid. Sin duda, José Mourinho siempre ha tenido una ascendencia especial sobre Florentino Pérez.

Los primeros movimientos del mercado parecen confirmar esa percepción. La llegada de Ibrahima Konaté, la incorporación de Denzel Dumfries y el reciente fichaje de Marc Cucurella responden claramente a la voluntad de reforzar una defensa que había mostrado demasiadas grietas durante la última temporada.

Otra de las contrataciones estelares es la de Bernardo Silva, uno de los futbolistas más inteligentes y competitivos del panorama europeo actual.

No son fichajes improvisados.

Tampoco parecen operaciones diseñadas exclusivamente desde el departamento financiero.

Da la impresión de que Florentino ha decidido entregar a Mourinho una cuota de poder poco habitual. Solo una vez hizo algo parecido, y fue precisamente en la primera etapa de Mourinho en el Madrid

Son incorporaciones que encajan perfectamente con el perfil de jugador que históricamente ha buscado Mourinho: futbolistas experimentados, competitivos, tácticamente disciplinados y preparados para rendir desde el primer día.

De hecho, uno de los aspectos más llamativos de esta nueva etapa es precisamente el cambio de orientación que parece estar experimentando el club.

Durante los últimos años, el Real Madrid apostó con enorme éxito por captar talento joven antes que nadie. Vinícius, Rodrygo, Bellingham, Camavinga, Tchouaméni o Arda Güler representan esa filosofía. El club se convirtió en referencia mundial detectando futuras estrellas antes de que alcanzaran precios prohibitivos.

Ahora el mensaje parece distinto.

No se trata de abandonar esa estrategia, sino de complementarla con futbolistas hechos para competir inmediatamente.

Y ahí aparece la influencia de Mourinho.

Porque Mourinho nunca ha sido un entrenador paciente con los procesos largos. Respeta el talento joven, pero exige rendimiento inmediato. Quiere jugadores capaces de interpretar la presión del Bernabéu desde el primer minuto. Quiere experiencia. Quiere personalidad. Quiere carácter.

Y Florentino, al menos de momento, parece dispuesto a concedérselo. Quizá porque el presidente también entiende que el contexto ha cambiado. La afición necesitaba recuperar la ilusión.

Necesitaba volver a sentir que el club se mueve con ambición.

Necesitaba percibir que existe un plan.

Y pocas figuras generan más sensación de proyecto que José Mourinho.

Mourinho nunca ha sido un entrenador paciente con los procesos largos. Respeta el talento joven, pero exige rendimiento inmediato

Su primera etapa en Madrid dejó algunas polémicas, pero también algo que muchas veces se olvida: devolvió al club una mentalidad competitiva feroz. Aquel equipo fue el que puso fin al dominio absoluto de un Barcelona que jugaba muy bien, pero que también jugaba con red. Hoy sabemos que todos aquellos partidos polémicos que siempre caían del lado del Barça se deben a que el club azulgrana le estaba pagando al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros a través de sus empresas. ¡Un escándalo sin precedentes que, en mi opinión, constituye el mayor delito de la historia del deporte!

Sea como fuere, aquel Real Madrid de José Mourinho volvió a creer que podía ganar a cualquiera. Aquel equipo sembró parte de la mentalidad que años después terminaría desembocando en la extraordinaria colección de Copas de Europa conquistadas por el club.

Por eso Florentino vuelve a confiar en él. Porque sabe exactamente lo que contrata. No contrata únicamente a un entrenador.

Contrata liderazgo. Contrata exigencia.

Contrata una personalidad capaz de soportar la presión que acompaña al escudo más pesado del fútbol mundial.

Y Mourinho también sabe perfectamente lo que recibe. Recibe un presidente que siempre creyó en él.

Recibe una institución que conoce.

 

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