Casi al mismo tiempo que nuestro Antonio Rüdiger recibió su heroico bautismo de sangre como madridista, recibimos la noticia del fallecimiento, a cinco días de haber cumplido 97 años, de Dame Angela Brigid Lansbury, una de las ya muy escasas estrellas supervivientes de aquel Hollywood de los años 40.
Quien les escribe tiene como mejores recuerdos de su infancia los domingos por la tarde yendo al viejo Chamartín, y también muchas tardes de cine en mi barrio de Salamanca de Madrid. Por eso quiero ligar la felicidad que me proporcionaba siempre mi Real Madrid a la alegría de ciertas películas de imborrable recuerdo, y una de ellas es, sin ninguna duda, “La bruja novata”, producción de Walt Disney que vi una docena de veces en pantalla grande, puede que en el cine Benlliure o quizás en el Fantasio o en el cine Salamanca, todos ellos hoy en día desaparecidos y sedes de grandes supermercados o macrotiendas de productos tecnológicos.
Robert Stevenson dirigió aquella producción de Disney, que mezclaba, como años antes en “Mary Poppins”, imágenes de personajes de carne y hueso con escenas de dibujos animados. Angela Lansbury, actriz de buenas películas en los años 40 (“Luz de gas”, de George Cukor, “El retrato de Dorian Gray”, de Albert Lewin, “El estado de la Unión”, de Frank Capra), en papeles secundarios pero que calaron en su momento, tras una carrera irregular debida en parte al haber criado y cuidado a sus dos hijos, logró interpretar a una antipática solterona obsesionada con la magia y la brujería, y consiguió que la película fuese una de las más taquilleras de 1971 (Oscar a los mejores efectos especiales). Quien la recuerde no podrá olvidar un excepcional partido de fútbol de dibujos animados, entre los amigos del rey león de la isla de Nabumbu (hiena, gorila, cocodrilo, rinoceronte y el propio león contra un equipo de pacíficos animales como el avestruz, el elefante, el hipopótamo y el canguro), arbitrados por el mago farsante Emelius Brown, interpretado por David Tomlinson, que acababa zarandeado por el equipo del león, más marrullero que el Atleti de Aguirre o de Simeone.
Quien les escribe tiene como mejores recuerdos de su infancia los domingos por la tarde yendo al viejo Chamartín, y también muchas tardes de cine en mi barrio de Salamanca de Madrid. Por eso quiero ligar la felicidad que me proporcionaba siempre mi Real Madrid a la alegría de ciertas películas de imborrable recuerdo de lansbury
Lansbury nunca destacó por su atractivo físico, aunque más de un productor decía que sus piernas eran las más esbeltas de Hollywood (con permiso de Cyd Charisse), y sus enormes ojos eran de una particular expresividad, pero era una actriz de notable talento (véase por ejemplo en “El largo y cálido verano”, de Martin Ritt o en “El mensajero del miedo”, de John Frankenheimer, obra maestra indiscutible esta última), aunque su vida privada hacía que desapareciese de las pantallas durante largos periodos.
Su carrera se ligó a las adaptaciones de novelas de Agatha Christie (“Muerte en el Nilo” y “El espejo roto”) a finales de los 70, y, sobre todo a un personaje que parecía también salido de Dame Agatha, una Miss Marple moderna (o quizás más precisamente una Ariadne Oliver, alter ego de Christie y amiga de Hércules Poirot en varias de sus novelas). Hablamos de un personaje que le hizo lograr una fama mundial televisiva, a sus 60 años: la Jessica Fletcher de la serie televisiva “Se ha escrito un crimen”.
Lansbury era a la vez una persona hogareña y familiar pero enormemente luchadora, que volvía una y otra vez a la fama y a los focos de los ídolos de la gran y de la pequeña pantalla. En ese sentido era como tantos líderes silenciosos que han pasado por el vestuario del Real Madrid, sin ser nunca líderes, pero con una capacidad de resistencia y de reinventarse absoluta: un seguro de vida, una apuesta segura de profesionalidad y de dedicación, un perfil bajo pero tremendamente eficaz, un Goyo Benito, un Chendo, un Nacho Fernández.
6 Globos de Oro (4 de ellos por “Se ha escrito un crimen”), 4 premios Tony (en 4 musicales diferentes), un premio BAFTA (la Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de la Televisión) y, en 2013, un Oscar Honorífico por su carrera, tras haber sido nominada 3 veces como mejor actriz secundaria. Todo ello sin hacer ruido, sin ninguna estridencia, con talento, dedicación y profesionalidad, notables valores que se enseñaban en la antigua Ciudad Deportiva, y hoy en día en Valdebebas.
A todo ello unía su maravillosa voz (recomendable como siempre ver las películas en su versión original), a la hora de declamar y también de cantar. Una prueba de ello es su doblaje en la notable película de dibujos “La bella y la bestia” (1991), donde nada menos que cantaba el tema principal del largometraje, como la tetera Mrs. Potts.
No olvidemos tampoco su interpretación como la reina española (la verdad es que no parecía muy de nuestro país) Ana de Austria, en la película de 1948 dirigida por George Sidney, y en la que los valientes D’Artagnan (Gene Kelly), Athos (Van Heflin) y el resto de mosqueteros defienden su honor contra el pérfido Richelieu (Vincent Price) y la malvada Milady (Lana Turner). Y ya se sabe que los mosqueteros, madridismo puro, siempre defienden las buenas causas contra todos los males que hay en la Tierra, que son muy abundantes.
