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El hecho diferencial

El hecho diferencial

Escrito por: Pepe Kollins9 abril, 2016
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“Si sois iguales” es un latiguillo muy utilizado por aficionados neutrales para referirse tanto a F.C. Barcelona y Real Madrid como a sus respectivos seguidores. En teoría la equiparación se establece por el hecho de que ambos disponen de un potencial descomunal, lo cual, según ese argumento, impide que cada caso derive en matices diferentes.

Pero no es cierto. No somos iguales.

No lo somos porque, para empezar, el Real Madrid y sus aficionados nunca han excedido el ámbito de lo deportivo. El Barcelona, en cambio, es desde su base un hecho político, su fortaleza radica en la adhesión popular a un relato simbólico, en clave nacionalista, que representa la realidad catalana a partir de la futbolística. Según la proyección mayoritaria de los barcelonistas autóctonos, el Madrid representa la España centralista que les oprime. En su imaginario se atribuyen, como hace todo nacionalismo consigo mismo, el papel de pueblo elegido pero privado de su libertad y gloria sometido bajo el yugo del poder español, para el caso que nos compete el madridista, que utiliza todos sus resortes para imponerse. “Si no somos los mejores es porque no nos los permiten”, ha sido el resumen de su discurso durante décadas.

Hasta no hace mucho el Barça postulaba su presunta superioridad reivindicando esa ficción. A falta de un palmarés –que ya era óptimo pero no estaba a la altura de la desmesura del guion planteado– recitaban mantras que, generación tras generación, reincidían en la misma idea: aunque no ganemos somos los más grandes.  El universo azulgrana hacía hincapié en ser el primero en todas aquellas cimas que aún podían hollar. Presumían de ser los que tenían el campo más grande, los que contaban con más socios, los que fichaban a la estrella del momento, los que acumulaban más dinero o los que disponían de más secciones. De hecho el enorme sacrificio, a modo de déficit que cada año generan las secciones azulgranas está justificado también en su necesidad de liderazgo. En cuanto no pueden erigirse en el mejor club de fútbol del mundo, porque ese honor ya lo copa el Real Madrid, utilizan la vía de mejor club polideportivo por medio de las muchas disciplinas en las que participan y a las que refuerzan con una transferencia balompédica que da consistencia a su relato.

La alta estima del Real Madrid no provenía de una leyenda, estaba forjada en algo tangible, en todas aquellas copas que abarrotaban sus vitrinas como un botín vikingo tras arrasar Europa. El Real Madrid se limitaba a ser un club de fútbol sin ningún interés por representar a un territorio, pues desde la óptica merengue sus dominios eran todos aquellos que alcanzaban sus victorias. Si alguna vez la grada del Bernabéu ha botado contra los orígenes del contrincante no ha sido como una reafirmación territorial sino con una intencionalidad meramente provocadora, por dar dónde más duele, a sabiendas precisamente del valor que le da su rival a esa circunstancia. Ni el madridismo pretende encarnar una idea particular de régimen o de país, ni su rival deja de ser más que un adversario al que, efectivamente, desea ver perder hasta el puente aéreo, pero siempre sin trascender otros órdenes que el estrictamente futbolístico. Y eso tiene sus consecuencias.

estelada camp nou

Para empezar, con respecto a la priorización de lo colectivo frente a lo individual. Toda vez que el Madrid no dispone de una causa exógena que le sirva de estímulo, sus triunfos han servido para la consagración de sus héroes, unos jugadores a los que el madridista ha idolatrado hasta los límites de la santidad. Hemos visto más de una vez a la afición del Real Madrid amparar a alguno de sus ídolos en plena decadencia, por más que su titularidad fuera lesiva para el equipo. El Real ha sido siempre un club de futbolistas y por ello sus distintas generaciones han sido bautizadas haciendo referencia a un jugador o algún colectivo de los mismos (El Madrid de Di Stefano, los ye-ye, los García, la Quinta del Buitre o los Galácticos).

