Las mejores firmas madridistas del planeta

Esto de cambiar de entrenador siempre es un lío. No porque el que venga sea mejor o peor, sino porque contratas un entrenador nuevo cuando consideras que se ha terminado un ciclo. De modo que cambiar a un entrenador es, en realidad, cambiarlo todo. En eso estamos. Xabi Alonso era uno de mis favoritos y su llegada me ha llenado de confianza. He visto a madridistas impacientes las primeras horas de un campeonato oficial bajo su batuta, y me recuerda un poco a cuando de niños en los viajes preguntábamos a papá cada treinta segundos: “¿Cuándo llegamos?”.

El entrenador está siendo muy sincero en sus declaraciones. Y ha dado una clave interesante, aunque creo que no lo ha dicho con estas palabras: que no hay tiempo material en el Mundial de Clubes como para trabajar y exhibir nuevos sistemas y recursos tácticos. Se trata de salvar partidos, probar nuevas combinaciones —y nuevos futbolistas— y ganarlo, porque ya sabemos que el Real Madrid no se presenta a ninguna competición si no tiene la seguridad de que ganará.

Aunque, sin perder de vista todo lo anterior, hay algunas luces que me han puesto de muy buen humor. No sé si Gonzalo es la gran apuesta ofensiva que a menudo echamos en falta durante la temporada, pero la confianza que el entrenador le está dando es una gran noticia tanto para él como para todo el talento joven que tenemos en la plantilla.

Otro apunte esperanzador: se han terminado los jugadores intocables. Quizá sea pronto para afirmarlo categóricamente pero, por lo que estamos viendo, en el once solo estarán, de entre los más talentosos, aquellos que estén en un buen momento. Me he pasado un año predicando en el desierto algo que no convence a muchos: que el Real Madrid no puede esperar meses y meses a que jugadores teóricamente brillantes decidan volver al nivel top que un día tuvieron.

He visto a madridistas impacientes las primeras horas de un campeonato oficial bajo la batuta de Xabi, y me recuerda un poco a cuando de niños en los viajes preguntábamos a papá cada treinta segundos: “¿Cuándo llegamos?”

Y algo más que me ha hecho brindar con todo el bar mientras veía el partido este domingo: los cambios se hacen cuando el equipo los necesita, no cuando se llega al minuto suficiente como para no ofender al sustituido. Ya he glosado muchas veces las mil virtudes de Carletto, pero el hecho de que cualquier madridista pudiera adivinar los cambios y la hora a la que se producirían antes de comenzar el partido resultaba exasperante.

Esta competición no es técnicamente una pretemporada, pero sí lo es. Quiero decir que tanto el cuerpo de los futbolistas como la mente de los espectadores está en ese extraño limbo. Nadie espera un despliegue físico y técnico de mediados de abril a las puertas del mes de julio. Pero, en fin, el ADN no puede perderse y la obligación de los nuestros es morder, incluso contra esos equipos de cuya existencia nos estamos enterando a lo largo del partido y que, todo hay que decirlo, parecen estar todos en mucha mejor forma física que los grandes clubes europeos.

Recuperar al mejor Güler sería una bendición para la próxima temporada. Los nuevos fichajes nos están alegrando cada partido, de menos a más. Hay ganas de ver de nuevo a Mbappé, cuando pueda salir del cuarto de baño. Y los holgados minutos que Xabi Alonso le está dando a Brahim, aun saliendo de suplente, refuerzan mi confianza plena en que la crisis de finales de la temporada pasada desemboque en un nuevo comienzo de gloria.

Nunca hay que perder de vista la cita falsamente atribuida a Churchill, es un poco estúpida pero certera: “El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatal: lo que cuenta es el coraje para continuar”. A propósito, cuando la International Churchill Society se propuso confirmar que la cita era del viejo inglés, concluyó que no podían encontrar en la obra y discursos atribuibles a Churchill nada parecido, pero, sin embargo, descubrieron que idéntico número —infinito— de fuentes atribuían la misma cita a Abraham Lincoln, igualmente sin posibilidad de documentar la atribución.

Así que, sea de quien sea la cita, tampoco hay constancia de Churchill o Lincoln fueran madridistas, la idea es lo importante para el Real Madrid en este reinicio, pruebas, aciertos, errores, y dudas: es el momento de apretar los dientes, del coraje, el mismo que mañana nos traerá el éxito.

 

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El Mundial de Clubes no empezó, como pasa con el resto de competiciones, hasta que debutó el Madrid: lo de antes siempre son prolegómenos y tanteamientos más o menos divertidos, casi siempre poco más que entretenidos. Tiene muy mala pinta este torneo, para los madridistas y para todos los demás aficionados al soccer. Hace un calor insoportable en Norteamérica y los estadios están vacíos, apenas pobladas sus gradas de árabes horteras que sólo tienen dinero y de ególatras adictos al Instagram y a los directos de TikTok. Se ven unos primeros planos dignos del Dante, gente agarrándose las camisetas, que parecen gitanos en una boda, a punto de partírselas, y chillándoles a las cámaras, enardecidos, como si fueran presa de algún delirio psicotrópico…

Eso, sin embargo, no es lo peor, sino el fútbol, que brilla, precisamente, por su ausencia. Todos los defectos clásicos de los torneos importantes de las selecciones nacionales se agravan aquí, pues las plantillas, que casi no se han ido de vacaciones todavía, están compuestas a medias de gente que acaba de llegar y de quienes van a durar en ellas dos telediarios.

Al espectáculo infumable se le suma la cultura del país anfitrión. El fútbol es ontológicamente incompatible con los Estados Unidos de América, con su histriónico sentido del entretenimiento y del show, tan antisolemne y concebido únicamente para la masa espectadora que se hace fotos y grita cual quinceañera en un concierto.

