El Real Madrid visita esta noche a la Roma en Champions. Para endulzar la espera, los amigos de fcQuiz nos han preparado ocho preguntas sobre el equipo italiano y sus vínculos con los blancos.
¿Te ves capaz de acertarlas todas?
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El fútbol, en su esencia más pura, es un juego de dinámicas, estados de ánimo y relatos. Existen momentos en la temporada de cualquier club en los que las ideas se nublan, las piernas pesan más de la cuenta y el entorno empieza a emitir un zumbido ensordecedor de crítica y duda. El Real Madrid, un club expuesto permanentemente al juicio sumarísimo de la opinión pública, se encuentra en una de esas encrucijadas donde el fútbol doméstico deja de ofrecer respuestas y se empieza a exigir, casi de manera fisiológica, un lavado de cara profundo. Un reseteo.
Cuando la rutina de la competición regular amenaza con desgastar el proyecto, el calendario futbolístico suele guardar un as bajo la manga, un mecanismo de emergencia capaz de alterar la realidad por completo. Para la entidad madridista, ese interruptor tiene un nombre propio e indiscutible: la UEFA Champions League.
Este miércoles el conjunto madrileño salta al césped del Estadio Olímpico de Roma. No es un partido más de la fase liga; es la oportunidad perfecta para activar ese cambio de chip tan reclamado por la afición y el cuerpo técnico. La Champions League actúa para el Real Madrid como un bálsamo purificador, un ecosistema donde las leyes de la gravedad de la temporada dejan de aplicarse y el equipo se transforma en una versión alpha de sí mismo.
La transición de la apatía a la competitividad extrema se produce de forma casi mística, y el escenario romano se presenta como el lienzo ideal para plasmar esta metamorfosis indispensable.
Para entender la necesidad de este reseteo, es obligatorio analizar la idiosincrasia del Real Madrid. La camiseta blanca arrastra una paradoja andante: es capaz de sestear en los campos más modestos de la Liga, contagiándose de un ritmo espeso y previsible, para luego exhibir una voracidad indomable en el Viejo Continente.
La Copa de Europa no es una competición cualquiera para este club; es su hábitat natural, su propiedad histórica y la razón de ser de su mitología. Cuando las cosas marchan mal a nivel interno, la Champions no se ve como una presión añadida, sino como un refugio. Es el diván donde el equipo se tumba para recordar quién es, qué ha hecho y de qué es capaz.
Por eso, el partido ante la Roma llega en el momento preciso. El vestuario necesita sacudirse el polvo de las últimas actuaciones, limpiar la mente de esquemas tácticos encorsetados y apelar a esa memoria genética que despierta de manera automática cada vez que se cruzan las fronteras españolas.
El cambio de mentalidad del que tanto se habla en los mentideros futbolísticos no es una cuestión meramente táctica, sino psicológica. El futbolista del Real Madrid experimenta una transfiguración cuando se calza las botas para una noche continental. El error se minimiza, la concentración se multiplica y el miedo escénico cambia de bando.
Este reseteo implica disipar las dudas del bloque, recuperar la solidez defensiva y, sobre todo, devolver la agresividad a un ataque que a veces peca de funcionarial. La Champions exige un ritmo más alto, transiciones más rápidas y una contundencia en las áreas que el Madrid suele encontrar gracias a esa aura de invencibilidad que maneja en Europa.
La Champions League actúa para el Real Madrid como un bálsamo purificador, un ecosistema donde las leyes de la gravedad de la temporada dejan de aplicarse y el equipo se transforma en una versión Alpha de sí mismo
Frente a la Roma de Gasperini es el día de demostrar que el bache es solo una anécdota en el camino y que la verdadera identidad del equipo aflora bajo los focos de las grandes noches.
El escenario de esta redención no podría ser más propicio. El Estadio Olímpico de Roma es un coliseo moderno impregnado de la solemnidad y la historia de la Ciudad Eterna. Jugar en Roma siempre rodea al fútbol de una atmósfera especial, un misticismo que conecta el esfuerzo de los atletas con el pasado imperial de la urbe. El Olímpico, con su imponente pista de atletismo que aleja las gradas, pero no mitiga el rugido de la 'curva' romana, es un estadio que impone respeto. Es un territorio hostil pero noble, un lugar donde se respira fútbol de alta alcurnia.
Para el Real Madrid, enfrentarse a la Roma en su propio feudo es el tipo de desafío que espolea el orgullo. Ganar en plazas así otorga un prestigio que va más allá de los tres puntos; supone dar un golpe sobre la mesa y enviar un mensaje de autoridad a todo el continente.
Los jugadores blancos saben que el Olímpico no perdona la debilidad, y esa misma exigencia es la que les obligará a ofrecer su mejor versión, propiciando el lavado de cara que el proyecto necesita con urgencia.
Existe un instante preciso donde toda esta narrativa cobra sentido. Un momento mágico que dura apenas unos minutos pero que tiene el poder de transformar la energía de los once futbolistas que visten de blanco. Ocurre cuando los equipos forman en el centro del campo, las cámaras se pasean ante los rostros concentrados de los protagonistas y, de repente, explota por la megafonía el himno de la Champions League.
Cuando suena ese himno, el Real Madrid experimenta una catarsis colectiva. Los rostros cansados se tensan, las dudas acumuladas durante la temporada se suelen evaporar y los jugadores se convencen de que el trofeo les pertenece por derecho dinástico.
El himno de la Champions provoca en el Madrid el mismo efecto que el toque de corneta en un ejército veterano: es la orden de ataque, la señal de que ha llegado su hora. Es en ese preciso segundo cuando el lavado de cara se completa y el equipo salta al césped despojado de cualquier fantasma del pasado reciente.
El partido de hoy ante la Roma debe ser el punto de inflexión de la temporada. El Real Madrid tiene ante sí la oportunidad de demostrar que su idilio con la Copa de Europa sigue intacto y que no hay dudas lo suficientemente profundas que el aroma de las noches continentales no pueda curar.
El Olímpico de Roma aguarda como el examen definitivo, el teatro ideal para que el conjunto entrenado por un ex del equipo capitalino, José Mourinho, se reconcilie con su fútbol, con sus sensaciones y con su historia.
