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Ricardo Gallego: "Pondría a Bale por la izquierda"

Ricardo Gallego: "Pondría a Bale por la izquierda"

Escrito por: Jesús Bengoechea11 junio, 2015
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Una tarde de primavera, una terraza en una plaza recoleta en el centro de Madrid y un héroe de la adolescencia. Uno habría soñado con ser el espontáneo que coincide en la mesa de al lado y al término de la entrevista se acerca a saludar como una groupie enfebrecida, pero resulta que los sueños no tienen pudor y uno es, de hecho, el periodista que hace la entrevista. No hay, pues, necesidad de actuar como el señor mayor que efectivamente se acerca al término del encuentro para decir cuánto te admiro, Ricardo. Hubo un quinto Beatle y hubo un sexto (o séptimo) hombre de la Quinta al que solo hay necesidad de preguntar cosas y escuchar. Habla como jugaba: una extraña amalgama de sutileza y suficiencia, de precaución y asombro, de pausa y desboque. Posee un carisma peculiar. Su antológico apodo -concluye uno- es un equívoco, porque no es sosería sino simple casticismo (el madrileño de las caricaturas habla y bebe despacio) cuando cambia el juego dialécticamente también. Si existiera un nacionalismo madrileño, Ricardo Gallego sería nuestro Xavi Hernández de leyenda, pero afortunadamente no hay tal cosa y solo hablamos de un estupendo jugador, quizá eclipsado en el inconsciente colectivo por la efervescencia mediática de la Quinta en sentido estricto. Nos habla de las míticas remontadas europeas, de la temporada concluida, de Bale, de las redes sociales, del gol más lento de la Historia del fútbol y del más injustamente anulado. 

P: Me gustaría empezar cotejando mis recuerdos con los tuyos. La primera vez que fui al Bernabéu fue para ver un Real Madrid-Málaga. Tenemos que  estar hablando del año 83 más o menos, o incluso antes. Jugabas tú, jugaba Pineda… Y Juanito, entre otros.

R: Sí, sería por esas fechas entonces.

P: Fue un empate a cero. No pasaba absolutamente nada en aquel partido. Yo no sé cómo volví al fútbol después. Como primera toma de contacto con un estadio, la experiencia dejó mucho que desear. Pero de pronto sucedió algo extraordinario, y lo hiciste tú. A lo mejor yo he idealizado el gol, pero mi recuerdo es que le pegaste desde Padre Damián,  poco más o menos.

R: Ah, sí. Un golazo. ¡Me lo anularon!

P: Exacto. Lo tengo clavado en la memoria como una injusticia de las que sacuden tu infancia. Para una vez que ocurría algo en el partido…

R: El árbitro, que era un canario cuyo nombre ahora no recuerdo, pero que es el actual delegado de Las Palmas, lo anuló por fuera de juego posicional de Pineda. Tiré desde muy lejos y desde el frente izquierdo del ataque, y Pineda estaba en fuera de juego en la esquina derecha del área grande. Hoy sería imposible que lo anularan. Para empezar, la norma ha cambiado. Yo que no metía muchos goles, y mucho menos desde fuera del área, para uno que meto me lo anulan.

P: Tú metías pocos, pero preciosos. Me acuerdo de otro que marcaste en un partido de la selección.

R: En Suiza.

P: Ese. ¿Te acuerdas? Llegaste andando delante del portero.

R: Sí, Un contragolpe en el mediocampo. No me entraba nadie y yo seguía, seguía hasta que me planté delante del portero. Y los defensas seguían tapando a mis compañeros para que no les pasara. Le amagué. Creo recordar que le hice andar un par de pasos de rodillas, y luego se la piqué.  Ese es el recuerdo que yo tengo. Fue un gol extraño.  Fue el primero, no, el segundo que metí con la selección, de hecho solo metí dos y este fue el segundo. El primero lo metí en el debut en Valencia, contra Escocia. El que recuerdas fue un amistoso en Suiza, ganamos 0-4 y fue, creo, el segundo gol. Pero sí, fue un tanto curioso porque el portero y yo estuvimos cara a cara un buen rato, al final estaba de rodillas, no sabía qué hacer.

