Las mejores firmas madridistas del planeta

Decía Arrigo Sacchi que el fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes y no conozco a nadie en su sano juicio capaz de contradecir las sabias palabras del entrenador italiano. En una semana como esta en la que los madridistas tenemos partido de Copa de Europa y derbi liguero contra el Atlético de Madrid dicha afirmación se fortalece. Para los que nos gusta el fútbol, una semana así justifica cualquier tiempo de espera. Y ya era hora.

Tras dos semanas de privación de esa actividad placentera que es el Real Madrid, había mono de fútbol. Vivimos rodeados de polémicas en nuestro país. Polémicas interminables y a la carta de una prensa obsoleta y al servicio de una agenda que tiene sus propios intereses oscuros. La polémica de Luis Rubiales y sus terminales, crisis incluida en el seno de la selección femenina, y el Caso Negreira que cada tanto nos va brindado nuevas noticias nos sumen a todos en un plancton difícil de digerir. Y en ese ambiente viciado, solo el Real Madrid parece flotar inalterable y ajeno. Por eso, entre otros motivos, necesitábamos la vuelta a la normalidad futbolística.

Más Jude, menos Mbappé

El pasado domingo fuimos esquivos al célebre virus FIFA. Fue un buen partido. En líneas generales, bastante equilibrado. Incluso podríamos decir que la primera parte fue para la Real Sociedad y la segunda, nuestra. Una vez más tuvimos que remontar. Llevamos 5 victorias en 5 partidos, pleno total. Las dos últimas victorias en casa tuvimos que remontar a dos equipos difíciles en estos menesteres. Los dos laterales del equipo están muy bien. Fran García se coronó con dos asistencias y Dani Carvajal sigue siendo un puñal. El arranque de temporada del madrileño está siendo un recital.  Lástima que la mañana del martes supiéramos que nuestro lateral derecho sufre una lesión muscular y es duda para el derbi frente al Atlético de Madrid.

En caso de victoria, el Real Madrid daría un golpe en la mesa este domingo. Sacar 11 puntos al Atlético de Madrid sería casi descartar a los pupilos del Cholo Simeone de la pelea por el campeonato

Si hay una jugada que resume a la perfección al Real Madrid actual es la del gol del empate frente a la Real.  Sacamos de centro y se produce la magia. Es de admirar cómo se producen todos los movimientos en esa jugada de gol. La dinámica perfecta entre los jugadores coordinados y cómo estos van creando triángulos de superioridad. Digno de alabar la trascendencia de Federico Valverde de principio a fin flotando por todo el campo hasta el golpeo final. Mención especial para Fran García. El segundo gol fue fruto de un centro espectacular del canterano para un remate de cabeza de Joselu. Dos goles seguidos lleva el gallego. Importantísimo jugador de rol.

Rodrygo gol Atleti

Un derbi siempre es importante pero el de este domingo puede tener un significado especial. En caso de victoria dejaríamos al Atlético de Madrid a 11 puntos y tal ventaja puede ser letal a pesar de llevar tan poco tiempo de campeonato. El equipo del Cholo Simeone padece una falta de talento total en el centro del campo. Arriba depende de la profesionalidad de Álvaro Morata si tiene un día inspirado de cara al gol y del único talento nivel élite que posee, el francés Antoine Griezmann. Así pues, una victoria en el Metropolitano supondría un antes y un después para un Real Madrid sólido. Todos sabemos que en un duelo de esta características el que se proclama vencedor deja bastante tocado al otro y más si caes en casa y sales del derbi a 11 puntos de tu máximo rival.

En caso de victoria, el Real Madrid daría un golpe en la mesa este domingo. Si bien es cierto que con apenas 6 partidos jugados no podemos lanzar las campanas al vuelo, sacar 11 puntos al Atlético de Madrid sería casi descartar a los pupilos del Cholo Simeone de la pelea por el campeonato. No conozco un precedente histórico así y salvar una ventaja tan significativa con el Madrid es misión imposible. El domingo saldremos de dudas.

 

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Se ha anunciado que, en el próximo mal llamado clásico, y en virtud del acuerdo de esponsorización de Spotify, el Barça lucirá el nombre de los Rolling Stones en la camiseta. Se ha anunciado con total naturalidad, como quien te cuenta sin pestañear que Javier de la Rosa es muy amigo de Chomsky. Las noticias, al fin y al cabo, son así: te llegan de manera aséptica y te las tienes que repetir. En el próximo mal llamado clásico, y en virtud del acuerdo de sponsorización de Spotify, el Barça lucirá el nombre de los Rolling Stones en la camiseta.