Del debut del Madrid, propiamente dicho, se extrae la conclusión de que al equipo, esencialmente, le falta soccer por un tubo. Y eso que en el segundo partido, contra el Pachuca, la cosa mejoró algo, se vio cierta velocidad, buenos contragolpes, juego al primer toque. El problema de fondo, sin embargo, es el mismo que lastró la última temporada, de la que esta Copa del Mundo es una extraña coda. Por lo que naturalmente no se puede decir nada de Xabi Alonso, que lleva aquí diez minutos y al que le quedan muy bien los polos de manga corta.

El Mundial de Clubes no empezó, como pasa con el resto de competiciones, hasta que debutó el Madrid: lo de antes siempre son prolegómenos y tanteamientos más o menos divertidos

El Madrid sigue pésimamente diseñado y sin uno, o varios, guías de juego es probable que vuelva a despeñarse. Con lo que Alonso, como antes de él Benítez y Lopetegui, será invitado a coger las de Villadiego por la misma dirigencia del club que, a tenor de lo que se lee en la prensa, le dice que no es necesario ningún playmaker porque con lo que hay, sobra.

De momento, son sólo especulaciones. Pero se adivinan cosas. El mejor metrónomo que tiene el equipo es, por ahora, Huijsen, un chaval con una pinta estupenda, notable planta y un primer pase hacia adelante muy interesante. El centro del campo, con Tchouaméni, Valverde y Bellingham, tiene la agilidad y el dinamismo de la cúpula de Génova 13, y el mejor defensa de la cantera con el que cuenta el entrenador, Asencio, hace pensar por momentos en que La Fábrica es tan productiva como la energía fotovoltaica.

Menos mal que Gonzalo está redimiendo, en parte, el fútbol base del Madrid: de una estirpe de cantaores, bailaores, toreros y hebraístas sevillanos, hacía tiempo que no se veía un chico con tanto fútbol en la cabeza y que lo muestra, además, con plena y sencilla naturalidad. Sus movimientos son de nueve modernísimo y, al mismo tiempo, de delantero canónico, puro y antiguo. Si afila el cuchillo y logra definir de cara a gol con la misma facilidad con la que combina al toque y se desmarca, estaremos ante un jugador de futuro.

De los nuevos, ninguno tiene hechuras de creador de juego propiamente dicho. Lo cual es un quilombo puesto que, según dicen, Franco, Mastantuono, juega donde Rodrygo; quien, de tan abstracto como se está volviendo, se parece cada vez más a los paisajes submarinos de Cadaqués que pintó Dalí y que ustedes pueden contemplar en el Reina Sofía. Lo más esperanzador en este asunto sigue siendo Güler, pero es tan delicado y tan poca cosa que imaginarlo fijándose noventa minutos en la media cuesta tanto como pensar en el duque de Alba cavando zanjas en un olivar.

Si Gonzalo afila el cuchillo y logra definir de cara a gol con la misma facilidad con la que combina al toque y se desmarca, estaremos ante un jugador de futuro

La papeleta es difícil de solventar y de las que comprometen la viabilidad de un proyecto. Ya hay quien propone, incluso, usar a Trent Alexander Arnold como pivote. A imitación, supongo, del experimento aquel de Guardiola en su Bayern con Kimmich. Trent, desde luego, tiene un toque de balón exquisito, pero me temo que, simplemente, sea sólo un lateral, un carrilero con proyección en todo caso, a pesar de que en la sobrevaloradísima Premier League se haya llevado toda la vida escuchando que es el mejor del mundo. El propio Xabi debería abominar de esta clase de inventos. Recuerdo que él mismo, en su etapa de futbolista en el Madrid, tuvo que compartir centro del campo con un lateral izquierdo, Coentrao, y un defensa central, Pepe. Aquellas fueron ocasiones contadas, sin embargo, en las que Mourinho tuvo que recurrir a trucos de emergencia.

Ahora, en cambio, de lo que se trata es de que el Madrid halle alguien capaz de llevar el compás del equipo, nada menos. Es decir, de un cinco sobre el que levantar una estructura permanente. Pero la pregunta es, sobre todo, si hay dinero en la caja para comprarlo. Quizá la casilla del Excel destinada a esa inversión lleve el nombre de Tchouaméni, en quien algún iluminado de la dirección técnica vio en su día un nuevo Patrick Vieira. Quiera Dios que ese no sea el caso, pues de otro modo se podría decir que el proyecto Xabi Alonso ha nacido muerto.

 

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Hay victorias que se celebran, y otras que se entienden. La del Real Madrid contra Pachuca, en Charlotte, pertenece a esa segunda categoría: la de los triunfos que explican un equipo. Porque lo de ayer no fue un simple 3-1. Fue una lección de madurez, compromiso y jerarquía, impartida con diez jugadores durante más de 80 minutos.

Sí: el Madrid jugó casi todo el partido en inferioridad numérica. Y no lo sufrió. Lo gobernó. Lo ganó. Lo impuso. En un Mundial de Clubes al que otros —no miro a nadie que se vista de azulgrana— ni siquiera han sido invitados, el Rey de Europa hizo de la adversidad una rutina y de la rutina, victoria.

Lo de ayer no fue un simple 3-1. Fue una lección de madurez, compromiso y jerarquía, impartida con diez jugadores durante más de 80 minutos

Minuto 8. Raúl Asencio, central joven, potente, bien formado en lo físico y (como estamos viendo) mal acompañado por las circunstancias, ve la roja directa. Una acción desmedida, impropia, que no solo deja al equipo con uno menos, sino que lo deja sin central izquierdo, sin referencia táctica en la línea de cuatro.

Pero no es solo fútbol. Asencio arrastra un problema judicial serio: está siendo procesado y las acusaciones pide para él cuatro años de cárcel. Ya en el partido anterior, contra Al-Hilal, cometió un penalti absurdo. Y ahora, esto. ¿Cómo no va a estar afectado? ¿Quién puede pedir concentración a un chaval que tiene el banquillo en una banda y el juzgado en la otra?

