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Por qué vamos a eliminar al Celta

Por qué vamos a eliminar al Celta

Escrito por: Mario De Las Heras19 enero, 2017
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Zidane vive en una cala de un Fornells madridista, algo tan contradictorio (bueno, tampoco tanto: somos el Madrid) que la prensa deportiva anda preguntándose dónde pescará y cazará el francés esas piezas que juntan las sobremesas con las noches en días de victoria y en días de derrota. Zidane gana y se prepara unas lubinas a la marinera y pierde y se asa unos conejos del bosque con allioli o al revés. Da igual.

Así esta el periodismo cocinándose en las sartenes del entrenador del equipo mejor y más famoso del mundo. Hay un perfume de sofrito intenso y esa gente, el antimadridismo, tiene prisa para todo. Nada de comer uvas de postre y tomar roquills (¿Zidane bebe roquills?, se preguntarán, pues sí amigos, y domina la sardana como un virtuoso) hasta el anochecer. Con esa gente, ¡qué gente!, no se puede ir a ninguna parte.

Yo lo tengo claro y me voy a navegar desde Fornells hasta Francia y hasta donde haga falta con Zizú igual que Pla con su amigo Hermós, aquel "Analfabeto hombre feliz, hospitalario, pescador, marinero, cazador, gran cocinero". Zidane es todo eso, incluso lo primero porque sólo sobre el lomo o sobre la cabeza de un analfabeto pueden resbalar las palabras de los impacientes y de los malvados.

Ser así un analfabeto equivale en este sindiós futbolero a ser un erudito, un sabio. pero no es necesario ser un erudito, un sabio, para comprender que dos goles en contra y en casa dificultan en buena medida las cosas, acaso la difícil prueba de cruzar un cañón del Oeste en cuyos flancos se encuentran apostados no los indios sino decenas de micrófonos con pinturas de guerra, además de, por supuesto, un buen equipo como el Celta.

No es tiempo para histerismos de uno u otro palo. Este Real Madrid es un grupo de paisanos confiantes que tienen la serenidad mediterránea y la mirada rapaz de su entrenador. Yo escuchaba hablar ayer a Marcelo y bajo su melena desbocada, por dentro de sus ojos de sambero, trascendía la misión que llevan grabada en el microchip intradérmico, que en Kiko Casilla es oírle decir sin decirlo alguna cosa sólo un poco más soez y sobre todo más verdadera.

Las entrevistas a Kiko hacen de él más que un portero copero un portero coplero, y eso que es de Tarragona, o mejor, no podía ser de otra parte con esa elegancia barrial donde las cosas de la vida son tan sencillas, o eran, como una botella de vino y unas sardinas a la brasa. " No temáis, niñas, no temáis", dice Shakespeare, porque en esa villa toscana va a triunfar el amor. ¿Quién podría interponerse? ¿Iago Aspas?, ¿ese villano que se encontró dos regalos y luego quiso hacerlos pasar por la conquista de Babilonia?

¿Podrían Berizzo y su peinado de Spandau Ballet conseguir el pase a semifinales después de haber celebrado el primer gol como si hubiera sucedido el hecho positivo más improbable de su existencia? ¿Tan impredecible era ese tanto como para desencajársele el rostro, echar a volar la cabellera, estirársele el cuello, desorbitársele los ojos y chillar como una niña ante Justin Bieber?

¿Podría un Madrid espoleado y templado por las hábiles manos rasputínicas de Zizú perder un partido que tiene en el punto de mira? No parece hoy posible con ese lenguaje gestual y esas miradas que no han visto dos derrotas consecutivas sino un horizonte de grandeza que no se puede escapar. No con estos mimbres y estas sensaciones de equipo grandioso y floreado lleno de detalles y de talentos y de movilidad y de recursos.

El Madrid pasará como el penitente Indiana Jones (y todos comeremos corvina y langosta pasada por el rescoldo, sin hervir, "...la ebullición hace perder a las cosas la fuerza divina que tienen...", dice Pla, por eso Zidane nunca se altera) porque tiene el libro de apuntes trillado y porque en los momentos difíciles a este equipo sólo hace falta que le llamen "Junior", que es lo que le llamó ayer el Celta, más concretamente ese Aspas con una, me imagino que no sobrevenida, soberbia provinciana que merece una enseñanza que no olvide nunca. No vaya a marcar otro gol y venderlo, esta vez, como la toma (la tomiña) de Jerusalén.

Mario De Las Heras
Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.

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