Las mejores firmas madridistas del planeta

En época de vacas flacas lo pertinente es caminar sobre lo seguro. El Madrid entró en esta serie en uno de los valles que han jalonado esta temporada de altibajos, y la pérdida del primer encuentro de la eliminatoria por precipitaciones impropias desató aún mayores inseguridades. El mérito del partido de ayer consistió en soterrarlas con empeño e intentar explotar la magnitud de Tavares, colosal durante todo el encuentro.

Dentro de su irregularidad el Madrid mostró deseo y carácter impregnado de nerviosismo en momentos cruciales. Esta es la dinámica del grupo ahora mismo y resulta complejo escapar de ella. También le costó entrar en el partido como en los anteriores, un desapego con el juego colectivo en estos minutos iniciales que tanto están condicionando la serie. Aquí hay una clave de mejora sustancial a la que hay que poner remedio.

Sergio Rodríguez Partizan

En esta tesitura, el Madrid tuvo que recurrir de nuevo a la experiencia y clarividencia de Sergio Rodríguez y de Rudy. Su entrada provocó la fluencia del juego, y entre ambos agigantaron la figura de Tavares. Encaminado el Madrid por la senda de la mejoría, la desventaja decreció desde los quince puntos (28-13 y 34-19) a los tres cuando se llegó al intermedio.  La defensa en zona volvió a servir en esta ocasión para ralentizar la ofensiva serbia, dándose la circunstancia curiosa de que sus tiradores comenzaron a errar en tiros francos cuando venían de mostrarse casi infalibles. Pero, en fin, el baloncesto no son matemáticas y las defensas zonales juegan con este impacto psicológico.

El mérito del partido de ayer consistió en soterrar las inseguridades con empeño e intentar explotar la magnitud de Tavares, colosal durante todo el encuentro

La reanudación nos trajo la sorpresa de un entonado Williams-Goss que comenzó a afianzarse en defensa y en aciertos relacionados con la concentración, hasta derivar en una determinación que no le conocíamos vestido de blanco. Un testimonio de coraje en esos momentos de responsabilidad de los que muchos huyen o los toman con el espíritu encogido. Suyo fue el triple decisivo, pero también una racha de aciertos que mantuvo la anotación al cerrarse la defensa de forma implacable sobre el omnipresente Tavares.

Williams-Goss Partizan

El resto de compañeros fueron alternando aciertos con equivocaciones por despiste o malas decisiones, incrementadas en el último cuarto por una ansiedad que impidió cerrar antes el encuentro, como en el primero de la serie. Eso sí, el esfuerzo de todos fue mayúsculo, como el de Hezonja ejerciendo de reboteador. Musa nos dejó penetraciones certeras, pero parece haber extraviado su tiro de lejos, que esperemos que vuelva en cualquier momento. Los buenos tiradores también tienen sus rachas.

En definitiva, el equipo cumplió con el objetivo principal exponiendo carácter en un ambiente eléctrico en el que hasta Obradovic mostró tensión por momentos. Mañana tendremos el cuarto asalto, que se prevé no muy diferente del resto, salvo que el Madrid ate sus nervios, la circulación del balón comience a fluir y mejore el porcentaje de triples, bastante pobre en lo que va de eliminatoria. Amén, claro, de que la defensa se muestre más sólida y no tan intermitente.

 

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Este sábado, en Sevilla, el Madrid juega otra final. Es la final de Copa, la Copa del Rey, la Copa de España: la competición más antigua del fútbol español, ese fútbol tan maltratado, tan herido por la sospecha abrumadora de amaño y fraude. La Copa ha sido a menudo despreciada por el madridista, muchas veces por mor del hedor que emana de todo lo que toca la Real Federación Española de Fútbol. El hecho de que el Barcelona haya, presuntamente, pagado durante veinte años al vicepresidente de los árbitros españoles ha hecho desistir a muchos madridistas de luchar y por consecuencia amar las competiciones nacionales. Es comprensible, pero yo me niego a ello. La Copa es hermosa y el Madrid puede ganar el sábado su Copa número veinte. Lo que tiene el Madrid entre manos es mucho más que una final.

El Madrid, contra Osasuna, no juega por un título, juega por una idea. La idea de la pureza. Es una idea para con la que tiene una responsabilidad histórica. La Copa es el Madrid, no porque la haya ganado más que nadie, sino porque fue el Madrid quien la fundó. Con la Copa, el Madrid tiene una relación extraña: es el único título, quitando la Recopa de Europa, del que ha perdido más finales de las que ha ganado. Es curioso, pero es así. El Madrid ha jugado más finales que nadie, pero no es ni siquiera el segundo equipo con más entorchados. Sin embargo, la Copa de España —ahora del Rey, antes del Generalísimo, antes todavía de la República, y al principio de todo de Alfonso XIII— nació en el solar donde se levantan hoy los Nuevos Ministerios, en un cuadrangular que organizó el recién fundado Madrid Football-Club en honor a la mayoría de edad del hijo de Alfonso XII.