Así pito Ramón Abatti

No se justifica la expulsión. Se comprende. Y comprender, en tiempos de análisis sin alma, es un acto de madridismo. A Asencio le pasa lo que a muchos que tropiezan en público: piensa más en el lunes en los tribunales que en el minuto 7 en Charlotte. Y eso, tarde o temprano, se nota. Lo malo es que esto es el Real Madrid jugándose un Mundial, es el mejor equipo del mundo jugándose su prestigio internacional y pretendiendo ser el primer campeón (como tantas veces) de una competición en un formato determinado. Entiendo que, tanto Raúl, como Xabi Alonso, como el propio club, deberían tomar consciencia de la situación y, dentro de la lógica comprensión del que pienso firmemente que es inocente de los delitos que se le imputan, hablar y tomar medidas, aunque también creo que el partido de sanción que le va a caer le vendrá de maravilla para ordenar sus ideas.

No se justifica la expulsión de Asencio. Se comprende. Y comprender, en tiempos de análisis sin alma, es un acto de madridismo

Con uno menos, el Madrid no se escondió ni reculó. Al contrario. Se multiplicó. Mostró esa versión de equipo coral, comprometido y solidario que tantos llevaban tiempo esperando. Y marcó tres goles con el sello de un equipo que ya no depende solo del talento individual, sino de algo más profundo: una idea. En el Minuto 35, Fran García, que está creciendo en cada partido, arranca por la izquierda, la sirve rasa y tensa, y Bellingham, que cumplió 100 partidos totales (amistosos incluidos) de blanco, la manda a guardar con un disparo cruzado. Todo en él es símbolo: su liderazgo, su carisma… y su hombro maltrecho, que necesita quirófano urgente de una vez. Es mejor estar sin el crack británico unos meses a que siga con esa deriva de rendimiento inverso que ya está siendo preocupante. Pero hasta que eso ocurra, sigue marcando. En el 43, contra vertiginosa. Gonzalo García, esa especie de infiltrado del Castilla con alma de delantero viejo, le mete un pase a Arda Güler, que define como si llevara diez años en Chamartín. Dispara y sentencia. Juventud y clase. La mezcla ganadora. Y en el 70, Brahim, cada vez más dueño de sí mismo, filtra un balón en profundidad. Fede Valverde aparece como un tren sin frenos, rompe la línea y define con frialdad. El tercero. El cierre. La rúbrica de un equipo que no perdona, ni siquiera con uno menos.

Un Xabi flexible y sin hipotecas

Se empieza a notar, y mucho. Xabi Alonso no hace aspavientos. No monta espectáculos en la banda. Pero lee el juego como quien lleva toda la vida dentro. Los cambios no son estéticos, sino quirúrgicos. Las reacciones, instantáneas. El sistema, maleable. Contra Pachuca, reordenó el equipo con diez y mantuvo el control, la estructura y el hambre. Y eso no es suerte. Es método.

Mientras esto ocurría en Charlotte, en la ciudad de los Panthers, del Bank of America y de los milagros discretos, el equipo cliente de Negreira veía el partido desde el sofá. Literalmente. Porque no se clasificó para el Mundial de Clubes. No fue error del VAR, ni complot de FIFA, ni alineación indebida. Simplemente, no llegaron. Y ahora lo siguen por televisión, quizá con algo de sorna, quizá con bastante resignación.

Se empieza a notar, y mucho. Xabi Alonso no hace aspavientos. No monta espectáculos en la banda. Pero lee el juego como quien lleva toda la vida dentro

No obstante, hay que recordar todos los días que ese club del que usted me habla pagó como mínimo 8,4 millones de euros al menos durante más de 17 años al vicepresidente de los árbitros para comprarse literalmente el sistema arbitral español Y AÚN NO HA PASADO NADA. Hay que recodar también que, hasta que no les quiten todos los títulos ilegítimamente obtenidos, sean expulsados del fútbol profesional y pidan perdón a todos los aficionados del mundo, no viviremos tranquilos las personas de bien, que no se olvide. Pero lo cierto es que el Real Madrid sigue compitiendo, sigue llegando estadios allá donde va, sigue creando la mayor expectación del fútbol mundial y sigue ganando. Con uno menos. Con uno más. Con lo que haga falta.

Lo que viene no es sencillo. Red Bull Salzburgo es de esos equipos que corren hasta cuando no tienen motivo. Jóvenes, verticales, peligrosos. Pero este Madrid (el de los diez, el del orden, el de Xabi) tiene con qué. Porque si con uno menos ya vuela, imagínense con once.

Me despido con la frase favorita de mi amigo Javi, que sigue con sus cosas. Ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida… ¡Hala Madrid!

 

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102-96, 3-1… Domingos que parecen sábados sabadetes

 

Sí, sí. Hay domingos que parecen sábados sabadetes y el de ayer fue uno. Días completitos. Sin pagar un duro, a media tarde te ponen el Madrid de baloncesto y después el de fútbol masculino. Y encima, todo acaba bien.

Debería ser siempre así para el Madrid. Baloncesto a las seis, fútbol a las nueve. O al revés. Los monos de los horarios verán. Faltó el fútbol femenino, que está de vacaciones, lo que requeteconfirma que las mujeres son seres superiores. Llega San Juan y ellas, eso, librando. Siempre pienso que Florentino es una tía.

Me recordó la de ayer aquella tarde de cine de barrio, las sesiones dobles. A las tres y media empezó El Álamo y después una de romanos, no recuerdo cual. Pipas, altramuces, gritos a favor de los buenos…

Sobre las nueve de la noche se presentaron mi madre y tres más a ver si mis amigotes y yo nos habíamos dormido, pirado clandestinamente Ramblas abajo buscando el peligro más divertido. A aquellas madres no había taquillera que les impidiera la entrada al grito, ¡llevan más de cinco horas fuera de casa y sin merienda! Taquillera, guardia civil: nadie.

