Buenos días. Nosotros hemos amanecido con la enésima confesión de Toni Freixa, directivo en la primera etapa de Laporta, en el sentido de que pagaban a Negreira para adulterar la competición, ¿vosotros qué tal lleváis el día?
Bien es verdad que, estando como está el mundo, que el Barça comprara a la cúpula del estamento arbitral para garantizarse arbitrajes favorables (“neutrales”, dirían ellos) es el menor de nuestros problemas. Si nos propusieran que el club cliente de Negreira siguiera manipulando impunemente la competición a cambio de la paz en Oriente Medio, aceptaríamos sin duda el canje. Al ser variables no relacionadas, seguiremos pidiendo que se haga justicia con esta y otras tropelías del fútbol español mientras nos estremecemos ante la escalada de las bombas.
Estas y otras tropelías, sí. Por ejemplo, la de otro club que auspicia a una banda de nazis y le permite seguir al frente de la animación de su equipo, posibilitando así escenarios dantescos como el del derbi del pasado domingo. Al frente de la parcela deportiva de dicho club está Diego Pablo Simeone, también conocido como El Cholo, ciudadano de tan casquivano proceder que es capaz de censurar las “provocaciones” de otro con una mano en cada huevo.
Ya sabéis que el Cholo declaró al término del derbi que la culpa de los incidentes que desembocaron en la suspensión temporal del partido era de Courtois, a quien no hirieron de milagro a punta de mecherazos desde la grada, y a quien justo antes del gol del Madrid estaban conminando a morir miles de personas a todo pulmón. No se sabe si es por convicción (o sea, porque a lo mejor es un nazi como ellos) o porque bajo esa apariencia ruda se esconde un espíritu pusilánime que se caga de miedo ante el macarrismo. El caso es que al Cholo no le importa justificar a sus neofascistas no sólo a través de esas declaraciones, sino ordenando al equipo que celebre con ellos, con los nazis que por poco obligan a cancelar el partido, el empate final. Qué edificante espectáculo el de los jugadores rojiblancos danzando al compás de las consignas de su neofascio. Eso es precisamente lo que hace el club: danzar a su compás, en sentido literal y también en sentido figurado.
A todo esto, el Atleti juega mañana en el Estádio da Luz de Lisboa. Esperamos que al Cholo le traiga inmejorables recuerdos. En la rueda de prensa previa al choque, que esta vez no es contra el Madrid sino contra el equipo local, el Benfica, el Cholo se ha reafirmado en sus tesis de apoyo al agresor en perjuicio de la víctima. Sí, sí, antes decíamos que los justifica y ahora decimos que los apoya, aunque él niegue este extremo con la boca pequeña. Cuando existe una desproporción tan grande entre la importancia de la irreprochabilidad de un jugador en el campo y una cuestión de orden público, poner el acento en lo primero es dar la razón a los que desencadenan los disturbios.
Lo de Marca es de traca. Titulan “Sin tregua”, como si las declaraciones de Simeone y las de Ancelotti, que aparecen cara a cara para proyectar la idea de una guerra sin cuartel, fuesen equivalentes. Por fortuna, Carlo no se parece al Cholo absolutamente en nada. Mientras el argentino está plegándose/exonerando/defendiendo a una cuadrilla de miserables ultraderechistas y xenófobos, Carletto se limitó a decir, preguntado por el tema en su rueda de prensa, que el Cholo estaba “desviando el tiro”. Es imposible hablar con mayor delicadeza y tiento. Si se nos apura, Ancelotti estuvo demasiado blando. Como para tener que aguantar ahora que Marca titule “sin tregua”, tal y como si Simeone y el italiano luchasen en un corral de gallos con parejos niveles de furia y estulticia.
A nosotros ya no nos cabe más asco por hoy, amigos. Es demasiado temprano para abundar en tanta mala sangre. Volvemos a las noticias de los bombardeos para que nos tiemblen las piernas con algo que, por lo menos, tenga más enjundia que sujetos como Simeone, el Frente Atlético y los medios que bailan el agua a ambos. Para el resto del día, preferimos sufrir por cosas con verdadera magnitud de tragedia. Ni Freixa ni Simeone ni la patulea que les ríe las gracias en el estercolero sociológico y mediático del fútbol español merecen un segundo de nuestra tribulación.
Os dejamos con las portadas de la prensa cataculé. Pasad un buen día.
Pasad un buen día.
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MD
El derbi madrileño del pasado domingo por la noche volvió a sorprendernos, no por el espectáculo futbolístico sino por el nuevo nivel de abyección que fue capaz de alcanzar la siniestra organización llamada Club Atlético de Madrid. Esta sociedad de pobres gentes revela siempre su auténtica faz cuando tiene delante a su némesis ontológica, que es el Madrid: de pícaros graciosos y de llorones zascandiles se transforman en puritita turba facultada para traspasar todos los límites y, lo que es peor, justificar cualquier indecencia. El partido, pésimo por lo demás como cualquier derbi donde el anfitrión aspira a matar violentamente al visitante, y no derrotarlo sin más en un encuentro de fútbol, volvió a enseñarnos que el Madrid compite en España contra una legión de cobardes innúmeras como las arenas del Ganges en el poema que cantaba Borges. Cobardes que justifican y amparan la violencia del Frente Atlético, empezando por el Cholo Simeone, Jorge Resurrección alias Koke y toda la dirigencia del Atlético.