En el Barcelona la preferencia no es ya el club sino la idea que subyace al mismo. Un concepto que nada tiene que ver con la pelota y que es de tal trascendencia para la comunidad azulgrana que no solo se antepone a cualquier futbolista, sino que justificaría cualquier línea de actuación por más que fuera en contra de las normas o de la ética. Si hay que montar un sistema generalizado de fraude al fisco como se hizo en los noventa por medio del pago de los derechos de imagen a empresas interpuestas en el extranjero se hace, si hay que infringir reiteradamente una norma de exhibición de emblemas no permitidos por la UEFA tampoco se duda, si hay que traicionar la palabra dada al resto de clubs en las votaciones para la presidencia de la FEF para ganarse futuros favores hasta se presume de ello, porque la causa patriótica está por encima de cualquier orden moral o normativa y por tanto todo será justificado o cuando menos disculpado.

La segunda consecuencia que se deriva de esta divergencia de perspectiva  -política/apolítica- es la aceptación de la derrota. Porque si para el madridista y el barcelonista la victoria es una misma ambición, la derrota no es asumida por igual.  En la actualidad,  en una etapa de mayor sequía, el aficionado blanco se retuerce cada vez que su equipo es batido. Una repulsa que algunos pretenden señalar como la inspiración de las victorias pretéritas. Pero no, no es igual creer en la victoria en cualquier contexto y hasta el último segundo –lo que en esencia es el Real Madrid– que adoptar la frustración como pretendido impulso para volver a triunfar. Las ganas de vivir un segundo más no son lo mismo que el deseo de no morir. Y el caso es que hoy el madridismo sobrelleva de una forma insoportable hasta un mero empate.

Contrariamente, el Barcelona siempre ha encontrado consuelo en la derrota. Obviamente, para el aficionado del Barça perder duele y mucho, pero es como esa inyección analgésica que primero hace daño por el pinchazo pero luego te apacigua en el reencuentro con tu propio cuerpo sin dolor. Para el barcelonista ser derrotado es volver a reactivar el significado más preciado de su institución: la denuncia de los virtuosos doblegados por la tiranía, la mano negra, la caverna, el espíritu de Franco, el césped alto, el linier anónimo que fue presionado y denunció con testaferro, el infame contrataque y la España negra de Torquemada, cuyo último eslabón es el Real Madrid. En definitiva: ellos ganan cuando ganan pero también ganan cuando pierden.

La tercera consecuencia es la emocional. A la mayoría de aficionados del Real Madrid, pese a ser honestamente antibarcelonistas, nos sorprende el grado de inquina que a veces demuestran nuestros rivales en cualquier ámbito. Cuando uno contempla la rabia desacomplejada de los medios de comunicación de Barcelona hacia el club de Concha Espina superando cualquier límite aceptable, o cuando compruebas los ataques de sus directivos hacia el Real Madrid como respuesta al respeto mostrado por la dirigencia blanca en periodo de luto azulgrana, o cuando reparas en que no se permite a unos niños de la cantera del Barça hacerse una foto con el embajador de un torneo por ser un exjugador blanco, te das cuenta de que para ellos no se trata de la disputa de un simple trofeo, sino de un ajuste de cuentas extradeportivo que han interiorizado en lo más profundo de su ego.

Sin duda, estos hechos diferenciales han dotado de una ventaja competitiva al club azulgrana, pero también le han acarreado inconvenientes paralelos así como ventajas para el bando madridista. Resulta llamativo que en los últimos once años, coincidiendo con el periodo dorado de la historia del barcelonismo, el Madrid sea, cada temporada e in crescendo, el club con mayores ingresos del mundo. Esta circunstancia es la consecuencia de la reafirmación del localismo del Barcelona frente al afán universal del Real Madrid. Si el club de la capital retiró de su camiseta la enseña rojigualda por considerar que el Madrid pese a ser un club español pertenecía a toda la humanidad, el F.C. Barcelona no solo incorporó la bandera catalana sino que directamente la transformó en camiseta.