P: Un gol increíble. Tan lento, tan parsimonioso, tan elegante que no podía ser verdad. ¿Lo tienes grabado?

R: Qué va. El único que puede tener esos goles grabados es TVE. Hubo una persona que me envió un DVD con todos los goles míos que pudo conseguir, pero eran todos del Real Madrid, no de la selección. No consiguió todos pero sí la mayoría. Tampoco es que fueran muchos, fueron alrededor de 23, o algo así, y él consiguió hacerme un DVD con casi todos, pero no aparecía ninguno con la selección.

P: En la selección jugaste como líbero. Concretamente recuerdo el Mundial de México. No sé si fue la primera vez que jugabas de líbero o ya venías ocupando ese puesto…

R: Qué va, qué va, había jugado incluso en el Europeo de Francia, en el 84, me utilizaban de todo, tanto en el club como en el equipo nacional.

P: Pero jugaste muy bien ese Mundial de México en ese puesto. Te seleccionaron en el equipo ideal de la Copa del Mundo.

R: La verdad es que jugué muy cómodo. Empezamos con problemas ese Mundial, el famoso mal de Moctezuma . En el primer partido yo no estaba ni siquiera en la lista, porque antes sí que había que dar una lista cerrada para cada partido, me parece que de 16, y los demás nos quedábamos fuera y yo no pude entrar. Luego se lesionó Maceda, se tuvo que venir para España. Bueno, se lesionó no, recayó de la lesión -le habían operado la rodilla- y me dijeron “pues ahora te toca a ti”.

P: ¿Y en el Madrid jugaste de líbero cuándo?

R: Siempre, daba igual, en la temporada que tú quieras. Desde la primera hasta la última. En todas disputé algunos partidos en esa posición.

P: Por ejemplo cuando llega Schuster al Madrid, ¿no? El primer año de Schuster es tu último año. Ahí coincidís.

R: Sí, correcto. Los dos titulares, él en el centro y yo de líbero. Luego llegó Toshack y empezó la pretemporada al revés, con Bernardo de líbero y yo en el centro del campo, pero enseguida me fui a Italia. Ese año solo llegué a hacer la pretemporada en el Madrid.

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P: Tienes un envidiable palmarés. Son cuatro Ligas, dos Copas de la UEFA, dos Supercopas de España y una Copa de la Liga. Aunque lo que la gente recuerda de ti y de tu papel junto a la Quinta, sobre todo, son las remontadas. Mi favorita es la del Borussia, ¿es también la tuya?

R: No. Prefiero la del Anderlecht. Y una de las del Inter también está muy bien. Porque al Inter le remontamos dos veces. Una de ellas fue un 3-0 y en la otra hubo prórroga, que acabó  5-1. Estuve en todas las remontadas excepto la del Derby County. También estuve en las que hace el Castilla para llegar a la histórica Final que jugamos contra el primer equipo. Ahí remontamos un par de veces. Después entré en la primera plantilla y el primer año llegamos a la final de la Copa de Europa, que  perdimos en Paris contra el Liverpool, con el equipo este que llama todo el mundo el de los García. Aquel primer año jugué hasta marzo y ahí me lesioné y me operaron del tobillo.  De hecho a la final de Paris fui porque era la final de mi equipo y fui a acompañar. Me habían quitado la escayola una semana antes, y se me ocurrió en el entrenamiento previo al partido tocar el balón por primera vez. Boskov me echó una bronca tremenda. “¿Qué haces tú aquí haciendo el bobo? ”. Y me dijo: “Hala, para fuera, por listo”. Así que me quedé sin ir al estadio.