La Champions League vuelve a salir al rescate del transatlántico madridista, ofreciendo el escenario perfecto para un reseteo que limpie la mirada del equipo y le devuelva el brillo de los campeones. Cuando el balón ruede en la capital italiana y la melodía más famosa del fútbol mundial haya terminado de resonar, el Madrid volverá a ser el Madrid, dispuesto a reclamar el trono que considera suyo.
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El otro día tuve un sueño. En realidad, se trataba de una pesadilla: caminaba por una calle de aspecto más bien sórdido, un arrabal suburbano lleno de gente malencarada. Llevaba yo mi reloj del Madrid, un Viceroy edición Centenario que me regalaron mis padres al final de aquel verano y que por eso me hace especial ilusión. En el sueño, hombres que Pío Baroja llamaría pejes (hombres astutos, de mala traza, es una pena que se pierdan palabras hermosas y que la lengua, al fin, se empobrezca tanto) se me acercaban con la mirada ávida y, naturalmente, aviesas intenciones. Uno de ellos se me abalanzaba y echaba mano a la muñeca, con la idea de quitarme el reloj. Yo conseguía escapar y, acto seguido, me metía el Viceroy en el bolsillo.
Al despertar, intenté darle un sentido a la pesadilla y me pareció evidente, al cabo, que el reloj no era más que un símbolo: que lo que me da miedo, un miedo cerval, es perder mi amor por el Madrid. Amor o interés, en esencia es lo mismo: las ganas de verlo ya no las tengo, y es razonable pensar que ese es el primer paso para acabar en la indiferencia.
Lo que me da miedo, un miedo cerval, es perder mi amor por el Madrid
Y eso, ciertamente, no puede ser. Porque el amor por el Madrid es un vestigio de mi infancia, la parte de mí no corrompida por el mundo ni estropeada por el aburrimiento y la vejez. Es la hora, pues, de hacer un esfuerzo. Todo no es malo ni puede serlo, por más que el primer equipo del Real Madrid me parezca una cosa amorfa, triste y sin alma, con problemas ya cronificados que se arrastran desde hace tres temporadas.
En el Madrid de Mourinho también juega Arda Güler. Ahora mismo, Güler es quien acredita que se pague una entrada para ver jugar a los de blanco, el único futbolista a la altura de lo que merece esa camiseta. Que no es sólo esfuerzo sino, sobre todo, talento.
El talento del turco es, esta temporada, un grifo abierto por el que salen a chorros la leche y la miel de las leyendas musulmanas que se contaban, antaño, los hombres del desierto. En las noches oscuras y frías, los beduinos soñaban con vergeles infinitos: esa es la zurda de Arda Güler, un jugador que está confirmando su eclosión a la grandeza en Múnich, aquella negra noche de la última primavera. El Madrid perdió ese partido y esa eliminatoria y sin embargo ganó un jerarca, otro Modric. Ganó la posibilidad de un jefe, de un playmaker y eso es lo que este equipo necesita como el comer, alguien que lo mueva con sentido, un diferencial que haga competir en serio a sus hombres de ataque.
El otro brotecillo de esperanza es Bernardo Silva, o más bien su ausencia: alguien debería preguntarle a Mourinho si está para jugar o no, supongo que si no lo pone más es porque al irse del City Bernardo perdió la cualidad keniata, maratoniana y hercúlea (jeje) que tenían allí los superhombres de Guardiola. Es verdad que Bernardo parece mayor de lo que es, su porte es enteco y tiene un color y un pelo como de preenfermedad. Pero que no juegue significa que algún día podrá jugar, es decir, que existe la posibilidad, más o menos cercana, de que el centro del campo del Madrid deje de consistir en la Serrería Valverde & Tchouaméni. Está visto y comprobado que en cuanto sale alguien con hechuras de mediocentro y Valverde sube un escalón su posición en el campo, el Madrid gana toda la verticalidad y la fuerza que el uruguayo es capaz de aportar más adelante, como box-to-box. Que es su naturaleza.
Lo que queda de rebeldía en el Madrid, el único espíritu de subversión contra la inmensa pantomima que es el fútbol español, es Mourinho. Y eso no es un brotecillo, sino un brote verde magnífico
Ver correr a Mourinho el otro día, cuando marcó Vinicius su no-gol, dio alipori al principio. El Mou de la primera etapa se tiraba al suelo para festejar un gol en el último minuto o se subía en lo alto de Callejón a lo borriquito, agitando imperial su dedo índice, diciendo yo soy el mejor, el número uno. El Mou de ahora trota descompuesto como un abuelillo en el parque a que Vinicius no se enfade, a demostrarle su afecto aunque lo dejara en el banquillo. No obstante, con toda la diferencia entre una cosa y la otra, Mou está vivo y quiere triunfar. Se agarra a la fe y a la esperanza un poco como nosotros, consciente de que no hay muchas más oportunidades y de que tiene que poner de su parte. Ese es el principio de algo, desde luego que para conseguir algo bueno lo primero de todo es creer que se puede conseguir.
Luego no salió a dar la rueda de prensa y confirmó que lo que queda de rebeldía en el Madrid, el único espíritu de subversión contra la inmensa pantomima que es el fútbol español, es él. Y eso no es un brotecillo, sino un brote verde magnífico, una nueva primavera aunque sea en otoño: Mou caerá, pero antes dará la batalla.
Con eso, de momento, es suficiente para recuperar la buena cara y sentarse a ver el Madrid en Roma, en la vieja y hermosa Copa de Europa.
Buenos días. Hoy toca Champions. El Madrid y Mou regresan al Olímpico de Roma para buscar la segunda victoria en la competición. Alberto Cosín nos alerta sobre las fortalezas y debilidades del equipo de Gasperini en su previa.
Las portadas del día vienen en su línea. Es decir, poco interesantes.
Sport habla del «partidazo» del Barça ante el Galatasaray. Los de Flick se llevaron el duelo de corruptos por 1-4. No hay mención alguna en el diario culé al 0-2 anulado a los turcos, a la posición adelantada de Gordon en el empate de Cancelo o a la acción sin castigo de Fermín. Lo de la venda en los ojos es habitual.
Los futbolistas del Barcelona, sin embargo, prefieren llevar las vendas en las muñecas.
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— Holden (@Holden66666) October 13, 2026
Las primeras planas del diario de Godó, grande de España, y de la hora parroquial de Tebas parecen hoy el programa de un crucero de garrafón: baño turco y fiestón.
