Hay algo particularmente incómodo en los parones de selecciones cuando llegan en el peor momento posible. No porque el fútbol internacional no tenga su importancia, ni porque los compromisos con los combinados nacionales no formen parte del calendario natural de la temporada, sino porque rompen dinámicas, enfrían sensaciones y obligan a los aficionados a detenerse justo cuando más disfrutaban del camino. Dos semanas sin fútbol de clubes siempre se hacen largas, pero cuando el equipo al que sigues atraviesa su mejor momento, el tiempo parece dilatarse aún más, como si el reloj decidiera jugar también en contra del ritmo competitivo.
El Real Madrid había alcanzado, por fin, ese punto en el que todo parecía encajar. No era solo una cuestión de resultados, aunque estos acompañaban y reforzaban la sensación general. Era, sobre todo, una cuestión de fútbol, de ver al equipo moverse con naturalidad, con confianza, con la seguridad que solo aparece cuando las piezas han terminado de ajustarse. Después de meses de búsqueda, de pruebas, de cambios obligados y de momentos irregulares, el conjunto blanco parecía haber encontrado ese equilibrio que tanto se había perseguido. Había algo diferente en la manera en la que el equipo encaraba los partidos.
Más madurez en la gestión de los tiempos, más control en el centro del campo, mayor contundencia en ambas áreas. Incluso los momentos de dificultad se afrontaban con otra serenidad, sin la ansiedad que en ciertos tramos de la temporada había condicionado el rendimiento. El Real Madrid parecía haber encontrado ese punto en el que no solo compite, sino que también convence. Por eso, el parón llega como un pequeño golpe a la inercia. Porque el fútbol, más que ningún otro deporte, vive de dinámicas. De rachas, de estados de ánimo, de automatismos que se construyen con el paso de los partidos. Cuando un equipo está en crecimiento, cada encuentro suma, cada victoria refuerza y cada actuación alimenta la confianza colectiva.
Interrumpir ese proceso, aunque sea por un periodo relativamente corto, genera siempre una sensación incómoda, como si el impulso se quedara suspendido en el aire. Para el aficionado, además, la espera se vuelve especialmente pesada. Acostumbrado a la rutina de cada fin de semana, a las noches europeas, a la conversación constante que genera el fútbol de clubes, ese vacío se nota. Las selecciones ocupan espacio, pero no llenan del todo ese hueco emocional que deja el equipo propio. Ni la cercanía del Mundial lo consigue. El seguidor del Real Madrid no solo quiere ver fútbol; lo que quiere es ver a su equipo, quiere seguir el camino que estaba construyendo, y quiere comprobar si las sensaciones se consolidan.
Más aún cuando la temporada entra en su fase decisiva. Porque no se trata de cualquier momento del calendario. Los meses finales son los que definen todo. Los que separan las buenas temporadas de las memorables. Los que convierten las sensaciones en títulos o las dejan en promesas incumplidas. Y el Real Madrid había llegado a este tramo con la impresión de que el equipo estaba preparado para competir por todo. La Liga entra en su recta definitiva, donde cada punto pesa más que nunca y donde los errores se pagan con mayor dureza. Ya no hay margen para relajaciones, ni hay espacio para tropiezos innecesarios. Cada jornada se convierte en una pequeña final, en un examen continuo que mide la consistencia de los aspirantes.
En este contexto, el parón no solo corta la dinámica, también obliga a resetear la concentración, a volver a encender la chispa competitiva después de dos semanas de dispersión. A esto se suma, además, el horizonte europeo. La Champions League, ese territorio donde el Real Madrid ha construido buena parte de su historia, vuelve a aparecer en el momento más exigente. El cruce contra el Bayern de Múnich no es uno más. Es un enfrentamiento que huele a historia, a noches grandes, a esas eliminatorias que se deciden por detalles mínimos.
A veces, la pausa no es solo una interrupción; también puede ser una oportunidad. Sin embargo, al aficionado le cuesta verlo así. Porque la emoción del momento invita a querer que todo continúe sin interrupciones
Es el tipo de duelo que exige al equipo en su máxima expresión, sin margen para dudas ni para falta de ritmo. Nadie, y cuando digo nadie incluyo a madridistas y a no madridistas, se esperaba hace mes y pico confiar en poder eliminar al que es sin duda en estos momentos el mejor equipo del mundo, pero cuando el Real huele la primavera, todo cambia. Precisamente por eso, el parón genera una sensación contradictoria. Por un lado, interrumpe la dinámica positiva. Por otro, ofrece un pequeño respiro antes de la tormenta. Porque lo que viene después no da tregua. Una sucesión de partidos en los que cada resultado tendrá consecuencias directas. Un calendario comprimido en el que la exigencia será máxima desde el primer minuto.
El Real Madrid, además, sabe mejor que nadie lo que significa este tramo de la temporada. La gestión física, la concentración, la capacidad de competir incluso en los días menos brillantes. Todo cuenta cuando el calendario aprieta y los objetivos están en juego. En este sentido, el parón también puede interpretarse como un momento para tomar aire. Para que los jugadores recuperen energía cambiando de ciudad y de compañeros, para que los lesionados tengan tiempo de acercarse a su mejor versión, para que el cuerpo técnico pueda ajustar detalles sin la urgencia inmediata del siguiente partido.
A veces, la pausa no es solo una interrupción; también puede ser una oportunidad. Sin embargo, al aficionado le cuesta verlo así. Porque la emoción del momento invita a querer que todo continúe sin interrupciones. Cuando el equipo engancha, cuando el fútbol fluye, cuando las sensaciones son positivas, la lógica emocional pide continuidad. Dos semanas sin ver al Real Madrid se hacen largas, casi innecesarias, especialmente cuando el calendario había empezado a tomar ese ritmo que tanto engancha. Por eso, el parón se siente como una pausa en medio de la mejor parte de la película. Justo cuando la trama se vuelve más interesante, cuando el ritmo acelera, aparece un corte que obliga a esperar.
Y la espera, en estos casos, siempre se hace más larga de lo que marcan los días. Pero también hay una lectura más calmada, más reflexiva. Quizás este sea el último momento de tranquilidad antes del vértigo. Porque cuando regrese el fútbol de clubes, no habrá espacio para respirar. Cada semana traerá un nuevo desafío. Cada partido tendrá un peso específico. La Liga exigirá regularidad absoluta y la Champions League pedirá noches de máxima concentración. El Real Madrid afrontará ese tramo final con la sensación de estar preparado, con la confianza que da el buen momento futbolístico y con la convicción de que el equipo ha encontrado su mejor versión justo cuando más lo necesitaba. Y eso, más allá del parón, es lo que realmente importa. Cuando el fútbol de clubes regrese, el Real Madrid volverá a jugarse la vida en cada partido, y el tiempo, ese que ahora parece ir más despacio, volverá a acelerarse hasta el último minuto de la temporada.
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Buenos días. ¿Qué hacemos con nuestro equipo femenino? Ayer, volvió a ser humillado por el eterno rival. No es noticia. Nunca lo ha sido, desde la creación de la sección en 2020. En estos 6 años, el equipo no ha ganado ningún título y es sistemáticamente apalizado por el Barcelona. Es una rutina. Al lunes sigue el martes, a marzo sigue abril y al sonido del silbato sigue una goleada de las azulgranas a las blancas.
La única intriga que ofrece la celebración de un Madrid-Barça femenino es el número de goles que nos van a endosar. ¿Será el habitual 4-0? ¿Estaremos un poco más dignas y esta vez solo nos meterán 3? Ayer la cosa fue especialmente lacerante y además en casa. Nos cascaron un 2-6, marcador que no solo incita a la cruel chanza con sus reminiscencias tenísticas, sino que coincide con el de una de las mayores afrentas futbolísticas que el equipo masculino ha padecido ante el rival. Por el mismo precio, nos destrozaron y homenajearon aquella otra tarde en que sus hombres destrozaron a los nuestros. Como era de prever, su prensa afín no escatima un ápice de vitriolo y nos tortura con el marcador de ahora, remontándose también al de entonces por si no estuviéramos suficientemente jodidos.
El Real Madrid creó, a través de la absorción del Tacón, su sección de fútbol femenino hace 6 años, y lo hizo en respuesta a una demanda social (y sobre todo mediática) que necesitaba ser satisfecha. Todos los grandes de Europa tenían sección de balompié de mujeres, y era un hecho incontestable que la entidad no podía prolongar por más tiempo su condición de excepción.
Florentino Pérez hizo lo correcto estableciendo la sección, que quizá debió instaurarse años antes. Lo que probablemente no calculó es que, una vez cumples con la demanda social, te corresponde cubrir la deportiva, que consiste básicamente en que la sección sea digna del escudo que luce, lo que a su vez se traduce, como mínimo, en tener un equipo capaz de competir todos los títulos en liza y, a nivel nacional, suponer como mínimo una resistencia digna a las mujeres del FC Barcelona, con expectativas algo mejores a que te destrocen en cada duelo directo. Pese a que las mujeres suelen maquillarse más que los hombres, a nadie le gusta que le pinten la cara.
Cada nueva campaña se afronta con escepticismo, y con la completa certeza de que las blaugranas te van a volver a superar de manera sonrojante en todas y cada una de las ocasiones en que te las cruces. Hay grandes jugadoras en el plantel, en particular Caicedo y Weir, pero el resto no acompaña, y la diferencia de calidad con el Barça es abrumadora año tras año. El nivel tampoco da para competir en Europa, lo que es casi más doloroso aún.
Cerrar la sección no es una opción. Supondría un oprobio histórico, una rendición y una regresión que volvería a convertir al Madrid en una anomalía entre los grandes clubes. Pero seguir perdiendo así, sin ilusión ni expectativas, tampoco puede serlo, porque se da de bruces con la esencia misma de la institución, que es identificada en todo el planeta como la entidad deportiva ganadora por excelencia.
