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Banquillos efímeros: Guus Hiddink

Banquillos efímeros: Guus Hiddink

Escrito por: Javier Roldán2 febrero, 2020
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Ocho días después de ganar el Real Madrid la séptima Copa de Europa, Lorenzo Sanz despidió a Jupp Heynckes. Lo hizo porque “había perdido el control del vestuario”, porque “por un partido no se cambia una decisión” y porque “si el Madrid no hubiera ganado la Copa de Europa habría hecho la peor temporada desde hace mucho tiempo”. El 17 de junio el presidente anunció como nuevo entrenador a José Antonio Camacho. Un entrenador “para controlar el vestuario”. Pero, tras apenas veintidós días en el cargo, Camacho rescindió su contrato por una serie de problemas con los contratos de sus ayudantes. Al parecer, se había filtrado que Sanz quería atar a Marcelo Lippi para el próximo año, cuando el entrenador de la Juventus (precisamente el entrenador del equipo derrotado en la conquista de la Séptima) acabase contrato.

Sin Camacho, la primera opción para el banquillo fue Nevio Scala, técnico que había triunfado en el Calcio a inicios de los noventa. Scala voló a Madrid, habló con Sanz y le dijo: “El único problema es que solo faltan tres días para la pretemporada, y yo no he formado el equipo”. Pensó que podía sucederle lo mismo que en Dortmund, donde tampoco participó de la configuración de la plantilla, y que dos fracasos seguidos de ese calibre podían dañar su imagen de gran entrenador. Scala rechazó al Madrid y ante esta negativa, Lorenzo Sanz, Juan Onieva y Pirri activaron el plan Hiddink.

El neerlandés estaba al frente de la selección de Países Bajos, a la que posicionó cuarta en el Mundial de Francia 98. Hiddink conocía la Liga por su anterior estancia en Valencia entre 1991 y 1994. Sabía lo que es ganar la Copa de Europa y los madridistas lo conocían a él, ya que, en aquella semifinal fatídica de 1988, su Eindhoven fue el verdugo de la Quinta del Buitre. También le conocían Mijatovic y Seedorf, con quienes había tenido sus diferencias. Según la prensa, los dos jugadores fueron consultados por el club acerca de su idoneidad y ninguno dio las mejores referencias.

Pero el tiempo apremiaba, y Lorenzo Sanz acabó firmando a Hiddink como nuevo entrenador del Real Madrid. En la presentación, Sanz dijo que era el técnico en el que habían pensado desde el principio porque a la plantilla que tenían le iba bien su estilo de juego. El holandés declaró que ese estilo prometía ser “atrevido, pero con resultados”. Ante el refuerzo de los grandes rivales, el de Varsseveld enseguida exigió fichajes. Especialmente por el lado derecho, pero las arcas del club arrojaban una deuda importante y tuvo que conformarse con el ya fichado Iván Campo para la zaga, el mundialista de banda izquierda Robert Jarni, el joven Edgar (que fue cedido sin contemplaciones al Málaga) y el desconocido Federico Magallanes, mediapunta que venía de ser suplente en el Atalanta. Magallanes tenía “calidad y buen toque”, según el entrenador, quien añadió que si se esforzaba tendría su oportunidad. Sin embargo, el uruguayo acabó siendo enviado al Racing de Santander, equipo en el que coincidió con Víctor, canterano madridista que sí era un especialista de banda derecha, que había jugado el año previo con Heynckes, pero que fue descartado por Hiddink durante la pretemporada.

Preguntado sobre si tenía una intención similar a la de Van Gaal en Barcelona o la de Sacchi en el Atlético, que habían nutrido sus equipos de holandeses y de jugadores provenientes del Calcio, respectivamente, Hiddink respondió que había que optar por el máximo número de españoles: “Lo mejor es contar con gente de casa. Pero por encima de todo hay que buscar jugadores de calidad”. Víctor, Amavisca, Jaime y Morientes eran españoles y habían sido importantes la temporada anterior, pero Hiddink no los consideró “jugadores de calidad”.