Mundo Deportivo habla de «Examen europeo a Mourinho y al juego de un Madrid crispado». Crispado. Bien. Al parecer, la única manera de alcanzar la paz en el fútbol español —según sus hedientes próceres y sus respectivos mamporreros— es agradecer al colectivo arbitral el acoso constante, abrazar y besar a los rivales cuando cazan a Vini o a Güler, alegrarse cuando el VAR actúa para revertir la decisión tomada por el colegiado cuando esta no perjudica al Madrid, etc.
La Liga es una enfermedad profesional y la Champions puede servir como una suerte de fisioterapeuta ocasional. Habría que hablar, eso sí, con el fisio del Barça para que nos explicara lo de las vendas, tal vez nos sirva para competir de manera menos desequilibrada.
Si la Liga es una enfermedad, sus medios son los vectores de contagio. En Marca podemos leer: «Ataque frontal de Mou al "caso Negreira"». Son peculiares, ¿verdad? Especiales.
Para los de Gallardo, denunciar la corrupción constituye un ataque frontal. Sin embargo, lustros de pagos del FC Barcelona al vicepresidente de los árbitros son, simplemente, el «caso Negreira». Sin mencionar al club de Laporta ni ahondar más.
Esta mención marquista viene a cuento de lo que Mou declaró ayer ante las cámaras de Prime Video Italia sobre el asunto Barça-Negreira que «si no pasa nada es quizás el escándalo más grande de corrupción en el arbitraje mundial». Lo que llevamos manteniendo «cuatro crispados» desde que conocimos los hechos, las facturas en poder de Hacienda.
#PrimeVideoItalia Mourinho: “Enhorabuena a los italianos, ¿sabes por qué? Porque es el único país donde el Calciopoli ha sido Calciopoli… En España, lo que ha pasado, y todos saben lo que ha pasado, y parece que todavía... no se respira muy bien. Hasta ahora no ha pasado nada. No ha pasado nada… Si no pasa nada, es quizás el escándalo de corrupción arbitral más grande del mundo”.
— Fútbolgate.com (@futbolgate_ES) October 13, 2026
El portugués también felicitó a los italianos porque su país es el único donde el Calciopoli ha sido el Calciopoli. Continuó: «En España, lo que ha pasado, y todos saben lo que ha pasado, y parece que todavía no se respira muy bien. Hasta ahora no ha pasado nada».
En Italia sancionaron a los corruptos, se preocuparon por preservar el buen nombre de su competición y de su arbitraje. Aquí, Negreira era un florero.
Recientemente, el excolegiado Tristante Oliva le contó a Roncero en As que «Negreira pintaba y mucho; claro que tenía poder». El exárbitro explica que Enríquez Negreira intervenía en la comunicación de las clasificaciones arbitrales y relata cómo funcionaba el conocido como índice corruptor, que permitía ascender o descender con independencia del mérito de cada uno.
En la rueda de prensa previa al partido de Champions de hoy, el entrenador del Real Madrid aludió a las designaciones arbitrales. Señaló que lo que le producía cierta extrañeza es «cuando por norma se dice que sale el nombre del árbitro 24 horas antes de partido y al final se sabe con tres semanas de antelación. Este es el único tipo de cosa que no me hace sentirme cómodo».
No nos extraña, la verdad. El árbitro del Metropolitano, Ortiz Arias, se conoció cinco días antes del derbi. El del encuentro contra el Barça trascendió 18 días antes.
Contra el Atleti, el equipo de arbitraje sincronizado perdonó varias tarjetas a Baena por zurrar a Güler, mostró amarilla a Jude por recibir un pisotón del Cuti en la rodilla (cuando vio la jugada en el VAR no expulsó al rojiblanco), Kang-in Lee le descuajaringó el tobillo a Valverde sin tomar el camino de los vestuarios, pitó penalti y expulsó a Huijsen por lo mismo que no se señaló nada a Rodri contra el Valencia. Entre otras maravillas.
No es necesario nada más que hacer una simple regla de tres para prever lo que sucederá en el Camp Nou. Quedémonos solo con las expulsiones perdonadas al rival. Si cinco días de antelación sirvieron para perdonar tres expulsiones al Atlético, dieciocho días deberían servir para perdonarle 10,8 al Barcelona.
Redondeando, once. Todo el equipo podrá repartir leña impunemente durante el partido —¿novedad?—. Sale a cuenta no presentarse. O ir, darle la mano al negreiro y marcharse, como hizo Guardiola —ya apuntaba maneras cuando jugaba en el equipo de su city— en sus tiempos de capitán. Evitaríamos cansancio o que alguien pudiera cargarse a Güler. Además, daríamos visibilidad mundial al acoso que sufre el Real Madrid.
No olvidemos que al Real Madrid le pitan colegiados que le han denunciado. No es raro, estamos hablando de «quizás el escándalo más grande de corrupción en el arbitraje mundial»
Pasad un buen día.
El Real Madrid regresa al Olímpico de Roma. Un estadio que le trae buenos recuerdos de otras visitas en la Champions League como en 2001, 2002, 2004, 2016 y 2018. El cuadro transalpino tiene como técnico a Gian Piero Gasperini, un viejo conocido de los blancos cuando se enfrentaron a la Atalanta en los últimos años tanto en la Champions como en la Supercopa de Europa. El equipo giallorossi se encuentra en un buen estado de forma y será una dura piedra de toque para la escuadra de Mourinho. Una salida complicada ante un conjunto muy competitivo. En la primera jornada la Roma empató ante el Fenerbahçe y querrá sumar los tres puntos en su feudo. Además, en la Serie A van en tercer lugar de la tabla por detrás de Inter y Lazio. Gasperini cuenta con las bajas de Cristante y Svilar y la duda del heleno Koulierakis. En su habitual formación con tres centrales en un 1-3-4-1-2 un XI probable es el formado por Gollini; Mancini, Balerdi, N'Dicka; Molina, De Roon, Koné, Wesley França; Soulé; Dybala, Malen.
Los equipos de Gasperini, desde hace ya muchas temporadas, son de los conjuntos del continente que realizan una mayor presión. Priman la valentía e incluso, en ocasiones, la temeridad para ejercerla en campo contrario. Su agresividad y las marcas individuales son un quebradero de cabeza para el equipo rival a la hora de jugar el cuero desde atrás. En muchas ocasiones roban el balón o generan pérdidas muy peligrosas cerca del área que acaban con ocasiones claras o goles. En este sentido también hay que tener en cuenta que si se logra saltar esa línea y salvar la presión con éxito, el equipo italiano sufre a la espalda y el rival tiene mucho terreno libre para avanzar. No sería extraño que se dieran situaciones como un 2 vs. 2 o un 3 vs. 3 entre los defensas locales y los delanteros madridistas. Pero hay que contar con que es uno de los grandes puntos fuertes de la Roma.
