En mi infancia y juventud (allá por el pleistoceno superior) se decía a modo de chanza que “El que tiene pase, pasa y el que no tiene pase, no pasa”. Efectivamente, esta frase se utilizaba cuando había que cumplir algún requisito para poder conseguir algo o acceder a alguna actividad, trabajo u ocio. El que tiene pase, pasa. Y ha pasado. El castellano-manchego Javier Alberola Rojas ha sido anunciado con bombo y platillo como próximo y flamante árbitro internacional por el Cantalejé Técnico de Árbitros (CTA para el pueblo).
¡Qué casualidad!. Qué casualidad que Javier Alberola fue uno de los cinco árbitros que utilizó los servicios de coaching prestados por el otro Javier, el Negreira, el hijo del que no pintaba nada en el CTA. Pues menos mal que no pintaba nada, si llega a pintar, se hacían los arbitrajes desde casa, con el resultado predeterminado y sin necesidad de jugar.
Estamos hartos de recordar esa paremia que dice que La mujer del César, además de ser honesta, debe parecerlo. Siento tener que acudir a este dicho y perdóneme las personas sensibles en materia de género, nada más lejos de mi intención hacer un comentario machista, hasta ahí podíamos llegar, pero es que la frasecita resume muy bien lo que queremos decir cuando la utilizamos. No sólo hay que hacer las cosas bien, además tenemos que realizarlas de forma honrada y con pátina de moralidad.
Efectivamente, Alberola tiene pase, tiene el pase de los pagos realizados a Negreirita en concepto de asesoramiento y coaching, una pasta gansa para forjarse un futuro en el arbitraje. Además, Javier Alberola cumple con los cánones propios de los árbitros triunfantes del Negreirato, puesto que en los partidos que ha arbitrado al Real Madrid (7 encuentros), el balance es de 4 victorias, 1 empate y 2 derrotas, con 20 goles a favor y 8 en contra, por lo que el equipo de Concha Espina ha obtenido un resultado desfavorable (empate y derrota) en el 42,85% de los casos. Números no normales, puesto que en el resto de partidos oficiales que el Real Madrid ha jugado desde la temporada 2017/18, fecha en la que nuestro Javier alcanza la primera división patria y quitando los arbitrados por el ínclito, el Real Madrid ha disputado 322 partidos oficiales, en los que ha obtenido un resultado desfavorable en el 36,34% de los mismos, esto es, seis puntos y medio menos que con el de Ciudad Real.
Con Alberola Rojas, el Madrid ha obtenido un resultado desfavorable en el 42,85% de los casos, frente al 36,34% sin él
Sin embargo, si seguimos nuestra nada tendenciosa investigación, cuando buscamos la trayectoria de este señor con el Barcelona nos encontramos con una sorpresa (que no, lectores, que no es una sorpresa…) Alberola ha arbitrado los mismos 7 encuentros al FC Negreilona, con un balance de 5 victorias y 2 empates…. Qué casualidad que con el ciudadrrealeño al silbato, el FC Negreilona no ha perdido ningún partido, marcando, además, 23 goles y encajando 7. Esto es, el equipo del Espai que no hay espai, ni Palau ni ná, sino quiebra, ha tenido resultados desfavorables con este chiflero en el 28,57% de sus partidos, más de 14 puntos porcentuales menos que los merengues.
Se corrobora lo que queríamos demostrar, el que tiene pase, pasa y el que no tiene pase, no pasa. Alguien en twitter me ha dicho al ver la noticia del escarapelamen fifero de Alberola que ¡qué vergüenza! No amigos, esto ya no es de vergüenza, la palabra se queda muy corta, tanto como indecencia, inmoralidad deshonestidad y demás que se nos ocurran. Esto ya es alevosía, premeditación y, ni siquiera, nocturnidad, porque lo hacen a plena luz del día, no se cortan.
Ya saben, queridos aspirantes a trencilla de postín, si quieren llegar alto, hay que conseguir el pase, y el pase, pasa por rendir pleitesía a los jefes silbatiles, tratar bien al FC Negreilona y mal al Real Madrid, no hay más, es lo que hay. El sábado jugamos en casa contra el Almería. Esperemos que obtengamos un buen resultado para llegar a lo importante (final de Copa y semifinales de Copa de Europa) con tensión competitiva y, por favor, defensiva.
Ahora, después del ya tradicional desahogo negreiril, unos datos del partido y ¡hala Madrid!
Efectivamente, los 9 partidos jugados contra el Almería (todos en liga) como local, LOS HA GANADO el R. Madrid, en los que ha marcado 33 goles y sólo ha recibido 5.
Ya que la mayor racha de victorias frente al Almería es LA ACTUAL, que data desde el 21 de mayo de 2011 (6 partidos) y la mayor racha de partidos sin perder contra los andaluces también es la actual, que data desde el 2 de noviembre de 2008 (11 partidos).
Los resultados típicos de un R. Madrid-Almería de liga son 3-0 y 4-0, que se han repetido en 2 ocasiones.
El 21 de mayo de 2011, partido que finalizó con la victoria madridista por 8-1, goles de Adebayor (3), Cristiano Ronaldo (2), Benzema (2) y Joselu.
Efectivamente, cuadra que sea Cuadra el que dirija el choque en Chamartín. Con este balear el Real Madrid no ha marcado ningún gol de penalti (le pitó uno), sin embargo, los equipos rivales han marcado 3 goles desde el punto de penalti al equipo blanco. Además, el amigo se tragó una clamorosa mano en el área del Sevilla y anuló un gol a Vinicius por mano inexistente en el Sevilla-R. Madrid de la temporada 2021/22 que conseguimos ganar in extremis después de remontar un 2-0 en contra.
1.- La Unión Deportiva Almería (con el nombre de Agrupación Deportiva Almería) jugó por primera vez en primera división en la temporada 1979/80. Actualmente es el 40º en la clasificación histórica del campeonato con 275 puntos.
2.- La actual es la 9ª temporada del Almería en primera división.
