Las mejores firmas madridistas del planeta

Buenos días, galernautas. No necesitamos más que dos manos para contar los días que quedan para el final de esta temporada indecible. Cada uno de los estamentos de nuestro equipo debe realizar una muy profunda reflexión, tanto a nivel individual como colectivo.

Ni siquiera la ilusión que pueda generar el segundo advenimiento de José Mourinho puede compensar una colección de sinsabores que hace meses que se convirtió en demasiado grande. El último fue la sucesión de pellizcos de monja de Kylian Mbappé contra el que, de momento, es su entrenador. Precisamente esto es lo que parece que va a tratar Florentino Pérez con el francés en lo que en As titulan como "cara a cara". Algo habrá que hacer con la actitud del francés, de eso no cabe ninguna duda. Una pena que esa misma proactividad no se mostrara con otras conductas reprobables, por ejemplo, allá por finales del octubre pasado. Intolerable lo uno e intolerable lo otro.

Marca, el diario de Gallardo, convierte en argumento principal el regreso del portugués, que ya desenmascaró a mucho pseudoperiodista, sirve como prueba de los nueves en la detección de personajes que viven de juntar letras pero cuyos argumentos son tan torticeros como la conducta de los equipos que cuentan con sus verdaderas simpatías.

El periodista español medio aborrece a José Mourinho. Se espanta sólo con oír su nombre y empieza a enumerar comportamientos que juzga intolerables y que, siempre según él, mancharon la imagen del Real Madrid. Ese mismo guardián de las esencias, aparte de no soler ser madridista, aplaude ahora con las orejas y con prácticamente cada parte de su anatomía. El retorno de Mourinho es garantía de noticias y comentarios, es decir, clics y movimiento de contenido constante en torno al taimado portugués. En una palabra, negocio. Sí, amigos, esta gente va a ganar más dinero y a vivir de poner a parir a alguien al que denuestan. Por supuesto, lo harán con los puñitos muy cerrados y llenos de justa indignación por mucho que el hombre de Setúbal les esté regalando un trabajo soñado.

Y si José no da motivos para el ruido, nada impide sacar un poco de creatividad. La verdad, esa cosa tan nimia como prescindible, es maleable siempre que les convenga. Apenas una chinita en el camino hacia una historia o artículo que asegure debate, ruido y brocha gorda, que la gente prefiere que les den los asuntos opinados, no vayan a cansarse.

Mirando a la prensa cataculé, Sport nos habla de una negociación del club cliente de Negreira por João Pedro, delantero del Chelsea. En menor tamaño se comentan las condiciones para ello, entre ellas cerrar alguna venta y llegar a la estructura salarial 1:1, que no se ve en el club más o menos desde que jugaba Calderé. No arriesgamos demasiado si apostamos a que alguna maniobra de la liga presidida por el madridista Tebas seguro que lubrica tanto la consecución del fichaje como su inscripción, independientemente del estado de la tesorería azulgrana. No falta, por supuesto, faldoncillo dedicado a Mourinho y el Real Madrid. Qué bien nos lo vamos a pasar, amigos.

El Mundo Deportivo, diario del Conde de Godó, Grande de España, chapotea con gusto en el cisma que hay en el vestuario del Real Madrid. Nuestro club no necesita enemigos externos, a los que esta temporada se ha dedicado a complacer gracias un instinto de preservación comparable al de un lemming.

Que acabe la temporada, que gane las elecciones quien deba ganarlas (si es que las hay) y que empiece la transformación del Real Madrid en algo parecido a un club de fútbol competitivo en el que los principios de autoridad, exigencia y meritocracia vuelvan a regir.

Pasad un excelente día. Es una orden.

Con todas las miradas y análisis puestos en la comparecencia de Florentino, quizá sea el mejor momento para levantar el vuelo y tomar perspectiva atendiendo a otra crisis en Chamartín, la de la campaña 80/81.

Les resumo el cuadro. Estamos en el segundo año de Boskov, el técnico que vino a revolucionar la preparación del Real Madrid y, en consecuencia, de la élite del fútbol español: para respiro y admiración de sus pupilos, entrenaba con el balón como mejor amigo, dejando atrás el severo método de repeticiones marca de la casa Miljanic.

Hablamos del Madrid de los García, un equipo que mezclaba a los poseedores del célebre apellido (García Navajas, García Cortés García Hernández y Pérez García), con tipos cuajados como García Remón, Camacho, Juanito, Santillana, Stielike o Ángel, más la figura declinante de Laurie Cunningham, que comenzaría su calvario ese año tras un primero notablemente prometedor. “Una época gris, sin mucho gasto en fichaje”, como resumió años después el futuro seleccionador nacional, Vicente del Bosque.

¿Es una crisis pasajera? ¿Es una crisis con tintes de dramatismo? ¿Falta una base? ¿Cuál es el futuro inmediato del equipo?

La campaña ya empezó torcida, o algo más que eso, con la estruendosa goleada de Bayern (9-1) en el en el Olímpico de Múnich. Señales, que pensaría Juanito. Pero fue desde el 30 de noviembre del 80 (derrota en el Camp Nou por 2-1) hasta el final de enero del año siguiente cuando llegó el clímax del suelo blanco. En ese tramo, el Madrid sólo ganó tres partidos ligueros de nueve, a lo que se sumó una dolorosa derrota en el Calderón (3-1) y cuatro empates (Zaragoza, Valladolid, Athletic y Murcia).

Es entonces cuando RTVE se aventura en los dominios de la antigua Ciudad Deportiva para rastrear las posibles causas de la crisis madridista. Lo primero que llamará poderosamente la atención del lector es que por entonces, en momentos de zozobra, tanto el armador del barco, el presidente Luis de Carlos, como el capitán, Boskov, y el marino para el que ninguna mar era lo suficientemente brava, Juanito, dieran la cara, no rehuyeran las preguntas y explicaran su versión de la situación.

La filosofía de Boskov

Hoy parte de la labor periodística se basa en interpretar canciones de los estados, elucubrar con las poses fotográficas y reproducir comunicados —por ser generosos— que los futbolistas tienen a bien publicar en sus redes. “¿Es una crisis pasajera? ¿Es una crisis con tintes de dramatismo? ¿Falta una base? ¿Cuál es el futuro inmediato del equipo?”, se pregunta el locutor. Responde Boskov: “Queremos renovar al equipo, hacerlo más joven, pero esto requiere de mucha paciencia”. Y admite: “Hay una frase en España, que es que ‘los resultados mandan’, por lo que si el Madrid sigue con los mismos resultados, no puede renovarme el contrato”.

Ahí queda eso. Turno para Juanito, que no pierde ocasión para rebelarse (¿dejó de hacerlo alguna vez?) ante las críticas: “Siempre estamos en que si el Madrid falla, lo hace por dos o tres jugadores, pero todos tenemos la misma categoría”. Y para cerrar, el presidente trata de alejar las cerillas del bidón de gasolina: “Está difícil, pero no imposible (…) Las medidas de urgencias pasan por ganar partidos”.

El equipo perdería los dos siguientes encuentros de Liga (Espanyol y Sporting), pero en las 11 jornadas restantes lo ganaría todo menos uno, la visita a la Real, triunfador a la postre de aquella Liga por golaverage en el dramático final interruptus de Valladolid. En la Copa de Europa, contra pronóstico, eso sí, se colaría en la final que terminó con el título en las vitrinas del Liverpool por un solitario gol en día en el que ni Stielike ni Juanito ni Cunninghan, los diferenciales, llegaron en buen tono físico.

Luis Molowny, el Señor de los milagros

Respecto a Boskov, continuaría para dimitir en marzo de 1982. Le sustituyó Molowny, que logró (como siempre) reconducir la situación conquistando la Copa frente al Sporting de Gijón.

“¿Es una crisis pasajera? ¿Es una crisis con tintes de dramatismo? ¿Falta una base? ¿Cuál es el futuro inmediato del equipo?” Preguntas de entonces, preguntas de ahora.

