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Cuento de Navidad para después de Navidad: el abuelo Noël

Cuento de Navidad para después de Navidad: el abuelo Noël

Escrito por: Athos Dumas28 diciembre, 2023
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Un 25 de diciembre, allá por 1888, nació un hermoso bebé de casi 4 kilos en una minúscula aldea de Auvernia, en el centro de Francia, cerca del pueblecito de Salers. La región se apellida Cantal, que da nombre a un célebre y potente queso de vaca en forma de cilindro. La zona era, y sigue siendo, completamente rural, sus habitantes vivían a finales del siglo XIX de la agricultura y de la ganadería, en un entorno precioso rodeado de bosques y de volcanes en extinción.

Habiendo nacido ese día tan señalado, al pequeño le pusieron sus padres el muy apropiado nombre de Noël, por el día de la Natividad del Señor. Era nada menos que el decimoctavo hijo del matrimonio, aunque algunos de ellos habían fallecido en el parto o a las pocas semanas de vida. La familia era de campesinos y vivían del duro trabajo en el campo, en el que participaban tanto los progenitores como los hijos más mayores, todos ellos menores de edad. Pocos recursos para la subsistencia de la familia y una escuela alejada de la aldea, con un único maestro que impartía sus clases a los niños de todas las edades de los alrededores.

Eran los últimos años del siglo, la revolución industrial captaba mano de obra de las zonas rurales, y muchos de los hijos de la familia optaron por emigrar, algunos a la capital, París. Uno de ellos, llamado Augustin, decidió emprender la aventura fuera de su país y terminó por instalarse en Madrid a principios del nuevo siglo XX. Trabajó en muchos oficios y acabó como comerciante en el centro de la capital de España. Ya instalado y dispuesto a formar una familia en Madrid, hizo venir al pequeño Noël a visitarlo. Noël tenía apenas 17 años y quedó maravillado por las costumbres españolas, pese a que tuvo que vivir muy de cerca el atentado que se produjo en plena calle Mayor contra el rey Alfonso XIII el 31 de mayo de 1906, el mismo día de su boda con la princesa Victoria Eugenia de Battenberg.

Atentado Alfonso XIII

Noël pasó unas semanas de ensueño en Madrid y se prometió a sí mismo que volvería para montar su propio taller: era muy hábil con las manos y trabajaba con mucho arte diferentes materiales, como la madera, pero también metales como el estaño. Tuvo que regresar a su aldea natal y ya tenía ideas muy claras: se iría a vivir a una ciudad.

Tras unos años en París, donde perfeccionó lo que iba a ser su oficio, conoció a una joven que había nacido en Bruselas y que cocinaba maravillosamente. En 1913, recién cumplidos los 18 años de Louise, se casaron en París: ella regentaba un restaurante modesto en el Distrito 13 de la capital, y él ya era un artesano especializado en fabricar enseres de estaño.

Estalló la “Grande Guerre” que iba a destrozar casi toda Europa y que cambiaría el mundo completamente. No se podía elegir el no ir a defender la patria, no se concebían todavía los objetores de conciencia. Todos los hermanos mayores de Noël, casados o no, padres o no, tuvieron que marchar al frente, hacia una guerra cruel de trincheras que pareció interminable. Noël, recién casado, también tuvo que dejar atrás a su reciente esposa y acudir al frente para luchar contra otros jóvenes como él por unos palmos de terreno. Uno a uno, fueron cayendo en combate y falleciendo muchos de los hermanos varones de Noël, 6 en total, en las batallas más crueles de dicha contienda, en el frente del río Marne o en Verdún, paradigma del horror, con un millón de bajas entre ambos bandos y más de 300.000 muertos en una batalla que duró casi un año entero.

Noël sobrevivió a varias de estas masacres sin sentido. Incluso obtuvo un diploma al valor por alguna acción heroica esporádica. Apenas pudo tener dos o tres permisos durante la guerra para ir a ver a su querida Louise a París, que sobrevivía en una ciudad sin casi varones en su modesto restaurante donde apenas tenía alimentos que ofrecer a los pocos comensales. Acabó la guerra en 1918. Era el momento de reconstruir Francia y de que Noël y Louise reconstruyeran sus vidas.

En 1920, 7 años después de su boda, llegó al mundo el pequeño Roger. Poco a poco, la vida volvía a la normalidad, había más trabajo y algo de prosperidad económica. Noël recordaba sus días en Madrid y se carteaba a menudo con su hermano mayor Augustin, superviviente como él mismo de la Gran Guerra, y que había retomado su vida en España.