La pregunta es directa y apremiante: ¿por qué? Lo más grave es que este tipo de acuerdos publicitarios suelen ser biyectivos, por lo que no solamente vamos a ver al Barça presumiendo de ser el equipo de los Stones (o algo parecido), sino que llegarán a nuestros ojos, a nuestros ojos ya de por sí exasperados, vídeos de Instagram, Facebook y TikTok de Mick Jagger diciendo Visca Barça, Ronnie Wood envuelto en la senyera junto a un póster de Pedri, Keith Richards emborrachándose en La Torrada mano a mano con Laporta. Lo cual es muchísimo peor.

Keith Richards

Los Rolling Stones no deberían tener nada que ver con el deporte. La sola idea de relacionarlos con cualquier actividad salubre es ofensiva para sus millones de seguidores, de varias generaciones, en todo el mundo. Pero, puestos a patrocinar via Spotify a un equipo de fútbol, habría sido deseable que dicho equipo estuviera vinculado al deporte sin trampas. Sus Satánicas Majestades pueden ser balas perdidas tal vez, cantos rodados por supuesto, tarambanas sin remedio, apóstoles del sex, drugs and rock’n’roll (aunque Wood cambiara el orden en una entrevista reciente). Pero no son una panda de sinvergüenzas, o no lo son en el sentido en que lo son en Can Barça. Para entendernos: los Rolling Stones no han pagado durante 17 años a la empresa responsable de los charts de ventas para que les sitúe en el número uno con cada nueva edición de un disco suyo, y si lo hubieran hecho jamás, ni ciegos de tripis, habrían tratado de desgravarse las facturas ante la British Tax Authority. El canallismo se hace con clase o no se hace, y entre una cosa y otra se abre un abismo mayor aún que el que separa al FC Barcelona de la decencia.

¿Quo vadis, Mick Jagger? Sympathy for the devil vale, pero for Negreira me parece demasiado

¿Quo vadis, Mick Jagger? ¿Por qué nos haces esto, cuando incluso desde La Galerna, concretamente a través de la docta pluma de Athos Dumas, os hemos postulado como la banda ideal para el concierto que ha de inaugurar el nuevo Bernabéu? Nos sentiremos legitimados para hacer campaña en sentido contrario, y defender la candidatura de Paul McCartney (aunque ya sé que toca en vuestro nuevo disco), como veamos a Keith —o Keithi, como sin duda será rebautizado— de azulgrana. La sola idea de que Keith Richards tenga algo que ver con Gavi es un sindiós de proporciones estratosféricas. Pon remedio a esto, ahora que aún estamos a tiempo.

The Rolling Stones

Spotify es sólo un canal comercializador de vuestra música. No debería tener la potestad de ligaros a causas moralmente perversas. Esta gente cree que unos rockeros borrachos y drogadictos pueden ser alineados con una panda de chorizos sobre la misma línea de falta de virtud. Aclaradles que no tiene nada que ver. Esto es imposible de tragar para vuestros fans, con la excepción quizá de vuestros fans culés, que por haber los habrá, pues hay culés que aún no se han enterado de que deben elegir entre el bien y el mal. Sympathy for the devil vale, pero for Negreira me parece demasiado.

 

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Hola de nuevo:

El madridismo y la victoria son dos conceptos que se hallan inexorablemente unidos. Incluso en esta época de relativismo, por lo general descreída de la verdad factual, la amplitud del palmarés blanco constituye un antídoto eficacísimo frente a cualquier menosprecio al respecto. Ante semejante realidad, tan indiscutible, el elitismo antimadridista —valga el pleonasmo—, incapaz de negar el “qué”, intensifica sus ataques hacia el “cómo”. Y lo hace aferrándose a dos leitmotivs, no por manoseados menos efectistas. Por un lado, a la ilegitimidad arbitral de los triunfos —el fiscal siempre es implacable: si hay un saque de esquina señalado erróneamente a favor, el partido se convierte inmediatamente en impugnable— y, por el otro, a la inferioridad estética —y por lo tanto moral— del juego desplegado para obtenerlos, que se decanta en el consabido estribillo popular: “El Madrid no juega a nada”.