Sin Amavisca pero con Jarni el equipo aún contaba con tres atacantes cuya pierna buena era la izquierda. Con Savio y Raúl en la plantilla, Hiddink advirtió de la posibilidad de pasar a un zurdo a la derecha. En realidad, Hiddink pensaba en Savio, pero fue Raúl quien acabó asentándose a pierna cambiada. Fueron ambos futbolistas los que más aprovecharon la llegada del entrenador holandés. Savio se hizo con la titularidad que no logró con Heynckes (debido en gran parte a problemas físicos repetidos), y Raúl volvió a ser el referente del equipo tras un año en el que fue cuestionado por sus bajas cifras goleadoras.

Así, el 22 de julio, Guus Hiddink se estrenó ganando un amistoso contra el Stade Nyonnais en Suiza por 5-0, con un equipo aún sin Jarni y con la ausencia de los nueve internacionales mundialistas: Hierro, Iván Campo, Roberto Carlos, Karembeu, Seedorf, Raúl, Mijatovic, Morientes y Suker, máximo artillero de Francia ´98. En la alineación titular aparecieron tres nombres que extrañamente no estuvieron en el Mundial: Panucci no había contado para Cesare Maldini en Italia, Redondo se había negado a la petición de Passarela de cortarse el pelo, y las suplencias de Savio lo habían apartado definitivamente de la convocatoria de Zagallo.

Con los canteranos Dorado, Tote, Mista y Eto´o en la convocatoria, la primera alineación de Hiddink presentó su habitual dibujo 4-4-2 y mostró la propuesta de juego y el corte de jugadores que pretendía establecer el nuevo entrenador, quien habló de todo ello en una entrevista concedida a El País: “Yo intento que mi equipo domine los partidos de principio a fin (…) La gente quiere resultados, pero acompañados de buen juego. Mi equipo tendrá una base de dominio y creatividad, aunque esto no garantiza que siempre juguemos bien (…) Creo que la plantilla tiene creatividad suficiente. Luego, hay que buscar el balance entre ella y el trabajo defensivo...”.

Hiddink mencionaba el equilibrio entre defensa y ataque, algo de lo que habitualmente carecían los equipos holandeses que triunfaron en los noventa. Cruyff y Van Gaal adoptaron estrategias de defensa en campo rival y hacia delante, que entrañaban mucho riesgo a las espaldas, como Capello o Ranieri se habían encargado de demostrar. En fase de posesión, querer dominar el partido a través del balón era común en todos los holandeses, pero Hiddink se había caracterizado por formar equipos con zagas de cuatro, pareja de mediocentros y repliegue en campo propio, que no asumían tanto ante los ataques elaborados y contragolpes rivales como los de sus paisanos homólogos.

Ya en campo rival, la creatividad a la que se refería Hiddink se mezclaba con la libertad de movimientos y ejecuciones permitida tanto al mediocentro más liberado como a los cuatro futbolistas de ataque, en cuyas capacidades confiaba. Savio había dicho que su principal característica era la velocidad, pero que le gustaba "hacer driblings, caños, bicicletas… Inventar, en definitiva", y el técnico completó su visión de tolerancia con la inventiva afirmando que Raúl tendría que jugar en la derecha, pero con libertad para salir cuando quisiese. Seedorf fue el nexo entre la defensa y el ataque en transición, y el mediocentro más atrasado fue un Redondo que se perdió varias citas por lesión, entrando en su lugar Guti en el mes de enero, sobre cuyo novedoso rol Hiddink explicó que había jugado en una posición más defensiva de lo normal porque quería que jugara más para el equipo.

Esa temporada el Madrid disputó cinco títulos. El primero fue la Supercopa de Europa jugada a partido único. El Chelsea de Vialli se llevó el triunfo por 1-0, pero la situación mejoró después, encadenando el Madrid en el estreno de Liga tres victorias que rompieron la racha de diez meses sin ganar a domicilio, un empate a dos contra el Barça (sobre el que Cruyff dijo: “Puede que el Madrid se adecúe más al juego de Holanda que el Barça”), y un 2-0 en casa contra el Inter de Ronaldo en la jornada de apertura de la Liga de Campeones. A finales de septiembre, Hiddink fue elegido mejor entrenador de la competición doméstica y en el once ideal aparecieron Savio, Raúl y Mijatovic, que ya goleaban. Pese a todo, las sensaciones no eran buenas y Hiddink lo advertía:“Pese a ganar, el equipo no juega como queremos, y esto me sigue preocupando”.