Pero, como dice Iñako en El Mundo, si los atléticos permitieron que los Gil y Cerezo les robasen el club a cara perro, ¡qué no permitirán después! Jamás pensé que escribiría esto pero ni el periodista Iñako ni, por ejemplo, Paco González, en la COPE, figuran en esa legión de cobardes. Han sido dos voces que no precisamente desde el madridismo se han alzado para decir las verdades en medio de la vorágine de mierda que arrebató el final del partido y no sólo en el césped. Dos voces importantes sobre todo por las tribunas desde las que hablan, El Mundo y la COPE, y la proyección que éstas les ofrecen a sus palabras, honestas y con coraje. Pues hay que tener coraje para decir que unos nazis en cuyo historial criminal hay dos asesinatos son los dueños de un fondo en el Metropolitano con la connivencia del club local y que de allí no se van, ni se irán, hasta que no quiera este club local. Habría en todo caso que preguntarse, en último término, ¿por qué? ¿Qué será lo que une a los Gil y a Cerezo al Frente más allá del antimadridismo? Me pregunto, porque no lo sé, pero estaría bien que alguien con la capacidad fiscalizadora de un periodista en ejercicio se hiciera la misma pregunta.
Esta sociedad de pobres gentes revela siempre su auténtica faz cuando tiene delante a su némesis ontológica, que es el Madrid: de pícaros graciosos y de llorones zascandiles se transforman en puritita turba facultada para traspasar todos los límites
Llorente casi le rompe el tendón de Aquiles a Fran García en la última e innecesaria jugada del partido. La entrada es propia de quien ha estado mucho tiempo envenenándose. La violencia verbal y gestual que rodea al Atlético y su perturbadora relación con el Real acaba llegando, ¡cómo no!, a los jugadores. ¡Si el entrenador y el capitán aplauden a los nazis de la grada! ¿Qué van a hacer los demás? El olor a azufre de ese vestuario debe ser para verlo.
Al contrario que Iñako y para sorpresa de nadie, Rubén Uría, por ejemplo, el Hacha, salió por los fueros que todos esperábamos. O Relaño. Al menos de Relaño sabíamos que era madridista. De hecho, es uno de los mejores historiadores del Madrid que ha habido en la prensa. Es triste y suponía que, como ya no es director del AS, había podido aparcar la guerra empresarial de PRISA con Florentino. Pero se ve que no, seguramente haya cosas que la edad sólo puede agravar. Llamar gamberros coloridos a unos tíos con máscaras de simbología inequívocamente neonazi que, en presencia de niños, lanzan objetos al portero visitante y le desean en coro la muerte es, además de faltar a la verdad (compromiso intelectual irrenunciable, se supone, del periodista), una canallada. Es subvertir la realidad y convertir a la víctima en responsable de su propia agresión, labor a la que se pusieron desde antes de que terminara el partido los enfermos de odio habituales.
Qué decir, si es que ya no se puede decir nada. Nos estamos acostumbrando a que ir al Wanda sea como que un equipo judío vaya de visitante a jugar a Gaza. Estos comportamientos inadmisibles, en otros países, llevaron a intervenciones directas de los gobiernos para atajar el fenómeno ultra pero, aquí, hasta los jueces y fiscales dicen que, nanai, son cosas normales “en el marco de una gran rivalidad”. Pues nada. Hace un mes quisieron echar del país a Vinicius después de que unos cuantos malandros interesados tergiversaran unas declaraciones suyas en las que por otra parte no decía ninguna mentira. La razón era que “perjudicaba a España”, pero el domingo por la noche cientos de millones de espectadores pudieron presenciar escenas dantescas en las que profesionales del fútbol negociaban con gente encapuchada en medio de un partido. Seguramente eso no perjudica a España, como tampoco la persecución colectiva a un veinteañero que no hace otra cosa que dejar en evidencia a miles de villanos que se convocan en las redes sociales para ir al campo con mascarilla y así poder llamarle negro de mierda a gusto. Son cosas que se veían en Italia hace veinte años, cosas que pasan en Argentina todavía.
Nos estamos acostumbrando a que ir al Wanda sea como que un equipo judío vaya de visitante a jugar a Gaza
La cosa es absolutamente demencial. Juanfran Torres (otro canterano, como Llorente. El sueño de la grandeza, como el de la razón, también produce monstruos) y un papanatas llamado Eneko difamando a Vinicius en el postpartido de DAZN, mientras que a Guti le hicieron pedir perdón en público por afirmar una verdad como un castillo: que un Atleti-Rayo, fuera de la M30, no le interesa ni al tonto del último pueblo de España. Tebas y la corruptísima federación quieren vendernos algo como si fuera un Ferrari que en realidad es el producto de décadas de cutrísimo provincianismo, un campeonato de quinta gama como dicen en Málaga, amalgamado por el odio africano al Real Madrid. Se piratea poco. Lo que se aguanta aquí no es normal y la culpa la tiene siempre el que paga y calla y el que sostiene el tinglado, que es el Madrid y su olímpico prestigio, tan majestuoso e inaccesible a esta forma de vida parasitaria y minúscula que ante su luz cegadora sólo pueden responder con eructos desesperados, agónicos, de criaturas tan inferiores.
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Buenos días, amigos. Colea aún el derbi, o más específicamente los incidentes que motivaron su suspensión temporal y casi definitiva. Hemos leído cosas estupefacientes sobre lo que sucedió, y antes de ver las portadas del día convendría echar un vistazo a alguna de ellas, por ejemplo a la abradadabrante versión de los hechos por parte de Alfredo Relaño en As.
Ahí lo tenéis, amigos. Alfredo Relaño define al Frente Atlético como "esa grada colorista, ruidosa y gamberra". No la llama Frente Atlético porque esas dos palabras están prohibidas, el menos la una al lado de la otra. La palabra "frente" por sí sola no está prohibida, y de hecho nos sirve para definir por oposición el lugar que ocupa el Atleti como club en relación a esa grada. Desde luego, si hay un sitio donde no está es frente a ella. La palabra "atlético" también se puede pronunciar en solitario, pero si la unes a la otra surge el tabú, el anatema. Lo innombrable. Nosotros somos muy audaces y lo decimos, o lo escribimos.
Veréis.
Frente Atlético.