De entre todas las perlas que Florentino soltó en la rueda de prensa del pasado martes, hay una que sonó inicialmente como una bravuconada, un calentón de barra de bar: “hemos ganado 7 Ligas y nos han robado otras 7”. Claro que, si uno analiza bien al Florentino calculador, al ingeniero que preside una de las mayores empresas concesionarias de infraestructuras del mundo, le da por pensar: ¿por qué dijo 7 y no 5, u 8? No pareció un número lanzado al nuen tuntún, en especial, porque segundos después completó su afirmación con otra frase lapidaria: “Solo este año nos han robado 16 ó 18 puntos”. Ahí me cercioré del todo. Para el Florentino que mide sus pasos, esas 7 Ligas robadas no eran una boutade, una cifra lanzada alegremente al aire, sino algo que llevaba clavado en las costillas del mismo modo que tantos aficionados cargamos con las ligas de Tenerife, la final de Copa del 90 o el teatro de Dani Alves en el Bernabéu.

Así que mi objetivo, poco después de acabar la comparecencia del presidente, pasó a ser comprobar si, como dice el título de este artículo, de verdad nos han robado 7 Ligas.

  1. 2020-2021

Para mí hay una clarísima, y su vencedor no fue el cliente único de Negreira. Me refiero a la temporada post-pandemia, posiblemente la más bochornosa que recuerdo en mi vida. Tanto que escribí dos artículos en esta misma web como si toda la temporada hubiera sido una serie de ficción con un guion establecido de antemano:

La Liga en ocho capítulos, puesto que el personaje principal flojeaba, el Barça, el sistema puso todos los huevos en la cesta del secundario, el Atleti, con ayudas sistemáticas desde el inicio.

El capítulo octavo, la resolución de este lamentable culebrón. El Real Madrid completó un campeonato con una anomalía estadística (una más): ni un solo penalti pitado en toda la liga por los árbitros de campo. Los tres que se señalaron a favor de los blancos eran tan groseros que a los “artistas” del VAR no les quedó más remedio que señalarlos. Fue la liga del gol anulado a Mariano en Getafe, la única vez que HH no atendió la corrección del VAR (en el Atleti-Real Madrid), la del tiempo muerto del Cholo, la orden de ir a jugar a Pamplona en un campo helado, la del esperpento del Madrid-Sevilla en Valdebebas… Releo los artículos y me sorprende ver que llegamos con opciones a la última jornada.

  1. 2015-16

Fue la primera (media) temporada de Zidane en el banquillo blanco. Aunque cogió al equipo muy alejado en la clasificación, terminó a un solo punto. Esa temporada quedará marcada por el récord histórico de 19 penaltis a favor del Barça, algunos tan inverosímiles como el despeje de puños de Adán, portero del Betis, varios piscinazos de Neymar (escandaloso el que pitó Sánchez Martínez en Villarreal en su camino a la internacionalidad), o dos de los tres pitados en contra del Sporting de Gijón en poco más de diez minutos (¡Clos Gómez, again!).

El Negreirato en estado puro, con un Barça que podía hacer de todo en su área (un penalti en contra en dos ligas y media) y cuyos desplomes en área rival eran señalados como si los culegiados sintieran una descarga del propio Negreira en su brazo. Pero es que no solo fue eso, sino que el Barça anotó entre 8 y 12 goles en fuera de juego que les dieron por buenos.

Estaba claro que a los de Zizou les iba a resultar una tarea casi imposible lograr el campeonato, como se vio en la victoria en el Camp Nou en la que se ganó con diez y en la que HH (de nuevo) anuló el famoso gol de cabeza de Bale por una falta muy clara. Una falta de centímetros de Jordi Alba, quiero decir.

  1. 2024-25

Solo 4 puntos separaron al Madrid del Barça en la clasificación. Reconozco que no tengo claro si para mí es una de esas 7 Ligas tangadas por el pobre juego del equipo y porque el Barça de Flick iba con una marcha más, pero sí tengo muy claro que hubo una orden clara en el Tinglao (llámenlo CTA, Federación, Liga o, directamente, Clos Gómez a los mandos del VAR) para que el Madrid perdiera los 7 puntos de ventaja con los que llegó a contar en febrero. Los arbitrajes consecutivos contra Osasuna, Atlético de Madrid y Espanyol entran directamente en el top de escándalos (larguísimo) que ojalá algún día se investiguen. A ser posible, antes de que prescriban. Motivaron la carta de protesta del club, cuatro páginas muy duras en las que se mencionaba la “corrupción sistémica” de la competición, quizás la única queja institucional en todas estas décadas de tortura arbitral.

Si a todo ello añadimos que el milímetro ajustado desde el VAR cayó siempre en contra del Real Madrid y a favor de la defensa adelantada de los de Flick (recomiendo el artículo de William Pogue sobre la materia), podremos concluir que el pobre juego no debería justificar que no seamos merecedores de arbitrajes justos.

  1. 2013-14

Florentino Pérez repartió algún palo en la rueda de prensa para el Atlético de Madrid, o más bien a los periodistas que nunca lo atacan: “Los periodistas que quieren quitarle el prestigio al Madrid supongo que serán del Atleti”. Lo cierto es que la prensa suele callar ante los desmanes de Cerezo y Gil Marín, con los acuerdos/regalos del ayuntamiento de Madrid, ofrece portadas a sus directivos para que ataquen de manera salvaje al Real Madrid, ensalza al Cholo o a su público (poblado por un grupo ultra de la peor especie) de una manera sonrojante… y celebra cuando este equipo recoge las migajas que le deja el Barcelona.

El Atleti calla contra el Barça porque sabe que de vez en cuando le dejan ganar alguna Liga, Copa o Supercopa. Me hace gracia porque siempre se destaca el error de Mateu Lahoz en el último partido de Liga, el que enfrentó a Barça y Atleti por el campeonato en el Camp Nou, pero nadie del Tinglao se acuerda nunca del verdadero héroe decisivo: Undiano Mallenco. Masacró al Real Madrid en Barcelona en la primera vuelta, y tuvo el mérito de conseguir que Ancelotti se quejara públicamente de su actuación:

El Negreirato, fiel a su estilo, lo colocó en el partido del Bernabéu de la segunda vuelta, en el que él solito fue capaz de desquiciar a los locales y lograr la remontada del Barça (del 3-2 al 3-4 tras todo un recital):

A mí me gustó más el Florentino agresivo con los arbitrajes y con el Barça del pasado martes, mucho más que el que ha permitido el silencio durante tantos años, los ataques de AESAF o las amenazas de González Fuertes antes de la final de Copa. Y el presidente tenía que haberse ahorrado fotos en el pasado o tener algún detalle como el que tuvo con gente como Undiano Mallenco el día de su despedida, cuando le entregó un recuerdo por sus (terribles) años como culegiado.

  1. 2025-26

Miro los once puntos de desventaja en la clasificación y me cuesta incluir este campeonato entre los siete señalados por el presidente. Sin embargo, lo cierto es que tuve la sensación de que tampoco nos iban a dejar competir esta Liga desde el principio del campeonato, desde aquel día en que hubo que marcar cinco goles al Mallorca para que al menos dos subieran al marcador.

Ya no es solo que al Madrid le hayan podido quitar “entre 16 y 18 puntos de una manera descarada”, en palabras de Florentino. El penalti a Rodrygo en Girona, los penaltis de Chavarría en Vallecas, los codazos a Mbappé y Bellingham, los partidos de Pamplona, Mallorca y el Villamarín,… Y los intentos que quedaron solo en conatos, como la expulsión de Huijsen en Anoeta, la roja a Valverde en el derbi, el penalti no señalado sobre Vini en Vitoria o los goles anulados ante el Barça y el Mallorca. Todas las decisiones caían siempre del lado contrario.

Y en ese lado contrario estaba el equipo favorito de Fran Soto, al que, casualmente, le salía siempre cara: el VAR que no funciona en Vallecas, el incumplimiento del protocolo en el Metropolitano para retirar la roja a Gerard Martín, la roja perdonada a Cubarsí en San Mamés, los penaltitos ante el Sevilla, los centímetros del VAR siempre a su favor… menos una vez por temporada, que es la que Flick y todo el aparato mediático culé saltan a recordar.

Real Madrid TV emitió recientemente un vídeo con esos 16 puntos que volaron, un vídeo que, según el diario As, forma parte de la documentación que el club va a enviar a la UEFA:

  1. 2017-18

Sé que habrá quien me ponga a caldo por incluir esta Liga, en la que el Madrid acabó a 17 puntos del F.C. Barcelona, pero quería incluirla por una razón que todos los lectores entenderán: este es el claro ejemplo de “es que el Madrid no compite las ligas”.

