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Capitán de las sardinas

Capitán de las sardinas

Escrito por: Nacho Faerna11 junio, 2015

La contribución del fútbol a la sintaxis, que La Galerna reivindica desde su cabecera, no puede considerarse muy valiosa que digamos. Llévese a cabo, si no, el análisis sintáctico en forma de árbol de la más célebre de las oraciones que el deporte rey ha incorporado al acervo cultural: “fútbol es fútbol”. Seguro que han visto juncos más frondosos. Uno deduce que en serbio no existen los artículos, determinados o indeterminados, cuando comprueba el desprecio absoluto hacia esas partículas presente no sólo en la tautología de Vujadin Boškov sino en todas las alocuciones en nuestro idioma de su compatriota Radomir Antić. De ser cierta mi presunción, imagino que en serbio hasta la frase más trivial adquiere nivel de juicio categórico, todas deben de sonar lapidarias, tatuables. No es lo mismo decir “el fútbol es el fútbol” que “fútbol es fútbol”, “la vida es una mierda” que “vida es mierda”. Sin artículos, cualquier opinión personal se convierte en una sentencia, en un eslogan, en un dogma o en un titular de portada de prensa deportiva. El francés es el idioma del amor, el alemán el de la metafísica y el inglés el del comercio. El del fútbol ha de ser entonces, sin duda alguna, el serbio. Si, como pedía Juan de Mairena a sus alumnos de Retórica, intentas traducir al lenguaje poético la afirmación de don Vujadin, la cosa no mejora mucho: “el fútbol es así”. Sólo cediéndole la palabra a un porteño conseguiríamos hacer parecer compleja cualquier cosa que quisiéramos decir a propósito de los eventos consuetudinarios que acontecen en las canchas.

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Escuchar las entrevistas a los jugadores o las comparecencias de los entrenadores en la sala de prensa al finalizar los partidos sólo confirma esta impresión de que fútbol y complejidad gramatical son más difíciles de combinar que calcetines y sandalias. Por no hablar de los periodistas deportivos, esos locos “anormales” –parafraseando a Número 2– que sistemáticamente descubren la ley de la gravedad cada vez que se caen del guindo, lo que ocurre día sí y día también. Afortunadamente, nuestro querido editor y fundador, que no en vano se llama Jesús, salió a pescar hombres y reclutó en la Red de Redes magníficos ejemplares de bonito y algún besugo, como el que esto firma, con el noble fin de introducir las subordinadas, sin necesidad de recurrir a los hijos de la Plata, en el lenguaje futbolístico.

Pero ya que hablamos de pesca y de balones, no podemos dejar de citar una de las poquísimas excepciones a la regla que acabamos de describir, cuyo protagonista aparecía mencionado por Número 1 en esta misma sección la semana pasada. Me estoy refiriendo, por supuesto, al “King Eric”, monsieur Cantona. Decía el primogénito, y cuánta razón le asiste, que habría sido un gran fichaje para el Madrid. ¿Qué mejor destino para un rey? ¿No nos acusan nuestros adversarios de chulos y prepotentes? No se me ocurre ningún futbolista más chulo y prepotente que Cantona. ¿No nos llaman pijos? Pues Cantona se levantaba el cuello del polo para lanzar las faltas. Además, jugaba como dios. Se mire como se mire, lo tenía todo para haber triunfado en el Bernabéu. Pero es por su aportación a la sintaxis por lo que quiero volver a traer a King Eric a La Galerna. Y si no, preparen papel y lápiz y dibujen el bonito árbol sintáctico de su frase más célebre: “Cuando las gaviotas siguen al pesquero es porque piensan que las sardinas serán arrojadas al mar”.

¿Lo tienen?

Un precioso baobab, ¿no es cierto?

Poesía pura, hasta Mairena estaría de acuerdo.

Y la dijo en inglés, cuidado: When the seagulls follow the trawler, it is because they think sardines will be thrown into the sea.”

De hecho la versión en español que cito (la que apareció en los medios) no hace justicia al original. Quizá Número 4, que es traductora de inglés, pueda ayudarnos en los comentarios con una mejor opción para ese memorable “sardines will be thrown into the sea”, que sin el artículo determinado emparenta curiosamente al gabacho Cantona con el serbio Boškov.

Recordemos que Eric pronunció esas palabras en una rueda de prensa después de ganar un recurso ante los tribunales británicos y evitar una sentencia de dos semanas de cárcel por patear (esta vez sin levantarse previamente el cuello del polo) a un aficionado del Crystal Palace que bajó once filas del Selhurst Park para gritarle: “Fuck off back to France, you French motherfucker.” (Creo que no necesitamos árboles sintácticos ni los servicios de Número 4 para desentrañar la elemental sintaxis y traducir el vulgar significado de una oración cuyo único valor lingüístico reside, si acaso, en la sin duda involuntaria aliteración de la efe).

Su Majestad tenía malas pulgas, eso no se puede negar. Cuando agredió al aliterador se dirigía a los vestuarios tras ser expulsado por el árbitro. Roja directa por dar una patada (otra más) a Richard Shaw, defensa del Palace, que le había tirado de la camiseta (quizá para bajarle el cuello). La broma le costó a Cantona veinte mil libras y una suspensión de cuatro meses. No quiero que nadie me entienda mal, pero tomando prestada la fórmula del gran Louie C.K. en uno de sus más famosos monólogos, POR SUPUESTO que está mal pegar una patada de kung-fu y varios puñetazos a un aficionado que te desea con profusión de fricativas un expeditivo y doloroso regreso a tu país de origen, POR SUPUESTO que sí… PERO, TAL VEZ, si bajas a toda leche once filas de la grada de un estadio para insultar como un energúmeno a un tipo de 1’90 que se gana la vida pegando patadas con exquisito criterio, TAL VEZ, digo, entonces puede ser que no debas extrañarte demasiado de recibir una en mitad de tu cabezota de hooligan.

Los periodistas deportivos todavía andan tratando de descifrar las palabras de Cantona. Están tan mal acostumbrados a la ausencia de sintaxis en las declaraciones de entrenadores y futbolistas que cuando se topan con una subordinada y una simple metáfora, colapsan. ¿Quiénes son las gaviotas? ¿Y las sardinas? ¿Y el pesquero?

Para un cronista balompédico, fútbol es fútbol, gaviotas son gaviotas, sardinas son sardinas, pesquero es pesquero y una rosa es una rosa es una rosa…

Estos días, un individuo que se gana la vida como Cantona, dando patadas a un balón, y que acaba de obtener con su equipo un triplete por el que desde aquí le felicito, ha dicho no sé qué de un cantante colombiano. Se gana la vida como Cantona, sí, pero ahí se acaba el parecido. Porque para ser chulo hay que poder, y él no puede aunque se esfuerce. Y por mucho que se esfuerce tampoco jugará nunca como dios, todo lo más al lado de uno (en el que yo no creo, pero esa es otra historia). Intenten hacer el análisis sintáctico a sus declaraciones y comprobarán que tampoco pasará a la historia oral del fútbol. Me atrevo a aventurar que nadie se acordará de él dentro de unos años. Bueno, sí. Paradójicamente, cuando se acuerden de él será porque se casó, precisamente, con una cantante colombiana.

Y es que, por decirlo en serbio, cuando gaviotas siguen pesquero…

 

 

Número 3

Nacho Faerna, el tercero de los Faerna, es guionista y novelista. O sea, que le pagan por mentir, pero tuitea gratis en @nachofaerna y @galernafaerna. Se toma muy en serio sus placeres. El Madrid es uno de ellos.

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