¿Lo veis? Hemos escrito las dos palabras juntas, la una detrás de la otra, y el cielo no se ha desplomado sobre nuestras cabezas. Animamos a todo el mundo a que haga el experimento. En su próxima comparecencia pública, por ejemplo, podría probar a pronunciarlas el alcalde de Madrid, que ayer se ufanó en la detención de una "persona" y se reafirmó en la necesidad de prohibir la entrada al estadio de todas las "personas" que causaron algún conflicto en el derbi. Como veis, para él es un asunto estrictamente "personal". No hay agrupaciones de seguidores con nombre alguno que valga la pena mencionar, porque de hecho el Frente Atlético no existe, amigos. No está registrado como peña, que es la razón que el club aduce para no poder actuar contra él. Se puede pronunciar lo que no existe (podemos decir por ejemplo "minotauro" o "hada madrina"), pero no por ello va a existir. Ahora se entiende que no valga la pena mencionarlo. Marca despacha hoy el asunto con una somera llamada en su frontispicio.
"El Atlético no puede echar al Frente por motivos legales", sueltan con toda tranquilidad, y sin entrecomillar ni nada. Si hubieran entrecomillado lo de "por motivos legales" entenderíamos que eso es lo que arguye el Atleti, pero al no hacerlo solo cabe colegir que Marca da validez a la teoría.
Los "motivos legales" que esgrimen al alimón el Atleti y Marca (porque solo cabe entender que lo esgrimen al alimón) son por supuesto su inexistencia. Dice la cúpula colchonera que no pueden echar al Frente porque no lo tienen inscrito como peña, Lógico. ¿Cómo vas a actuar contra lo que no existe? No seáis malpensados, que nos conocemos. No vayáis a pensar que el Atleti se ha ocupado de que el Frente no exista para no poder hacer nada contra él. Es una cuestión de mala suerte. Si no existe, ¿qué le vamos a hacer?
Lo que se nos hace cuesta arriba es conciliar lo de que el Frente Atlético no exista con lo de la grada "colorista, ruidosa y gamberra" de Relaño. Ninguno de esos adjetivos parece fácilmente conjugable con la idea de la inexistencia, especialmente el de "colorista". La inexistencia es muy gris, como siempre se han ocupado en resaltar los poetas. ¿Cómo puede el Frente Atlético (con perdón) ser todas esas cosas a la vez y al mismo tiempo ser una quimera a la que no se puede meter mano por pertenecer al reino de lo imaginario? Coloristas (o cocholistas), ruidosos, gamberros e inexistentes. Imbatible combinación.
As sí tiene los bemoles de llamar al Frente Atlético Frente Atlético, con nombres y apellidos, y parece congratularse ante el hecho de que en octubre de 2024 el Atleti vaya a prohibir la entrada a su estadio de gente encapuchada. Son unos adelantados estos rojiblancos. Eso sí: insiste en la imposibilidad de actuar contra el Frente porque "oficialmente desapareció en 2014". Las comillas vuelven a ser nuestras, no de As. Es una maravilla de razón, ajena por completo al menor atisbo de hipocresía, no vayáis a pensar mal. De hecho, en el ataque que acabó con la muerte de Bin Laden, Estados Unidos lo tuvo jodido porque Al Qaeda no aparecía en los listados de la Cámara de Comercio Americoafgana.
Os dejamos con la prensa cataculé.
Pasad un buen día.
Los incidentes provocados por el Atlético de Madrid en último derbi han dado la vuelta al mundo. Sí, el Atlético de Madrid. Porque, a diferencia de lo que dijeron el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida o el capitán rojiblanco, Koke Resurrección, el bochorno del pasado domingo no se debió a cuatro descerebrados, sino a una institución en su conjunto, que ampara y alienta a neonazis y asesinos desde hace décadas.
Nada nuevo bajo el sol. Hay, por supuesto, atléticos sensatos y ajenos a toda esta bazofia, pero no se puede ignorar que otros muchos consienten y hasta simpatizan con estas actitudes. El Frente Atlético, para más señas, ocupa una grada con miles de aficionados. Personalmente, no iría ni a heredar con semejante recua. Aquello de “dime con quién andas y te diré quién eres” se cumple aquí a rajatabla. Reiteremos; no son cuatro, como dicen Koke o el alcalde, son muchos más. Miles. Y campan a sus anchas, con total impunidad.
De hecho, JUPOL -sindicato policial mayoritario- ha acusado al club de “no dejar intervenir a la Policía Nacional, al punto que los graves altercados se produjeron “debido a que un club lo permite”. Las imágenes, en efecto, hablan por sí solas. Enmascarados y macarras con estética neonazi pudieron charlar amistosamente con Diego Pablo Simeone y varios integrantes de la plantilla, los mismos que al final del partido volvieron a celebrar con el Frente Atlético el empate, saltando y coreando consignas antimadridistas. La Liga, claro, niega la mayor, afirmando que “el dispositivo de seguridad desplegado fue ejemplar y que existió colaboración plena del club con la Policía Nacional”. Ejemplar.
el bochorno del pasado domingo no se debió a cuatro descerebrados, sino a una institución en su conjunto, que ampara y alienta a neonazis y asesinos desde hace décadas
Casi tanto como las declaraciones del entrenador y capitán locales, justificando la ira por las “provocaciones” de Courtois. He aquí una de las claves de los disturbios: el portero del Real Madrid. Al belga no le perdonan que haya escogido estar en "el lado bueno de la historia", y destilan su odio contra él a la más mínima ocasión. El domingo, gran parte del estadio -no sólo el Frente- se dedicó a insultar permanentemente al guardameta madridista, que tuvo la “desfachatez” de celebrar el gol de Militao. Ni un mal gesto, ni una mala palabra, sólo muestras de alegría ante un resultado favorable. Algo que, por otra parte, hacen todos los jugadores de todos los equipos, pero a Courtois no se le permite porque eso enoja a los neonazis del Atleti.