En el arranque de esa temporada sucedieron muchas cosas. El Real Madrid había ganado la Champions de 2017 con el mejor juego que jamás se haya desplegado en una final (4-1 sobre la Juventus). Ganó LaLiga con aquella salvajada de Zizou del “equipo A” para los partidos del Bernabéu y el “equipo B” para los de fuera, un equipazo de suplentes que marcó más goles que los teóricos titulares. En ese verano, Villar fue enchironado dos semanas junto con su hijo en el inicio de la “operación Soule” y, casi al mismo tiempo, el Madrid arrasaba al Barça en la Supercopa de España (5-1 en el global), pese a los denodados esfuerzos de De Burgos Bengoetxea por cambiar el rumbo de los acontecimientos.

Un sistema moribundo como el Villarato no iba a permitir otra temporada como la anterior, así que los esfuerzos se centraron en no dejar competir al Madrid desde la primera jornada, en la que ya de por sí no podría contar con Cristiano Ronaldo por la expulsión de la Supercopa (¡cinco partidos de sanción!).

Las primeras diez jornadas de ese campeonato, la última temporada de Negreira como vicepresidente del CTA, deberían ser estudiadas en las principales academias de corrupción arbitral. El Barça anotó el 1-0 de manera ilegal en las jornadas 1, 3, 5 y 9, frente al Betis, Espanyol, Éibar y Málaga, los goles que abren la lata y dan confianza.

Además, vendrían las manos no señaladas a Piqué (ah, ¿que Piqué no podía jugar con las manos?) ante Alavés y Getafe, lo que, unido a la cadena de errores en contra de los blancos, hicieron que el título estuviera decidido antes de Navidad.

Esa temporada el Real Madrid mantenía un equipazo, como se vio en una Champions en la que eliminó sucesivamente al PSG, Juventus, Bayern con victorias en París, Turín y Múnich, antes de derrotar con claridad al Liverpool en la final de Kiev. Pero desistió de competir la liga ante la dificultad de ganar en campos mucho más complicados como Girona, Vigo o el Sánchez Pizjuán.

  1. Dudas

No incluyo las Ligas de Tenerife porque no pertenecen al período de Florentino como presidente. Respecto al resto, tengo muchas dudas sobre qué otras ligas nos han sido tangadas de manera tan exagerada como las que he puesto. Tengo muchas en el radar, pero en todas ellas hay matices relacionados con la asunción por parte de los nuestros de que no se podía competir al no jugar en igualdad de condiciones. Por ejemplo, la temporada 2022-23, la que se llevó ese Barça pobrísimo dirigido por Xavi Hernández.

¿Era mejor equipo ese Barça que el Madrid de Ancelotti, que venía de ganar Liga y Champions la temporada anterior? Tengo muy claro que no, como se vio en Europa. El Real Madrid llegó a las semifinales de la Champions, mientras que ese Barça mediocre cayó a la Europa League tras una primera fase muy pobre, y en esta competición menor no fue capaz de superar los octavos de final de una competición que finalmente se llevó el Sevilla. ¿No éramos capaces, ni aun con el sistema en contra, de haber competido mejor ese campeonato? Yo creo que sí.

Si me remonto más en la historia, me da por recordar algunos campeonatos en los que me quedó la duda del hollywoodiense What if? ¿Y si al menos hubiéramos intentado competir hasta el final algunos años? La que se llevó el Deportivo de La Coruña en el año 2000, por ejemplo.

El Real Madrid acabó quinto, es cierto, pero no lo es menos que se dejó ir en las últimas jornadas, en las que cayó derrotado en el Bernabéu ante Racing de Santander, Alavés y Valladolid en los últimos tres partidos como local. En esas últimas jornadas, el Real Madrid estaba inmerso en la conquista de la Octava en París (semis frente al Bayern, final contra el Valencia) y si las matemáticas no engañan, esas tres victorias aparentemente previsibles, le habrían dado el título a los blancos. Es una Liga competida durante el mandato de Lorenzo Sanz, por cierto, no de Florentino.

¿Pero fue una “liga robada”? Yo creo que el Depor también sufrió arbitrajes severos en contra, como reconoció el árbitro Panadero Martín, arbitrajes que favorecían a quien ya entonces pagaba al vicepresidente del CTA.

El Madrid se había descolgado del campeonato en los primeros meses. En octubre de 1999, en la primera vuelta, sufrimos uno de los mayores latrocinios que se recuerda, cómo no, en el Camp Nou. Fue aquel día en que Raúl silenció el estadio en los últimos minutos, un partido que no se perdió de milagro, pese a que se tenía que haber resuelto mucho antes, cuando, a la media hora, Sergi Barjuán hizo un penalti que vio todo el estadio, incluido el propio Díaz Vega, fiel lacayo de Sánchez Arminio y Enríquez Negreira. Con un jugador menos y ventaja en el marcador, no habría sido necesario esperar a los últimos minutos para evitar la derrota.

Y si… no hubiéramos estado tan descolgados en Liga, a lo mejor no se habrían tirado los últimos tres partidos del Bernabéu, pero sinceramente creo que el Depor fue justo campeón aquel año.

Seguro que me dejo muchas jugadas en el camino, muchos errores que cayeron siempre del mismo lado (ahí está el “Rosco del clásico atraco”), lo que, 8,4 millones después, nos hace saber que no fueron errores, sino la manera de que los trencillas se quedaran en Primera o ascendieran a internacionales. Los “Negreira boys” se mantienen en sus puestos, los neutrales fueron descendidos y los que no valían, pero eran fieles… ¡permanecen en el VAR!

Fumiguen esto, por favor.

 

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Hola a todos. Ya queda menos, pero antes de llegar al final pueden quedar puñaladas traperas por las esquinas. ¿Más aún?, os preguntaréis. Pues hombre. Si la temporada ha sido como ha sido, ¿cómo podemos descartar que haya algo todavía peor en el almacén, esperando el momento en que venga el destino y deje que se desplome sobre nuestras cabezas?

El Madrid ganó (2-0) al Oviedo, pero eso da completamente igual. Y da completamente igual no solo porque ninguno de los dos contendientes, por desgracia, se jugaba ya nada, sino porque una rajada sibilina de Mbappé al término del partido sembró todavía más ponzoña de la que ya corta el aire.

De manera grave, y que revela una honda desconexión con el menor sentido de la lealtad de vestuario, Mbappé cargó contra Arbeloa diciendo que este le había dicho que era el cuarto delantero, cosa que el técnico salmantino negó categóricamente en rueda de prensa. “¿Cómo voy a decir yo eso? Me habrá entendido mal”, trató de zanjar Arbeloa. Por lo que sea, creemos a nuestro entrenador, que además, como estáis viendo, respondió con enorme elegancia e inteligencia a palabras inaceptables de pura maldad, palabras que revelan un vedettismo chocante, en especial en combinación con los últimos acontecimientos. Recordemos que se lesionó y, de manera estupefaciente, se fue de viaje a Italia con su pareja justo cuando el equipo más necesitaba su compromiso. Volvió, y cuando se le anunció que sería suplente en el mal llamado clásico, decidió que estaba lesionado de nuevo, parece que de manera unilateral. Durante el partido, cuando ya iban 2-0, posteó aviesamente una imagen de su televisión señalando el marcador, con un irónico “Hala Madrid”, como indicando lo mal que le iba al equipo en su ausencia. Son, la verdad, manifestaciones de una psique inclinada a lo malévolo que nos sorprenden y nos duelen mucho, por extraordinaria que sea su aportación al equipo en términos de goles.

La segunda cosa intolerable que hizo Kylian —y esta no la refleja ni As ni Marca— fue la expresión de un argumento que es un misil en la línea de flotación del club. Se refirió a los meses en los cuales el entrenador era Xabi Alonso, y afirmó que le “dolía mucho”, con estas o parecidas palabras, que el trabajo táctico armado por el tolosarra se haya perdido. Puede tener razón o no. Puede ser verdad (o no) que despedir a Xabi fuera un error. Nunca lo sabremos a ciencia cierta. Lo que sí sabemos en que un empleado del club, por muy empleado que sea, no puede contradecir en público las decisiones de la gerencia, sean estas acertadas o desacertadas. De poco sirve que acabe sus declaraciones halagando a Florentino si antes ha criticado sus decisiones ante la prensa.

