Buenos días. Reza el himno del Real Madrid (el de 1952) que Los domingos por la tarde / caminando a Chamartín / las mocitas madrileñas / las mocitas madrileñas (esta segunda vez con más énfasis) / van alegres y risueñas / porque juega su Madrid. Este domingo al mediodía, en autobús descubierto, los mocitos madrileños irán alegres y risueños a Cibeles junto a ti.
Tebas no tuvo a bien permitir al club blanco celebrar en el Bernabéu el trigésimo sexto campeonato de liga, programó el Real Madrid-Cádiz antes que el Girona-Barça, por lo que, como es obvio, el Madrid no pudo recibir el trofeo cuando y donde tocaba. Ya sabéis que el madridista Javier no lleva muy bien que desde Concha Espina se preocupen por la escrupulosa legalidad de la competición en la que participan y, cuando observan algo extraño, pidan cuentas al presidente de la misma, vía justicia si es menester.
La rabieta infantil de Tebas provocó que hubiese que buscar una fecha y un lugar adecuados, o al menos viables, para la entrega de la copa. En principio, Rocha, el nuevo mayordomo de Tebas, consintió celebrar la ceremonia en los prolegómenos del Granada-Real Madrid. Nadie de la Liga ni de la RFEF se percató del mal gusto que supone festejar un título en casa de un equipo que probablemente en ese momento estaría descendido (como así ha ocurrido). El Madrid, de nuevo, tuvo que aportar un poco de sensatez al fútbol español y negarse.
De modo que han elegido hoy, de buena mañana, con el café y los churros recién ingeridos, para que ese gran presidente de la RFEF al que todo el mundo admira por sus aptitudes, sus actitudes, sus compañías y su trayectoria inmaculada llamado Pedro Rocha entregue el trofeo al Real Madrid en Valdebebas a puerta cerrada.
Al parecer, se tanteó la posibilidad de que Amazon lo depositase en un bar cercano a la plaza de los Sagrados Corazones, junto al Bernabéu; incluso que un repartidor de Glovo lo llevase en bicicleta a Cibeles, opción esta última muy bien vista en las sedes de LaLiga y de la Federación, por cuanto su huella de carbono es prácticamente despreciable y se habría enviado un mensaje ecológico a la sociedad.
Tras la emotivísima entrega del trofeo en Valdebebas, el Madrid acudirá a la sede de la Comunidad de Madrid, donde la presidenta Isabel Díaz Ayuso recibirá a los campeones. La llegada está prevista a las 10:30. Después, los blancos visitarán el ayuntamiento de Madrid, donde los esperará el atlético Almeida a eso de las 11:30.
En el fondo, estas visitas obligatorias son como cuando ibas al pueblo y tenías que ir a ver a todas tus tías antes de poder irte de fiesta con tus primos y amigos, que era lo que de verdad te gustaba. Y esa fiesta, como ya sabéis, es ir a Cibeles, donde se llegará a partir de las 12 del mediodía.
Allí la plantilla y cuerpo técnico celebrarán con todos los aficionados un año de trabajo ímprobo. Tal vez Ancelotti nos deleite de nuevo marcándose un baile de la victoria ataviado con gafas de sol y puro en ristre. Estos veteranos y noveles merecen desfogar y celebrar esta liga que, precisamente por tratarse de una competición corrupta diseñada contra el Madrid, sabe aún mejor.
El himno también dice aquello de Caballero del honor, y así lo demostró ayer el Madrid, que acudió con profesionalidad a Granada y compitió como sabe por respeto al resto de equipos del campeonato.
Marca titula “De calle”, en alusión a la facilidad con la cual el Madrid ganó, pero no es tarea sencilla acometer un encuentro en el que uno ya es campeón y el otro ya ha descendido. El comportamiento de ambos equipos fue ejemplar.
Es menester agradecer al cuadro nazarí el reconocimiento y el respeto que mostraron homenajeando a los campeones con el pasillo aun habiéndose confirmado su descenso momentos antes. Da gusto jugar contra un equipo que viste de rojiblanco y no machaca a patadas a los futbolistas del Madrid ni su afición profiere insultos racistas.
El Madrid venció 0-4 y Brahim fue el mejor del encuentro. Anotó un doblete, incluido un golazo en el que agarró el balón en el centro del campo, llegó al área, recortó y puso el balón donde no llegan los porteros. Fran García marcó su primer tanto como madridista y además dio una nueva asistencia. Y Güler volvió a mojar. Lo de este chico parece muy serio, ha jugado cuatro ratos salteados y tan solo lleva un gol menos que Lamine Yamal, según los feligreses de la iglesia blaugrana, el nuevo Messi y Maradona juntos.
Ya que hemos comenzado a hablar del Barça, os mostramos la portada de Mundo Deportivo. Ahora resulta que Dani Olmo es un Deco 2.0. Eso suena a aparato de esos para piratear la liga de Tebas.
Sport hoy asume el papel que más le gusta, el de matón: “Presión a Lewandowski”. Esta es la manera que tiene el club de hacer mobbing a los jugadores cuando no quiere pagarles lo que tienen estipulado por contrato. Todos sabemos que, como acató el propio Barça, Lewan cobra más cuanto mayor es y sus prestaciones decrecen. El polaco, como es obvio, no quiere marcharse.
Os dejamos con la portada de As, “Felices a Cibeles”, que es precisamente lo que vamos a hacer nosotros. Podéis seguir los festejos en nuestra cuenta de X y en el canal favorito de los antimadridistas: Real Madrid Televisión.
Pasad un buen día, celebrad y recordad las palabras de Boris Yellnikoff (Larry David) en Si la cosa funciona: “Aprovecha todo el amor que puedas dar o recibir. Toda la felicidad que puedas birlar o brindar. Cualquier medida de gracia pasajera, si la cosa funciona...”.
Courtois: 6. Sigue mostrando buenas sensaciones.
Lucas: 6,5. Muy constante durante todo el partido.
Militao: 6. Se le nota aún algo indeciso en ciertas acciones.
Rüdiger: 6. Partido muy cómodo para él.
Fran: 7. Gol y asistencia, aunque dejó algún error en salida de balón que debe corregir.
Camavinga: 7. Va sobrado.
Modric: 8. Está dando su mejor versión de la temporada en este tramo.
Ceballos: 5. El más gris.
Güler: 7. Elige siempre bien y marcó un nuevo gol.
Brahim: 9,5. Difícil jugar mejor.
Joselu: 5,5. Escogió bien el día para estar acertado.
Nacho: sin tiempo relevante.
Kroos: sin tiempo relevante.
Ancelotti: 7. El equipo tuvo la actitud correcta.
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El campeón de Liga ha goleado al Granada.
Rotaciones masivas: ya lo había advertido Ancelotti en la rueda de prensa previa al partido. Solo Rüdiger repetía con respecto a la batalla contra el Bayern. El equipo era similar al que había ganado al Cádiz. Solo faltaba Nacho.
La primera parte fue bastante plomiza debido a que ningún equipo ya se jugaba nada. El Granada comenzaba el partido ya descendido. Por tanto, el primer acto, al menos hasta los minutos finales, nos ofreció poco. Buenas sensaciones de Courtois bajo palos, la sensación de que a Militao le está costando y la velocidad y aceleración de Brahim.
Sin embargo, los minutos finales dejaron buenas noticias para el Madrid. La primera, el gol de Fran a pase de Brahim. El lateral izquierdo marcaba así su primer gol como madridista.
La segunda fue un nuevo gol de Güler, que hacía su tercera aparición goleadora. En esta ocasión la asistencia fue de Fran. El disparo de Güler fue mortal en su sequedad. Era un 0-2 como el que no quería la cosa.
En el 49' llegó la jugada del partido: Brahim arrancó desde el centro del campo tras un gran giro y fue sorteando rivales hasta que dentro del área y, tras un último recorte, anotó el 0-3 con la derecha.
UN BRAHIM SUPERSÓNICO 🔥🔥🔥#LALIGAenDAZN ⚽ pic.twitter.com/4DLGG72Rv7
— DAZN España (@DAZN_ES) May 11, 2024
El 0-4 fue el resultado de una exhibición colectiva que involucró a Lucas, Güler, Modric y el goleador Brahim. A estas alturas ya el Madrid se paseaba y el Granada penaba por el campo.
La segunda parte estaba siendo un baño futbolístico. El Madrid estaba en disposición de marcar los goles que quisiese.
En el 69 entraron Nacho y Kroos por Rüdiger y Modric. Brahim seguía con su exhibición particular. Joselu disfrutaba de ocasiones bastante buenas, pero el gallego no tenía el nivel de acierto que sí mostró ante el Bayern. El árbitro ni siquiera esperó al noventa para pitar el final.
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Pasado el momento de la gran alegría, conviene reflexionar un poco sobre lo que estos últimos años hemos vivido en el Real Madrid y sobre lo que presumiblemente nos espera.