Gasperini es un técnico atrevido y con buen gusto por la pelota. Por ello siempre aboga y apuesta por una salida de balón limpia y precisa desde la defensa. Tienen movimientos muy trabajados y mecanizados que ayudan a la hora de progresar en pocos toques evitando la presión contraria. Uno de los hombres clave y que maneja al equipo es De Roon, al que ya tuvo a sus órdenes en la Atalanta, bajando desde la media a la zona izquierda para iniciar desde ese punto el paso del cuero desde la defensa a la zona del ataque. Crea triángulos con los carrileros y con la ayuda de Koné y Dybala para dominar el balón y jugar en pocos toques.
Una de las grandes características de los romanos es la velocidad y el ritmo que ponen a su juego. Es un equipo dinámico, muy rápido y vertical que apabulla a los contrincantes y los asfixia. Posee jugadores poderosos y fuertes en defensa y mediocampo que no permiten ni un segundo de relajación o desidia. Con casi dos meses de temporada el equipo está en un buen tono físico y es uno de los aspectos de juego clásicos de Gasperini. La Roma es un equipo con buenas cifras goleadoras en los últimos meses y disponen de un caudal ofensivo. La Roma ataca con muchos hombres, tanto por banda como por el centro con incorporaciones de sus medios, lo que hace que acumulen bastantes jugadores en el área. No tienen miedo del nombre y el nivel de la entidad a la que se enfrentan. En ataque destaca Dybala, que no está en su prime, pero sigue siendo un jugador peligroso; Soulé, futbolista habilidoso, rápido y vertical; y Malen, que está viviendo uno de los mejores momentos de su carrera desde que llegó a la Roma el pasado invierno.
Tim, aquel entrenador brasileño que dirigió a Perú en el Mundial del 82, dijo la famosa frase: «El fútbol es una manta corta. Si tiras demasiado para taparte la cabeza, se te destaparán los pies, y viceversa». Un paradigma de eso son los equipos de Gasperini. Y es que tanta alegría y anarquía en el ataque puede tener consecuencias en la defensa. Esta campaña están minimizando este aspecto y de momento no parecen tan irregulares ni están concediendo demasiados goles en la Liga italiana. Mancini y N'Dicka son jugadores fiables y rocosos que se complementan con el argentino Balerdi. El canterano madridista Hermoso es otra opción para la zaga si continúa la baja del griego Koulierakis. Por las bandas tienen jugadores con tendencia a subir arriba y que dejan espacio. Uno de ellos es Nahuel Molina, al que Vinícius conoce perfectamente de enfrentamientos con el Atleti y Argentina. Por el centro, Koné ayuda en tareas defensivas, pero es un equipo que, si se le mueve rápido el balón, sufre. También sufre, por supuesto, cuando deja mucho espacio entre líneas y huecos a la contra. En el juego aéreo disponen de jugadores con poderío aéreo en la zaga.
Gasperini es un técnico con una idea de juego valiente, osada, ofensiva y atacante. En muchos minutos los encuentros ante los bergamascos son, utilizando un símil pugilístico, un gran intercambio de golpes. Al entrenador italiano no le importa que sea una batalla para ver quién golpea más fuerte. Son partidos eléctricos, con mucha ida y vuelta y donde confían en sus posibilidades y en el gran número de ocasiones que crean. Falta por ver si contra el Real Madrid buscarán ser más precavidos o pragmáticos, pero no es la identidad por la que suele caminar el técnico transalpino. Es complicado de observar un choque en el que la Roma se cierre, sea muy defensiva, ponga el autobús y el bloque muy abajo atrás.
El neerlandés Malen llevaba unos años dando tumbos por varios equipos como Borussia Dortmund y Aston Villa sin encontrar regularidad ni estabilidad como la que tuvo en el PSV. Ha sido en Roma donde está encajando a la perfección y mostrando todo su potencial. En apenas seis meses del curso pasado logró 15 goles entre la Serie A y la Europa League y esta campaña continúa en estado de gracia con seis dianas en seis partidos en el campeonato italiano. Juega en punta pese a que en tramos de su carrera se ha desempeñado por la banda. Es un futbolista rápido, potente, vertical, habilidoso, con regate y un disparo con las dos piernas. Además, una de sus virtudes es lo rápido que arma el chut y lo escurridizo que es en el área. Es, sin duda, el hombre a vigilar por la zaga merengue si no quiere tener un susto en el Olímpico de Roma.
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Buenos días, amigos. En esta sección solemos ocuparnos mayormente de la prensa escrita, y más específicamente de las portadas de los periódicos deportivos de cada jornada. Sin embargo, nunca conviene dejar de lado las astracanadas de medios audiovisuales, verbigracia emisoras de radio que dejan constancia de su sesgo, con frecuencia estulto, en su manejo de las redes sociales.
COPE viene dando asombrosas lecciones de torpeza, francamente irrisoria, en la forma de encuestas lanzadas desde su cuenta de X. Son consultas torticeras que buscan el refrendo por parte de oyentes y seguidores de su muy sesgada línea editorial contra el Real Madrid. Ya hace unos días nos hicimos eco del siguiente tiro por la culata.
En la clara esperanza de que su audiencia iba a emitir un voto de castigo a RMTV, sobre todo en relación a sus videos arbitrales, se encontraron con la horma de su zapato, es decir, con un abrumador veredicto a favor de la cadena. Nada menos que un 86% de una muestra de más de 15000 personas se pronunció inequívocamente a favor del canal oficial del club blanco.
De esos más de 15000, ¿cuántos eran madridistas? No es posible saberlo, pero la conclusión es clara: los madridistas están abrumadoramente a favor de su canal, y los no madridistas querrían contar con uno parecido al servicio de su equipo, señal de que valoran positivamente su desempeño.
No contentos con este ridículo, los amigos de la cadena de la Conferencia Episcopal (y de Vicente Boluda, no lo olvidemos) se descuelgan con esta nueva encuesta. Y el sopapo, aunque cuantitativamente menos escandaloso, sigue siendo sonado.