Hay domingos que parecen sábados sabadetes y el de ayer fue uno. A media tarde te ponen el Madrid de baloncesto y después el de fútbol masculino. Y encima, todo acaba bien

Pues eso, que primero baloncesto y luego, fútbol. Otras cinco horas largas la mar de entretenidas en tarde muy veraniega. Primero sol de justicia, después tormentón. Por dos veces se fue la luz, además. Miré a mi mujer y me pareció Beatriz Corredor. Falsa alarma doble: la luz volvió en nada y ella seguía siendo la Montserrat de siempre: bien.

Lo del baloncesto tuvo prórroga, pues parecía que el Madrid iba a palmar y se resistió. Los del Valencia tiran triples que parecen lituanos todos. En Lituania, la selección, los tira hasta el chófer del autocar. En el Valencia, también.

Está siendo una bonita final con dos dominicanos en plan estelar: Feliz y Montero. País hermano el suyo para muchos de los nuestros, por cierto. Me han dicho que nuestro Falcon tiene pista privada en su aeropuerto. No he estado nunca allí, llevo tiempo pensando en acercarme a ver si se me pega algo.

Ganó el Madrid, domina 2-0 la final y acaricia el título. Queda tela por cortar, pues los de naranja son un gran equipo, sin duda el más capacitado para hacer feliz al anti y dejar a los blancos sin título, nobilísima tarea que anima las tardes/noches de esas extrañas gentes.

Es gracioso ver en la grada a Causeur, Yabusele, Poirier con sus familias. Los ex son muy madridistas, ya vimos que cuando vuelven como rivales ponen cara de circunstancias si encestan: bien también.

Ganó el Madrid, domina 2-0 la final y acaricia el título. Queda tela por cortar, pues los de naranja son un gran equipo

Tras el intenso ‘match’ llegó el fútbol y confirmamos que el gusto del Madrid por el número no se fue con Ancelotti: en el segundo partido de Xabi, a los 7 minutos se quedó con uno menos. Asencio ha empezado despistado, nada que no pueda arreglarse.

Fue una remontada extraña, pues por debajo en el marcador no estuvo. Debió remontar la inferioridad numérica, en lenguaje del Poli Rincón, inferioridad supérica. 83 minutos más los alargues, un partido enterito a más de 30 grados. Los tipos que inventan estas cosas viven con aire acondicionado y cuando el refresquito toman caipirinha.

El caso es que el equipo estuvo hasta bien mucho rato. Se había metido en un lío y ganaba o corría el riesgo de volverse en el avión del Atleti, que golea hoy al Botafogo o ‘pa’ casa. Muchísima suerte tenga.

Me apetece un derbi en el Mundial en plan revancha del penalti aquel de la Champions. Estoy seguro de que pasaría algo parecido para regocijo de yanquis, yonquis y similares. Ojalá.

Olió el Madrid el peligro, se afanó y tuvo momentos que animan a pensar que acabará jugando razonablemente bien. Dudo que con el 4-3-3, será una manía. Y sigo pensando lo bien que le iría un volante especialista en lo de tener y mandar. Pues eso: el mando dirá.

Olió el Madrid el peligro, se afanó y tuvo momentos que animan a pensar que acabará jugando razonablemente bien. Dudo que con el 4-3-3

Una cosa es la ilusión por ganar el torneo y otra, lo consiga o no, que el Madrid que estamos viendo tenga mucho que ver con el que veremos de agosto en adelante, plantilla cerrada, lesionados recuperados la mayoría. La cosa fue resultona y punto. Después, el Al-Hilal empató con el Salzburgo, lo que le mantiene invicto ante europeos, y el Madrid con empatar ante los austriacos pasará la ronda.

Huijsen es una cosa seria y más que lo va a ser, y Gonzalo grita quedarse. Tiene algo fundamental y poco visto: sabe jugar al fútbol. Ver toquecito pase-gol a Arda en el 2-0. Y ve puerta, lo cual es interesante tratándose de un delantero. El Madrid, resumiendo, problema arriba no tiene y los que tenía atrás los va resolviendo. Incluso volvió Rüdiger.

Total, que la tarde empezó con sufrimiento en el Palacio, continuó con soponcio en Charlotte y terminó con ilusión a base de triples y golazos. Ilusión, que no es poco.

 

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A estas alturas de las eliminatorias por la liga Endesa una verdad cierta se impone sobre el resto. Cuando el Real Madrid pone en juego todo su potencial es el mejor equipo. Lo vimos ante el Unicaja y lo volvimos a ver ayer ante el Valencia, cuando el conjunto de la ciudad del Turia tuvo el partido en su mano tras una racha de juego extraordinario.

También queda claro que a estas alturas de curso Chus Mateo ha tomado el pulso a su equipo y viceversa. Su figura se está reforzando en este final de temporada, con planteamientos muy ajustados a las virtudes de los rivales.

Se da la circunstancia de que algunos de los jugadores madridistas claves han retomado su mejor forma en este final de temporada. Uno es Tavares, tan rápido y resistente como en sus mejores días. Su consistencia permite al equipo defender de muchas maneras y el dominio de su zona defensiva da opción a sus compañeros a presionar en la línea de tres. Así, la única opción viable para los rivales es intentar el tiro de tres puntos, pues cuando se internan en la zona se topan con la muralla blanca. Aun así, el juego del Valencia es tan rápido e imprevisible y les gusta jugar tanto en transición que, cuando están en racha, son imparables.

El otro jugador que está rayando a su mejor altura es Campazzo, rápido, imaginativo en ataque y rocoso en defensa.

Su forma y la de Andrés Feliz son tan determinantes que Mateo se ha decidido a disputar los momentos cruciales del partido con dos bases. De esta forma, el Real Madrid puede jugar rápido, de forma imprevisible, al tanto que su defensa se mantiene sólida. A pesar de ser jugadores “bajitos“, ambos son grandes defensores y pueden lidiar con oponentes de talla mayor.

