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Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

Lo goloso

Escrito por: La Galerna20 enero, 2017
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Buenos días. Casi todos los árbitros de España cuentan entre sus sueños húmedos el de poder relatar a sus nietos que expulsaron a Cristiano Ronaldo. Algunos (pocos, porque el jugador no da para ello pese a las ganas que se le tiene) ya llevan esa muesca en el revólver, que lucen en los bares del pueblo a la manera en que Iturralde González, de modo legendario y en la época en que arbitraba, presumía por todas las tascas del País Vasco de lo pormemorizadamente que amargaba la vida al Real Madrid. Iturralde escribe ahora en el diario que todos conocemos porque Dios los cría y ellos se juntan, pero no es este el tema que hoy nos congrega.

Lo que nos congrega, hermanos, es el contraste, la doble vara de medir de siempre, porque si bien abundan los colegiados que sueñan con poder contar un día a sus nietos que expulsaron del campo al portugués no sucede lo mismo con el otro gran ídolo del fútbol mundial: Leo Messi. Mira que la hazaña de haber sacado la roja a Messi provocaría en los descendientes en la estirpe de los clos y undianos razones para el orgullo por las gestas del abuelo tan marcadas como el haber hecho lo propio con el de Madeira. Por ejemplo: los nietos de Glez. Glez. habrían quedado boquiabiertos ante la historia del abuelito, pero por alguna razón la querencia no es la misma que con Cristiano, y eso que el argentino hizo méritos sobrados para ver una segunda amarilla en el partido copero que ayer enfrentó en Anoeta a azulgranas y realistas.

-Abuelo, dicen en el cole que en un partido de Copa tuviste que echar a Messi al principio del segundo tiempo y te achantaste.

-Pero hijo, ¿cómo iba a echar a esa criatura, que es un bendito que en ocasiones deja tirar los penaltis a otro (y no será porque él los falle con asiduidad) y acoge en su yate de verano a espontáneos que llegan a nado y a los que agasaja con un zumo? ¿Qué dirían hoy de mí? ¿Qué dirían de vosotros mis nietos, si me apuras? ¿Cómo iba a expulsar a un chico que lleva cincuenta y dos horas más que su rival preparando el partido? La laboriosidad hay que premiarla, hijo, no castigarla con una doble amonestación que le mande precipitadamente al vestuario.

Como era de esperar, no hay rastro de esta expulsión condonada en ninguna de las dos portadas catalanas, como no la hay del fuera de juego pitado a la Real Sociedad cuando seis rivales (seis) vestidos de blaugrana habilitaban su posición. La toma de Anoeta se presenta por parte de la prensa del rinconcito como una gesta incomparable, y se califica como exorcista a Neymar cuando como todo el mundo sabe el auténtico exorcista de Can Barça es el propio Bartomeu, que expulsó recientemente a Satán del cuerpo de la Junta Directiva culé por sugerir que Messi no gana los partidos solo sino con la ayuda de sus compañeros. Herejía. Hoguera.

De igual manera que es más goloso echar de un campo a Cristiano que hacer lo propio con Messi, es mucho más molón dedicarle portadas admonitorias a CR que proceder de igual modo con la Pulga. Resulta -no es ningún secreto- que Cristiano no anda fino, como no anduvo fino en otras rachas de las que salió a punta de paciencia y estruendo de redes. Ouija, sin embargo, hace como si esto no hubiera pasado ya antes, le parece que todo llega de nuevas, y se rasga las vestiduras porque la media de Cristiano está últimamente en 0,81 en lugar de superar el gol por partido, que es la media que tiene a lo largo de más de siete años. Históricamente, ha habido pichichis con promedios en torno al medio gol por partido, pero ese 0,81 es una crisis, una hecatombe sin precedentes. Mira que hoy era una buena ocasión de cumplir con la cuota de lectores atléticos (como hace Marca), pero lo goloso -nuevamente- es preocupar al madridismo, soliviantarlo, encabronarlo a cuenta de una mala racha de su máxima estrella o una posible (aún no confirmada) eliminación copera que de concretarse se presentará como la tragedia que borra de un plumazo décimas, undécimas y listas Forbes. Florentino dimisión, hoy y siempre.

Que paséis un buen día.