Pensaba sin duda COPE que sus seguidores optarían por abrazar la ingenuidad panenkista y centrarse en las (objetivas) carencias de juego. Vaya por Dios. Parece que los madridistas consideran que el Madrid tiene razones objetivas para quejarse y estar preocupados por el favor arbitral, por encima del juego.
Esperamos con ansia la próxima encuesta.
Os dejamos con las portadas del día.
Pasad una jornada propicia.
Leo en la prensa que muchas celebridades siguen utilizando una triquiñuela tan primitiva como eficaz para realizar sus reservas en locales y restaurantes, eludiendo así el revuelo mediático y social que se formaría durante su estancia. Lo hacen nacionales como Penélope y Bardem —aka Modesta García y Ángel Encinas—, y también estrellas del resto del planeta, como Justin Bieber, que gustaba de utilizar como pseudónimo el nombre de un personaje interpretado por el malogrado y genial Matthew Perry, o Tom Hanks, parapetado bajo el pseudónimo de Harry Luder, un actor de vodevil desconocido para el gran público.
Quizá no sería una opción a desdeñar por algunos jugadores para escapar de la inquina arbitral. Léase, por ejemplo, en el caso de Vinícius. Considerando que su reciente cambio facial y el leve relajamiento en las protestas después de cada tarascada no son suficientes, bien haría en dar un paso más y asumir, al menos durante la temporada, otra denominación. Qué sé yo, quizá Lamine Junior o José María Enríquez Paixao de Oliveira. No sabemos si así se amansaría a las fieras con silbato, pero el mero hecho de contemplar sus rostros de sorpresa cuando accedieran a las fichas ya merecería la pena.

Y si no, que se lo digan a Konaté, que acumula cuatro amarillas en siete partidos cuando en su última temporada completa, la 25/26, le mostraron siete en todo el año, y cinco en cada una de las tres anteriores. Llamativo. O al propio José Mourinho, al que tan sólo unas jornadas de competición le han desmontado el talante zen con el que había regresado a Chamartín. En su caso, podría optar por José Mandela, Martin Luther Mou o, sencillamente, por su nombre y apellidos menos conocidos: Mário dos Santos. A ver si así.
Con todo, es de justicia reconocer que la expulsión de Vinícius ante el Villarreal se ajusta al reglamento (agarrón de pelo sin estar disputando el balón). Otra cosa es que lo que podamos opinar del mismo y de si una acción de ese calibre merece o no la expulsión. El 7, por si a alguien le sirve, no tardó en pedir disculpas en sus redes al equipo y a la afición. Pero, en un contexto de hartazgo por los precedentes arbitrales, son comprensibles el arrebato y la furia. Tanto o más que el gesto de la polémica, el agarrón capilar, enmarcado en la impotencia de pretender llegar al desmarque, meter el balón en la red y resarcirse de la asfixiante presión del Bernabéu. Lo del brasileño es por tanto un error más cercano a la torpeza ansiosa que a la reincidencia inexcusable.
Me temo que de poco ha servido el llamamiento a la paz del técnico portugués y su moderación al hablar del caso Barça-Negreira, y que la pipa de la paz ya ha dejado paso a tambores y cañones. No debiera desviarse demasiado el Madrid por ahí si pretende encontrar su camino en el juego y las victorias. No lo ponen ni lo pondrán sencillo, es cierto, pero si algo produce más hartazgo a los aficionados blancos es ocupar su tiempo contando tarjetas, expulsiones y quejas en lugar de triunfos y títulos.
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Entre mis futuras opciones para ocupar los próximos años de mi vida excluyo en las páginas de este bienintencionado lugar el de pitoniso. Que conste esta intención en el acta de La Galerna, cuyo notario Bengoechea es buen amigo. Y que también lo sepan ustedes, pacientes lectores.
En cambio, creo procedente calmar los ánimos de los madridistas con una reflexión arborizada de nuestros equipos principales masculinos.
Y créanme que tenemos razones para optar por la vía optimista. Ambos tienen varias cosas en común. Por ejemplo, mantienen cierta estructura de hombres cualificados por sus éxitos, desde Vinicious, Mbappé, Bellingham y Courtois hasta Tavares, Campazzo, Deck y Andrés Feliz, cuya última campaña y el principio de la que llevamos está resultando sobresaliente.
Tampoco los fichajes han estado mal, lo que asegura lo imprescindible: la materia prima, y que me disculpen los aludidos, que sólo es una metáfora recurrente.
Me dirán que ambas plantillas tienen alguna carencia. ¿Y qué equipo no las tiene? ¿Cuál de los últimos dominadores no han visto peligrar su éxito? Acordémonos de Luis Enrique, que en unas cuantas ocasiones declara la dependencia del hilo de las circunstancias. Ambos conjuntos tienen, pues, proyecto nuevo, porque además los entrenadores también lo son.
Veteranos, meticulosos, conocedores al dedillo de su deporte, con más éxitos pasados el portugués y con más recientes Pedro Martínez, el entrenador del curso pasado en Europa, lo mires por donde lo mires. Hoy, todos quieren imitarlo.
O sea, que, por el lado del banquillo, el asunto está bien pergeñado. Así, tenemos buenos músicos y reconocidos directores, cada uno con su interpretación que coincide en ámbitos que tienen que ver con la intensidad y la defensa.
Me dirán que ambas plantillas tienen alguna carencia. ¿Y qué equipo no las tiene? ¿Cuál de los últimos dominadores no han visto peligrar su éxito?
¿Que el Madrid de fútbol defiende mal? Lo llevo oyendo desde que tengo uso de razón, y si no, recuerden angustias pasadas por encontrar un central definitivo. Pero ninguno sirvió, ni siquiera Cannavaro, por mentar al más sonado. (Aquí me han salidos dos versos con rima asonante para un romance, que podría llamarse “Romance del central”).
Y cuántas veces, a estas alturas de curso, la flagelación era una práctica habitual de la feligresía. Y cuántas veces llegó después una Liga de Campeones. Incluso, el año pasado no estuvimos tan lejos de eliminar al Bayern. El hecho es que el equipo conserva una capacidad proverbial de sorprender al rival, o sea, de enchufarle un par de golitos cuando nadie lo espera, cuando parece que la jugada no tiene el camino propio.