A estas alturas de las eliminatorias por la liga Endesa una verdad cierta se impone sobre el resto. Cuando el Real Madrid pone en juego todo su potencial es el mejor equipo

Muy destacable también es el asentamiento de Usman Garuba, versátil en defensa, capaz de defender a jugadores más altos y más pequeños que él. Esta versatilidad le otorga al Real Madrid más opciones de quintetos diferentes, porque puede acompañar tanto a Tavares como convertirse él en el cinco del equipo. Además, se muestra más confiado en ataque, y ayer transformó un triple providencial en la prórroga. Por último, y por más veces que suceda, no deja de sorprendernos, Sergio Llull. En sus primeras apariciones en el partido no estuvo demasiado afortunado, volvió a la cancha para jugar los últimos segundos de los 40 minutos primeros. Muchos de los que estábamos presenciando el partido pensábamos que el balón terminaría en manos del escolta madridista, como así fue. Y, aunque no había conseguido anotar hasta ese instante, logró la canasta del empate que permitió al Real Madrid continuar con la opción de la prórroga.

Esta eliminatoria se está pareciendo mucho a la previa contra el Unicaja, tanto por la cierta similitud entre el estilo de juego de ambos rivales, como por el transcurrir de los partidos. El primero, claro para los blancos; el segundo, con una clara mejoría de los aspirantes. Y también sabe sobreponerse cuando las cosas parecen más difíciles. Vamos ahora a un tercer partido en una cancha caliente como la de Valencia contra un equipo que habrá ganado confianza por el buen juego desarrollado en Madrid, a pesar de la derrota, y porque ha sabido encontrar las grietas en el actual campeón. No se presentan fáciles los próximos encuentros, pero en vista de los antecedentes y de lo sucedido, el Real Madrid se presenta como claro favorito para revalidar el título.

 

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Buenos días, amigos. El Madrid ayer ganó y convenció. Además, RB Salzburgo y Al-Hilal empataron a cero, por lo que el equipo blanco depende de sí mismo para terminar primero la fase de grupos del Mundial.

El partido no tuvo el comienzo soñado. Asencio volvió a cometer un error y acabó expulsado en el minuto 7. Al igual que contra el conjunto saudí, no cabe justificación, pero visto con perspectiva probablemente nunca se haya señalado un penalti y se haya mostrado una roja en dos partidos consecutivos por dos acciones tan leves. El Madrid ya sabe que no le van a pasar por alto ni el más mínimo error, ese que a otros sí.

Los dos últimos desaciertos de Asencio vuelven a poner de relieve la cualidad de gata Flora de parte de la afición vikinga, que pide canteranos y después, cuando estos fallan —porque en la vida se yerra—, se ensañan con ellos sin piedad. Por causas diferentes, Vini también está en el punto de mira y, haga lo que haga, van a por él.

Decíamos que el encuentro no comenzó de la mejor manera, pero la reacción blanca sí lo fue. El Madrid, con diez jugadores sobre el campo, tomó el mando del choque y ofreció una imagen superior a la del debut. “Un Madrid de diez”, titula As.

Superada la media hora, Gonzalo descargó de tacón para la incorporación por banda de Fran García, quien cedió a Bellingham, que penetró en el área con la potencia de un semental pura sangre en su primer ayuntamiento carnal, para controlar y fusilar al meta rival. 1-0 y Courtois de portero, que acabaría siendo uno de los protagonistas.

Antes del descanso, otra gran combinación blanca supuso el 2-0. Vini abrió a banda. Trent la puso según venía al medio del área y ahí Gonzalo, de nuevo, resultó diferencial, cediendo al primer toque para la llegada de Güler. Y el turquito, que es mucho turquito, definió con clase. 2-0.

El Pachuca no entregó la cuchara, ni el partido tampoco, y bombardeó a Courtois de todas las maneras posibles como si se tratase de un concursante de Humor Amarillo que trata de cruzar el puente colgante. El belga repelió todos los ataques con solvencia demostrando que sigue siendo aquel, aunque no cante (afortunadamente).

Xabi Alonso se mostró reactivo a la situación y tomó medidas, como la salida de Modric y Ceballos, para adormecer el encuentro con el incremento de posesión que proporcionan ambos futbolistas. Buena noticia que el entrenador aborde los problemas y proponga soluciones.

“Esto es otra cosa”, dice Marca.

Hubo tiempo para más cosas, como por ejemplo para la enésima buena acción de Huijsen. Un sobresaliente y vertical pase a Vinícius prendió la jugada que significaría el tercer gol. El brasileño se la dio a Fede, que abrió para Brahim, y el 21 depositó el balón frente al arco para que el propio Valverde la metiera con la puntita.

El uruguayo se sacó la espinita del penal errado y celebró el tanto como todos los que anota, con el alma. Madridismo 100 % sin aditivos. Sobre Fede, Xabi Alonso en rueda de prensa señaló que no ha visto nada similar desde Steven Gerrard.

Aún llegaría un postrero gol del Pachuca y un final feo. Al bueno de Rüdi, que reapareció tras superar sus dolencias, le propinaron un golpe en la cara sin que árbitro ni VAR apreciaran nada punible. Tal vez, a esas alturas y con el calor, se pensasen que estaban dirigiendo un combate de boxeo. Además, el argentino Gustavo Cabral, según contó Rüdiger al trencilla y a sus compañeros, le profirió insultos racistas. Abatti activó el protocolo antirracista y la FIFA está investigando el asunto.

A Cabral le faltó tiempo para decir ante los medios que no insultó de ese modo a Antonio, sino que “solo” le dijo “cagón de mierda”. Y lo dijo orgulloso. Desgraciadamente para él, en las imágenes se aprecia que lo que espetó no fue precisamente “cagón de mierda”. Juzgad vosotros mismos.

pic.twitter.com/aCyZovgwGm

— tianismo (@AqaQiwi10499) June 22, 2025

Marca, defensor de todas las buenas causas excepto si el afectado es un jugador del Real Madrid, obvió el golpe que le propinaron a Rüdi en la cara, los insultos —según él denunció— racistas sufridos y la activación por parte del colegiado del protocolo antirracista, y firmó este despreciable tuit.