Una vez más, estamos en la final de la Copa de Europa (soy tan viejo que sigo llamándola así). Con el mérito añadido de que ha sido en un año de lesiones que parece imposible de igualar. Lo más importante, ahora, es ganar la Champions, por supuesto. Sin ponerme ninguna venda antes de ninguna posible herida, quiero anticipar algo: lo que ya ha hecho el Madrid no sólo tiene un mérito extraordinario sino que yo lo veo como la feliz culminación de una estrategia ejemplar.
Ya sé que en el fútbol, como en la vida, la fortuna juega muchas veces un papel decisivo: un balón entra o da en el poste, un árbitro concede o no un gol y todo cambia. Pero también sé que, si se hacen las cosas mal, es casi seguro que saldrán mal. Y, si se hacen bien, es seguro que tendremos alguna probabilidad más de que el resultado sea feliz.
Cuando hablo de hacer las cosas bien o mal, no me estoy refiriendo, por supuesto, a la ética, sino a algo más sencillo: lo sensato, lo razonable, el buen sentido. Es decir, algo que suele estar olvidadísimo en este mundo actual, en el que tanto juegan la fachada, la mentira y el disparate. (¿Hace falta mencionar a alguno de nuestros políticos?).
Sin ponerme ninguna venda antes de ninguna posible herida, quiero anticipar algo: lo que ya ha hecho el Madrid no sólo tiene un mérito extraordinario sino que yo lo veo como la feliz culminación de una estrategia ejemplar
Se puede creer que un hombre que dirige una empresa importante posee de sobra, por definición, esas cualidades de sensatez y sentido de la realidad. La experiencia demuestra que no siempre es así. Recuerdo un curioso libro que leí sobre los errores graves, inexplicables, que cometieron muchos grandes empresarios y que causaron perjuicios inmensos a sus negocios.
Florentino Pérez, en cambio, pasará a la historia como un caso singular de gestionar con ejemplar sensatez una empresa muy compleja, en la que, además de los factores económicos, juegan papel decisivo los sentimientos y la imagen.
No estoy haciendo elogios baratos, nacidos de la euforia del momento actual. Imaginemos que hubiéramos perdido esa eliminatoria de semifinales o que perdemos la próxima final: los madridistas sentiríamos gran dolor, sin duda, pero eso no supondría ninguna tragedia decisiva ni habría que cambiar el rumbo del equipo. Básicamente, seguiríamos igual, con una economía saneada, una plantilla joven y prometedora, un estadio impresionante y un prestigio internacional inmejorable. Ésa es la realidad, al margen de la fortuna en alguna jugada y de las decisiones de algún árbitro.
En estos años, Florentino Pérez ha actuado con inteligencia y cautela: no ha despilfarrado el dinero, ha actuado teniendo en cuenta el medio y largo plazo, además de la actualidad. En concreto, ha fichado bien, ha vendido jugadores bien y ha dejado irse a los que lo merecían y a los que lo deseaban.
Florentino Pérez pasará a la historia como un caso singular de gestionar con ejemplar sensatez una empresa muy compleja, en la que, además de los factores económicos, juegan papel decisivo los sentimientos y la imagen
Eso ha supuesto, en bastantes ocasiones, no aceptar las exigencias de unas estrellas ensoberbecidas, ni dar importancia a los reproches de muchos periodistas interesados, ni acceder a los arrebatos sentimentales de muchos hinchas. Y algo especialmente difícil, muchas veces: frenar lo que nos pide el corazón para actuar como nos aconseja la razón. (¿Es preciso mencionar el nombre de Mbappé?).
Se entiende mejor todo esto viendo el ejemplo contrario, el del Barcelona, dando bandazos irresponsables en los económico, en lo deportivo y en la imagen. Es la justa traslación al mundo deportivo de un pueblo que ha elegido negarse a ver la realidad para vivir en el desvarío autocomplaciente.
El Madrid, en cambio, ha escogido lo contrario: la estabilidad de un proyecto sensato, realista, razonable. Estoy seguro de que, con Florentino, vamos a seguir por ese mismo camino, que tantas alegrías nos ha dado ya y que —estoy seguro— nos las va a seguir dando. Espero que la próxima sea el día 1, en Wembley.
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El primer extranjero en Liga de la historia del conjunto madridista fue Gyula Alberty. En 1935 fichó por el Madrid FC con la etiqueta de ser el sucesor a corto plazo en la portería de Ricardo Zamora. ‘El Divino’ contaba con 33 años, estaba en el tramo final de su carrera y por algunos problemas físicos ya no gozaba de la continuidad necesaria para disputar una temporada completa sin percances. Voces dentro del club y en la afición abogaban por un cambio inmediato en el marco, aunque el guardameta catalán cuando estaba en plenas facultades seguía siendo el mejor. Esta era la opinión de Santiago Bernabéu, por entonces directivo, que como contó en una entrevista a Televisión Española muchos años después hubo una campaña muy centrada en él porque “no quito y no cambio a Zamora, Valle y Eugenio cuando ya no valen y están acabados”.
La primera apertura en la Liga española para incorporar extranjeros a los equipos se aprobó en 1933. La insistencia de varios equipos tuvo su premio y se acordó la inscripción de jugadores foráneos a partir de la temporada 1934-35. El equipo blanco firmó a mediados del mes de febrero de 1935 a Alberty tras observarle en el homenaje nacional a Zamora el 20 de diciembre de 1934 y poco después en un entrenamiento en Chamartín. La selección se enfrentó en un amistoso a un combinado húngaro con mezcla de jugadores del Újpest y Bocskai. Aquel conjunto tenía en su marco a Gyula Alberty, que pese a encajar seis goles dejó sensaciones bastante convincentes. El Diario de Madrid definió su encuentro como “gran actuación” y que se “lució”, en La Voz se destacó que a “Alberty, el portero húngaro, se debe que el equipo español no ganara por mayor número de tantos”, mientras que I. Corbinos en su crónica de AS escribió que “Alberty, jugó un partido espectacular”. La secretaría técnica del Madrid FC con Hernández Coronado echó el ojo al portero y lo tentó con varias ofertas. En un principio se mostró reacio a abandonar su país, pero finalmente lo convencieron y decidió jugar en el extranjero para crecer profesionalmente.
Alberty, había nacido el 21 de agosto de 1911 en Somsály (según el periódico húngaro Eszka-Magyarország), tenía 23 años y un gran futuro por delante. En su país militó en el O.B.T.K., el Attila FC de Miskolc y luego en el Bocskai FC de Debrecen hasta la llamada del club blanco. Las crónicas de la época le definían como un hombre de goma, un guardameta felino, pundonoroso y muy valiente, que salía con facilidad del marco y tenía un estilo espectacular y vistoso. Por su traspaso la entidad madridista pagó 12.000 pesetas a su club de procedencia. En cuanto al salario, el cancerbero magiar iba a cobrar 650 pesetas mensuales.
Ricardo Zamora le proporcionó una gran bienvenida y en el diario YA firmó una columna comentando: “celebraré que el Madrid haya encontrado en este jugador el hombre que me permita estar algún día enfermo, sin consecuencias graves para el club”. Una gripe de El Divino estuvo cerca de provocar el debut oficial de Alberty en Liga contra el Donostia en Chamartín el 24 de febrero, pero finalmente el catalán se recuperó y el estreno del húngaro se aplazó hasta un mes más tarde. Se puso por primera vez bajo palos en un partido de aúpa en Chamartín contra el Athletic Club el 24 de marzo, en la jornada 17. Los blancos vencieron con solvencia y la actuación del magiar fue discreta y con los lógicos nervios de su primer encuentro. Así lo vio Rienzi en AS: “Su labor ni nos entusiasmó ni nos defraudó. Tiempo tendremos para juzgarlo mejor. Ayer el público le acogió con toda la simpatía con que recibe a todo jugador debutante este gran Madrid. Estoy seguro que la afición no le regateará nada, porque es lema en ella darlo todo a quien es merecedor”.
A partir de ese duelo, por una lesión de Zamora que se alargó más de la cuenta, recibió continuidad por parte de Paco Bru y disputó cuatro partidos de los cinco restantes en Liga, uno en Sevilla y el resto en Chamartín, todos con victoria blanca. También empezó como titular en la Copa, en los octavos de final frente al Sevilla. En Nervión, encajó un tanto de Campanal que certificó la derrota madridista. En la vuelta, con Zamora recuperado de sus problemas físicos, los merengues no lograron remontar y el choque terminó en tablas. Antes del verano actuó en un amistoso ante el Salamanca en El Calvario, donde el Madrid FC viajó con mayoría de jugadores suplentes.
De cara a la siguiente campaña, en verano de 1935, se rumoreó que una bajada del sueldo a Ricardo Zamora podría suponer su salida del Madrid FC. Sin embargo, el guardameta catalán se quedó en la capital y renovó su contrato. Alberty, en un principio, partiría como suplente, pero la edad y el físico hacían mella en ‘El Divino’, por lo que el húngaro jugó mucho más de lo esperado. Zamora, que amagó durante el curso con la retirada y llegó a apartarse silenciosamente de la vida activa como futbolista, regresó para los grandes días en los que volvió a demostrar que todavía era diferencial.