Descanse pues en paz, Dame Angela Lansbury, tantos años referente de la infancia feliz de este humilde escribidor.
Alerta: me he levantado polémico (no es que sea Guti y me levante a las 13PM, es que he amanecido en Costa Rica).
Hay dos extremos para dirigir una gran entidad: uno es el modelo Florentino, con sus pros y contras, y otro es el modelo Bartomeu/Laporta con los suyos. Si puedes fichar a Mbappé y no lo fichas, entonces has elegido el modelo Barca. Con perdón.
Aún recuerdo unas declaraciones del actual entrenador del Barça: "No deberíamos fichar a jugadores que abandonan la Masía". Triste, ¿verdad? Venía a decir que, una vez que traicionas al Barça, no puedes volver luego. ¿Y si tus padres se tenían que ir a vivir a Londres? Eso no importa. ¿Y si tu padre ha encontrado en Helsinki o en México el trabajo que en Barcelona no tenía? Eso no importa. ¿Y si el equipo que te ficha te ofrece un salario del doble o una ficha profesional? Eso no importa, ¿Y si ese otro club te ofrece ficha en el primer equipo? Nada, nada le importa más a Xavi que el ADN Barça.
Resultado: 1.000 millones de deuda. ¿Casualidad? Ninguna, es el resultado de manejar una institución billonaria con el corazón y no con la cabeza. Con la idea de Xavi, ni Alba, ni Piqué, ni Fábregas, ni quizá Busquets habrían jugado en el Barca.
Ahora vayamos al caso Mbappé. ¿Mbappé es un niño mimado? Probablemente sí. Es todo lo mimado que puedes ser en el siglo XXI cuando eres capaz de coger la pelota en el medio del campo y meter gol. ¿En el Madrid marcaría 50 goles y daría 20 asistencias? Probablemente sí. Entonces hay que ficharle, si se puede. Lo contrario sería ser Xavi Hernández. Ser el Barça.
Analicemos, además, cosas que han podido pasar y, aunque quizá no todas, algunas sí habrán pasado.
¿Mbappé es un niño mimado? Probablemente sí. ¿En el Madrid marcaría 50 goles y daría 20 asistencias? Probablemente sí. Entonces hay que ficharle, si se puede
La razón por la que Mbappé no fichó por el Madrid cuando estaba en el Mónaco fue el dinero, para él o para su familia, pero el dinero. Porque a Mbappé le da más o menos igual cuánto ganar, ya que terminará su carrera con 1.000 millones en cualquier caso, pero no así a sus padres, que quedándose en el Mónaco quizá pasaban de tener 10.000 euros en la cuenta a 20 millones de euros, por tirar un ejemplo.
Y Mbappé se quedó sin fichar por el Madrid cuando estaba en el PSG por dinero igualmente, ahora también por presiones que como he explicado antes no son baladí.
Aún recuerdo unas declaraciones del actual entrenador del Barça: "No deberíamos fichar a jugadores que abandonan la Masía". Resultado: 1.000 millones de deuda. ¿Casualidad? Ninguna, es el resultado de manejar una institución billonaria con el corazón y no con la cabeza
Ahora resulta que Mbappé no está feliz, que le han engañado porque no le han fichado a nadie de los que le prometían, y que se quiere ir. Normal: de repente se ha dado cuenta de que él es el mejor o el segundo mejor jugador del mundo pero que se tiene que comer a todos los que se venía comiendo menos a Leonardo, y que el PSG tampoco es tan buen equipo.
¿Tarde para fichar por el Madrid? Diría que tarde para fichar por el Barça de Xavi porque traicionó su ADN, pero no por el Madrid. Florentino prometió que si él era Presidente en el Madrid jugarían los mejores jugadores del mundo. Si quiere evitar que Haaland gane 5 Champions con el City, necesita a Mbappé cuanto antes.
Hágase.
Empecemos por lo importante: las pruebas realizadas hoy descartan fractura o lesión importante en el acreditado cráneo de Antonio Rüdiger. Eso está bien primero per se, por la salud del alemán, y segundo porque lo contrario nos habría situado a todos los que hemos alabado su arrojo en esa acción como gente que toma a la ligera cuestiones más importantes que el fútbol, más relevantes que la clasificación para Octavos de Champions League del Real Madrid que Rüdiger selló en el minuto 50 con ese cabezazo bizarro. (La gente tiende a utilizar bizarro en el sentido que bizarre tiene en inglés, pero es un falso amigo. En español, bizarro significa otra cosa, aunque a la visión de la camiseta ensangrentada de Antonio, que ahogó nuestro grito de gol en la garganta, sí que se le pueda aplicar el adjetivo en su sentido anglosajón).
Decía Bernabéu, de manera célebre, que la camiseta se puede manchar de barro y de sangre, pero nunca de vergüenza. Alguien le ha explicado esto a Antonio abusando de la literalidad del aserto. Lo importante es el mandato final -nunca de vergüenza-, siendo optativo y no obligatorio lo de la sangre y el barro. Pero este hombre ha llegado aquí ya más chamartinizado que el mismísimo Juanito Navarro (qepd), y en cuanto ha visto la ocasión de entrar en la épica vikinga de Pirri y Camacho no ha desperdiciado la ocasión, con la diferencia de que la cabeza vendada del de Cieza no está asociada a un gol concreto en el imaginario colectivo madridista, como no lo está la clavícula rota de D. José. El que sí marcó un gol con el ojo más que a la virulé fue Cristiano en el campo del Levante, pero aquí hablamos de una secuencia discreta de hechos con una separación, primero la brecha, luego el gol heroico. Antonio es más directo que todo eso, no se anda con pausas, y decidió unir en el tiempo los conceptos de machada y eficiencia, tan frecuentemente dispares.
