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La esencia del juego

La esencia del juego

Escrito por: Antonio Escohotado22 noviembre, 2020
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Me pareció genial la alineación y la idea de partido planteada por ZZ, para responder a otra de las ocasiones donde la enfermería, la falta de rodaje y el cansancio presentaban el lance como poco menos que perdido de antemano ante el temible Villareal de Parejo y Gerard. Gracias a ambas cosas tuvo a los dos minutos el premio del gol, tras una de esas jugadas increíblemente largas del Real, donde la clase de algunos permite mover el balón en las cuatro direcciones, hasta terminar por una vez en una asistencia perfecta de Carvajal, de nuevo el carburador incansable, que Mariano cabeceó inapelablemente.

Mariano demuestra el valor del ímpetu puro combinado con discretos dones para la precisión, capaz de meterle el segundo gol al Barça que empezó a asegurar la Liga pasada, y esta tarde logró colarse cincuenta metros a trancas y barrancas, confiando acertadamente en posibles fallos del contrario –cosa reservada a los entusiastas extremos–, hasta dejar un balón de gol a los pies del esforzado Lucas, una vez más incapaz de hacer lo que quizá le hubiese resultado sencillo a Hazard, Benzema o Rodrygo. Ambos insisten en seguir vistiendo de blanco con exhibiciones de entrega, aunque Mariano tiene más gol y capacidad de desequilibrio, y hubiese ganado el partido si por una vez Courtois no hubiera regalado el penalti.

Lucas lo intenta e intenta, sin poder evitar que el mal pase o remate vuelvan a repetirse, terminando cada decepción con el palmeo de una mano sobre la otra, y mérito tiene tanto tiempo de jugar al súper nivel cuando la desconfianza o una brújula desajustada le impiden tan a menudo lograr cosa distinta de emular al correcaminos, aunque sería injusto negarle capacidad para intervenir en el gran rondo de los buenos momentos, porque sabe recibir y devolver adecuadamente.

Lucas Vázquez

Ødegaard volvió a mostrarse gélido a mi juicio, impecablemente aseado en los pases y el juego a uno o dos toques, pero demasiado adepto a darlos en horizontal o hacia atrás, sin atreverse al uno contra uno e incluso a entrar con paredes, que se habría quedado solo al borde del área pequeña si en su única oportunidad hubiese tirado de frialdad en vez de precipitación. Son cosas de muchacho, por lo demás, y bien podría tener por delante una carrera tan excepcional como su precocidad. A Hazard y Mendy les daría un 5 pelado, al primero por reservón y al segundo por quedarse en blanco aquí y allá, y del glorioso Kroos me irrita que volviese a perder un balón por blandito, cuando el resto de su juego y figura recuerdan al acero. Vinicius no dio una a derechas, sin tampoco incurrir en fallos memorables, y a Isco volvieron a sobrarle toques de balón tanto como le faltan presencia sobre el terreno y definición, porque hace tiempo no está en su mejor versión.

En definitiva, el Real hubiese merecido ganar si no le sobrasen descosidos aquí y allá, que lógicamente penalizan. Confieso, sin embargo, que vi el partido con la sonrisa puesta, enamorado de las habilidades al alcance del último balón de oro madridista. Esta tarde volvieron a desplegarse como la cola del pavo real, haciéndome recordar que el fútbol y el rugby nacieron oficialmente en 1845, uno llamado juego de regatear (dribling game) y otro de correr (running game), porque ambos consisten en grupos que llevan la pelota de una portería a otra. Modric enseña a hacerle justicia a esa diferencia, cuando tantos futbolistas se ven llevados a correr en lugar de driblar. No él, que de paso está en todas partes.

 

Fotografías Getty Images. 

Escritor de una veintena de obras de referencia, como Historia General de las Drogas, Caos y Orden o Los Enemigos del Comercio. Su hijo Jorge administra sus RRSS. @aescohotado

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