3.- El último ascenso del Almería a primera división ha sido esta temporada.
4.- El Almería fue campeón de la Segunda División la temporada pasada.
5.- Sus últimos 5 partidos de liga los ha saldado con 2 victorias, 1 empate y 2 derrotas.
6.- El Almería, en sus últimos 5 partidos como visitante en liga, ha ganado 1, ha empatado 1 y ha perdido 3.
7.- Jugadores del Almería que hayan jugado en el R. Madrid y le ha marcado gol en partido oficial: Negredo (1).
8.- Rubi se ha enfrentado como entrenador en 6 ocasiones al Real Madrid (2 dirigiendo al Betis, 2 al Español, 1 al Levante, 1 al Sporting y 1 al Almería), con un balance de 1 victoria, 1 empate y 5 derrotas ante los blancos.
9.- Los goleadores del Almería en esta temporada son: El Bilal (6), Leo Baptistao, Melero, Luis Suárez (4), Ramazoni, Babic (3), Sadiq, Portillo (2), Robertone, Embarba, Lozano, De la Hoz, Eguaras, Chupi, Samu Costa, Akieme, Puigmal, Centelles (1).
9 victorias, 1 empate, 36 goles a favor (3,6 goles por partido) y 7 en contra.
Goleadores: Cristiano Ronaldo (7), Benzema (4), Adebayor, Bale, Isco (3), Huntelaar, Morata (2), Marcelo, Sergio Ramos, Higuaín, Van der Vaart, Joselu, Di María, James, Arbeloa, Lucas Vázquez, Alaba, Dos Santos (p.p.) (1).
Asistentes: Benzema (5), Cristiano Ronaldo (4), Higuaín, Isco, Jesé (2), Guti, Sergio Ramos, Ozil, Casemiro, Nacho, Illarramendi, Kroos, Carvajal, Chicharito Hernández (1).
Tarjetas: Cristiano Ronaldo (3), Sergio Ramos, Gago, Albiol (2), Heinze, Pepe, Raúl, Guti, Xabi Alonso, Arbeloa, Marcelo, Illarramendi, Bale, Coentrao, Camavinga (1).
Expulsados: Cristiano Ronaldo.
Primer tiempo: 10 goles; segundo tiempo: 26 goles.
Gol más tempranero: Cristiano Ronaldo (minuto 2).
Gol postrero: Cristiano Ronaldo (minuto 88).
El R. Madrid ha remontado 2 veces un gol para ganar el partido y no le han remontado.
Mayor goleada: 21 de mayo de 2011, R. Madrid-Almería, 8-1, goles de Adebayor (3), Cristiano Ronaldo (2), Benzema (2), Joselu.
Un gol de penalti marcado y ninguno recibido.
1 Hat Trick (Adebayor).
5 dobletes o más: Cristiano Ronaldo (2) Huntelaar, Adebayor, Benzema.
Partido con más goles (9): 21 de mayo de 2011, R. Madrid-Almería, 8-1, goles de Adebayor (3), Cristiano Ronaldo (2), Benzema (2) y Joselu.
El R. Madrid ha marcado en los 10 últimos partidos jugados frente al Almería en liga.
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Hay en la historia del fútbol una mística en torno a ciertos jugadores del pasado, leyendas consideradas como los mejores de la historia. Pelé y Maradona siempre han estado en la cúspide, Brasil y Argentina como potencias futbolísticas. El carisma de ambos jugadores y sus victorias en los mundiales han aumentado su imagen.
Y como leyendas que son, todo el fútbol posterior se ha dedicado a buscar un sucesor digno. Para Argentina no hubo nadie como Maradona hasta la llegada de Messi. Casi un clon a nivel físico y futbolístico, pero siempre con el debate acerca de la diferencia de liderazgo entre y uno.
Y con Pelé nunca ha habido esa similitud. Y han aparecido grandísimos jugadores después del genio del Santos. Desde Ronaldo Nazario hasta Romario, pasando por futbolistas como Rivaldo, Ronaldinho o Neymar. Todos ellos talentos naturales, cada uno con sus cualidades físicas, pero ninguno parecido a Pelé. Ni físicamente ni en rendimiento global. Claro, hablamos del jugador con más mundiales de la historia y con un número de goles solo al alcance de muy pocos.
Por eso, cada nuevo jugador que sale de Brasil es un Pelé en potencia. No a nivel real, sino como proyección de la esperanza del país por encontrar a un sucesor. Con lo prolífico que es el fútbol brasileño, surgen jugadores con altas expectativas cada año. Muchos llegan a Europa y muchos triunfan como Vinicius, Gabriel Jesús o Rodrygo. Pero claro, hablamos del próximo Pelé...
Cada nuevo jugador que sale de Brasil es un Pelé en potencia. No a nivel real, sino como proyección de la esperanza del país por encontrar a un sucesor
El último nuevo Pelé lleva el nombre de Endrick, es brasileño (claro) como Pelé, mide incluso lo mismo que la leyenda, 1,73, y ha debutado en el fútbol casi a la misma edad. Uno con 15 y otro con 16, la diferencia es de unos pocos meses. Y como en la foto adjunta, Endrick despierta esa ilusión en los aficionados, con un carisma impropio de un niño de 16 años, y un rendimiento inaudito en sus primeros partidos.
Pero el debut temprano en una liga como la brasileña no garantiza ni mucho menos el éxito. Este es el listado de los jugadores más jóvenes en debutar en las últimas dos décadas. Por cierto, Rodrygo y Vinicius Junior figuran en el puesto 17º y 18º, respectivamente. El resto se quedó por el camino o todavía no ha explotado.
Pero con Endrick puede ser diferente, precisamente por el precedente de esos dos jugadores. Así que ya tenemos al nuevo Pelé. O al menos, al nuevo “nuevo Pelé”, hasta que la realidad ponga todos los datos en su sitio. A poco que siga haciendo goles, Endrick empezará a tener esa etiqueta. Que es como cargar un saco de kilos de esperanza de todo un país. Concretamente el país con la mayor tradición futbolística del mundo.