Hemos sido testigos de la alegría suscitada por la Décima en todo el planeta con una efusividad independiente del lugar de la celebración. El mundo también presencia cada semana cómo el público del Camp Nou  se manifiesta con unas consignas de carácter político legítimas pero con las que resulta complicado empatizar fuera de ese ámbito. Hasta hace dos décadas, los clubs de fútbol basaban sus ingresos en la  economía de cercanía (la  masa social y el taquillaje), pero en la actualidad, inmerso el mundo en un proceso de contracción irrefrenable, el público ya no es local sino global. Así que la  reflexión es inevitable: si la marca Real Madrid hoy vende más pese a la hegemonía deportiva de su rival ¿Qué sucederá cuando el factor astral encarnado en su máxima estrella les falte?

La lógica nos invita a pensar que el Barcelona, tras la retirada del elegido y “el que eligieron”, y por consiguiente con menos éxitos y recursos, tenderá de nuevo a buscar cobijo en su relato simbólico, lo que aún retroalimentará más las distancias. El Madrid, en cambio, seguirá creciendo en la fortaleza de quien se refleja no en un argumento tribal, sino en la suma de todas aquellas personas a las que lo único que les obsesiona es luchar hasta el último segundo y ante cualquier adversidad, con independencia de dónde sean.

 No, no somos iguales. Y por ello más pronto que tarde volveremos a ganar.

Pepe Kollins
Redactor jefe de La Galerna @pepekollins

33 comentarios en: El hecho diferencial

  1. ¡Qué grande eres, Pepe! Se puede decir más alto, pero no más claro. Has explicado con claridad meridiana lo que nos diferencia del Barcelona. Este artículo, junto con el de Jorge (MrSambo), en el que enumera los múltiples escándalos blaugranas, son el dossier perfecto para entregar a todo aquel que sigue pensando en aquello de 'més que un club'. "Ellos ganan cuando ganan pero también ganan cuando pierden", frase que lo resume todo. Está claro que el Real Madrid sí es un club señor. Real Madrid 10 - 0 Barcelona.

    La cuestión ahora es cómo vivimos en el madridismo nuestras victorias y derrotas. Si nos abstraemos de los rivales, los madridistas en muchas ocasiones (por no decir siempre), somos nuestros peores enemigos. Pero eso daría incluso para un artículo, así que mejor lo dejo aquí. A fin de cuentas, yo he venido a hablar de... de este pedazo de artículo. ¡Enhorabuena, Pepiño!
    Hechi

  2. En general estoy bastante de acuerdo con tu exposición. Sin embargo empiezo a ver en algunos madridistas también cierto consuelo en la derrota, y si no consuelo sí cierta aceptación o tal vez autocomplacencia alimentada en lo que fuimos. El mejor club del siglo XX y que el Madrid siempre vuelve, pero lo que es cierto es que el barsa lleva unos años recortando títulos a pasos agigantados y a muchos parece que no afecta. También me da vértigo ese ser feliz porque somos del Madrid como leo bastante por aquí, ya que amenaza con convertirnos en un atlético, un Valencia o un Sevilla, equipos y aficiones que también son felices y se contentan con pillar de vez en cuando un título.
    Tengo miedo de que en nuestro inconsciente colectivo se vaya metiendo la aceptación de la derrota constante como algo natural, cuando si algo ha caracterizado al Madrid era precisamente lo contrario. Se puede perder y tener temporadas malas, pero no se puede aceptar la derrota y las temporadas en blanco con alegría porque somos del Madrid. A este paso me veo que la felicidad la diferiremos a los mercados de verano por aquello del subidón que dan los fichajes de los cromitos y eso mientras haya muchos ingresos, porque el peligro de perder la hegemonía durante mucho tiempo tiene un coste a largo plazo y es que las nuevas generaciones serán mayoritariamente del barsa porque los niños siempre se hacen del equipo ganador y dentro de España puede que no se notara tanto porque también está el componente sentimental de ser del equipo de tu ciudad, salvo excepciones, pero fuera de España el mercado futbolístico lo marcan los títulos, los equipos dominadores y ahora mismo y desde hace demasiado tiempo ese equipo es el farsa.
    Saludos