Por tanto, la única salida posible es reforzar el equipo y seguir apretando los dientes. Según las últimas cuentas publicadas, la sección ya no es deficitaria merced a los patrocinios que proporciona, lo que debería inclinar la balanza hacia la idea de una mayor inversión. La diferencia competitiva con el Barça no va a enjugarse si no se pone más dinero al servicio de esa causa.
Por otro lado, es comprensible el continuo perfil bajo de los fichajes del club si uno tiene en cuenta el escaso apoyo real a la sección por parte del público. Perder la cabeza invirtiendo fuerte en una sección que no arrastra a la gente a Valdebebas (el recinto del Alfredo Di Stéfano, si bien molesto en cuanto a tamaño de las gradas, jamás está ni medianamente cerca de llenarse) tampoco parece tener mucho sentido. Hay una hipocresía de fondo en la consideración social de la sección, una contradicción palpable: se exigió su creación y se critican sus fracasos, pero la importancia que se le confiere se circunscribe a las quejas. Cuando se trata de ir al Di Stéfano a animar, por allí no aparece ni el proverbial Tato.
Es por tanto un tema complicado. Resulta doloroso ver la situación del equipo, pero no parece haber un claro camino hacia adelante ni hacia atrás.
Marca, por su parte, da la enésima vuelta de tuerca al asunto de la presunta confusión de rodilla de Mbappé. Ya sabéis que se ha publicado que los servicios médicos se equivocaron de pierna al examinar la lesión del francés, algo que el propio delantero negó ayer.
Resulta que a Marca, por lo que sea, le ha venido fatal que lo niegue, por lo que intenta retorcer las declaraciones exactas de Kylian con el fin indisimulado de seguir enredando. Como Kylian confiesa que puede haber sido “responsable indirectamente” de algo, el diario concluye que “existió alguna confusión”. Nosotros no sabemos lo que pasó ahí, pero sí sabemos que Kylian no dejó entrever nada parecido. Si Marca quiere insistir en que los servicios médicos se equivocaron de rodilla porque eso les dicen sus fuentes, que lo hagan. Pero que no pretendan hacer ver que Mbappé refrenda sus tesis, porque no lo hace.
Por nuestra parte, pensamos que no hace falta que haya tenido lugar una calamidad como lo de la presunta rodilla equivocada para concluir que la labor de los servicios médicos del club ha dejado mucho que desear en los últimos tiempos. Basta con mirar las inusitadas cifras de lesiones para concluir que así ha sido. El Madrid espera sortear este problema gracias al retorno de Mihic a la jefatura de esos servicios.
Veremos.
Por lo demás, As comete la asombrosa extravagancia de mostrar lo que parece un genuino interés por los partidos de selecciones nacionales que se disputan en estos días. También hay aficionados a la papiroflexia y el curling. Son sus costumbres y hay que respetarlas.
Pasad un buen día.
Último parón de selecciones, y yo lo agradezco. De aquí hasta que vuelva mi Madrid, pasión y recogimiento. Inevitablemente, poco silencio tendremos, pues la vida moderna es un motor permanentemente encendido que nos agobia aunque tratemos de permanecer ajenos al ruido de fondo. Porque la cháchara mediática siempre busca actuar de altavoz drenando lo mejor de tu interior. Sin ir más lejos, esa es la intención última de tantos voceros de la prensa oficialista o de esos nuevos demagogos refugiados en las redes como aparentes antisistema. Todos cortados por el mismo patrón: dar por saco al buen hombre de la calle.
Siguiendo el ejemplo de Álvaro Arbeloa, conozco a varios amigos madridistas que están adoptando su postura espartana como modo de estar en la vida. Podemos observar que nuestro entrenador inspira a algunos aficionados que ven en él un ejemplo de superación. A su vez, Arbeloa podría ser el modelo de conducta en el cual se inspiró el poeta Rudyard Kipling cuando nos ofreció su célebre poema If.
Si bien es cierto que dicho poema podría ser el manual de héroes mitológicos o ciudadanos llanos, los versos del escritor británico parecen despertar siempre al hombre más inquieto cuando la vida en sociedad le atosiga con múltiples distracciones. Las obligaciones o demandas del común, esos territorios difusos donde campan el hombre de negocio y el político, siempre amenazan al hombre más bondadoso con promesas vanas que pueden acabar convirtiéndole en uno de esos hombres grises de los que hablaba Michael Ende en su novela infantil Momo.
Para fortuna de todos, Álvaro Arbeloa jamás fue ni será un hombre gris. Ni como jugador ni como entrenador, Arbeloa es un tibio. Te podrá gustar más, pero no podrás decir que no es un hombre que actúe de acuerdo a sus parámetros. No llama a engaño a nadie, tampoco se disfraza de falso humilde. Como entrenador es un recién nacido en la élite, pero él posee ya una trayectoria en el fútbol de formación.
Podemos observar que Arbeloa inspira a algunos aficionados que ven en él un ejemplo de superación
De hecho, este conocimiento directo de la cantera posibilita la inmersión total de Thiago Pitarch en el 11 inicial. Y detrás de esta irrupción, otros nombres: Joan Martínez, David Jiménez, Manuel Ángel, César Palacios y Cestero. Por lo que podemos constatar, Arbeloa da respuesta a todos aquellos que se preguntaban si en la cantera había talento para el primer equipo cuando las lesiones nos persiguieran como una maldición.
Y de rebote, Arbeloa despeja la gran incógnita: es posible que en el primer equipo se siente un señor que apueste por jugadores de la cantera. Obviamente, él mejor que nadie sabe cuál es el escenario ideal para que estos jóvenes echen los dientes. Porque no hay nada mejor para el jugador joven que la tutela de un entrenador espartano. Y esta relación es sana, pues por definición el entrenador será justo contigo y se mostrará de forma rigurosa por tu bien.
Los dos últimos partidos nos dejan algunas evidencias. Estas vienen de parte de nuestros rivales. Empezando por el responsable del City, Pep Guardiola, que elogió en rueda de prensa el trabajo de Arbeloa: “le auguro una larga carrera... Metió los interiores por fuera para evitar presiones”, dijo el catalán.
Viniendo de donde viene, yo subrayaba esto y lo pondría con un pósit sobre los muros de todas las redacciones de este país. Algunos periodistas deportivos del Régimen sufrirían al leer estas palabras de su ídolo Pep, y yo que me alegro. Pero obviemos una vez más el cainismo y la envidia, aquí estamos para celebrar lo bueno.
Por lo que vemos, el trabajo del equipo técnico no está siendo en vano. Más allá de lo que usted y yo podamos considerar, el mundo del fútbol empieza a valorar su trabajo. Preciso un tanto, el mundo del fútbol al más alto nivel. Anteriormente, sobre el Arbeloa entrenador y su forma rigurosa de ejercer su profesión, gente del club y observadores que están al día sí que hablaban bien. Porque, a pesar del cliché, Álvaro se toma en serio eso de ser un espartano. Es decir, lo aplica tanto en su vida personal como en la profesional.
Retomando el hilo del elogio, el mismísimo Pep Guardiola alabó el trabajo del canterano. Para el técnico natural de Sampedor, Arbeloa y su cuerpo técnico están trabajando tácticamente bien. Traigo a colación la observación del entrenador del City porque considero que es una voz más que autorizada. En esa misma senda, Diego Pablo Simeone declaraba en rueda de prensa antes del derbi que se percibía “una sociedad con los jugadores”, haciendo clara referencia al impulso anímico que la plantilla experimenta desde la llegada de la nueva dirección.
Tanto Guardiola como Simeone alabaron el trabajo de Arbeloa al frente del Real Madrid
Todos dábamos por hecho que Arbeloa supondría un cambio de aires para estos jugadores, pero no pensábamos que los resultados iban a ser tan notables y rápidos. Para regocijo de los madridistas de buen corazón, el Madrid de Arbeloa va bien. Los que estamos al día y amamos a nuestro equipo, estamos de enhorabuena. Dejando de lado los resultados, las vibraciones que transmite hoy esta plantilla son más que positivas. Los que conocemos al dedillo la historia de este club podríamos augurar un Madrid mejor, pero nunca jamás esto.
Así que, para sorpresa de todos, el Madrid vuelve a estar en su salsa. Porque, señoras y señores, el Real Madrid es esto. Parafraseando al mítico Pepe Herrero, nosotros somos un cocido y no sushi. Es decir, somos ese bar con cierto éxito al que ahora llaman restaurante y tiene el prestigio que dan los años. Miras la carta y hay de todo, pero la gente sigue haciendo cola para el cocido. Mientras otros negocios van rotando, nosotros aguantamos ahí. En nuestro sitio, imperturbables. Pasarán los siglos, subirán las mareas, vendrán otras guerras y ahí seguirá en pie el local de toda la vida haciendo el mejor cocido madrileño del planeta. Y el personal haciendo cola para entrar y disfrutar de la gastronomía local. De lo local a lo universal, puro Real Madrid.
Vuelvo al Cholo Simeone y voy echando el cierre a la columna de hoy. Para mí es clave cómo algunos de nuestros rivales nos observan. Pongo en especial valor el testimonio de un hombre de fútbol que, te podrá gustar más o menos, cierta legitimidad tiene por encima de la del vecino del quinto. “Más allá de la capacidad técnica que podamos tener los entrenadores hay un plus. Se percibe que hay una idiosincrasia similar a lo que el entrenador quiere, necesita y se está viendo”, observó el entrenador bonaerense antes del derbi.
En mi opinión, Simeone da la clave. Puede parecer baladí, pero no lo es. Esta plantilla necesitaba en el banquillo una figura austera, sobria y rigurosa. Álvaro Arbeloa reúne en sí mismo todo eso, y algo más. También conserva de su etapa de jugador la mirada dura pero la sonrisa pícara. En rueda de prensa, sabe manejar con cintura. Con educación, no se calla ninguna respuesta directa a una pregunta displicente y con intenciones aviesas. Esto le conecta con las fuerzas vivas del vestuario, con todas las estrellas que ven que su entrenador les defiende a capa y espada. Y a los aficionados merengues nos da alas vivir con un verdadero espartano en el banquillo, el último espartano vivo.