Esa carga será parecida a muchos otros jugadores que debutaron jóvenes y con gran proyección. Y la capacidad de sostener esa carga será la que determine qué clase de jugador será Endrick. Podrá ser un fabuloso futbolista si rinde a buen nivel en el Real Madrid y marca goles. O podrá ser uno más que pasó sin pena ni gloria si algún factor se tuerce, o podrá ser una gran leyenda si su físico, cabeza y talento le acompañan. Pero va a necesitar todo eso y la pizca de suerte necesaria para serlo en un club con la exigencia del Real Madrid.
A poco que siga haciendo goles, Endrick empezará a tener la etiqueta de nuevo Pelé
La gran ventaja para Endrick es que el Real Madrid ha implantado un modelo de éxito para los jóvenes. Tanto el caso de sus compatriotas Rodrygo y Vinicius, como otros (Valverde), validan este modelo. Se ha hablado históricamente del éxito económico y de imagen del Real Madrid, pero poco de este modelo deportivo que ha logrado fichar a muchos jóvenes y convertirlos en leyendas. Los dos nombres que se me vienen a la cabeza son el de Sergio Ramos y Marcelo, fichados con 19 y 17 años respectivamente. O Casemiro, que jugó en el Castilla y se formó de joven en la cultura blanca.
Precisamente, tanto Marcelo como Casemiro ejercieron de mentores y padrinos de los tres jóvenes brasileños: Rodrygo, Vinicius y Militao. Aprendieron junto a estas dos leyendas los valores del club y fueron adquiriendo poco a poco peso en el vestuario hasta el rendimiento actual.
Con 22 años, hoy Vinicius afronta su 5ª temporada y Rodrygo con la misma edad la 4ª. Ambos jugadores se han instalado como titulares y para cuando Endrick aterrice en el 2024, Rodrygo probablemente ya sea una estrella mundial mientras Vinicius indudablemente ya lo es.
Así que el joven brasileño tendrá como mentores a dos chicos que pasaron exactamente por el mismo proceso. Primero tuvieron que debutar en su país y demostrar su nivel. Cada uno con un equipo distinto, del Flamengo, del Santos y del Palmeiras, respectivamente, los tres pasaron por ese periodo de prueba. Y luego al Real Madrid con 18 años, como jóvenes estrellas de una liga menor como la brasileña, y con altísimas expectativas para triunfar.
Y ahí, ambos le podrán narrar sus respectivas experiencias. La necesaria paciencia hasta ir entrando poco a poco en el once titular, la dificultad de manejar las expectativas y la constante exigencia diaria.
Endrick tendrá como ejemplo a dos jugadores que tendrán 24 años y serán ya casi líderes del vestuario, cada uno con un mínimo de una Champions levantada y ya muchas noches de gloria. Como uno de los fichajes más caros de la historia de un juvenil de solo 16 años, las nuevas expectativas estarán puestas en él. Y por eso, todo Brasil y todo el mundo vigila su rendimiento en estos meses próximos hasta que recale en el Real Madrid.
Por primera vez, el Real Madrid puede tener una tripleta atacante brasileña. Y por primera vez, parece que esos jugadores permanecerán mucho tiempo en el club. Los precedentes de futbolistas brasileños atacantes son Didi, Ronaldo o Robinho, que no tuvieron estancias de demasiados años. Aunque en el caso de Ronaldo Nazario, la huella fue tan grande que estos chicos tendrán que luchar por reemplazarla.
Tres brasileños jóvenes, talentosos a los que les une sobre todo una gran personalidad. Desde hace tiempo, el Real Madrid no solo ficha futbolistas con talento, sino que ficha jugadores con una gran personalidad, por encima de todo. Al fin y al cabo, la técnica, la táctica e incluso el físico se puede conseguir. Lograr una mentalidad de hierro es mucho más difícil.
Queda un año y medio para el aterrizaje de Endrick y veremos si por el camino algún factor no influye negativamente. Pero hasta que la realidad nos ponga a todos en su sitio, pensaremos que él sí es el nuevo Pelé.
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Como club más grande del mundo, el Madrid se ve sometido al expolio de internacionales en cada parón de selecciones.
En el quizz de esta semana ponemos a prueba vuestros conocimientos sobre el desempeño de nuestros futbolistas con sus respectivos combinados nacionales.
¡Participa!
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And I think it’s going to be a long long time
Till touchdown brings me around again to find
I’m not the man they think I am at home.
Oh, no, no, no, I’m a rocket man.
La otra noche, mientras seguía por streaming la I Gala de Premios La Galerna, no pude evitar esbozar una sonrisa de complicidad al escuchar las palabras de Sergio Llull, galardonado con el Premio Forja de la Gloria de baloncesto. “De pequeño, los niños soñaban con jugar en la NBA y yo en el Real Madrid. Ojalá hacerlo unos cuantos años más”. Como orgulloso integrante de ese minoritario porcentaje de hinchas rara avis que aún hoy prefieren el basket europeo al show norteamericano, sentí el impulso fulminante de abrazarlo; si de mí hubiese dependido, en ese instante se le hubiese propuesto una renovación de contrato de duración indefinida, más o menos hasta que las únicas mandarinas que pueda encestar sean las de su carrito en el puesto de la fruta del mercado de abastos.
Emotivas hipérboles al margen, al mismo tiempo que en la pantalla del escenario aparecía una recopilación de algunas de sus mejores jugadas, de repente me dio por recordar un celebrado videoanálisis del menorquín, realizado hace años por Piti Hurtado, y me puse a tararear Rocket Man, de Elton John. He de reconocer que en algunas ocasiones mi mente suele llevar a cabo conexiones un punto extravagantes, pero en este caso considero la excentricidad bastante justificada. Al fin y al cabo, la canción escogida por Hurtado como alegoría descriptiva de Llull viene que ni pintada: difícil encontrar algo mejor que un cohete para representar el dinamismo que el base de Mahón ofrece cada vez que salta a una cancha de baloncesto. No en vano probablemente los dos sellos más distintivos de su juego sean las penetraciones hacia la estratosfera, elevándose contra todo y contra todos, y las canastas inverosímiles al límite del tiempo de posesión. Se trata de un jugador de alguna manera paradójico, pues resulta meticuloso dentro del caos.