    1. Amen. De tanto perder nos estamos acostumbrando y a mi eso me subleva. Más cuando uno ve que la mayoría de las veces, no se pierde porque el rival sea superior, si no por desidia, apatía, indolencia y auto complacencia. Eso jamás lo vi en el Madrid antes. Ahora, de una década acá, me estoy hartando de verlo. Nadie pone remedio y los cánceres no se curan con aspirinas.

      1. Aplaudimos a esta panda de perdedores. Que cobran como verdaderos cracks y se les exige como si fueran clase media-baja. Les justificamos la desidia y la falta de profesionalidad y compromiso y culpamos a la afición de que no está a la altura y a los entrenadores de que o son muy blandos o son muy duros, pero ellos siempre se van de rositas. Título tirado tras título. Eliminatorias vergonzosas y luego vienen a pedirnos el apoyo. Lo que tienen q hacer es darlo todo en el campo y en los entrenamientos, y estar comprometidos con el Real Madrid y el que no lo esté a la puta calle. Si un equipo lo da todo el apoyo de la afición es incondicional. No te jode ya tanta tontería de invocar espíritus y aficiones. Si lo que tienen que ganar esto son ellos, no los espíritus ni la afición, Y no dudo de que la afición tiene un papel importante, pero joder, dadnos algo que nos haga comulgar con vosotros y no ese arrastrarse por los campos.
        Y luego ya si también hacemos alineaciones indebidas pues eso, que estamos instalados en la desidia y el caos. Este club hace mucho tiempo que parece la casa de Tócame Roque.
        Saludos

    2. Uxi, este artículo no es una justificación a la actual situación. Tan solo definía la esencia que, creo, impulsa a ambos clubs. Y creo que nuestra inercia (la perspectiva con la que vemos al club) a la larga nos será favorable, pero obviamente que también pienso que se ha de hacer mucho que lo que se está haciendo en la actualidad.

      De hecho si algo ha pasado en los últimos años es que hemos perdido ese afán competitivo que nos caracteriza.

      Saludos

      1. Por eso dije que estaba en general bastante de acuerdo contigo. Pero me tocó la fibra lo del consuelo en la derrota de los culés, q era cierto, ahora no sé si tragarían con ello porque han conocido las mieles del éxito. Pero lo que empiezo a sentir en una parte del madridismo es también un consuelo o una aceptación de la derrota como algo demasiado natural, y empiezo a ver muchas excusas y eso me enerva. Me subleva, porque ni el Madrid ni el madridismo hemos aceptado nunca la derrota sin rebelarnos. No es nada contra nadie, pero es que me tienen muy quemado este grupo y me cuesta darles nada que se pueda tomar como una coartada y que esto siga igual otra temporada más. O traen un título o que se vayan a esparragar los capitanes y alguno más y el presidente que ha permitido todo esto.
        Saludos

  3. Cierto es que , demos gracias al Creador, somos muy diferentes al Barceroba y así debemos seguir, pero también es cierto que el Madrid debe de cambiar de hábitos o nos acabarán comiendo por los pies. Nuestro galeón navega en un mar infestado de piratas y no se puede combatir contra ellos aplicando las mismas normas que aplicaríamos en enfrentamientos contra navíos de su graciosa majestad británica En definitiva, si hay que jugar en un césped embarrado. es preciso mancharse de barro como el que más, tanto nuestros jugadores como nuestros dirigentes.

  4. Me gustaría aclarar que este texto no es ni una justificación de la situación actual del Real Madrid ni un ataque al FC Barcelona.