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Buenos días, amigos. Los del Río vuelven a dar el cante, y no con La Macarena precisamente. No nos referimos al famoso dúo musical andaluz que echó a andar el mismo año que los Beatles publicaron Love Me Do, no. Hablamos de los otros del río, los que habitaron sobre el Manzanares varias décadas, los que cuentan con un grupúsculo neonazi entre su afición que quitó la vida a un hincha del Deportivo arrojándolo precisamente al río.
Uno sabe que está en el lado correcto de la historia cuando el club apropiado indebidamente que da cobijo a un grupo deleznable agarra un berrinche y patalea ante la imposibilidad de ganar en el campo al rival que le ha provocado el estrés postraumático que padecen. No pudieron vencer ni siquiera contra diez, merced a la surrealista expulsión de Valverde por parte de Munuera, de quien hablaremos después.
El numerito de ayer fue vía X. La verdad es que nos sorprendió, porque esperábamos una portada marquista con una escenita de Gil Marín al ritmo de La Bar-ba-coa, La Bar-ba-coa. Si bien es cierto que el parrillero Gallardo les dedicó un trocito de primera plana.
«El derbi “continúa”. El Atlético ironiza con su particular Tiempo de Revisión», reza el diario más leído de España (así nos va). Ese particular Tiempo de Revisión es el siguiente miasma:
Tras dos días en los que la maquinaria ha puesto el foco en una jugada que hoy ha sido ratificada, nos surge una duda:
¿Cómo se puede acabar un derbi con solo dos faltas? Os lo detallamos en nuestro ‘Tiempo de Revisión’: pic.twitter.com/pK8J1vMgSp
— Atlético de Madrid (@Atleti) March 24, 2026
A continuación del primer tuit siguen una serie post con vídeos de jugadas en las que, según los del río, fueron perjudicados por el colegiado. Es decir, atacaron la labor arbitral.
Además de lo patético del hecho, surgen varias cuestiones. Algunas las escribiremos y otras las induciremos con imágenes:
Entendemos que lo de «Respeta al árbitro» es arbitrario, valga la redundancia, y aplica según sople el viento. Lo de «respeta el fútbol» mejor ni lo comentamos, es el Atleti de Simeone, Gil Marín, Cerezo y el Frente Atlético.
Asumimos que solo presionan, amedrentan, intimidan, coaccionan, atemorizan, influyen e imponen los vídeos de RMTV. Los suyos, no.
Desde La Galerna, y a pesar de su deplorable actuación, queremos transmitir todo nuestro apoyo y solidaridad al equipo arbitral y a sus familiares y amigos. Están siendo días muy duros para la familia del fútbol. Mucho ánimo.
Un árbitro, Munuera, quien, vaya usted a saber por qué, ha mantenido relaciones comerciales —entre otros equipos, organismos e instituciones futbolísticas— con el Atlético de Madrid.
A la vista de que la empresa Talentus de Munuera Montero ayudaba al Atleti a buscar un creador de contenidos, la pregunta es inevitable: ¿habrá contratado el Atleti a su talentoso CM con la ayuda de la empresa del colegiado al cual ese mismo CM ha afeado su conducta?
Al Atleti le duele más perder un partido contra el Madrid en el cual ellos han sido beneficiados por el árbitro que todos los potenciales títulos que perdieron durante el Negreirato. De eso, ni palabra. ¿Por qué? Poca gente se mueve por nada en esta vida.
Misterios insondables, esperemos que nunca tengan que pasar por una intervención médica en la cual deban insertarles un catéter urinario. La verdad es que es to pee and not throw even a drop.
Dejamos a un lado el asunto de los del río y seguimos con el mismo periódico. En su frontispicio, y con tres signos de exclamación, Marca se hace eco de la noticia/rumor que copó las redes sociales en la tarde de ayer, o sea, eso de que los servicios médicos del Real Madrid se equivocaron de rodilla a la hora de diagnosticar la dolencia de Mbappé. La cosa salió en RMC y todos los medios españoles y youtubers del ramo se apresuraron a tratarlo, pues no en vano estamos ya inmersos en el parón y hay que llenar párrafos con letras y videos con minutos. De hecho, se supone que esto sucedió en diciembre, y sin embargo es ahora cuando escuchamos o leemos sobre ello, sabe Dios por qué (y nosotros también).
La noticia/rumor es tan estrafalaria/o que en este caso comprendemos la fascinación desatada. Algo tan chusco como esto es el sueño más húmedo del antimadridismo. Todo el mundo anti, toda la España triste, soñaría con regocijarse de manera casi erótica con algo así, hozando en ese fango de farsa extemporánea. Menos mal que no se trataba de ninguna amputación.
Aunque la inconcebible plaga de lesiones que sufre el equipo ha puesto en muy comprensible tela de juicio la credibilidad de los servicios médicos del club, nos negamos a creer que haya podido pasar algo tan hardcore. Queremos pensar que no pasó y que, si pasó, a continuación pasaron otras dos cosas: que el error duró poco tiempo y que alguien pagó con su puesto de trabajo (la llegada de Mihic a los servicios médicos podrían indicar que así fue). Lo cierto es que, al mantener el club un hermetismo tan exacerbado, no sabemos nada. No sabemos si Mihic está ahí de nuevo, de hecho, porque no fue anunciado, es solo una especulación nuestra, ni sabemos si hubo confusión de rodilla, ni sabemos si se tomaron medidas al respecto. No sabemos nada y, al no saber, nos encontramos inermes para contrarrestar una noticia/bulo acerca de la cual el club debería ofrecer explicaciones. De lo contrario, esta historia grotesca comprometerá la imagen del Real Madrid para los restos.
Pasad un buen día y recordad:
Dale a tu equipo alegría, madridista,
que tu equipo es pa’ darle alegría y cosas buenas.
Dale a tu cuerpo alegría, madridista,
eh, gol de Ramos.
¡Ay!
Un pionero como técnico en el conjunto madridista. Así figura en la historia Lippo Hertzka. El magiar fue el primer entrenador extranjero que de forma oficial dirigió a los blancos. También el que inauguró el palmarés del Campeonato Nacional de Liga para los merengues. Y uno de los más jóvenes en acceder al cargo, ya que contaba con apenas 37 años. Su gran fama, el trabajo previo en varios equipos españoles y su visión para los fichajes fueron decisivos para que el Real Madrid presidido por Luis Usera le contratase en 1930.
Lippo Hertzka nació en Viena (Austria-Hungría) el 27 de diciembre de 1893 (no el 19 de noviembre de 1904 en Budapest, como está generalizado) y antes de ser entrenador fue futbolista desempeñándose como interior o extremo izquierdo. El húngaro desarrolló su carrera en el MTK Budapest desde 1911, el DFC Praga durante el servicio militar y el Essener Turnebund germano. El equipo alemán visitó Donosti en diciembre de 1922, en una gira de partidos para recaudar dinero de cara a la reforma de su estadio, y se midió al cuadro txuri-urdin. Hertzka llegó como preparador del conjunto essenés y gustó tanto por San Sebastián que le hicieron una oferta para quedarse y empezó a entrenar a la Real. En el conjunto vasco se mantuvo hasta 1926 conquistando el Regional guipuzcoano en 1925 por delante del Real Unión. Después, se marchó al gran rival de los donostiarras, el Athletic Club. Con los rojiblancos ganaría otro Regional, en esta ocasión el vizcaíno, en 1928. Los ‘Leones’, por entonces, disponían de una plantilla muy completa con Vidal, Careaga, Garizurieta, Lafuente o Travieso, entre otros.
El tercer equipo del magiar en España fue el Sevilla. Por tanto, se trasladó al sur donde se practicaba un estilo de juego bastante diferente al del norte del país. En el equipo sevillano participó en la primera edición de la Liga, aunque en Segunda División, donde comenzaron a competir los hispalenses. Su labor fue muy elogiada, consiguiendo el campeonato de la categoría y obteniendo así la posibilidad de ascender a Primera. Sin embargo, en la eliminatoria con el Racing, cayeron por un global de 3-2 y tuvieron que jugar de nuevo en Segunda el curso siguiente. Fue el último año de Hertzka en Sevilla, que no pudo repetir el resultado de la temporada anterior, aunque se marchó con dos Regionales en el zurrón. En el mes de marzo la dimisión de su cargo le fue aceptada, ya que la directiva no estaba muy conforme con el poco rendimiento del equipo en la competición doméstica.
Apenas unos días después se hacía oficial su llegada al Real Madrid, según la prensa por un mes y, si todo iba bien, se prorrogaría el contrato. En el diario La Voz se pudo leer en la edición del 19 de marzo de 1930 que el conjunto blanco “encarga al afamado entrenador que dirija la preparación de sus jugadores”. Los merengues habían iniciado la campaña con Quirante en el banquillo, pero tras apenas cinco jornadas fue destituido. Desde ese momento, y hasta la llegada del húngaro, la labor técnica no fue llevada por ninguna persona, sino que se le dio el poder a los jugadores. Así lo explicaba el presidente Usera en La Voz: “Decidimos echar sobre nosotros la responsabilidad de no proveer la plaza de entrenador, exponiendo a los jugadores nuestro criterio de que ellos debían de ser los primeros interesados en su propio entrenamiento y haciéndoles presente la responsabilidad que desde aquel momento contraían ante el Club y la afición”.