Madrid 1928

Ya a finales de los años 20, en 1928, Noël decidió cumplir su sueño. El restaurante de Louise había tenido que cerrarse varios años antes, se cernía sobre Europa y sobre el mundo occidental una crisis política y económica de imprevisibles consecuencias. Louise y Noël emprendieron el viaje a Madrid junto con el pequeño Roger, de 8 años, para instalarse definitivamente en España. Contó Noël con el apoyo económico de su hermano mayor para montar un pequeño taller de artesanía en la calle de la Palma, y empezó a crearse una buena fama en el vecindario, fabricando todo tipo de enseres de estaño, cafeteras, teteras, vasijas, vasos, platos y todo tipo de cubiertos.

Louise le ayudaba en el taller y con las tareas del hogar, y encontraron un modesto piso para los 3 en la cercana calle de Monte Esquinza, cerca ya de la plaza de Colón. El piso se encontraba a unos diez minutos andando del taller de La Palma, y apenas había que cruzar la calle Génova para que Roger acudiera diariamente al Liceo Francés de Madrid, situado en la calle Marqués de la Ensenada, enfrente de los jardines de la Villa de París. La familia se había ido de París y de Francia, pero querían que su hijo asistiera a una escuela francesa.

Noël aprendió muy rápidamente el idioma español, era más que necesario para conseguir clientes y para ganarse la confianza de dichos clientes. Louise en cambio jamás pudo dominar la lengua de Cervantes, ya que su vida transcurría mayoritariamente en su casa, con su marido y con su hijo. Noël trabajaba desde el lunes a sábado hasta la hora de comer, y se estaba especializando poco a poco en confeccionar unos magníficos mostradores de estaño en muchos de los bares y tabernas más tradicionales y castizos del viejo Madrid, bastantes de los cuales han ido sobreviviendo hasta bien entrados los años 90: los barrios de Chueca, de Malasaña, de Chamberí, incluso de Lavapiés, eran donde principalmente se encontraba la clientela de Noël.

En este texto sobre el Bar Santander, en la calle Augusto Figueroa, el autor escribe lo siguiente: “Los mostradores brillaban como las "patenas". Todas las mañanas se limpiaban a base de frotarlas con bicarbonato en seco y cogían un brillo espectacular. Para todo Madrid había un fabricante de mostradores de estaño que era un francés, Noël Dumas, tenía el taller en la calle de la Palma o San Vicente Ferrer, son paralelas. No recuerdo exactamente”.

Casa Santander

Noël apenas tenía vicios, no fumaba nunca y le gustaba tomar de vez en cuando algún vermut de grifo cuando visitaba a sus clientes y un poco de vino con sifón durante las comidas. Le gustaba escuchar la radio por las noches y leer las aventuras de capa y espada, preferentemente las novelas de Alexandre Dumas y de Paul Féval. En París se había aficionado a ver partidos de fútbol y de vez en cuando acudía junto a su esposa Louise a ver al Stade Français y al Red Star, este último en la zona norte de París, donde ambos vivían y trabajaban.

Los domingos era el día libre para todos y la familia debía buscar alguna distracción, además de ir a los cines del barrio de Chamberí para ver alguna película de Charlot o de Pamplinas, el apodo españolizado de Buster Keaton. Pronto decidieron acudir una tarde al entonces estadio de Chamartín, en las afueras de Madrid, a medio camino entre Colón, donde vivían, y el pueblo de Fuencarral. Se entusiasmaron con un equipo que iba vestido de blanco y que tenía unas gradas repletas de entusiastas seguidores. Tras ver jugar dos o tres veces al Real Madrid, Noël y Louise decidieron hacerse socios del club y también hicieron socio infantil al niño Roger: era el año 1928, apenas unos meses después de haberse instalado los tres en la capital de España.

Desde entonces, hace ya casi 100 años de aquello, la pasión por el equipo merengue jamás se extinguió en esa familia. Vivieron el paso de Real Madrid a Madrid CF, en 1931, con la llegada de la II República. Gozaron de los dos primeros títulos de liga en 1932 y en 1933, admirando e idolatrando a Zamora, a Ciriaco, a Quincoces, a los hermanos Regueiro, a Leoncito y a Pepe Samitier. Vivieron el desmoronamiento del club durante la Guerra Civil tras la breve presidencia de Sánchez-Guerra, a quien conocían por su pasado de antiguo alumno del Liceo Francés.

Zamora Ciriaco Quincoces

Roger llegó a jugar como ariete en el cadete del Madrid e incluso ganó una final regional (y anotando el gol de la victoria) disputada en Collado Villalba en junio de 1936, con 16 años, apenas unas semanas antes del estallido de la guerra.