Madrid Football Club 1903 primera Copa

La Copa ha jugado un papel fundamental en la historia del Madrid, sobre todo en el Antiguo Testamento, es decir, antes de los años 40 y del advenimiento de Santiago Bernabéu. La refundación que don Santiago llevó a cabo también se apoyó, emocionalmente, en una gran conquista copera, la de 1946: apenas un par de años después de que se reconstruyera por todo lo alto el Estadio de Chamartín, el Madrid, que había perdido el lugar que ganó durante los años republicanos, comenzó a recuperar el pulso con una victoria sobre el Valencia en Montjuic. El recibimiento al equipo colapsó la Estación del Norte y propulsó a un equipo que acababa de salvarse hacía poco del descenso, pues el club lo fio todo, desde el 39, a la reconstrucción material, sacrificando la plantilla, hecha toda de los jirones que quedaron tras la guerra, un combinado de exjugadores, veteranos y gente casi de prácticas. El Madrid sobrevivió porque eso es lo que hace siempre, y las Copas jalonaron el camino que condujo, un lustro después, a la primera Liga tras la guerra, ya con Di Stéfano, preludio de la aventura europea.

La Copa ha sido a menudo despreciada por el madridista, muchas veces por mor del hedor que emana de todo lo que toca la Real Federación Española de Fútbol

La Copa también ha jugado un papel fundamental en mi madridismo. Es curioso porque sólo un madridista millennial puede decir que en menos de treinta y cinco años de vida ha visto y gozado más finales de la Copa de Europa de su equipo que finales de la Copa del Rey. Pero así es la vida y así es el Real Madrid, una belleza que surge del caos, de lo imprevisible. Yo no me acuerdo de la victoria en el 93 sobre el Zaragoza ni mucho menos de la del 89 sobre el Valladolid. Para mí la Copa empieza en el año 1998, cuando al que iba a ser campeón de Europa en Amsterdam ese año lo derribó del caballo el Club Deportivo Alavés en una eliminatoria que puso de moda una palabra hoy ya obsoleta en este tiempo de Kings Leagues y demás tonterías: matagigantes. Yo aprendí lo que significaba gobernar Europa antes que conocer el sabor de la Copa doméstica, y eso lo dice todo de una época y de un país, que como dice Ángel del Riego, tiene una psique “infectada y polvorienta”.

Real Madrid Alavés Copa 1998

Pero no puedo explicar mi infancia sin el Centenariazo. Ese día amanecí con la camiseta del Madrid puesta, como mi hermano, que por aquella época, como todos los hermanos pequeños de la historia del mundo, hacía lo mismo que yo, todo el tiempo. Todo el tiempo, todo aquel día, transitamos por nuestro mundo, que era muy reducido en lo que caminaban nuestros pies, pero muy ancho en nuestra imaginación, vestidos de blanco: de blanco dormimos y vivimos, de blanco fuimos al colegio, de blanco nos presentamos en el médico por la tarde y de blanco nos fuimos a la cama, estupefactos ante el derrumbamiento de la certeza, pues el Madrid perdió una final hecha ad hoc para festejar su alumbramiento un siglo antes, y nosotros éramos demasiado chicos para entender el concepto de la hybris.

El Madrid, contra Osasuna, no juega por un título, juega por una idea. La idea de la pureza. Es una idea para con la que tiene una responsabilidad histórica. La Copa es el Madrid, no porque la haya ganado más que nadie, sino porque fue el Madrid quien la fundó

La Copa adquirió aquel día para mí un deje maldito. El tiempo no ha ayudado en absoluto a limpiarlo. Dos años después yo ya era algo más grande pero la Copa seguía debiéndome algo como a todos los adolescentes, para quienes la cuenta es demasiado grande y la realidad, un fabuloso buffet. Con algunos platos llenos de mierda, como bien pude comprobar aquella noche de abril también en la Montaña Mágica de Barcelona desde la que en el 46, según yo había leído en las antiguas historias gráficas del Madrid, el Real se había impulsado hacia el infinito, dejando en tierra las alas de cera que la postguerra había fabricado para él. Aquella noche el Zaragoza de César, Villa y Movilla empezó a construir el ataúd en donde el Mónaco y el Valencia empezaron a enterrar a un Madrid herido de muerte (como España) desde el 11M, y para mí el asunto fue algo mucho más personal: no me debía nada el mundo, se lo tenía yo que cobrar a España.

Cristiano gol Copa Rey 2011

La deuda empezó a saldarse el Miércoles Santo del año de Nuestro Señor de 2011, con uno de los mejores partidos de la historia del fútbol español, si no el mejor. Desde luego que el Madrid de las cinco Copas de Europa en siete años echó a andar esa noche de Mestalla, no me cabe ninguna duda: esa noche nos hicimos todos mayores, todos le gritamos al rostro encendido de España que éramos el Madrid y que no teníamos que pedir perdón por nada, aunque todavía hubieran de pasar más cosas antes de que la Historia, con mayúsculas, pusiera a cada uno en su sitio. Vino luego Simeone, que anticipó las agonías de Lisboa en una final deprimente en el Bernabéu que consagró su concepción del Atlético y de la vida a costa de que yo me bebiera solo y melancólico media botella de bourbon en el salón del piso en el que por entonces vivía yo en Madrid. Al año siguiente, como vestíbulo de la Décima, Bale borraba todo aquello con una cabalgada hacia el infinito, otra vez en Mestalla, el estadio de las refundaciones madridistas contemporáneas.