Así que paciencia, que los equipos requieren de un tiempo de adecuación a las nuevas peticiones de quienes los dirigen. Aunque no les voy a mentir: el equipo de fútbol es más copero que liguero, pero la competición más importante se decide en el mano a mano.
En cuanto al baloncesto, que es más lo mío, Pedro, (otra vez Pedro, lo cual, tras Ferrándiz, augura éxitos) ha tenido un gran comienzo, ganando la Supercopa de Europa de baloncesto es una Fase Final con tres de los cuatro mejores más el anfitrión – que tampoco era manco – de la temporada pasada. Pedro Martínez es conocido por su elevado índice de exigencia, y su proposición actual requiere un engranaje complejo y engrasado. Lo que vemos es prometedor y hay que sonreír cuando se materializa. Que, por ahora, sucede con frecuencia.
Anímense ustedes, que queda mucho y bien intenso para ser felices.
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Qué tiempos los del inevitable e insufrible parón por selecciones, eh. Acababan de atracarnos de manera vil y escandalosa en un derby contra el Atlético de Madrid, en el que hubo de todo menos fútbol. Había gente que lo agradecía, porque así no tenía que seguir viendo al Real Madrid, como si fuera una penitencia. Con lo fácil que es apagar el televisor y a otra cosa. Otros, en cambio, llorábamos por los eones que nos iban a separar del próximo partido.
Empezó esa época en la que vivimos aterrados por el virus FIFA. Ése que plaga de lesiones a todos nuestros jugadores mientras están con sus selecciones. Y ahí estábamos nosotros, con los ojos entreabiertos, como cuando sabemos que en segundos va a explotar un globo, un petardo o va a haber algún accidente. No tardó mucho en hacer efecto. Primero fue Konaté y después fue Kylian Mbappe. Aunque con el paso de las semanas, parece que todo ha quedado en un susto y ambos ya están entrenando con el grupo.
Por cierto, qué triste e indignante es ver cómo hay madridistas que se alegran de las lesiones de los jugadores a los que no quieren. Hay que ser mala persona para alegrarse del mal ajeno teniendo en cuenta que para los deportistas profesionales son un drama. Pero que lo hagas con un jugador de tu equipo, que es clave y el que más goles mete, es para hacerse mirar el grado de psicopatía. Por mal que te caiga, por mucho que a veces se gane a pulso el desapego de la afición.
Y todo por tener razón. Es lo que impera en nuestros días. No es la inteligencia, ni la sabiduría, el respeto o la bondad. No. Lo importante es tener razón y llevarla al límite, aunque eso te haga quedar como un estúpido o perder amistades por el camino. Porque Mbappé me cae mal, porque siempre he dicho que es un problema para el Madrid, porque nunca le voy a perdonar nada y patatas. Qué cansancio.
Y mientras, ayudamos a nuestro enemigo, que son todos los demás, a ponérselo mucho más fácil. Sé que no viene a cuento a de lo que va realmente este artículo pero tenía que soltarlo, porque el hartazgo es infinito. Incluso cuando hay motivos para azuzarle, que los hay. Lo curioso es que esos mismos que se alegraban de la lesión, porque no quieren que juegue, también se quejan cuando no juega algún partido por alguna “lesión” de última hora. Siempre me pregunto lo mismo: pero, si no quieres que juegue, ¿de qué te quejas? Pero hay mucha gente que vive así. Instalada en el reclamo.
Perdonad los delirios de esta Vini-Mbappé-Jude-Tchouaméni-Valverde-Trent-y un largo etcétera lover. En resumen, de esta Real Madrid Lover. El caso es que, estábamos ahí, digiriendo la travesía por el desierto interminable sin fútbol cuando llegó el bombazo. No lo vimos venir.
¿Han detenido a Tebas por fin? ¿A Laporta? ¿Tenemos fecha para el juicio del caso Negreira? ¿El 100% del madridismo se ha puesto de acuerdo en algo?
Ojalá. Nada más lejos de la realidad.
Parece que va a haber sanción histórica contra el Manchester City, el cual había sido declarado culpable de 114 infracciones de un total de 115. Aquí me surge inmediatamente otra pregunta: ¿Entonces el Barcelona cuántas ha cometido? ¿1.500?
No es un tema nuevo. Sabíamos que se estaba estudiando y de vez en cuando salían pequeñas noticias que nos hacían especular con lo que podía pasar. Pero es que, al menos en España, la experiencia me ha enseñado que hay que confiar muy poco en la justicia. Así que yo ya estaba diciendo: ¿veis como a ellos no les ha pasado nada? Me equivocaba, como tantas otras veces. Y qué contenta estoy de estarlo. Yo, al contrario que muchos, no necesito tener la razón. Me da igual. Aunque mi chico tenga sus dudas...
David Ornstein, periodista de mucho prestigio del también prestigioso diario The Athletic, anunció lo siguiente, además del notición comentado dos párrafos más arriba:
“Varios clubes de la Premier League planean emprender acciones legales contra el Manchester City tras el veredicto de culpabilidad. Están considerando la posibilidad del reclamar una indemnización por el dinero que creen haber perdido debido a las infracciones del City y solicitar sanciones como que no puedan clasificarse para la Liga de Campeones, retirada de títulos, deducción muy severa de puntos, pérdida de bonificaciones por patrocinio, e incluso se podrían unir en una demanda colectiva”.
Aclaración para aquellos que no lo conozcan: Ornstein y The Athletic son todo lo contrario a Manolo Lama y Marca, por poner un ejemplo de muchos en nuestro país.
El United, a su vez, está estudiando cómo emprender acciones legales para reclamar todos los perjuicios sufridos y está pensando en personarse como acusación particular, además de la colectiva.
Y yo lo único que puedo sentir ante tales declaraciones es envidia. Sí, envidia. No soy una persona envidiosa ni mucho menos. Pero, en este caso, no me puedo sentir de otra manera por ver cómo se trata este tema: se da un caso de corrupción y se busca justicia.
En cambio, aquí en España, se descubre que un club ha estado pagando al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros durante 17 años, además de una interminable lista de delitos e irregularidades (mucho más que 115), y no pasa nada. Ni un solo club alza la voz, nadie dice nada. Silencio absoluto. Los diarios, televisiones y radios pasan de puntillas y todos tienen una idea común: la culpa es del Real Madrid.
Surrealista.
