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La guerra de los buenos y los malos

La guerra de los buenos y los malos

Escrito por: Antonio Valderrama12 junio, 2015
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Les voy a contar una historia. Sobre fútbol, guerra y solidaridad. Andando en el tiempo, quienes se comportaron con mezquindad en esta historia son percibidos a lo ancho del mundo como baluartes de lo bello, de lo humano. Hay quien, atribuyéndoles cualidades taumatúrgicas, los considera paladines de la democracia, adalides de lo bueno. Al contrario, quienes se portaron con gallardía y gentileza, han sido olvidados, o en el gran público han quedado sujetos a una suerte de servidumbre moral que les condena al purgatorio que lleva siempre aparejada la etiqueta el equipo del gobierno. Cosas veredes, que escribió el manco de Complutum, que algo nos conocía a los españoles. No obstante, les voy a contar una historia.

Estamos en octubre de 1936. España en erupción, ya se lo figurarán ustedes. Con Madrid a punto de sufrir un asedio cuya dimensión devastadora no era conocida por los hombres hasta ese momento, en el país se sigue jugando al fútbol. Valencia y, en mayor medida, Cataluña, estaban relativamente alejadas del frente. En estos territorios continuaban programándose los torneos llamados Super-Regionales. Con las competiciones nacionales, naturalmente, interrumpidas, la Federación Catalana de Fútbol continuaba organizando el célebre Campeonato de Cataluña, el torneo regional más antiguo y prestigioso del balompié español hasta la creación del Campeonato Nacional de Liga, en 1928. Esta competición fue, junto con la Liga del Mediterráneo de 1937, el cordón umbilical entre el foot-ball y la vida civil en la España republicana durante la guerra.

En ese mes de octubre de 1936, El Madrid Club de Fútbol resistía de milagro las cornadas de la guerra. Le había ganado la Copa al Barcelona meses antes, en junio, en la mítica final de Mestalla. Con 51 años, el madrileño Paco Brú seguía siendo el entrenador. No obstante, no había nadie a quien entrenar, ni donde hacerlo. El club fue incautado por el Frente Popular, a petición de sus socios (los que quedaban en Madrid y eran, naturalmente, de izquierdas), el 2 de agosto de 1936. La Junta Directiva presidida por Rafael Sánchez Guerra, fue depuesta por un Comité Directivo formado por Juan José Vallejo, representante de la Federación Deportiva Obrera, y asesorado por Pablo Hernández Coronado, el viejo hombre del club que junto con Brú se mantenían navegando entre las turbulentas olas que azotaban el peligroso Madrid revolucionario del verano del 36. El 4 de agosto, la sede del Madrid en el Paseo de Recoletos fue incautada también, así como las modernísimas instalaciones que el Club tenía en Chamartín, con su pionero Estadio: el 18 de agosto, el recién creado Batallón Deportivo estableció su cuartel general en la sede del club, y se aprehendió del Estadio de Chamartín para destinarlo a campo de entrenamiento de los reclutas que se iban alistando para ir a morir al Jarama.

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Paco Brú no había abandonado la ciudad. Defensa en su juventud, había dirigido luego a la primera Selección Española de Fútbol en los Juegos Olímpicos de Amberes. Vencedor en el Campeonato de Cataluña con el Español y con el Barcelona, llevaba desde 1933 entrenando al Madrid. Desde la final de Mestalla, el equipo no había jugado más que un amistoso en Chamartín frente a un combinado soviético. Fue el partido a beneficio de las víctimas de “La lucha contra el fascismo” disputado el 18 de agosto de 1936, con el club ya colectivizado, del que se guarda la fotografía única de los once madridistas (los que se pudieron llamar y que continuaban en la zona republicana) con el puño en alto. En medio de la catarsis humana que sacudía Madrid, el 3 de octubre la Federación Española de Fútbol, también colectivizada, suspendía el Campeonato Nacional de Liga previsto para la temporada 36-37, al tiempo que dejaba a cada federación territorial permiso absoluto para celebrar sus competiciones regionales. De modo que Paco Bru se marchó a Barcelona tras convenirlo con el Madrid -a esas alturas, el club eran él, Hernández Coronado y Carlos Alonso, el encargado del Estadio de Chamartín- para tocar las puertas adecuadas y conseguir a través de sus contactos en Cataluña que aceptaran al Madrid en el Campeonato de Cataluña que estaba a punto de comenzar.

