La Galerna

El peligroso triunfo de la improvisación

Me pide Jesús Bengoechea que felicite a los madridistas, pero no puedo traicionar a mis principios, esos que me llevaron a ser el mejor centrocampista del Siglo XXI. No tuve el marketing de Luka Modric o ese rubio seguramente teñido de Toni Kroos, pero el fúpbol bien jugado era el que yo hacía. Ese, y no otro. No vamos a debatir ahora sobre algo tan obvio porque no es hora ni lugar.

No sé de qué estaba hablando antes de recordar mi grandeza. Ah, sí, de la felicitación a la gente del Madrit. Con todo el cariño, me veo incapaz de daros la enhorabuena por ganar improvisando. Desde 2014 no hacéis otra cosa. No me refiero a ganar, sino a improvisar para acabar ganando. Cuatro Champions League, cuatro Mundiales de Clubes y algún título más no me dicen nada. Hasta Grecia ganó una Eurocopa. El Madrit es la Grecia de los clubes. Lo sé yo y lo saben ustedes, pero Jesús Bengoechea no les deja decirlo.

Lo visto en Abu Dabi refleja lo que comento. Siete goles en dos partidos sin proponer y sin jugar bien. Bale marcó tres con más físico que fúpbol, Llorente metió uno tras quitarse el balón de encima, Modric clavó otro porque disparó en lugar de seguir jugando en corto como mandan los cánones y las sagradas escrituras de La Masía. Y ya del de Vinicius no digo nada. Tampoco de Sergio Ramos. Los córners se sacan en corto, no al corazón del área a ver si pasa algo. Esto último es de equipo pequenyo.

Hoy, de hecho, todo el mundo me habla del Barcelona-Celta, de Messi, de Beckenbauer Murillo y de Valverde. Nadie me ha comentado nada del Madrit y ese título sobrevalorado. Los únicos que hablan del Mundial de Clubes son todos los medios de comunicación del planeta y los madridistas. Qué pereza...