No hay un lugar mejor imaginable que Sevilla para refundar moralmente el futbol español. Preñado de suciedad, enfermo de vileza, el juego, sagrado y puro tal y como lo sueñan los niños, yerra terminal en España por culpa del Barcelona, de la Federación y de la Liga

No hay un lugar mejor imaginable que Sevilla para refundar moralmente el futbol español. Preñado de suciedad, enfermo de vileza, el juego, sagrado y puro tal y como lo sueñan los niños, yerra terminal en España por culpa del Barcelona, de la Federación y de la Liga, culpables manifiestos —las pruebas son tan evidentes— de la degradación, que sólo una catarsis como la que yo pedía antes del partido de vuelta de la semifinal de hace un mes en Barcelona podría redimirlo ante el mundo, siquiera sentimentalmente. Vuelve a cabalgar el Madrid como el hombre de La Mancha de Cervantes y de Cabrel, el cantante favorito de Zidane, gritándole al mundo el antiguo conjuro: escúchame, mundo insoportable, es demasiado, has caído demasiado bajo, eres demasiado gris y demasiado feo, un caballero te desafío, siempre al servicio del honor, porque tengo el honor de ser yo, Don Quichotte sans peur.

 

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Buenos días, amigos. Buenos días marcados además por la tremenda victoria del Real Madrid de baloncesto en Belgrado, forzando así un (de momento) cuarto partido que nadie esperaba, o sea, que todo el mundo esperaba porque en el fondo todo el mundo sabe que el Madrid hará siempre lo imposible, y con mucha frecuencia lo muy difícil.

A lomos de un Tavares excepcional, y con la aparición estelar de un Williams-Goss que se encarama desde ayer al carro de las estrellas, el Madrid de Chus Mateo impartió una lección de baloncesto y de resistencia sobrehumana, sobreponiéndose a un comienzo infausto y a un ambiente ensordecedor, aunque por fortuna sin desmanes extradeportivos.

Portada Marca

No nos duelen prendas en loar a Marca por otorgar a esta memorable victoria los galones de noticia del día, pues no es tan frecuente que el baloncesto asalte las portadas (lo hizo hace bien poco aunque no en el caso de Marca ni por razones dignas de ser celebradas). Resulta edificante asistir al espectáculo mayúsculo de Tavares enseñoreándose de la primera plana del principal diario deportivo como ayer se enseñoreó de la pista más incandescente de Europa, en el momento más ígneo, sin quemarse ni la yema de los dedazos. El gigante caboverdiano, que ya es sin duda uno de los pívots más importantes de la historia del Real Madrid (que es como decir del baloncesto europeo), descerrajó una actuación antológica. Mañana, a partir de las 20:30, se verá si su Madrid es capaz de redondear la hombrada de devolver la serie al Wizink en un quinto y definitivo capítulo de la serie.

Portada Sport

Por su parte, la prensa cataculé avanza trocitos de su anunciado alirón o negreilón. Crónica de un alirón anunciado, por Gabriel García de Loza. A punta de unocerismo y grandes actuaciones de Ter Stegen (al principio también de Lewandoski, pero ya ni eso), pero sobre todo a punta del continuismo negreiril más allá de Negreira, que les ha sostenido contra viento y marea con ayudas poco menos que descaradas, los de Xavi Nosferatu Hernández se van aproximando a su objetivo.

Se les ha visto tantísimo el plumero que la cosa ya no emociona ni a los culés. Produce asco asistir jornada tras jornada a esta pantomima infame de la que solo puede salir ganador aquel que el sistema no puede permitirse que no gane, por mucho que el campeón en ciernes se haya comprado la competición durante décadas ante las mismísimas barbas de quienes componen el sistema, que ahora no pueden o no quieren mover un dedo para que se haga justicia.

Pero resulta que en medio de todo esto, oh, salta la liebre. Mateu Alemany, el muy capaz director de fútbol de la negrentidad, dice que lo deja. Sport lo pone por ahí en la portada, pero no resalta como merece el presagio de hecatombe que este adiós significa. Mundo Deportivo, como veréis en la siguiente portada, trata de ocultar todavía más la noticia, tan tremenda para el Barça, tan significativa.

Portada Mundo Deportivo

Sí, Mateu Alemany lo deja, por más que Mundo Deportivo trate de sepultar el varapalo con plazos de alirón o negreilón. No se ve con fuerzas de afrontar la brutal crisis económica y reputacional del Barça. O quizá es, sencillamente, un hombre decente.

Portada As

As es el único de los cuatro jinetes del Apocalipsis que decide traer como argumento principal la derrota del Madrid (de fútbol, en este caso) en San Sebastián. Es una derrota de escasa repercusión para los blancos, que se arriesgan a quedar terceros (¿y qué?) en beneficio de un Atleti preparado a llenar Neptuno con hordas celebrando el subcampeonato. ¡Ánimo! ¡Sí se puede, sí se puede…!

Todo lo que no sale bien al Madrid en los últimos tiempos se atribuye, como hace As, a la falta de concentración liguera, en contraste con el foco puesto en Copa y Champions. Esa explicación se ha convertido en un estereotipo, un lugar común, pero tiene muchos matices, en especial en lo relativo al partido de ayer. No es que el Madrid tuviera la cabeza en la Copa, sino que Militao parece tenerla en otro sitio (hasta Carletto le dio un toque en rueda de prensa) y Pulido Santana se encargó de sacársela (la cabeza del Madrid del partido). La expulsión de Carvajal entra con letras de oro en la historia universal de la infamia futbolera, y a partir de ahí, con esos dos infortunios y ante una Real muy fuerte, no es que no quisiera sino que no pudo. Nada que se salga de forma notoria del plan maestro del negreirismo.

Para todo lo demás, tenéis la crónica de Andrés Torres.

Pasad un buen día.