El magiar era un técnico con prestigio en el panorama nacional. Además, con gusto por el juego de la ‘Escuela del Danubio’, había bebido de dos estilos muy diferentes tras sus experiencias previas. El que se practicaba en el norte, con brío, fuerza, avances rápidos y mucho pase largo; y el del sur, con más finura, filigrana, pase corto y al pie. En su idea estaba implantar el estilo sureño en un Real Madrid con buena calidad en sus piezas y que podría resultar eficiente. Dirigió los dos últimos partidos de Liga de los blancos, que se saldaron con una dura derrota ante el Arenas por 5-1 y una gran victoria ante el Barcelona por idéntico tanteo. El Real Madrid terminó en un discreto quinto puesto, pero se esperaba con expectación la Copa que empezaba en abril y el húngaro continuó en el cargo.
En la primera ronda, el Patria Aragón dio más guerra de lo pensado y se tuvo que jugar un partido de desempate. En octavos doblegaron al Arenas y en cuartos se llevaron un buen susto en la vuelta en Chamartín contra el Valencia (vencían 0-2 y abandonaron el campo después de un gol anulado) de Segunda, tras haber ganado en la ida por 2-5. Antes de las semifinales, el periódico La Opinión confirmó la firma de Hertzka por un año más con el cuadro blanco. En el periódico Crónica, Hernández Coronado justificó la decisión: “Hemos visto lo notable de su obra y hemos preferido que siga preparando a nuestros hombres este trainer de tan singular valor como ejemplar modestia. Su sueldo será de mil doscientas pesetas mensuales, sin prima alguna”. Las buenas noticias no se detuvieron ahí, al remontar al Español el 1-0 de la ida con los goles de Cosme y Gaspar Rubio en la vuelta, que metieron a los madridistas para la final.
El partido por el título, el día 1 de junio, tuvo como sede Montjuic, en Barcelona, y el Athletic de Mr. Pentland fue el rival. Hertzka decidió concentrar al equipo en un hotel de la montaña de Montserrat a las afueras de la ciudad Condal buscando tranquilidad. Esto comentó en la previa a La Nación: “Los jugadores han llevado una vida de reposo absoluto en este ambiente de serenidad. Como en el partido del domingo demostraron una buena "forma", no me ha parecido oportuno "castigarles". Ayer hicieron algo de carreras a pie. Nada más. No han tocado un balón desde nuestra salida de Madrid”.
Al saltar al campo los blancos, sufrieron una gran pitada y los vascos fueron acogidos con afecto por el público, en su mayoría barcelonista. El partido fue un duelo de poder a poder que necesitó de una prórroga tras un empate a dos. En el tiempo extra, Lafuente, que estaba renqueante y entró sin permiso del árbitro, marcó el gol que deshizo la igualada. Después hubo patadas, una tangana en el terreno de juego, dos expulsados y una pelea hasta con espectadores. El Madrid, como el año anterior, se quedó sin Copa, y molesto por todo lo acontecido no asistió al banquete de la RFEF. Uno de los futbolistas más criticados por los aficionados merengues fue Gaspar Rubio, que estuvo por debajo de su nivel.
El verano fue movido en las oficinas de la entidad capitalina. Hertzka dio vacaciones a sus muchachos hasta finales del mes de agosto y llegó la época de fichajes. Uno de los más importantes de la historia del Madrid llevó el nombre de Ricardo Zamora. El legendario portero, después de unas duras negociaciones entre el Español y el secretario técnico madridista Hernández Coronado, recaló en el cuadro blanco por un coste de 150.000 pesetas y un porcentaje de la recaudación de dos amistosos en Chamartín contra los pericos. También se incorporaron, entre otros, Bonet, Leoncito, Eugenio y Gurruchaga. Además, se produjo un hecho insólito: Gaspar Rubio tuvo que operarse por una fractura del astrágalo y de un día para otro en noviembre desapareció y terminó marchándose a América con dos amigos y sin avisar a bordo del vapor ‘Cristobal Colón’. Hertzka solo le pudo alinear en varios amistosos y en el Regional, pero no contó con sus servicios para la Liga.
El Madrid hizo parte de la pretemporada en Ayamonte, con dos partidos amistosos contra el Os Belenenses portugués. La primera competición en disputa fue el Regional Centro, un torneo que los blancos conquistaron por tercera vez consecutiva al superar al Athletic de Madrid por un punto. Sin embargo, con el Regional en pleno apogeo y la alegría por haber incorporado a Zamora, llegó una noticia que trastocó los planes del entrenador húngaro para buena parte del curso. El Divino se lesionó en su segundo encuentro, en un partido ante el Athletic de Madrid en Chamartín, tras un fuerte choque con Buiría. El diagnóstico: luxación del húmero y una fractura en el lado izquierdo. Baja durante más de dos meses. El guardameta, que había elogiado a Hertzka a su llegada diciendo que desde que estaba en el cargo había aplicado “disciplina” al equipo y los jugadores estaban dando un “buen rendimiento”, se perdería varias jornadas de Liga.
El magiar también habló en la prensa en el mes de octubre. Tachado en ocasiones de “enigmático e inabordable”, en la prensa madrileña concedió una entrevista a Gran Sport. En lo que se refería al fútbol español, dijo “que los mejores jugadores del continente son los españoles”, mientras que sobre el Madrid afirmó que “ahí está, con medios alas del Norte, que cubren cincuenta metros de terreno. Con exteriores velocísimos de clase, con la preocupación del fuero de juego limitada. Dos artistas, Rubio y Triana, un poco o un mucho de la “escuela sevillana”. Si España posee los mejores jugadores del continente, el Real Madrid tiene acoplados las mejores características del juego español”. Por último, le gustaba la plantilla de la que disponía siempre que no hubiera lesiones: “Yo puedo alinear dos grandes equipos, no uno ¡Dos! Pero que no estén lesionados. Astrágalos, omoplatos, rodillas, tobillos, pies… ¡el cólera! El día que el Real Madrid presente a sus equipos en buenas condiciones, póngase usted gafas, porque el bruñido le dañará los ojos”.
Pese a un comienzo prometedor, cuando regresó Zamora en Atocha en la jornada octava de Liga, los blancos ya estaban descolgados en la lucha por el título. Hertzka no acababa de dar con la tecla debido a una plaga de varios lesionados que obligó a muchos cambios de jugadores, algunos porque no estaban alcanzando el nivel esperado. Al final encontró más o menos un once tipo con Zamora; Torregrosa, Quesada; Bonet, Esparza, Peña; Lazcano, Eugenio, Gurruchaga, Cosme y Luis Olaso.
En el ecuador de la competición el técnico estuvo muy criticado por afición y directiva. En la prensa se llegó a publicar que solicitó una cuestión de confianza a la junta merengue, pero el periodista Manuel Rosón negó tal extremo. Sí hubo conversaciones con la directiva para tratar de mejorar el destino del equipo. Hertzka esgrimió que “mientras los jugadores de que dispone no estén en condiciones físicas adecuadas es imposible que el equipo dé el rendimiento apetecido”. Los directivos terminaron reiterando su apoyo al entrenador en la labor realizada hasta la fecha.
De lo más destacado de la campaña fue el triunfo en Navidad en un amistoso contra el Budapest Ker, el líder del campeonato en Hungría. El Madrid no consiguió ninguna racha sólida durante la Liga y solo en dos ocasiones sumaron un par de triunfos consecutivos. Cerró el curso perdiendo en Les Corts y en mitad de la clasificación con un sexto puesto.
Faltaba la Copa, de la que se esperaba mucho después de haber llegado a las dos últimas finales, pero en esta ocasión el techo fueron los cuartos. Solo se consiguió eliminar al Eclipse y el Murcia antes de caer con el Betis tras un mal día en el campo del Patronato Obrero. La temporada resultó decepcionante y, aunque había voces sobre todo en la prensa con duras críticas que apostaban por un cambio de técnico, el magiar renovó su contrato por una temporada más a comienzos del mes de julio y con plenos poderes. Es decir, la junta había decidido que la formación del equipo, así como los entrenamientos, dependerían exclusivamente de Hertzka, que no tendría que someter sus decisiones a la aprobación de la directiva ni sería ayudado por nadie en las funciones de su cargo. El técnico, en una noche con Hernández Coronado en el renovado local del club, dejó claro al secretario técnico que, en vez de mesas amplias, sillas elegantes o bonitas lámparas, lo que quería era equipo, igual que tenía Mr. Pentland en Bilbao.
Por ello, el club, que hizo una apuesta por los fichajes de gran categoría en 1930 incorporando al ‘Divino’ Zamora, la dobló en 1931, con gran desembolso económico en un mercado histórico para completar una plantilla extraordinaria. Hernández Coronado (con ayuda de Bernabéu en algún caso concreto) completó una magnífica labor consiguiendo que llegasen, entre otros, de Vitoria, la excepcional pareja de defensas Ciriaco-Quincoces y el delantero Olivares; de Irún, uno de los jugadores más talentosos del país: Luis Regueiro; de Coruña, el habilidoso Hilario; y desde el Europa catalán, el interior derecho Bestit II. Con esta escuadra, el conjunto blanco era candidato a todo y favorito antes de empezar la Liga.
Hertzka, con un sistema de 1-2-3-5, basó su idea en una defensa inexpugnable que liberaba a todo el equipo en ataque. Lo primero que trataba de inculcar a los jugadores era procurar que tuvieran un perfecto dominio del balón y supieran desmarcarse en los partidos. A eso se ajustaba su método de entrenamiento. Además, como se había educado en el fútbol de la Europa Central continuó implementando el juego de pase corto y combinaciones en triángulo. Del pase largo no era muy partidario, porque pensaba que para hacerlo con garantías había que comenzar por aprender antes a jugar con el corto. El trío habitual en la media, formado por Leoncito, Prats y Ateca, se complementó mejor de lo esperado y cuando entraron suplentes como Esparza y Bonet también cumplieron. En la delantera, el salto de nivel con Regueiro fue evidente y Olivares cumplió con su cometido en la temporada de su debut, aunque el debe, para periodistas, directivos e hinchas, fue que faltó nivel en la calidad del juego y conjunción entre los interiores y los extremos. El once habitual del magiar lo formaban Zamora; Ciriaco, Quincoces; Leoncito, Prats, Ateca; Lazcano; Luis Regueiro, Olivares, Hilario y Luis Olaso.
