Desde que soy muy pequeño solo hay dos acontecimientos deportivos que despiertan en mí una ilusión completamente adictiva: los Juegos Olímpicos y el Mundial de fútbol. Soy capaz de ver una final de 200 metros sin un solo atleta importante con la misma emoción que un Túnez-Nueva Zelanda, aguantando los noventa minutos que dure. Siempre he seguido con especial interés las participaciones de los españoles en ambos eventos, queriendo que ganen, emocionándome igual con un bronce en judo que con un oro en ciclismo. Nunca me ha importado qué jugadores llevaría yo y cuáles lleva el seleccionador: entiendo que todos tenemos una selección en mente y que no es posible ponerse de acuerdo. Cuando juega España, todos son de mi equipo, jueguen donde jueguen. He sufrido con dolor sus decepciones mundialistas, y viví la victoria de 2010 con una alegría desmedida.
Por eso me cuesta reconocer lo que me pasa este verano: por primera vez en cincuenta años de vida siento una desafección total por la selección. No me emocionan sus goles, no tengo ganas de ver sus partidos, ni esa ilusión por que ganen. Y no se trata solo de la corrupción de la RFEF ni de su protección constante al equipo que pagaba a Negreira. Se trata de algo que vengo observando desde hace tiempo: que esta selección no es el equipo de todos, y que la afición más numerosa de España, la madridista, es la que peor encaja en ese reparto.
El ejemplo más reciente es el de Asencio y Hüijsen. Cuando se lesionó Cubarsí, llamaron a última hora a Hüijsen, que fue titular desde el primer minuto, mientras que Asencio, que llegaba jugando de titular en el Real Madrid, no tuvo ni un minuto. Esto hizo que Hüijsen empezara a tener visibilidad y acabara fichado por el Madrid. Permitidme dudar que hubiera debutado igual jugando ya de blanco.
El patrón se repite con Brahim. Ni el seleccionador a título personal ni la RFEF como institución fueron capaces de convocarlo nunca para evitar que acabara jugando con Marruecos, como sí se hizo en su día con Munir, aunque este terminara jugando con ellos tras un litigio. Cuando preguntaron al seleccionador si había hablado con Brahim, dijo que no hacía llamadas personales a nadie; después reconoció que sí había llamado a varios jugadores, todos ellos, casualmente, de la Masía. Es lo mismo por lo que cualquier jugador de la Masía es indiscutible tras un mínimo de partidos, mientras a los de la Fábrica nunca les basta con lo que demuestran, y por lo que el seleccionador tiene un discurso para Cubarsí y otro distinto para Gonzalo, cuando no hay delantero en España capaz de jugar como él cuando hay que colgar balones al área.
por primera vez en cincuenta años de vida siento una desafección total por la selección
Con Carvajal el desaire fue aún mayor. Viendo el homenaje que México le rindió a Memo Ochoa en el Azteca, pienso que una leyenda como él podría haber estado entre los 26 para despedirse en condiciones y cerrar su carrera con un Mundial en el palmarés. Se dice que es normal que no vaya nadie del Madrid porque apenas aporta jugadores a la selección, pero no llevarlo solo tiene un motivo: el equipo en el que juega.
Y mientras a unos se les exige rendimiento, a otros les basta con ser de la casa: Baena, Gavi, Unai Simón, Zubimendi o Merino han sido convocados pese a no tener nivel, estar lesionados o llegar de hacer mala temporada, algo que jamás se perdona del mismo modo a un jugador del Madrid. Son, simplemente, jugadores importantes en los planteamientos de De la Fuente.
Esa lealtad de club, además, solo se exige en una dirección. Se nos dice que Cucurella debería haber avisado a sus compañeros culés de selección de su fichaje por el Madrid, y se pretendió que el club blanco desestabilizaba a la selección por esta contratación. A principio de temporada, tras unas declaraciones de Lamine contra el Madrid, el barcelonismo organizó una campaña para que los internacionales del Barça hicieran saber al seleccionador que, si convocaba a Carvajal, ellos no acudirían. No es la primera vez que pasa: Arbeloa ya fue ninguneado en su día por los culés que jugaban con él, con la pasividad de Vicente del Bosque y la complicidad de nuestro propio capitán, Casillas.
A todo esto se suma que quienes más me chirrían dándome lecciones de españolidad deportiva son, precisamente, quienes más atacan los símbolos nacionales: la gente que silba al Rey y silba el himno en una final de Copa, o un internacional como Joan García, que en la celebración del título liguero del Barça portaba una estelada, símbolo independentista de Cataluña. Y eso no quiere decir que yo sea monárquico, pero sí respetuoso con los símbolos nacionales.
Con todo esto, se supone que debo animar a la selección, y si no lo hago, soy un mal español. Pues, salvando el cruce con Argentina, el único partido en el que estaría con España de verdad, descubro que tengo más interés en que ganen los ingleses que los nuestros, algo que jamás pensé que llegaría a sentir. No lo puedo evitar, y creo que está completamente merecido. Respeto que muchos madridistas quieran que gane España; solo pido el mismo respeto para mi opinión, y que nadie venga a darme lecciones de por qué debo apoyarla.
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Me pasa algo parecido. Siento alegría cuando un jugador del Madrid gana, ya sea brasileño, francés, inglés o croata. Por tanto, las selecciones que no tienen jugadores madridistas me dan bastante igual. No es una decisión consciente, simplemente me sucede así.
PD: recordemos que también dejaron a Nacho sin Mundial en Catar. Un tipo que jugaba en las tres posiciones de la defensa y que ha jugado y ganado más finales de Champions que el Barça en más de 100 años. Cualquier otra selección lo hubiese convocado aunque fuese de utillero.
Fíjese Sr Yebra de lo perverso del juicio que realizan, que si digo que no voy con esta España, se encargan de llamarme mal español, egoísta, pero esos mismos no exigen la identificación incondicional a todos los jugadores abiertamente independentistas o equidistantes de la selección, dan la vuelta a la carga de la prueba, alucinante el delirio
El antimadridismo es tan repugnante que están infiltrados en todos sitios a mi la selección de la federación ni me interesa ni me representa me da igual lo que hagan, yo hasta que la justicia no ponga al robalona donde se merece no me interesa la podredumbre del fútbol español espero que la uefa actúe