El madridismo del siglo XXI se construyó en buena medida contra el antimadridismo, y no al contrario, como creen los ignorantes

Del primer punto poco se puede sacar. Incluso después de todo lo acontecido estos meses, uno podría hacer un esfuerzo y hasta debatir sobre tal o cual jugada concreta. Mas desengañémonos: resulta imposible convencer al borracho que, pese a que las llaves se le cayeron a una alcantarilla, las busca debajo de la farola porque allí “ve mejor”. Sin embargo, la segunda cuestión ofrece mayores aristas. El Madrid ha tenido períodos de brillantez futbolística indudable, pero también ha conseguido numerosos títulos aferrado al aprovechamiento anárquico de la calidad de sus jugadores, sin que medie una estructura tan reconocible como la de otras escuadras. Se me argumentará que también existe belleza en una carga desordenada y potente. O las ventajas de la flexibilidad y la adaptación. Cierto. Pero habrá que conceder que, lo que es condición necesaria —aunque no suficiente— para la victoria de la mayoría —es decir, un estilo definido y coral que se traduzca en automatismos y garantías— en el Madrid supone un extra tan agradable como accesorio. Algo prescindible en múltiples ocasiones. Circunstancia aprovechada por sus enemigos para el mencionado desmerecimiento. El eco de la legión azulgrana de unamunillos, empleado como último detente-bala, persiste en el ambiente tras cada triunfo del Real. Venceréis, pero no convenceréis.

Gol Bellingham Union Berlin

Todos los madridistas, pero muy especialmente los millennials —máximos sufridores del messi-guardiolismo—, hemos crecido bajo una hegemonía discursiva que siempre dejaba una nota al pie de página de cada victoria del Madrid. “No jugáis a nada, no jugáis a nada”. En ese contexto hostil, aprendimos medio obligados a reivindicar la excepcionalidad madridista en los instantes de descuento como un don antes que como una deshonra, convirtiendo en orgullo el pretendido desdoro. De la misma manera que las burlas sobre el acento andaluz refuerzan la identidad fonética del ofendido, encontramos casi mayor placer en una victoria en el minuto noventa, de rebote y producto de la insistencia, que en un 3-0, que parece hasta casi funcionarial y dolería menos a nuestros odiadores. No en vano el madridismo del siglo XXI se construyó en buena medida contra el antimadridismo, y no al contrario, como creen los ignorantes. Aunque, por otro lado, también quizá debamos admitir que nos gusta más el Madrid en sí que el fútbol. No existe otra explicación para la inmensa alegría con que celebramos el gol de Bellingham al Unión Berlín, incomparable a la que habríamos sentido con un contundente 5-0. Me dirás que disfrutar más de una victoria postrera, sufrida y vibrante que de tres puntos cómodos implica una cierta deriva patológica. Sin duda tienes parte de razón. No es la primera vez que te comento que una cosa es hacer de la necesidad virtud, y otra hacer de la necesidad vicio. De modo que habrá que instar a los muchachos a que, si pueden, cambien el guion en el próximo partido en el Metropolitano. Como medida de desintoxicación, y, por qué no admitirlo, de prevención del infarto de miocardio.

Cuídate. Volveré a escribirte pronto.

Pablo.

 

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Buenos días, amigos. Ayer por fin comenzó la Champions, porque hasta que no debuta el Madrid no empieza realmente, como la raíz de este adverbio indica. Se presuponía un choque no sencillo, pero propicio para ganarlo sin necesidad de recurrir a la épica, pero este Real Madrid se ha empeñado en llevar al límite la resistencia de nuestro corazón como si contase con acciones de alguna farmacéutica especializada en medicamentos para tratar la insuficiencia cardiaca.

El Union Berlin resultó una suerte de funcionario de la Agencia Tributaria que se sacudía de encima todas las alegaciones presentadas por el Madrid en forma de disparo, cabezazo o tijera, ya fuese por vía postal, electrónica, burofax o, mayormente, vía Joselu. El principal responsable de desbaratar cualquier ocasión de gol de los de Ancelotti fue, como es habitual, el portero, cuyo nombre, Rönnow, recuerda a una estantería de Ikea diseñada para apoyar cubalibres. Quien no contento con sacar manoplas como la que evitó un tanto antológico de Modric, dio orden a sus postes para que repelieran cualquier chut al cual él no llegase, como el remate ciclista de Rodrygo.

Esto fue en la segunda parte, porque la primera fue entretenida como contar el número de abultamientos pictóricos de un paramento vertical enlucido con gotelé. Plomiza es la palabra. Durante el segundo periodo, Carlo introdujo en la ecuación a Kroos y Valverde en sustitución de Tchouaméni y Camavinga y las ocasiones se sucedieron como se suceden las decepciones en una relación de amor no correspondida.

En el 93, minuto totémico, el 0-0 parecía inamovible, pero la fuerza del destino nos hizo repetir —no pretendemos que se os inserte la pegajosa canción en la cabeza—, y, en el 94 y como homenaje al portero de la Lazio, un gilicórner, como denominó Genaro Desailly en su crónica, propició el remate de Valverde que terminó con el balón botando plácido en miércoles en boca de gol, en el lugar donde por instinto se ubican los elegidos, para que Lord Bellingham empujase el esférico adentro de la meta de berlinesa.

