Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
Barcelona-Real Madrid, la previa del clásico

Barcelona-Real Madrid, la previa del clásico

Escrito por: Israel G. Montejo23 octubre, 2020
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

«De desastre en desastre hasta la victoria final»

Adaptamos la famosa frase de Churchill para intentar explicar el momento que vive el Real Madrid de Zinedine Zidane, hace apenas dos meses campeón de Liga y hoy un equipo aparentemente roto, en la antesala de un nuevo clásico ante el F. C.  Barcelona.

De un tiempo a esta parte, el partido contra el Barça ha ganado tal peso mediático mundial que condiciona absolutamente todo en torno a él. Y ese condicionamiento afecta sobremanera a los partidos previos al gran duelo: rotaciones excesivas, alineaciones con detalles que, cuando menos, invitan a la duda, jugadores a medio gas, infravaloración de los rivales… todo un catálogo de lo que no se debe hacer en el fútbol en particular ni en la vida en general del que Zidane es el principal impulsor.

Zidane pensativo

Por no irnos muy atrás en el tiempo, en la temporada pasada, el técnico galo manejó jugadores sensibles como Mendy o Casemiro en las jornadas previas al duelo con el Barcelona de manera más que cuestionable, algo que ha repetido esta semana. El año pasado, ya se dejó dos puntos en Valencia (pudieron ser los tres si no se llega a empatar en el minuto 95) en la jornada previa al partido de ida contra el Barça y, en la posterior, empató en casa con el Athletic. En la jornada anterior al partido de vuelta, que el Madrid ganó 2-0 en el Bernabéu en el que es, hasta el momento, el último partido con público en el Coliseo de Concha Espina, perdió ante el Levante. También cayó derrotado en la jornada siguiente frente el Real Betis.

Este año, Zidane ha repetido el guion y lo ha multiplicado por dos: en la semana de previa, ha perdido en casa ante el Cádiz y ante el Shakhtar en el debut en Champions League, algo que no sucedía desde hacía setenta años cuando el Madrid jugaba de local en su competición favorita.

El problema en está ocasión ha sido, si cabe, aún más grave. Zidane, fiel a su estilo, ha rotado, pero lo ha hecho dando descanso a jugadores clave en Champions, que no es una competición menor, y alineando de manera reiterada e incomprensible para todos aquellos que no estamos en el vestuario de Valdebebas (pero que tenemos ojos y algo entendemos de fútbol) a otros que hoy por hoy o están fuera de forma o no dan la talla para jugar como titulares en un equipo que aspira a todo.

La ruleta de decisiones, difícilmente explicables, ha desbaratado en un santiamén a un equipo que no estaba haciendo un juego brillante en este tramo inicial de la temporada, pero mostraba solidez y trazas de conjunto hecho.

Las consecuencias del desaguisado provocado son difíciles de medir aún. Veremos lo que suponen para el concurso en la actual edición de la Champions League, pero sí es mesurable de forma objetiva que el Madrid llega roto, con una imagen pésima, varios jugadores señalados y sin saber a qué atenerse en su cara a cara frente al gran rival.

Vinicius gol Barça

La imprudencia temeraria pone, además, en el pantanoso terreno de la duda el proyecto de Zidane. Hasta ahora, los resultados le han dado la razón al entrenador a pesar de que muchas de las decisiones tomadas sean cuestionables o inciten a la duda sobre el sentido de estas: por ejemplo, en los casos de cesiones de futbolistas como Reguilón o Achraf que refuerzan equipos de Champions cuando el plantel actual del Madrid tiene lagunas en esos puestos. Zidane tiene el beneficio del druida, del gurú. No se entiende a veces lo que hace, pero le suele salir bien.

Veremos qué sucede en este nuevo envite. Lo visto esta semana marcada fatalmente por el clásico no tiene mucha explicación. Zidane ha debilitado el equipo pensando en el partido de mañana. De momento, no sale a cuenta. Veremos lo que pasa en el Camp Nou y si el proyecto sigue sólido 90 minutos después o hemos entrado de lleno en un escenario impredecible.

El clásico, por tanto, llega en muy mal momento. O no, porque esto es el Real Madrid y nunca se puede estar seguro de lo que pasa por la cabeza de una fiera herida.

 

Fotografías Getty Images.