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La Roja me enoja

La Roja me enoja

Escrito por: Ramón Álvarez de Mon11 junio, 2015
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Creo poder afirmar que el veintinueve de junio de 2008 la mayoría de españoles nos llevamos una gran alegría. Después de cuarenta y cuatro años de recurrentes sinsabores, la Selección Española volvía a lograr un título internacional. Además, a muchos de nosotros, nos llenaba de orgullo que tan añorado triunfo se hubiese obtenido desarrollando un gran juego al que, por cierto, la Selección no nos tenía acostumbrados en las grandes citas. Lo que ahora sí pienso que muchos no medimos es la oscuridad que en derivaría tan señalado logro para nuestro querido y maltratado Real Madrid.

Los madridistas veníamos de una primera temporada con Schuster, en la que habíamos ganado la liga al Barça por dieciocho puntos. En el club catalán, jugadores como Xavi e Iniesta se encontraban tan cuestionados que aparecían en todas las listas de ventas blaugranas. Sin embargo, la Eurocopa tuvo un efecto balsámico en estos jugadores que, primero con Aragonés y más tarde con Guardiola, encontraron el ámbito ideal para maximizar su nivel y desarrollar su enorme y evidente potencial futbolístico.

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Gran parte de la prensa, tan acostumbrada a "vender" ilusión antes de los campeonatos y lamentarse tras el fracaso en los mismos, con la consecución de la ansiada Eurocopa, en su interés de proteger su gallina de los huevos de oro, adoptó una posición fundamentalista en cuanto al estilo de juego. De ese modo, todo lo que se alejaba de los nuevos cánones aceptados era criticado por cicatero, especulativo o simplemente perdía la condición de ser considerado “fútbol”.

Todo esto se acrecentó con la llegada de Mourinho al fútbol español cuando, desde su puesto de entrenador en el Real Madrid, propuso una apuesta futbolística antagónica que con el tiempo logró frenar a un Barcelona que campaba a sus anchas por España.

Quiero aclarar, por si es necesario, que como español que me siento siempre me he alegrado de los triunfos de la Selección. Detrás de los grandes logros del Madrid, el momento de mayor euforia deportiva de mi vida llegó con el gol de Iniesta en Sudáfrica. No obstante, y quizás sea solo mi culpa, la sensación de ver a la Selección Española empleada por algunos como arma arrojadiza contra el Madrid me ha hecho desapasionarme enormemente. Durante los últimos años he contemplado cómo, por un lado, el Barcelona se apoderaba del triunfo moral de esa Eurocopa que marcó el inicio de un gran ciclo (a pesar de que en la lista de veintitrés sólo había tres azulgranas) y, por otro, el Madrid resultaba condicionado mediáticamente en sus decisiones más importantes, puesto que algunos entendían que debían estar supeditadas a los intereses de la Selección. Dejando al margen el tema Casillas del que prefiero no volver a hablar, desde los medios de comunicación toda campaña ha sido poca en favor de los jugadores españoles que, o bien forman parte de la plantilla blanca o bien potencialmente podrían engrosar en sus filas. Pocos ahora lo recordarán, pero el fichaje de Modric fue especialmente criticado porque teóricamente cerraba las puertas de Chamartín a jugadores como Silva, Cazorla o Beñat. El reciente fichaje de Danilo ha hecho encender las luces de alarma en algunos periodistas, ya que hace peligrar el puesto de Carvajal. Coetáneamente, en el Barça llegan Rakitic y Suárez para relegar a Xavi, Cesc y Pedro y no pasa nada. Son sólo unos ejemplos de los muchos que podría citar en los que no sólo se evidencia un provincialismo español con tintes chovinistas, sino que también una diferencia de trato brutal entre el Real Madrid y el Barcelona.

Tampoco un madridista como Vicente del Bosque, desde su evidente resentimiento hacia Florentino Pérez (que le llevó a rechazar el mayor distintivo de reconocimiento del Club) ha ayudado a desterrar este sentimiento agridulce que tenemos muchos hacia la Selección. Como muy bien ha escrito recientemente @quillobarrios en La Galerna, el desamor y el despecho parecen empujar al salmantino hacia una senda que amenaza tener como destino la conversión. Derivado de ello, ya es habitual contemplar un trato de continuo desfavor a todo lo que procede del Real Madrid. Su reciente reacción con la bobada de Piqué así lo acredita. Cómo explicar si no esa amenaza velada para quien ose molestarse con el catalán. En anteriores ocasiones han transcendido sus críticas hacia Arbeloa por ciertas acciones violentas, pero sin embargo su defensa al pisotón de Busquets fue más que evidente y vergonzosa por el agravio comparativo que consolidaba.

Como antes decía, los medios encontraron una muy lucrativa fuente de ingresos, y la potenciaron pasando por encima de lo que fuera. Mediáticamente, la diferencia de trato ha sido más que evidente entre Barça y Madrid, y sólo el acusado y vertiginoso ocaso de la Selección ha logrado que muchos hayan dejado de militar en el fundamentalismo del juego único. Creo que algunos periodistas son conscientes de su error y han cesado en su repetición. Otros simplemente ya se encontraban y encuentran en una cruzada deliberada contra el Club más prestigioso del mundo, impulsados por sus fobias.

No quiero que nadie interprete  que caigo en el victimismo. Con independencia del trato mediático, el ciclo del Barça y la Selección se ha debido a que han dispuesto de unos grandísimos jugadores, los cuales han desarrollado un estilo de juego que potenciaba su virtuosidad técnica. Lo que me ha fastidiado como madridista es que algo que no es común más que a un porcentaje pequeño de madridistas (afición por la Selección) haya sido situado en prevalencia sobre los intereses del propio club. Si de algo podemos presumir los madridistas es que tenemos un club con una condición y vocación claramente universal, ajena a localismos claustrofóbicos. El Madrid es mucho más que el club de una ciudad o de un país. El Madrid no puede estar al servicio de una Selección, sea del país que sea. Eso sería dejar de representar a millones de madridistas de otras nacionalidades o sensibilidades. Sin embargo, esa obligación de anteponer a la mal llamada Roja se traslada a algunos de los jugadores blancos, que privilegian la paz en la Selección sobre la justa defensa a un compañero de su club injustamente agraviado.

Además, curiosamente, esta responsabilidad sólo se le atribuye al Madrid. Resultan admisibles los dardos desde Barcelona, pero no las contestaciones desde Madrid. En el museo del Madrid no figuran ni Mundiales ni Eurocopas. El Madrid es estrictamente patrimonio de sus socios, y en sentido más amplio de todos los madridistas. Lo que no es admisible  es que el club esté al servicio de un negocio de lo más lucrativo para una Federación Española que cuenta con Villar y Gaspart como principales mandatarios, y de una prensa que, en una parte muy estimable, busca su lucro en la creación de crisis blancas semana tras semana.