Esa perenne esencia bulliciosa se ha hecho carne de distintas formas y nos ha ofrecido varias versiones. Algunas temporadas su estilo arrebatador ha encontrado acomodo dentro de una partitura coral: escoltado por compañeros en su cenit como Rudy, Chacho, Doncic, Carroll, Campazzo… ha conseguido aportar su energía en beneficio del colectivo, constituyendo un factor absolutamente diferencial en su papel de martillo que daba el golpe de gracia. Otros años, sin embargo, se ha encontrado menos arropado y se ha visto obligado a un protagonismo casi exclusivo en el ataque madridista, acaso más cedido que buscado; en esas rachas el ritmo del conjunto parecía interferido y el excesivo acaparamiento del balón jugaba incluso en su contra, mientras otros pasaban más o menos desapercibidos. En cualquier caso, Llull siempre ha sido el crítico más ácido de sí mismo, a veces me atrevería a apuntar que demostrando una severidad excesiva; se halla tan alejado de la autocomplacencia que no se permite refugiarse en la coartada de las lesiones a la hora de explicar un bienio gris. Un jugador de gran impacto emocional en la pista que fuera de ella evita el tribunerismo barato. Un tribuno de la plebe capaz de expresarse como un senador.
la canción escogida por Hurtado como alegoría descriptiva de Llull viene que ni pintada: difícil encontrar algo mejor que un cohete para representar el dinamismo que el base de Mahón ofrece cada vez que salta a una cancha de baloncesto. Se trata de un jugador de alguna manera paradójico, pues resulta meticuloso dentro del caos
El aficionado caprichoso -disculpen el pleonasmo-, anhelante de caras nuevas cada cuarto de hora, suele abogar por limpias de la plantilla constantes. Dieciséis años en el primer equipo del Madrid suponen una marca impresionante -I think it has been a long, long time-, que sin embargo no evita que haya quien pretenda cambiar la banda sonora del escolta, tratando de sustituir la balada de Sir Elton por el bamboleo de Julio Iglesias: “Caballo te dan sabana porque estás viejo y cansao”. Más aún en esta temporada extraña, en la que la traumática salida de Laso ha dejado una atmósfera enrarecida, con una rotación plagada de talento pero que no termina de carburar con regularidad. A algunos les dan ganas de disparar no se sabe muy bien a qué. Y Llull es, qué duda cabe, un objetivo que se ve desde lejos. Me da la sensación de que en ocasiones el propio jugador es consciente, y a menudo busca la reivindicación apelando a la receta conocida. Al corazón blanco. Llevado por un impulso frenético, casi furibundo, de calmar el desasosiego de la grada a golpe de mandarinas. Por encima de la pizarra, all this science I don’t understand. Un eterno doble o nada que provoca que, si los triples no entran, los mohínes se multipliquen.
No soy nadie para dar consejos, mas en mi opinión creo que Sergio tiene la posibilidad de otro camino más productivo. Un análisis sosegado nos dice que si el Madrid 2022-23 adolece de algo es de orden en la dirección, con un Goss demasiado ciclotímico, con un Hanga cuyo físico auxilia pero no puede inventar, con un Chacho Rodríguez obligado a ofrecerse en dosis escasas como los buenos perfumes, con un Alocén que no ha llegado a tiempo. Probablemente Llull nunca será un base cerebral como los que se esculpen en las canteras griegas, pero puede proponerse, además de fajarse en defensa en sus minutos en la cancha, reconstruir su rol desde el intelecto antes que desde el despilfarro. Más austero, más medido, jugando el dos para dos con Tavares que tan bien les salió en alguna ocasión. Eso no quiere decir que evite golpear puntualmente con el martillo de antaño; se trataría de ser dañino desde la sutileza más que desde el puro aplastamiento. Habrá quien me diga que semejante propósito constituye una entelequia, una transformación demasiado antagónica. Sinceramente, no lo creo. Sin ir más lejos, Rudy se reinventó, una vez la espalda limitó sus expectativas, como el mejor defensor exterior de toda Europa. Otra cosa es que al propio Llull le suponga un punto doloroso mostrar al público que, oh, no, no, no, ya no es el hombre que en casa piensan que es. Podría resultar comprensible. Aunque, por otro lado, no se me ocurre nadie que haya ejemplificado mejor el espíritu gramsciano del optimismo de la voluntad capaz de derrotar al pesimismo de la inteligencia. Qué quieren que les diga. Al fin y al cabo, en La Galerna no se premia a cualquiera.
Como contraste a la situación corrupta que vivimos, el quizz que hoy nos traen los amigos de fcQuiz versa sobre el señorío, una de las características que definen al Real Madrid y no es común en otros lares.
¿Cuánto sabes de señorío?
Participa y compruébalo.
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24 de mayo de 2000. Había costado encontrar entrada. La peña removió cielo y tierra. Con el Sr. Rocco hubiese sido más sencillo. Pero al final, ahí estaba: en París. Dos días antes llegó, para aprovechar el tiempo y coger la final bien ambientado. Y fue un gran acierto porque la conoció apenas comenzado ese magnifico día. Ella, deslumbrante, llenando de alegría y buen rollo aquel pequeño garito donde compartían canticos aficionados blancos y naranjas. Luciendo la camiseta un poco ajustada que le hacía destacar aún más. Él, hambriento: había que elegir entre comer y beber porque todo era carísimo. En cuanto la vio ya no pudo mirar nada más. Ni hablar, ni cantar, ni gritar. Nada. Era algo hipnotizante y tampoco quería quitarse esa sensación. De repente, ante la embobada y fija mirada del pobre, ella se fijó y se acercó. “¿Nos conocemos?”, preguntó con una naturalidad que le embobó más si eso hubiese sido posible. “¡Ojalá!” acertó a decir. Y ella sonrió y rio. Y no dejó ya de sonreír y reír toda la noche y la mañana y la tarde.