Estamos desolados porque pensábamos, con toda franqueza, que Kylian era uno de los nuestros. Hoy tenemos nuestras dudas, sinceramente.

Aunque parece evidente que Florentino prefiere ventilar estos trapos sucios en privado (y nos parece normal, puesto que airearlos en la plaza del pueblo podria derivar en una depreciación de sus jugadores, que son sus activos), nos resulta indiscutible que el vestuario está roto. No parece que sea fácil encontrar al entrenador (ni siquiera Arbeloa, cuyas virtudes valoramos mucho, ni siquiera Mourinho) capaz de poner orden allí. Se nos antoja que el club debe abrirse, de manera discreta, a la opción de llevar adelante operaciones de venta importantes. Si nadie puede poner orden, que lo haga el mercado. Tal vez la mano invisible de Adam Smith sea más madridista de lo que pensamos.

Os dejamos con la prensa cataculé, que se ensaña contra el Madrid. Normal. Se lo ponemos a huevo.

Pasad un buen día.

Arbitró Ricardo de Burgos Bengoetxea del colegio vasco. En el VAR estuvo Jorge Figueroa Vázquez.

Pachanga en el Bernabéu y un choque sencillo para el colegiado. Pocas veces veremos algo así con De Burgos.

Se guardó las tarjetas, apenas hubo faltas y dejó seguir bastante el juego.

La única acción polémica del encuentro fue en el 37' cuando los visitantes reclamaron penalti de Asencio a Nacho Vidal. El lateral remató y Asensio metió la pierna pero sin impedir el remate ni contactar de forma punible. Nada. Fútbol.

No añadió nada en ninguna de las dos partes, aunque en la primera podía haber dejado sacar el córner a los blancos.

De Burgos Bengoetxea, CORRECTO.

-Courtois: NOTABLE. El Oviedo casi no existió en la ofensivo, y cuando existió no le puso a prueba. Pero se ganó el notable con un paradón al final.

-Trent: APROBADO. Buenos centros, controles y detalles de clase en general, pero el año próximo debe dar mucho más.

-Carreras: SUSPENSO. Jugó, posiblemente, para ver si el mercado se fija en él y se puede recuperar alguno de los 50 millones. Se puede recuperar alguno, sí. Algún euro.

-Asencio: APROBADO. Tuvo algún buen quite ante la ingenua delantera oviedista.

-Alaba: SIN CALIFICAR, aunque jugó noventa minutos. Sí, puede pasar.

-Tchouaméni: APROBADO. Ni fu ni fa.

-Camavinga: SUSPENSO. Inició el partido bajo el peso de la decisión de Deschamps de no llevarlo al Mundial. Suponemos que lo acabó con una crisis de autoestima más pronunciada aún.

-Brahim: NOTABLE. El más peligroso.

-Mastantuono: SUSPENSO. Marcó al Oviedo, pero en el partido del Tartiere. Hace mucho tiempo, pero es lo mejor que ha hecho ante el Oviedo. Y lo mejor que ha hecho desde que llegó. Sí es que llegó.

-Gonzalo: NOTABLE. Gol, desmarque, movimientos de nueve, intensidad defensiva… Que no se vaya. Máximo, una cesión, por favor.

-Vinícius: APROBADO. Lo único positivo es que insistió.

-Carvajal: SUSPENSO. Su rendimiento no reivindicó a su amigo Quirante.

-Bellingham: NOTABLE. Excelente gol.

-Mbappé: APROBADO. Intentó algo. Se carcajeó mucho.

-Yáñez: sin calificar.

-Palacios: sin calificar.

-Arbeloa: APROBADO. Nos dejará pronto un entrenador que lo ha intentado y un hombre que se viste por los pies, leal al club hasta el final.

En un partido repleto de todo lo que no ha hablado Florentino en los últimos días, Madrid y Oviedo ofrecieron un espectáculo insípido que se saldó con una sosa victoria de los blancos.

Arbeloa dispuso un once que parecía diseñado mirando al mercado. Varios jugadores casi descatalogados por su mal rendimiento volvían a la alineación, con la esperanza institucional de que se revalorizaran algo, en algún caso, y de darles una despedida razonable, en algún otro. En el primer capítulo entraban jugadores como Carreras, Camavinga (fuera de la lista de Francia para el Mundial) o Mastantuono. En el segundo, Alaba. Esperando su oportunidad en el banquillo, dos polémicas no andantes, sino sentadas en él: Mbappé y Carvajal.

El Bernabéu dejó claras sus intenciones desde el primer momento: silbidos generalizados, runrún amenazante y gresca dialéctica en el palco entre Florentino y varios aficionados. El juego correspondió a la agresión sonora con la laxitud propia de la depresión, como si los veintidós estuvieran hasta las cejas de prozac. El Madrid ya sin liga y el Oviedo descendido. Hay canciones de Radiohead que destilan una mayor joie de vivre. No obstante, una buena aproximación de Gonzalo por la izquierda la remató Mastantuono con su pierna buena, sintagma que, hasta nueva orden, de momento es un oxímoron. Paró Aarón sin gran esfuerzo.

Los silbidos seguían arreciando, a pesar de que Florentino había preconizado, tanto en la rueda de prensa como en la entrevista con Pedrerol, la inconveniencia de tal cosa. Carreras y Vini eran la diana favorita, pero esta vez se imponía la democracia en el reparto de denuestos. No sabemos si democracia moderna, como reclama Riquelme, pero democracia al fin y al cabo.

Antonioni decía que hacía películas aburridas adrede para reflejar el sentimiento del aburrimiento. No pensamos que el Madrid se estuviera entregando a semejantes veleidades intelectuales. Más bien jugaba aburrido por coherencia con el resto de la temporada, aquel tramo donde había desidia pero opciones de hacer algo. La desidia era por aquel entonces (parece que fue hace un siglo) leve contrariedad. Ahora es causa, o una de ellas.

Brahim era el único que se mostraba eléctrico y profundo. El público la tomaba ahora con Camavinga, que ha tenido una temporada realmente nefasta, coronada con la no convocatoria para el Mundial. En el propio DAZN, antes del encuentro, habían dado una entrevista con Davide Ancelotti en la que distinguía entre los jugadores que aún son entrenables y los que, tras caer en el pozo de la falta de profesionalidad y el aburguesamiento o el ego, han dejado de serlo, probablemente para siempre. Estremece pensar a cuál de las dos categorías puede pertenecer Camavinga. Estremece pensar a cuál pueden pertenecer otros jugadores más.

En medio de una mediocridad galopante, Brahim lo seguía intentando. Centró Fran, tocó Gonzalo (otro de los pocos que se salvaban) y el hispano-marroquí chutó fuera por poco. Superábamos la media hora de juego con la nada por bandera. Trent centraba con algún peligro, pero prevalecía el bodrio. “Hay que querer mucho al Madrid para ver esto”, decía Athos Dumas en el chat de La Galerna. “Pero aquí estamos”. También estaba ahí para rematar Tchouaméni, tras un buen desmarque que vio Vini y buscó con el exterior, pero por lo que sea no remató. El propio Vini la tuvo doblemente a renglón seguido, pero primero rechazó un contrario y luego la tiró al exterior de la red. Le pudo la precipitación, como al Vini de antes. Como al Madrid de ahora.

Al borde del descanso, se enjugó el sinvivir con el gol de Gonzalo. Brahim, el mejor, le puso un buen balón, el canterano se revolvió en el área y resolvió con un gran tiro cruzado. A punto estuvo el propio Brahim de ampliar la ventaja, pero Aarón respondió con reflejos. Gonzalo y Brahim. Jugadores que tienen el perfil típico como para salir en verano por deseo del club, pero que, por contra, tienen también toda la pinta de encajar divinamente en los planes de cualquier equipo de Mourinho.

Lo más destacado del comienzo del segundo tiempo fueron los aplausos a Cazorla, a quien el Bernabéu quiere mucho por ser un gran y longevo jugador, primero, por su compromiso con el Oviedo, segundo, y por último por no haber jugado nunca en el Madrid. Los aplausos se intensificaron cuando saltó al campo. Merecido.