Es un hecho que la inmensa mayoría de los árbitros españoles no soportan a Vinicius. Es más, le acosan y le persiguen, llegando a la prevaricación para no sancionar la violencia que sufre. Y accionándose como el mejor resorte cuando el brasileño protesta por estas acciones indudablemente antirreglamentarias. Un agarrón con dos manos por parte de su marcador no ofrece ningún tipo de interpretación arbitral. El reglamento señala que debería ser tarjeta, al igual que lo hace sobre los empujones sin balón, las entradas peligrosas sin posibilidad de alcanzar la pelota y un sinfín de acciones que Vini sufre sin descanso y casi siempre sin castigo para quienes las realizan.

Entrada salvaje a Vinícius Girona

Por supuesto, si el defensa cuyo cometido es detener al extremo madridista recibe una tarjeta amarilla en el primer lance en el que lo merezca, se le condiciona notablemente para el resto del partido. Y al contrario, si encadena acciones susceptibles de recibir amonestación, pero se libra una y otra vez de ellas, el mensaje que se le manda es que puede seguir instalado fuera de los límites del reglamento. No puede ser casualidad que prácticamente todos los árbitros, los más tarjeteros y los más permisivos, repitan el mismo y exasperante patrón cuando se trata de Vini. La conclusión más razonable es que, en el CTA, el brasileño en particular y el Madrid en general no cuentan con grandes simpatías. Esto último lo supimos incluso de boca del anterior presidente de los árbitros españoles, en una declaración que se digirió con una normalidad impensable si el señalado fuese cualquier otro conjunto.

El árbitro que se sale de la línea marcada desde arriba es directamente lapidado. Por eso nunca se va a proteger a Vinicius, como tampoco se quiso proteger a Cristiano Ronaldo

Hay cierta lógica dentro de un sistema podrido hasta sus entrañas en este inmoral trato a uno de los grandes activos deportivos de la competición nacional. El colegiado que no sanciona la violencia contra el delantero brasileño y que le acaba reprendiendo y amonestando nunca encuentra castigo en el organismo que vela por la justicia de su estamento. Es más, los neverazos, descensos y pérdidas de protagonismo los reciben indefectiblemente aquellos que se atreven a ir en contra de la tónica de las últimas décadas, esa que beneficia a un equipo que se gastó mucho dinero en fabricar y regar este nauseabundo sistema. Y que perjudica a su principal rival. El árbitro que se sale de la línea marcada desde arriba es directamente lapidado. Por eso nunca se va a proteger a Vinicius, como tampoco se quiso proteger a Cristiano Ronaldo. En cambio, el jugador que más faltas en la frontal ha lanzado en la historia del fútbol (a distancia sideral del segundo) contaba en España con una inmejorable red de seguridad; si se le tocaba, se pitaba y casi siempre se amonestaba. Con el viento soplando siempre a favor es imposible no poner en duda todos los éxitos logrados por el equipo que creó este régimen.

Ya no se trata de proteger el talento, ahora se jalea al violento y se tilda de provocador al receptor de la violencia. No sorprende por habitual, pero sí es absolutamente asqueroso

Llamativos son los números y las recurrentes imágenes. A Vini se le sanciona mucho por protestar, por no dejarse agredir sin que al menos se sepa que la injusticia es evidente. En cambio, un equipo que lleva décadas rodeando, presionando y hasta amenazando a los árbitros sobre el terreno de juego, suele recibir un trato exquisito de estos. Más les vale, porque los pocos que se atreven a expulsar a uno de sus futbolistas son acosados sin descanso, tanto institucionalmente como desde unos medios que supuestamente controla Florentino Pérez, aunque lo disimulan fenomenal.

Hernández Hernández y Vinícius en Mallorca

La pata mediática en esta historia es repugnante una vez más. Si de algo se están encargando muchos opinadores es de alentar a los árbitros a expulsar al jugador que más faltas recibe de Europa (incluso aunque no le piten todas las que le hacen), mientras se lamentan de las supuestas campañas hacia el futbolista que más faltas comete en la Liga. Una vez más, el fútbol no les importa absolutamente nada. Ya no se trata de proteger el talento, ahora se jalea al violento y se tilda de provocador al receptor de la violencia. No sorprende por habitual, pero sí es absolutamente asqueroso. De hecho, muchos usan estas polémicas artificiales con el que es, sin discusión posible, el futbolista más desequilibrante de la Liga, como enésima cortina de humo para intentar tapar la corrupción que pudre prácticamente a todo el fútbol patrio.

Vinicius no es más que una excusa, una víctima y una herramienta más en la cruzada permanente en contra del mejor equipo de la historia

Vinicius no es más que una excusa, una víctima y una herramienta más en la cruzada permanente en contra del mejor equipo de la historia. Por eso lo que le debemos pedir es que siga jugando como sabe, destruyendo defensas, asistiendo, marcando y bailando, que siga generando bilis y espumarajos en nuestros antis. Y que no se calle. Todos nos hemos cansado de callarnos ante relatos falaces, injusticias continuas y corrupción sistémica.

Arbitró Juan Luis Pulido Santana del Comité canario. En el VAR estuvo Iglesias Villanueva.