Consiguieron cambiar la entrada con un compañero de cada uno y pudieron ver el partido juntos también. Y qué partido. Cada gol era un abrazo más sentido, más largo. Y cuando al sonar el We are the champions se sorprendieron llorando juntos con las manos entrelazadas comprendieron que algo había nacido entre ellos.
Siguieron meses de ilusión y búsqueda de viajes y fines de semana para coincidir. Y Messenger, mucho Messenger. Estudiando y pasando el tiempo felices entre victorias y derrotas. Y ahorrando para poder ir de nuevo a otra final. A Glasgow. Esta vez compraron las entradas con cuatro meses de antelación, confiantes en el equipo de sus amores. Y, si París es la ciudad del amor, Glasgow fue para ellos muchísimo más. De nuevo juntos, de nuevo campeones: los reyes del corazón.
Acabaron las carreras y empezaron los problemas. Muchas ganas de éxito de cada uno y poco tiempo para desconcentrarse. Como si el amor necesitase concentración. El equipo tampoco ayudaba. Tal vez alguna final hubiese encendido de nuevo la llama. Pero no ocurrió. Y las risas se volvieron amargas y la distancia actuó implacablemente.
Pasaron los años y perdieron todo contacto. Nuevos números, nuevos países, nuevos domicilios. Y, de nuevo, un 24 de mayo, otra final. Ninguno de los dos pudo evitar los recuerdos, el cosquilleo, la excitación desde días antes. Y los dos acudieron a Lisboa. Esta vez el mismo día porque sus obligaciones no permitían mucho asueto. Y no estuvieron muy lejos uno del otro y, si el destino hubiese movido algún hilo, se hubieran encontrado. Pero no ocurrió. Se pasaron el tiempo buscándose y el partido no iba bien. Así que, inexplicablemente, de mutuo acuerdo, cada uno por su lado juntó sus manos evocando las anteriores finales. Ella entrelazando los dedos. Él colocando una mano encima de la otra y apretando muy fuerte. Tanto que con el gol de Ramos y todos los demás perdía el equilibrio y casi se caía. No se encontraron, pero Lisboa, de algún modo, se unió a París y Glasgow.
No fueron a las siguientes finales. A cada uno le surgían imprevistos o falta de ganas. De lejos también se disfrutaban los triunfos. Eso sí, las vieran donde las vieran, el ritual de tener las manos juntas, como si fueran las del otro, se repitió en todas ellas. Y las lágrimas y la alegría y la añoranza. Hasta que el pasado año llegó el partido contra el City. Los éxitos profesionales habían tenido muchas cosas buenas. Por ejemplo, que alguien importante los invitara a su palco. Llegó con bastante tiempo y se puso a charlar con los que allí estaban de cosas ajenas al futbol. Y apareció ella: deslumbrante, radiante, como la primera vez. Y él, como la primera vez, embobado. “¿Nos conocemos?”. “¡Ojalá!”, ante la sorpresa de los demás. No prestaron mucha atención al partido y estuvieron poniéndose al día. Hasta que encajó el Madrid el 0-1. Y entonces, instintivamente, se dieron la mano, las apretaron muy fuerte y dijeron: “Vamos a meter tres”. Y uno, y dos y tres. Se abrazaron, se besaron y rápidamente dijeron a sus anfitriones que necesitaban dos entradas para París.
Fueron 4 días antes, el 24 de mayo. Recorrieron los primeros lugares que recordaron como si hubiesen pasado días y no años. Comieron, bebieron, bailaron, cantaron y se amaron. Esta vez las manos unidas dieron un gol y paradas, muchas paradas. Y, cuando acabó el partido, lloraron y, sin soltarse, se abrazaron. Y se prometieron, esta vez sí, amor eterno.
Esta mañana, tomando un café con un gran amigo, este le ha dicho: “¿Qué, ya has comprado el regalo de San Valentín? Porque, chico, ¡pareces un veinteañero!” Se ha limitado a sonreír, embobado. Ha vuelto a ser un veinteañero y no va a dejar de serlo. Pero el regalo que ha preparado no es para mañana. ¿Cómo va a serlo? El amor no se celebra en febrero, el amor se celebra en mayo. Aunque este año será el treinta y tantos de mayo.
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Es endémico en el Madrid perder el control de partidos que tiene ganados. Así como toda ventaja del rival es enjugable a punta de espíritu de remontada (un abrazo, Joe), así igualmente de toda la vida el Madrid tiende a administrar mal rentas a su favor. Es el único equipo del mundo al que le dan disgustos al contraataque no cuando está volcado para solventar un partido difícil, sino cuando va ganando. Recuérdese cómo remontó el Ajax a aquel Madrid de Solari. El segundo tiempo de ayer fue un eco, los egipcios (rápidos en ataque y tiernos en defensa) se subieron a las barbas, pero todo se acabó resolviendo a punta de calidad y con el refresco de Ceballos.
Solari ganó este Mundial de clubes y enfrentó a Isco a la báscula. Son los dos hitos por los que el madridismo aún le quiere. Esta edición del Mundial posiblemente la gane el Madrid también, lo que no se le reconocerá como ningún mérito, pero sí se abrirá la caja de los truenos, en cambio, si llegamos a palmar contra el equipo saudí. Yo tengo confianza en que ganemos la Final por varias razones. La primera es que parece que Militao y Benzema volarán a Rabat para estar el sábado. Son los dos mejores del mundo en sus respectivos puestos, dos tipos completamente insustituibles.