El Madrid parece una novela romántica del Duque de Rivas. Al igual que don Álvaro no podía evitar acabar con todas aquellas personas que salían a su paso, Lord Jude no puede rehuir la fuerza del sino que le impele a marcar goles decisivos que derrotan rivales y suponen partidos, prestigio y dinero. Así lo reconocen las portadas madrileñas, hoy alegres y risueñas.

Portada As

«El Madrid de siempre». Salir, remontar, el rollo de siempre, golito al final, flipar a la gente (tampoco pretendemos que se os cuele esta melodía extrema en el cerebro). Los compañeros de As no han resistido y han sucumbido a utilizar la palabra «muro» en su portada, si bien no la han empleado en el titular ni la han acompañado con «de Berlín». De paso, nos informan que el gol de Jude sucedió en el remate número 32 sobre la portería alemana. Ha habido temporadas enteras en las cuales no ha llegado a rematar 32 veces entre todas las competiciones el Atlético de Madrid.

Portada Marca

«Se bautiza en milagros» titula Marca en alusión a Bellingham. Creemos que Jude se cayó en la marmita de los milagros al nacer y desde entonces está impregnado por la Providencia. Está dándole la razón a quienes sostienen que el Madrid contrató a Jude con la intención de que fuese el Benzema del equipo. Karim era un delantero bastante centrocampista y Bellingham es un centrocampista bastante delantero. Lo que no esperaban es que las cualidades de Raúl González también adornasen al cinco merengue.

Sea como fuere y más allá de la crítica necesaria y razonable de la cual no debe estar exento el Madrid —ni nadie—, por su propio bien, no conviene olvidar que este equipo, vilipendiado por propios y ajenos, suma seis victorias en seis partidos con las bajas del mejor portero del mundo, el mejor central del planeta y su futbolista más determinante. Pleno de partidos ganados sin Courtois, Militao ni Vinícius. Y sin nueve.

Portada Mundo Deportivo

En Mundo Deportivo también catalogan lo de Jude como milagro. Lo hacen en chiquitito porque el Madrid ganó. Su portada es para los Joãos, Félix y Cancelo, de quienes dice que hablan. Entendemos que hablarán de cómo inscribir jugadores cuando no se cumplen, un año más, las normas que rigen la inscripción de futbolistas.

Portada Sport

Sport opta por hablar del presente y del futuro sobre una fotografía de Xavi con el mismo aspecto que luce un bohemio el domingo por la mañana tras una jornada de catorce horas de fiesta. Frontispicio autárquico para consumo interno con las cuentas de la lechera hechas en base a los jóvenes de la plantilla. Ya sabéis que siempre se dice que la cantera del Barça es maravillosa, sobre todo en comparación con la del Madrid, y luego uno observa que, pasados los años, solo aguanta Sergi Roberto, el resto de canteranos sufren el efecto gaseosa, debutan por todo lo alto y pasados dos o tres años desaparecen. Mientras en el Madrid perduran más.

En la tragedia romántica del Duque de Rivas, muere hasta el apuntador de una película de Tarantino, incluida doña Leonor, amada de don Álvaro, el cual decide quitarse la vida reconociendo el destino trágico que se cierne sobre él. En el Madrid romántico de Ancelotti, sucumben los rivales, a veces como por ensalmo, ante la presencia de Jude. Esperemos que esta ansiedad no acabe con la amada afición. Pero a diferencia de don Álvaro, Lord Jude está encantado con su sino.

Pasad un buen día.

Hay retornos que despiertan nostalgia. Y eso ha sucedido con la vuelta de Sergio Ramos, aunque no haya sido a Chamartín. La trayectoria del sevillano como jugador blanco, por su talento y corazón, terminó por recordar a uno de los mitos con mayúsculas del madridismo: José Martínez, Pirri. Ambos llegaron al Bernabéu con 19 años, los dos procedentes de un club andaluz (Sevilla y Granada) y tanto uno como otro protagonizaron una gesta europea que, en el caso del ceutí, merece la pena recordar. No en vano, fue el protagonista indiscutible de la primera gran remontada europea del Real Madrid.

Corría la temporada 75/76, primera completa después de Miguel Muñoz (9 Ligas, 2 Copas de Europa, 1 Intercontinental y 2 Copas). Pirri ya era uno de los estandartes de un vestuario en el que, entre otros, estaban Santillana, Camacho, Benito, Breitner, Del Bosque, Netzer, Amancio y Miguel Ángel. Oro puro. Era el Madrid de Miljanic, pionero en mostrar a los jugadores el camino del gimnasio. Hasta ese momento, la preparación física era un atrezzo de los entrenamientos con balón.