Hablamos del grupo ultra más sanguinario de toda España, con dos asesinatos a sus espaldas y numerosas reyertas, apuñalamientos y hechos violentos de toda índole. Enrique Cerezo aduce que no puede disolverlos “por motivos legales”. Florentino Pérez, en cambio, sí pudo disolver a los Ultrasur, al igua que Joan Laporta con los Boixos Nois. Que les pregunte a ellos a ver cómo procedieron. Quizá la respuesta esté en la determinación; hay que querer hacerlo. Y el Atleti no quiere. Hace pocas fechas, algunos seguidores del Atlethic de Bilbao provocaron altercados en un estadio. Les falto tiempo a los capitanes bilbaínos, Iñaki Williams y Oscar de Marcos, para dirigirse a ellos con toda firmeza exigiéndoles que depusieran su comportamiento. Si se quiere, se puede.
No va a pasar nada. Sí, expulsarán a un par de desgraciados y protestarán mucho ante la “injusticia” de un eventual cierre parcial de la grada, pero ahí quedará todo. La Liga los amparará. Simeone los amparará, Koke los amparará y gran parte de la afición los amparará. Hasta que vuelvan a apuñalar a alguien. De momento, ya han ganado. Igual que la temporada pasada, esa el la que dejaron en blanco -una vez más- su vitrina de títulos, pero le ganaron al Real Madrid un par de partidos. Con eso les vale. Son sus títulos.
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Obligaciones propias de mi sexo me impidieron escribirles ayer. Mejor. Me ha dado tiempo a digerir casi todo lo vivido el domimgo en Madrid. El casi es el partidito blanco, esa cosa inexplicable.
Iba a pasar y pasó en Madrid, ¿eh? La ciudad de muchos de ustedes, también la mía, en los informativos de todo el mundo cubierta de vergüenza y bochorno. El derbi se paró por lanzamiento de objetos al terreno de juego: ingleses, argentinos, japoneses, surafricanos dedicaron minutos largos en sus medios. Bochorno mundial.
La coincidencia es general: el fútbol español debería expulsar a los lanzadores. El fútbol español, seguro. Su club lleva toda la vida fumando en pipa en este asunto, quizá ahora… Ese fútbol y alrededores que se indigna porque alguien cuestiona si debe o no organizar un Mundial. El último, Revilla. OK.
También tenemos otra facción que acusa de provocador al portero Courtois, objetivo de los lanzadores. El Madrid nunca tiene toda la razón, no falla. Mal esa grada, pero... La palabra ‘pero’ se inventó pensando en el Madrid. Lo de ahora recuerda lo de Vinicius y el racismo, versión mecheros, bolsas con excrementos… Hay que guardar eso, llevarlo a un campo: ¡qué cabezas!
Está mal, racismo, mecheros... Pero, siempre pero. Resulta que provoca el jugador del Madrid. Vaya, casualmente. Un tío al que insultan desde el calentamiento, el "muéret"e permanente, decide celebrar el gol de su equipo dedicándoselo o así a sus agresores. Verbales y no físicos porque no acertaron. No debió hacerlo Courtois, nos cuentan.
Un episodio más de las clases de Urbanidad que necesitan los jugadores madridistas. No protestes, no te caigas a menos que te rompan la crisma, no mires a la grada, no, no, no… Vive como te digo yo. Porque lo digo yo. ¡Y un huevo!
‘Quicír’, tu equipo marca y tú te callas no sea que se molesten los bárbaros. Me acordé de Leo Messi aquella noche en el Bernabéu cuando marcó el gol del triunfo de los suyos en un clásico quitándose la camiseta y desplegándola de cara a uno de los fondos del Bernabéu.
Como no le lanzaron nada, nada se dijo. De provocación, ni hablar. Histórica celebración de Leo, así se definió la cosa y se sigue leyendo refiriendo lo sucedido en Chamartín aquella tarde de 2017. No hubo provocación sino alegría, explosión de júbilo, el Barça no se rendía a entregar la Liga. Acabó haciéndolo, por cierto.
Los justicieros de hoy no acusaron a Messi de provocador, vieron a un deportista desatado, superado por el gozoso momento: gol y clásico. ¿No debió quitarse la camiseta? Hizo lo que le salió. Y tampoco recuerdo que alguien pidiera el Nobel de la Paciencia para la hinchada merengue a la que le dolió lo natural, el gol. Tragó y se fue a casa. Messi, como tantos otros. Hoy, Courtois es culpable. ¡Y un huevo! Otra vez.
Si aplicamos lo visto ayer, Leo vive de milagro. Provocó y se expuso a la ira del madridismo, afortunadamente sin consecuencias. Tampoco para Fermín en el último Madrid-Barcelona, subido a una publicidad cerca de la portería que defendió Lunin cuando anotó. Aquel Raúl pidiendo silencio al Camp Nou. Y quien se lo tomó como ofensa, se guardó de hacer lo que anoche el Frente Atlético. El único culpable de todo lo malo que pasa en el estadio de su equipo, el actual y el anterior.
Courtois, la broma final de un partido que desde el prisma blanco lo fue también en el resultado y en la manera como el equipo jugó. Se portó como un gran vecino. ¿Te falta sal? Pasa y llévatela. ¿Te gustan los limones? Pues toma, recién traídos del pueblo.
No supo ganar el Madrid tres puntos que tenía en el bote. Por un error final y por lo mal que gestionó su ventaja. Tiene más de un problema y un problemón detectado: el centro del campo. ¿Kroos? Los que están. Muy preocupante.