Este campeonato constaba, en su edición de 1936, de dos categorías. En la A, jugaron Barcelona, Sabadell, Gerona, Español, Granollers y Badalona. En la B, Martinenc, Club Deportivo Europa, San Andreu, Vic, Sans, Tarrasa, el Júpiter y el Horta. El 11 de octubre, Mundo Deportivo titulaba así el interés del campeón de España por disputar el campeonato catalán: “Una noticia sensacional: Paco Brú, entrenador del Madrid, está en Barcelona gestionando la inclusión de su club en el campeonato de Cataluña. El Madrid cuenta con todo su equipo menos Quincoces, Eugenio y Leoncito, a los que sorprendió la sublevación en ciudades dominadas por los facciosos”. El propio Brú explicaba al reportero del periódico barcelonés que acometían la iniciativa para huir de la inactividad a que los abocaba la suspensión de las competiciones en Madrid a causa de la guerra. Contaba con la “excelente acogida” de los primeros espadas del fútbol catalán, Español y Barcelona, y solicitaba la inclusión del Madrid en la categoría A, al tiempo que esperaba finiquitar las negociaciones al término de esa semana. Se esperaba que “el potente equipo” del Campeón de España y subcampeón de Liga revalorizase el Campeonato de Cataluña, del que ya llevábanse jugadas dos jornadas. Todos salían, a priori, ganando y la cosa parecía hecha.

No obstante, en esta historia, los que hoy se venden como querubines de etérea bondad, iban a revelarse pronto como adictos a la vileza ladina: esa que enturbia los negocios más inocentes a fuer de envenenar cualquier atmósfera con la dosis precisa de suspicacia. El 13 de octubre, reunidos en Consejo todos los clubes de la Categoría A en la sede de la Federación Catalana de Fútbol con Paco Brú, se acordó aplazar la decisión final una semana, a petición del delegado del Fútbol Club Barcelona. Rossend Calvet, a la sazón miembro del Comité Directivo del Comité de Empleados que había auto-confiscado el Barcelona antes de que lo hiciese la CNT-FAI, pidió tiempo para “cambiar impresiones con los elementos que forman el Comité del Club antes de contestar de un modo definitivo”. Brú, impelido desde Madrid, ya había alquilado un chalet en el pueblo de El Masnou con objeto de concentrar allí a sus jugadores, de los que se publicó una lista inicial de convocados: Espinosa, Alberty, Ciriaco II, Quesada, Bonet, Pedro Regueiro, Sauto, Villa, Bonet, Valle, Marín, Luis Regueiro, López, Herranz, Lecue y Emilín. Se concretaron además dos puntos: el Madrid no competiría por el título, de manera que sus victorias no computarían en la clasificación general del Campeonato de Cataluña, y en los partidos que hubiese de jugar fuera de Barcelona compartiría la taquilla con el club local de turno. Quedó apalabrado que el equipo jugaría en Les Corts, a pesar de que el Español había puesto a su disposición Sarriá; el Madrid pagaría por ello dos mil pesetas a la Unión Deportiva Sans por el perjuicio económico que pudieran causarle dada la cercanía entre Les Corts y el campo de este club.