En verano, el Madrid FC realizó una larga gira por las islas Canarias de tres semanas jugando ante el CD Tenerife, RC Victoria y el Marino FC. Alberty solo jugó dos de los choques frente al Tenerife y saliendo tras el descanso por Zamora. Sin embargo, una distensión muscular de ‘El Divino’ le dio paso a la titularidad durante buena parte del Campeonato Regional Mancomunado, la primera competición futbolística de la temporada. En total actuó en ocho de los diez partidos y consiguió su primer título como jugador blanco al superar el Madrid FC en la clasificación al Zaragoza.
En noviembre comenzó la Liga con el magiar afianzado bajo palos. Ricardo Zamora no estaba en plena forma y vio como Alberty se hacía con el puesto durante los primeros dos meses de competición. En ese tiempo, tanto el club, como los aficionados y la prensa coincidían en que el húngaro lo estaba “haciendo bien y seguirá en la brecha”, mientras que Zamora recibía críticas de “ya no es portero. Es redactor deportivo”.
Pero una lesión a mediados de enero cortó de raíz el buen momento de Alberty. En San Mamés, ante el Athletic, en un choque al salir a los pies de Gorostiza se fracturó dos metacarpianos de la mano derecha. Después de casi dos meses de baja regresó para instaurarse de nuevo en el marco merengue en cinco de las últimas seis jornadas ligueras. El Madrid FC luchó hasta el último día contra el Athletic, pero el título voló a Bilbao.
Con el rodaje del final de la Liga y la buena dinámica que mantenía, el guardameta de la Europa del Este empezó la Copa como titular. Fue de la partida en los dos primeros partidos de octavos de final contra el Arenas. En la ida, en Chamartín, los blancos vencieron por 2-1 y en la vuelta, en Ibaiondo, los areneros lo hicieron por el mismo resultado. Sin embargo, su mala actuación en el campo guechotarra le pasó factura. Según la crónica de Excelsius, estuvo “inseguro”, y en la de El Nervión se pudo leer que “Alberty, en la puerta, no tiene disculpa al tanto segundo que le marcaron”. Paco Bru, en las declaraciones pospartido, le culpabilizó de la derrota y decidió dejarle fuera del equipo en el desempate disputado en Chamartín unos días después. Ricardo Zamora volvió a la portería y jugaría el resto de la competición hasta la famosa final contra el Barça en Mestalla, en la que detuvo de forma excepcional aquel disparo de Escolá que se colaba cerca del poste. Alberty amplió su palmarés con la Copa, pero con un regusto amargo después de no poder actuar en cuartos, semifinales y la final.
Tras el verano, y con la guerra civil ya iniciada, lo que quedaba de la plantilla blanca comenzó los entrenamientos el 9 de agosto. Alberty no pudo incorporarse a tiempo, pero sí estuvo incluido en una convocatoria de una selección madrileña para un amistoso en Tarancón el 23 de agosto y para la que realizó Paco Bru de cara a la posible participación madridista en el Campeonato catalán de octubre. El magiar y Espinosa eran los porteros de una expedición que tenía previsto concentrarse en El Masnou. Finalmente, el Barça, en la figura de su delegado, Rosendo Calvet, y el presidente incautador de la Federación Catalana, Ramón Eroles, se opuso a la participación de los blancos en la competición y la plantilla quedó liberada sin más compromisos a la vista. El Madrid FC suspendió su actividad deportiva, por lo que Alberty terminó su vinculación con los capitalinos.
El bagaje total como blanco del cancerbero fue de 31 partidos oficiales (20 en Liga, 3 en Copa y 8 en el Campeonato Mancomunado) y 3 amistosos. La opinión generalizada es que Alberty en el Madrid FC tuvo un rendimiento magnífico, dio buen resultado en el marco merengue, cumplió con satisfacción su cometido y no desentonó. Para Ricardo Zamora, el magiar “no defendía la portería con racionalidad como lo hago yo. Sin embargo, su flexibilidad es sorprendente, es un verdadero acróbata y eso ahora le gusta al público". Su compañero de retaguardia, Jacinto Quincoces, declaró a la publicación Neko en el mes de diciembre de 1935 que tenía una impresión “muy buena de Alberty, que se está adaptando muy bien al juego español”. Mientras que Luis Regueiro, en una entrevista en AS en 1969, habló de aquella época en el conjunto blanco y calificó a su compañero en la portería como “excelente”.
Durante la guerra civil, Alberty primero emigró a Francia para jugar en el Le Havre. En 1938, cuanto la situación mejoró en la zona Cantábrica, se instaló en Fuenterrabía y se enroló en las filas del Unión de Irún para disputar varios amistosos. Su siguiente destino, en el que volvió a dejar actuaciones espléndidas, fue el Racing de Ferrol. Con los gallegos actuó en la Copa de 1939, llegando a la final contra el Sevilla en Montjuic en la que no logró la evitar la derrota. Una vez finalizada la contienda esperó una llamada del Madrid para un posible regreso a la capital con su esposa Eugenia Álvarez. Sin embargo, esa reincorporación nunca se produjo y volvió de Francia, donde se encontraba en esos momentos para fichar por el Celta en octubre de 1939, gracias a las gestiones del presidente Pedro Braña Merino. Con los vigueses permaneció las temporadas 1939-40 y 1940-41, siendo titular para Joaquín Cárdenes y Ricardo Comesaña y resultando vital en la promoción disputada ante el Depor la primera campaña. Alberty se adaptó perfectamente a la ciudad y cuando se marchó del equipo celeste abrió una cafetería llamada el Bar Club.
En el mes de noviembre de 1941, el Celta le concedió la libertad por los problemas existentes para inscribir extranjeros y salieron rumores de su fichaje para el Valencia, el Sevilla y una segunda etapa en el Madrid. Al final, la Federación Nacional dio el OK a tramitar su ficha y la entidad que más apostó por su refuerzo fue el Granada, donde se volvió a encontrar con Paco Bru, que había llegado en verano al cuadro nazarí. Alberty firmó un año por 30.000 pesetas, las primeras 25.000 en el momento que estampase su rúbrica en el contrato y las restantes 5.000 al final del curso.
Bru lo situó bajo el marco nada más llegar y rápidamente se hizo muy popular en la ciudad. El técnico madrileño, en una entrevista en el diario GOL el 7 de febrero de 1942, señaló que el magiar está “muy bien; creo sinceramente que en la actualidad es el mejor portero de España”. Alberty seguía jugando con su típico jersey de cuello alto tejido a crochet y saltando al césped con una bolsa de naranjas de las que exprimía y bebía el jugo cuando el balón se encontraba lejos de su área.
Su prematura muerte tuvo lugar el 9 de abril de 1942. Había jugado 14 partidos ligueros con los granadinos hasta que después del disputado en Oviedo enfermó de fiebres tifoideas. Durante un mes en la prensa se informó que estaba lesionado por una entrada del sevillista Campanal, que tenía fiebre muy alta debido a un catarro y más tarde que su cuadro podía derivar en una peritonitis. Un día se decía que mejoraba y al siguiente que volvía a estar en peligro su vida. Finalmente, la trágica noticia apareció en los periódicos el 10 de abril informando que había muerto el día anterior tras ser operado de una perforación intestinal y no haber podido superar una congestión broncopulmonar y una insuficiencia cardiaca.
El ayuntamiento de Granada, con su alcalde Antonio Gallego Burín, cedió en el Cementerio de San José una tumba a perpetuidad donde reposan sus restos. Falleció con apenas 30 años y todavía con una trayectoria de varias temporadas más por delante. Estaba considerado uno de los guardametas más contrastados y espectaculares del panorama nacional y en Madrid, el lugar en el que debutó, su deceso causó también una enorme conmoción.
Fotografías: archivo Alberto Cosín.
Buenos días. Fuera un secreto a voces o la crónica de una muerte anunciada, el caso es que por fin la tortuga ha salido de su cascarón para proclamar lo que ya se sabía urbi et orbe: Au revoir, me las piro, ahí te quedas, hasta luego, Lucas (Hernández).
Hoy concluye su eterno prólogo, digno de los mejores soap opera andinos y caribeños, después de un vídeo de despedida presuntamente emotivo y lacrimógeno que causa la misma emoción que un belga sonrosado pasado de rebujito bailando por soleares en un tablao flamenco. Sentadito en su sofá, Kylian se despide de todo el mundo; desde Lucho y sus expected goals, hasta el utillero Jean François que me acabo de inventar; de todos menos del jeque y jugador de paddle a tiempo parcial Nasser Al-Khelaifi, el presi, del que Kylian, su madre, padre, hermano, sobrinos, primos y cuñados han acabado regados de oro catarí, sí, pero hasta los mismísimos dídimos de sus medias verdades cuando no directamente trolas que vinieron del desierto. Tampoco aparece el otro presi, Emmanuel Macron, el del Elíseo, el fotogénico, que tan pronto se pone estupendo ante Putin como acosa y tira renos de peluche a un empleado de Les Bleus para que no se viniera a Madrid.