🔥¡Se tienen que llevar a Rüdiger! Hasta Xabi Alonso saltó a por el futbolista tras el encuentro contra Pachuca #cwc 📲 @jdelriomuradas pic.twitter.com/iUklaBSaFP

— MARCA (@marca) June 22, 2025

Es Marca, no podemos esperar otra cosa del diario de Gallardo.

Cabe resaltar también que Bellingham se operará del hombro al concluir la aventura mundialista del Madrid.

Podéis leer aquí la crónica del encuentro, firmada por Athos Dumas. Genaro Desailly se encargó de evaluar el desempeño de los nuestros. Y Alberto Cosín de enjuiciar la labor del equipo arbitral.

La victoria del Madrid dejó un buen sabor de boca, buenas sensaciones y, quizá lo más importante, aires de un cambio ilusionante. Gonzalo es una realidad que puede aportar mucho al equipo y Huijsen parece que llevase varios lustros comandando la defensa y sacando el balón con clase y sin pausa, como si fuese un émbolo que no deja de empujar.

No obstante, como escribe hoy Jesús Bengoechea en su pieza "Un Xabi flexible y sin hipotecas", del mismo modo que no era razonable el catastrofismo tras el empate contra el Al-Hilal, tampoco lo es ahora lanzar las campanas al vuelo.

Mundo Deportivo opta, cómo no, por obviar cualquier mérito al Madrid, ya que la victoria se produjo ante un “Pachuca inoperante”. Para ser inoperante, remató más de diez veces a puerta y obligó a Courtois a lucirse en no pocas ocasiones.

Hoy, lo destacado del culebrón Williams es que se trata de un chollo. Sale casi más barato comprarse un Nico que hacer la compra. Además, ya sabemos que en caso de ficharlo el coste será bajísimo, porque cuando se trata del Barça, y a diferencia del Madrid, los medios informan del precio sin ninguno de los costes que acarrea la contratación. Y el sueldo será poco más que el salario mínimo interprofesional. Llegado el caso, es sabido que para inscribirlo tampoco habría problemas.

Ayer también fue un buen día para la sección de baloncesto. El Madrid venció el segundo partido de la serie y se coloca 2-0 en la final de la ACB. Toca partir hacia Valencia con la intención de finiquitar el asunto sin esperar al quinto partido.

Pasad un buen día.

Si tras el empate inicial ante Al-Hilal abogábamos por el temple y la prudencia para evitar el derrotismo, ahora corresponde aplicar las mismas virtudes a la tentación de echar las campanas al vuelo.

Sin embargo, es inevitable albergar una mezcla de orgullo y optimismo ante el modo en que el Madrid se recompuso tras una situación inicial que habría minado la moral del más pintado, por mucho que el Pachuca no pareciera cosa del otro mundo. Jugar con uno menos el partido virtualmente entero, con este calor y en este raro momento de pre-postemporada, no era desafío menor, y el equipo reaccionó con inteligencia, ambición y acierto.

Si tras el empate ante Al-Hilal abogábamos por el temple y la prudencia, ahora corresponde aplicar las mismas virtudes a la tentación de echar las campanas al vuelo

En la encrucijada, Xabi Alonso recurrió a la flexibilidad táctica de la que habló en su presentación y recompuso muy bien el equipo, pero no solo en el trance de la expulsión de Asencio sino también después. Con el 0-2, ya en el segundo tiempo, hubo un amago de pérdida de control al que reaccionó con presteza introduciendo en el campo a Modric y Ceballos por unos agotados Bellingham y Güler. Los dos últimos habían brillado a gran altura en la primera mitad, goles incluidos, pero Xabi mide cada minuto del jugador sobre el campo como un todo, sin importar el minuto previo: cuentan el ahora y el dentro de poco, de manera que no le tiembla el pulso para cambiar a quien haga falta, sin hipotecas.

Tampoco parece hipotecado en sus alineaciones iniciales; el que Gonzalo haya estado en el once de partida en ambos encuentros (Al-Hilal y Pachuca) habla también de su coraje técnico. El propio Gonzalo, pese a su gran partido hasta el momento, se fue al banquillo en el descanso por la simple razón de que, en adelante, con la restricción de jugar con diez, se antojaba que Brahim podía dar un mejor rendimiento con y sin balón. No se equivocaba. Xabi se adelanta a lo que va a pasar y reacciona antes de que se precipiten los acontecimientos. En fútbol, tarde suele siempre ser demasiado tarde.

Xabi se adelanta a lo que va a pasar y reacciona antes de que se precipiten los acontecimientos. En fútbol, tarde suele siempre ser demasiado tarde

La última muestra de flexibilidad táctica que nos regaló fueron esos últimos minutos con tres centrales: Rüdiger, Tchouaméni y Huijsen. Dean encandiló al más escéptico, y se perfila como el segundo, de atrás a delante, valladar del equipo, siendo los otros Courtois (volvió a estar intratable), Valverde y Bellingham. La sensación es que Güler y Brahim habrán de competir con una plaza, pero ¿qué es competir? Xabi está en camino de introducir una concepción dinámica de las alineaciones y los cambios, todo ello sobre la base de que quien salga desde el banquillo tiene una responsabilidad tan alta como quien comienza. En ambos partidos ha hecho cambios al descanso, y ha realizado más sustituciones con más de media hora por delante aún.