Así como toda ventaja del rival es enjugable a punta de espíritu de remontada, así igualmente de toda la vida el Madrid tiende a administrar mal rentas a su favor
La segunda es la conexión entre Ceballos y los brasininhos. El gol de Rodrygo es un alarde de fantasía al alcance solo de una sociedad como esa. Ceballos y Rodrygo demostraron que se entienden con la mirada y dibujaron sobre una baldosa un chotis, que es en lo que se funden uno de Utrera y otro de Osasco (Sao Paulo) cuando pasan por Chamartín. Para la definición, Rodrygo sentó al portero egipcio con un amago que ha generado en El-Shenawy un severo problema de hemorroides.
Los demás andan así así, excepto Nacho, que siempre está entre bien y muy bien, y Alaba, que retornó a la titularidad con buen pie y relegará a Rüdiger al banquillo cuando vuelva también Militao. Modric está aún renqueante, aunque dejó pinceladas como el pase que acabó en el gol de Valverde, otro que no termina de volver. Carletto abraza la vieja idea según la cual los que ganaron la Champions deben ser del once en el Mundial, cosa que a despecho de sonar meritocrática puede ser todo lo contrario. La meritocracia es aquello que define tu recompensa en función de los últimos partidos, no de los de hace meses, aunque esos partidos de hace meses te llevaran a esta competición que juegas ahora. Digo esto porque me parece que Ceballos es ahora mismo indispensable, por talento y por depósito, y me enojaría discretamente si no lo veo formar de inicio el sábado. Ceballos y diez más, prego.
Tengo confianza en que ganemos la Final por varias razones. La primera es que parece que Militao y Benzema volarán a Rabat para estar el sábado. La segunda es la conexión entre Ceballos y los brasininhos
En cuanto al resto, Tchouaméni entró al campo con una extraña pose acomodada. Luego mejoró con algunos quites y pases fetén, aunque en conjunto no logró evitar la paradoja endémica señalada al principio: el Madrid pierde el control cuando el partido está ganado. Debería ser el principal argumento para evitar esa falta de solvencia. Ayer no lo logró. Y restaría decir algo sobre Arribas. La mejor prueba de que él es un pequeño genio del fútbol y yo un escribidor mediocre es que yo no sé sacar partido de estas últimas líneas para loarle, y él en cambio sacó petróleo de los últimos segundos (SUS segundos) sobre el campo. Tiene que jugar mucho más.
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Arbitró Javier Alberola Rojas del Comité castellano-manchego. En el VAR estuvo Medié Jiménez.
Un despropósito. El del campo y el del VAR. Nunca la inutilidad estuvo tan bien pagada. Bueno, tal vez si, que por eso estamos en España.
La primera amarilla fue para el Madrid, as usual. Nacho zancadilleó a Musah en el 33'. Pero la tarjeta a Castillejo en el 4' nunca se vio. Se visionó en el VAR una posible roja. El colmo es que Alberola no enseñó de primeras ni la amarilla. En el 42', el colegiado fue a abroncar a Ceballos por recibir una falta y mientras, en el mediocampo, Modric y Lino tuvieron sus manos y sus menos por llevarse el brasileño el balón en su regazo.
La jugada polémica de la primera mitad fue el gol anulado a Rüdiger. Benzema tocó la cara de un Musah que ya estaba cayendo y Medié Jiménez avisó a su colega. Alberola pitó falta y ¡amarilla! para el francés. De juzgado de guardia. Es una jugada que no es ni de VAR en el mundo de lo interpretable.
La segunda parte comenzó con una tarjeta perdonada a Musah por agarrón claro a Ceballos. Diez minutos después, Asensio sí la vio por lo mismo a Lino. Otro ejemplo del diferente listón de Alberola fue no amonestar a Foulquier en el 70' por poner la mano a la cara, al igual que la acción entre Benzema y Musah de la primera mitad. También, por cierto, fue amonestado Diakhaby por obstrucción a Vinicius en el 59'. Por último, la roja directa a Gabriel fue justa por patada alevosa a Vinicius en el 70'. El hispanobrasileño fue directamente a por el extremo olvidándose del cuero.
Alberola Rojas, MUY MAL.
Hoy no podría ocurrir, pero sí ocurrió tal día como hoy. El 7 de enero de 1995 tuvo lugar la última gran goleada del Real Madrid al FC Barcelona. De entonces para acá, el Barça ha gozado su única era dorada con la amargura de contemplar al Madrid viviendo su segunda pese a no tener a Messi. Desde entonces también, en enfrentamientos directos, el saldo es favorable al Barça, que ha reventado al Madrid en más ocasiones de las deseables sin que los blancos parezcan haber tomado nota para vengarse con otra goleada al siguiente partido. La última vez en que eso ocurrió, la última vez en que el Madrid dejó claro que había tomado nota de la afrenta, que se proponía desquitarse de ella con otra afrenta equivalente, y que de hecho lo logró, fue aquel 7 de enero de 1995, tal día como hoy.
No fue un partido de fútbol. Fue un torbellino. Fue la cólera de Yahvé arrasando Sodoma y Gomorra por el mismo precio y sin necesidad de desplazarse allí. Zamorano estaba en trance, imbuido de una ira divina y totalizadora
Zamorano había sido claro en las vísperas. El equipo tenía “sangre en el ojo” desde el encuentro de ida, en el cual el Barça había destrozado a los blancos endosándoles un 5-0. Fue la cola de vaca de Romario a Alkorta, la grave lesión de Alfonso y el juego rutilante de Laudrup. Pero ahora Laudrup estaba en el otro bando, en los entrenados por Valdano, y esta era una de las razones por las cuales los blancos se sentían cualificados para devolver la moneda a los azulgrana. Quizá la sed de venganza deportiva sea uno de los sentimientos puros que la hiperprofesionalización del fútbol se ha llevado por el desagüe. Quizá sea, hoy por hoy, en el seno del Madrid, una aspiración incompatible con la exigencia del calendario, que impone el objetivo a largo plazo como rumbo innegociable de la campaña y desdeña la necesidad de la goleada por amor al arte o por odio (deportivo) al rival, conceptos ambos más cercanos de lo que parece, como se vio aquel 7 de enero en que aún era imaginable que el Madrid quisiera vendetta puntual.
