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Diario de un madridista confinado (día 39)

Diario de un madridista confinado (día 39)

Escrito por: Francisco Javier Sánchez Palomares25 abril, 2020
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24 de abril de 2020

Viernes. Despierto y confirmo con asombro que Morata está confinado en el edificio de al lado. Lo sé porque le escucho entonar el atemporal Amor de Lolita, aunque no distingo bien a qué equipo se lo dedica. Creo que ahora mismo se refiere al Hércules de Alicante.

Otro día más con cefalea incapacitante, me duele el celebro y el bulbo raquítico, como decía Guillermo Fesser en Gomaespuma. Hablo con varias personas que están igual. A ver si va a ser otro síntoma. Seguro que no y es más paranoia que otra cosa.

Como estamos a las puertas del fin de semana, decido darme un capricho y hago una excursión al salón, sin mascarilla ni nada, a lo loco. Allí están mi padre y mi hermano viendo un Barcelona – Real Madrid de hace varios años. Karim dribla al borde del área y dispara un arpón instantáneo que repele el larguero.

Benzema es de largo, el jugador más maravilloso que ha existido tras Zidane. Guti le cedió el testigo de la magia en aquel taconazo de Riazor y Karim la asimiló junto con sus virtudes innatas. Benzema es además un filtro ideal para cribar mediocres y personas sin la capacidad de apreciar el talento ajeno ni la belleza en general.

Existen jugadores en los que prima la melodía y otros en los que prevalece el ritmo. La cumbre de la melodía sobre el ritmo fue la Quinta del Buitre. Ahora, el fútbol tiende a la prevalencia de la batería sobre los violines. El jugador que mejor ha combinado ritmo y melodía fue Fernando Redondo, porque el argentino era un bajo, la conjunción perfecta de ambas cualidades. Karim aúna una buena proporción de las dos, mas sobresale la melodía. Guti era una de esas notas llanto que George Harrison emitía al estrujar el mástil de su guitarra, como pidiendo auxilio, que desmoronaban el andamiaje vital de cualquiera durante unos segundos. Zidane, en cambio, era armonía honesta, una extraña coordinación de movimientos que entraba en resonancia con la respuesta al impulso del cerebro y provocaba un placer irrepetible que hacía tambalear la integridad emocional de cualquier persona sensible a la belleza.

Haber disfrutado, y seguir haciéndolo, tantos años a Karim es un lujo que aún no hemos valorado lo suficiente, recuerdo pensar lo mismo de Míchel a principios de los 90 en el gallinero, con el programa del partido en una mano y el bocata en la otra, esperando a que comenzase el mismo. Porque, además de estético, Karim se ha colado en las estadísticas, hecho que hasta ahora parecía terreno vedado para los jugadores rítmicos, como Raúl. Siendo Cristiano Ronaldo el rítmico por antonomasia. Cristiano es el John Bonham del fútbol, inmisericorde e incesante.

Con estos pensamientos peregrinos transcurre el viernes. Al final de la jornada el dolor de cabeza remite, lo que me permite sumarme al ataque para rematar un córner que se dispone a sacar Lukita Modrić en el minuto 93.

 

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