Ya saben que por esos lares creen que Europa acaba en Les Pyrenees.
Mbappé se va y ahora, como Astraco, el galáctico amigo de Yupi en el Ente, comienza su aventura espacial. ¿En qué estrella estará? ¿Qué galaxia pululará? L´Equipe nos ofrece una pista que nos conduce a la blanca Vía Láctea donde todos los planetas merengues orbitan en torno al astro rey, Florentino. Y lo hace en español de Cuenca (aunque de la parte de la ciudad encantada que se caracteriza por no tildar "adios"). Todo un mérito, sin duda, para un diario francés titular en la lengua de Cervantes (y del Fary). Ya conocemos por aquí su inmenso amor por ese molesto vecino de abajo que pasa la tardes durmiendo, las noches de fiesta, bebe sangría, come paela y tanto ruido hace, sobre todo cuando los partidos de vuelta son el Bernabéu. Sería este el penúltimo hito kylianesco que nos llega desde París, desde donde por cierto últimamente siempre han llegado buenas noticias de la mano del jeque estreñido.
Suele decirse que el fútbol no tiene memoria y así es; amnésico cual fiestero a la luz del alba al salir de un after-hour. Y es que ya casi hemos olvidado que el PSG —Petrodolar Social Group— se llevó al tronista de Jesé por 30 kilos, nos colocó a Asensio, presentaron el plan jubilación dorado de Lionel y birlaron a Neymar al Barça, al que luego han despachado sin contemplaciones por latitudes bajas de la Champions, cuando vinieron por Verratti.
Si no fuera porque Al-Khelaifi es un sátrapa, cabrero de las dunas convertido en milmillonario, diríamos que el Paris Saint Germain es un club amigo.
El hecho es que Mbappé se va y en consecuencia su onda sísmica se expande a lo largo y ancho de todo el Planeta Kiosco. Entre la prensa cañí quedémonos con el afrancesado adiós del diario As por ser, como la guillotina, de lo más chic de lo francés. Nos gusta también su antifaz-zapatilla de un solo ojo; el problema es que, por mucho epíteto consabido de bomba deportiva que acompañe a la noticia, esta, como tal y a estas alturas del melodrama, tiene poco ya de noticia. Lo normal sería que hoy el madridismo palpitara de intensa emoción ante el advenimiento de uno de los mejores jugadores del mundo, pero todo marcha tan viento en popa a toda vela que realmente no es así. Donatello se ha empachado de pizza en los suburbios de París y habrá que trabajar con él en intenso proceso de chamartinización para depurar esa pátina de loser amargado que se ha granjeado durante estas dos últimas temporadas sobrantes en el equipo de Macron.
O, como había quien decía en Twitter, que venga Mbappé para darle descanso a Joselu
Es precisamente con Selu como Marca tira el desmarque en los kioscos ante el adieu de Mbappé. Lo malo es que lo hace con uno de sus clásicos titulares de Perogrullo. Obvio, que diría el inquietante compañero de celda del protagonista de El Hoyo, nos ha jodido, que diría un castizo. ¿Quién no estaría disfrutando después de cascar un doblete al Bayern en unas semifinales de la Champions, pardiez?
Eso sí, en páginas interiores no se les caen los anillos para proclamar de nuevo que adelantaron este fichaje. Lo que se les olvida recordar es que el timing fue de nuestro galernauta Ramón, que lo adelantaron antes de tiempo o que incluyeron a Kylian en su clásico paquete de 50 candidatos a madridista que utilizan para garantizar que les suene la flauta de tanto en cuanto.
Lo suyo sería acertar un fichaje del Eibar.
En tierras catalanas, por su parte, han tenido que esforzarse para correr un tupido velo sobre una noticia que por mucho que intenten tapar con Cubarsí —pobre— es una auténtica arma de destrucción masiva del Barcelonismo.
Tanto es así que el diario de Godó, grande de España, nos presenta hoy a la mayor troika de deprimentes del fútbol europeo contemporáneo: Ten Haag, ídolo calvorota del teatro de los sueños, Frenkie, el holandés que parece Heidi y que acumula un lustro sin explotar en Can Barça, y la Farsa de las palancas.
Vuelve la ilusió.
En eso anda Sport que, mientras en páginas interiores sigue dando rienda suelta a las biliosas vomitonas de las plumas más talibanes del periobarcelonismo, en su primera plana mide la temperatura del fichaje de Nico Williams, como si de un actor porno se tratara. Mañana nos contarán que Mbappé resulta que es un descarte de Deco y Hernández, los Dupont-Dupont de los despachos deportivos.
La pregunta es… si están más tiesos que la mojama, si sus palancas andan más oxidadas que las del Kursk… ¿Cómo van a aflojar 100 kilos por Williams?
O mejor todavía, ¿cómo van a untar con 7 kilos al año a Hezonja para sisárnoslo?
Noticia malintencionada, por cierto, convenientemente filtrada a todos los satélites mediáticos culés en toda una antesala de Final Four y tras perder el primer puesto ACB en beneficio de un aguerrido Unicaja que esta temporada da y dará sopas con ondas a los de Roger.
Ay, Supermario, no te vayas a comer un champiñón maligno.
Por cierto, que hoy juega el CAMPEÓN. Hala Madrid.
Bienvenu, Kylian.
Pasad un buen día.
José Luis Llorente Gento. Los apellidos deberían ser suficiente carta de introducción para una entrevista con vocación enciclopédica, por la largueza de su estirpe deportivo madridista. Sin embargo, los afortunados que tenemos el privilegio de ameritar su amistad de quien realmente disfrutamos es de José Luis, Joe, persona aún por encima del mito deportivo. Por su bondad, sentido del humor, inteligencia y generosidad. Por sus conocimientos, anécdotas, análisis y abrazos, tan difícil determinar cuáles de ellos son los más valiosos. De Joe se disfrutan sus chistes, alguno bueno, sus consejos nutricionales, sus análisis sociopolíticos y sus lecturas culturetas. Ojalá les interesen las reflexiones de esta fusión entre Leónidas de Rodas (según la Wikipedia uno de los deportistas más famosos de la Grecia clásica) y Zenón de Citio (fundador de la escuela estoica). Y, por si fuera poco, un excelso escritor, como demuestra en su último libro “Gento Real”. Alguien con tanta suma de cualidades sería objeto de envidia, pero cuando le conozcan, se sumarán a la exclamación habitual de Jesús Bengoechea cuando se encuentra con Joe: “¡Que suerte haberte conocido!”
José Luis Llorente Gento. ¿Es usted más Llorente o más Gento?
Tengo mi propio camino en el deporte y en la vida, pero estamos inevitablemente marcados por lo que nos enseñan. En mi caso, la pasión por el deporte viene marcada por mi madre, a quien le interesaba muchísimo, y obviamente por mi tío Paco, mientras que el entendimiento de la necesidad del esfuerzo para la vida viene de mi padre. En este sentido, en el de las enseñanzas paternas, desde pequeño me di cuenta de que cumplir con lo que se espera de ti ofrece buenos réditos.
O sea, haces el bien pero puramente por el interés.
(Risas). Exacto. La vida es mucho más tranquila si haces el bien. Eso viene de mi padre, que era muy reglamentado, pero el factor Gento también pesa mucho. Luego resulta que también he tenido impulsos rebeldes, como aquel de jugar al baloncesto en lugar de al fútbol, que era lo que determinaba el antecedente de mi tío.
¿Y esa rebeldía es Llorente o Gento? Cíñase a la pregunta, por favor.
Yo creo que es cosecha propia, aunque hoy ya sabemos que la epigenética determina mucho. La programación de tus genes, y cómo estos interactúan con esas variables, determinan lo que vas a ser en la vida.
Pongámonos freudianos, que es una cosa que te gusta. Tú no mataste al padre, tú mataste al tío. Tenías que haber sido futbolista y fuiste baloncestista, forma muy sutil y a la vez grosera de matar metafóricamente a la leyenda que vivía en la familia.
(Risas). Lo niego. Paco era un supertío.
Peor me lo pones, mataste al supertío.
Qué va, hombre. Le quería muchísimo.
Le querías muchísimo, no lo dudo, pero en términos psicoanalíticos sí lo mataste un poco.
(Más risas). No, a ver. Lo adoraba. Paco vivía aquí al lado, a cien metros del Bernabéu. Íbamos a su casa siempre en navidad. Todo esto lo cuento en el libro. Simplemente ocurrió que, por lo que sea, empecé a encontrarle más gusto a jugar al baloncesto. Me parecía más retador. Yo crecí viendo a los yeyés en el fútbol, y a los héroes primigenios de la sección de baloncesto, los Luyk, Emiliano, etcétera. El baloncesto lo daban por la tele, y quizá lo siguieran más las mujeres. Por eso digo que mi madre, que no se lo perdía, tuvo una importancia decisiva en mi vocación como deportista.