No fue un partido de fútbol. Fue un torbellino. Fue la cólera de Yahvé arrasando Sodoma y Gomorra por el mismo precio y sin necesidad de desplazarse allí. Zamorano estaba en trance, imbuido de una ira divina y totalizadora. El chileno fue un tsunami que se bastó con los primeros minutos para descerrajar un hat trick. En el último de sus tres goles, Laudrup le robó un balón a Bakero (la versión destructiva del caño de Chendo a Maradona) en la línea de fondo del área culé y se la sirvió al delantero, que se zambulló en las redes de Busquets padre con el ánimo de practicar sexo tántrico con las mallas. Había que quedarse a vivir en aquel ultraje. Nunca un abrazo ha reunido a tanta gente ni ha durado tanto tiempo más allá de la línea de gol.
Yo estaba allí, pero no recuerdo mucho más, y es una pena porque también quise quedarme a vivir allí. Veo, en medio de una vorágine insaciable de sangre y niebla, a Luis Enrique remachando a la red un remate al palo de (otra vez) Zamorano. El asturiano celebró el gol como si el futuro que hemos vivido no constase en la historia de hoy. De hecho, si lo miras con los ojos de esa noche (ojos que supuran hemoglobina), no cuenta. Veo a Amavisca empujando una asistencia de quién va a ser, de Bam Bam (fue su noche), y a Valdano en la banda diciendo paren ya. Tenía que ser un 5-0, un 6-0 ya no servía, curiosamente. Tenía que ser un 5-0 y no ninguna otra goleada porque el marcador tenía que dictar bien a las claras que lo que había sucedido era una venganza sañuda y concienzuda sobre aquel otro 5-0.
Todo esto es imposible hoy. El tiempo lo ha confirmado. El Barça quiere siempre humillar al Madrid, pero la carretera no es de doble dirección. Será por el calendario (creo), será porque son aliados de la Superliga y las conveniencias de despacho se filtran tácitamente en el vestuario, no lo sé. No existe un solo madridista que cambiaría la historia de su club de 1995 para acá por la del Barca. Esto es indudable. Pero también lo es, en un escalón de importancia menor pero no desdeñable, que nuestros jugadores nos deben otro siete de enero. Y hay muchos potenciales sietes de enero en el horizonte.
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Entregas anteriores:
Por su calidad, hemos decidido publicar este cuento participante en nuestro III Certamen de Cuentos Madridistas de Navidad.
Estaban reunidos en el reino de los cielos las leyendas madridistas, lo que ya era una tradición cada vez que jugaba el Real Madrid abajo en la tierra.
Desde dos horas antes del pitido inicial iban llegando desde todos las constelaciones celestiales. Juanito, siempre entusiasta, iba recibiendo a los que iban llegando. Todos con la última camisa que vistieron en su paso por el Real Madrid.
Aranguren, Zamora, Errasti, Cunningham, De Felipe, Rubio, Lazcano, Peña, Manolo Velázquez, hasta Didí. A todos se les pintaba una sonrisa en la cara al llegar. Abrazos y besos para repartir.
En una esquina estaban Joseíto, Miguel Muñoz y Reyes, enfrascados en una discusión comparando al fútbol moderno con el de otros tiempos.
Unos segundos de silencio interrumpieron la algarabía; estaba llegando Don Santiago Bernabéu, de traje, corbata y sombrero.
—¡Hombre, siempre tan elegante, don Santiago! —dijo Juanito.
—¡Es que hoy juega mi Madrid! —replicó.
Los últimos fueron Gento, Puskas, Di Stéfano y Kopa, llegaron juntos y desternillados de risa, venían de ver el clásico celestial Ángeles FC vs. Club Deportivo Arcángeles en el gran Estadio Santísimo.
Abajo en Madrid ya salían a calentar los once que jugarían más tarde el partido que definiría al campeón de invierno. Más allá de conseguir otro título, el equipo blanco necesitaba ganar, pues viajaba en dos días a jugar el Mundialito de Clubes, quería dejar los deberes hechos.
Cañas, tapas y risas se multiplicaban en el recinto celestial. Recordaban viejas anécdotas y compartían experiencias. Estaban tan metidos en el momento que no se dieron cuenta cuando Benzema dió incio al partido, tocando atrás para Modric.
—¡Oye, que ya comenzó el partido! —dijo Puskas.
Desde arriba veían y comentaban. Sufrían y disfrutaban a la par. Su espíritu blanco seguía intacto a pesar de los años.
El primer tiempo transcurrió muy rápido, tan rápido que los madridistas no daban crédito al marcador, 0-3 al descanso. Errores en defensa, desconcentración en la línea media y total desarticulación en el ataque. Un silencio incómodo se apoderó del momento. En millones de hogares, en los bares, en el estadio y hasta en el cielo. Todos los madridistas del mundo hacían su propio análisis de la situación y creaban soluciones tácticas en sus cabezas para ayudar a Ancelotti en las decisiones del banquillo.
La voz experimentada de Miguel Muñoz fue la primera que se oyó:
—Lo primero es mantener la calma. Realmente han sido unos muy malos cuarenta y cinco minutos, pero confīo plenamente en este equipo y en su cuerpo técnico.
Reyes lo interrumpió:
—Perdone Mister, pero algún cambio habría que hacer. No podemos salir al segundo tiempo igual, nos van a meter seis.
Juanito, siempre intempestivo, gritó desde el fondo:
—¡Sí sí, Carletto debe cambiar de esquema a 3-4-3, sacar a Kroos y dar entrada a Camavinga! ¡Necesitamos frescura en la medular!
—Calma, chavales, calma —interrumpió Muñoz—. Entiendo la premura, pero recordemos nuestro ADN. Además, no hay persona en el mundo que conozca más la situación real de los jugadores que Ancelotti. Él es el primer interesado en remontar y sabrá que hacer.
