Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
El madridismo omaíta III (y ya)

El madridismo omaíta III (y ya)

Escrito por: Mario De Las Heras26 octubre, 2020
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

Zidane ha devuelto, otra vez, el brillo y la concentración a sus jugadores

No pensaba yo escribir una segunda parte del madridismo omaíta porque no pensaba que otra derrota como contra el Cádiz pudiera darse en el primer partido en casa de Copa de Europa contra el Shahktar Donetsk. Si no pensaba escribir una segunda, menos pensaba escribir una tercera, pero en este caso se impone culminar (y cerrar) la pequeña trilogía en homenaje al Madrid que siempre responde. También al madridista omaíta que cree haber cogido carrerilla imparable tras un impensado fracaso consecutivo y de pronto sufre este parón, también impensado pese a lo que pueda parecer.

Es como si el madridista omaíta, a pesar de ser madridista, se frotase las manos con el lío. Con la posibilidad ahí delante de la pretendida marcha de Zidane. Hay como un placer íntimo y secreto en el desastre. El anhelo oculto de una diáspora madridista. Es como cambiarse el estilo, la ropa. Hay como una crisis de edad, de los cuarenta o de los cincuenta. Es un querer cambiar de entrenador y de jugadores como quien cambia de peinado o de zapatos. Es ponerse un pendiente a los sesenta. Esa tentación está ahí siempre. El madridista omaíta está siempre tentado a la revolución estética.

El madridista omaíta quiere ponerse camisas coloridas y pulseras brillantes. Pochettinos y Nagelsmanns casi en noviembre y con estos pelos

Quiere teñirse el pelo y hacerse un tatuaje a estas alturas. El madridista omaíta quiere cambiar. Se harta de sí mismo, de su Madrid con frecuencia, y quiere ponerse camisas coloridas y pulseras brillantes. Pochettinos y Nagelsmanns casi en noviembre y con estos pelos. Es el ramalazo omaíta que se quiere dejar cresta. Menos mal que está ahí el Madrid (y Zidane) para pararlo.

—¡Detente, omaíta! —le dice de pronto. Nunca se sabe si demasiado tarde.

El sábado se lo dijo.

—¿Dónde vas con las mechitas y los pantalones pitillo?

Aparece el Madrid cuando menos se le espera (yo y muchos otros lo esperábamos, lo cual no tiene ningún mérito porque lo vamos a esperar siempre) para decirle al omaíta que no siga, que se tranquilice. Que no tome decisiones alocadas, que no piense en cosas fantásticas, que no exagere. Que se centre, que cuente hasta donde haga falta antes de hacer o decir o pedir una locura. Que se mire. Que no grite. El Madrid el sábado asaltó un Camp Nou silente con una demostración de poderío (comedido) que invita a pensar en posibles logros notables. Nada que ver con la catastrófica escandalera del madridista omaíta de hace tan sólo unos días.

Ramos Modric

 

Llega el Madrid, ¡Hala Madrid!, y le gana uno a tres al Barcelona (que gracias debería dar) con una demostración táctica y técnica y de compromiso y el omaíta, como el antimadridista (una lástima), de repente se calla. Los hay zorros plateados, pero ya descubiertos, como As, que titula desvergonzadamente: “El Madrid siempre vuelve”, o algo parecido. No te dejes influir, omaíta. Ni siquiera un poco. Mañana As, en cuanto vengan mal dadas y ni siquiera eso, volverá a la carga y el omaíta hará lo mismo, irremediablemente tentado a ponerse, si cabe, un piercing en la nariz.

El madridista omaíta siempre está en peligro de que el Madrid le deje en evidencia o le diga que es un hortera por haberse dejado el flequillo de punta a estas alturas, mientras Zidane sonríe la enésima vez que ha conseguido sacarle el ju(e)go a sus jugadores, dejando por el camino metafóricos cadáveres de modernos impacientes que no supieron (o no pudieron) contener su inspiración.

 

Fotografías Getty Images.

 

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.