¡Otra cosa freudiana!
Bueno, es que veíamos todos los deportes, sobre todo en verano en Santander. Nos juntábamos toda la familia y que si el tenis, que si el Tour, que si los Juegos Olímpicos… Todos opinábamos. Lo cuento también en el libro.
¿Alguna vez te arrepentiste de no haberte dedicado al fútbol, como el tío Paco?
(Piensa). No te negaré que tal vez hubiese algún momento, sobre todo el pastizal que ganaban otros… (Risas)
Tus hermanos, por ejemplo. Paco y Julio sí siguieron los pasos del tío.
Sí, pero vamos, que no. Cogí un camino y enseguida obtuve recompensas.
¿Paco y Julio fueron más valientes que tú?
(Falsamente indignado): ¿Cómo?
Afrontaron con valentía la comparación con el tío. Tú escapaste vilmente. (Risas).
(Risas). Oigan, que yo he venido aquí a hablar de mi libro. (Más risas). En casa todos hemos jugado al fútbol y baloncesto, y todos hemos tenido la disyuntiva. Bueno, mi hermano Paco no, y eso que jugaba muy bien al baloncesto, como Julio. Pero Paco estaba más marcado que los demás.
¿Por jugar de extremo izquierdo, como el tío?
Más bien por lo bueno que era, simplemente. Cogía el balón y se regateaba a dos o tres como si nada. En el primer equipo lo demostró.
Pero no niegas sus cojonazos, con perdón. Ser sobrino de Gento y jugar de extremo izquierdo es un atrevimiento. En una escala de valentía, puntúa muy alto.
Pues sí. Nuestra historia (la de Paco y la mía) es muy curiosa, porque ambos salimos de la institución y después volvimos a ella, que es un recorrido muy poco habitual. Paco salió del club siendo juvenil, en año y medio lo fichó el Atleti y luego volvió al Madrid de profesional, y yo seguí ese camino de ida y vuelta ya de profesional. Romper lazos con el Madrid y luego volver a tejerlos nos da bastante mérito, modestia aparte.
Cumpliste muchos sueños que quedan incumplidos para la gran mayoría de niños. Jugar en el Madrid. Ganar la Copa de Europa. Ganar una (histórica) medalla olímpica con la Selección. ¿Te quedó algún sueño por cumplir?
Yo creo que no. De niño soñaba simplemente con jugar en el Madrid, y eso que jugaba en el patio del colegio, en esas canchas de minibasket de cemento puro. Cualquier parecido con lo que luego me encontraría en el baloncesto profesional sería mera coincidencia. Lo que sucede es que luego entras en el Madrid y el camino queda marcado por la exigencia forjada por Santiago Bernabéu y Raimundo Saporta. Esa exigencia te va conduciendo a otras metas: ser campeón de España, después la Copa de Europa… Pero venía todo tan rápido que no te daba tiempo a asimilarlo, porque además seguías estudiando. En el libro hablo mucho del gran énfasis que aquel Madrid de Bernabéu y Saporta otorgaba a la educación de sus deportistas. En aquella época, tanto los baloncestistas como los futbolistas no ganábamos el suficiente dinero como para mantenernos después de nuestra carrera deportiva, y el Madrid nos preparaba concienzudamente para esa vida de después.
¿Para los de fútbol también?
Yo creo que sí, y se encargaban de ello Bernabéu y Saporta.
El espíritu de aquel Madrid de los 50 y 60 sigue presente en el club, y es la clave de los éxitos
Insistes en mencionar ese dúo. Bernabéu y Saporta. ¿Cómo explicarías el funcionamiento de ese binomio?
Era el encaje perfecto. Cada uno representaba una cosa complementaria a la del otro. La energía imparable frente a la reflexión. La impulsividad frente al sentido diplomático.
¿Estrategia frente a táctica?
No tanto. Creo que los dos eran estrategas, aunque es verdad que D. Raimundo iba quedando más para las cosas del día a día y D. Santiago más para el largo plazo, pero sin perjuicio de que las grandes decisiones estratégicas las compartían. No olvidemos que, aparte de llevar todo lo relativo al baloncesto, Saporta comparte con Bernabéu toda su visión relativa a la Copa de Europa de fútbol. Saporta está en el germen de la competición tanto como su jefe, ten en cuenta que era además el que hablaba francés. Saporta es también el que empieza a vislumbrar la enorme importancia de la televisión para el negocio, amén de los primeros ingresos por mercadotecnia.
¿Qué es lo que hace que aquel Madrid de los cincuenta despegue como un cohete y deje al planeta con la boca abierta? ¿Cuál es la clave?
El olfato de Bernabeú para los fichajes. De una tacada ficha a Saporta (que era mucho más joven que él pero estaba destinado a complementarle perfectamente), a Di Stéfano y a mi tío Paco. El Madrid sólo había ganado dos Copas desde el fin de la guerra, era con Franco, un equipo de clase media-alta, nada más, y de repente se convierte en el mejor club del mundo.
Claro que Gento jugaría hoy en el Madrid. Tenía un físico descomunal
¿Qué es el Real Madrid, Joe?
Una escuela de vida. El liceo de Aristóteles. La academia de Platón. Y el mejor club deportivo del planeta. En los 50, el Madrid representaba la excelencia en una España que no era excelente, la virtud en un país condicionado por las normas políticas y morales del momento. Era la cima a la que podía aspirar un deportista. Ponerte la camiseta del Madrid era sentir el peso de la historia.
“La excelencia en una España que no era excelente”. ¿De verdad hablas sólo de los 50?
El Madrid sigue siendo lo que es porque sigue manteniendo su esencia.
Aunque en el libro lo explicas bien, dinos: ¿benefició al Real Madrid el régimen franquista?
En absoluto. Cuando me senté a escribir este libro, no sólo quería pintar un retrato impresionista y emotivo de Gento, sino describir aquel Madrid legendario y su contexto. Al final, por tanto, respondo a esa pregunta con algún detalle, y la respuesta es no. El equipo más beneficiado al término de la guerra es el Atlético de Madrid, que se convierte en el equipo del ejército y cambia su nombre a Atlético Aviación. El Barcelona después es beneficiado con las recalificaciones de Les Corts. Sucede que el Madrid explota inesperadamente de una manera global, ecuménica, sin ayuda del régimen, y es entonces cuando el régimen se sube propagandísticamente al carro de ese éxito, sin perjuicio de que Bernabéu le meta el dedo en el ojo a Franco en varias ocasiones, que voy contando en mi narración: la expulsión de Millán Astray del estadio, la condecoración de Bernabéu a Moshé Dayán en un momento en que los países árabes eran aliados del franquismo… Fueron episodios que levantaron ampollas en el caudillo y su entorno. Bernabéu no se cortaba.
Centrémonos en Paco y pongámonos distópicos. ¿Qué habría sido del Real Madrid sin Gento? ¿Y qué habría sido del Barcelona con Gento?
Pachín contaba que, de todas las cosas que la llamaron la atención cuando llegó al Madrid en el 59, la más impresionante de todas era cómo todo el mundo “hacía la pelota” a Gento. ¡Hasta Di Stéfano! En el libro cuento con cierta profundidad el gran alcance de la amistad entre ambos, y cómo Alfredo ponía en valor a Paco en cuanto se presentaba la menor ocasión. No sólo Alfredo. Hay un capítulo donde recopilo halagos a Paco por parte de sus compañeros, y en otro por parte de sus rivales. Era un formidable disruptor de defensas, y así se lo reconocía todo el mundo. Fue declarado el mejor punta izquierdo del mundo, y por eso está en la selección mundial de 1963. Es imposible saber qué habría sido del Madrid sin Paco, pero estoy convencido de que la historia no habría sido la misma, y hoy no sería el club que es. Tendría varias Copas de Europa menos, aunque sólo fuera porque Paco fue decisivo, como goleador, en no menos de dos finales, y en cuanto a juego ya ni te cuento. Era un equipo muy compensado, y quitar de la ecuación a cualquiera de sus piezas habría sido fatal. No sólo Paco, sino Rial, Santamaría, el propio Di Stéfano, Puskas… Ahí tenemos la célebre sentencia de Alfredo: “Ninguno es tan grande como todos juntos”.
¿Hasta qué punto esos genios se admiraban unos a otros?
Alfredo, ya de mayor, en una entrevista común con Paco, le suelta al periodista: “Pero ¿por qué me preguntas a mí todo el rato si el bueno era este?” Paco se ruboriza como en él era inevitable, y dice que no, que el mejor era Alfredo de calle. Sin embargo, ambos reconocían también que nadie tenía un pie izquierdo como el de Puskas, a quien todos permitían correr un poco menos porque su disparo, a cambio, era letal. La supeditación de todos los egos en favor del equipo llama mucho la atención cuando examinas las crónicas y sobre todo las declaraciones de la época, porque individualmente eran estrellas rutilantes. En aquella selección mundial del 63 hay cuatro jugadores del Madrid: Gento, Di Stéfano, Puskas y Kopa, que ya no estaba pero había estado. Jamás tuvieron problemas de ego. Y jugaron juntos bastantes años. Eso, perdonadme, es acojonante.