Vigente campeón de Liga, la Copa de Europa del Madrid de ese año siempre será recordada. Y eso que no se pudo conquistar. Superado el primer escollo, el Dinamo de Bucarest (4-1 y 1-0), llegó la eliminatoria clave, la que puso la primera piedra de la catedral del ADN madridista. El simple hecho de mencionar Derby County ya agita los corazones. Y con toda la razón.

Derby County-Real Madrid

Por aquellos años, salir a Europa era un trago amargo. Los equipos alemanes e ingleses, más que otros, practicaban otro juego. Uno más veloz, más físico, más prosaico, si quieren. Llevarte un saco de goles estaba casi asegurado. Y no sería diferente contra el Derby. Los ingleses habían sido semifinalistas de la Copa de Europa dos años antes, por lo que no admitían ninguna broma.

La ida, celebrada en un Baseball Ground que registró la mejor entrada de su historia, fue una hecatombe blanca. Todo lo que pudo salir mal, aconteció peor. Cuatro goles furiosos, arrebatados, inapelables. Entre el desconcierto y la confusión, sólo un hombre del Real Madrid quedó de pie. Lo han adivinado. Pirri no era impresionable y un gol suyo mantuvo el hilo de la esperanza. Incluso anotó un segundo tanto, pero juez de línea prefirió salir vivo de allí y levantó el banderín por un fuera de juego de cartón (no se le ha encontrado ninguna filiación con Negreira, descuiden).

Pirri fue el protagonista indiscutible de la primera gran remontada europea del Real Madrid

Habría que vencer por al menos tres goles de diferencia en el Bernabéu para superar la eliminatoria. Todo parecía perdido. Pero las gestas viven de negar lo imposible. Y ahí es donde el Real Madrid se encuentra cómodo. A lomos de un Camacho alentador y de un Pirri enarbolando la bandera y el alma, el fútbol estaba a punto de contemplar un momento histórico: la primera conjura del Bernabéu.

La afición llegó inflamada. Las pancartas, los gritos, el empuje… pero, al descanso, los ánimos llegaron a apagarse: sólo 1-0 en el marcador. Dos goles en cinco minutos (Roberto Martínez en el 51’ y Santillana en el 56’) volvieron a incendiar el estado. Ya estaba hecho. Pero no, restaba el último giro en el guion. Un gol de Charlie George pareció derrumbar lo conseguido. La gloria, a dos goles. Era el momento de Pirri.

Real Madrid-Derby Conty

Minuto 83. Amancio, la finta y el arrebato, provocó un clarísimo penalti y el Bernabéu enmudeció. De convertirlo, al menos se provocaría la prórroga. Era ahora o nunca y el silencio se hizo más ruidoso que nunca. ¿Quién tendría el arrojo suficiente para acallarlo? El 7 blanco lo tuvo claro y le cedió el balón a Pirri, que no dudó y marcó. Después llegó el tiempo extra y uno de los tantos más bellos de Santillana culminaron la remontada. Pero la clave estuvo en aquellos once metros y largos segundos expresados por el centrocampista del Madrid años después: “Cuando lo tiré sólo pensaba en que lo metía seguro y que nos íbamos a la prórroga. Pero después de abrazarme a mis compañeros y de ver a alegría de la grada del Bernabéu me entró un sudor frío, me quedé casi helado. Noté que había podido ser terrible si llego a fallarlo. Curiosamente me entró el miedo cuando ya había pasado todo. Eso nos salvó. Fue una sensación rarísima, pero por suerte pasó rápido porque todavía teníamos treinta minutos por delante y necesitábamos otro gol”.

Tras superar al Derby, el Madrid eliminó al Borussia Mönchengladbach, pero cayó en semifinales contra el Bayern de Múnich, por aquel entonces todavía un Bestia muy Negra. Pero no importó. Derby y el papel de Pirri, que mostró a su sucesores el camino, quedaron para siempre en la memoria del madridismo como la remontada fundacional. Fue el inicio de un mito interminable.

 

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Kepa: APROBADO. Poco exigido. Algo nervioso en algún lance.

Lucas Vázquez: APROBADO. Peleón pero desafortunado, aunque puso algún buen centro.

Alaba: APROBADO. Algo perdido en el lateral, pero lo compensó con algún quite providencial en los contragolpes del Union en el segundo tiempo.

Rüdiger: NOTABLE. El mejor de la defensa.