Es casi imposible que un gol involucre más sangre, pero también es difícil que acumule más sentido. Rüdiger había sido el mejor hasta el momento, de forma que a los de machada y eficiencia hay que unir el concepto de justicia retributiva. La cantidad de cosas que se dan cita en ese gol, madre mía. Antes, en jugada con idénticos protagonistas, Kroos le había dictado el desmarque a su compatriota, como se lo dictó a Vinicius en aquel Clásico, con el descaro de un dedo índice, no se señala, niño, pero el niño no tiene nada que ocultar, vaya partido también del niño. Quien se sabe bueno no se anda con secretitos, no los necesita (lo sabe bien Carletto dando las alineaciones dos horas antes), de modo que repitieron la combinación al cabo del rato, cuando el partido agonizaba. Los dos tocayos amasaron la jugada con idéntico barro (y sangre, otra vez honrando a D. Santiago por encima de sus posibilidades) y el resto es historia, sin que esta vez la frase se utilice a la ligera. En la foto superior, haciendo zoom, se aprecia cómo la mancha de sangre que ha quedado junto al escudo y al corazón de Rüdi tiene forma precisamente de eso, de corazón. O los del photoshop facturan auténticas maravillas o en este gol se dan cita todavía más cosas que las que indicábamos antes.
Buenos días. No molestes, Kylian. Y sobre todo: no molesten con Kylian. Déjennos vivir con lo de Mbappé. Marca dedica hoy su portada a la exclusiva que dio ayer (que dio Marca, no Mbappé) según la cual el francés está harto del PSG y se quiere ir no en cualquier momento sino ya. En enero.
Déjennos en paz, por favor. Pereza infinita. No ponemos en duda la exclusiva de Marca, y les felicitamos por su cercanía a fuentes parisinas que trabajan con esmero. Pero estar en el mes de octubre otra vez pendientes de este asunto no es mentalmente sano ni conveniente. Nos cuadra perfectamente, y muchos medios han seguido a Marca confirmando la credibilidad de la noticia, que un tipo que se ha revelado como caprichoso y voluble como Kylian ande ahora disgustado con el PSG aunque acabe de renovar, y nos parece hasta normal que así sea si en realidad han incumplido las promesas deportivas que le hicieron. Todo hace indicar, a la vista del peso que va ganando Messi en ese club, que así ha sido, lo que no justificaría pero sí explicaría el nuevo giro de timón de la estrella bleu. Prácticamente le nombraron director deportivo, y resulta que ahora hay otro director deportivo ocupando su lugar.
Pero, sobre todo, lo que le sucede a Mbappé es que rechazó al Real Madrid, traicionó su palabra en contra del club más importante del mundo, y nadie es capaz de vivir en armonía con una decisión semejante. Sus bandazos nerviosos son comprensibles en un tipo que ha cometido a sabiendas una cagada tan absolutamente descomunal. Ya lo dijo Florentino pocos días después del cierre del mercado, firmando autógrafos en aquel garaje.
-Floren, ahora no nos traigas a Mbappé.
-Pobre hombre, ya debe de estar arrepentido.
Pues sí. Parece que lo está.
Mbappé rechazó al Real Madrid, traicionó su palabra en contra del club más importante del mundo, y nadie es capaz de vivir en armonía con una decisión semejante
Se avecinan debates enconados en los medios, en los bares, en los consejos de administración de las empresas y en los conciliábulos de los barrenderos sobre la conveniencia de volver a ir a por Mbappé. Otra vez: pereza infinita. A nosotros nos parecen debates vacuos. La realidad es la que va a ser: si el futbolista vuelve a ponerse a tiro, el Real Madrid va a ir a por él. Probablemente fiche a pesar de una afición mayoritariamente refractaria tras la traición del verano. Con toda probabilidad, al segundo gol se habrán acabado todas las reticencias y Kylian será el nuevo héroe de la parroquia.
No seamos infantiles. Eso es lo que sucedería, moleste pensarlo o no.
Lo único que pedimos es que no empecemos a pensarlo ahora, en octubre. Los culebrones son para el verano, como las bicicletas en la película de Chávarri, o en todo caso para enero. Culebrones interminables en octubre/noviembre no, gracias. Esto puede ser insufrible, aunque entendamos la necesidad de vender periódicos y suscitar clicks en esta época de vacas flacas.
As sí se ocupa de cosas serias y pertinentes que Marca arrincona en beneficio de Kylian, a saber, el empate del Real Madrid ayer en feudo polaco que debería haber sido ucraniano.
Un momento. ¿Empate?
A la hora en que escribimos este portanálisis, este tuit incendiario sigue colgado de la cuenta de As. Alguien no se ha dado cuenta de que el Madrid empató en el minuto 50, a pesar de que el tuit va ilustrado con una foto de la sangre de Rüdiger manando en abundancia tras marcar el gol que catapulta al Real Madrid a Octavos de la Champions. A alguien en la redacción de As le faltan (ejem) un poquito de reflejos y le sobran ganas de incordiar, por no decir que As ha hecho un ridículo mastodóntico.