P: Y en las remontadas, ¿de dónde salía la fe? Todo estaba en contra. La proeza del Borussia se lleva a cabo a falta de muchos titulares. Había muchos lesionados o sancionados, como  Gordillo, que estaba fuera por haber escupido en el partido de ida. No jugó Hugo Sánchez, que entonces ya era el delantero titular, y lo hizo Santillana en su lugar. La machada se hizo con futbolistas poco habituales como San José, Salguero...

R: San José sí venía jugando habitualmente. ¿Que de dónde sale la fe? Pues de la convicción, de saber que lo habíamos hecho otras veces y por qué no lo íbamos a poder hacer ahora de nuevo. Se trataba de jugar muy intenso, y utilizar los partidos anteriores para preparar el partido en cuestión. El partido previo lo usábamos para eso. Y nos daba igual, jugáramos contra quien jugáramos. “Oye, el próximo día hay que intentar meter tres goles en los veinte primeros minutos, o dos en la primera media hora, o lo que sea. Pues hoy vamos a intentarlo a manera de ensayo, a ver qué tal nos sale”.

P: Ah, ¿sí? ¿Lo hacíais así?

R: Sí. En ese partido de liga del domingo, que antecedía al de la presunta remontada europea del miércoles, lo que intentábamos era meter esos dos goles que el miércoles íbamos a necesitar en la primera media hora. Y nos llenábamos de confianza de este modo. “Oye, pues mira, lo podemos hacer”. Y de ahí sale nuestra convicción, y además así veíamos en qué nos podíamos equivocar, medíamos los riesgos. Porque todas estas remontadas llevaban consigo un riesgo; que no te pillen al contragolpe, que no te equivoques defensivamente, que no te metan un gol que pudiera ser fatal…  ¡yo qué sé!, cosas que había que preparar antes. En aquella época, a lo mejor me equivoco, porque han pasado muchos años, pero normalmente no se reservaba a nadie de cara a jugar luego ese partido decisivo. El domingo jugaban los que iban a ser titulares el miércoles, precisamente para poder ensayarlo todo bien. Si había un partido de liga, jugabas ese partido de liga, aunque luego el miércoles tuvieras que jugar la remontada; no se buscaba un ahorro de esfuerzos. El ritmo que te da un partido no te lo da el entrenamiento. Todos queríamos estar preparados. Y jugábamos el partido previo, ya te digo...

P: Con el mismo espíritu con el que ibais a afrontar la hazaña europea.

R: Efectivamente. La idea era que el domingo fuese un ensayo lo más fiel posible de lo que el miércoles sucedería.

P: Es interesante que comentes que no reservabais a nadie, que no rotabais, porque esto de las rotaciones, o de la falta de las mismas, ha sido -según algunos- el talón de Aquiles de este año aciago… Lo que relatas parece contradecir un poco esta tesis…

R: No, porque también te digo que nada tiene que ver lo de ahora con lo de antes. Ahora ellos juegan muchos más partidos que nosotros, por lo que sí se impone la necesidad de rotar. También es cierto que antes había un poco más de solidaridad. Cuando un partido estaba solucionado, algunos jugadores podíamos pedir el cambio para que entrara otro compañero. En aquella época cobrabas primas en función de que jugaras o no jugaras,  aunque fueran diez segundos…

P: Ah, claro…

R: Y por eso, cuando el partido estaba decidido, pedías el cambio para que entrara otro compañero, para que pudiera cobrar primas. Eso no pasa ahora. Las rotaciones que había entonces muchas veces tenían que ver con este factor. A veces esto de las primas te daba pie a descansar bastantes minutos al final de la temporada, asi que, sin quererlo, habías hecho eso que ahora llaman rotación. Y era una forma natural. No obstante, en cuanto a lo poco que rotó Ancelotti, no era tanto el tema de la rotación como el que tuvieras a otros jugadores que no usas habitualmente en condiciones de poder jugar cuando en un momento concreto los necesitas. Vimos partidos que ganábamos 4-0 y donde hubiera sido fácil introducir esos cambios para meter a los suplentes en las dinámicas de los partidos, ya que el resto de los minutos los podía jugar perfectamente cualquiera, sin