Desde fuera, ¿te recuerda al ambiente de ahora?
¿En fútbol o en baloncesto?
En ambos.
Creo que estamos cerca. El Madrid de baloncesto de Luyk, Emiliano, etc. copió este modelo ejemplar del de fútbol. Lo replicó. Es el que conocí yo cuando entré y el que nos hizo ganar la Copa de Europa en el 80, y el que se ha mantenido después. El éxito es haberlo mantenido tantos años hasta llegar a nuestros días, en el de fútbol con algunos matices en algunos momentos. Pero ahora lo tiene. En fútbol, la Decimocuarta, o la liga que acabamos de ganar, o la clasificación para la final de Wembley, son manifestación clara de la vigencia de aquel modelo del Madrid de los cincuenta. Se nota en el espíritu y las declaraciones de los jugadores. Nuestras lagunas han tenido lugar cuando nos hemos desviado de ese rumbo.
Quizá nunca fui más madridista que en aquel paréntesis de mi carrera en el Madrid. Nunca dejé de ser consciente de que el Real Madrid me conformaba
Preguntas rápidas. ¿El mejor jugador de baloncesto que vieron tus ojos?
Mirza Delibasic. Hay un encantamiento aquí.
¿El mejor equipo que vieron tus ojos?
En baloncesto, el Madrid de los setenta, con los clásicos (Cabrera, Brabender, Ramos, Luyk, Rullán) más Walter Szczerbiak, equiparable al Madrid de Rudy, Llull y el Chacho. En fútbol, el Madrid de la Decimocuarta.
¿El jugador más sobrevalorado?
Joe Llorente Gento. (Risas)
¿La mayor alegría deportiva?
Como protagonista dos: Copa de Europa del 80 y medalla en Los Angeles 84. Como espectador, la Copa de Europa de fútbol del 66, la de los yeyés. Era un niño y se me quedó marcada.
Hablando de Los Angeles. ¿En algún momento pensasteis que podíais ganar el Oro?
No.
¿Ni por un segundo?
Nada.
¿La mayor tristeza?
Más que tristeza, pesadumbre. La primera vez que dejé el Madrid. Fue un acto de rebeldía. Me causó un gran conflicto interior, aunque no me arrepentí. Había entrado en el club con 15 años y me fui con 24, aunque luego volvería. Un año después de irme, estaba en el podio de Los Ángeles. Es paradójico, porque hice lo que el propio Real Madrid me había enseñado: aferrarme a la oportunidad deportiva que se presentaba. Quizá nunca fui más madridista que en aquel paréntesis de mi carrera en el Madrid. Nunca dejé de ser consciente de que el Real Madrid me conformaba.
¿Crees que eso mismo les pasa a otros que se van del Madrid? Desde fuera no da la sensación de ser muy común, si nos atenemos a ciertas declaraciones.
Es que yo mamé el Madrid desde pequeño. Tuve contacto frecuente y directo con los hacedores de la grandeza del club. Tuve enormes maestros: Saporta, Luyk, Vicente Ramos, Carmelo Cabrera, Corbalán, Brabender… Tengo hacia ellos una gratitud enorme. Incluso hacia mis entrenadores. ¡Incluso hacia Lolo Sainz! (Risas). Le quiero mucho.
Tu libro, Gento Real, es quizá el mejor libro sobre fútbol que se ha escrito. ¿Cómo se come esto de que el mejor libro sobre fútbol haya tenido que venir a escribirlo un jugador de baloncesto?
Gracias. Bueno, pero yo soy muy futbolero.
Vale, pero no hay ningún futbolista que haya escrito ningún gran libro sobre fútbol. (Tampoco sobre baloncesto, desde luego).
Ten en cuenta que he sido jugador de baloncesto de un club que es primordialmente un club de fútbol, y que es mundialmente famoso por serlo. Tampoco el libro es estrictamente un libro sobre fútbol. Es un libro sobre el Real Madrid. Sobre la familia. Sobre las relaciones personales.
¿No es también un libro sobre el recuerdo de un mundo mejor y más edificante?
Sí, lo es, ¿por qué no?
Los deportistas profesionales ¿morís dos veces?
(Piensa). Cuando te retiras, si es a lo que te refieres, y aunque intentes disimularlo, sufres un desgarro interno brutal. Eres joven para la vida, pero un anciano para el deporte de alta competición. Ya no vas a volver a hacer lo que más te apasiona. Puedes seguir haciendo algo parecido (sólo parecido) con los veteranos, y estiras y estiras, hasta que ya no puedes más y dices “mira, soy una caricatura de mí mismo”, y ya dejas hasta esas pachangas. Incluso semanas antes de su muerte, Paco decía que aún soñaba que jugaba al fútbol. Yo aún sueño que juego al baloncesto.
¿Hay un problema de salud mental, no debidamente tratado, con los deportistas de élite que se retiran?
Sin duda. En el sindicato de baloncestistas, que fue una de mis ocupaciones cuando colgué las zapatillas, pusimos un gabinete psicológico. Copiamos la idea de la asociación sudafricana de rugby y de la irlandesa de fútbol gaélico. El impacto es enorme. Si eres profesional del deporte, estás quizá entre los 100-200 mejores de lo tuyo. Los 100-200 mejores de lo suyo en otros ámbitos siguen en ello hasta que les da la gana, se retiran cuando quieren, pero en el deporte tienes que abandonar llegada la treintena. El golpe es brutal. El deporte además es muy dopaminérgico. Tienes las hormonas revolucionadas y mucha gente que te sigue. Y todo eso se detiene de golpe.
“Gente que te sigue”. ¿Eso ayuda a sobrellevarlo?
A la larga es muy gratificante. Gente que te dice que les entretuviste en fases difíciles de su vida o, mejor aún, que les animaste a hacer deporte. Cuando acabas de retirarte, no obstante, sirve de algún consuelo, pero el golpe está ahí.
Incluso semanas antes de su muerte, Paco decía que aún soñaba que jugaba al fútbol. Yo aún sueño que juego al baloncesto
¿Por qué muchos deportistas profesionales se abandonan tanto cuando dejan de serlo?
Yo creo que ahora sucede menos. Es un tema de educación. Hoy cualquier deportista es consciente de la correlación deporte-salud, y cuando dejan de ser profesionales continúan entrenando. Es una forma de mitigar el disgusto también. Ya no puedo competir, pero puedo seguir exigiendo a mi cuerpo a través del entrenamiento.
¿Y cómo llevó su propia retirada Gento? ¿O tal vez, por lo reservado que era, nunca llegaste saberlo bien?
(Piensa). No lo sé muy bien, pero por lo que he leído en alguna entrevista lo llevó mal, con la angustia y el vacío vital del que estamos hablando.
Tú perteneces a una generación de baloncestistas que, siguiendo las enseñanzas de Saporta, preparó su futuro profesional a conciencia. Casi todos estudiabais mientras duraba vuestra carrera. Tú eres abogado, Corbalán y Del Corral médicos, etc. ¿Eso ayuda a aplacar el vacío existencial de la retirada?
Ayuda para tu futuro, pero el vacío no lo aplaca. Es verdad que el estar estudiando mientras llevas a cabo tu carrera deportiva induce a pensar en otras vías, ajenas al deporte. Eso te relaja en tu relación con el deporte.
Una cosa que los Gento no habéis hecho, después de ser deportistas profesionales, es entrenar. Paco tuvo una breve experiencia y enseguida vio que no era para él. Y tú tampoco, o no a nivel profesional.
He entrenado a jóvenes. Tengo un campus de verano en Cantabria. Hay una parte de ser entrenador que me desincentiva totalmente, y es la misma que me desagradaba cuando era jugador: los viajes, la presión, aguantar las críticas superficiales… Y la imprevisibilidad de la profesión. Estos factores me echaron siempre para atrás a la hora de pensar en entrenar profesionalmente.
Y eso que eres base. Siempre se dice que los bases son entrenadores en la pista, y hay muchos ejemplos de bases que devinieron grandes entrenadores, como Karl, Obradovic o el propio Laso.
Lo sé, pero ni por esas. Y Paco no tenía carácter para entrenar. Recuerdo oírselo decir a su hermano Julio. Las noches previas a dar las convocatorias casi no dormía, porque conocía el disgusto que se lleva quien se queda en casa. Entrenó muy poco tiempo, unos cuantos partidos al Castellón. Otros en el Palencia por hacer un favor a su hermano…Y nada más.
¿Qué convierte a un deportista en deportista de élite?
Hay muchos factores, pero el fundamental es la pasión. La dedicación. Las horas.
O sea, entre talento y trabajo…
Trabajo.
¿Y entre trabajo y carácter?
Carácter. Pero es que el carácter también es lo que te lleva a trabajar tanto. Mágico González tenía todo el talento del mundo. Ves los vídeos y hace cosas que no hacía nadie más. Pero no tenía la perseverancia, el interés.