Pues no. El Madrid no "cayó" en Varsovia por muchas ganas de que tal cosa sucediera tuviese el CM de As. El Madrid empató a la heroica pero con todo merecimiento si atendemos a las ocasiones creadas antes de que se produjera el gol, y está en Octavos (como siempre desde que la Champions tiene este formato) para disgusto del (casi seguro) socio del Atlético de Madrid que ocupa este cargo anónimo en el rotativo madrileño.
El que hambre tiene con pan sueña, estimado CM de As.
Leed la crónica del partido por parte de Ramón Álvarez de Mon si no lo hicisteis ayer noche, y haced con nosotros votos para que el inmenso Rüdiger (qué partido memorable se marcó, tan memorable como el de Nacho o Kroos) no tenga fractura ni se le descubra nada malo tras el choque. Por el momento, parece no revestir gravedad, pese a los veinte puntos de sutura.
La prensa cataculé, por su parte, se centra primordialmente en el decisivo partido de esta noche ante el Inter, que podría dejar a los de Xavi un año más en los tenebrosos páramos de la Europalí. "Solo vale ganar", titula un desesperado Sport, ciscándose en la posesión, el tikitaka y la xavineta, todo por el mismo precio. Cuando la angustia aprieta ya no somos los inventores del fútbol y nos aferramos el resultadismo más descarnado, ¿verdad, Sport?
Mundo Deportivo comparte angustias con su casi gemelo barcelonés, pero tiene tiempo para meter a Mbappé en un faldoncillo para la historia: "A Octavos con sangre y Mbappé a tiro".
Aparte de que sobra la coma final, ¿a tiro de quién, Sport? Para optar a esta caza mayor, vais a tener que activar una palanca que ríete tú de las de Rüdiger, Mendy, Camavinga y Militao combinadas.
No queremos finalizar este gentil repaso a la prensa del día sin acordarnos de nuestros amigos de El Confidencial, que andan ahora tratando de demostrar que Rubiales es madridista como si eso le importara a alguien. Tebas también es madridista y mira cómo trata al Madrid. Por sus obras les conoceréis. Rubiales consintió que al Real Madrid le robaran descaradamente la última Liga que ganó el Atleti, ese al que en sus capturas de whatsapp llama Pateti pero luego le pone la Liga en bandeja. Y el Real Madrid no tiene absolutamente nada que agradecerle a Rubiales en la última Liga conquistada, más bien todo lo contrario.
Estas revelaciones sobre Rubiales las ha conseguido El Confidencial invadiendo la privacidad del de Motril. Parece que no escarmientan tras la sentencia que les acusa de haber cometido un delito contra el honor de Florentino Pérez a través de los célebres audios de Abellán. Trataron de socavar el honor del presidente del Real Madrid de modo ilegítimo, y le salió el tiro por la culata. Lo opinan los jueces y lo opina el madridismo, que tras los famosos audios no ha disminuido un ápice su aprecio por el dirigente. En algunos casos, incluso al contrario. Trataron de desacreditar a Florentino publicando unas conversaciones privadas en las que hablaba mal de algunos mitos del Real Madrid, pero no calcularon que para el madridismo no hay mayor mito vivo que Florentino Pérez.
Pasad un buen día.
Arbitró el israelí Orel Grinfeld. En el VAR estuvo el italiano Marco Di Bello.
Desconcertante la actuación del trencilla. En la primera mitad, despistado y en la segunda, bastante casero. En el 15' Konoplia vio la amarilla por una patada en la rodilla a Rodrygo y en el 24' no señaló penalti de Tchouaméni a Traoré al que traba en el área. Una acción de árbitro de campo y no de VAR. Además, dejó de pitar un par de faltas claras y un córner que provocó Lucas Vázquez.
En la segunda mitad, un carrusel de errores siempre favoreciendo a los locales. Córners al limbo, una falta sobre Modric y otra a Camavinga cerca de la frontal en la que se hizo el sueco. Desesperó a los madridistas. Los últimos minutos se puso a sacar tarjetas. A Militao en el 84' por protestar desde el banquillo, a Kroos en el 89' por un agarrón y a Bondarenko en el 87' por perder tiempo al lanzar un saque de esquina. El epílogo de su actuación fue dar un minuto más tras el gol de Rüdiger que ya se produjo al límite del descuento. En ese minuto incluso permitió sacar un corner a los ucranianos.
Grinfeld, SUSPENSO.
Lunin: 5. No tiene mucha suerte, pero no dejó errores.
Lucas: 5,5. Terminó el partido bastante bien.
Rudiger: 8. El mejor partido en el Madrid. Gol decisivo.
Nacho: 7. Estuvo a un gran nivel.
Mendy: 4. Falló claramente en el gol y no estuvo bien en ataque.
Tchouaméni: 6. Muy atento al corte en los duelos.
Kroos: 8. Su final de partido fue épico. Casi el único que creía ya.
Valverde: 5,5. Bastante presente, pero no tan preciso como otros días.
Hazard: 4. Otra pobre actuación.
Rodrygo: 5. De más a menos. Bastante ausente en la segunda parte.
Benzema: 4. De más a menos. Le falta mucho para igualar su nivel.
Modric: 6. Se hizo cargo del partido, pero no estuvo demasiado fino.
Vinicius: 4. No logró cambiar el partido.
Camavinga: 6. Bastante protagonismo.
Asensio: 5. Lo intentó.
