Confieso que no he visto un sólo minuto de la pretemporada del Madrid. Los partidos amistosos me parecen una broma imposible pues el fútbol, como todos los juegos, necesita, para existir, que nos lo tomemos en serio. Y si cada vez resulta más difícil tomarse en serio la liga de Tebas (a tenor del penalti que le pitaron al Sevilla en el descuento en el primer partido de la temporada, de este año sólo podemos esperar más ópera bufa), imagínense ustedes un amistoso en la antaño fabril Gelsenkirchen…
Allí, en la capital de la cuenca del Ruhr, nació Özil, un príncipe otomano hijo de gastarbeiters. Y Özil me hace pensar, inevitablemente, en Arda Güler, otro delfín cuya puesta de largo en los salones del gran fútbol fue, precisamente, en Alemania, hace unos meses. En el último partido serio que ha disputado el Madrid, hasta este próximo fin de semana.
Aquel día, a pesar de la derrota, en Güler se vio el parpadeo de un imperio. Quizá fuera porque, precisamente, el Madrid cayó en Múnich y sólo él lo hizo como de niño me enseñaron que debía perder el Madrid: de pie y matando. Con orgullo, casta y sobre todo, grandeza.
Hasta entonces, Güler me había parecido un jugador menor, inconcluso: una promesa por cumplir, muy lejos del recuerdo sofisticado que Özil nos había dejado en la memoria. Un Mesuto que, hay que decirlo, cuando llegó al Madrid ya era el fantasista de la selección alemana semifinalista de la Copa del Mundo de 2010, o sea, de la última gran generación que ha dado el fútbol alemán al mundo, consagrada en Brasil cuatro años más tarde.
Güler llegó al Madrid con el aspecto de un bachiller recién graduado. En aquella noche muniquesa, abrileña y trágica, descorchó por fin y mostró hechuras de jerarca. Lo veía en el campo y recordaba a Luka Modric en aquella vuelta de semifinales, con Mourinho, frente al Dortmund en el Bernabéu. Como entonces, esa noche el Madrid fue eliminado y sin embargo, había nacido algo: la tierra se sacudió con el estremecimiento que precede al parto de un dios.
Como Güler, Modric se formó como un mediapunta hasta casi los treinta años. Fue en el Madrid donde retrasó su posición y acomodó su virtuoso cuerpo, hecho tanto para la pluma como para la espada, al fragor del «pasillo interior»: ese lugar donde se fraguan los grandes títulos y que en el Madrid lleva tanto tiempo desierto que parece un palacio abandonado en donde crece la hierba por todas partes, las paredes se descascarillan y las humedades corrompen la tela de los viejos cuadros.
Como está claro a estas alturas que el Madrid no va a fichar a ningún centrocampista, pienso en Di María cuando pienso en Güler. El Fideo era otro exuberante mediapunta con tendencia a correr por el extremo izquierdo cuya reconversión en interior resultó fundamental en la conquista de la Décima. Jugador, en principio, de mecha corta, fue ganando en agonismo hasta dar la impresión de que el combustible que lo hacía correr hasta la extenuación incluso en las prórrogas, era su propio sudor, como un coche eléctrico recubierto de paneles solares.
recordaba a Luka Modric en aquella vuelta de semifinales frente al Dortmund. Como entonces, esa noche el Madrid fue eliminado, y sin embargo había nacido algo: la tierra se sacudió con el estremecimiento que precede al parto de un dios
Güler es otra clase de futbolista, más fino y menos estable. Pero vuelvo a su partido contra el Bayern porque me pareció el principio de algo. En el día más importante de la temporada dio el paso adelante. Su presencia en la zona central del campo fue ubicua: presionó, robó, se anticipó y desplegó una extraordinaria actividad en torno a Valverde, que fue el pivote. Demostró acierto y coraje, marcó dos goles que metían al Madrid en la eliminatoria. Como si hubiera querido desmentir todo lo que se le achacó hasta ese día —blandura, liviandad en el cuerpo a cuerpo, intermitencias, falta de actitud y liderazgo— Güler jugó «con pierna dura» como dicen los cancheros, pues el partido era macho. Su desfondamiento físico, justo en la media hora que el Madrid tuvo para pasar la eliminatoria, coincidió con las ausencias de Vinicius y Mbappé, que habían de liquidar el partido, a fuer de ser las superestrellas.