Antes, el baloncesto hizo posible el alegrón en la Coruña cestista, palmando también en el último suspiro. Histórico debut de los gallegos en la ACB. El Madrid está raro. Todo el Madrid. Lo que hay, diría Koeman…
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Una de los lemas más famosos de los que esgrime el Atlético de Madrid es “No nos pueden entender”. Efectivamente, no soy capaz de entender una forma de existencia en la que el modus vivendi se basa en el odio, el insulto, la humillación y el menosprecio al rival. Sólo con el propio aserto, que mira irremediablemente hacia el Paseo de la Castellana de Madrid, se denota que el club y sus aficionado están más pendientes de lo que pasa en la otra orilla que de lo que ocurre en su propia casa. El Club Atlético de Madrid SAD, es una sociedad anónima deportiva fallida de inicio, que está manejada y pseudodirigida por una facción de aficionados que tiene sojuzgado al equipo, su cuerpo técnico y, lo que es peor, sus dirigentes.
Durante los días previos al partido contra el Real Madrid, se lanzaron varias proclamas en redes sociales para acudir al Wanda con mascarillas y así no ser reconocidos a la hora de poder insultar con toda la impunidad posible a Vinicius. El asunto llegó a ser tan delirante que pedían que la gente no sacara los teléfonos móviles para evitar grabaciones y, por tanto, filtraciones. A última hora del sábado, se propuso, igualmente, que, en el minuto 13 del partido el fondo donde se encuentra esta gente evocara como leyenda del club al Mono Burgos, gritando mono, mono. Esto provocó una oleada de reacciones por parte de las cuentas de aficionados del Real Madrid en la que se advertía a las autoridades de la felonía que preparaba esta gente que lleva años insultando y vejando al astro brasileño.
Según me cuentan, Simeone NEGOCIÓ, si, como lee, negoció con estos elementos que hubiera paz en el partido porque, de no ser así, el único perjudicado sería el propio club. Y así fue hasta que Militao perforó la portería rojiblanca en el minuto 64 de encuentro.
A partir de ahí, se produjo un lanzamiento masivo de objetos contra el maro que defendía Courtois, portero del Real Madrid y otrora defensor del arco atlético, con la mirada cómplice del presidente del Atleti en el palco, que parecía disfrutar con el espectáculo, según los planos de sonrisas que sacaron en la televisión. Es más, el día anterior al encuentro, unos vándalos de la misma calaña reventaron la placa conmemorativo que el guardameta tiene en las inmediaciones del estadio por haber jugado más de 100 partidos con la elástica colchonera. El lanzamiento de objetos provocó que el árbitro, el balear Busquets Ferrer, suspendiera, con muy buen criterio, el choche durante más de veinte minutos, aplicando con mano de hierro el protocolo antiviolencia y advirtiendo de que si los actos seguían produciéndose, se suspendería definidamente el partido.
El Club Atlético de Madrid SAD, es una sociedad anónima deportiva fallida de inicio, que está manejada y pseudodirigida por una facción de aficionados que tiene sojuzgado al equipo, su cuerpo técnico y, lo que es peor, sus dirigentes
El resto es historia, gol de Correa en el minuto 95 y empate a un gol final. Bueno, hubiera querido que la cosa terminara con el 0-1 de Militao, pero esto es fútbol, igual que empatas tú en el minuto 93 de Lisboa, ellos te pueden empatar en el 95 del Wanda, qué se le va a hacer. Lo bochornoso fue lo de después. Por un lado, el entrenador rojiblanco diciendo que los profesionales no deben provocar a los aficionados, cuando él es un experto en señalarse sus atributos genitales al más puro estilo rubialesco cuando le viene en gana y, por otro lado, demonizar al profesional ante el desalmado, como si volviéramos a decir que las mujeres son violadas porque van provocando por ahí con las faldas tan cortas, que no se puede consentir tamaña vestimenta. Por otro lado, los jugadores de la plantilla rojiblanca, sumisos, entregados a la causa de los delincuentes, se acercaron A CELEBRAR el empate obtenido, cantando con ellos, botando el famoso madridista el que no bote con ellos y, en definitiva, siendo cómplices, cuando no parte, de la infamia de la violencia de estos personajes.
La violencia en los estadios se puede cortar. Ya lo han demostrado, entre otros, Florentino Pérez en el Real Madrid y Joan Laporta en el Barcelona. Ambos clubes contaban con unas de las facciones ultra más duras y sanguinarias del elenco español, los ultra sur y los boixos nois. A ambos grupos, el club les cerró la puerta del estadio, les expulsó de la sociedad y les calló la boca. Las excusas peregrinas de que son los únicos que animan, se han ido al limbo cuando el club, en colaboración con varias peñas, han montado una grada de animación en el fondo sur de Chamartín que no para de animar sin insultar ni cometer actos vandálicos y que funciona a las mil maravillas, sea o no del gusto de cada cual, que para gustos los colores. Pero el objetivo de erradicar la violencia del estadio y alrededores se consiguió. Se consiguió en Chamartín y se consiguió en el Camp Nou, y todo gracias al coraje de unos dirigentes que no se plegaron a las amenazas barriobajeras y delincuenciales de estos desalmados. Hasta que el Atleti no mande a paseo a esta gentuza, no se le quitará el sambenito de club racista, xenófobo y violento. La pregunta que me hago es si, de verdad, el club quiere deshacerse de estos personajes, cuánto es lo que de verdad debe la directiva a esta gente, hasta dónde están implicados personalmente los jugadores y el entrenador con los miembros más destacados de la facción y si la afición atlética entiende de verdad que es más sano mirar hacia su casa que estar constantemente mirando al vecino, que se ríe día si y día también de sus complejos de inferioridad.
a violencia en los estadios se puede cortar. Ya lo han demostrado, entre otros, Florentino Pérez en el Real Madrid y Joan Laporta en el Barcelona. Ambos clubes contaban con unas de las facciones ultra más duras y sanguinarias del elenco español, los ultra sur y los boixos nois. A ambos grupos, el club les cerró la puerta del estadio, les expulsó de la sociedad y les calló la boca
No, las personas de bien no podemos entender a esta gente. Es más, no queremos entenderlos, como no podemos ni queremos entender la campaña de blanqueo del racismo que se produjo en las páginas de los periódicos y en las ondas radiofónicas los días previos al encuentro.