    He tratado de exponer con la mayor honestidad la idea motriz de cada club: el deseo enfermizo del Real Madrid por creer en la victoria (de lo cual se hacía eco esta misma semana el diario Sport tachándonos de enfermizamente ingenuos) y la lectura reivindicativa de carácter político del FC Barcelona.

    Luego, admito que hay en la última parte del texto una conclusión personal, subjetiva, que podrá ser compartida o no, con respecto a las consecuencias futuras de esas inercias. Pero, obviamente, hay otros factores que han determinado lo que son los dos clubs a día de hoy, más allá de sus impulsos esenciales.

    Y dos apuntes más:

    Por lo que respecta al FC Barcelona, comprendo que a los aficionados del Barça de fuera de Cataluña les cueste entender este concepto.

    Por lo que respecta al Real Madid, puede que, precisamente, estos últimos años nos hayamos alejado de esa idea inicial de, cuando menos, luchar hasta la extenuación.

  5. Como madridista y separatista (sé que soy un anatema para muchos de vosotros, pero, creedme, lo soy mucho más para los culés) , totalmente de acuerdo con el artículo. A lo que añado: la identificación fútbol-política todavía toca mucho más los cojones si vives por estas tierras. Y eso que, ya os lo podéis imaginar, estoy en las antípodas políticas de la mayoría de vosotros. Hala MadriT, y nada más.

    1. Buenas tardes Ferrán, en primer lugar agradecerte que seas madridista, se, no por experiencia
      personal, pero si por testimonios de madridistas, que viven en Cataluña y otros sitios, lo difícil
      que es dar testimonio público de tu simpatía por el club blanco. Personalmente creo que tu caso
      no es único, dado que en Cataluña según las encuestas hay casi 1.5 millones de personas que
      en privado confiesan su amor por el Madrid, conozco incluso algún caso de seguidores de
      Izquierda Republicana, que son forofos blancos y están hasta el gorro del mamoneo y politiqueo
      azulgrana y pasan de lo políticamente correcto, como de comer mierda.
      Para terminar, decirte que no se porque comentas que estas en nuestras antípodas políticas,
      seguro que hay muchos madridistas que consideran que reconocer el derecho de autodeterminación
      es el primer paso para resolver el problema territorial que hay en el Estado Español, tal como
      dice la O.N.U. en su carta de derechos humanos, no te enfades por lo que te voy a decir pero
      Comunero esta deseando perderos de vista cuanto antes mejor.
      Saludos blancos, castellanos y comuneros

    2. De anatema nada Ferran. Conozco a más de uno y de dos forofos madridistas catalanes que comparten tu misma pretensión política lo cual reafirma aún más lo que he explicado en este texto. Yo vivo en Barcelona y como bien sabes en Cataluña los madridistas no somos mayoría pero si somos legión (según la propia Generalitat más de un millón). A lo largo de los años he conocido a catalanes madridistas de todo tipo: de derechas, de izquierdas, centralistas, federalistas, separatistas, apolíticos, católicos, musulmanes, evangelistas, aficionados a los toros, antitaurinos, carnívoros, veganos, etc...

      Te cuento una anécdota: en cierta ocasión pasé unos días en un pueblo de la Terra Alta en Tarragona que debería tener en torno a 500 habitantes, casi todos dedicados a la agricultura. Eran gente de "comarques" muy alejados de los urbanitas de Barcelona, todos ellos cerradamente catalanoparlantes, a tal grado que a algunos de ellos les costaba esfuerzo hablar en castellano. Y cual fue mi sorpresa cuando me dijeron que el 90% del pueblo era del Real Madrid. No sé si era por rechazo al "centralismo" de Barcelona (cosa que sucede en algunas zonas del interior de Cataluña), pero chocaba ver a tanta gente de ese perfil identitario con sus camisetas, llaveros y emblemas del Real.