Güler peleó hasta el final y hasta fue expulsado, en un arranque de torería tan castizo y tradicionalmente madridista.
Su final de temporada, en mitad de aquel aquelarre indigno del escudo en el que una innoble caseta terminó la campaña, reclama algo mejor. Es decir, una oportunidad. Tengo un mal presentimiento con respecto a la segunda venida de Mourinho, por más que adore al hombre que cambió el devenir histórico del Madrid en el siglo XXI. Sin ilusión no se puede vivir. Si la regla fundamental de un juego es tomarlo como si fuera la cosa más seria del mundo, la del fútbol es vivirlo con la ilusión de un niño. De lo contrario, esto se convierte en soccer, en un divertimento más para pasar el rato, un entretenimiento como hay tantos. No compensa. La ilusión se llama Güler porque en el terciopelo azul de su pie izquierdo se puede soñar con un vergel en medio del páramo violento que se intuye en la temporada que el sábado comienza, en Barcelona, contra el Español. Una temporada con visos de plebiscito, por más que Florentino Pérez acabe de ganar las elecciones.
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Planazo el de comprar a Bale por 100 y al año siguiente James por 80 para ir desplazando a Di María a otro club, solo una mente superior podría hacer eso.
Menos mal que tenemos a Vastic; ¿qué sería del Real Madrid si no fuera así?...
Jajaja parecéis un disco rayado los cesaristas de Floper, buenos habitantes de Corea del norte seríais, o que buenos socialistas aquí en España.
Coincido con el articulista, si el RM fuera a fichar a otro centrocampista ya estaría aquí. Habrá que confiar en el crecimiento de Güler, para mí ya patente, la aportación de Bernardo, y la mano de Mou.
Saludos !
qpin, si el Madrid no va a fichar a ningún centrocampista Mourinho debe apostar por un canterano tipo Pitarch para jugar en lugar de tchouameni según el equipo que haya enfrente y como necesite jugar el Madrid, tiene que hacerlo, Pitarch es bueno y solo necesita confianza, que sea valiente Mourinho
Ok con el artículo. Güler tiene que jugar, porque es el que conecta con los de arriba, "el que se las pone a Mbappé". Pero Bernardo también tiene que jugar, para iniciar juego. El problema es qué hacer con Bellingham, Valverde... No caben todos.
En el 4-2-3-1 Güler puede jugar o de pivote o de mediapunta, bellingham de mediapunta, y Valverde por la derecha intercambiándose con Diomande.
Si fuera un 4-3-3 el problema sería si bellingham realmente va a ser efectivo como interior, a Valverde y Güler los puedo ver mejor como interiores perfectamente.
Creo que sobrevaloráis a todos los medios del equipo en cuanto a creación de juego. Yo no veo tantas opciones.
Ya han demostrado todos los medios actuales su capacidad de generación de juego el año pasado. Desde luego, aquí el que no se engaña es porque no quiere
Ni Fede ni Güler ni Pitarch ni Jude pueden estar en el doble pivote. Camavinga y Thuamy juntos tampoco funcionan. Ese es el problema. Puede estar Bernardo, quizás, pero con 32 años sólo un 50% de los partidos.
O bajan todos a defender menos Kylian o estamos igual que los dos años en blanco.
Digo yo que Pitarch sí, otra cosa es que no te guste, pero esa es su posición, de hecho es mediocentro
Me refería a que no está aún para eatar entre los 15-17 habitantes y menos para Champions como Asencio, Gonzalo (ojalá se hinche a marcar goles) y diría que hasta Huijsen. Aún no está hecho, le faltan 3 años y si tiene suerte y progresión. Este año para algún partidito en casa de Liga y algo en Copa.
Ojalá despunte.
Vastic, ¡qué entrenador, qué director deportivo! ¿Qué digo? ¡Qué presidente del Real Madrid se perdió nuestro amado club contigo! ¡Cuántos comentarios infalibles, cuantas observaciones agudísimas, cuántas propuestas acertadísimas tuyas que se pierden en la nimiedad de este humilde chat! ¡Habla al mundo madridista, ilumínalo!