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La Real en el Bernabéu: Tiempo para héroes

La Real en el Bernabéu: Tiempo para héroes

Escrito por: Oier Fano6 febrero, 2020
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Dieciséis equipos han jugado la final de Copa desde el año 2000. La Real Sociedad no figura en la lista, pero por fin se ha tomado el torneo en serio. El choque del Bernabéu es el partido del año en Guipúzcoa.

La banda sonora del vestuario de la Real Sociedad la firma esta tarde Pete Doherty y The Libertines, porque es tiempo para héroes. En los octavos de final, los blanquiazules sacaron un once inicial en que el abuelo fue Alex Remiro, a sus 24 años. A nadie le sorprenderá que la fiabilidad sea el talón de Aquiles de esta plantilla. Sin embargo, es capaz de ganarle a cualquiera. Esta temporada, sin ir más lejos, han mordido el polvo el Atlético de Madrid, el Valencia y el Barcelona, vigente campeón y subcampeón del trofeo copero. Ninguno ha podido ganar a los dirigidos por Imanol Alguacil, por si alguien cree que el Real Madrid va a tener una liviana tarde en la oficina.

Jugadores como Ander Barrenetxea, Mikel Merino, Aihen Muñoz, Aleksander Isak o Martin Ødegaard van a ser estrellas de este deporte, inminente e inexorablemente. Lo que pasa es que les queda desarrollar esa parte del juego que se mejora con el paso del tiempo. La experiencia y la constancia. Por eso, la Copa del Rey es el torneo idóneo para este club, aquí y ahora. Porque no exige regularidad sino talento e inspiración.

El club guipuzcoano, posiblemente el más calamitoso de la élite española en las últimas tres décadas de Copa tras coleccionar descalabros con puntualidad británica, se ha tomado en serio el trofeo. Y se respiran aires de ilusión en el entorno txuri urdin. Los aficionados parecemos niños en vísperas de Reyes. “Así que esto es la Copa. Qué bueno, todo o nada, es precioso esto”. Lo que antes fue una fuente de frustración, hoy paralizará los hogares de los errealzales.

Hay un dato que empequeñece a la Real Sociedad. Desde el año 2000, 16 equipos distintos han jugado la final de la Copa del Rey. Serán 17 si el viernes el sorteo depara un Granada Mirandés. Y no es de recibo, porque la Real es uno de los pocos clubes que han ganado todos los trofeos del fútbol español. Ha llegado el momento de vivir una final, de intentar ganarla y de experimentar una sensación que desde 2000 ha vivido media España futbolera incluyendo equipos como el Getafe, el Recreativo de Huelva, el Alavés o el Osasuna.

Soy optimista y percibo que puede ser una de esas jornadas que se graben a fuego en la historia de la Real Sociedad.  Y me gusta que en la rueda de prensa pre- partido, a Zinedine Zidane le preguntasen por casi todo menos por la propia Real. No voy a ocultar mi pasión por el técnico del Real Madrid. Sigo pensando que es el mejor futbolista al que he visto en directo, y como entrenador me parece el mejor junto a Jurgen Klopp. Quien vea en él a un “mero alineador”, o a un “gestor de grupos” es que es un esnob y seguramente necesite que un coach le maree con pizarrines para disfrazar de forma carencias de contenido.

Zidane se mosqueaba ayer cuando le cuestionaban por Leo Messi, por Kylian MBappe o por la abuela, que fuma. “Jugamos contra un equipo muy bueno y como no salgamos enchufados…. Es una final”, suspiraba. “Alguno quizás piensa que vamos al matadero”, dijo ayer Imanol Alguacil, anunciando sibilinamente lo equivocados que están los escépticos y quienes preguntaban a Zidane por cualquier cosa menos por el equipo que hoy puede ser verdugo madridista.

Y así es. Si el Real Madrid no sale enchufado, verá las semifinales en zapatillas de andar por casa. La Real es un equipo que va a cuestionar la posesión al club blanco. Su primera parte en noviembre, en partido liguero, es un aviso para navegantes. Vuelve esta tarde en el Santiago Bernabéu el jefe de la sala de operaciones, Mikel Merino, un todocampista que va a dar mucho que hablar. Roba, distribuye, regatea, llega… A muchos nos pareció una barbaridad que Roberto Olabe pagase 12 millones de euros por él tras los fracasos en Dortmund y Newcastle. Hoy, su valor es, por lo menos, tres veces superior. Curiosamente, es un jugador sin demasiado marketing fuera de las fronteras de Anoeta, en donde la estrella a la que alumbran todos los focos es noruega, pertenece al Real Madrid y eclipsa al resto.

Martin Ødegaard llegó con la etiqueta de juguete roto. Pero es que tiene 21 años. Es el jugador más fuerte de la plantilla, el mejor dotado pulmonarmente, roba, corre, defiende, lidera, asiste y golea. Cuando veo que James Rodríguez pertenece a la plantilla del Real Madrid, me hago muchas preguntas. El colombiano no mejora en nada al noruego, pero pasad de puntillas sobre esto último porque, en principio, la cesión de Ødegaard es por dos temporadas, y queremos seguir siendo amigos.

El futbolista nacido en Drammen ha explotado y ha cambiado la tristeza del fútbol de la Real Sociedad un año atrás por un fútbol total, en el que cada cinco minutos pasan cosas porque él lleva las riendas del ataque, se atreve, intenta regates, últimos pases y conecta con la otra parte de las Scandinavian Airlines, Alexander Isak, bautizado por la señorial y respetuosa prensa catalana como el “Zlatan Ibrahimovic de Hacendado”. Literal. Pero hasta para faltar al respeto hay que tener un mínimo de ingenio, pericia y clase. Luego se extrañan del respeto creciente -en mi caso, admiración- por el club blanco en tierras guipuzcoanas, y del rechazo al Barcelona y su gen arrogante.

Los números de Zlatan a la edad de Alexander Isak (20) en el Ajax y en una liga mucho menor como la holandesa eran sensiblemente más pobres que los guarismos del espigado atacante que con su selección tuvo que soportar cánticos racistas, porque si los estúpidos volasen, no veríamos la luz del sol.  A esta Real la completa el talento muy guipuzcoano de Mikel Oyarzabal -gol, trabajo, liderazgo e inteligencia-, y Cristian Portugués Portu, que enamora a la grada por su pundonor, su verticalidad y su remate.