      Yo personalmente no coincido con tu ideología pero como madridista eres uno más.

      Saludos

  6. Así de claras las diferencias. Si uno de los nuestros participa de un delito menor como andar a velocidad de F1 por Madrid se montan una fiesta, pero si tienes defraudadores no solo no los denuncias si no que los incubren. Semos diferentes canta Sabina. Somos diferentes y por esa misma razón no debemos culpar al árbitro de la casi eliminación de champions, debemos denunciar su mala actuazión y levantar la voz, sí, alto y claro. Pero somo diferentes por eso debe este club buscar solución a esa abulia que se contagia desde el césped, a ese conformismo con la situación, a ese no saber manejar las emociones y no tener capacidad de respuesta ni física, ni emcional, ya que la futbolística es tan difícil conseguir. Somos difierentes porque la palabra FE es mas poderosa que la palabra política, y que valors, y de eso está hecho este club y su afición la compartimos. Fe inquebrantable en que hemos sido y seremos los mejores.

  7. El artículo es impecable en la descripción del "fenómeno propagandístico" en que consiste todo el entorno del FCB. Es muy semejante a la política de la extinta RDA, Cuba, China e incluso la URSS, que recurrían al deporte para obtener el reconocimiento a su "statu quo" político, competir en influencia global mediante el eco de sus éxitos deportivos y rentabilizarlo en forma de control de cualquier tipo de desviacionismo o disidencia internos sepultando cualquier manifestación de esta índole con récords del mundo y medallas. Para ello no les importó utilizar cualquier medio (doping, entre otros, incluyendo embarazos programados con abortos posteriores como hacían con las deportistas de la DDR) si ello contribuía a su fin... Se ha llegado incluso a penetrar en la conciencia de las buenas gentes mediante la manipulación más ladina, como el caso de Unicef por ejemplo y su extraña complicidad en la archiconocida esponsorización, permitiendo la apropiación del simbolismo de la infancia y dejando al FCB presentarse ante sus rivales como el equipo de los niños del mundo (todavía recuerdo la repugnante crónica de Ramón Besa, nada sospechoso por otra parte, es culé confeso, en El País, en la que afirmaba la imposible comparación entre Messi y Cristiano cuando uno lleva el estandarte de la infancia en su camiseta y el otro, una casa de apuestas...era la época de Bwin). Tendría todo el sentido que Unicef esponsorizara una Liga, un campeonato del Mundo o de Europa, pero no dejar que un equipo mercadee con su logo en exclusiva, obteniendo réditos prostituyendo conceptos de generosidad, solidaridad, etc., y transformándolos en el más despreciable marketing. Yo, como portador del genotipo madridista, me veo totalmente reflejado en el fenotipo aquí descrito: universalidad, circunscripción de mi condición de madridista al entorno exclusivamente deportivo y búsqueda de la excelencia mediante la competición más exigente y la no aceptación de la derrota. El resto... son otras cosas. Enhorabuena por el artículo.

  8. No suelo ser puntilloso por no parecer pedante, pero como en el encabezamiento pone "madridismo y sintaxis", esta vez lo diré: hollar, no ollar.
    Un saludo.

  9. Me di cuenta de la agenda política del Barcelona cuando Guardiola dijo aquello de: "Nosotros somos de un sitio, de un país llamado Cataluña ahí arriba y estamos ahí. Nosotros pintamos poco en todo esto". No soy de España y en mi caso se aplica lo que explica el texto, es difícil (ya es imposible) sentirme identificada con las causas que defiende el Barcelona.

    Afortunadamente, conocí al Real Madrid, recuerdo perfectamente porque me hice hincha de este equipo y no lo cambiaría por nada.

