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Un FC Barcelona llamado Deseo

Un FC Barcelona llamado Deseo

Escrito por: Mario De Las Heras15 octubre, 2020
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El Espai Barça es la penúltima de las fantasías de un club en descomposición

La primera vez que leí el nombre de Espai Barça pensé en una nave interestelar, en un destructor galáctico del Imperio de los de La Guerra de las Galaxias. Con esos pasillos romboidales y esas puertas automáticas, todos vestidos con uniformes con cuellos altos de color azulgrana. La misma severidad de los controladores y pilotos y comandantes, pero en catalán, ahí me reí un poco:

—Aquí Espai Barça, trucant a nau no identificada. Identifiqueu, si us plau.

Luego me imaginé a Bartomeu como el emperador, claro, con la capucha y la cara un poco como de falta de sol y de hidratación. Me lo imaginé así por los quebraderos de cabeza actuales. Un Bartomeu que acaba resistiendo, saca adelante al Barsa, pero acaba convertido en esa sombra de sí mismo y convirtiendo a Guardiola, por ejemplo, en el Darth Vader de esta película, con la misma respiración maquinal y todo. El Espai Barça lleno de androides recorriendo sus laberintos, mezclados con humanos y habitantes de otros planetas.

Destructor galáctico.

Esta es una fantasía sobrevenida a cuenta de la palabra Espai Barça, que de por sí tiene un aire de ciencia ficción que ni Lautaro, pero también es una fantasía real porque el Espai Barça puede ser todo lo que se quiera (hasta un destructor imperial) menos lo que se suponía que iba a ser. Ya hablamos en La Galerna de La disparatada y (casi) incalculable deuda del FC Barcelona, y hace unos días, en La Vanguardia, el que fue el hombre fuerte de la economía en la última candidatura de Laporta, Marc Ciria, confirmaba la situación de quiebra real de la nave de cartón culé, que no puede pagar los salarios, no puede reformar el estadio hasta dentro de quince años, deberá nutrirse de la cantera mayormente y parece inevitablemente abocada a convertirse en Sociedad Anónima para seguir navegando por el espacio.

A este futuro amenazante se le puede llamar la milanización del Barsa, que es la pérdida del esplendor, de la importancia. Es la caída sorprendente, pues parecía imposible, del destructor. Pero no se oye nada. Todo este dantesco estado de las cosas azulgranas está pasando desapercibido. Imaginemos que fuera el Madrid el que estuviese en esta situación. Lo acabarían de derribar a picotazos. Los telediarios y los noticiarios y los periódicos abrirían con el cuerpo tumefacto para acabar de quitarle los últimos pedazos de vida.

Este Barcelona es como Blanche Dubois, pobre y vestida y sobreviviente de baratijas y recuerdos que no quiere hablar de la pérdida de Belle Reve, la casa familiar

Pero aquí nadie dice nada. Todo era mentira. Todo lo que nos han dicho, y por lo tanto todo lo que nos dice la muchachada cataculé, es mentira. Aún me acuerdo de ese club modelo. La cantera contra la cartera (el club con la masa salarial más alta del mundo, ya lo saben), la gestión impecable, sedosa, mediterránea, moderna. Los valors. ¡Ay! Era mentira. Por supuesto. Todo era una farsa (La Farsa), una comedia que se endeudaba sin freno y sin sentido mientras decía lo contrario y los espectadores, sobre todo los barcelonistas, se lo creían. Todo.

Y nadie lo dice. Nadie habla del engaño y la debacle titánica aún tras el telón lograda con increíble celo. La fantasía produjo la ruina. Una institución quijotesca ¡nada más español! que ese club que ponía en sus ya viejas gradas (y así van a quedarse por un tiempo largo) que Cataluña no es España y otras lindezas independentistas. Fantasía y ruina. Mentira y favor de los medios que callaron y callan, diríamos como el dicho.

Camp Nou.

Han inflado los costes del Espai Barça (dinero internacional, ya no hay más nacional a quién recurrir, de Goldman Sachs, banco de inversión, no de crédito) para pagar los sueldos. Esto es lo que afirmó el responsable económico de Joan Laporta en La Vanguardia, y nadie ha dicho nada. Nadie se ha hecho eco. El Espai Barça surcando las galaxias de unas mentes trastornadas por la fantasía (“Aquí Espai Barça, identifiqueu, si us plau”).

Este Barcelona es como Blanche Dubois, gobernada por brutos y aprovechados, pobre y vestida y sobreviviente de baratijas y recuerdos que no quiere hablar de la pérdida de Belle Reve, la casa familiar, a quien ningún caballero rico va a venir a salvar por mucho que ella lo repita, quizá sólo el señor del manicomio, mientras todo va definitivamente descubriéndose: esa pobre mujer que se soñaba joven, esa propia nave espacial envejecida que nunca quería salir de día.

 

Fotografías Getty Images.