No se diferencian mucho los pedos de Haaland de los arbitrajes de Pulido Santana. Vomitivos, repugnantes y nauseabundos en su máxima expresión.
Un trencilla chulo, prepotente, altivo y arrogante. Se encaró con los jugadores y solo mostraba amarillas por ligeras protestas. La valentía con sus jefes para Matrix. Ahí, este colectivo manchado desde hace décadas, es sumiso y cobarde.
Ascendió este año Pulido siendo uno de los colegiados con peor reputación de Segunda. No la tenía mejor en 2aB, con dos desafortunadas lesiones en dos fases de ascenso. En una de ellas, el Logroñés llegó a solicitar un parte médico.
Hoy en Anoeta, tuvo una actuación bochornosa y lamentable. Las tarjetas apenas llegaron por entradas salvo a Gorosabel en el 22' y Nacho en el 87'. Merino y Silva repartieron de lo lindo pero se fueron inmaculados.
En el Real Madrid tarjetas por protestar para Ceballos, Rodrygo y hasta Ancelotti. La del brasileño llegó después de un agarrón de Carlos claro merecedor de amarilla, y la de Ancelotti, ídem con Kubo esta vez de protagonista.
La expulsión de Carvajal fue una cafrada. La primera amarilla por pedir una a Oyarzabal, que le sujetó cuando se iba sin opción de jugar el balón. La segunda por tocar balón y en la inercia golpear a Aihen.
Además, se comió con papas un claro penalti de Militao a Oyarzabal.
Un auténtico despropósito. Pronto veremos el premio. No puede acudir ya a los coaching de Negreira jr. así que ha decidido trepar y prosperar con arbitrajes indignos como el de hoy.
Pulido Santana, EXECRABLE, INSOPORTABLE y PENOSO.

Courtois (6)

No pudo hacer nada ante el pase de la muerte de Militao a Kubo. Le sorprendió Barrenetxea en el palo corto y afeó dos buenas intervenciones anteriores del belga.

Nacho (6)

El más serio de la defensa y en el sitio que menos le conviene.

Militao (4)

Un resbalón y uno de sus puntuales y fugaces lapsus de concentración acaba por costar el partido.

Rüdiguer (4,5)

Tampoco estaba en su sitio en el gol del pequeño japonés

Carvajal (4,5)

Aunque la primera tarjeta sea de risa, fue una imprudencia tratar de rebañar ese balón.

Kroos (5,5)

Siempre pone criterio

Tchouameni (6)

El mejor en el medio. Bien en defensa.

Ceballos (4)

Aculado e impreciso

Rodrygo (5,5)

De más a menos. Sin chispa.

Asensio (4)

Ausente

Mariano (1)

Ilusionante

Álvaro (5)

Sólo. Desconectado. Le mató la expulsión de Carvajal.

Lucas Vázquez (5,5)

Con uno menos, le puso ganas

Arribas (-)

Sin tiempo

Ancelotti (6)

Protestón, como no podía ser de otra manera ante tamaño arbitraje, y metido en el partido, desesperado pidiendo al equipo que no se acule. En su debe su apuesta por un defenestrado Mariano a estas alturas de la película.

Un involuntario pase de la muerte de Militao a su otrora compañero Kubo permitió a la Real Sociedad cimentar su victoria sobre el Madrid, que culminó con el segundo gol Barrenetxea en los últimos compases del partido.

Y es que tanto la victoria postrera del Negreira FC con un gol de uno de nuestros jugadores favoritos como el halo de podredumbre que sobrevuela el campeonato doméstico ya eran los funestos antecedentes de una jornada liguera nocturna y tardía. No son horas, que diría Caletto. Y razón tiene. Más con estos alicientes.

Ha de reconocer este cronista que inevitablemente el partido en San Sebastián, en casi cualquier ocasión, siempre atractivo, se le iba hoy escapando por el rabillo del ojo en beneficio de las llamas que engullían por momentos al Madrid de los canastos en Belgrado. Pareció no obstante que, al contrario de lo que acostumbran, el Real lució una brillante puesta en escena en la Bella Easo, que desbarató Remiro con dos buenas intervenciones, especialmente a brutal testarazo de Militao a la salida de un córner a los 8 minutos.

Así, mientras Tavares crecía cual habichuela mágica sobre el parqué del Stark Arena, la Real Sociedad fue recuperando el tono y equilibrando el partido. Estrelló incluso un balón en el larguero tras un saque de esquina, pero curiosamente no fue esa la jugada que destacó para desazón y pavor del corazón merengue. Una carrera hombro con hombro de Rüdiguer con Sorloth, una suerte de Haaland de Hacendado, acabó con el germano por los suelos y el nórdico en posición franca dentro del área. Da repelús pensar en el auténtico, motosierra en mano en el Bernabéu. Afortunadamente, apareció, eso sí, el de siempre, Courtois para evitar cual tarántula valona el tanto txuriurdin en las botas de Silva.

Entretanto Nigel William-Goss, el favorito del jefe Bengoechea, acababa por liquidar al Partizan con un triple definitivo. Recordaba así al madridismo aquello de Hasta el final, vamos Real , aunque jamás de los jamases nadie haya levantado un 0-2 en un playoff de Euroliga o se navegue a once puntos del líder de un torneo adulterado mientras, ojo, además es acechado por la temible Cofradía Colchonera del Subcampeonato. Como lo oyen.

Apenas un posible penalti de Militao sobre Oyarzabal -que nos aclarará Ojo de Halcón Cosín- y algunos culebreos de Goes sobre el verde donostiarra animaron un primer tiempo sin demasiada historia. Echábamos de menos a Vini. Y de más a Mariano y su cabellera Predator, la estrambótica novedad de Carletto en esta noche easonense.

