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El que se pica, ajos come

El que se pica, ajos come

Escrito por: Pepe Kollins21 noviembre, 2016
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Cuesta imaginar que un futbolista pueda controlar sus reacciones inmediatas tras la consecución de un gol. Los jugadores no son diferentes a los aficionados. Cuando la pelota cruza el umbral de la portería, la euforia que les invade es muy similar a la de cualquier otro seguidor. Piensen ahora en cómo reaccionan ustedes cuando su equipo marca un gol. Evidentemente la efusividad dependerá en gran medida de la relevancia del tanto, aunque rara vez la celebración estará exenta de cierta dosis de improvisación.

El domingo, Cristiano Ronaldo marcó tres goles. El primero lo celebró con su característico salto, extendiendo los brazos, mientras profiere el alarido que popularizó durante la entrega de su último balón de oro. El segundo tanto fue de penalti y lo firmó dirigiéndose a una cámara de televisión adoptando un gesto de reflexión en el que algunos han visto la pose de un jugador de ajedrez y otros la célebre escultura de El Pensador de Auguste Rodin. Y por último, el portugués coronó su hat-trick yéndose a un córner y haciendo la estatua, brazos en jarra, mientras miraba fijamente a los aficionados colchoneros.

Cristiano Ronaldo

Ese gesto le ha valido al crack madridista toda suerte de críticas por parte de muchos aficionados y periodistas, aunque todos ellos de dudosa neutralidad. A Cristiano se le acusaba de provocación, de actitud arrogante, de remover el dolor de una afición a la que el fútbol le debe una Champions. No pretendo engañar a nadie: el que suscribe estas líneas es de todo menos imparcial, pero no por ello falto a la verdad cuando afirmo que muchos recordamos a Bernd Schuster, Giovanni Silva o Mark van Bommel, todos ellos de azulgrana, marcándose un corte de mangas tras un gol al Real Madrid. Del mismo modo que hemos visto a Carles Puyol sacarse el brazalete y elevarlo hacia la grada del Bernabéu, a Messi encarando a esos mismos aficionados con el dedo sellando sus labios en actitud de mandarles callar, o recientemente a Busquets y Neymar insultando a los aficionados de Mestalla. Todas esas celebraciones, creo, resultan bastante más ofensivas que la acción de Cristiano Ronaldo (si es que esta lo fuese en algún grado) y no por ello aquellas dejaron de ser celebradas en muchos casos por parte de algunos sectores de aficionados y prensa, los mismos que curiosamente ahora reprochan al luso su gesto.

La celebración, la del último gol en el reciente derbi madrileño, tampoco dejó de ser un gesto espontáneo. Cristiano Ronaldo llevaba todo el partido recibiendo insultos por parte de la grada. Esto no debiera de ser una excusa ni tampoco una sorpresa. No hay un jugador en el mundo que reciba tantos y tan graves improperios como el goleador madridista. Tan solo llevaba unas semanas en España y ya se escuchaba a las gradas de los campos visitantes corear una letra que clamaba textualmente por su muerte, cántico que a la temporada siguiente también fue adaptado a su nuevo técnico con el que compartía nacionalidad. En el Calderón, de hecho, esta circunstancia ha ocurrido no pocas veces. Por supuesto un futbolista profesional debe ser ajeno a estos sucesos, por más que recibas ofensas de toda índole, calificativos homófobos o vejaciones de todo tipo, como sucedió este sábado, lo correcto es no responder con un corte de mangas, ni zarandeando el brazalete de capitán, ni mandando callar al público y ya no digamos insultándoles.

Pero es que Cristiano Ronaldo tampoco hizo nada de eso. Se dirigió hacia la zona habitual donde se celebran los goles, la esquina, y se plantó hierático delante del público. La pose apenas duró dos segundos. La escena se puede interpretar como una reafirmación. Aquí estoy yo, les venía a decir. Esta es mi respuesta a vuestro acoso, dejaba constancia. Pero de nada sirve la intención ni los hechos cuando se trata del portugués. Si se quita la camiseta, como hacen muchos otros futbolistas, le acusan de chulo por querer enseñar tableta (y por ello algunos medios reaccionan editándole las abdominales), si grita ¡Uuuuuuuu! se le tilda de ridículo y si se queda mirando al público ¡dos segundos! su postura es considerada como una reacción violenta (no exagero, es el término exacto que se ha utilizado).

Así que, desde una perspectiva madridista, no cabe plantearse cuál es la opción adecuada para no ofender porque ninguna lo será nunca. Si Cristiano dejara de celebrar los goles como hace Balotelli le llamarían prepotente por no hacerlo. Porque el dolor del ofendido en casi todos estos casos, la verdadera provocación, es simplemente el gol. Y a ciencia cierta que tratándose de Cristiano aún les quedan no pocas que aguantar. Al que le pica, ajos come.

Redactor jefe de La Galerna. Nombre: Javier Alberdi @JavierAlberdi. Antaño participé activamente en Ecos del Balón, El Asombrario y The Last Journo. Coordinador y coautor del libro "Héroes": https://bit.ly/2JC6kwx