Nacho: SUSPENSO. Calamitoso partido. No dio una a derechas.

Tchouaméni: APROBADO. Buenos detalles, sobre todo defensivos, pero poco convincente en general y con alguna entrada innecesariamente fea.

Camavinga: APROBADO. Le salva alguna jugada aquí y allá, pero muy desdibujado. Este cronista comete a veces el sacrilegio de pensar que debe volver al lateral.

Modric: APROBADO. Flojo en el primer tiempo. Mucho mejor en el segundo, mientras le duró el combustible.

Bellingham: APROBADO. Su partido menos inspirado no impidió que volviera a ser el héroe. Tiene el don.

Rodrygo: APROBADO. Inoperante en el primer tiempo, bullicioso (como todos sus compañeros) en el segundo.

Joselu: NOTABLE. El equipo ahora juega demasiado a meterle balones a la olla, pero esa no es su culpa. Se exhibió como un rematador fabuloso, aunque la fortuna del gol se le escapara, casi nunca por demérito propio.

Valverde: NOTABLE. Trajo nuevos bríos desde el banquillo.

Kroos: NOTABLE. Puso orden y clarividencia viniendo del banquillo.

Fran García: APROBADO. Aportó.

Brahim: NOTABLE. ¿Por qué no juega más?

Ancelotti: APROBADO. Tocó las teclas apropiadas para la revolución de juego del segundo tiempo, aunque por supuesto él también es responsable del primero.

 

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Arbitró el noruego Andreas Eskås. En el VAR estuvo el italiano Massimiliano Irrati.

El choque comenzó con una de las amarillas más tempranas que se recuerdan en mucho tiempo. A los 38 segundos Tousart fue amonestado por agarrar a Modric en un ataque prometedor. El noruego quiso poner autoridad al partido aunque más tarde bajó el listón, porque Lucas, que enseñó los tacos a Laidouni, y Gosens, tras un pisotón a Modric, pudieron ver también la amarilla. El que no se libró, y de forma justa, fue Tchouaméni con una acción bastante dura, fuerte y aparatosa ante el checo Kral en el minuto 36.

En la segunda mitad no tuvo tampoco excesivos problemas. La jugada polémica fue un disparo de Joselu en el 76' interceptado por Doekhi entre el pecho y el brazo. Sin embargo, la mano no era punible porque es una acción de las que el brazo está en contacto con el césped. Por lo demás, dejó seguir el juego en una posible falta de Kroos sobre Aaronson en la frontal del área y en una acción de Gosens sobre Lucas Vázquez cerca del pico del área en las que pudo haber hecho sonar su silbato.

La única amarilla del segundo tiempo fue para un miembro del banquillo teutón que no pudimos identificar debido a la falta de imágenes en la televisión.

Eskås, BIEN. Para ser su debut en el Bernabéu estuvo muy correcto y pasó bastante desapercibido.

 

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Pese a firmar quizá su partido más flojo desde su llegada al Madrid, Jude Bellingham volvió a obrar el milagro en el último suspiro, rentabilizando un asedio intenso del Madrid al Union Berlin en el segundo tiempo.

Ancelotti presentó un once con una defensa recompuesta por la lesión de Carvajal y la decisión de dejar a Fran García en el banquillo. Alaba se situó como lateral izquierdo y Nacho como central, lo que en principio suele tener más sentido que lo contrario, mientras Lucas Vázquez formaba como lateral derecho con la misión de abrir el campo compensando los efectos de estrechez del rombo.

A centro del gallego estuvo a punto de marcar Joselu en el minuto 6, si bien incluso antes había rematado con peligro un excepcional pase de Bellingham. Joselu remata un piano de cola a poco que haya a mano un cañón lo suficientemente ancho como para dispararlo. El Madrid mostraba en los primeros compases, de hecho, una cierta fijación con el balón aéreo al canterano, con quejas visibles de Luka Modric al respecto. Una cosa es que Joselu sea un jugador más que aprovechable, y otra que deba monopolizar las alternativas ofensivas del Real Madrid.

Joselu Modric Union Berlin

Sin embargo, los alemanes se empleaban con sentido y sembraban alguna inquietud con balones laterales bien despejados por Rüdiger pese a buscar a Behrens. Behrens es un Joselu pasado por el tinte, si bien en el caso del Union Berlin se justifica con mayor facilidad, dada su mayor tosquedad técnica, el depender de un tanque de los de toda la vida.