El trámite para incluir al Madrid en el torneo catalán no tardó demasiado en convertirse en “Lo del Madrid”: el 16 de octubre, el propio Rossend Calvet declaraba a la prensa que todo se paralizaba de momento al no existir acuerdo, puesto que el Barcelona no deseaba que “de ningún modo” se “alterase el Campeonato de Cataluña” ni que éste pudiese “perder su esencia y sus características”. La cuestión empezó a dilatarse de manera absurda mientras seguían llegando partes de guerra desde Madrid cada vez más preocupantes: el avance del Ejército de África del General Franco era imparable desde el sur, y las milicias republicanas retrocedían continuamente hacia el centro de la península. Nadie sabía dónde estaba Ricardo Zamora, y todos los días se amanecía con nuevas informaciones que anunciaban su detención aquí o su fusilamiento allí, por católico y adicto a los facciosos. Se sucedían los comunicados a través de la prensa: el Barcelona negaba su oposición a la participación del Madrid en el campeonato, aclarando su afecto hacia el “club amigo leal que fue el primero en tenderle la mano cuando en los días aciagos de la Dictadura (de Primo de Rivera) se cerró el campo de Les Corts”. Todo parecía, así, un asunto técnico. Fechas, puntuación, y esas cosas.

Pero el 21 de octubre, la Federación Catalana anunciaba que no había quórum: todos los clubes de ambas categorías estaban de acuerdo en recibir al Madrid, excepto el Barcelona, por lo que se rechazaba la proposición al no existir unanimidad en un asunto que concernía a los estatutos del campeonato. Circularon rumores, luego desmentidos por los interesados, de que los equipos de la B se negaban a acoger al Madrid, falseamiento que indignó sobremanera a estos equipos. De inmediato, el sindicato de futbolistas elevó una queja a la Federación por el desamparo en que se abandonaba a los “camaradas del Madrid”; la protesta iba aparejada a una amenaza de huelga general si no se admitía al equipo blanco. Paco Brú reconocía en la prensa, frustrado, que la negativa del Barcelona había embarrancado el proyecto. Los responsables del club azulgrana se quejaron de que Brú “no había tenido la delicadeza de presentarles la petición”, algo desmentido por el propio entrenador madridista en una conversación con el periodista de El Mundo Deportivo reproducida en las páginas de la edición del 22 de octubre. La animosidad de clubes y Sindicato contra la Federación Catalana y el Barcelona crecía con el paso de los días: se denunciaban llamadas telefónicas anónimas y documentos extraños que rechazaban la inclusión del Madrid en nombre de los clubes del Campeonato catalán, lo que encolerizó a algunos y desanimó a otros, en especial a los delegados del Madrid, que deshicieron el alquiler del “espacioso chalet” de El Masnou y dieron por terminadas las negociaciones. En un Consejo al que no asistió el Barcelona, la Federación mantuvo su postura, a lo que el Sindicato, dirigido por un futbolista del Barcelona (Pedrol) contestó con otro órdago: si el Madrid tenía a bien desplazar a sus jugadores a Barcelona, el Campeonato de Cataluña continuaría con su participación, obviando cualquier posible retirada de otros equipos, en explícita referencia al Barcelona: “si quieren retirarse, allá ellos, ya habrá quien los sustituya”.

La cuestión se enconó transformándose en un pulso entre el Sindicato y la Federación. No obstante, la guerra vino a interceder a favor del Barcelona y la Federación Catalana. A principios de noviembre de 1936, Madrid estaba a punto de caer. El gobierno de la República había huido a Valencia, y los rifeños de Franco asomaban los bigotes por Moncloa. Los jugadores madridistas, de común acuerdo, decidieron “contribuir a anular el esfuerzo faccioso sobre la capital de la República”, estimando como su deber defender la ciudad. El Español terminó conquistando aquel Campeonato de Cataluña, aunque la historia que les he contado no es sino el primer libro del Antiguo Testamento: Madrid Club de Fútbol y Fútbol Club Barcelona estaban ya, ambos, parados a cada ladro del tablero, en las posiciones que todavía ocupan hogaño. Un tablero en el que se juega una partida cuya naturaleza trasciende el fútbol desbordándolo por la orilla de la hidalguía.