Lo más curioso es que el Negreirato se descubrió porque estaban intentando encontrar algo malo de Florentino Pérez y la entidad blanca, pero les salió el tiro por la culata. Y también porque son tan ratas que quisieron desgravarse el IVA y Hacienda los pilló. Hay que ser cutre y estúpido para querer deducirse impuestos de acciones delictivas.
Casi cuatro años más tarde, ha habido un proceso de instrucción, y quedamos a la espera de juicio con pocas esperanzas para la sentencia. Mientras, los medios y los demás equipos, salvo el Athletic de Bilbao, que ha sido más valiente (y porque le tocaron a su jugador clave, lo que hizo que saltaran a la palestra), se han dedicado a vilipendiar y deshonrar al equipo blanco.
Porque se queja. Porque el asedio, la injusticia y los atracos son insoportables. Porque la competición es de todo menos limpia. Es el puñetero mundo al revés. Los demás equipos son también enormemente perjudicados. Pero da igual. El malo es el Madrid. Así que los convierte en cómplices.
El Getafe quería fichar a Daniel Carvajal, que se encuentra sin equipo desde que decidió abandonar el Real Madrid. No ha podido. ¿Por qué? Que le pregunten al madridista y muy madridista Tebas. Para el Getafe no ha habido palancas ficticias, ni derechos del Getafe Studios, ni cautelares, ni nada por el estilo. Se ha visto a Ángel Torres en los medios con cara de estreñimiento. Pero no se ha atrevido a cargar contra la mafia. No me da ninguna pena ni él ni el resto de equipos que componen la Primera División y muchos, o la mayoría, de los de Segunda. Esto es así porque ellos quieren. Pues a tragar.
hay otra gran diferencia con lo que ocurre en España: allí los delitos deportivos no prescriben. Entre otras razones, porque no hay directivos o exdirectivos del Manchester City dentro de la Federación Inglesa cambiando las normas para que los delitos prescriban a los 5 minutos de cometerlos, especialmente si son ellos los que los perpetran
Todos son cómplices. ¿Y cómo reaccionan los principales medios deportivos al caso del Manchester City? ¿Qué dicen en sus portadas? Pues igual que reaccionaron con el caso Negreira.
Al día siguiente de la publicación de David Ornstein, Marca le dedicó una columna a la derecha, bastante discretita. Mucho más importante era hablar del próximo partido de España de la Nations League, que no le interesa a nadie. As, una línea en negro abajo del todo de la portada en pequeñito, cuyo principal reclamo eraLamine y el estreno de la camiseta de dos estrellas por los dos mundiales ganados. Que por cierto, bochornosa es la campaña de todos estos medios para pedir el Balón de Oro por el jugador blaugrana por haber hecho… Absolutamente nada. Al menos, y sorprendentemente, Mundo Deportivo y Sport lo pusieron arriba del todo y más grande, ocupando quizá una cuarta o quinta parte de la cubierta.
Y es que no querían darle mucho bombo al asunto porque las comparaciones son odiosas. No podían poner “¡Escándalo!” a tamaño 100 ocupando toda la portada. Si le daban la importancia que merece a esta noticia, tendrían que admitir el mayor caso de corrupción del deporte mundial y de la Historia con las consecuencias que conlleva, seguramente penales, si estuviéramos en un país medianamente serio.
En cambio, en Inglaterra todos están enfurecidos. Los demás clubes se saben perjudicados porque han dejado de ganar títulos, entre otros muchos agravios, y piden justicia. En The Sun, el tema ocupaba toda la primera plana. The Daily Mirror también lo ponía como principal noticia, apenas salpicada por algún pequeño titular más- Otros diarios hicieron lo mismo. Y siguen saliendo noticias.
Las irregularidades de las que se les acusan se produjeron sobre todo entre el año 2007 y el 2018, aproximadamente. Anda, mira, comparten período con el Barça. Aunque es fácil. Llevan tantas décadas haciéndolo que es sencillo coincidir en alguna época.
Pero hay otra gran diferencia con lo que ocurre en España: allí los delitos deportivos no prescriben. Entre otras razones, porque no hay directivos o exdirectivos del Manchester City dentro de la Federación Inglesa cambiando las normas para que los delitos prescriban a los 5 minutos de cometerlos, especialmente si son ellos los que los perpetran. Tampoco están compinchados con el gobierno actual, cuya supervivencia depende del apoyo de la región a donde pertenece este club. Cuando tienes una red clientelar, con agentes en todos los estamentos e instituciones, es muy fácil. Trabajas para ti mismo.
Qué momentos aquellos en los que Joan Gaspart como vicepresidente de la RFEF decía abiertamente que, mientras él pudiera “perjudicaría al Real Madrid deportivamente todo lo posible”. Está grabado en vídeo, lo podéis encontrar en Internet. Y no es IA. Laporta también fue vicepresidente. Me pregunto qué hubiera pasado si hubieran sido Don Florentino Pérez o Don Emilio Butragueño quienes hubieran pronunciado estas palabras u ostentaran dichos cargos. Pero al Barça se le permite todo.
Me encantaría que les cayera todo el peso de la ley, pero no es tan sencillo, porque como siempre, hay intereses muy grandes que van mucho más allá del fútbol. Hablo de negocio, pero también de geopolítica.
a todo esto, se nos viene a la cabeza la figura de Pep Guardiola. El mejor entrenador del mundo. El inventor del fútbol. Otro cuya carrera, al igual que la de Messi, es una auténtica mentira
A la Premier no le interesa que el City “desaparezca”. Pero a Inglaterra menos. Ya los emiratíes se pronunciaron a las pocas horas y advirtieron que, en el caso de imponer severas sanciones al equipo mancuniano, eso supondría un grave peligro para las relaciones económicas y diplomáticas entre los Emiratos Árabes Unidos y el Reino Unido, según anuncia la agencia Bloomberg.
¿No os suena a amenaza? Yo me imagino a Don Vito Corleone, acariciando al gato y pronunciando estas palabras. Sólo le falta decir “Y no queremos eso, ¿verdad?”
Con la iglesia hemos topado. Por desgracia, la realidad del fútbol hoy en día es ésa. Por eso el Manchester City y el PSG son clubes estado. El Barça también, pero funciona diferente. Veremos qué ocurre, porque el orgullo inglés es grande y no suelen funcionar demasiado las amenazas. Y, a todo esto, se nos viene a la cabeza la figura de Pep Guardiola. El mejor entrenador del mundo. El inventor del fútbol. Otro cuya carrera, al igual que la de Messi, es una auténtica mentira. Tanto la del jugador como la del técnico. Como entrenador, sólo ha ganado títulos europeos con equipos corruptos.