No discurría el primer tiempo por los canales más tranquilizadores, con un Camavinga desconocido, un Modric poco inspirado y un Tchouaméni que alternaba buenos robos de balón con acciones impropias, como la que le valió una tarjeta amarilla innecesaria. Por su parte, Bellingham se mostraba perdido y Rodrygo en su línea reciente de irrelevancia.

Y con este panorama de jugadores que parecían estar muy por debajo de su nivel se llegó al descanso con 0-0 y la preocupación reinando en el ambiente.

El segundo tiempo arrancó con otros bríos. Rodrygo se fue a la derecha y desde allí generó una doble ocasión, disparando primero al cuerpo de Rönnow y enviando acrobáticamente al poste a continuación. El Madrid apretaba como no lo había hecho en la primera mitad, con Joselu de nuevo obligando a intervenir al portero alemán al rematar un pase de la muerte de Camavinga.

Pese a firmar quizá su partido más flojo desde su llegada al Madrid, Jude Bellingham volvió a obrar el milagro en el último suspiro, rentabilizando un asedio intenso del Madrid

A falta de media hora para el final, Joselu remató de cabeza un gran centro de Rodrygo y Rönnow la salvó heroicamente con ayuda de su poste, otra vez. Las sensaciones eran muy otras, y la entrada al campo de Kroos y Valverde por los dos centrocampistas franceses de los blancos avivó el ímpetu de la afición.

Las ocasiones se sucedían. Rönnow, héroe de la tarde, como suele pasar en el Bernabéu con todos los guardametas del orbe, mandó a córner un zapatazo de Modric, y Rodrygo no pudo recibir apropiadamente, en el área pequeña, un gran balón del propio Modric. Se diría que la entrada de Brahim habría podido aportar en la tarea de abrir la lata, pero Ancelotti parece tener ojeriza al malagueño.

Las ocasiones se sucedían (no, el lector no está de nuevo en el párrafo anterior). Rüdiger remató un córner fuera por poco. Joselu reclamó penalti por una mano que no pareció punible. Los córners caían uno tras otro sin acierto alguno en su ejecución. Frustrante. Por fin decidió Ancelotti dar minutos a Brahim. Se agotaba el tiempo. El enésimo remate de Joselu, esta vez a pase de un apagado Bellingham, se fue rozando la madera, y Rodrygo remató trastabillado una combinación con Brahim.

Hasta que finalmente, en la agonía del encuentro, el enésimo gilicórner no resultó tan gili. Resbaló el marcador de Valverde, que chutó desde la frontal. El barullo de piernas resultante del rechace lo encauzó a la red Bellingham. Quien tiene el don, a veces, no necesita el brillo. Minuto 94, en homenaje al portero de la Lazio del mismo dorsal, y Bellingham de nuevo ejerciendo de redentor. He’s got it.

Gol Bellingham Union Berlin

 

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Los grandes jugadores siempre van unidos a momentos estelares. La “mano de Dios” de Maradona, la volea de Zidane o aquel gol de falta de Roberto Carlos son ya inmortales. En el caso de Sergio Ramos, decir “minuto 93” hace que a muchos madridistas se nos ilumine la cara, y los atléticos conserven la que tienen siempre. Sea como fuere, Sergio Ramos es ya historia no del Madrid, sino del fútbol mundial.

En el caso de Sergio Ramos, decir “minuto 93” hace que a muchos madridistas se nos ilumine la cara, y los atléticos conserven la que tienen siempre

En su etapa como madridista ha ganado cinco Ligas, cuatro Champions, cuatro Mundiales de Clubes, tres Supercopas de Europa, cuatro Supercopas de España y dos Copas del Rey. Gracias a ello ha sido convocado en 181 ocasiones con la selección española, con el resultado de un Mundial, dos Eurocopas y un Europeo sub-19. Parece claro, pues, que Sergio Ramos ha ganado con el Real Madrid y el Real Madrid ha ganado con Sergio Ramos. Y durante los 16 años que vistió la camiseta blanca, su liderazgo dentro y fuera del terreno de juego fue notable. Tuvo, como todos, sus “momentos”, pero habida cuenta de lo muchísimo que nos ha dado, es mejor quedarse con esto último.

Ramos

Nadie está por encima de Real Madrid, ni siquiera Sergio Ramos. Tampoco es fácil irse de aquí. Dos leyendas de este deporte, Di Stefano y Cristiano Ronaldo, tuvieron una marcha más agridulce de lo que habrían querido y, sin embargo, son y serán historia. De entre todas nuestras estrellas, quizá Marcelo haya sido quien mejor ha sabido despedirse como Dios manda. En el caso del sevillano, rechazó la oferta de renovación del club —arrepintiéndose cuando ya no había remedio— y puso rumbo al PSG. Ahora ha firmado por su primer club, el Sevilla, donde previsiblemente se retirará. A su llegada, ha pedido perdón por “errores pasados”, algo que ni ha sido entendido por los ultras del Sevilla ni por ciertos madridistas que no ven —vemos—  necesidad de semejante gesto.

