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El día de la marmota

El día de la marmota

Escrito por: Athos Dumas13 abril, 2018
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Imaginemos, tan solo unos instantes, unos cuartos de final en el Mundial de Rusia 2018. Se están jugando el pase a la siguiente ronda, en un partido decisivo y eliminatorio, la selección de España y – pongamos – la selección de Uruguay (o la de Francia, o la de Bélgica, es igual).

Hay empate en el marcador. Ataca España. Isco (o David Silva o Thiago Alcántara) cuelga un balón al área pequeña. Diego Costa (o Morata o Rodrigo), salta por encima de su marcador, y deja el esférico muerto a cuatro metros de la línea de gol a Iago Aspas (o a Iniesta o a Asensio), con el portero rival vendido y batido. En ese preciso instante, Godín (o Umtiti o Kompany, dependiendo de la selección rival de la que estamos hablando), empuja al delantero español con ambas manos y le golpea con su pierna izquierda a la altura de su pecho. El colegiado de turno (da igual el que sea) decreta la pena máxima (obviamente, y sin tener en cuenta si es el minuto 92, el minuto 27 o el minuto 68). En ese instante, el guardameta Muslera (de Uruguay) o Lloris (de Francia) o Courtois (de Bélgica), se abalanza sobre el árbitro, con el rostro desencajado, las órbitas de sus ojos dando más vueltas que Jordi Alba haciendo la croqueta, y soltando improperios cual espumarajos, además de dirigirle gestos amenazantes y particularmente soeces.

Imaginemos ese momento y cuál podría ser la reacción de cualquier seguidor de la selección española ante esa jugada. Nadie, repito, nadie, discutiría ni por una milésima de segundo, la decisión del juez de la contienda. Penalti por supuesto. Indiscutible. No hace falta ni ver las repeticiones desde veintiséis ángulos diferentes. Penalti. Y no se hable más. Algunos aficionados, además, pedirían tarjeta amarilla o roja para Godín, Umtiti, Kompany, Hummels, Mascherano (bueno, quizás Mascherano no sea el mejor ejemplo, si hablamos de señalar penaltis), Otamendi, Marquinhos o el defensa central de turno. Y todos, todos, todos los seguidores de la Roja, sin excepción alguna, clamarían al cielo para exigir la tarjeta roja e inmediata expulsión (y sanción de qué menos de 7 partidos) para el guardameta Muslera, lloris, Courtois, Neuer, Romero o Alisson de turno.

Esto sería así. Nadie me va a hacer creer que la reacción del público, y de toda la prensa nacional, deportiva o generalista, sería diferente a la que he tratado de describir.

Pues bien. Esta jugada ocurrió tal y como la he narrado, el miércoles 11 de abril de 2018, en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid, a las 22.33 de la noche, en un partido de vuelta de cuartos de final de la UEFA Champions League, entre el Real Madrid y la Juventus. Y los protagonistas de la jugada fueron Toni Kroos colgando un balón al pico del área pequeña, Cristiano Ronaldo saltando por encima de Alex Sandro y dejando el esférico para Lucas Vázquez, solo ante Gigi Buffon, y el central Benatia arrollando al extremo gallego con un empujón y una patada en el pecho, cuando el remate iba a ser un tanto más que seguro. En ese instante, árbitros, ex árbitros, comentaristas, tertulianos, y todo tipo de personajes de todo pelaje, empezaron a pontificar sobre la jugada, y en lugar de reconocer, simplemente que era un lance claro a señalizar con pena máxima (“Calcio di rigore” en italiano), lanzaron todo suerte de teorías y conjuras pseudo masónicas negando la realidad. Algunos incluso apoyaron la surrealista tésis de que no se puede castigar así a un equipo que ha estado a punto de culminar una remontada épica. Y que en el minuto noventa y pico esas jugadas hay que obviarlas. “Fue penalti, sí. Pero no hay que pitarlo.”, escuché decir. Un penalti, aunque sea el más claro del universo, a favor del Madrid no se puede pitar en los primeros 5 minutos “porque es demasiado pronto” y tampoco en los últimos cinco minutos ”porque se hiere a un equipo que está forjando una gesta”.

Ya da igual que el Madrid sea un equipo español, aunque para muchos no lo sea, por la inmensa envidia que se genera contra él. Da incluso igual que en la prestigiosa “Gazzetta dello Sport”, casi el 70% de los encuestados vote que el penalti de Benatia era más grande que il Duomo de Milán, o que Alessandro Del Piero, leyenda histórica de la Juventus haya declarado que “no entiendo las palabras de Buffon y no las comparto. Lo que ha hecho Benatia es penalti. Quizás cuando Gigi esté más tranquilo piense diferente.” Del Piero, 19 años en la primera plantilla de la Juventus, ganador de 16 títulos con los bianconeri y muy muy poco sospechoso de no ser juventino a muerte.

Nos ha tocado vivir esta época. Todos con el Barça, todos con el Sevilla. Todos con el Atleti, con el Villarreal, con el que sea. Y todos con la Roja. Incondicionalmente. Ganando justa o injustamente. Ya me dijo una vez Don Alfredo, el más grande, que en los años 50 y 60 estas cosas ya pasaban. El Madrid, rey de España, de Europa y del mundo, era más discutido y era sistemáticamente maltratado en su propio país, mientras que allende las fronteras el mero hecho de mencionarlo o de mostrar su escudo dejaba boquiabiertos a europeos, norteafricanos o suramericanos.

Octava semifinal consecutiva. Les invito a que escuchen a los Del Piero de la vida, que cuentan lo que ven, no lo que quieren imaginar lo que no han visto. Escribo estas líneas desde Estoril, en Portugal, donde nadie, sea seguidor del FC Porto, del Benfica o del Sporting, me ha insinuado que lo de Benatia no había sido un penalti más grande que el Puente Vasco de Gama (el más largo de Europa, más de 12 kilómetros). Seguimos cabalgando.