Regresaban los jugadores al campo, mientras el bueno de Illarra departía sonriente con Nacho y Carvajal, su antigua Kuadrilla. Pronto llegaron las risas. Militao se resbalaba ante la presión del gigantón Sorloth y, tratando de arreglar su propia avería, asistió para Kubo ante un Courtois atónito, un auténtico hara-kiri. El pequeño nipón lo celebró con más ganas que la Real en el Camp Nou en los últimos 30 años. Minuto 46, 1-0.

Intentaba tímidamente el Madrid prolongar el regusto de sus compañeros del baloncesto en tierras serbias, pero cuando asomaba, como en un prometedor contraataque conducido por Carvajal, Pulido Santana, que al parecer es el árbitro y no el villano de un tórrido culebrón venezolano, amonestaba al de Leganés por reclamar amarilla después de vil agarrón. No por acostumbrados dejan de tocarnos las narices estas cosas. No sabíamos lo que se avecinaba.

Kroos obligaba con un latigazo desde la frontal a morder el polvo a Remiro para evitar el empate camino de los 60 minutos y Álvaro El Toro Rodríguez se disponía a entrar en el partido en sustitución de un ilusionante Mariano.

No obstante, para ilusionista, decíamos, Pulido Santana. Tras aquella amonestación absurda y surrealista anterior, acabó expulsando a Carvajal por un choque en la medular propiciada por un césped mojado y rapidísimo de los que le gustan al jardinero Hernández. Raro, rarísimo, anticlimático. Como todo en esta Liga. Mientras tanto, regocijo en Anoeta.

Lógicamente la expulsión hizo mella en unos de ya de por sí flácidos ánimos merengues, desconectado mentalmente de este campeonato desde que el VAR anulara por pelo de gamba el gol victorioso de Asensio en Barcelona. Por momentos era Ancelotti el único que parecía estar metido en el partido, pidiendo desesperado al equipo, aún con diez, que no se aculara. Tanto ímpetu le puso el viejo zorro de Reggiolo que el insufrible Pulido Santana tuvo que recuperar su cuota de protagonismo amonestando al italiano. Poco después Carletto le daba diez minutillos al prometedor Arribas. Poco pudo hacer el canterano salvo asistir al tanto definitivo de la Real a cargo de Barrenetxea que sorprendió por el palo corto a Courtois tras recibir un buen balón interior de Silva, jugando a placer en superioridad en el centro.

Entre tarjetas y frustraciones, presentes, pasadas y por largo tiempo acumuladas, se fue yendo por el sumidero el encuentro y una jornada más de una Liga que ha tornado tortuosa, cansina y exasperante. Ahora viene lo bueno. Lo que nos gusta.

Este pintxo donostiarra nos ha resultado indigesto.

 

 

 

 

Buenos días. El Real Madrid de baloncesto juega hoy en Belgrado un partido del máximo voltaje tras los incidentes registrados en el último partido del play-off contra el Partizan. La situación es tan temible que la tensión deportiva (sí se pierde, se habrá dicho definitivamente adiós a la Euroliga) es casi lo de menos en relación a la otra tensión, si se nos entiende. Representantes del Partizan (incluido el viejo y querido Obradovic) han garantizado la seguridad personal de los jugadores y les creemos, pero esta tarde saltarán chispas en el feudo balcánico.

En ese feudo extremadamente hostil deberá afrontar el equipo de Chus Mateo la hazaña de forzar un cuarto partido, y luego un quinto. Si esto se consigue, ya solo quedará ganar ese hipotético quinto encuentro en el Wizink para encumbrar, aún más si cabe, al Madrid de baloncesto como el rey de los imposibles, como lo es también el de fútbol.

Solo el Madrid puede obrar milagros de ese calibre. Nuestro apoyo es como siempre incondicional para nuestros hombres, y lo es por mucho que no terminemos de entender el modo en que se ha resuelto internamente la mancha reputacional que para el club, quiérase o no, ha supuesto la actuación personal de un jugador concreto en medio de aquella refriega. Ni la ausencia de lesión de relevancia en Exum ni la culpa del propio Exum (y de otros jugadores del Partizan) deben servir como pretexto para no actuar contra una acción incalificable con toda la rotundidad posible. Dicho esto, aguardamos con esperanza el comienzo del partido de esta noche con el corazón henchido por la expectativa de una nueva hombrada de nuestros hombres.

No puede existir un mayor contraste entre la relevancia y tensión del choque que hoy espera a nuestro equipo de baloncesto y aquel que ocupará al de fútbol. No puede haber partido más inoportuno y fastidioso que este de hoy en Donosti, por mucho que As se esfuerce en mostrarnos el aliciente de ver en acción a Kubo, el fenómeno nipón que el Madrid vendió a la Real pero sobre el que se reserva un derecho de tanteo que (la verdad) no tiene pinta que el club vaya a ejercer nunca. Llega este compromiso pocos días antes de la gran cita ante el City (valga la redundancia) y menos días todavía antes de

Allí, en San Sebastián, proponemos a Carlo Ancelotti un once formado por Paco Buyo, Chendo, el propio Hierro (leed hoy a Cosín rememorando el celebérrimo “No sabes ya cómo hodennos”), Tomás Guasch, Mikel Lasa, Lass Diarra, Mahamadou Diarra, Emerson, Gago, Gravesen, Pablo García y Van Nistelrooy.

Pasad un buen día.