Mientras, transcurrían los minutos, con el casi exclusivo atractivo de que este hecho suponía el inevitable acercamiento al final. Reina remató con la rodilla en una buena ocasión del Oviedo. En área oviedista, por contra, registramos una combinación con doble taconazo de Vini y Brahim. El tiro final de Carreras, sin ángulo, lo rechazó Aarón. En el otro área, y justo por la banda defensiva de Carreras, llegó como quiso Nacho Vidal, que esta vez no la metió.

Entraron Carvajal, también muy aplaudido, y Bellingham. Uno no seguirá, pese a ser un emblema del club y tener seis Champions. El otro se ha diluido en estos dos últimos años, después de una rutilante temporada de debut. También sustituyó Arbeloa a Gonzalo por Mbappé. El canterano se fue sustituido entre aplausos, mientras el francés fue recibido con un gran abucheo. Tiró fuera desde lejos en el segundo balón que tocó, lo que hizo que algunos aplausos se unieran a la bronca casi unánime.

El gol de Bellingham atemperó algo el mal ambiente. Fue una maniobra preciosa, con caracoleo en la frontal del área en busca de un hueco que atravesó con un gran remate de zurda. Courtois, ya hacia el final, hizo acto de presencia con un paradón a tiro de Hasan. Mbappé tiró fuera también. Nadie gritó “Florentino, dimisión” cuando la cosa finalizó, sobre todo porque ya ha dimitido, aunque solo sea para convocar unas elecciones. Se producirán o no, pero ojalá esta triste temporada, con estos apéndices aciagos sin nada en juego, no se repita.

 

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Buenos días, querido lector. ¿Te ha llamado ya Pedro Sánchez, Ignacio Galán, Fonsi Loaiza, Javier Tebas, Jordi Évole, Irene Montero o Iván Helguera para que te postules como alternativa a Florentino en las elecciones que ya están en curso? Ya puedes presentar tu candidatura. ¿Tienes 20 años de socio? ¿Un simple aval de 190 millones de euros? No lo dudes. El tío Sam (que es básicamente todo el mundo excepto Florentino) te necesita.

¿Cómo? ¿Que no te han llamado? Es extraño, porque parece que el planeta entero anda como loco buscando encontrar un candidato que tenga el coraje, la antigüedad y (sobre todo) el patrimonio como para poder aspirar a enfrentarse a Florentino en las urnas. El plazo electoral se ha abierto hoy. Las candidaturas son bienvenidas, y entre los opositores al gran mandatario blanco figuran nombres tan heterogéneos como los mencionados en el primer párrafo. ¿Qué tendrá un hombre como Florentino para concitar a las derechas y las izquierdas, el antimadridismo y cierto madridismo, el poder empresarial de las eléctricas y los descamisados, todos en contra de él? ¿Qué tendrá Flóper (adoramos este viejo apócope tuitero) para posicionar contra él, en un solo bando, a gentes tan irreconciliables a priori? ¿Qué tendrá, aparte de 66 títulos como presidente de la mejor y mayor institución deportiva del planeta?

De entre los candidatos a hacerle frente, al que más están empujando entre todos es a Enrique Riquelme, pero no lo ve claro pese a estar escuchando cantos de sirena tan diversos y dispersos como los descritos, desde Sara Santaolalla a Santiago Segurola, pasando por Podemos y la extrema derecha de los Ultras Sur. Riquelme lleva ahi toda la vida, siempre amagando pero nunca dando. Nunca le viene del todo bien, a veces porque ganamos mucho y perderá seguro, otras porque hemos dejado de ganar pero mñé, es que no me gustan los estatutos y necesito más tiempo. El (no) candidato, en un movimiento cuanto menos pintoresco, ha enviado una carta abierta a Florentino que produce cierta perplejidad.

La carta está escrita con gran respeto y gratitud a Florentino (las que merece, por otro lado), pero el postulado central, si lo entendemos bien, es hilarante. “Oye, vamos a reunirnos para ver si te convenzo de que cambies los estatutos para que yo pueda ganarte porque así, como está planteado el tema, pues mira, como que no me conviene. Ya, ya sé que he tenido nosecuantos años para preparar esto bien, pero ahora como que me da vértigo. Pero eh, no te vayas a creer que no voy en serio porque tengo mucha pasta y podría ganarte si quisiera, lo que pasa es que no quiero”.

Ayudadnos a desentrañar el sentido de la carta. ¿Es algo así?

Riquelme duda, pero el resto del planeta ya no sabe qué hacer para convencerle. Hasta El Mundo (mascarón de proa generalista del archienemigo Unidad Editorial) trata de empujarle a la carrera electoral dedicándole la portada, pero parece que el sempiterno candidatable deshoja aún la margarita.

Lo primero, conviene aclarar que el Guardia Civil con tricornio que vemos en primer plano no es Mbappé. Pertenecer a la Benemérita no es cosa que figure entre las distracciones que útimamente le hemos conocido al bueno de Kylian.

La portada es para todo el mundo (valga la redundancia), pero suponemos que sobre todo para el propio Riquelme. “Quique, coño, mira el publirreportaje que te hemos hecho en primera plana. Hemos puesto que eres rico y guapo y que te acabas de comprar medio México. ¡Anímate! No hemos puesto por ninguna parte que te apellidas igual que un jugador que le quitó una Intercontinental al Madrid en el año 2000”.

A esta hora, no sabemos si Riquelme acabará por decidirse. Lo que sí sabemos es que todo el globo terráqueo le pide que lo haga, Móstoles incluido. Sí, sí, Móstoles. Resulta que el ABC, ese periódico del que ha quedado claro que Florentino Pérez va a dejar de ser suscriptor (o lo ha dejado ya), quiso reflejar sus palabras en la rueda de prensa de anteayer. Recordamos que Florentino dijo algo así como “Que gente como Segurola hable del Madrid como si fuera Demóstenes no, hombre, no”.

Pues bien. Resulta que un redactor de ABC, seguramente de tan vasta cultura que el nombre de Demostenes le quedaba algo lejos, transformó la diatriba florentinesca en algo que roza la xenofobia contra cierta población del extrarradio de Madrid, célebre por sus empanadillas. Si de esta no canceláis vosotros también vuestra suscripción a ABC, yo ya no sé. Y, si no estáis suscritos, hacedlo para poder desuscribiros, como aconsejaba genialmente ayer Oier Fano.

¿No es glorioso? Sobre todo porque cierra el círculo de este portanálisis, al presuntamente estar el mostoleño más famoso del mundo entre las leyendas del Madrid que apoyan a Riquelme.

En cuanto a las portadas deportivas del día, poco que reseñar, salvo que curiosamente no hablan de la entrevista del propio Florentino anoche con Pedrerol (estuvo espléndido, mucho mejor que en la rueda de prensa) y sí hablan, en cambio, del partido de esta noche como el escenario donde presuntamente el socio va a pronunciarse sobre el desempeño de su presidente.

En fin. No sabemos si se han enterado de que hay elecciones, y de que donde el socio habrá de manifestarse es en las urnas.

Pasad un buen día.

Tras escuchar en rueda de prensa al actual presidente del Real Madrid, y recalco lo de actual porque va a convocar elecciones y hay más de uno en la prensa deseando como agua de mayo que aparezca un candidato alternativo, debo reconocer que, nada más terminar dicho evento, la sensación que se me quedó fue bastante más negativa que positiva. Vi a Florentino Pérez nervioso, incómodo por momentos, entrando en peleas que sinceramente no le corresponden a alguien de su nivel institucional, y dejando comentarios que, al menos para mí, parecían más propios de otra época que del presidente del club más grande del mundo. Esa fue mi percepción inicial, y tampoco creo que haya que fingir lo contrario porque a algunos les cueste aceptar que se puede criticar a Florentino sin dejar de entender lo que representa para el Real Madrid.

El caso es que me he levantado, he visto el revuelo monumental que se ha montado y me he dado cuenta de que algo no me terminaba de cuadrar. Porque cuando uno analiza quiénes son exactamente los que más felices estaban con la imagen de un Florentino (según ellos) debilitado, empieza inevitablemente a replantearse algunas cosas. Y ahí fue cuando decidí mirar no tanto lo que dijo Florentino, sino quiénes estaban encantados con la posibilidad de que el madridismo comprase el relato de que su etapa ha terminado y de que ha llegado la hora del cambio.