¿Sería tan bueno sin todas estas ventajas? Me gustaría verlo en un equipo modesto en una liga extranjera cualquiera y que fuera capaz de llevarlo a la gloria, ganando todos los títulos nacionales e incluso la Champions League, pero de manera legal. ¿Podría hacerlo? ¿Sabría? Tengo serias dudas.
Sí, no es culpable directo. Él no cometió las irregularidades financieras en el City ni pagó a Negreira en el Barça. Pero ha visto cómo le beneficiaban una y otra vez, perjudicando a otros ante sus ojos. Veía continuamente injusticias, aunque él, como buen culé, sea incapaz de reconocerlas. Aceptaba todo lo que ocurría. Así que es cómplice. Y por tanto, culpable.
También fueron resaltables las declaraciones de Rodrigo, el yerno de España, al que ya le dan baño y masaje desde hace mucho tiempo, especialmente desde que le fue otorgado el Balón de Oro infame que le fue robado a Vinicius. Pero ahora que es jugador del equipo palanquero, es peor aún. Resulta que el madrileño no duda de la impunidad del club inglés. Y es que el chico sin tatuajes que no tiene redes sociales, tampoco anda muy sobrado de materia gris, como ha demostrado en innumerables ocasiones. Tampoco de respeto, honor ni grandeza.
Ha dicho que no duda de la impunidad del City. Ojo. Impunidad. Seguramente, el jugador que debió fichar Florentino para que el Real Madrid no esté 100 años sin ganar ni un mísero partido, quería decir “inocencia”. Pero, aunque lleva muy poco tiempo en la entidad blaugrana, ya le han lavado el cerebro (tampoco es muy difícil en su caso) y se le están pegando cositas del relato.
Ay, el subconsciente. Siempre nos juega malas pasadas. No, Rodrigo, lo que pasa es que estáis muy mal acostumbrados a que el verdadero equipo de tus amores se salga siempre con la suya porque tienen agentes en todas partes. Con el City va a ser diferente. Porque, para empezar, los demás clubes no van a poner sus posaderas en pompa como hacen en España.
Así que sólo nos queda esperar la sentencia, que parece que no tardará en llegar. Estoy impaciente por conocer más noticias. Ojalá cayera todo el peso de la ley contra ellos, pero tengo pocas esperanzas. Cuando los petrodólares y la geopolítica se imponen, hay poco que hacer. Una multa, a no ser que sea verdaderamente astronómica, para alguien que tiene dinero ilimitado, es un dilema menor. Veremos si es una sanción o paquete de sanciones ejemplares y realmente acordes con las circunstancias, o se queda en agua de borrajas. Si, después de 114 infracciones tampoco pasa nada, el problema no es el fútbol. Es el sistema, que lo ha hecho desaparecer.
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Buenos días. Estamos hartos. Nous en avons marre. We are fed up. Wir haben die Nase voll. 我们受够了. हम तंग आ चुके ह. Estamos fartos. سئمنا. Мы сыты по горло. Kami sudah muak. Bıktık artık. We don tire.
En La Galerna estamos dotados del bíblico don de lenguas. Son efectos secundarios no esperados de la cólera y la frustración. Esta mañana, Paco Sánchez Palomares ha entrado por la puerta de la redacción jurando en arameo, pero literalmente, no es en este caso una figura retórica. Fred Gwynne fue sorprendido insultando en sánscrito a varios miembros del CTA a la hora del café y la ensaimada. William Pogue se acordaba de la ascendencia de unos y otros prebostes del balompié patrio, unas veces en tshivenda, lengua proveniente del norte de Limpopo, y otras en húngaro. No deja de resultar curioso que precisamente en el Día de la Hispanidad, hermanados como estamos con Iberoamérica por un lenguaje común, nos hallemos soltando putamadreadas en farsi, cantonés y ga, pero el hartazgo obra milagros inusuales a la par que inútiles.
Según el Evangelio, el «don de lenguas» (glosolalia, del griego glōssa, «lengua» o «idioma», y laleîn, «hablar») consiste en hablar idiomas que uno no ha aprendido, como sucede en el relato de Pentecostés, en Hechos 2:1-11, cuando los discípulos comienzan a hablar y personas de distintos pueblos los entienden en sus propios idiomas, de manera prodigiosa.
Al término del partido ante el Villarreal, a Mou le poseyó también el don de lenguas, dado que se puso a perorar en un idioma que en principio no domina: el del silencio. No queremos ni imaginar lo que estaría pensando para preferir no verbalizarlo. Su lenguaje gestual durante el partido permite intuir un apunte, y uno casi prefiere no saber. De haber hablado, se le habrían quedado cortos el sánscrito, el tshivenda y el mismísimo japonés.
Nos informa As de que el Madrid “recurrirá la roja a Vinicius y la amarilla a Konaté”. La segunda es una de las tarjetas más ridículas de la historia: ni toca al rival. Sobre la roja a Vini, habla hoy en El Español nuestro editor Jesús Bengoechea.
“El tema no da solo para un estudio comparativo de la más grosera doble vara de medir según la camiseta (tenemos ejemplos de jalones de cabello saldados con amarilla), sino que resulta suficientemente chocante en un estudio aislado, con el reglamento en la mano. Ese reglamento habla del tirón de pelo como posible causa de expulsión. No dice, como se está pretendiendo hacer creer, que todo tirón de pelo es expulsión. Añade que, para ello, debe darse con “fuerza excesiva o brutalidad”. Literal. La fuerza excesiva o la brutalidad están tan presentes en el agarrón de Vini como la decencia en el Comité Técnico de Árbitros. Puedes anular el gol, pero jamás expulsar al brasileño”.
Marca no necesita irse muy lejos para esquivar la polémica. De todos es sabido que Marca es de toda la vida un diario especializado en motociclismo. Habría sido mucho pedir que hoy, precisamente hoy, cuando medio mundo clama contra la roja a Vini, dedicaran un mínimo espacio al fútbol.
Os dejamos también con la prensa cataculé, que querréis verla. Podéis vomitar cuanto queráis con la portada de Sport.
Estamos hartos.