Con la denominación de Real perdida por la II República, Hertzka elevó una petición a la entidad para proyectar una dura y exigente pretemporada con una gira europea. Allí se probaron métodos y técnicas, se vio a los nuevos jugadores y se quiso medir la calidad del equipo con todas las piezas. Budapest, Praga, Berlín, Leipzig, Zagreb y Milán fueron las ciudades que visitaron los blancos, dejando buenos momentos, principalmente ante el Tennis Borussia Berlin y la Ambrosiana (actual Inter).
El entrenador húngaro habló para el periódico Ahora y declaró estar “muy satisfecho de los resultados”. Respecto a una formación definitiva, aclaró que dependería de “los entrenamientos en Madrid. Entonces, cuando los jugadores estén en forma, podremos pensar en hacer combinaciones”. Además, en lo individual manifestó que el que más sensación había causado en Europa fue “Quincoces”, y del resto, “Prats ha demostrado que está repuesto de su lesión, Bonet es una revelación y Esparza también está en una forma excelente”. Por último, aunque disponía de Olaso y Urretavizcaya, esperaba algún “refuerzo para el puesto de extremo izquierdo” y en el extremo derecho dependería del “entrenamiento de Lazcano en la semana próxima”.
Antes de dar el pistoletazo a la Liga, los madridistas empezaron jugando el Regional. En esta ocasión con el nuevo nombre de Mancomunado, al incluirse el Valladolid de Castilla y el Iberia de Aragón. El cuadro blanco fue muy superior durante toda la competición y Hertzka logró el segundo título para su palmarés al superar el Real Madrid con una diferencia de seis puntos en la clasificación final al CD Nacional.
Para la primera jornada de Liga se midieron dos de los grandes favoritos en Chamartín, Madrid FC y Athletic Club. La temporada anterior, los rojiblancos vencieron por 0-6, y en esta ocasión hubo un empate a uno que dejó entrever que el conjunto merengue era un nuevo equipo. El optimismo general dentro del club, la plantilla y los aficionados fue creciendo con el paso de las jornadas y el notable desempeño. Victorias en Atocha, en casa contra el Alavés, Español, Real Unión y el Barcelona, y empates en Mestalla, Ibaiondo y El Sardinero permitieron a los capitalinos terminar como líderes la primera vuelta. Una posición que ya no perderían.
Durante la segunda parte del campeonato, regresó a las filas blancas el fugado Gaspar Rubio, que tuvo alguna actuación en diferentes amistosos, pero lejos del nivel de antaño. Además, también es importante destacar que no tuvo buen feeling con algunos miembros del vestuario. La mejor racha del equipo fue en los meses de febrero y marzo, encadenando, tras un empate a tres en San Mamés, una espectacular racha de cinco jornadas consecutivas ganando. Lo que más costó fue certificar el título después de firmar tablas en el Stadium Gal contra el Real Unión y el Racing en Chamartín. Así se llegó a la última fecha teniendo que actuar en Les Corts ante un Barça que no se jugaba nada, pero que quería dejar sin título a su rival. En las filas culés, con el inglés Greenwell como entrenador, figuraba Pepe Samitier, una bestia negra de los madridistas durante muchos años atrás.
El estadio barcelonés registró un lleno hasta la bandera. El Madrid salió decidido a sentenciar el encuentro. Sin embargo, y pese al dominio inicial, marcaron primero los locales con un gol de Samitier. El título estaba en peligro, pero fue ahí donde el equipo de Hertzka demostró carácter, madurez y personalidad. Se hizo con el mando de la pelota y, antes del descanso, Lazcano con un gran disparo batió a Nogués. La labor arbitral no estaba gustando a ninguno de los dos bandos y protestaron muchas de las decisiones del señor Insausti. En la segunda parte, la tónica del choque fue bastante similar, con un Madrid que dominaba el juego y tenía el balón. El ataque por las bandas, con la velocidad de Lazcano y Olaso, causaba estragos en la zaga blaugrana. Atrás, el trío Zamora, Ciriaco y Quincoces detenía los intentos locales. Los blancos dieron un gran paso para el título cuando a falta de veinte minutos Luis Regueiro hizo el 1-2. Además, el Athletic perdía por dos goles en El Sardinero. Los culés evitaron la derrota con un tanto de penalti transformado por Arocha en otra señalización polémica del trencilla tolosarra. Quedaban tres minutos, pero la Liga no corrió peligro y los madridistas se proclamaron campeones en territorio culé. Además, lo hicieron sin conocer la derrota en toda la competición. La primera Liga blanca ya era una gloriosa realidad. Hertzka se mostró “tan contento que no encuentra pero alguno al emocionante choque”, según La Nación.
Las celebraciones, primero en la estación de Atocha donde fueron recibidos entre vítores y aplausos con los andenes repletos de aficionados, y en segundo lugar en el Ayuntamiento, en una recepción oficial del alcalde Pedro Rico, también resultaron un despiste de cara a la Copa. En octavos, los madridistas quedaron emparejados con el Deportivo de la Coruña de Segunda División. En Riazor, sin Zamora y con varios suplentes, los de Hertzka cayeron por 2-0. En la vuelta, el 15 de mayo, día de San Isidro, se esperaba una remontada y una goleada que nunca llegaron. El meta gallego Rodrigo hizo una de las actuaciones de su vida y el Madrid FC solo ganó por 2-1. Un jarro de agua fría porque se confiaba en el doblete de títulos.
Dos días después de la eliminación, en el periódico El Progreso se podía leer que “reina gran efervescencia entre los socios del Madrid con motivo de la eliminación del club blanco de los Campeonatos de España. Hoy se han presentado en el Club muchas bajas, y se están recogiendo firmas para celebrar una asamblea general, a la que se concede gran importancia. La Junta directiva del Club ha decidido rescindir el contrato con el entrenador Lippo Hertzka”. La Copa era la competición de más prestigio por delante de una Liga, que acababa de nacer, y para los aficionados madridistas fue un palo duro caer tan pronto y ante un equipo de categoría inferior.
El técnico magiar estaba en la cuerda floja, pero no terminó de caer en mayo. Un mes después se puso manos a la obra para organizar una nueva gira de pretemporada por Europa y viajó a Alemania, Austria y su país para concertar partidos amistosos. Sin embargo, la primera pista de que no entraba en los planes futuros del club se vio cuando en la gira del equipo por Canarias en el mes de julio el técnico interino fue Peris.
A principios del mes de agosto, el diario La Libertad confirmaba que “El Madrid ha prescindido de Lippo Hertzka. Ha escrito ya a su entrenador diciéndole que prescinde de sus servicios”. En la junta directiva se valoraba que sabía mucho de fútbol, pero también se consideraba que no era muy trabajador. El contador del club, Gonzalo Aguirre, concedió una entrevista en Crónica y habló de su salida: “La labor general ha sido buena: basta para atestiguarlo que, de 40 partidos oficiales jugados, sólo se perdiera uno. Le conceptuamos, no ya competente e inteligente, sino como uno de los más firmes valores que han desfilado por nuestro país. Pero es un hombre de escasa autoridad para exigir a los equipistas el debido entrenamiento y el juego que deben desplegar. Y esa autoridad es factor sin el cual toda obra se resiente”.
Además, en el vestuario blanco las grietas con sus futbolistas eran palpables y gozaba cada vez de menos simpatías y adeptos. En El Heraldo de Madrid escribían que “Lippo era una especie de dictadorzuelo que indignaba a más de uno”. Según contaron algunas malas lenguas, cuando los jugadores madridistas, en su estancia en Canarias, se enteraron de que Hertzka no les daría más instrucciones desde la banda, hubo una celebración desaforada con saltos de alegría, regocijo y alborozo general.
La carrera del húngaro continuó por España a partir del mes de diciembre de 1932, al firmar por el Hércules. Luego, también entrenó al Recreativo Granada y, en la gira del Madrid en verano de 1934 por Alemania, acompañó a la expedición blanca como intérprete. Después hizo las maletas para Portugal. En el país vecino permaneció tres lustros dirigiendo al Benfica en dos etapas, Os Belenenses, Académica de Coimbra, Vila Real, Porto, Portimonense, Estoril Praia y Grupo União Sport. En la Liga lusa también se ganó una notable reputación y a nivel de títulos ganó tres Ligas con el Benfica entre 1936 y 1938.
Falleció con 57 años el 14 de marzo de 1951 en la localidad portuguesa de Montemor-o-Novo.
Fotografías: archivo de Alberto Cosín
Capítulos anteriores:
1.- Entrenadores del Real Madrid: Mr. Firth
2.- Entrenadores del Real Madrid (II): Kinké
3.- Entrenadores del Real Madrid (III): Berraondo
4.- Entrenadores del Real Madrid (IV): Quincoces
5.- Entrenadores del Real Madrid (V): Quirante
6.- Entrenadores del Real Madrid (VI): Albéniz
7.- Entrenadores del Real Madrid (VII): Fernández
8.- Entrenadores del Real Madrid (VIII): Cárcer
9.- Entrenadores del Real Madrid (IX): Fleitas Solich
10.- Entrenadores del Real Madrid (X): Ipiña
11.- Entrenadores del Real Madrid (XI): Encinas
12.- Entrenadores del Real Madrid (XII): Scarone
13.- Entrenadores del Real Madrid (XIII): Villalonga
14.- Entrenadores del Real Madrid (XIV): Mr. Keeping
Pasan los años para todo ser viviente en este planeta, pero hay algo que permanece imperturbable ante el transcurso de los tiempos. El CTA y, sobre todo, el relato de los medios acerca de las decisiones de los miembros que componen dicho estamento resisten impermeables al cambio como elementos fundamentales de lo que algunos aficionados madridistas han denominado como “El tinglao”.
