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Para Clásico, Beethoven

Para Clásico, Beethoven

Escrito por: Athos Dumas26 octubre, 2020
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Sábado 24 de octubre. 17:55 horas.

Se cumple exactamente una semana desde que dio comienzo el partido Real Madrid – Cádiz, en Valdebebas, correspondiente a la jornada 6ª de primera división.

Ha sido una semana, si se me permite, profundamente beethoveniana, quizás adelantándose en unas pocas semanas a la fecha que va a conmemorar el 250º aniversario del nacimiento del genio musical de Bonn, Ludwig Van Beethoven, que vio la luz por primera vez el 16 de diciembre de 1770.

beethoven

Tras la debacle ante el conjunto gaditano, un 0-1 que dejó marcado al equipo merengue sobre todo por la nefasta primera parte, y por una total inoperancia ofensiva en la segunda mitad, pareció sonar en mis oídos durante cuatro días el 4º movimiento de la 6ª Sinfonía de Herr Ludwig, muy conocida también como Sinfonía nº 6 en fa mayor, opus 68, «Pastoral».  Dicho cuarto movimiento es el de la irrupción de una estrepitosa tormenta, con numerosos relámpagos, que corta de raíz una tranquila y alegre reunión de campesinos en la campiña. Se interpreta con el tempo Allegro. En un partido marcado en el calendario como de los más asequibles, el Madrid-Cádiz supuso una decepción para todos los aficionados: la alineación inicial, la actitud, la escasa confianza, los 4 cambios de golpe durante el descanso, la impotencia de todo el grupo para al menos conseguir un empate ante un adversario recién ascendido a la categoría.

Courtois Cádiz

Como Zidane siempre tiene un grupo numeroso de críticos agazapados a la espera de sus errores, no tardó la cacería en comenzar, y todos ellos buscaban la yugular del técnico francés aventurando desde el primer momento nombres de sustitutos (Raúl González y Pochettino fueron nombrados en varios medios) del técnico marsellés. Apenas habían pasado tres meses desde que el equipo se hubiese proclamado campeón de liga en la temporada más atípica y complicada jamás contemplada.

La tormenta se llevó por delante a varios damnificados: Isco, Lucas Vázquez, Jovic, Nacho… Pero el principal blanco de los rayos y relámpagos era Zidane, persona siempre cordial e impecable con los medios de comunicación, pero cuya personalidad no acaba de satisfacer a la mayoría de los medios periodísticos españoles. Quizás es debido a la inteligencia superior del francés, que no cae nunca en los cepos que se le tienden en cada rueda de prensa. Se les escurre a todos de entre las manos, y no lo pueden soportar.

La tormenta duró sin escampar ni un segundo, hasta el miércoles 21 por la tarde. Empezaba la fase de grupos para el Madrid en casa, ante los ucranianos del Shakhtar de Donetsk. Zidane parecía nervioso, según las informaciones que se filtraban. Más que informaciones deberíamos decir opiniones, ya que bien pocas informaciones salen del entorno madridista.

El primer tiempo ante el Shakthar fue incluso peor que ante el Cádiz. Ante un equipo plagado de bajas – por coronavirus -, el equipo naufragó en medio de una tormenta que no tenía fin, y recibió tres dianas en 45 minutos a manos de un equipo repleto de chavalería brasileña desconocida para el gran público. Y eso que el Madrid presentó siete caras diferentes respecto al sábado anterior. La nave blanca hacía aguas por todas partes, pese a que los goles de Modric y de Vinicius Jr las achicaron en parte, poniendo un 2-3 esperanzador a falta de media hora.

Todo fue un espejismo, ya que los boquetes en medio campo y en defensa permitían a las flechas venidas de Ucrania penetrar hasta el área pequeña de un Courtois que lo único que podía era mantener la compostura de un capitán que ve naufragar su embarcación sin poder evitar el desastre. El último intento de amor propio, en un córner ensayado entre Kroos y Valverde, no salvó parte de los muebles ya que el tanto fue anulado por posición ilegal de Vinicius.

Pero el principal blanco de los rayos y relámpagos era Zidane, persona siempre cordial e impecable con los medios de comunicación, pero cuya personalidad no acaba de satisfacer a la mayoría de los medios periodísticos españoles. Quizás es debido a la inteligencia superior del francés, que no cae nunca en los cepos que se le tienden en cada rueda de prensa. Se les escurre a todos de entre las manos, y no lo pueden soportar.

La tormenta y los relámpagos cesaron en ese mismo instante, y dieron paso a una noche oscura e inquietante, mientras sonaban los acordes del segundo movimiento de otra célebre sinfonía de Beethoven: Sinfonía nº3 en mi bemol mayor, opus 55, «Heroica». Este movimiento se titula «Marcha fúnebre»  y se interpreta con un tempo más lento, Adagio assai, que transmite la majestuosidad de un acontecimiento importante.

Comenzaba el funeral por Zinédine Zidane. Ya no había vuelta de hoja. Eran ya los últimos suspiros del mítico ganador de tres Copas de Europa consecutivas, hito jamás logrado por ningún otro. La pira funeraria ya estaba montada por todos aquellos que ya no daban un euro por su continuidad. Dicha pira se encendería al terminar el partido del sábado 24 de octubre ante el FC Barcelona. Ya no habría ampliaciones al último plazo, que ya estaba vencido. Quien más, quien menos pronosticaba una debacle de dimensiones siderales, se hacían apuestas sobre posibles manitas, hat tricks de Fati y un despedazamiento absoluto de un equipo en total decadencia y presto a ser aniquilado por Pedris, Dests y Trincaos de nuevo cuño.

Comenzaba el funeral por Zinédine Zidane. Ya no había vuelta de hoja. Eran ya los últimos suspiros del mítico ganador de tres Copas de Europa consecutivas, hito jamás logrado por ningún otro. La pira funeraria ya estaba montada por todos aquellos que ya no daban un euro por su continuidad. Dicha pira se encendería al terminar el partido del sábado 24 de octubre ante el FC Barcelona.

Apenas faltaban sesenta y pocas horas para el inicio del Clásico y los enterradores estaban trabajando a destajo construyendo sarcófagos y cavando tumbas donde alojar para la eternidad a antiguos héroes merengues. No se iba a salvar nadie. Ningún jugador madridista valía ya para nada, unos por vejestorios, otros por barbilampiños sin talento suficiente.

Pero Ludwig Van Beethoven se negó a asistir a este aquelarre precipitado. Zidane volvió a reunir a sus tropas para una última carga de caballería. Recompuso filas con su mariscal Ramos repuesto de sus heridas ante el Cádiz, colocó a Mendy en su puesto adecuado – y no donde jugó contra los de Donetsk –, armó la línea medular con la vitamina VCK (Valverde-Casemiro-Kroos) y se atrevió a plantar cara a los supuestos ogros azulgranas con un valiente 1-4-3-3, con Asensio y Vinicius en ambas bandas y Karim Benzema oteando los terrenos de tres cuartos.