¿Hay un Mágico González del baloncesto?
Claro. Tendría que pensarlo. Lo encontraría si lo pienso.
Volvamos a Paco. Siempre hay que volver a Paco. ¿Jugaría hoy en el Madrid?
Claro, porque tenía algo único: un físico descomunal. Era muy rápido, pero su principal virtud no era esa, sino que podía repetir sus jugadas fulgurantes muchas veces. Además centraba muy bien, y marcó muchísimos goles para ser extremo izquierda.
Ese libro confirma a Joe Llorente como lo que los amigos ya sabíamos que era: un autor excepcional, discípulo de la escritura de Pla o Escohotado. ¿Tú cambiarías tu palmarés deportivo por haber escrito la obra escohotadiana?
(Se lo piensa). A ver, es que Los Enemigos del Comercio es una de las mejores obras de no-ficción que he leído. (Se lo sigue pensando). ¡Pero no, hay algo dentro de mí que se niega a haber vivido una existencia distinta de la mía!
Pero, si no hubieras elegido el deporte, ¿qué habrías sido?
Pues quizá me habría decantado por la medicina, fíjate.
(Silencio). ¿Qué has aprendido en la vida?
(Risas). Pero ¿esto qué es? ¿Ha vuelto a la vida Jesús Quintero?
Responda a la pregunta, por favor.
(Piensa). Que tenemos que labrarnos nuestro propio camino, aprendiendo a apasionarnos por algunas cosas, y que este camino lo debemos recorrer junto a la familia y a los amigos. Sin amigos ni familia no eres nadie. Pasé por una operación delicada hace poco, aunque afortunadamente estoy muy bien. Pero fue revelador, porque hasta ese momento yo había interpretado la vida en términos de flujos. De repente eso se canceló, y por algún extraño mecanismo, en lugar de ver esos flujos, empecé a ver personas.
La familia y los amigos. ¿La amistad no está infrarrepresentada en las canciones, en las películas, en los libros?
No en el mío.
Tienes razón. En cierto modo, Gento Real es un homenaje a un grupo de amigos, Alfredo, Paco, Pancho… Con la particularidad de que ese grupo de amigos conquistó el planeta.
Eso es lo trascendente. Que, mientras se hacían amigos, hicieron felices a millones de personas. Gracias a ellos, eso mismo sigue sucediendo en el club. Y la amistad tiene gran importancia en mi vida también, en particular la que mantengo, a través de la Asociación de Veteranos, con tipos con los que jugaba hace casi cincuenta años, como es el caso de Romay o Iturriaga. Incluso puedo decir que disfruto de una relación de amistad con mis maestros, con Clifford, con Vicente Ramos… Eso no tiene precio.
¿Qué mensaje querrías dejar para finalizar?
Simplemente, que los protagonistas de mi libro son héroes, leyendas, que tenemos la obligación de contar y cantar porque la palabra es lo que nos queda, dado que hay pocas imágenes de ellos. Ese es uno de los impulsos que me condujo a escribir el libro. Cuando murió Paco, muchos jóvenes me decían: “No vi jugar a Paco, pero lo conocía a través de las palabras de mi padre o de mi abuelo. Me hablaban siempre de él”. Así fui comprendiendo que tenía que escribir el libro. Estos pioneros marcaron el camino, y lo hicieron desde puntos de partida tremendamente modestos. El libro, que es muy rural y muy cántabro a ratos, cuenta cómo Paco jugaba al fútbol, con balones que se fabricaba él, mientras llevaba a pastar a las vacas.
¿Crees que parte del encanto de la figura histórica de Gento reside en el contraste entre la exuberancia de su juego y lo hermético del personaje?
En su forma de ser era muy cántabro. Me encanta cómo suele definirle Santamaría: “Era un hombre muy prudente”. Pero su juego no era nada prudente, sino una sucesión de mareas cántabras, o de galernas. Una aventura permanente. Llamó la atención porque entonces, sencillamente, nadie jugaba así. Era totalmente diferente a lo que había.
Entrevista: Jesús Vega, Jesús Bengoechea
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Dicen que los hombres tenemos 20 años para elegir quiénes somos y es ahora, justo cuando nos estábamos empezando a aclarar, cuando se nos presentan 20 días para mostrar al mundo y a nosotros mismos en qué nos hemos convertido. En este caso, 24, los que transcurren desde el jueves posterior a la vuelta de semifinales hasta el sábado en el que se juega la final de la Copa de Europa.
Llevo mucho tiempo pensando que el Real Madrid saca lo mejor de mí, que me hace mejor persona. Que es por mi equipo y por mi madre por los únicos que hago el esfuerzo de anteponer mis virtudes a mis defectos. Y que estos 24 días estoy obligado a ser un ciudadano razonablemente modélico, con lo agotadora y aburrida que es siempre la ejemplaridad. Pero qué quieren, nos va mucho en ello, concretamente una Copa de Europa, que no por habitual deja de ser una pasada.
En estos 24 días jalona mi vida un civismo ejemplar del que carezco el resto del año. Doy los buenos días y las buenas tardes, con suerte las buenas noches. Pido las cosas por favor y devuelvo cada mínimo gesto de cordialidad ajena con un nada sexy pero muy cortés gracias, muy amable. Son días de sostener puertas, de bajarme de la acera cuando se estrecha y viene alguien de frente, como haría Escohotado. De llamar cada dos días a mi abuela Carmina y preguntarle qué tal, aunque ya me lo haya contado todo, porque sé que a la mujer no le puede hacer más ilusión. Y si ella es feliz el mundo es un poco mejor.
Flota en el madridismo una convicción generalizada de que son los pequeños gestos del día a día los que nos harán o no campeones otra vez; en nuestra infinita vanidad nos creemos responsables, cada uno desde su pequeño y particular campo de actuación, del desenlace del partido. Vini desequilibra por la izquierda, Kroos organiza y nosotros sonreímos a la vecina y al kioskero. Y si eso ocurre nada podrá detenernos.
Flota en el madridismo una convicción generalizada de que son los pequeños gestos del día a día los que nos harán o no campeones otra vez; en nuestra infinita vanidad nos creemos responsables, cada uno desde su pequeño y particular campo de actuación, del desenlace del partido
Y así estamos los desequilibrados mentales, descubriéndonos de repente en insospechadas buenísimas personas. El Real Madrid es como el trato a los camareros. Separa a los justos y nobles de los hijos de puta.
Yo le debo al Madrid, entre otras cosas, ser la versión más simpática y agradable de mí mismo, por una especie de sensación de deuda extraña, de agradecimiento eterno por haberme hecho tan feliz tanto tiempo. Siento que de algún modo tengo que estar a su altura, como me pasa con mi madre, y que su empeño (el de ambos) en convertirme dichoso tiene que verse compensado de alguna manera en mis actos. Yo no sé si se puede tener dos madres en esta vida pero desde luego sí que mi equipo ha parido a la más vasta prole conocida nunca, hijos todos nosotros del madridismo.
La obsesión por no despistarme en mi urbanidad, por no achacar una hipotética derrota en la final a un desliz de la conducta propia, toda esa paranoia excede a los buenos modales y contamina también los hábitos de la rutina. Es el madridista un animal de costumbres, como lo es su club, fiel a la costumbre de inaugurar la primavera. El problema radica en que a fuerza de repetir triunfos y de ganar Copas de Europa voy acumulando manías más propias de un octogenario viudo que del joven racional y ajeno a supercherías que creo ser.
Vini desequilibra por la izquierda, Kroos organiza y nosotros sonreímos a la vecina y al kioskero. Y si eso ocurre nada podrá detenernos
A los hábitos adquiridos camino a La Décima fui sumando progresivamente los de La Undécima, La Duodécima y La Decimotercera casi sin darme cuenta. Me convertí, a mis veintipocos, en un maniático compulsivo, convencido de que cualquier mínima alteración del orden establecido aquellos días supondría inevitablemente la derrota de mi equipo. El día que el Ajax nos ganó en el Bernabéu no se debió al planteamiento de Solari ni a los partidazos de Tadic o De Jong, sino a un despiste imperdonable que me llevó a sentarme en el sillón equivocado. Nos metieron cuatro, como no podía ser de otra manera.
La Champions de París me renovó los hábitos, y como cada partido fue más surrealista que el anterior, a mi catálogo de excentricidades fui añadiendo nuevos tocs a cumplir, llegando a unos límites de la exigencia que no sé si podré mantener dos o tres temporadas más. Y esta edición más de lo mismo.
Ser madridista es la única legitimación que encuentro al hecho de ser un tarado
Una de esas costumbres es, pase lo que pase, ver el fútbol en casa de mis padres. El día de la vuelta del City me pasé el trayecto que separa el domicilio familiar del mío contando camisetas blancas, inaugurando sin saberlo una nuevo y absurdo hábito del que ya soy preso. Como la cosa fue bien, el miércoles repetí cantinela, por si acaso, y de nuevo salió cara.