Octubre cumplió los malos augurios. Las derrotas contra el Spartak en Europa y el Betis en Liga propiciaron las primeras modificaciones estratégicas del año, sobre las que Hiddink dijo: “He trabajado dos o tres variantes tácticas y la entrada de nuevos jugadores (…) No podemos recibir tantos goles estúpidos (…) No hay que ser rígido. Soy de los que piensan que hay que ir modificando posiciones conforme transcurre el encuentro. Va a haber muchos movimientos durante la temporada”. Los primeros cambios fueron leves con el 4-4-2 en rombo, el paso de uno de los mediocentros al interior derecho, (concretamente Seedorf, de quien a inicio de año Hiddink dijo que no le veía útil en la derecha y que ni se le ocurría esa posibilidad), la entrada de Jarni en la izquierda (que propició el avance de Savio a la delantera), y la ubicación de Raúl centrada de partida, tras la pareja de ataque.

Pese a ganar 3-4 en la Romareda, a los blancos se les achacaba no jugar en bloque, partirse y en defensa conceder demasiadas oportunidades como demostraban los datos: eran el equipo más goleador de la Liga y a la vez el segundo que más goles encajaba. Tras dos goleadas al Extremadura y al Sturm Graz, el equipo enlazó un empate con tres derrotas que dejaron a Hiddink en la cuerda floja. El díscolo Panucci se había quejado al inicio del curso de que se corría mucho en los entrenamientos, y, tras ser sustituido junto a Seedorf, en el partido contra el Celta de la décima jornada, se unió al holandés en las críticas al entrenador, quien salió al paso para decir que hablaría con ellos y que no le temblaría el pulso. La última de esas derrotas fue en Liga de Campeones. Un 3-1 contra el Inter en el que se vio el tercer modelo del entrenador con el paso al sistema de líbero y dos centrales más clásico holandés, con carrileros, tres centrocampistas y dos atacantes que dibujaban un 5-3-1-1.

Pese a perder en los minutos finales, el partido contra el Inter dejó la sensación de que el equipo atacó y defendió en grupo, lo que no tardaron en destacar tanto Roberto Carlos como Suker. Así se podía perder, decían los protagonistas, pero Lorenzo Sanz no estaba de acuerdo. De no ser por la victoria en la Copa Intercontinental la semana siguiente, Hiddink no habría continuado después de Navidad. Con el sistema de cinco defensas y Raúl como estrella, el 1 de diciembre de 1998 el Real Madrid ganó 2-1 al Vasco de Gama en Tokio y conquistó su segunda Intercontinental treinta y ocho años después de la conseguida ante Peñarol.

Con el equipo reflotado momentáneamente, el técnico dio descanso a Roberto Carlos, Hierro, Redondo, Savio y Mijatovic en el regreso a la Liga, donde se produjo un empate contra el Espanyol. La posterior victoria contra el Spartak dio alas en la Liga de Campeones a un Madrid que para diciembre cambió a Amavisca por Ognjenovic, estableció a Guti como mediocentro y envió a la grada a Morientes.

Pese a funcionar, el 5-3-1-1 dejó un nuevo problema para el entrenador. La zaga de tres necesitaba dos marcadores a los lados del líbero que jugasen a pierna dominante para dar fluidez a la salida hacia los carrileros o los interiores de sus respectivas bandas. Con un Karanka que ese año no pudo jugar por problemas cardíacos y con Dorado de regreso al filial, Hiddink no disponía de centrales zurdos, por lo que Fernando Sanz e Iván Campo se alternaron en esa posición. Fue, sin embargo, Jarni quien acabó asentándose en el puesto debido a la polivalencia que le reconocía Hiddink, la cual permitía aprovechar las subidas de Roberto Carlos. Pero el croata no se encontraba a gusto en labores puramente defensivas, y no tardó en manifestarlo tras la derrota contra el Mallorca en la jornada 17. El compromiso siguiente se solventó con un 4-2 favorable frente el Atleti de Sacchi, con un destacado Morientes que ingresó a quince minutos del final e hizo un doblete, circunstancia que repitió en la ida de los octavos de Copa del Rey contra el Villareal, cuatro días después.

