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Casemiro es un futbolista con toda la barba

Casemiro es un futbolista con toda la barba

Escrito por: Mario De Las Heras2 febrero, 2020
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He vuelto a leer aquello de Camba donde decía que, en España, un hombre era tanto más hombre cuanta más barba tenía. Claro que de eso hace cien años. Todo este siglo después, en un nuevo apogeo de la barba, yo me he puesto a propósito a observar a los jugadores del Madrid. Barba, lo que se dice barbas de las de hace cien años sólo las he visto en Ramos, Benzema, Isco, Nacho o Marcelo. Tíos madridistas con toda la barba. Es un dicho muy español este de “un tío con toda la barba”. Ahora lo del “tío”, así pronunciado como pichi, ya no se lleva mucho.

Hoy un “tío” de aquellos puede hasta ser una cosa horrible. Hoy al “tío con toda la barba” puede haberle sustituido el “hombre con todo el parietal afeitado”. Aunque no sé si ahora un hombre puede ser tanto más hombre cuanto más afeitado tiene los parietales. Claro que, ya casi nadie quiere ser “más hombre”. O quizá en el fútbol sí. En el fútbol como depósito estético, como trastero, como almacén de todas esas cosas que en el mundo se van quedando viejas: la antigua lucha cuerpo a cuerpo en el campo de batalla, el honor, los símbolos, la fe, la oración, las supersticiones, la emoción... Todas esas cosas que ya sólo pueden usar los futbolistas, unos tíos, no con toda la barba, pero sí con todos los parietales afeitados.

A mí esos parietales al descubierto no me producen las mismas sensaciones que aquellas barbas llenas de enjundia. Puede que esas sensaciones sean también algo viejo. Esos parietales rasurados pueden haberme llegado a producir fugazmente un temor atávico como los parietales afeitados de los indios pieles rojas con pinturas de guerra. Aunque no en todos producen el mismo efecto. Es como cuando alguien quiere causar la misma impresión que Beckham llenándose el cuerpo de tatuajes. No es lo mismo el parietalismo pielrrojista de Jovic, por ejemplo, que el parietalismo colegial de Lucas Quinto.

Yo me tengo que acostumbrar a los nuevos tiempos, pero no acabo de conseguirlo. Yo busco inconscientemente tíos con toda la barba y no me encuentro más que futbolistas con todos los parietales afeitados. Yo miro a Nacho y veo a un futbolista caballero castellano bajo el yelmo. O miro a Marcelo y veo a un pintor, un Basquiat, manchado de pintura en su estudio neoyorquino.

Benzema puede ir subido a una cuadriga mientras atisba en el horizonte las tropas de Alejandro. Claro que a ver quién defiende que el mismísimo Casemiro, parietalista total, no es “un tío con toda la barba”. Casemiro es un tío con toda la barba moderno, un tío con toda la barba metafórico que viene a quitarme todos los prejuicios estéticos como ayer a Morata la tontería.

Casemiro viene a actualizarme a pesar de todas mis reticencias. Yo soy como un Morata aficionado al que Casemiro le da una lección. Casemiro viene a decirme que, contra todos mis principios ornamentales, quizá ese atroz parietalismo sea el nuevo paradigma del tío con toda la barba (todo lo contrario a un lampiño y engominado Morata), en el que un imaginario Camba del presente podría escribir con la ironía intacta que, en España, un futbolista (no ya un hombre) es tanto más futbolista cuanto más afeitados tiene los parietales.