Para ejemplo dos botones. El primero, el del expresidente de Cantabria, el muy provecto Miguel Ángel Revilla, que vino a decir una animalada propia del personaje; que “Vinicius es un desagradecido, que habla mal de España, que le da de comer”. A ver, Sr. Revilla, prócer de la casa cántabra, adalid de la anchoa como modo de vida, Vinicius Junior es un ciudadano español, ¿sabe usted?, tan español como usted o como yo, con los mismos derechos y obligaciones que usted y que yo. Además, paga muchos más impuestos cada año de los que usted y yo juntos pagaríamos en tres vidas, así que lo de que le da de comer, quizás habría que reconvertirlo en un que gracias a sus impuestos, más de un colegio se ha construido. Además, el chico no habló mal de España, no dijo que España sea racista (cosa que empieza uno a dudar muy seriamente), sino que hay un grupo reducido de racistas en los campos de fútbol, que es muy distinto. Lo malo no es que este señor, que ya no cumplirá los ochenta años diga esta burrada- El problema es que el diario ABC, antiguamente serio donde los haya, fundado por Don Torcuato Luca de Tena, de ideal monárquico y rendido a la veracidad de sus informaciones, publicara el mismo domingo del encuentro, cuando el ambiente estaba mas caldeado, tamaña infamia en forma de entrevista el del puro en medio de la pandemia y destacara la frasecita en primera página.
El segundo ejemplo de animalada lo dio el diario AS con una entrevista a la leyenda madridista Jorge López Marco “Tote”, que en el muy prestigioso libro “Veteranos y Noveles” (Geoplaneta 2023) aparece como que jugó la friolera de 14 partidos oficiales con la elástica merengue, divididos en 652 minutos, siendo titular en 6 ocasiones, suplente en 8 y sustituido en 2, marcando 6 goles siendo delantero centro.
Si, la leyenda blanca, confeso seguidor del Atleti desde hace muchos años y jugador conflictivo, dijo en el periódico madrileño que “(Vini) se está equivocando mucho. España no es racista. Hay cuatro tontos, como los habrá en su país y en cualquier otro, pero no soporto que diga eso porque no es cierto. Está mal asesorado. Hay muchos jugadores de color en la liga, pero sólo le pitan a él. Por algo será.”.
Bueno, amigo Jorge, querer blanquear la campaña de acoso y derribo que sufre el jugador desde su venida a España hace siete años con que sólo le pitan a él, no solamente es falso, sino que denota el racismo intrínseco que te invade, nublado por tu seguidismo al club de Canillejas.
También dijo que: “En la historia ha habido jugadores a los que han insultado más que a él y les han dado más patadas y han seguido jugando. Es obvio que no estoy a favor de los insultos, pero nos ha pasado a todos los que hemos salido a un campo y no hemos venido a casa llorando. Nos han educado desde pequeños para aguantar eso. Además, él no es nadie para decir que nos quiten el Mundial. Eso es de ser un desagradecido, con todo lo que España le está dando. Es una falta de respeto.”
Analicemos la perla totiana:
1.- “En la historia ha habido jugadores a los que han insultado más que a él y les han dado más patadas y han seguido jugando”. O sea, como las pirámides de Egipto las construyeron, presuntamente, esclavos cargando meños descomunales de piedra al hombro y no se quejaron, pues nada, en las obras de nuestro país, que se quiten las carretillas, las poleas y los ascensores para que los albañiles carguen con las vigas y ladrillos a mano, al peso, para demostrar lo machotes que son y que no se quejen como niñitas, que es lo que vienes a decir.
2.- Es obvio que no estoy a favor de los insultos, pero nos ha pasado a todos los que hemos salido a un campo y no hemos venido a casa llorando. En eso tienes razón, Jorge, en España se ha insultado por doquier a los jugadores y no han llorado, o si, vaya usted a saber. Lo que ocurre, estrella rutilante de los campos íberos, es que los tiempos han cambiado, miratú, es que la sociedad española, afortunadamente, tolera menos esas manifestaciones de odio hacia personas que ni siquiera se conocen entre sí, que la mayoría de las personas decentes entendemos que a un jugador de fútbol, por muy bueno que sea, por muy del equipo contrario que sea, no hay que insultarle, humillarle y vejarle durante su trabajo, que eso de que “cobran para aguantar eso” es mentira, a nadie le pagan para que le insulten, a no ser que sea actor de teatro y en el guión entre algún exabrupto, querido Tote, adalid de la excelencia futbolística donde los haya.
3.- Además, él no es nadie para decir que nos quiten el Mundial. Eso es de ser un desagradecido, con todo lo que España le está dando. Volvemos con la burra al río (nunca mejor dicho). Vinicius no dijo nunca que nos quiten el mundial. Vinicius dijo que, si no se erradicaba la violencia y el racismo de los campos españoles por los cuatro energúmenos que la ejercen, España no sería digna de organizar el mundial. Y yo estoy de acuerdo con él, es más, con declaraciones de elementos como tu, querido Tote, estoy cada día más convencido de que no nos merecemos ni organizar la copa de Socuéllamos, con todo el respeto a la población manchega, por supuesto.
¿Vinícius un desagradecido? Cuando pagues tú los impuestos que paga él para mantener la pensión de jubilación que algún día cobrarás si trabajas, le hablas a Vinicius de agradecimiento, Tote de nuestros recuerdos inmarcesibles.
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“Si cargas a nuestros nazis, nuestros nazis reaccionan. No nos hagamos las víctimas. Si enfadas a nuestros nazis, nuestros nazis hacen cosas de nazis. No enfades a nuestros nazis”.