Alaba: 4. No está bien en este comienzo de temporada.
Ancelotti: 4. No le supo encontrar el punto al partido.
Getty Images.
En el minuto 95, al más puro estilo Real Madrid, el mejor jugador del partido, Rüdiger, se elevó a rematar un balón desesperado y lo aterrizó en la portería dejándose la frente en el intento. El defensa alemán selló así con sangre su mejor demostración de blanco desde que firmó. Literalmente.
Se esperaban cambios por parte de Ancelotti ante el Clásico que se avecina este fin de semana. El entrenador italiano cumplió las expectativas y alineó un equipo trufado de teóricos suplentes el domingo: Lucas en la derecha, Nacho y Rüdiger de centrales y Hazard arriba en la derecha.
Esta circunstancia no fue óbice para que el Madrid dominase claramente la primera parte ante el Shakhtar. Fueron varias las ocasiones en las que los madridistas combinaron para generar oportunidades. Sin embargo, Benzema, Rodrygo y Valverde no lograron batir al portero local.
En el minuto 95, al más puro estilo Real Madrid, el mejor jugador del partido, Rüdiger, se elevó a rematar un balón desesperado y lo aterrizó en la portería dejándose la frente en el intento
De nuevo vimos a un Hazard al que le cuesta mucho desequilibrar y que se muestra timorato ante la idea de disparar a puerta. Quizás el jugador más destacado fue Rüdiger que contuvo varias contras peligrosas de los ucranianos.
Una primera parte más que correcta aunque sin premio. Uno podía esperar menos intensidad dado lo desahogado de la posición dentro del grupo y la cercanía del Clásico, pero los de Ancelotti afrontaron el primer envite con enorme profesionalidad.
Sin embargo, la segunda parte empezó muy mal. De nuevo Zubkov fue el goleador del Shakhtar. Como en el Bernabéu. Extrañó lo mal que compitió Mendy en esa jugada en la que apenas saltó y su rival le ganó el duelo de cabeza.
Poco después Tchouaméni estuvo a punto de empatar en un cabezazo tras un córner. Tampoco pudo hacerlo Benzema en un córner posterior.
En el minuto 55, Tchouaméni y Hazard dejaron su sitio a Modric y Vinicius. El Madrid estaba demasiado precipitado en sus ataques. Faltaba paciencia.
Traoré en el 64 tuvo una ocasión inmejorable. Encaró a Lunin e inicialmente perdió el duelo, pero el balón se quedó suelto y Traoré disparó rozando el larguero.
En el 67 salieron Camavinga, Alaba y Asensio por Valverde, Mendy y Rodrygo. El partido estaba en una fase en la que el Madrid estaba totalmente perdido. El Shakhtar estaba siendo claramente mejor y llegaba a oleadas a la portería de Lunin.
El Madrid comenzó a apretar al final. Camavinga trataba de hacerse con el mando de la mano de Modric y Kroos, pero no había claridad y Benzema no aparecía. Tampoco un Vinicius desconocido.
La mejor ocasión llegó tras un gran centro de Lucas y remate alto de Vinicius. Fallo clamoroso de un jugador poco acostumbrado a ese tipo de remate.
En el 91 la ocasión para Rüdiger fue muy clara. El centro de Kroos fue rematado por su compatriota, pero se marchó fuera. La siguiente fue la vencida. Un centro increíble de nuevo de Kroos fue rematado por Rüdiger jugándose el tipo. El resto es historia épica del Madrid.
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Rueda de prensa de Lucas Vázquez previa al partido de Champions frente al Shakhtar en Varsovia.
—¿Te imaginas a alguien del Real Madrid diciendo que un gran torneo (la Champions) no lo gana el mejor o que tiene menos mérito que otras veces? Gracias —pregunta un periodista que no es Sean Penn al 17 blanco.
Lucas sonríe mientras expulsa aire por la nariz en un gesto mezcla de “ya ves lo que hay que aguantar” y “es alucinante que un ser humano como Xavi Hernández dijera semejante dislate” junto con un “me voy a morder la lengua y no responder lo que me pide el cuerpo”. Y procede a contestar:
—Bueno, son cosas que estamos escuchando ahora muy a menudo. Al final es complicado, porque nosotros desde nuestra parte creemos que ganar una Champions no es ni por suerte ni por casualidad, creemos que cada Champions es más difícil y el hecho de haber conseguido tantas en los últimos años es un orgullo para todos y hace que estemos muy contentos. La verdad que lo que opinen fuera no nos importa mucho.
Respuesta diplomática de un Lucas que ha tenido que hacer de tripas corazón, de hígado pulmón y de vértebras riñones.
—¿Y la pregunta, por favor? —cuestiona perdida una intérprete, que no es Nicole Kidman, que ha de traducir la cuestión para los periodistas ucranianos.
—Que si se imagina a alguien del Real Madrid diciendo que ganar la Champions no tiene mérito —le aclara el periodista español.
—No entiendo —continúa la traductora.
—Que no es importante, que no la gana el mejor —ahonda el periodista.
—Ah… ah… —la intérprete está en shock, no comprende nada.
—No la gana el mejor equipo, no es mejor equipo el que la gana —insiste el periodista, pero la traductora no logra procesar tremendo sinsentido, tamaña afrenta contra la razón.
Lucas suelta una risotada.
"¿Te imaginas a alguien del Real Madrid diciendo que un gran torneo no lo gana el mejor o que tiene menos mérito que otras veces?"
