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El madridismo omaíta II

El madridismo omaíta II

Escrito por: Mario De Las Heras23 octubre, 2020
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Hay un madridismo que sigue el camino que indica el antimadridismo

No estamos en disposición de exigirnos gran cosa. Estamos mayormente a merced de la pandemia que ha cambiado nuestro mundo. Nuestros actos y nuestras decisiones están supeditadas a lo que acontezca, a la dirección que coja el viento cambiante e incesante de un virus matador. No podemos exigirnos nada. Y no podemos exigírselo a los demás más allá de los gobiernos (y ya ven cómo nos va) en la gestión del mal.

El Real Madrid no gestiona ningún mal. El Madrid es uno de los nuestros, como usted y yo, al que no cabe exigirle nada. No aquí y ahora. No al menos como antes. Pero para el madridista omaíta el objeto de su afición está libre de contagio. Todo parece estar igual que antes del desastre. El Madrid es inmune para el madridista omaíta, y por lo tanto cabe exigirle como siempre, mal y pronto. Pero ahora es mucho peor y mucho más temprano.

La imposibilidad de los fichajes o la decisión coherente, admirable, de no realizarlos ha traído consecuencias, como tenía que traerlas, en una encrucijada cíclica reventada por la crisis. El Real Madrid está cruzando con dificultades (relativas: acaba de ganar ¡el título de Liga!) su puente colgante, un puente en mal estado por las inclemencias, por la carestía, por la escasez; y el madridista omaíta lo que hace es movérselo empujado, jaleado, influido por el antimadridismo mediático que lo único que quiere es que caiga al vacío.

Quién no cerró los ojos después de ver a Marcelo, al gran Marcelo, dejar libre de marca al jugador del Shakhtar en ese contraataque.

El madridista omaíta sigue el mismo camino que el antimadridista. Dijo Leonard Cohen que “A veces uno sabe de qué lado estar simplemente viendo quienes están del otro lado”. Este Madrid pandémico soliviantado por el intento revolucionario de siempre. "Muerta la belleza, retorna el negro caos", escribió Shakespeare. Alguien grita, por ejemplo As (cuyo afán esencial es quitarnos la belleza), que ya se empieza a hablar del sustituto de Zidane, y el madridista omaíta le sigue la corriente. El madridista omaíta es el instrumento del que se sirve el antimadridista. El palo, el cuchillo, la antorcha.

El madridista omaíta se hace eco del golpe, de la herida, del incendio y lo propaga. Acaban de empezar las competiciones y el madridista omaíta ni siquiera muestra piedad (la última de las cosas que quizá se le debería pedir a un aficionado) por este Madrid pandémico. La empatía del madridista omaíta (y también pandémico) es nula. Al madridista omaíta le dirige As,  el caos (por mucho que luego le vilipendie en público), y es probable que no lo sepa.

Lleva tantos años, ¡toda la vida!, escuchando la misma tabarra que su naturaleza la ha asimilado. El Madrid no puede cambiar nada en este momento. No solo por imposibilidad real. Todo está cambiando tanto que no queda más remedio que aguantar con lo que se tiene. Casi es sólo la sensatez, no sólo la belleza, que pretenden arrebatarnos. ¡Una gestión modélica y previsora a largo plazo! Quién no cerró los ojos después de ver a Marcelo, al gran Marcelo, dejar libre de marca al jugador del Shakhtar en ese contraataque. Quién no sintió la vida pasar como un rayo en esa carrera de cigarra y de tortuga.

Para el madridista omaíta aquello no fue dolor sino primero escándalo. Y el escándalo hace olvidar el dolor, que es como un madridismo roto, pero al fin y al cabo un madridismo. El omaíta se pone a gritar, histérico, incapaz de controlarse, mientras el antimadridista ríe. El pueblo romano soliviantado por el taimado Marco Antonio, que hace Brutos a los Césares engordando, por ejemplo (¡mientras le dice al madridista que llore!), una buena jugada de Reguilón. Yo no voy a decir aquí que Marcelo no debe jugar por mucho que me pueda parecer que no debe jugar. Eso lo debe decir Zidane, la pieza verdaderamente codiciada (y por tanto la más valiosa para el Real Madrid) por los malvados entre todo este tumulto. Yo sufro a Marcelo en silencio porque no puedo contribuir a ese alboroto desatado de jauría humana.

Yo estoy con este Madrid de Zidane bajo la tormenta que un día (¿por qué no mañana?) pasará. ¿Pochettino (y no tengo nada en contra del entrenador argentino) va a salvar ahora a este Madrid? ¿De verdad? ¿Ahora? ¿Justo ahora? Ese milagro ya sucedió una vez con el Madrid postBenítez. Y el milagro lo hizo Zidane, precisamente, en otros tiempos mejores. Yo escucho las propuestas enloquecidas de los antimadridistas recalcitrantes secundadas por los omaítas y veo arreciar la tormenta. Todos los Meanas y los Palomares de la vida riendo bajo la lluvia como la bruja de Willow a punto de acabar con la niña.

Eso es lo que veo mientras el madridista omaíta se tira de los pelos y su escandalera se extiende por todos los confines de la Tierra en este ocaso de octubre que es como un septiembre antiguo al que se le ha perdido el respeto como si ni siquiera el tiempo, como el Madrid, se sucediese.

 

Fotografías Getty Images.