Buenos días, amigos. Hemos comenzado el portanálisis de hoy parafraseando lo que dijo el Cholo Simeone en la rueda de prensa posderbi, comentando el ignominioso arrojo de mecheros que motivó la suspensión temporal del partido.
El Cholo, como a renglón seguido hizo su pupilo Koke Resurrección, trató de culpar a Courtois del infame comportamiento del Frente Atlético. Según él, el portero belga celebró demasiado que su equipo se había adelantado en el marcador, y a los nazis del Frente (a quienes Koke llama admirativamente “nuestra gente”) eso no les gustó. Muy mal Courtois por alegrarse después de que Militao perforase la red de Oblak.
Para terminar de desacreditar la asquerosa postura de un entrenador y unos jugadores que viven subyugados por una pandilla de neofascistas, salió al final del partido el vídeo en el cual se escucha al Frente Atlético, y quizá a más espectadores, cantar a todo pulmón “Courtois, muérete”. “Su gente” tiene derecho a cantar eso, pero Thibaut no tiene derecho a celebrar el gol. Si lo hace ya sabe que a nuestros nazis no le va a gustar, así que deberá apechugar con las consecuencias. Ya se sabe: lo de la minifalda demasiado corta que impide a la agredida quejarse en caso de violación.
Antes de que Simeone y Koke Resurrección se cubrieran de oprobio con estas declaraciones, que seguramente son atribuibles al pánico que le tienen a un sector violento de su afición, con voz y voto en el club, el equipo se fue a celebrar el empate final con su grada, específicamente con la parte de la misma que había ocasionado el bochorno de la suspensión temporal, que de milagro no fue definitiva. Oh, qué hermoso espectáculo de alienación era verles botar al ritmo de sus consignas salvajes después de haber dado ante todo el planeta el espectáculo que habían dado, y que por lo visto había que agradecerles.
Qué cochambre, amigos. Qué asco. Qué desoladora lástima ver a un club de fútbol presuntamente importante en manos de una recua de encapuchados. Porque esa es otra. Todos ignoran el elefante en la habitación. Hacen como si fuera la cosa más corriente del mundo. Durante el rato en que el partido estuvo suspendido, varios jugadores rojiblancos y el propio Cholo fueron vistos tratando de calmar (o negociando con) a un grupo de tipejos con la cara tapada. ¿Es eso normal? ¿Es eso aceptable?
Lo es para la inmensa mayoría de la prensa, aunque algunas voces dentro del nutrido grupo de periodistas filoatléticos empiezan a mostrar el valor de enfrentarse a esta piara. Hablamos de Iñako Díaz-Guerra, ponderar cuyo valor quizá juegue en su contra, por desgracia, pero es de justicia. Su texto de ayer noche en El Mundo es muy loable, y la conclusión es inmediata: si Iñako puede, otros muchos comunicadores de la esfera filoatlética pueden también.
Ánimo.
Las portadas del día se hacen eco del empate, pero sobre todo del sonrojo, del oprobio. La portada de Marca puede de histórica, porque llama al Frente Atlético por su nombre y aboga por su expulsión del Metropolitano. Llega tarde, muy tarde, esta manifestación de crudeza por parte de un medio afín a la cúpula atlética y por tanto condescendiente con el problema. Más vale tarde que nunca, suponemos. Habrá que celebrar, suponemos también, aunque la huella de tantos lustros mirando para otro lado y la hipocresía de ignorar la simbiosis entre el Atleti y sus ultras todavía nos pesan.
Mucho.
As es menos radical que Marca, pero también señala el espanto del Frente y lo llama por su nombre, aunque le falte el apellido (Atlético).
Se ocupa muy mucho As de puntualizar que el resto del estadio abucheó al equipo cuando se fue a celebrar el empate con “su gente”(es decir, con sus nazis), y no miente. Hay muchos atléticos que, como Iñako Díaz-Guerra, están hastiados de saber que su club está en manos de unas barras bravas de ideología fascista, como si estuviéramos en los noventa en algún país en vías de desarrollo en lugar de la Europa del siglo XXI.
A esos atléticos hay que pedirles que reaccionen, como lo ha hecho Díaz-Guerra.
Esperamos atentamente sanciones sobre el Atlético de Madrid, y también sobre su entrenador y capitán por bailar el agua a la manada de cafres que gobierna su entidad.
Entretanto, os dejamos con la prensa cataculé.
Pasad un buen día.
Courtois: 7. El paradón de cada jornada.
Carvajal: 6. Le faltó energía al final.
Rudiger:6. No tan contundente como otras veces,
Militao: 7. Fundamental con su gol.
Mendy: 5. Estuvo muy impreciso y rompió el fuera de juego de Correa.
Tchouameni: 6. De más a menos.
Valverd: 8. El mejor, le sobran pulmones.
Modric: 7. Fue de los mejores hasta su cambio.
Bellingham: 6. Se le notó agotado al final.
Rodrygo: 6. Intermitente.
Vinicius: 7. Cuando se fue, se acabó el peligro del Madrid
Lucas: sin calificar.
Endrick; sin calificar.
Fran García: sin calificar.
Ancelotti: 5. Cambios extraños. Le faltó ambición al final.
El partido había sufrido unas vísperas lamentables, como todos sabemos. Tambores de guerra, entrevistas inoportunas en medios supuestamente serios, el foco en Vinicius, todo ello rodeado por unas redes sociales dominadas por el matonismo de numerosos ultras colchoneros, dispuestos a enfangar con amenazas racistas un derbi madrileño que, en sus tiempos, se ceñía a una rivalidad entre vecinos y familiares, pero centrada casi siempre en motivos deportivos.
Vísperas de guerra que, al menos en el primer tiempo, dieron paso a un absoluto respeto, incluso diríamos cierto temor entre ambos contrincantes. Parecía aquello del chiste entre el dentista y su paciente, éste último agarrando de sus partes al odontólogo y diciendo lo de “no nos vamos a hacer daño, ¿verdad?”.