La lista, sinceramente, es curiosa. Empezando por Rufián, siguiendo por Ramón Calderón y pasando por El Confidencial (que viene siendo prácticamente hablar también de Enrique Riquelme, el posible candidato alternativo que algunos ya intentan vendernos como si fuese una mezcla entre Santiago Bernabéu y Steve Jobs), Jordi Évole, los culés de siempre, el atlético medio que lleva veinte años viviendo pendiente de lo que hace el Madrid, Sarah Santaolalla, Isaac Fouto (defensor habitual del CTA manejado durante años por Negreira), Juanma Castaño, el grupo Vocento (creador de Relevo y casualmente uno de los grupos mediáticos más alineados con los intereses de LaLiga cuando toca disparar contra el Real Madrid), José Álvarez, Gerard Romero y toda esa fauna mediática que por lo que sea nunca tiene demasiados problemas con según qué cosas cuando suceden en Barcelona, pero entra en combustión espontánea cuando el foco apunta al Madrid.

Dame un minuto: Son los medios, imbécil

Y claro, uno ve todo eso junto y empieza a preguntarse si realmente lo de la rueda de prensa fue tan devastador para el madridismo o si simplemente estamos asistiendo a otro intento más de construir un relato desde fuera para debilitar la posición del club y, especialmente, la de Florentino Pérez. Porque cuando determinados sectores se preocupan tanto por el bien del Real Madrid, sinceramente, yo empiezo a desconfiar bastante. No porque crea que Florentino sea perfecto ni muchísimo menos, sino precisamente porque llevo años viendo cómo funciona esto. Aquí nadie mueve una ficha porque sí, y mucho menos ciertos medios y ciertos personajes que llevan dos décadas soñando con meterle mano al club desde fuera.

Total, que, como tampoco me apetecía quedarme únicamente en la superficie del debate, decidí investigar un poco más sobre este tal Enrique Riquelme. Porque, claro, si hoy algunos medios quieren presentarlo como la gran esperanza blanca del madridismo, lo mínimo que podemos hacer los socios y aficionados es intentar entender quién está detrás de él y qué intereses le acompañan.

El problema empieza cuando las piezas encajan demasiado bien entre campañas mediáticas, intereses cruzados y operaciones políticas alrededor de unas posibles elecciones en el Real Madrid. Porque entonces ya no parece todo tan casual

Y aquí empiezan las casualidades. ¿Sabéis quién aparece orbitando alrededor de la figura de Enrique Riquelme a través de amistades íntimas y determinados contactos empresariales? Gil Marín. Sí, Miguel Ángel Gil Marín, el exdueño del Atlético de Madrid, el mismo que robó y terminó controlando un club cuya historia judicial precisamente no es ejemplo de limpieza institucional. Y claro, ya solo con eso debería bastar para que a cualquier madridista se le active mínimamente el radar.

Porque no estamos hablando de un cualquiera. Estamos hablando de uno de los grandes enemigos institucionales del Real Madrid durante los últimos años. Pero es que además resulta que Gil Marín mantiene una relación magnífica con varios de los nombres más importantes del periodismo deportivo español. Barbacoas, comidas, reuniones y amistades con Juanma Castaño, Fernando Burgos o Juan Ignacio Gallardo, director del Diario Marca. Oye, que suben fotos juntos, eh, esto no me ha costado mucho tiempo investigarlo.

Y no, evidentemente esto no demuestra nada por sí solo, que nadie se me vuelva loco. Cada uno puede cenar o hacer barbacoas con quien quiera. El problema empieza cuando las piezas encajan demasiado bien entre campañas mediáticas, intereses cruzados y operaciones políticas alrededor de unas posibles elecciones en el Real Madrid. Porque entonces ya no parece todo tan casual.

Pero para entender de dónde nace realmente todo este incendio hay que retroceder unas semanas atrás, concretamente al evento organizado por Predrag Mijatovic el pasado 18 de abril. Y todos sabemos perfectamente cuál es la relación actual entre Mijatovic y Florentino Pérez, de nuevo no hace falta ser Sherlock Holmes, basta con escucharle en la radio una vez por semana para entender que precisamente admiración mutua ya no se profesan.

Pues bien, fue en ese evento donde Enrique Riquelme empezó a moverse de verdad, tanteando el terreno, dejando caer preguntas, acercándose a exmiembros del club y también a gente que sigue teniendo influencia dentro del Real Madrid. Porque sí, y esto también hay que decirlo claramente, Florentino tiene enemigos dentro de su propia estructura, y buena parte de culpa es suya por haber permitido durante años determinadas dinámicas internas. Ahí sí creo que el presidente se equivoca profundamente. Lleva demasiado tiempo intentando tratar a jugadores, exjugadores y determinados empleados como si fuesen familia. Él mismo ha utilizado muchas veces esa idea de considerar a los futbolistas prácticamente hijos propios, y sinceramente creo que ese enfoque le ha acabado perjudicando más de lo que le ha ayudado. Porque el fútbol profesional no funciona así y el Real Madrid mucho menos.

Y precisamente por eso también me dio por pensar en otra cosa que me llevaba tiempo llamando la atención: el odio repentino y bastante sospechoso que ciertos exjugadores como Iván Helguera, Miguel Torres o Iker Casillas vienen mostrando públicamente contra Florentino y contra determinadas decisiones del club desde hace un tiempo. Un día sí y otro también declaraciones, indirectas, críticas absurdas y debates que parecen más propios de un patio de colegio que de gente que supuestamente quiere lo mejor para el Real Madrid. Pues resulta que, oh sorpresa, los tres estuvieron presentes este enero en el cumpleaños de Enrique Riquelme. Nada, otra casualidad más. Una coincidencia absolutamente irrelevante, imagino.

Igual que también será casualidad que durante la era Negreira hubiese determinadas dinámicas arbitrales que algunos todavía hoy siguen empeñados en negar, aunque el escándalo haya explotado delante de la cara de toda España. Pero claro, luego el loco paranoico siempre es el socio del Real Madrid por hacerse preguntas incómodas. Y repito una vez más para el que venga con la lectura fácil: claro que hay cosas criticables de Florentino Pérez. Muchísimas. Yo mismo creo que se equivoca en bastantes aspectos, especialmente en esa obsesión por proteger a ciertos futbolistas y vivir encerrado en una burbuja institucional donde muchas veces parece desconectado de lo que ocurre fuera. También creo que en la rueda de prensa cometió errores comunicativos importantes y que no estuvo a la altura de otras comparecencias mucho más brillantes que ha tenido durante su presidencia.


Pero precisamente porque vienen elecciones me parece importante dejar claro quiénes forman el otro bando, quiénes son los que hoy empujan con todas sus fuerzas para instalar la idea de que Florentino ya no sirve y de que ha llegado el momento de entregarle el club a otros intereses. Luego cada uno que saque sus conclusiones tranquilamente en casa. Que piense si de verdad Jordi Évole, Gerard Romero y ciertos sectores mediáticos de Barcelona, determinados periodistas cercanos a LaLiga o el entorno de Gil Marín están realmente preocupados por el bienestar del Real Madrid, o si simplemente están viendo una oportunidad histórica para intentar meter mano al único club de Europa que todavía no han conseguido domesticar del todo.

 

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A estas alturas, ya no cabe discutir que la rueda de prensa protagonizada por Florentino Pérez fue histórica. Lo tuvo todo. Desde la convocatoria de elecciones hasta las críticas a los socios que revenden sus abonos. Pero me interesa detenerme en los tres asuntos que, a mi juicio, condensan mejor el significado político y comunicativo de la comparecencia: su ataque a la profesión periodística, la bronca con el Barcelona a cuenta del caso Negreira y la pregunta de fondo sobre hasta qué punto queda comprometido su presente como presidente del Real Madrid. No su leyenda, que ya es eterna, sino su posición actual.

El triunfo de la sensatez

Empecemos por sus proclamas populistas contra la profesión periodística. Más que un análisis sensato, como los que suele hacer La Libreta de Van Gaal, parecieron una acumulación desordenada de agravios personales percibidos por el presidente del Real Madrid durante los últimos años. En algunas cosas tiene razón, o al menos toca asuntos que merecen discusión. Pero tomar la parte por el todo es un error que no aclara nada: invita a la confusión, al ruido y al caos.