Ya en los años 40, con el panorama desolador que se vivía en una España maltrecha, malherida y en plena reconstrucción, Noël, que seguía montando barras de estaño y de zinc por muchas tabernas de Madrid, pudo tener algún respiro económico debido a que su hijo Roger ya hacía aportaciones en casa: acababa de ser nombrado profesor de francés en su colegio de siempre, el Liceo Francés. Así pues, cuando D. Santiago Bernabéu decidió que para la supervivencia del club (de nuevo Real Madrid CF) se iban a emitir bonos para la construcción de un nuevo estadio de Chamartín, tanto Noël como Roger sacaron del banco una parte de sus exiguos ahorros para poder ayudar a financiar la deuda contraída con el Banco Mercantil, presidido por D. Rafael Salgado, e hicieron cola durante varias horas para adquirir dichas obligaciones.

Noël siempre fue fiel a su esposa Louise y a su Real Madrid. Con el tiempo, pudo instalar su negocio en un taller algo más grande, en la calle de Santa Lucía, también en Malasaña. Jamás dejó de trabajar, aun habiendo tenido varios empleados, ya que el sello que él ponía en sus obras era el que querían sus clientes. Tampoco abandonó su modesta casa de la calle Monte Esquinza, un primer piso sin ascensor que era bastante incómodo para cuando Noël y Louise, que ya eran octogenarios.

En su exiguo comedor había una reproducción en tamaño medio de la Copa de Europa y una enorme jarra de cerveza tipo bávara con el retrato sonriente del gran Alfredo Di Stéfano, a quien Noël reverenciaba, además de un banderín conmemorativo de la primera final de la Copa de Europa disputada en París, en el Parque de los Príncipes, entre el Stade de Reims y el Real Madrid. También había un marco con una foto en blanco y negro muy desgastada de Raymond Kopa.

Kopa y Di Stéfano

Roger se casó en 1944 con una profesora del Liceo Francés, Marguerite, madrileña hija de un francés y de una española. Y antes de casarse, Marguerite ya era socia del Real Madrid. Tuvieron 9 hijos, quien les escribe es el octavo de la saga. Desde Noël y Louise, 5 generaciones hemos sido socios del Real Madrid, y parece que la tradición va a seguir durante bastante tiempo más, ya que muchos de mis sobrinos, además de mis dos hijas, mantienen viva la llama. Y ya varios sobrinos y sobrinas han sido padres, por lo que tenemos en la familia unos cuantos sobrinos nietos y sobrinas nietas que van regularmente al Bernabéu y también a Valdebebas a ver los partidos del Castilla y del equipo femenino.

Por mi parte, guardo un especial recuerdo de mi abuelo Noël, el primer madridista de la estirpe, cuando a finales de los años 60 me llevó a ver un partido amistoso del Plus Ultra (el filial que tenía el club, antes de la creación del Castilla) contra un extraño equipo belga, patrocinado por la línea aérea de aquel país, la Sabena.

Paseando una fría mañana de finales de marzo de 1975, en vísperas de la Semana Santa, Noël fue a comprar, como cada día, el Marca, para comprobar el buen estado de su equipo, que estaba arrasando en la liga con sus extranjeros Netzer y Breitner, y con Amancio, Pirri, Santillana y su querido Manolo Velázquez. Y aquella mañana se desplomó en plena calle y unos días después, su vida se apagaba en la Clínica San Camilo, sita en la calle Juan Bravo.

Era el 31 de marzo, curiosamente el Lunes de Resurrección, tras haber nacido el día de Navidad. Los restos de Noël, francés y madridista por los cuatro costados, reposan junto a los de su querida Louise, que le sobrevivió 6 años, en la Sacramental de San Justo, el bello y sosegado cementerio adyacente al de San Isidro.

 

Getty Images.

8 comentarios en: Cuento de Navidad para después de Navidad: el abuelo Noël

  1. Si todos los madridistas contáramos la historia del porqué nuestras familias se hicieron del Real Madrid, en especial los que provenimos de familia mezclada entre dos nacionalidades, las nuevas generaciones entenderían mucho mejor ese lado romántico, que no cursi, que es la aureola del club blanco y que refleja perfectamente tu delicioso relato.
    Gracias por compartirlo

  2. Escribir con el corazón , aunque no sea suficiente, ayuda al resultado literario.
    Se me ocurren frases halagadoras y apropiadas sobre el autor del artículo que prefiero no exteriorizar , para no incomodar a nadie , pero hay una que sí. Sobre Charles Dickens y Alejandro Dumas, creo que coetáneos e intuyo que con alguna similitud de estilos, quiero expresar que por la manera de narrar , el contexto histórico -aunque algunas décadas posterior- y las fotografías he creido percibir un toque dickensiano.
    Me pregunto si otro escritor clásico como Alejandro Dumas tenía buen concepto de su homólogo británico. ¿Simpatizarían, rivalizarían?
    Sería como si Mbappé y Bellingham coincidieran.

  3. Excelente artículo, Athos. Conocer el pasado y narrarlo, nos hace mejores madridistas. Real Madrid para siempre. Feliz Navidad, madridistas!!

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