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El madridismo de Charlton Heston

El madridismo de Charlton Heston

Escrito por: Athos Dumas3 octubre, 2020
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Hoy, 4 de octubre, habría cumplido 97 años John Charles Carter, conocido universalmente como Charlton Heston, héroe de decenas de películas, héroe entre los héroes para toda mi generación y para algunas más.

Charlton Heston Di Stéfano

Un madridista cuyo madridismo es, además, comprobable, como vemos en esta instantánea de finales de 1960, bien flanqueado por el más grande, Don Alfredo, y por el sueco Agne Simonsson, recientemente fallecido éste último el pasado 22 de septiembre. La foto se hizo en un día de descanso del rodaje de El Cid, una de las varias producciones de Samuel Bronston que tuvieron lugar en suelo madrileño – como 55 días en Pekín, Rey de reyes o La caída del Imperio Romano – en los primeros años 60 del siglo pasado. En ella vemos a Heston en un descanso de su práctica habitual diaria de esgrima con su maestro Enzo. Dichas lecciones las recibía en el antiguo gimnasio del estadio Bernabéu, donde entrenaba el primer equipo (la Ciudad Deportiva se inauguraría en 1963).

En las memorias de Charlton (Ediciones Bruguera), lo cuenta así: “Todos los días trabajaba más de una hora con Enzo en una de las salas del Real Madrid, el mejor equipo de fútbol en aquel tiempo. El estadio era gigantesco, no había otro igual en Norteamérica. Y estaba a sólo dos manzanas de nuestro piso. Al terminar el entrenamiento, podía volver a casa en un minuto y darme un baño caliente antes de que se secara el sudor.”

Charlton Heston en el Santiago Bernabéu

Todos los niños de aquella época queríamos ser como Charlton Heston. En mis juegos infantiles en el parque Eva Duarte de Perón en Madrid yo siempre me pedía ser el mayor Matt Lewis, el militar norteamericano de 55 días en Pekín que, junto a sus tropas y a las de las distintas delegaciones de las potencias extranjeras (Gran Bretaña, Francia, Italia, Japón, Alemania, España), conseguía hacer frente a los revolucionarios boxers chinos que pretendían expulsar a todo extranjero de la China Imperial de principios del siglo XX. Y, además, tenía tiempo para conquistar a la bella entre las bellas, Ava Gardner, otra gran madrileña adoptiva.

Otros de sus personajes en la gran pantalla ya nos mostraba el camino, como nuestro club predilecto, que tantas veces a lo largo de la historia precedió a los rivales como un iluminado visionario. En su papel como el profeta Moisés en Los diez mandamientos abandonaba las comodidades de los palacios de Egipto (como hijo adoptivo del faraón Seti) para bajar al barro y conducir a todo su pueblo judío a través del desierto, consiguiendo que las aguas del Mar Rojo se abrieran a su paso, tal y como Bernabéu nos sacó del atolladero en donde estaba nuestro club tras la cruenta época de posguerra en España.

Charlton Heston Ben-Hur

Los diez mandamientos y Ben-Hur eran películas épicas de más de tres horas de duración, aunque para quien esto escribe se hacían cortísimas, contemplando el heroísmo de los personajes de este actor, prototipo de la honestidad, de la fe y de la perseverancia. Charlton Heston es un Judá Ben-Hur que se enfrenta él solo contra todo el Imperio Romano, siendo capaz de sobrevivir a la esclavitud y a la muerte segura en las galeras romanas, gracias a su tenacidad y a su carácter indómito, superando, como el Real Madrid, todos aquellos obstáculos que los diversos villaratos, insidias e injusticias periodísticas se ponen cada día en su contra. Para ello, sigue su hoja de ruta y se prepara, como Ben-Hur (mejor dicho, ya como el ciudadano romano Arrio el joven), para ser el número uno indiscutible en su profesión como auriga, haciendo de sus cuatro magníficos caballos árabes, Antares, Rigel, Altair y Aldebarán (nombre todos ellos de constelaciones y estrellas resplandecientes), blancos inmaculados como la nieve virgen recién caída, un equipo perfectamente cohesionado y presto para derrotar a todos sus contrincantes.

No era la primera vez que Heston lograba doblegar a un temible rival. En Cuando ruge la marabunta, es capaz nada menos que de hacer frente a un terrible ejército de hormigas y termitas caníbales, plaga aún más dañina (bueno, eso es discutible) que aquellos capaces incluso de afirmar que un acierto del VAR estuvo mal (y qué decir de dos o de tres aciertos en el mismo partido). El personaje protagonista, Christopher Leiningen, tras hora y pico de trabajar a destajo y con denuedo, de paso lograba derribar la gélida actitud de Eleanor Parker y enamorarla.

Claro que Charlton Heston es también para siempre el artista capaz de culminar una obra maestra absoluta al pintar los frescos de la Capilla Sixtina en el Vaticano con aquella imagen icónica de La creación de Adán, al que Dios Padre en ese momento está a punto de darle la vida extendiendo su dedo sobre el índice izquierdo del primer hombre sobre la Tierra. Su Miguel Ángel Buonarroti y sus enfrentamientos con el papa Julio II (Rex Harrison) en El tormento y el éxtasis son tan épicos – y a la postre tan provechosos - como los que tenían en su momento Don Santiago Bernabéu con Alfredo Di Stéfano, en los que saltaban chispas, pero que, en definitiva, eran la génesis de la creación de obras maestras: la Capilla Sixtina y la Copa de Europa, nada menos.

Pretender emborronar su buen nombre me recuerda a todos aquellos indocumentados e ignorantes que hablan de las primeras Copas de Europa como fruto del franquismo

En sus deliciosas memorias, Charlton habla en numerosas ocasiones de su amor por España y en particular por Madrid, de su pasión por el gazpacho, por la merluza y por el vino Marqués de Riscal. La última vez que participó en un rodaje en nuestra capital fue en 1974, el de Los tres mosqueteros, de Richard Lester. A este escribidor le hizo particular ilusión que Lester le ofreciese de primeras el papel del mosquetero Athos, que fue rechazado por Heston, ya que precisaba hacer un papel más corto al estar enfrascado en aquel momento en tres proyectos cinematográficos simultáneos. Así pues, eligió el rol del más listo de la película, el cardenal Richelieu, elección que le dio satisfacción ya que, como es sabido, solía encarnar al bueno de la película (con alguna otra excepción como, por ejemplo, en Horizontes de grandeza) y con este papel disfrutó del lado oscuro en una magistral interpretación, cínica y sarcástica.

No olvidemos entre sus mejores trabajos el del mexicano Mike Vargas en la obra maestra de Orson Welles – otro gran amante de España y de Madrid – Sed de mal, quizás el último film noir clásico del cine americano, con la espléndida Janet Leigh a su lado, un nuevo rol de policía honesto y cumplidor de su deber a rajatabla, que sufre en silencio pero que se niega a doblegarse, un rasgo muy madridista, por cierto.

Contra aquellos que erróneamente ven a Heston como un extremista fanático – por su devoción por las armas de fuego -, recordarles que fue de los pocos artistas famosos – junto con Marlon Brando, Burt Lancaster, Paul Newman, o James Garner– que formó parte de la delegación de Hollywood que acompañó a Martin Luther King en la Marcha a Washington por los derechos civiles, el 28 de agosto de 1963. Pretender emborronar su buen nombre me recuerda a todos aquellos indocumentados e ignorantes que hablan de las primeras Copas de Europa como fruto del franquismo. Nada más lejano de la realidad, como sabe cualquiera con dos dedos de frente.