Con todo, el dominio del balón correspondió en todo momento a los merengues, que tuvieron 3 buenas ocasiones, todas por medio de tiros desde media distancia, 2 de ellos de Valverde y otro de Jude Bellingham tras preciosa combinación entre Vinicius, Rodrygo y el inglés. Por parte de los locales, apenas la Araña Álvarez inquietó en una internada por la izquierda a Courtois. Mucha prudencia en ambos bandos y Busquets Ferrer pitando el descanso sin minutos de prolongación.
Salió el Atleti con mucha mayor agresividad y forzó de salida un par de córners y varias llegadas al área, pero en ningún caso con peligro. El Madrid retrocedía, pero no se producían ocasiones, hasta que Modric sirvió, tras un córner, a Rodrygo, que lanzó un misil que lamió el larguero. Ligero dominio infructuoso de los colchoneros mientras los defensas madridistas taponaban una y otra vez las intentonas de disparos de los Griezmann, Álvarez y De Paul. Por no haber, no había casi ni faltas, y el colegiado apenas había sacado una tarjeta a Modric por pisotón.
En una internada de Vinicius, el carioca sacó una valiosa falta y una amarilla al central Lenormand. Sacó Modric la falta, Vinicius dribló con maestría a De Paul y conectó un centro que cayó en los dominios de Militao, que fusiló a Oblak entre una nube de jugadores locales, rozando el balón en Marcos Llorente que desvió la justo para despistar al guardameta esloveno.
Era el 0-1 para el equipo “que no juega a nada”, pero que hasta entonces no había concedido ni una sola ocasión clara al Atlético de Madrid. Lógicamente, el gol hizo daño a los de Simeone y más aún a los salvajes del fondo repleto de partidarios del Frente Atlético, que lanzaron varios objetos a Courtois, entre ellos algunos mecheros. Entre los radicales se veían por las imágenes televisivas varios indeseables provistos de mascarillas, es decir, que los nefastos mensajes de las redes sociales habían calado entre varios descerebrados.
De manera increíble, y es que algo está cambiando, el valiente árbitro Busquets decidió suspender momentáneamente el partido en el minuto 66, tan solo dos minutos tras el golazo de Eder Militao. La suspensión duró casi 20 minutos, hasta que se anunció por megafonía el reinicio del encuentro, ya con los jugadores fríos por la oportuna interrupción.
En la reanudación, destacó un pepinazo de Vinicius que desvió Oblak a córner. En los minutos siguientes, Gallagher y la Araña vieron sendas tarjetas antes de ser sustituidos por Simeone. El Atleti iba a jugarse los últimos minutos sin apenas delanteros, aunque paradójicamente su mejor disparo lo hizo el carrilero Lino, que obligó a hacer el paradón de cada jornada a Thibaut Courtois.
Los últimos minutos no supo jugarlos el Madrid, ya que se aculó en defensa incomprensiblemente, sustituyendo a Modric y al más peligroso, Vinicius, lo que propició que Correa empatase 1-1 en una indecisión de la defensa, con Mendy rompiendo el fuera de juego del argentino. El linier había anulado el gol por offside, pero el VAR sonrió a los encapuchados.
Un partido feo y con pocas ocasiones, que tenía dominado el Madrid ante un Atleti sin pólvora, y donde finalmente regalaron los blancos dos puntos que le permitían acercarse a un punto del líder Barcelona.
Llorente fue expulsado a falta de un minuto tras una salvaje entrada, tras sufrir un ataque de nervios impropio de un profesional. El feo partido acabó con un golpe involuntario de Tchouaméni a Lenormand, que acabó conmocionado.
Ocasión perdida para dar un golpe en la mesa y para alejar a los colchoneros a cinco puntos, y también para castigar a una afición violenta que acabó por cumplir los peores augurios que estaban predestinados en un derbi que cada vez da más pereza y oprobio vivir, tanto en la previa como durante el transcurso del partido.
El Madrid pecó de falta de ambición, y además la interrupción no le ayudó en nada, No es la primera vez que el Madrid, cuando se dedica a defender un resultado tan exiguo, no lo sabe hacer. Mejor hubiese sido ir claramente a por el 0-2.
Lo mejor – da hasta rubor decirlo – fue la valiente decisión de un colegiado, Busquets Ferrer, que parece que todavía no está contaminado por el negreirismo y el CTA, y que dio un serio aviso a los violentos que campan a sus anchas por el distrito de San Blas-Canillejas.
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Arbitró Mateo Busquets Ferrer del colegio balear. En el VAR estuvo Iglesias Villanueva.
Segunda temporada para el mallorquín en Primera pero con categoría para ser el mejor árbitro en poco tiempo. Realizó un arbitraje magnífico, no le pesó el ambiente ni la presión y cumplió con nota. La decisión de suspender el encuentro por el lanzamiento de objetos a Courtois no se habría visto por otros trencillas.
En cuanto a jugadas polémicas hubo tres pero ninguna era para penalti. Rodrygo se deja caer en el 44' ante Giménez, a Valverde el disparo de Julián Álvarez en el 46' le dio en el costado y el empujón de Le Normand a Vinicius no era suficiente para la pena máxima.
En el apartado disciplinario vieron amarilla en los locales Le Normand en el 62' por derribar a Vinicius, Gallagher en el 69' por agarrar a Valverde y Julián en el 74' por una patada a Militao. Además, Llorente fue expulsado por una entrada terrible a Fran García a la altura de la tibia. El único debe de Busquets Ferrer que no lo vio tan grave y necesitó de la ayuda del VAR. Mientras que por los visitantes fue amonestado Modric por pisar a Gallagher en el 39.
Busquets Ferrer, MAGNÍFICO.