Ya no me basta con hacer el mismo recorrido por las mismas calles escuchando las mismas canciones en el mismo orden para llegar al mismo destino a la misma hora. Y así durante diez años. Ahora también tengo que contar durante los cuarenta minutos del paseo toda simbología relacionada con la religión a la que pertenezco bendita la hora. Ser madridista es agotador. Ser madridista es la única legitimación que encuentro al hecho de ser un tarado.
Es la Copa de Europa. Es el Real Madrid. Que nos está volviendo locos a todos.
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Después de su refulgente partido ante el Bayern, donde con la ayuda del héroe accidental Joselu se las apañó para meter al Madrid en la final de Wembley, no creo que a nadie le quepan demasiadas dudas de que Vini Jr. es, en este día y a esta hora, el mejor jugador del planeta, lo que en ausencia de pruebas sobre posibles formas de vida en otros sistemas solares le convierte provisionalmente en el mejor jugador del universo.
No reuniré valor para quitar razón a quien tilde de mayores estas palabras, y no sólo por la extensión cósmica de las mismas. Nunca he sido muy amigo de hablar de "mejor jugador del mundo", aunque sólo sea por el desdén implícito hacia porteros, defensas y mediocampistas que estas quinielas suelen aparejar. Quizá debí restringir mi aserto a "mejor ATACANTE del planeta", cosa que procedo a hacer ahora mismo, cambiando también el título del artículo sobre la marcha y antes de que vea la luz. Las referencias a los confines del universo como muestra de elección las mantengo.
Déjate de Haaland. Déjate de Mbappé. Todo es susceptible de cambiar en esta vida, y de hecho propende a hacerlo con frecuencia creciente, para bien o para mal, pero ahora mismo no existe en el contexto futbolístico conocido un torturador de defensas como Vinícius José Paixão de Oliveira Júnior. A mi edad, ya avanzada, no he visto a nadie jugar como él lo hizo ante el Bayern. Kimmich, De Ligt y cualesquiera otros jugadores (todos ellos top) que se cruzaron con él andan aún preguntándose cómo alguien ha logrado añadir esa cualidad machacona a la excelencia, sin que las esencias se tergiversen por el camino. El virtuoso suele destilar el talento en frascos pequeños. Vinícius es la excepción a esta regla, la excepción que no sabíamos ni que existía, puesto que absurdamente tomábamos la norma por inmutable. Y un carajo inmutable. Vinícius te sepulta en garrafas de arabescos, fintas y rabonas, y a los treinta segundos vuelve en un camión cargado de más virguerías al por mayor, en caso de que no hayas tenido suficiente.
Vini Jr. constituye la mayor prueba andante (o mejor corriente, a tenor de la velocidad empleada) de la falsedad del debate entre calidad y cantidad. Ha puesto el listón imposible para los demás, porque nos ha enseñado que tenemos derecho a demandar las dos cosas. Este estajanovismo de la genialidad es un hallazgo. Los genios son rácanos en la administración de su néctar, y suelen escudarse en la propia coartada de la genialidad para escatimarnos el deleite. La coartada se les ha ido a la mierda desde que existe Vinícius, un tipo que te trae a la puerta de casa contenedores enteros repletos de cosas sublimes, y te pregunta si quieres que vuelva a media tarde con un megacargamento de regates y goles que se trae del mercamadrid de la excepcionalidad.
El virtuoso suele destilar el talento en frascos pequeños. Vinícius te sepulta en garrafas de arabescos, fintas y rabonas, y a los treinta segundos vuelve en un camión cargado de más virguerías al por mayor, en caso de que no hayas tenido suficiente
Bellingham es el que más se le parece en eso. Bellingham es quizá el jugador más completo del mundo, lo que es distinto al Mejor Atacante, título que acabamos de otorgar a Vini. Se llevan tan bien porque les hermana esa obsesión por desacreditar la idea de la belleza en cuentagotas. Los dos, además, defienden como jabatos, aunque sólo sea porque tienen prisa de volver a tener el balón para seguir entreteniéndonos.
Yo, que si no tengo mas canas es sólo porque donde no hay pelo no puede blanquearse, no he visto jamás nada parecido a Vini Jr. Se habla mucho del Balón de Oro pero, parafraseando a mi amigo Luis Montero Manglano, no sé si el Balón de Oro se merece recibir un Vini Jr.
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Jaén. Escaleras de acceso a las instalaciones de Diario JAÉN. 6 de mayo de 2022. Día siguiente a la vuelta de las semifinales de la Champions League: Real Madrid 3-1 Manchester City. El conjunto inglés se puso por delante, pero Rodrygo Goes, que salió del banquillo en la segunda parte, marcó sendos goles en los minutos 90 y 91 para mandar la eliminatoria a la prórroga, en la que los blancos sellaron el pase a la final.
El día posterior a una remontada y consecuente pase a la final de la Champions es siempre un día balsámico, un día en el que se miran las cosas desde un prisma positivo por adversas que parezcan. Por ejemplo, hoy no hace calor, sino tiempo de terraza; yo no dudé de Rodrygo, simplemente me dolía que atravesara una mala racha; yo no soy un escritor mediocre aunque mis textos pasen desapercibidos, lo que pasa es que todavía no me he puesto en serio a escribir una novela. Por supuesto, todo ello es un gran espejismo que desaparecerá, como muy tarde, mañana. La más absurda de estas tres reflexiones es la última, sin duda. Desde siempre se ha considerado el novelístico un género superior, de mayor empaque que el resto, y esa creencia de que uno no se doctora como prosista hasta que no escribe su primera novela sólida sigue estando aún muy extendida, pero es estúpida: un escritor vulgar seguirá sumido en la intrascendencia ya escriba una o cien novelas. Borges, el maestro del relato, el maestro de todos -cuentistas, poetas y novelistas- confesó en una entrevista que nunca escribió una novela por dos razones: una, por holgazanería; la otra, derivada de la anterior, porque su inseguridad le obligaba a revisar sus textos continuamente, y esa labor de corrección era más sencilla en un cuento por su mayor brevedad. Es una reflexión henchida de pragmatismo y desprovista de toda magia: para qué emplear trescientas páginas en contar algo si se puede condensar todo en diez. Desde luego, yo no concibo 'El jardín de los senderos que se bifurcan' dilatado hasta alcanzar niveles elefantiásicos, pero es cierto que tampoco soy capaz de imaginar 'Los detectives salvajes' reducida al uno por ciento. Hay historias nacidas para la concisión y otras que sólo tienen sentido entregadas a un extenso proceso madurativo. Donde la literatura es el fútbol, Guardiola es un novelista y el Bernabéu es el paraíso del microrrelato.
Toledo. Inmediaciones del campo de fútbol del Arroyo. 23 de abril de 2024. Día del libro.
Le cuento a mi amigo por wasap que acabo de terminarme un libro de Agatha Christie, una lectura sencilla y nada profunda, un mero entretenimiento para orear la cabeza. Él, cuyo hábito lector es pobre, me confiesa que no tiene ni idea de quién se trata esa señora. Yo le explico que Agatha Christie es una de las grandes referentes históricas del misterio y de la novela problema, la maestra de los finales, pero añado -aun consciente de que a él esto le interesa poco- que, hace tiempo, detecté que en sus obras se abusa de repetición de esquemas, que muchas veces cuenta historias casi idénticas en las que sólo varían los nombres de algunos personajes. Mi amigo me pregunta que, entonces, por qué sigo leyendo a esa mujer, si, total, tiene que ser como leer muchas veces lo mismo. "El caso es que siempre me engancha", le contesto.
Madrid. Estación de Atocha-Almudena Grandes. 9 de mayo de 2024. Día siguiente a la vuelta de las semifinales de la Champions League: Real Madrid 2-1 Bayern de Múnich. El conjunto alemán se puso por delante, pero Joselu Mato, que salió del banquillo en la segunda parte, marcó sendos goles en los minutos 88 y 91 para sellar el pase a la final de los blancos.
Llevo toda la noche de ayer y todo el día de hoy sin recibir ni un sólo mensaje de mi amigo. Y es raro, siendo madridista como yo y habiendo pasado lo que ha pasado hace unas horas. He ido a trabajar con cierta resaca emocional por el partido. Al principio, por la mañana, he pensado seriamente en llevar puesta la camiseta de anoche, aunque he reculado en el último momento: no hay que vender la piel del oso antes de cazarlo. Se me ocurren pocas palabras para describir el día, pero, ya se sabe: a veces basta hablar poco para decir mucho. La primavera parece más primavera y el mundo parece más primavera, dejémoslo ahí. Ya en pleno anochecer, nada más subir al tren de vuelta a casa y acomodarme en el asiento, recibo en el móvil una notificación: mi amigo acaba de enviarme, por fin, un mensaje. Desbloqueo el teléfono, intrigado, y abro el wasap. Sólo me ha escrito una frase:
-A esa tal Agatha -me pregunta-, ¿desde cuándo le dejan el Bernabéu para escribir?
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