Antes de continuar, es mi deber anunciarles que mi abogado me ha aconsejado escribir este texto con la mayor esterilidad posible, por lo que no comentaré las andanzas de Munuera Montero en el Bernabéu con mi habitual desparpajo. Todo OK, José Luis.
Por ello quiero centrar mis palabras en un problema mucho más arraigado que el del arbitraje del derbi: en la concepción del aficionado español medio de que “el Madrid roba”, “Barcelona y Madrid no pueden quejarse de los árbitros” o el siempre dicho con sorna “penalti para el Real Madrid”. Todas estas frases han sido férreamente instauradas en la mente del aficionado patrio a pesar de la cantidad de pruebas y datos estadísticos que demuestran que el Madrid está lejos de ser el equipo más beneficiado arbitralmente en este país.
Partamos de una base honesta: todo aficionado al fútbol alberga en su ser la creencia de que a su equipo lo perjudican los colegiados. Es así. La pasión enturbia el juicio hasta tal punto, sin importar cuán coherente o sosegada pueda ser una persona fuera del entorno futbolero. Por este motivo agradezco enormemente la labor de madridistas como Hechicero, Maketo, Juanpa Frutos y todos aquellos que han dedicado su tiempo a dotarnos de una base estadística e histórica a base de investigaciones que sustenten con evidencias irrefutables lo que en un momento de flaqueza o serenidad pudiéramos haber interpretado como meros delirios de persecución generados con el amor hacia nuestro escudo.
la concepción del aficionado español medio de que “el Madrid roba” ha sido férreamente instauradas en la mente del aficionado patrio a pesar de la cantidad de pruebas y datos estadísticos que demuestran que el Madrid está lejos de ser el equipo más beneficiado arbitralmente en este país
Siempre he sostenido que los datos estadísticos por sí solos no son suficientes. Apenas si son la mitad de una historia mal contada. Sin embargo, el fútbol español está repleto de unas anomalías estadísticas tan salvajes y distantes de las que existen en otras ligas, que por sí mismas deberían bastar para explicar la podredumbre de las competiciones españolas si la sociedad futbolera no estuviera tan contaminada desde hace tanto tiempo. Podemos irnos al saldo de faltas, al de tarjetas amarillas, rojas o penaltis, pero es mucho más simple que todo eso. Es tan sencillo como comprobar que antes de comenzar a corromper el arbitraje español sobornando al vicepresidente de los árbitros, el Barcelona tenía menos títulos nacionales que los que consiguió durante los años de los pagos.
A pesar de todo, el aficionado español medio permanece impertérrito, obstinado en la creencia de que el Real Madrid es el equipo favorecido por los árbitros, y así lo demuestran en cada campo rival que visita el conjunto blanco. El porqué es muy sencillo. La respuesta está en los medios y el tratamiento de los errores arbitrales en función del equipo implicado.
En los últimos años se ha hiperbolizado este tratamiento, demostrando a su paso el grado de subyugación racional de los fans de otros equipos, hasta el punto de que, en un partido en el que el Madrid es perjudicado en, pongamos, cuatro jugadas de manera grave y se le arbitra una jugada decisiva de manera justa a su favor, la reacción de los medios se centra única y exclusivamente en esta última, buscando y forzando una polémica hasta entonces inexistente y omitiendo deliberadamente las cuatro jugadas que perjudicaron al equipo vikingo.
De hecho, la última de los medios es vestir de colegiado al que en otro tiempo sería considerado el idiota del pueblo y darle voz y micro para convencer al populacho de que dichos errores graves en realidad están perfectamente arbitrados, aunque tengan que inventarse por el camino términos absurdos para justificarlos. Jugadas grises, residuales, fueras de juego psicológicos… Cualquier término, por rimbombante que parezca, acaba funcionando ante un público cada vez menos exigente intelectualmente y que termina tragando con todo.
Cada vez son más los que opinan que el club debería crear un departamento para luchar contra este relato o crear un “contrarrelato”, pero la verdad es que no sé hasta qué punto podría funcionar esta idea teniendo en cuenta el calado que tiene el actual en el fútbol español. Alfons Godall, en su célebre entrevista, no sólo dio a conocer el término “saldo arbitral”, sino que también puso de manifiesto la vasta ventaja que nos lleva Laporta en las instituciones. Está claro que el imputado presidente blaugrana sabe cómo moverse en los despachos y los medios sin que le muevan la silla y ha bastado una protesta y algo de altavoz para recuperar el liderato y la ventaja que había perdido el Barcelona hace unas semanas.
El arbitraje ha virado exageradamente en las últimas jornadas para favorecerles y consolidarles, pero el poder de Laporta es tal que no hay repercusión mediática ni, por tanto, social. Resulta descorazonador pensar en la magnitud del enemigo al que nos enfrentamos y el arduo y largo proceso que supondría tratar de recuperar el terreno perdido, pero creo firmemente que al menos debería intentarse. De igual manera que el Madrid está luchando, FIFA mediante, por tratar de higienizar el arbitraje español, merece la pena también intentar que el club más importante de la historia sea tratado tanto por clubes como por los medios con el respeto que se merece.
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Hay entrenadores que comparecen. Otros se explican. Y luego está Álvaro Arbeloa, que en cada rueda de prensa parece estar haciendo algo bastante más incómodo para el ecosistema del fútbol español: pensar antes de hablar… y hablar después de pensar. Lo cual, en un entorno acostumbrado al ruido, la coartada y el titular fácil, empieza a ser casi subversivo. Desde que se sentó en el banquillo del Real Madrid tras la dimisión de Xabi Alonso, no ha pedido tiempo, no ha invocado procesos ni ha buscado la complicidad emocional de la grada o del periodista. Ha hecho algo más peligroso: ha repetido un discurso coherente. Y en el Real Madrid, la coherencia no es un adorno; es una declaración de intenciones.
Tras el atraco a mano armada de Munuera Montero en Chamartín, expulsando con prevaricación y alevosía a Fede Valverde por una entrada menos dura que la que minutos antes había sancionado con tarjeta amarilla a un jugador del At. Madrid, el entrenador del primer equipo del Real Madrid estuvo elegante, sobrio, con una sonrisa en los labios, llamando por su nombre de pila —José Luis— al árbitro prevaricador e, incluso, agradeciéndole que le explicara lo que había visto, dejando claro su discrepancia en el criterio y la interpretación de la misma. En una palabra, Álvaro Arbeloa estuvo, desde la humilde opinión de este escribidor de cosas, elegante sin dejar de ser cáustico y crítico. Sin realizar aspavientos, sin victimizarse, pero dejando claras las cosas.
Si uno repasa con calma sus últimas comparecencias —la previa del derbi, el partido ante el Elche que otros habrían despachado con suficiencia, el duelo contra el Manchester City y la reciente victoria ante el Atlético en el Bernabéu—, lo que aparece no es una sucesión de respuestas, sino un patrón. Arbeloa no habla de partidos, habla de estándares. No describe lo que ha pasado, define lo que debe pasar. Y esa diferencia, que puede parecer semántica, es en realidad estructural. Frente al Elche, Arbeloa eliminó cualquier tentación de condescendencia. Ganar no era suficiente, ganar bien, tampoco. Lo único innegociable era no rebajar el nivel competitivo.
Contra el Manchester City, ese equipo que el relato oficial ha convertido en una especie de dogma moderno, no hubo reverencia ni complejo. Tampoco hubo euforia impostada. Hubo normalidad competitiva. Como si el Real Madrid no necesitara pedir permiso para competir contra nadie. Y en el derbi, antes y después, terminó de fijar el marco mental: el rival no marca el tono, lo marca el Real Madrid. Puede parecer una obviedad, pero llevaba meses sin decirse en voz alta.
Sin embargo, lo verdaderamente diferencial no está solo en el contenido de sus respuestas, sino en su forma. Arbeloa ha introducido en la sala de prensa algo que se ha vuelto extraordinariamente escaso: educación sin debilidad y firmeza sin arrogancia. Escucha, responde, no interrumpe, no ridiculiza, no teatraliza. Y, sin embargo, no cede ni un centímetro en el fondo. No se deja arrastrar por la pregunta, no compra el marco del periodista si no le conviene y no entra en la dinámica de la frase hecha.
Arbeloa ha introducido en la sala de prensa algo que se ha vuelto extraordinariamente escaso: educación sin debilidad y firmeza sin arrogancia
En un ecosistema donde muchos entrenadores se mueven entre el victimismo, la queja preventiva o el populismo emocional, Arbeloa ha optado por una tercera vía mucho más incómoda: la claridad serena. Hay ironía, sí, pero es una ironía limpia, quirúrgica, que no necesita elevar el tono para hacerse notar. Y eso, en un país donde se confunde a menudo la contundencia con el grito, descoloca. Y descoloca porque el periodista se va de la sala de prensa con la sensación de que le han metido el rejonazo hasta el corvejón con una sonrisa en los labios y que casi lo debe agradecer. Y eso, amigos, es lo mejor que se puede hacer.
Esa elegancia no implica, sin embargo, sumisión. Y aquí aparece uno de los elementos más interesantes de su discurso: su manera de abordar el arbitraje. Arbeloa no monta números, no se instala en la queja permanente ni convierte cada decisión en una causa general. Pero tampoco practica el silencio cómplice. Dice lo justo. Y lo justo, en este contexto, es mucho. Cuando habla de acciones que “cuestan entender”, cuando desliza que hay decisiones que “marcan partidos”, cuando introduce matices sin elevar el volumen, está haciendo algo mucho más inteligente que la denuncia explícita: está señalando sin romper el marco. Y en el fútbol español actual, donde el caso de ese equipo del que usted me habla con Negreira sigue flotando como una sombra incómoda que muchos prefieren ignorar, esa forma de expresarse tiene una carga de profundidad considerable. Porque recuerda, sin necesidad de subrayarlo, que hay cuestiones estructurales que aún no han sido explicadas. Y lo hace sin convertir la rueda de prensa en un tribunal ni en un mitin, manteniendo intacta la posición institucional del Real Madrid.