A finales de enero de 1999, el equipo había conseguido superar la fase de grupos de Liga de Campeones, estaba a las puertas de los cuartos de Copa y situado segundo en Liga, muy cerca del Barça.

Un 4-0 a domicilio contra el Deportivo de la Coruña volvió a desatar la ira de Lorenzo Sanz. La directiva madridista se reunió el 26 de enero y el nombre de Luis Aragonés se puso sobre la mesa. Al final se dio el último voto de confianza a Hiddink, que lo aprovechó con tres victorias consecutivas. En enero se cerró la contratación del inglés McManaman para la temporada siguiente, pero el entrenador no llegaría a dirigirlo. Hiddink habló de manera desafortunada sobre su situación ante la prensa de su país, comparándose con el Van Gaal al que la directiva del Barça sí le concedía sus peticiones. En semejante situación, una derrota podía ser fatal, y esta se produjo el 14 de febrero, noche en la que el Barça ganó por 3-0.

Si con la derrota en Riazor Lorenzo Sanz había acusado al planteamiento de Hiddink de arriesgado, con el 5-3-1-1 y Sanchís en el pivote en el Camp Nou lo tacharía de conservador. No obstante, volvió a confirmarlo en su puesto. Hiddink continuó dos semanas más, el tiempo suficiente para eliminar al Racing en los cuartos de Copa del Rey y para perder otro partido en Liga, esta vez contra el Athletic de Bilbao en el Santiago Bernabéu, que le dejaba a siete puntos de la cabeza en diciembre. “Esto no puede seguir así. La afición pide algo y nosotros también”, dijo el presidente desoyendo las súplicas de un Hiddink que decía sentirse capaz de sacar adelante al equipo.

Sonó Capello, pero en una suerte de analogía con el relevo del holandés Beenhakker en 1989, fue Toshack quien comenzó su segunda etapa en el Real Madrid. “Es más fácil echar a un entrenador que a la mitad de la plantilla (…) Se trata de un técnico que debe manejar un vestuario difícil”, declaró Sanz. Se trataba del duodécimo entrenador en los últimos nueve años. Meses antes, Hiddink opinaba en una entrevista sobre el particular: “El fracaso de un equipo no puede reducirse a culpar al entrenador. Alguien puede pensar que lo digo porque lo soy, pero de verdad pienso que eso es lo fácil. Creo que hay que mantener una línea de trabajo en los clubes con una o dos personas, el presidente y quien sea para mantener un proyecto. No se puede realizar cada semana un examen al entrenador. Eso es algo terrible y no es justo”.

Toshack se estrenó con derrota contra el Betis el 27 de febrero. Dos semanas después, el equipo cayó eliminado ante el Dinamo de Kiev en Liga de Campeones. En semifinales de Copa recibió un 6-0 del Valencia y sufrió una nueva eliminación. Acabó la Liga en segunda posición, a once puntos del Barça campeón. Los casos de Hiddink y Toshack demostraron que es tan difícil hacer funcionar una plantilla que el entrenador no planifica, como hacerse con los mandos a mitad de curso de un equipo en destrucción.

Fuentes consultadas:

El País, Don Balón, Marca, BD fútbol, Cómo leer el fútbol

 

Javier Roldán
Lector y redactor de textos históricos de fútbol.

2 comentarios en: Banquillos efímeros: Guus Hiddink

  1. Aquel Madrid del periodo que encadenó tres champions en cinco años de manera alterna ,es de los más peculiares de la historia de la entidad,probablemente con la séptima comienza el Madrid moderno en el ámbito deportivo pero no es hasta la llegada de Florentino cuando esa modernidad pasa al plano institucional.

  2. Es curioso, a Raúl se le considera un segundo punta de aérea, pero resulta que en gran parte de sus mejores años jugó de centrocampista, alternando banda y media punta, con 2 delanteros por delante, y sólo por lesiones en esas temporadas, y más tarde a partir de la llegada de Figo, empezó a jugar realmente de segundo punta de forma habitual.

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