Atentos a la risotada general y al asombro de la traductora con la preguntahttps://t.co/WHYdiqYeCZ pic.twitter.com/GSHyoOLX98
— Rafa RNMJ Real Madrid (@RafaRNMJ) October 10, 2022
—¿Cómo no va a ganar la Champions el mejor equipo? —pregunta asombrada la intérprete con tono de “pero es absurdo, ¿qué me estás contando, Maricarmen?”.
—Que le quitan importancia a ganar la Champions —no ceja en su empeño el periodista patrio.
—Es lo que dicen los del Barça —apostilla otro compañero para intentar poner en situación a la profesional.
Risas generalizadas. Tras varias aclaraciones más que no dejan de ser una repetición de la misma, ella parece entender un poco y al fin se ríe.
—Complicado —espeta la traductora. Respuesta también diplomática, pero sabe que está desempeñando su labor y no puede soltar un “estos culés son una panda de abducidos que escriben su propio relato para justificar sus miserias y se lo acaba creyendo”—. Extraño. Aaaaaahm. Es complicado, un poco —termina la traductora mientras rompe a reír, a reírse tal vez de quien ha alumbrado una bobería de tal calibre. Y también de quienes se la han creído, más aún de quienes se la han comprado por vaya usted a saber qué interés personal o laboral.
—Es complicado, eso es, la Champions es complicada —cierra Lucas sonriendo mientras asiente con la cabeza.
Estallido general de risas.
Esta anécdota jocosa, que sin duda pasará sin pena ni gloria y no recordará nadie dentro de poco, es la prueba de la sinrazón del relato del Barça. Para rebatirlo no ha sido necesario nada más que tomar a un sujeto de muestra sin contaminar, en este caso la traductora ucraniana, relatarle uno de los disparates de la farsa culé y esperar su reacción. Como cabía esperar, alguien que no está sometido a la repetición mediática constante de un cuento es capaz de detectar una mentira natural, una falsedad instintiva, y responde con la candidez y el asombro con que lo haría un niño.
—¿Cómo va a ser que la Champions no la gana el mejor? No lo entiendo.
Nosotros tampoco, estimada intérprete, nosotros tampoco.
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Buenos días, amigos. El alquimista es una excrecencia escrita por Paulo Coelho que ha triunfado en un mundo de moscas. Soy un portanalista ignorante que ha cometido multitud de errores en la vida, pero puedo presumir de no haber padecido la lectura de ese libro, aunque me he visto inevitablemente bombardeado con frases extraídas del mismo. Frases melosas que producen un alipori casi insuperable. No obstante, hay que reconocer a Paulo Coelho el “mérito” de ser el precursor de los memes moñas en los grupos de WhatsApp familiares, todos tenemos un pariente que da los buenos días con una foto compuesta con vómito arcoíris de unicornio alegre.
El alquimista no lo he leído pero, como la mayor parte de los mortales, sí conozco el término alquimia, que como sabéis era una especie de precursora de la química mezclada con tonterías que, entre otras memeces, buscaba la piedra filosofal, cuyas propiedades permitirían convertir metales comunes en oro. También pensaban que el pedrusco en cuestión sería un elixir de la vida que haría posible la eterna juventud. Vamos, la forma de pensar de un adolescente con pavo tardío y el pelo morado.
El motivo de esta digresión es la portada de Sport.
Con un tamaño de letra solo un poco más pequeño que el del nombre de la cabecera, el diario catalán titula: “Objetivo 2023 fichar gratis”. Así, todo junto, sin unos míseros dos puntos después de 2023. Y claro, uno lee ese titular y piensa: objetivo personal 2023: ganar dinero sin trabajar, ser feliz siempre, que de una maldita vez el amor vaya bien, tener salud, suministros a un precio asumible, ver fútbol gratis y ganar la Champions pero siendo el mejor, ojo.
Fichar gratis es distinto a contratar a un jugador que acaba contrato. Podemos colegir, por tanto, que Laporta es un alquimista en busca de la piedra filosofal y no ahorra esfuerzos (en realidad no ahorra, a secas) por descubrirla. En tiempos, estos esfuerzos eran conocidos como los Opus Magnum, es decir, la Gran Obra, que en la actualidad sería erigir un nuevo Spotify Camp Nou, o al menos evitar que el actual se caiga, que no sería poco.
Pero ojo, que puede que Ter Stegen se haya adelantado a Laporta y haya obtenido la piedra filosofal antes. Arriba a la izquierda en la portada de Sport podemos leer: “Las claves del nuevo resurgir de Ter Stegen”. Obviamente se refieren al impactante resurgir capilar del portero blaugrana, los folículos pilosos han conquistado la parte frontal superior de su cráneo como si de un imperio otomano feroz de tratase, como si ya estuviese disfrutando del elixir de la eterna juventud proporcionado por la piedra filosofal.
En la acera de Mundo Deportivo ahondan en la idea de la gratuidad y titulan: “Mercado libre”. Según ellos, “el club prioriza reforzarse con jugadores que acaben contrato y lleguen a coste cero: la larga lista incluye a Asensio, Messi o Íñigo”. Y a Uri Geller, añadimos nosotros, nunca viene mal tener en plantilla alguien capaz de doblar cucharas, tal vez también pueda hacer lo mismo con las palancas. Si llegaran Asensio y Messi, eso sí, se asegurarían actitud, lucha y compromiso a raudales.