Pero quizá donde mejor se percibe la mano de Arbeloa es en el mensaje interno que se filtra a través de sus palabras. Sus ruedas de prensa no son solo para el público; son, sobre todo, para el vestuario. Y ahí el discurso es cristalino. No hay paternalismo, no hay protección basada en la excusa, no hay refugio en el pasado reciente. Hay exigencia. Defiende a Vinícius, sí, pero no lo convierte en coartada. Acompaña el crecimiento de Mbappé, pero no lo corona antes de tiempo. Integra a Bellingham sin cargar sobre él la responsabilidad absoluta. Y, por encima de todo, repite tres ideas que en el Real Madrid son ley no escrita: a) aquí nadie vive de lo que hizo ayer; b) ningún jugador es tan bueno como todos juntos y c) mis jugadores son extraordinarios.
Ese mensaje, sostenido en el tiempo, tiene más impacto que cualquier charla en el vestuario. Porque elimina la autocomplacencia, ese enemigo silencioso que suele aparecer en los equipos ganadores cuando se acostumbran a ganar, explica que todos deben trabajar y les dice, sin ambages, que son muy buenos, que la calidad es premium.
Hay, además, un rasgo que resulta especialmente relevante en el contexto actual: la ausencia total de provisionalidad en su tono. Arbeloa no habla como un entrenador de paso. No hay en sus palabras rastro de interinidad, de transición o de provisionalidad. No pide tiempo, no construye excusas, no apela a la herencia recibida. Actúa. Y, al actuar, se sitúa automáticamente en otro plano. En el Real Madrid, el interino puede ser comprendido; el que se comporta como titular es juzgado como tal. Y Arbeloa ha decidido, desde el primer día, asumir ese riesgo. No está ocupando el banquillo, lo está ejerciendo. Y esa diferencia, que es de actitud antes que de currículo, suele ser decisiva.
Hay un rasgo que resulta relevante en el contexto actual: la ausencia total de provisionalidad en su tono. Arbeloa no habla como un entrenador de paso. No hay en sus palabras rastro de interinidad, de transición o de provisionalidad
En paralelo, ha logrado algo que no siempre es evidente: ordenar el relato sin imponerlo. No hay consignas, no hay eslóganes, no hay frases diseñadas para viralizarse. Hay repetición de conceptos. Competir siempre, independientemente del rival o del contexto. Mantener la exigencia incluso en la victoria. Controlar la emoción para no desbordarse ni en el éxito ni en la dificultad. Defender al grupo hacia fuera y apretarlo hacia dentro. Esa coherencia, mantenida en el tiempo, genera identidad. Y la identidad, en un equipo de fútbol, es lo único que permite sostener los momentos malos sin descomponerse y los buenos sin relajarse.
Llegados a este punto, la pregunta deja de ser incómoda para convertirse en inevitable: ¿debe Arbeloa ser el entrenador del Real Madrid la próxima temporada? La respuesta, al menos desde una lectura estrictamente deportiva e institucional, parece cada vez más clara. Sí. Y no por una cuestión sentimental ni por su pasado como jugador ni por una narrativa que conecte con la afición. Sí por presente. Porque en pocas semanas ha mostrado una combinación poco habitual: claridad en el discurso, firmeza en la toma de decisiones, control emocional y comprensión profunda del contexto en el que se mueve. Ha entendido que entrenar al Real Madrid no es solo dirigir un equipo, sino representar una institución. Y ha actuado en consecuencia.
Además, hay un elemento que suele pasar desapercibido y que, sin embargo, resulta determinante: el sentido del momento. Arbeloa ha sabido leer que el entorno del Real Madrid no necesita más ruido, sino más claridad. No necesita más excusas, sino más responsabilidad. No necesita más épica, sino más control. Y ha adaptado su comunicación a esa necesidad. En un fútbol donde muchos entrenadores parecen hablar para protegerse, él habla para ordenar. Y eso, a medio plazo, construye autoridad.
Por supuesto, quedará por ver si esa coherencia se sostiene en el tiempo, si el equipo responde de manera continuada y si los resultados acompañan. Pero incluso en ese terreno, su planteamiento parece alineado con lo que históricamente ha funcionado en el club: exigencia constante, jerarquía clara y ausencia de complejos. No hay concesiones al rival, no hay refugio en el pasado ni en el futuro. Hay presente. Y el presente, en el Real Madrid, siempre es exigente.
En un ecosistema donde todos parecen hablar demasiado, Arbeloa ha decidido hablar mejor. Sin aspavientos, sin necesidad de agradar, sin caer en la tentación del titular fácil. Y quizá por eso, precisamente por eso, empieza a resultar incómodo. Porque no entra en el juego del ruido, porque no compra el relato dominante y porque, en el fondo, transmite una idea que descoloca a muchos: que el Real Madrid puede volver a ser un equipo que no se explica, se impone. Arbeloa no levanta la voz. No hace falta. Se le entiende perfectamente.
Me despido como siempre, ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!
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Buenos días, amigos. Bienvenidos a la nave del misterio.
Permítanme que hoy les proponga un viaje. Un viaje inquietante, casi perturbador. Hay días en los que uno abre la prensa deportiva y tiene la sensación de estar ante algo extraño. Algo que se desliza por los márgenes, que habita en las sombras. Que respira en ese territorio difuso donde la realidad se retuerce y, a veces, desaparece ante nuestros ojos sin dejar rastro.
Precisamente de desapariciones versa nuestro portanálisis de hoy.
Arrancamos con Mundo Deportivo. Portada. Titular: «Muro mundial». Afirmación rotunda, categórica, casi dogmática: Joan García es «el guardameta más determinante del fútbol».
Y uno se pregunta… ¿en qué momento? ¿En qué universo? ¿En qué plano de existencia? Porque, claro, para que esta afirmación tenga sentido hay que aceptar algo francamente inquietante: que Thibaut Courtois no existe. Que quizá nunca existió. Que todo lo que hemos visto no es más que una ilusión compartida, una especie de espejismo colectivo proyectado sobre la retina del aficionado.
El mejor portero de la historia del Real Madrid —y para muchos de la historia del fútbol— ¿es una alucinación?
Salvando las distancias, entiéndame, es como si le decimos al aficionado txuri-urdin que el Arconada de aquella Real de los ochenta no existió.
El guardameta que decide partidos, ligas, Champions, el guardián que ha desafiado la lógica, la física, el sentido común. Un coloso. Un fenómeno. Y, sin embargo, desaparece. Como si Courtois no hubiese sido más que una pareidolia con guantes, una psicofonía de dos metros llegada desde otra dimensión. No más que una manifestación, una huella, un eco de quizá un universo paralelo.
¿Casualidad? ¿Causalidad? ¿Olvido? ¿O algo más?
No conteste aún, como diría el maestro Julián Lago, háganlo después de la publicidad. Vamos con nuestros queridos anunciantes. No se muevan, porque lo que van a leer después de la pausa es, sencillamente, sobrecogedor.
Seguimos, amigos, y lo hacemos con un caso que, como les decía antes de la pausa, es verdaderamente inquietante.
Camilo, pon el tuit del Atlético de Madrid. Camilo, ¿hay algún problema? Sí, Carmen, sé que a esta distancia me cuesta, pero no lo veo. ¿Podéis confirmarme si lo están viendo los espectadores? ¿Sí? Ya saben, aquí no hay guion, ¡esto es la tele! ¡esto es la vida!
Segunda parte del derbi entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid. El choque se encuentra en tablas. Sucede algo, y así reaccionan las redes rojiblancas.
⏱ 72' | Real Madrid 3-2 Atleti
Gol de los locales.
— Atlético de Madrid (@Atleti) March 22, 2026
Minuto del partido: 78. Resultado: Real Madrid 3-2 Atleti. Salto de carro y… «Gol de los locales».
Silencio. Vacío. Ausencia.
El gol existe, pero el autor no. Como ese jarrón que se hace añicos en mitad de la noche sin que nadie de este lado del espectro lo arroje al suelo.
El hecho se registra, queda anotado, fijado en el tiempo, pero el protagonista se desvanece, se esfuma, se pierde en las sombras.
El nombre del ausente —el segundo tras Courtois— es Vinícius. No se dice. No se nombra. No se invoca. Como si pronunciarlo tuviera consecuencias incómodas (Vinichús, Vinichús, Vinichús). Como si al nombrarlo se abriera una puerta que algunos visitantes, con un cucurucho blanco en la cabeza, prefieren mantener cerrada.
Nosotros solo mostramos las pruebas. ¿Qué está ocurriendo aquí? Saquen sus propias conclusiones. Pero el rastro es evidente, hay un patrón. Y donde hay patrón, no manda marinero ni periodista ni árbitro ni nadie.
Una realidad que algunos prefieren no ver. Un caso que lleva décadas con respuesta, ya saben a lo que me refiero.
Nosotros, les damos nuestra palabra, seguiremos investigando y contándoles la verdad. Porque para eso estamos aquí. Para observar, para contar y, sobre todo, para no mirar hacia otro lado.
Y también —no lo olviden— por nuestros queridos, valientes anunciantes.
Cuidado ahí fuera.
Buenos días y buena suerte.
El Madrid de Arbeloa ha hecho clic. El clic es un momento muy concreto y perceptible. En el fútbol, aunque no se sepa explicar muy bien, todo el mundo entiende cuando un equipo hace clic. Todos son conscientes. Algo pasa. De pronto, un montón de cosas que andaban sueltas y que estaban desparramadas aparecen juntas. Unidas, como en una soldadura mágica. Todo cobra sentido y fluye. Surge la armonía. El juego funciona.