 

La primera visita del Real Madrid en el Campeonato Nacional de Liga a Anoeta se produjo hace casi 30 años. Un 19 de diciembre de 1993, en la jornada 16, se midieron el cuadro madridista y el donostiarra. Un partido muy recordado por la famosa frase de Fernando Hierro al árbitro Gracia Redondo tras ser expulsado por este a la media hora de juego. Hoy vuelve el Madrid a Anoeta.

No era, sin embargo, el estreno blanco en Anoeta puesto que el primer partido que acogió el nuevo estadio easonense enfrentó a los txuri-urdin y los merengues. En la pretemporada de 1993, el 13 de agosto, en una tarde-noche con diferentes actos como la colocación de un trozo de césped de Atocha o los conciertos de Luz Casal, Oskorri y Javier Gurruchaga con la Orquesta Mondragón, se celebró un Real Sociedad – Real Madrid con un resultado final de empate a dos. El realista Loren entró en la historia del nuevo terreno de juego marcando el primer gol.

En diciembre, el equipo dirigido por Floro aterrizó en San Sebastián en un gran estado de ánimo tras conquistar tres días antes la Supercopa de España ante el FC Barcelona, mientras que en términos ligueros el objetivo era seguir persiguiendo al líder el Deportivo de la Coruña y al cuadro culé que era el segundo clasificado. También, un sorprendente Sporting, estaba por delante de los blancos con un punto más. La previa estuvo centrada en dos noticias. La primera, la designación de Gracia Redondo para arbitrar el choque y la segunda, la prohibición del club vasco para la entrada del grupo Ultra Sur a Anoeta.

EN ANOETA VOLVIERON A CRUZARSE LOS CAMINOS DE GRACIA REDONDO CON EL REAL MADRID TRAS SU ACTUACIÓN EN TENERIFE

Seis meses después del desfalco por segunda vez en Tenerife que volvió a costar la Liga, el colegiado Celino Gracia Redondo se reencontraba con los blancos. Todavía estaba muy presente la nefasta actuación del turolense en la isla para el Real Madrid. Dos penaltis claros se fueron al limbo. El primero después de un agarrón de Agustín a Zamorano en el minuto 40’ cuando el chileno había sobrepasado al arquero, y el segundo cinco minutos más tarde, con unas manos cristalinas de Chano tras un remate de cabeza de Fernando Hierro. Entre medias de ambas acciones, los tinerfeños habían subido el 2-0 al marcador por obra de Chano, poniendo más distancia en el electrónico después de que Dertycia inaugurase la cuenta al comienzo del partido.

En el capítulo de las entradas, la directiva de la Real Sociedad decidió no mandar 200 entradas que había pedido el Real Madrid para los Ultra Sur. Sin embargo, no se descartaba que el grupo radical se presentase en la ciudad donostiarra para conseguir localidades allí. Finalmente, el presidente realista, Luis Uranga, vetó la presencia de los ultras y estos hicieron pública una nota en la que calificaron la medida de “precedente inconstitucional”, añadiendo su malestar con el Real Madrid y que “de seguir las cosas por estos derroteros, dejaremos de colaborar como hasta ahora en todos los desplazamientos”.

En lo que concierne al encuentro, a la media hora el duelo tenía mucho color txuri-urdin. En el minuto 2, Luis Pérez de cabeza clavó en la red el 1-0. Y en el 31’ tuvo lugar la expulsión de Hierro. Un manotazo del malagueño que impactó en la cara de Oceano le supuso la roja directa. Fue cuando se desencadenó la célebre escena del jugador madridista protestando al linier y al colegiado principal Gracia Redondo. Las cámaras de Canal + que retransmitieron el partido grabaron la secuencia completa en la que Hierro, muy enfadado y alterado, le espetó a Gracia Redondo “no sabes cómo jodernos” de manera reiterada. El andaluz tenía muy presente lo acaecido en Tenerife y mostró su rabia con el trencilla, que de nuevo volvía a perjudicar los intereses merengues.

Con diez jugadores, lo intentó el Real Madrid, que dispuso de una clara oportunidad de Alfonso antes del descanso. Pero, en la segunda mitad, los pupilos de Toshack manejaron el choque y en el 64’ tras un robo de Kodro a Nando, el bosnio marcó el segundo. Tres minutos más tarde, Lasa sacó de la raya un chut de Luis Pérez y el encuentro concluyó 2-0. La afición donostiarra vibró con el juego de los suyos y terminó el partido cantando el himno del eterno rival blanco, el Barça.

EL REAL MADRID CON 10 JUGADORES CAYÓ FRENTE A LA REAL SOCIEDAD, Y LOS AFICIONADOS DONOSTIARRAS TERMINARON CANTANDO EL HIMNO DEL BARÇA

En zona mixta desfilaron los principales protagonistas. Fernando Hierro declaró respecto a su acción en la expulsión que “quise quitarme de encima a Oceano, pero no hacerle daño” y aseguró que “ni sé qué le dije al árbitro”. Por entonces, los trencillas tenían libertad para hablar y Gracia Redondo explicó que “no me acordé para nada del encuentro de Tenerife”. El aragonés aseguró que no estuvo mediatizado por aquella actuación y “que sería de necios pensar que yo fuera a beneficiar a un equipo y perjudicar a otro. Quien piense eso no tiene razón de ser”. Por su parte, Benito Floro optó por hacer autocrítica y no opinar demasiado del colegiado.