Lo que no es cierto es que Messi llegara a coste cero. Leo ya quebró al Barça en sus últimos años a cambio de caminar por el campo y ganar alguna liga. Que sí, que caminar es muy sano, pero por 555 millones de euros puede exigirse algo más. El argentino absorbe tantos recursos que sueltas un Messi en un pantano y lo deseca en cuestión de semanas.
Mundo Deportivo elige como titular la palabra “Picados”, pero no habla de vinos, sino que hace referencia a los futbolistas del Barça. Al parecer los chicos están enojados por los “flagrantes errores en los arbitrajes”. Uno se ríe cuando se lo plantea en perspectiva. Y también “les sientan mal algunas críticas internas y externas”. Pobrecitos, jóvenes sin los problemas cotidianos del resto que se dedican a jugar y que no son capaces de asumir la crítica. Vamos, como un adolescente con pavo tardío y el pelo morado.
Volvemos a lo nuestro, al Madrid, que esta noche intentará lograr ante el Shakhtar el pase a octavos de la Champions. “Benzema y diez más” es el titular de As.
Marca se decanta por destacar la dificultad que supone al Shakhtar jugar al fútbol en la terrible situación de guerra que vive Ucrania. La última ofensiva rusa ha afectado mucho, como no podría ser de otra manera, a los futbolistas. No son las circunstancias propicias para jugar un partido, desde luego. Hay que reconocer el coraje de estos profesionales y desear que termine esta pesadilla.
Pasad un buen día, y no perdáis el tiempo en buscar la piedra filosofal, porque, al igual que el relato del Barça, es una entelequia.
No nos ha dado lugar siquiera a darnos cuenta y ya tenemos encima otro Real Madrid-Barcelona. Reconozco que últimamente, al menos para mí, estos partidos son agotadores, mucho más que hace diez años porque hace diez años eran de verdad. En aquella época sublime y dramática los clásicos se convirtieron en superproducciones de Hollywood y aquella majestuosidad se ha ido degradando, sin perder volumen. De modo que ahora los Madrid-Barcelona son secuelas como esas que la Marvel va sacando a cada poco, sucedáneos con los que agotar una veta de oro hasta que ya no quede nada. Del magnífico estruendo de la era guardiolista y mourinhista sólo queda la aparatosidad. Todo es ampuloso y chiringuitero, falsario y global, que no universal. Como todo se renueva cíclicamente, sin Messi ni Zidane, ni Cristiano ni Alves, ni Guardiola, ni Ramos, ni tampoco Casemiro, este partido está a la espera de propiciar un nuevo choque de dimensión cósmica que supere el actual blandiblú publicitario en que lo ha dejado la resaca de la gran ola. Y que me vuelva a enganchar.
Hasta lo de Clásico ya no tiene sentido. El argentinismo tenía gracia como proyección borgiana en un momento en el que se enfrentaban dos teogonías, dos sistemas con sus dioses, sus demonios, sus profetas y sus próceres. El Madrid-Barça era el enfrentamiento eterno del bien contra el mal continuado por otros medios que implicaban dramaturgia, propaganda, guerra, intoxicación, anticipo de cambios sociales. Reflejaban terremotos que sacudían el país desde lo profundo hasta la superficie. Ponían a España en la cartelera más solicitada del Broadway del mundo: todos miraban hacia aquí, todos querían estar aquí, todos querían ser y participar de aquí. Todo eso es pasado, humo. Ya ni siquiera es el mejor partido que se puede ver. Todo suena repetido, a disco rayado. Antes, el “Clásico” era, por lo menos, el “partido del siglo”, y esa rimbombancia, ahora, se echa de menos. Era como más inocente. Ahora que estamos al final de todas las mentiras con las que fuimos creciendo y viviendo a lo largo de la España de finales del siglo XX y del principio del XXI, ahora que ya le hemos visto el cartón a todo eso y que conocemos la burda tramoya de las cosas que nos dijeron que eran graves y definitivas, Cataluña ni siquiera está a una goleada histórica del Barcelona en el Bernabéu de conseguir la independencia.
El Madrid-Barça era el enfrentamiento eterno del bien contra el mal continuado por otros medios que implicaban dramaturgia, propaganda, guerra, intoxicación, anticipo de cambios sociales
Los madridistas hemos sufrido en todo ese tiempo incontables bailes, paseos, humillaciones y palizas del Barcelona en el Bernabéu. 2-6, 0-4, 0-3, 1-3. No ha pasado nada. Al contrario, el Madrid ha salido de todas ellas más fuerte, más dominador, con más títulos: más Madrid. Para el barcelonista más recalcitrante, la cosa debe resultar demoledora. Es como intentar exterminar una plaga de cucarachas nucleares cuyo poder de reproducción es, además, atómico. Lo normal es que se pierda ímpetu, se enfríen las ganas. Por las dos partes.