La delantera es la línea del equipo con más talento y, a la vez, aquella en mayor necesidad de una terapia de choque que derrumbe apriorismos y derechos establecidos. Esa terapia se llama Gonzalo. Todo el mundo sabe que, tanto en términos de calidad como de palmarés, el joven y estimable jugador del Castilla no aguanta la comparación con Mbappé, Vinícius ni Rodrygo, pero tanto el hambre del jugador como el deseo de Xabi de premiarla conspiran para que eso no importe más de la cuenta. “Quien quiera comerse el mundo tiene permiso”, sentenció Valdano en su época de entrenador. La puesta en práctica del axioma produjo un Raúl. No pidamos tanto, vayamos paso a paso, pero celebremos la irrupción del chico con la alegría que merece. Por sí mismo y como síntoma.

 

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Charlotte es la ciudad más importante, la más poblada y la más emprendedora del estado de Carolina del Norte, aunque la capital del estado es Raleigh.

Como curiosidad, antes de ser fundada en el siglo XVIII (1768), el territorio que ocupa actualmente fue explorado, por mandato del emperador Carlos I de España, por el magistrado Lucas Vázquez de Ayllón, quizás un antepasado de nuestro querido Cafucas, que envió al emperador los primeros mapas de aquella zona, tan solo poblada por la tribu catawba, que da origen al nombre del río que atraviesa Charlotte.

Unos siglos después, y bajo un intenso calor de más de 33 grados y una humedad del 65%, se presentó el Real Madrid para tratar de lograr una victoria ante el equipo mexicano de Pachuca, un día después de que otro miembro del grupo Pachuca, el Real Oviedo, lograse merecidamente su ascenso a la Primera División española.

Las críticas desde el empate a uno logrado cuatro días antes frente a Al Hilal habían sido feroces, como es norma obligada con el equipo merengue cuando no gana, y, también, cuando gana, ya bien esté dirigido por Zidane, por Ancelotti o, como en esta ocasión, con Xabi Alonso. Tras un partido y seis entrenamientos furtivos entre los 37 grados de Valdebebas o la humedad de Miami, todos los antimadridistas de los medios, que son mayoría, y una gran parte de los madridistas agazapados tras las redes sociales, ya querían la cabellera del tolosarra en una pica, negándole el pan, la sal, y la posibilidad de comer el turrón en la Villa y Corte.

El estadio esponsorizado por Bank of America (cuya sede central está precisamente en Charlotte) fue el escenario para lo que podía ser un nuevo aquelarre merengue. Fue sede de un amistoso el año pasado ante el Chelsea, con victoria madridista por 2-1 con tantos de Lucas Vázquez —precisamente— y de Brahim. Estadio con capacidad para 74.000 espectadores, algo sorprendente para una ciudad de 900.000 habitantes.

Salió el Madrid esta vez con un 4-4-2. Las buenas prestaciones de Güler ante Al Hilal priorizaban su alineación sobre la de Rodrygo Goes. Y Gonzalo, MVP el pasado miércoles, repetía en punta de ataque ante la nueva baja de Kylian Mbappé, recuperándose de su gastroenteritis adquirida en Florida.

Empezó dubitativo el equipo blanco y pronto dejó una oportunidad clara para Rondón que Fran desvió al córner. Era el minuto 3.

Muy poco después, minuto 7, el desastre: Asencio, último hombre, agarró por la camiseta en la frontal a Salomón Rondón. El colegiado brasileño, sin dudarlo, expulsó al joven central canario, que con esta jugada culminaba un principio lamentable de Mundial de clubs, tras el penalti cometido ante Al Hilal y esta expulsión evitable y más que justa.

Tchouaméni tuvo que ejercer una vez más de bombero de guardia y el centro del campo quedaba algo huérfano sin la jerarquía del francés. Esta circunstancia la aprovecharon los Tuzos para tener sus mejores minutos, en particular con una doble ocasión marrada por Kennedy y luego por Bautista: en ambos casos, la figura gigantesca de Courtois mostró al mundo entero que sigue siendo, con diferencia, el mejor cancerbero del mundo.

Poco a poco se fue rehaciendo el Madrid, que dejaba correr los minutos en busca de un plan de acción. Y el plan llegó. Tras un tiro flojo del joven Elías Montiel, una jugada maravillosa comenzada con un fabuloso taconazo de Gonzalo permitió la cabalgada de Fran García, que dejó un pase medido en la frontal a Jude Bellingham. Nuestro Jude fusiló sin piedad al meta Carlos Moreno con un trallazo pegado al palo izquierdo mexicano.

Un Madrid en inferioridad numérica estaba siendo más solidario que nunca. Hubo un par de ocasiones del Pachuca tras un desviado cabezazo de Rondón y un misil de Kennedy que abortó de nuevo, sobradamente, Thibaut Courtois.

Minuto 43 y todo parecía que iba a llegar al descanso cuando, tras una apertura hacia la derecha, Trent filtró un buen pase al área grande a Gonzalo para que el canterano, el mejor del equipo hasta ese momento, le regalara un pase en plato de caviar a Arda Güler, que controló con su zurda y batió de nuevo a Moreno.

Si nos dicen en el minuto 7 que al descanso el Madrid se iría al vestuario con un claro 2-0, fruto de dos grandes jugadas colectivas, nos habría costado creerlo. El plan de Pachuca, que a principios de partido era de aguantar y salir al contraataque, a partir de la expulsión hizo que tuvieran que proponer, para lo que quizás no estaban mentalizados, y el Madrid, con un nuevo dibujo 4-4-1 —con Gonzalo a la izquierda y Güler a la derecha—, con Vini en punta, aprovechó para tomar ventaja.

Importante triunfo muy trabajado. ejercicio de resistencia y de solidaridad aderezado con una eficacia máxima

Precisamente fue a Gonzalo a quien decidió sustituir en el descanso. Xabi seguramente pensó que Brahim, en las circunstancias de inferioridad numérica y con todo un segundo tiempo bajo el bochorno húmedo de Charlotte, podía tapar mejor la banda izquierda que un delantero como Gonzalo. En cualquier caso, honor y ovación para el joven canterano que se está haciendo un hueco en la plantilla de la temporada que viene.