  10. Formidable artículo, me pongo de pie.
    Que ganas tenía de leer algo así. Siempre he defendido que el Real Madrid es un club de fútbol apolítico, por más que la gente antimadridista se aferre al concepto del Madrid como club "facha". Aquí cabemos todos: de derechas, de izquierdas, animalistas, de los verdes, más españoles, menos españoles, ciudadanos del mundo en general y todo aquel que se sienta atraído por una historia y unos colores. Todos serán bienvenidos, bajo mi punto de vista, sin necesidad de adoctrinarlos con un pensamiento único.
    Hala Madrid y nada más.

  11. Estoy muy de acuerdo con el tono general del articulo, porque define muy claramente las diferencias entre el perfil de un club y el otro.
    Respecto a los que se sienten tan desesperados por la situación actual, estaría bien recordar que a mediafos de 1994 era muy parecida. El Barcelona cabalgaba hacia su cuarta Liga consecutiva, nos había ganado 5-0 en su campo, y lo peor es que acababa de ganar su primera Champions hacía dos años: la tendencia parecía irreversible... Respondimos después ganando, en ocho años, tres Ligas y tres Copas de Europa, devolviendo las cosas a su lugar natural.
    Ninguna racha dura para siempre. Y la risa va por barrios. En aquel momento teníamos a Prosinecki y a Spasic. Hoy tenemos a Ronaldo y a Bale. Se acercan momentos de gloria, de nuevo. Somos el Real Madrid.
    Porque, como dice el sr. Kollins, lo que nos caracteriza es que no nos rendimos por muy mal que estén las cosas.
    Un saludo.

    1. Nada q ver el dominio del barsa de Cruyff del de esta época. Una champions les contemplaban y 4 títulos de liga seguidos, de los que tres los ganaron en la última jornada, dos en Tenerife que nos tangaron por toda la patilla y la otra en Coruña. Así es q el dominio de ese barsa no fue tal aunque la prensa la vendía como la hostia. No se paseaban por España y mucho menos en Europa, una champions por todo lo alto. Y tampoco sería justo comparar aquella plantilla del Madrid con la actual, que se supone que es la hostia.

      1. El problema es que entonces el Madrid no estaba ni entre los 6 mejores de Europa, no había un duro en la caja, y mientras unos iban comprando Baggios y Romarios, nosotros ibamos buscando la calderilla que se queda entre los asientos del coche para comprar Freddy Rincones, Esnaideres y Duboskys.
        Mucho pero entonces, sin duda alguna.

  12. Por cierto para que no se nos acuse de "hablar por hablar" y no aportar pruebas, adjunto vínculo del artículo publicado en El País en el que Ramón Besa, el imparcial cronista de cámara del angelical y seráfico FCB, escribe sobre la zamarra de Unicef de Messi y la casa de apuestas de Cristiano... Además incluye un párrafo con una sonrojante justificación de la derrota del "equipo de los cielos" más propia de un dipsómano en pleno delirium tremens que de un periodista medianamente objetivo...http://elpais.com/diario/2010/11/28/deportes/1290898803_850215.html
    Abzs

  13. Añado que cualquier implicación política que se le ha atribuido al Real Madrid ha sido siempre hecha por nuestros enemigos, para menospreciar los éxitos, o para mancillar nuestro nombre.
    El Madrid siempre ha negado cualquier simpatía por el régimen franquista, siempre ha sido apolítico, a diferencia del Barcelona, que siempre ha implicado en esa ideología nazionalista-victimista.

  14. Hay otro tipo de madridista que últimamente abunda mucho: no es que sienta consuelo con la derrota, o aceptación, si no desea que perdamos. La involución del madridismo.

  15. Me reafirmo en que el Barça es la institución más tramposa, traidora, cobarde y corrupta que han visto estos ojos y que está sustentada por el gremio de los periodistas, la segunda profesión peor considerada por los españoles después de los jueces, y por The Ali-Baba's Boys de la RFEF, la UEFA y la FIFA.

    Ahí es nada. Y aquí seguimos, amargándoles la puta vida.

    ¡¡HALA MADRID, ARSCHLOCHS!!

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