El “Clásico” se ha transformado en lo que decía Marx de la Historia, que primero se repetía como tragedia y después, como farsa. Ahora es una parodia de lo que fue. El último sirvió para que el Barcelona lo ganara bien y se quedara contento. Un mes después el Madrid ganó con holgura la Liga y a las semanas, la Copa de Europa número catorce, mientras que en Barcelona contaban la tercera temporada consecutiva sin ganar absolutamente ningún título. Sin embargo, allá estaban muy contentos: el 0-4 había sido para ellos el premio especial del público. Se habían exhibido en el Bernabéu ante un Madrid de negro japonés plagado de suplentes y con Ancelotti de mecánico, cambiando de sitio piezas del coche. Los periodistas ingleses y el millón de youtubers y twitcheros colombianos, árabes e indonesios que habitan la infraweb tuvieron highlights de sobra para presumir de Xavineta al menos por un año y el propio Xavi Hernández ganó crédito como entrenador para continuar como poco una temporada más al frente del equipo de un club en ruinas. El barcelonismo, como un todo, asumió en una noche su papel secundario en la historia del fútbol mundial, abominó del progreso más o menos ininterrumpido que ha vivido desde Cruyff y regresó al trastero de los perdedores festejando como una copa una victoria intrascendente sobre el Madrid en el campeonato nacional de Liga.
A las grandes conmociones le suceden períodos de inanidad, confundida casi siempre con la paz y con la tranquilidad. Lo enseña la Historia. La década que fue del 2009 hasta la pandemia, febrero del año 2020, cambió el destino de este juego e inauguró un tiempo nuevo para todos. De los estertores del monstruoso parto salió un Real Madrid robustecido, más fuerte, retoñado sobre su propio tronco, gracias en gran medida a la presión darwiniana terrorífica al que el entorno del mundo lo sometió durante un lustro. Esa presión agotó al Barcelona, desmedrándolo como organización humana. No se puede olvidar, empero, que ya era una institución sostenida por raíces podridas, aliada inseparable de un movimiento político totalitario y portavoz de la peor propaganda soportada por una opinión pública en la historia contemporánea de Europa occidental.
El último "Clásico" sirvió para que el Barcelona lo ganara bien y se quedara contento. Un mes después el Madrid ganó con holgura la Liga y a las semanas, la Copa de Europa número catorce, mientras que en Barcelona contaban la tercera temporada consecutiva sin ganar absolutamente ningún título
Como accidente histórico que es, el Madrid batió sus alas de espadas de plata pura y escapó de la lobreguez general en que se sumió el país durante ese tiempo. Voló tan alto que no sólo alcanzó su lugar por derecho de conquista en el Olimpo del fútbol y de la memoria universal sino que se superó a sí mismo: el único rival a batir para el Real es su propio pasado, su reflejo en el espejo. No obstante, el proceso natural de las cosas continuó su labor en Cataluña, donde todo se ha degradado a una velocidad de vértigo en los últimos diez años. El Barcelona, como quintaesencia de la catalanidad oficial, se fue diluyendo por el sumidero moral igual que casi todo lo que allí fue levantado una vez por la burguesía industrial, la clase dirigente. Y el agujero en las cuentas creció tanto como permitieron las tragaderas de quienes miraron hacia otro lado hasta que el otro lado, como un mueble roído por la carcoma, se les vino encima. Los clásicos fueron perdiendo nivel conforme el Barcelona se iba reduciendo a un ogro doméstico sin dientes allende los Pirineos. El Madrid dejó de pelearlos como si de una batalla definitiva por la salvación de Occidente se tratara: la gloria ya no estaba al otro lado del Ebro, sino en el corazón de esa antigua idea de Europa que aún pervive en algunos corazones puros “con la luz viva de las horas viejas”, como decía Lorca de las canciones del pueblo.
El Madrid, que es el último orden genuinamente aristocrático, en sentido grecolatino, que queda en el mundo, se mantuvo en pie y soportó la tormenta asegurando, lo primero, la decencia. El Barcelona acudió a un prohombre de su último pasado radiante para libertarse de todas las oscuridades que lo rodeaban. Y Laporta, como genio del mal que es, diablillo de las catacumbas y del enredo político barcelonés, está desplegando toda su astucia y toda su audacia para atravesar la ciénaga agarrado a algo sólido que le permita ubicarse en el futuro inmediato del fútbol mundial, que está en plena reorganización. Una de esas cosas sólidas a las que se aferra es el propio Madrid. Afirmando la amistad institucional de conveniencia del Barcelona de Laporta, Florentino gana un aliado con prestigio en su guerra vietnamita contra la UEFA y Qatar. Pero eso mismo nos habla de que vivimos un tiempo distinto, en una transición hacia alguna parte en la que lo que ocurre en el tapete verde, entre los dos equipos, sólo puede ser ya alimento para la cabaña bovina chiringuitera y tuitera.
El Madrid dejó de pelear los "Clásicos" como si de una batalla definitiva por la salvación de Occidente se tratara: la gloria ya no estaba al otro lado del Ebro, sino en el corazón de esa antigua idea de Europa que aún pervive en algunos corazones puros “con la luz viva de las horas viejas”, como decía Lorca de las canciones del pueblo
Los Madrid-Barça, como digo, necesitan de otro príncipe salvado que los saque de las tinieblas. En el mejor de los mundos posibles que imaginaron los grandes magnates, esos príncipes iban a ser, uno por cada lado, Mbappé y Haaland. Pero se ha demostrado quijotería inconsistente. Las cosas son como son y da lo mismo pensar que podrían ser de otra manera. El Madrid, deportivamente, futbolísticamente, está ya al otro lado del tiempo, se ha liberado de las ataduras implacables del presente y del ayer: es el dueño del mañana, porque es el dueño de la Historia. Es la Historia escribiéndose a sí misma. ¿Qué importa ya, a estas alturas, ganar o perder un partido o una liga contra el Barcelona? Nada tiene importancia. Como reza el tatuaje del viejo napolitano al que ha puesto de moda un fotógrafo en Instagram, tutto passa.
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