Prensa

Pérez atacó especialmente a ABC y al grupo Vocento, al que pertenece dicho diario. Lo hizo recordando el lanzamiento y posterior caída de Relevo. Un medio que, a su juicio, fue, desde su concepción hasta su final, una ruinosa operación orquestada por el grupo mediático y LaLiga de Javier Tebas para acabar con su presidencia. Aunque las correlación no implica causalidad, durante la comparecencia se anunció que Ignacio Ybarra Aznar dejaba de ser presidente no ejecutivo del grupo de medios.

Los agravios de Pérez con la prensa recuerdan de forma poderosa, y la comparación resulta casi inevitable, a algunas de las escenas más catastróficas protagonizadas por Donald Trump. Trump, como Pérez ayer, tiene la costumbre de hablar de forma insultante sobre determinados periodistas y cómicos, mencionando sus audiencias o su relevancia. Intentó hacer caer a Jimmy Kimmel en ABC, consiguió de facto hacer caer a Stephen Colbert en CBS y, desde luego, no va a dejar de atacar a otros periodistas, a otros cómicos y a cualquier voz que considere hostil.

Pérez, a diferencia de Trump, no parece hacer un seguimiento tan exhaustivo de los medios. Y bien que hace. De hecho, él mismo reconoció que no conocía a muchos de los presentes. Conoce a los dueños de los medios y conoce a algunos jefes, pero demostró con claridad que no tiene un conocimiento profundo de la situación actual de la profesión ni de muchos de los profesionales que la desempeñan. Criticar a la profesión periodística sólo puede hacerse desde una superioridad factual incontestable. Siempre es mala idea hacerlo desde el calentón, la imprecisión, el agravio acumulado y la generalización.

Para mí, el verdadero poder depende del conocimiento, y Pérez no tuvo la omnisciencia que algunos esperan de él. Precisamente por no ser el tema que más domina, pareció a ratos el abuelo de alguien soltando diatribas aleatorias. En un primer momento, supuse que iba a salir adelante, porque tenía una baza ganadora. Si hubiese limitado su crítica a desmentir la noticia que le acusaba de haber reconocido a su entorno estar cansado antes de la comparecencia, limitándose a decir “es mentira, y así todo”, hubiese tenido las de ganar. Hubiese sido concluyente.

Me pareció consistente también cuando habló de cómo, después de sólo dos años mediocres, hay quien parece empeñado en destruir su legado. Exagerado, quizá, pero razonable. Tengo amigos del Valladolid, del Sevilla o del Zaragoza que se preguntan por qué diablos estamos tan descompuestos después de quedar segundos en LaLiga y llegar a cuartos de Champions, especialmente después de haberla ganado hace poco tiempo y de acumular quince entorchados. Lo que creo que Pérez no toma en consideración es que el listón madridista se ha convertido en un obstáculo. El propio madridismo no soporta cosas que, en realidad, no son tan inusuales. De hecho, las decisiones deportivas van en esa misma línea, alejadas de todo lo que suene a paciencia.

El ataque de Pérez a los periodistas estuvo plagado de momentos interesantes. Resultó emotiva la expresión de su desdén hacia ABC, periódico del que anunció que se dará de baja a pesar de que fue su padre quien le suscribió por primera vez. Me recordó a mi abuelo Emilio, fiel lector de ABC, y me hizo pensar en muchos momentos agradables de mi niñez leyendo aquel periódico y su suplemento infantil, que durante mucho tiempo fue magnífico.

Pérez puso el foco en ABC precisamente porque fue el periódico que amó. Del mismo modo que muchos ponemos al Real Madrid en el centro de nuestra vida porque es el club de nuestros amores

Acusó a Rubén Cañizares, periodista de dicho medio, de antimadridista, se confundió sobre su pasado (inexistente) en Relevo, y se enzarzó con él un buen rato. Porque Cañizares no se quedó callado. Espetó a Florentino que estaba atacando su trabajo, y poco después tuiteó que Pérez había convocado esa rueda de prensa expresamente para humillar a su periódico y a Vocento, y que no se lo iba a permitir. Fue uno de los momentos de mayor tensión de la tarde, y resume bien el ambiente que se vivió en la sala. Al día siguiente, publicó un artículo en el que contaba lo sucedido, daba muchos abrazos al presidente y le deseaba suerte en las elecciones.

Que los titulares de los medios tras la comparecencia hayan sido tan tibias demuestra, claramente, que Florentino sigue teniendo bula y que es difícil ver críticas realmente destructivas. Algunas he leído que reflejan lo que escuchamos, pero son relativamente pocas.

Tengo la tentación de creer que Pérez puso el foco en ABC precisamente porque fue el periódico que amó. Del mismo modo que muchos ponemos al Real Madrid en el centro de nuestra vida porque es el club de nuestros amores. Pérez reaccionó en varios momentos como una persona despechada, y no hay despecho si no hubo pasión.

Esa acumulación de reproches contra un medio concreto, en una de las primeras ruedas de prensa ofrecidas por Pérez en más de una década, no es lo que uno espera del presidente del club más laureado del mundo. Del mismo modo que no lo fue anunciar la Superliga en el Chiringuito. Es un crack de muchas cosas, pero intuyo que le rodean los sicofantes y que le dicen tan a menudo que es el mejor que se ve infalible.

El periodismo es una profesión compleja. A menudo, los periodistas se ven maniatados por presiones externas. No voy a negarlo. Escribí un libro sobre eso. Pero la decisión de Pérez de colocar a toda la profesión periodística como el enemigo contra el que debe levantarse el madridismo no sólo responde a una técnica populista. Es un error. Le recomendaría releer el ‘If’ de Kipling.

 

Si puedes soportar oír la verdad que has dicho,

tergiversada por villanos para engañar a los necios.

O ver cómo se destruye todo aquello por lo que has dado la vida,

y remangarte para reconstruirlo con herramientas desgastadas.

En algunas cuestiones, como las relacionadas con su salud, sus puntos de vista eran manifiestamente correctos y su enfado, normal. Se le ha dado por muerto en demasiadas ocasiones y ni siquiera voy a discutir que pueda haber intereses detrás de ese asesinato virtual. Pero me dedico profesionalmente a la comunicación y hay algo que puedo garantizar: no recomendaría plantarte nunca delante de un número abultado de periodistas para criticar su profesión, su vida, su actividad, a ellos y a sus jefes, y además aparentar fortaleza. Y si te empeñas en hacerlo, al menos tienes que ir con suficientes balas en la faltriquera. Un Florentino pletórico probablemente no habría logrado su objetivo. El que vimos el martes fracasó.

Tienes que llamar a todo el mundo por su nombre. Tienes que recordar cada uno de los artículos que citas. Tienes que criticarles por lo que han hecho y no por lo que te suena vagamente que han hecho. Desde luego, no puedes equivocarte sobre los periódicos en los que han trabajado. No puedes hacer una crítica así si no está basada en datos. No puedes repetir tus argumentos una y otra vez,

Creo firmemente que sus acusaciones están en el lado correcto de la historia, como diría Courtois. Pero sin duda hubiesen sido más oportunas en un momento de fortaleza

Pérez transmitió menos la idea de que los medios son muy malos y más la de que tiene la piel muy fina respecto a lo que se publica sobre él. Son dos cosas completamente distintas.

Afirmar que los medios en España son todos antimadridistas no se sostiene. Claro que hay periodistas antimadridistas, pero enemistarse con una profesión entera porque, de lo poco que lees, de vez en cuando algo te molesta, no es propio de alguien fuerte que quiere demostrar fortaleza. Os firmo llegar a los 79 años como está él ahora, pero estoy convencido de que muy poca gente que alcanza esa edad provecta llega a los mismos sitios que antes alcanzaba sin problema.

Por primera vez desde que le conozco, ha abandonado la vitola de ‘ser superior’ para arrogarse la de ser humano. Con sus debilidades, sus fortalezas, sus errores y sus manías. También con su edad.

Negreirato

Pero pasemos al segundo gran eje de su comparecencia, las críticas al Barcelona por el caso Barça-Negreira. Por supuesto, muchos madridistas creen que Pérez hizo bien denunciando en rueda de prensa la corrupción del rival. Yo también creo que había que haberlo hecho. Pero hace meses. Porque el presidente del Real Madrid no fue honesto ni consigo mismo ni con su audiencia. El club tardó demasiado, más allá de la personación en las diligencias judiciales, en denunciar con claridad y en público lo sucedido con el FC Barcelona. Y lo hizo, admitámoslo, porque tenía un interés evidente en mantener a Joan Laporta de su lado de cara al proyecto de la Superliga. Negar esto es negar la realidad.