Entre los minutos 55 y 65, el Real Madrid sufrió los mayores instantes de acoso por parte del Pachuca. Una vez más, Courtois se encargó de despejar los numerosos disparos que recibió por parte especialmente de Kennedy, el mejor de los suyos, de Rondón, y de López. A los 60 minutos habían entrado por cierto Modric y Ceballos para suplir a los agotados Güler y Bellingham.

En la única aproximación merengue, en el 70’, una bella combinación entre Modric y Brahim, tras carrera de Vinícius, dejó una delicatessen del malagueño que Valverde, como si fuese un ariete, marcó con su puntera ante la salida ineficaz de Moreno. Tres tiros a puerta habían significado exactamente tres goles.

Un 3-0 sorprendente, sobre todo tras el bombardeo que recibió el meta belga, pero que le daba seguridad a su equipo faltando apenas 20 minutos de juego. Ya era el momento de pensar en el Red Bull Salzburgo, contra quien el Madrid se jugará posiblemente la primera plaza de su grupo.

Antes del final, el Pachuca logró el gol del honor, bien merecido, en posiblemente el peor disparo mexicano, ya que Montiel contó con el rebote de su disparo en Tchouaméni, y despistó completamente a Courtois.

Ya no había tiempo para más, excepto que Rüdiger jugó unos instantes tras casi dos meses de baja, y que Xabi le volvió a dar unos minutos a Víctor para que Vinícius se llevase una ovación del entusiasta público madridista que se concentró en el estadio Bank of America.

Importante triunfo muy trabajado por un equipo que, al quedarse con 10 faltando más de 85 minutos, hizo un ejercicio de resistencia, de solidaridad, aderezado con una eficacia máxima, con tres hermosos goles marcados por un trío de centrocampistas excepcionales: Bellingham, Güler y Valverde.

Cabe destacar por encima de todos la labor del central Huijsen, que parece como si llevara 10 años jugando en el Madrid, además de muy buenas aportaciones de Valverde, Gonzalo y la brega incansable del lateral, tantas veces minusvalorado, Fran García.

 

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Arbitró el brasileño Ramón Abatti Abel. En el VAR estuvo el argentino Hernán Mastrángelo.

Los arbitrajes sudamericanos son indignos e inaguantables. Esperemos que no le toque al Real Madrid ninguno más en el torneo. Sus reglas y su listón para faltas y amarillas son indescifrables.

Pachuca podría seguir haciendo faltas y faltas y agarrones hasta la medianoche que no sacaría una tarjeta ni por reiteración. Solo mostró una por un golpe de Palavecino a Bellingham en el minuto 18.

La jugada polémica del choque fue la expulsión de Asencio en el 7. El canterano lo puso fácil con un agarroncito siendo el último jugador, lo que le llevó a los vestuarios.

Además, los mexicanos pidieron penalti de Arda a Domínguez en la primera mitad. Nada. Respecto a la acción de Vinicius con el guardameta, cuando el poseedor del balón pisa en la inercia posterior del golpeo al rival no se suele señalar los once metros. Una jugada parecida hubo hace unos meses entre Courtois y un jugador del Real Betis.

Luego, en la segunda parte, el que cayó fue Valverde ante Pereira, pero insuficiente para los once metros. El que fue claro llegó en el descuento con un manotazo de Cabral a Rüdiger en la cara. El colegiado brasileño lo que hizo fue reprender al alemán. El argentino del VAR estaba ya con el mate y el monitor en off.

Abatti, DESESPERANTE.

-Courtois: SOBRESALIENTE. Soberbio cuando temblaban las piernas y cuando la cosa estaba encarrilada. Paradones de todos los colores, algunos inverosímiles. Volvió por donde solía.

-Trent: APROBADO. Lejos aún de lo que puede demostrar, participó sin embargo en el segundo gol y ofreció destellos.

-Fran García: NOTABLE. Mucho mejor que en otros partidos. Profundo, solvente y con criterio. Una asistencia.

-Asencio: SUSPENSO. A punto estuvo de meter al Madrid en serios problemas con una expulsión casi imperdonable. Le seguimos queriendo mucho.

-Huijsen: SOBRESALIENTE. Tal vez el hombre del partido. Es pasmoso cómo saca el balón y el aplomo que manifiesta en cada jugada y arrancada. Pese a su enorme clase, tampoco teme arrear un patadón cuando corresponde. Un fichaje generacional.

-Tchouaméni: APROBADO. El pobre no sale de la obligación sobrevenida de volver a la defensa, donde cumple.

-Güler: NOTABLE. Goleador, fino y trascendente hasta que perdió el fuelle.

-Valverde: NOTABLE. Brega, clase y golazo.

-Bellingham: NOTABLE. Lo dicho sobre Güler sirve para él palabra a palabra.

-Vinícius: APROBADO ALTO. El haterismo (especialmente, ay, el haterismo madridista) volverá a negar mérito alguno a su partido, pero es fundamental en dos de los goles. Parece que el que ya no desborde tanto impide a muchos ver otros puntos fuertes.

-Gonzalo: NOTABLE. Si sigue así (sublime en dos de los goles), habrá llegado para quedarse.

-Brahim: NOTABLE. Aportó brío renovado tras el descanso, amén de una formidable asistencia a Valverde en el tercero.

-Ceballos: SOBRESALIENTE. Media hora de magisterio centrocampil. Dio al partido justo lo que requería.

-Modric: NOTABLE. Similar a Ceballos.

-Víctor: APROBADO. Bullicioso en su escaso rato en el césped.

-Rüdiger: APROBADO. Salió con muchas ganas. Demasiadas.

-Xabi Alonso: NOTABLE. Primera victoria como técnico del Real Madrid. Tras la expulsión de Asencio, encontró soluciones que posibilitaron el triunfo.

 

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