Nadie sabe muy bien cómo ha pasado. Quizá haya sido la irrupción de Pitarch, alrededor del cual al fútbol del Madrid le han salido alas. Quizá haya sido la energía de Valverde, que lleva un tiempo jugando como si fuera un jinete del Apocalipsis. Quizá haya sido por Rüdiger, al que Arbeloa reconoció el otro día en la sala de prensa que es un jefe, un verdadero capitano listo para dar la cara por el equipo.
Lo cierto es que, por lo que sea, el Madrid de Arbeloa ha hecho clic ante los ojos del mundo entero, y el hecho ha sucedido durante la eliminatoria contra el Manchester City de Guardiola. Cuando Arbeloa se hizo cargo del tremendísimo quilombo que era el Real Madrid en esta temporada, yo mismo escribí aquí que milagros no se podían esperar. Pero es verdad que, en apenas dos meses, Arbeloa, que es un novato, ha eliminado a Mourinho y a Guardiola en sus dos primeras eliminatorias como entrenador en la Copa de Europa. Y ayer, en su primer derbi, se bajó a Simeone: sólo le faltaría ganar a la Brasil de Carletto y ya habría liquidado, de un sólo golpe, a los entrenadores más importantes del fútbol mundial en los tres últimos lustros.
Casi nada. Arbeloa ha resultado ser, como técnico, lo más parecido a Zidane. Y eso era lo que el Madrid más necesitaba: la cábala de la amistad y del savoir-faire con una caseta llena de egos megalomaníacos.
Nadie sabe qué pasará con el Bayern y verdaderamente la liga está en chino, pero Arbeloa ha conseguido lo más difícil: embarcarnos de nuevo en el viaje al centro de la locura
Cuando hace diez años Zidane se hizo cargo del Madrid, su bagaje como entrenador era más o menos el mismo que el de Arbeloa. Sus primeros pasos en el primer equipo fueron dubitativos: la eliminatoria contra la Roma de Totti y Salah se pasó de aquella manera y, tras perder el derbi en el Bernabéu, frente al eterno Cholo, su equipo se puso a doce puntos del Barcelona de Negreira.
Luego, claro, hizo el clic. Fue a lo largo del partido de la vuelta de cuartos de final con el Wolfsburgo. Aquel era otro Madrid y sin embargo en este club hay profecías autocumplidas y cierta clase de bucles melancólicos por los que, recurrentemente, se cuela, como la luz por las grietas, el misticismo. Es innegable que el Madrid de Arbeloa ha entrado ya en un tipo de trance cuyos signos son fácilmente reconocibles por los aficionados: ya no están aquellos gigantes que eran Cristiano Ronaldo, Sergio Ramos, Karim Benzema o Luka Modric, pero Valverde, por ejemplo, ha pegado el estirón de los jerarcas. Y Vinícius ha recuperado el estado de gracia que tenía cuando le robaron, con el Balón de Oro, la alegría.
Cuando el Madrid hace clic, las piezas van encontrando su sitio de manera natural. Es como una marea: desde el fondo de las cosas va naciendo algo a lo que todo se suma lentamente y sin estridencias hasta que, en un momento dado, el conjunto toma una fuerza irresistible. Parece el tam tam que suena tras las páginas de En el corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. Es la magia del Madrid en primavera: un monstruo capaz de nacer en medio del caos y que cuando entra en ebullición se alimenta de su propia sangre.
El fútbol es un estado de ánimo y, sobre todo, también un modo de ser percibido por los demás. Hay fieras que huelen el miedo de sus presas y, en el caso del Madrid, hay una imagen que, con independencia de quién juegue o lo entrene, proyecta sobre la psique de propios y extraños: la imagen y la idea de lo inevitable. Nadie sabe qué pasará con el Bayern y verdaderamente la liga está en chino, pero Arbeloa ha conseguido lo más difícil: embarcarnos de nuevo en el viaje al centro de la locura. Sólo por eso, su paso por la picadora de carne del banquillo del Madrid ya ha merecido la pena.
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El Madrid lo volvió a hacer. ¿Ganar al Atleti? ¡Noooorrrrr, salvar la Liga! Yo hubiera pitado el final del partido nada más marcar ese muchacho, Lookman, y a otra cosa, mariposa. Prontito a casa, a soñar con el Bayern y las cosas serias.
Pero nada. Se pusieron cachondos los de blanco, en tres minutos dos goles y, como nos conocemos, ya que estamos, 3-2. ¡La mejor Liga del mundo y tal! En fin.
Llevaba un tiempo cavilando si me presentaba a las elecciones a la presidencia, no hay día que no estemos con eso, y he decidido dejarlo y no es por dinero y esas cosas mundanas. Es que me conozco y podría agredir de palabra y obra a muchos de los muchachos empezando por Vinicius. Sería así:
-Yo: ¿No os dije el día de mi presentación que no toquéis las bolas con la Liga, la Copa y todo eso desde los octavos de la Copa de Europa en adelante?
-Vinicius: ¿Qué hago? ¿Tiro fuera todos los penaltis? Díselo a Brahim, que no se ponga a regatear así en el área.
-Yo: En Europa, sí. Aquí, no. ¿Qué parte no entiendes de "aquí, no"?
-Courtois, al quite: Pues la próxima bajás vos y lo tirás.
-Yo: ¿Pero tú no eres belga?
En fin, el Madrid y su clásico despelote: salvó la Liga. Y era el día propicio. La cosa estaba bien planificada con el no penalti a Ratiu en el Camp Nou, una excelente maniobra de distracción. Aquí nunca pasa nada -recuerden a Negreira, palancas, cautelares eternas y tal- y con Semana Santa encima ni pensarlo. El 0-1 del Bernabéu era un añadido magnífico, y fue el Madrid y lo fastidió.
Lo cual me permite entrar en lo mollar de estas letras: la falta de comprensión del pueblo, el vestuario madridista inclusive, en tantas cosas. No entienden los muchachos dónde de verdad deben dejarse el alma. Y no son los únicos que malinterpretan cosas sencillas, pues esta semana hemos vuelto a vivir algo tremendo: la falta de comprensión lectora del guardiolismo. En cuanto palman, y más con el Madrid, enseñan la patita.
Este curioso sector desconoce, hay que ver, lo que significa la palabra fracaso. Les suena a algo terrible, más ofensivo que HDP, algo insoportable. Es lastimoso, puro desconocimiento del significado de esa palabra.
Guardiola echó mano de la Quinta del Buitre, el mejor equipo del Madrid que ha visto, dijo, para preguntar si fracasó por no ganar la Copa de Europa. Pues sí: en esa competición fracasó la Quinta
Fracaso, queridos, es un hecho inesperado y adverso. Nada más. Con eso vale pero, si queremos cierta ampliación, diremos que es un suceso negativo y a menudo doloroso que implica no alcanzar los resultados deseados. En un momento de la vida de una persona, de un colectivo. No a lo largo de su existencia. Hombre, sí conocemos tíos y tías que la vienen cagando desde su nacimiento, pero no son mayoría. Vamos, juraría.
Guardiolismo y fracaso es incompatible. Insultan a quienes lo platean. Es la absurda y terrible militancia ciega. Fíjense: Guardiola ha ganado una Champions desde 2011, cuando conquistó su segunda con el Barcelona: la de 2023 con el City. Habiendo entrenado también al Bayern Múnich. Es decir: no al Newcastle ni al Unión Berlín. Una copa en 15 años con este 2026 supone un hecho adverso (obvio) e inesperado pues es una sorpresa el balance, un título en todo ese tiempo. Él. Lo cual no tiene que ver ni se refiere a su valía profesional, que nadie le discute como animal futbolístico, jugador primero y entrenador después. Suceso negativo y doloroso por no alcanzar los resultados deseados en una competición, el torneo cumbre, de ahí la extrañeza, y de ninguna manera extensivo a toda su carrera profesional. En Guardiola ni en nadie.
Igual en clave madridista se entiende mejor. El Madrid, que estuvo 32 años sin ganar la Copa de Europa, vivió ese fracaso. A la evidente adversidad de la cosa se añade que nadie pudo suponer que trascurriría todo ese tiempo desde la Sexta, 1966-1998.
Lo cual no significa que, por extensión mal entendida, digamos que el Madrid fue un fracaso todo ese tiempo. Tanto es así que fue coronado como el mejor club del siglo XX. Pasó que dejó su sello y presencia en otras competiciones, en su día a día, en sus personajes, en su labor más allá el césped. En todo.
Guardiola echó mano de la Quinta del Buitre, el mejor equipo del Madrid que ha visto, dijo, para preguntar si fracasó por no ganar la Copa de Europa. Pues sí: en esa competición fracasó la Quinta. Jugó maravillosamente, fue no solo un fantástico equipo del Madrid sino del fútbol mundial… que se estrelló en la Copa de Europa. La Quinta y el Brasil del 82 son los dos grandes campeones sin corona, la grande. Así es de jodida la vida.
A la Quinta le superó el Milán de Sacchi como a Guardiola le ha ido superando el Madrid. Y, cuando no fue ese equipo, le apareció aquel PSV como al City el Chelsea en aquella final. La vida.
Y bien lo explicó Manolo Sanchís cuando alzó la Séptima en Amsterdam. Su presencia en la plantilla y el recoger el trofeo como capitán suponía quitarse la gran espina que la Quinta llevaba clavada.
Nadie ha sugerido que la Quinta haya sido un fracaso. Sólo pueden manejar eso los malintencionados. Se trata de apechugar con lo que la vida te presenta, a menudo de manera injusta. El fracaso forma parte de la vida de todos. Pep Guardiola no es una excepción.
Perdemos en la vida más que ganamos, dijo el técnico de City con razón, esa es una de mis frases favoritas. Fracasar no es el final de nada. Para la gente de cuajo es siempre un acicate, un principio. Una de 15 Champions más la inversión realizada en esos clubes es fracaso. Y nada más. Cinco días después, ayer, su equipo ganaba la Copa de la Liga inglesa. Su título número 40 como entrenador. Felicidades. Pues eso.
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