Saltar ahora contra el Barcelona, contra el caso Negreira y contra los árbitros, justo en un momento de crisis institucional, deportiva y emocional para el club, resulta cuanto menos difícil de asimilar. Insisto: no porque no tenga razón. Creo firmemente que sus acusaciones están en el lado correcto de la historia, como diría Courtois. Pero sin duda hubiesen sido más oportunas en un momento de fortaleza, cuando el club estuviera en lo más alto, después de ganar, y no durante nuestro nadaplete, con el liderazgo discutido y tras una cadena de errores que provocó la salida de Xabi Alonso y, casi con total certeza, provocará también la de Álvaro Arbeloa. Dos profesionales que tenían los mimbres para haber sido entrenadores potenciales del Real Madrid durante muchos años y que hemos quemado antes de tiempo.

Réquiem por un madridista de honor

Todo lo que haga el Madrid para ir contra Negreira y para denunciar que uno de los peores casos de corrupción jamás vividos en este país no puede salir de rositas me parecerá correcto. Pero ayer el Barcelona incluso emitió un comunicado en el que se planteaba emprender acciones legales por las palabras de Pérez. Conviene tener en cuenta el momento de unidad que vive el vestuario barcelonista. Han encontrado un entrenador claramente positivo para ellos y, desde el punto de vista del juego, se encuentran en un momento indiscutiblemente dulce. Lanzarse a su yugular justo ahora, cuando tienes hasta a tus propios jugadores enfrentados en el vestuario, servirá para jalear a las masas, pero no resuelve nuestros problemas. Creo, incluso, que convertir el caso Negreira en un arma electoral le resta importancia y potencia a nuestro rival.

Para colmo, ahora mismo, la opción más probable para ocupar el banquillo vuelve a ser José Mourinho. Un técnico cuya trayectoria reciente no invita precisamente al entusiasmo y cuyo paso anterior por el club demostró ser, en muchos aspectos, perjudicial para los intereses del vestuario. Mourinho no es, ni ha sido nunca, un pacificador. Yo nunca he visto un vestuario más dividido que aquel que tuvo bajo sus órdenes. De hecho, esa fractura podría decirse que aún resuena hoy, si Iker Casillas termina apoyando al candidato presidencial opuesto a Florentino Pérez, que en estos momentos parece ser Enrique Riquelme, del Grupo Cox.

Si me dices que Florentino Pérez salió ayer a hablar por recomendación de Mourinho y siguiendo su manual, no me sorprendería demasiado.

Son como niños

La tercera gran pata del discurso de Pérez estuvo relacionada con los jugadores. Si dos titulares ya habían sido la convocatoria de elecciones y la baja de su suscripción a ABC, el tercero fue que no ha habido un solo año de los últimos 26 en el que algún jugador del Real Madrid no haya zumbado a otro. Esto, en sí mismo, es gravísimo.

Me llamaba poderosamente la atención que una persona que criticó segundos antes  las filtraciones, y que afirmaba que son incluso peores que las peleas, realizase una filtración tan grave como sostener que todas nuestras estrellas de los últimos años han venido caneándose entre ellas. Él le quitaba importancia, y lo atribuía a una especie de fervor juvenil entre chavales que luego queda en nada. ¿Pero de verdad nos creemos que el ambiente en el vestuario es hoy sanísimo?

Tenemos un vestuario tóxico. Y no hace falta ser un madridista fanático para darse cuenta de que la hermandad entre los jugadores no atraviesa su mejor momento. O que enmascararlo con problemas pasados tiene poco soporte. En parte, puede deberse a la falta de apoyo de la afición. No lo discuto. Pero esa falta de apoyo no se habría producido si no hubiera venido acompañada de ciertas actitudes que el abonado ha percibido como negativas. En el Barcelona, si un jugador es sustituido, no saltan de inmediato todas las alarmas. En el Real Madrid, en cambio, vivimos pendientes de cada gesto, de cada enfado, de cada ego herido de un grupo de estrellas con un talento inconmensurable y una mecha muy corta.

Florentino Pérez tiende a infantilizar a los jugadores porque, para él, son como niños. Son, en sus propias palabras, como sus hijos. ¿Cómo vas a pitar a tus hijos? Yo quiero mucho a los míos, y os aseguro que lo peor que puede hacer cualquier padre es consentir a esos locos bajitos.

Veremos hacia dónde nos dirigimos y qué posibilidades reales de reconversión tenemos por delante si la autocrítica es sinónimo de ataques.

Curiosamente, fui muy crítico con la primera etapa de Florentino Pérez porque siempre me pareció que, en ciertos momentos, hubo una coincidencia preocupante entre los intereses del Real Madrid y los de la compañía que preside, ACS. Y en su rueda de prensa no hizo más que presumir de las cuentas del grupo empresarial. Así que, de algún modo, hemos vuelto a esa fase de la Historia. Por más que ahora lo haga para reivindicar su salud y su fortaleza.

Un respeto a D. Florentino Pérez

Siempre me gustó más la idea de un Florentino Pérez que, desde las sombras, era capaz de poner calma, ordenar las cosas y reconstruir el club cuando todo parecía tambalearse. La imagen de este Florentino Pérez, con una lata de gasolina en una mano y una cerilla en la otra, me inquieta.

Una vez más, no porque todo lo que diga me parezca descabellado. Me inquieta porque nunca hasta hoy le había visto demostrar su edad. Es lógico que eso provoque dudas más que razonables cuando hablamos de un presidente con más presente que futuro y que no parece dispuesto a ser nunca emérito. A un abuelete le puedes disculpar que hable de lo mona que es una niña. Incluso debes hacerlo. A un presidente del Real Madrid en ejercicio no puedes permitirle que dé paso a una profesional en función de lo guapa que le parezca la moza. Y menos aún que lo exprese en términos que recuerdan más a las españoladas de otra época que a la dirección que se espera de un club como el Real Madrid.

Tenemos un vestuario tóxico. Y no hace falta ser un madridista fanático para darse cuenta de que la hermandad entre los jugadores no atraviesa su mejor momento

Florentino Pérez quiso expresar fortaleza, la suya y la de su junta directiva, y en cambio mostró complejos y flaquezas. Ni mucho menos salió reforzado. Ganará las elecciones, porque es casi imposible construir una oposición en dos semanas. Pero de lo que haga a continuación dependerá el futuro del Real Madrid.

Hay quien dice ya que este “verdadero Florentino Pérez”, el mismo que escuchamos en los famosos audios, es precisamente el que muchos madridistas estaban echando de menos. Tengo dudas de que lo que todo lo que desee mucha gente al mismo tiempo sea necesariamente bueno.

El Madrid se había venido sosteniendo sobre una cierta idea de despotismo ilustrado. La junta directiva actual era superior a otras porque no necesitaba demostrar todo el rato que lo era. Quizá este nuevo Florentino Pérez, este defensor del madridismo que en realidad defiende su gestión además de los intereses de los socios, tenga gran predicamento entre los aficionados. No me cuesta imaginar a muchos clamando "este es mi presidente", o que se apaguen los pitos en el próximo partido. Porque encontrar un enemigo exterior está en el manual de cualquier populismo.

Florentino Pérez

Pero no es el camino del éxito a largo plazo. No ha sido su camino. Y, desde luego, había formas mejores de desarrollar esa misma estrategia sin dejar tan patente y tan evidente que el presidente del Real Madrid quizá ya no está en las condiciones requeridas para volver a recorrerlo una vez más. Y eso es lo más normal del mundo. La única certeza competitiva que todos tenemos es que, a partir de cierto momento, pasamos a defender en bloque bajo. Hasta que un día la colegiada de la guadaña nos pita un penalti en contra y nos expulsa al portero.

Si ayer me hubieses preguntado si hacían falta elecciones, habría dicho que no. En parte, por la dificultad de presentar una candidatura. Pero tanto habló Pérez ayer de Relevo, que al final me quedé pensando: ¿Y si necesitamos uno?

 

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