Solo se oyeron algunos murmullos cuando salieron al campo para el segundo tiempo los mismos once jugadores. A los tres minutos, otra desatención defensiva provocó el 0-4 y desató la locura en todos los rincones blancos del mundo. Los jugadores del Real Madrid se veían entre ellos tratando de entender lo que estaba pasando. Carletto, que había estado al borde del campo, fue a sentarse en el banquillo asumiendo su responsabilidad y sin poder hacer mucho más.
Paco Gento pensó en voz alta:
—Solo Dios podrá ayudarnos.
No había terminado de hablar Paco cuando el mismísimo Señor de las Alturas se apareció con una túnica blanca e impoluta.
—¡Saludos, veteranos y noveles! ¿Me llamaron?
La respuesta fue casi unánime:
—Si, necesitamos tu ayuda, ¡debemos remontar cuatro goles en solo cuarenta minutos!
—Ya saben mi afición por el Real Madrid, el club de mis amores, pero también saben que no puedo intervenir en estas cosas. Nunca lo he hecho y nunca lo haré. Soy un aficionado más. Los infinitos logros deportivos son mérito del club y de sus jugadores.
Siguieron las discusiones, todas las leyendas del club daban alguna opinión táctica, incluso Dios se animó a dar un par de sugerencias. Pero seguían pasando los minutos y no se veía ninguna reacción blanca. En ese momento Dios pidió la palabra:
—Les propongo algo: cada recuerdo, cada anécdota, cada imagen que ustedes tengan sobre nuestra historia la transformaré en un copo de nieve para hacérselo llegar a los jugadores. Ellos son los únicos que pueden remontar, solo hace falta refrescarles nuestra historia, nuestro ADN.
De inmediato todos comenzaron a recordar los momentos emblemáticos de la historia blanca: la volea de Zidane, la llegada al aeropuerto con la primera Copa de Europa, la inauguración del Santiago Bernabeu, el Aguanís de Raúl, el empate de Ramos en el 93, las celebraciones en voltereta de Hugo Sanchez, el gol de Marquitos en la final contra el Reims, la estirada de Casillas ante el Sevilla, la corrida por la banda de Bale, el gol de Rodrygo frente al City, el gol de chilena de Cristiano en Turín….
Todos aportaban algo, todos recordaban entusiasmados la inmensa cantidad de momentos mágicos de la historia merengue. Y como si fuera magia, comenzaron a caer pequeños copos de nieve muy blanca sobre el Bernabéu.
El primero en sentir algo fue Carvajal. Sintió un pequeño golpecito en su oreja y al tocar el copo de nieve le vino a su memoria la imagen de cuando puso junto a Di Stefano la primera piedra de la ciudad deportiva. Sintió una energía renovada e interceptó un pase de profundidad del contrario para salir jugando por la banda.
Al mismo tiempo Vinicius recibía la misma señal y su mente se trasladaba al gol de la decimocuarta, sintiendo de manera inmediata el orgullo tremendo de pertenecer al mejor club del mundo.
Todos y cada uno fueron sintiendo lo que ya era una nevada. Fede Valverde recordó el momento cuando le informaron el interés del Real Madrid por él; Modric sintió la misma emoción de su gol contra Manchester United en su primer año de blanco, a Courtois le invadieron imágenes de todas sus paradas en la última temporada, Militao sintió la confianza de sus compañeros en la zaga y subió a cabecear un tiro de esquina que convirtió de manera espectacular. Hazard recogió la pelota de la red y rápidamente la puso en el medio del campo mientras alentaba al público del estadio, que respondió con un alboroto tremendo.
Quedaban treinta minutos y mucho por hacer, pero el ADN blanco ya se había apoderado del equipo. Vinicius tomó un pase de Tchouaméni y dejó a cuatro adversarios atrás para tocársela suavemente a un costado del portero rival. 2-4 y veinte minutos.
El ruido del Bernabéu era una locura, cada pase, cada toque generaba una emoción desbordada. El equipo rival ya sentía el peso y decidió cerrarse atrás para tratar de mantener la ventaja, pero el vendaval blanco era demasiado grande.
En el cielo no paraban de recordar momentos de magia blanca: la chilena de Bale vs. Liverpool, las corridas de Gordillo con las medias caídas, los elegantes controles de Zidane, las infinitas celebraciones de Di Stéfano, las salvadas de Zamora, los pases largos de Xabi Alonso, los pases filtrados de Guti…, y cuantos más recuerdos surgían más ADN se sentía en el césped.
Los nervios del contrario hicieron mella y Karim aprovechó para anotar el tercero. Ya era inevitable la remontada. Seguía nevando de manera copiosa y el Madrid se sentía cada vez más como el Madrid.
Faltando 8 minutos un contragolpe derivó en un penalty contra el arco de Courtois. Como no podía ser de otra manera, Thibaut no solo evitó el gol sino que en la misma jugada salió jugando rápidamente con un pase largo que Rodrigo convirtió en el empate y en la locura merengue. Hasta Carletto salió corriendo a celebrarlo en la esquina del estadio.
Justo cuando anunciaron los cuatro minutos de descuento Luka Modrïc recibió un pase de Valverde en la medular y su chute dió en el larguero, pero Rodrygo estaba cerca y remató de palomita en el aire.
Todo el universo madridista se fundió en un abrazo eterno. Cielo y tierra se fusionaron en una misma celebración, el Real Madrid volvía a remontar en otra noche mágica y se convertía otra vez en Campeón de Invierno.
Juanito buscó a Dios para celebrar con él, pero ya se estaba yendo y solo le guiñó el ojo de manera pícara, con un puño en alto en señal de victoria.
Para el momento de los pitidos finales, el césped del Bernabéu estaba totalmente cubierto de nieve, tan blanco como el uniforme merengue.
El Real Madrid nos regalaba una muy feliz Navidad, esta vez muy blanca, especialmente blanca.