Con motivo del 40 aniversario del partido del todos los Mundiales, el Argentina-Inglaterra del 86, Jorge Valdano escribe un texto en El País que lo resume de manera precisa y redonda, como la pelota: ‘El día que Maradona explicó un país’ (léanlo y ya me lo agradecen en comentarios, si gustan).
Asiéndonos de su hilo, y mientras el Madrid aprovecha estas semanas para recomponerse cerrando heridas, resulta interesante señalar encuentros de la historia del club que por sí solos explican su peso, memoria y leyenda.
Son varios los que no tardan en agolparse en la memoria. Podemos empezar con la final de Copa previa a que todo se rompiera en España, la del 21 de junio de 1936 ante el Barcelona. Aquella de la mágica parada de Zamora que más tarde él mismo reflejó en sus Memorias: «Absoluta posesión de lo que me pertenece, de lo que nadie debe disputarme: el balón. ¡No ha sido gol! ¡No ha sido gol! Óyese a mi alrededor. Es el título, es la Copa […] Veinte años de fútbol están ahí, en ese instante».
Debemos continuar con la mayor goleada ante el equipo culé, el inefable 11-1 de semifinales del torneo copero del 43, o detenernos en la primera gran remontada de tronío, la de la final de la Copa de Europa del 56, conseguida por el Madrid de Di Stéfano (al que «todo el campo le cabía en sus zapatos», según Galeano) frente a un Stade de Reims que en el minuto 10 ya mandaba con dos goles de ventaja.

No podemos dejar al margen el primer fogonazo de Butragueño, en Cádiz, preludio del imperio de la mejor generación que ha dado nunca un club de fútbol. Y tampoco al 5-0 contra el Barça de la 94/95 que terminó de enterrar al equipo de Cruyff y mitigó algunos fantasmas tinerfeños. Qué decir del partido que regresó al Madrid a su hábitat, la cima de Europa, 32 años después. O de la conquista de la Novena y el símbolo de la hermosa excelencia que dibujó Zidane para los restos. Olvidarnos de la siguiente, la del minuto 93 ante el Atlético casi sería el mismo delito que hacerlo de las remontadas de la Champions de los imposibles del 22, con el partido del City como guinda insuperable.

Sin embargo, si hay un momento que encierra la esencia del Real Madrid en todas sus aristas es sin duda el disputado el 11 de diciembre de 1985. Ya conocen la historia, de ficción si no pudiéramos recuperar la hemeroteca: el 4-0 después de encajar un 5-1 contra el Borussia Monchengladbach. Un partido que lo tiene todo. La victoria ante un equipo alemán, indomable Goliat por entonces para los españoles. El último servicio de los eternos veteranos, Juanito y Santillana, en plena ebullición de La Quinta. La comunión con la grada, sumida en un éxtasis de los que combustionan el Bernabéu. La locura, esa que invadió hasta al más racional de los futbolistas, Valdano, que confesaría haber perdido la noción del tiempo y el espacio durante varios segundos después del cuarto gol.
Y, por supuesto, la imagen y el mito, los saltos de Juanito al ser sustituido. «Hay personas que, a pesar de tener una vida apasionante, parecen haber nacido para un día determinado», dice el argentino de Maradona y aquel partido en México. Y lo mismo se podría apuntar sobre el malagueño y el del Borussia.
Y tú, ¿con cuál te quedas?
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4-0 contra el Borussia
Igualito que Vini al ser cambiado ante el Barça, eh? Lo digo para los que decís que el brasileño tiene el espíritu de Juanito. Que a mí me parecen como el agua y el aceite...
Los dos goles seguidos de Rodrygo al Manchester City o los 3 de Benzema al PSG de hace bien poco.
El Bernabeu era un auténtico manicomio. Imparable, pareciera que iba a salir volando cual nave espacial.