Antonio Valderrama
Madridista de infantería. Practico el anarcomadridismo en mis horas de esparcimiento. Soy el central al que siempre mandan a rematar melones en los descuentos. En Twitter podrán encontrarme como @fantantonio

6 comentarios en: La guerra de los buenos y los malos

  1. ¡Magnífico Antonio! Y encima tratado con tu calidad literaria -qué grande ese "Después del invierno", por cierto, aprovecho para felicitarte por él-.

    Ya está bien de esa lamentable indiferencia del Club sobre la necesidad de sacar a la luz y poner en valor la verdadera historia en un conflicto propagandístico que quizá pudimos ignorar -desde la prepotencia- hace muchos años (para mí fue un gravísimo error, como puse de manifiesto en la serie de artículos -interrumpida por el asco- que escribí para Perarnáu Magazine) pero que no podemos aceptar que se siga conduciendo en la actualidad. Necesitamos construir una historia del Madrid inserta en la historia de España y del Mundo

    No puedo compartir que no se destine ningún recurso de la Fundación a construir un discurso consistente del Madrid F.C. desde sus proto-orígenes a nuestros días, mientras se tiene que estar enterrando un dineral en una línea de publicaciones hagiográficas de un solo autor, y por lo tanto de una sola forma de enfocar y contar, que no sólo incapaces de contribuir a construir ese discurso, sino que respecto del mismo cumplen el papel de la tinta de calamar. No tiene sentido que la Televisión del club no cumpla un papel básico para la difusión y popularización de la historia del Madrid inserta en la historia de España -claro que sin discurso, qué coño vas a difundir-. La situación está pidiendo a voces un instrumento colectivo de los madridistas que impulse un cambio de rumbo. Hasta los indios han generado, desde la base, el suyo, sabiendo conquistar el apoyo de su club. Y, comenzando por su editor, a muchos de los que os estáis expresando en La Galerna, quizá de forma inconsciente, se os está poniendo cara de serlo. Un abrazo.

  2. Antonio, tu artículo es extraordinario en todos los sentidos. Aplaudo la iniciativa de hacernos conocer y/o recordar, según corresponda, lo que ha sido y sigue siendo el FC Barcelona. Un club cobarde y mentiroso, que prefiere acusar a otros de lo que ellos hacen, pero siempre de manera ruin e infame.

  3. Qué revelador acontecimiento y qué desenmascaradora historia. Una pena que, efectivamente, el club esté más preocupado de estupideces y zarandajas que de hacer una labor documental seria sobre más de un siglo de historia.

  4. Maravilloso artículo D. Antonio, la historia la conocía aunque no con tanto detalle, artículos así hacen mucho bien al Madrid y al madridismo. Porque como dejemos a los anti madridistas escribir la historia -ESTAMOS MUERTOS-

  5. @fantantonio, no sé si es usted escritor pero este artículo le ha salido bordado, tanto en el contenido como en la forma, de lectura fácil y amena. Cojonudo, siendo yo de poco leer de un tiempo a esta parte, ja, ja.

    Totalmente de acuerdo también con lo dicho por MMatamoros, mi Virgilio particular -aunque él no lo sepa- en el infierno en que quieren convertir el RMCF. No creo que sea una cuestión presupuestaria el no poner orden y concierto en nuestra historia, que parecemos tontos. Y mientras tanto el enemigo -la institución más fullera del mundo- y sus voceros diciéndonos quiénes somos. Lo dicho, tontos del culo.

    Pues nada, un saludo a todos y reiterar que lo escrito me ha gustado mucho.

  6. Buen articulo, tocayo. Enhorabuena!
    Creo que merecería la pena difundir más estos desconocidos detalles de nuestra historia, de la historia del Real Madrid. Este articulo tuyo es tan espeso que creo daría para varios capítulos más sintetizados.

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" (...) mi madre había fallecido diez meses antes. El levantar la Copa, estando como estaba mi padre en el estadio, fue algo increíblemente emotivo para mí. Es un momento que vivirá conmigo para siempre".

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