Quién sabe si Sergio Ramos aún no ha metido su último gol importante para nosotros

Por partes. Sergio Ramos es un tipo que siente el Madrid. También el Sevilla; nunca lo ha ocultado. En toda su excelsa trayectoria ha brillado más por su fútbol que por sus declaraciones y, por qué no decirlo, por algunas decisiones al albur de su “entrono”. ¿Sobraban esas disculpas? Probablemente. ¿Tan graves son? Qué va. Si eso mismo lo hubieran dicho Arbeloa o Xabi Alonso otro gallo cantara. Pero no. Ramos dice lo que dice cara a una galería de cafres e iletrados que sólo saben gritar, y ahí debiera acabar todo. Sergio Ramos es pasado, un pasado glorioso como pocos, pero pasado. Su presente no es asunto nuestro. Y si alguien duda, minuto 93. Quién sabe si aún no ha metido su último gol importante para nosotros.

 

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Es cierto que solo fue un gesto furtivo, desapercibido para la mayoría, casi íntimo. Pero fue la perfecta sinopsis que lo confirma nuevamente todo. Para un hipocondríaco como yo no hay mayor satisfacción que la del deber cumplido, un placer oculto, casi físico, que no es otra cosa que ver refrendados tus temores por el médico. Una victoria pírrica que trasciende a la ciencia infusa. Ese placer se produce cuando hay caso más allá del síntoma. Fue ese mismo placer callado el que sentí al ver al linier desplazar la pelota, casi con mimo, hacia el portero del Real Madrid el domingo. Un acto reflejo, todo un desnudo integral bajo el foco. Tan solo hice lo que correspondería a alguien acusado tantas veces de excesivo cuando del Madrid se trata, mirar a los lados buscando cómplices, deseaba gritar al viento que había caso.

Linier campo Kepa

Este deporte en este país se está convirtiendo en un circo de cuatro pistas. Aguas turbias de las que las portadas y hasta las casas de apuestas son custodio. La asistencia del linier es únicamente un ladrillo más en ese muro de la vergüenza que son la Liga y sus derivadas judiciales, políticas y sociales. Pero seguimos ahí, inusitadamente callados, el viento de cara, los dientes apretados.

Genio y ansiedad, como el título del más que recomendable libro de Norman Lebrecht. Posiblemente, las dos turbinas que mueven el corazón blanco. Las alas que nos elevan sobre la regla recursiva de las lesiones, contra el marcador adverso en el minuto 93, frente a los presuntos jueces de la contienda o las imágenes sesgadas. Frente a los clubes amigos del enemigo y sus rotaciones, inoperantes ante el poder como una cabaña de vacas viendo pasar un tren bochornoso en el que se alejan sus esperanzas económicas y parte de su dignidad histórica.

La asistencia del linier es únicamente un ladrillo más en ese muro de la vergüenza que son la Liga y sus derivadas judiciales, políticas y sociales

El Madrid son unas espaldas anchas, de estibador, de leñador de los Urales sobre las que descansa La Leyenda. Unas espaldas que, no obstante, merecen el alivio de confirmar nuestras sospechas de cuando en cuando.

Y es que desde que despertamos ya nada es igual, el prisma es otro. Cualquier gesto es ahora claro a los ojos, voraces por saber más. Champollion y Turing debieron de sentir algo así. Aquellos falsos informes y aquellos pagos son nuestra piedra Rosetta descifrada, un código Enigma al descubierto. Por ello, como un animal herido, toca avivar la ansiedad para enfrentarnos a todo porque, asumámoslo, estamos solos. Únicamente de ella, del miedo al fin, brotará el genio, por pura supervivencia. Relajarse es morir, no hay plan B. Eso o tomar unas tapas en La Torrada y preguntar por el dueño pero todos sabemos que ese no es nuestro estilo, también por eso no somos como ellos.

Siempre hay esperanza, hay un patrón y hay un plan. Nadie dijo que fuera fácil, como lo es ir a favor de obra. Tal vez no es sólo la capacidad deportiva lo que se busca en un jugador que se enrole en este Día D. Ese genio que confluye en muchos de los nuestros, una extraña maravilla botánica en extinción, nos permitirá prevalecer sin olvidar algo que hay que recordar al mundo aún hoy: aunque hostigado, el predador seguimos siendo nosotros.

 

Getty Images.

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