Fue Inocencio Arias, director general del Real Madrid, el que levantó la voz en el club y se mostró crítico con las actuaciones arbitrales: “No cabe ninguna duda que los árbitros salen obsesionados para que no se les tache de madridistas”. También se extendió comentando que “son bastante exigentes a la hora de pitar un penalti al Real Madrid” y que hay un distinto baremo de trato con los jugadores blancos porque “queda demostrado si comparas la acción de Hierro con el codazo de Koeman a Alfonso el pasado jueves. Tienen mucho cuidado con lo que hacen. No es cuestión de pagar ahora por favores pasados”.

Con aquella derrota, tanto Depor como Barça se distanciaron todavía más en la clasificación de los blancos. Benito Floro no finalizaría la temporada al ser cesado, y con Vicente del Bosque a los mandos se terminó en cuarta posición tras culés, coruñeses y maños.

 

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En mi reflexión de hoy, quiero poner los muchos años que he dedicado al apasionado estudio y análisis de la influencia de los comportamientos, las actitudes y las emociones en el performance de los futbolistas de élite, al servicio de intentar generar una conclusión objetiva y sustentada sobre el caso Vinicius Junior.

Empezaré por decir que, para mí, es una realidad incontestable que Vinicius Jr. es perseguido con especial saña por parte de los jugadores contrarios dentro del campo de juego, y que esa persecución, muchas veces incluye el uso excesivo de la fuerza, alcanzando la violencia en algunos casos. De hecho, creo que podríamos convenir, independientemente de nuestra tendencia futbolística, que eso es un hecho objetivo.

Vinícius Alberola Rojas

Dejando tajantemente claro que condeno absolutamente la violencia desmedida que se ejerce en muchas ocasiones en el campo y desde la grada contra el brillante extremo del Madrid, podría llegar a entender que un jugador con un estilo de juego tan fascinante para sus seguidores como recalcitrante para sus oponentes genere puntualmente reacciones excesivas de parte de estos, seguramente producto de la impotencia. Por otra parte, más allá de que considere que, en ningún caso, podamos “culpar” a la víctima por las acciones de sus agresores, sí pienso que podemos “responsabilizarla” en alguna forma por el hecho de no haber intentado evitar o atenuar tal agresividad general, en favor propio y del equipo. Y me sigo explicando a continuación.

Como seres humanos respondemos y reaccionamos a los acontecimientos de nuestro entorno y a las acciones de los demás. Esas acciones de otros, muchas veces responden a su vez a otras nuestras, determinando círculos viciosos (relaciones negativas) o “virtuosos” (relaciones positivas), según lo que nuestras habilidades socio-emocionales sean capaces de promover. Por ello, aunque nos cueste creerlo y por ácida o apática que pueda llegar a ser la actitud de otros hacia nosotros, en buena medida nuestra capacidad de relacionarnos y comunicarnos con estos determinará los resultados de esa relación. De manera que, si entendemos que nos es conveniente para alcanzar determinado objetivo, debemos intentar generar la mayor empatía posible en ese caso, independientemente de que la otra parte no parezca dispuesta a contribuir con ello.

El Liverpool en medio del escándalo

Por lo anterior, para mí, cabe la más que razonable posibilidad de que Vini esté aún a tiempo de adquirir herramientas y capacidades que contribuyan a bajar ese nivel de excitación, agresividad, beligerancia y hostilidad que se tiene contra él, sin que esto implique traicionar en ningún caso su esencia dentro del campo de fútbol, ni de prescindir de su estilo y sello personal.

Intentar por todos los medios posibles inducir una moderación de las actitudes de sus oponentes en el campo no puede más que ser una inversión muy rentable para Vinicius, ya que mientras eso no suceda, es él quien corre mayor riesgo que otros de sufrir una grave lesión, es él quien pierde el foco y “se va” a veces de los partidos, es él quien puede acabar expulsado según la interpretación que tenga un árbitro sobre alguna de sus reacciones y/o es él quien sencillamente se topará con defensores mucho más comprometidos y motivados que ponen un “extra” que amenaza su efectividad, debido a que estos normalmente suben su nivel contra él, en ocasiones dramáticamente.

Vinicius, tiro al pichón

Creo que el crack del Madrid bien haría en intentar generar el mayor estado de empatía con todos aquellos factores que de alguna manera atentan contra sus posibilidades de desarrollar totalmente su potencial, entiéndase: jugadores rivales, árbitros, entrenadores y aficionados contrarios, e incluso, la prensa, las redes sociales y los demás medios de comunicación, quienes son capaces de generar matrices de opinión que impactan muchas veces en lo que sucede en el campo. Si Vinicius es capaz de desarrollar actitudes “y aptitudes” que le permitan rebajar la presión que factores como estos ejercen sobre él, logrará hacer prevalecer el privilegio que le confiere la notable superioridad de sus capacidades técnicas, tácticas y físicas, respecto a mayoría. Y eso, se aprende… Créanme.

La empatía se practica, se promueve y tiene efectos milagrosos en las relaciones personales, incluso en las de mayor tensión, y a todos los niveles (relaciones afectivas, de negocios, corporativas, políticas, internacionales, etc.). Una buena combinación de herramientas de gestión emocional, comunicación y lenguaje gestual, y su programada y progresiva implementación como parte de la formación integral como futbolista, de un chico además con muchas condiciones naturales para caer bien, podrían ser la diferencia entre finalizar su carrera contando con una destacable valoración por parte de muchos entendidos del fútbol, o por el contrario, con más de un Balón de Oro en su vitrina personal.

¡Vamos, Vini!

 

 

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