La Galerna

Con todo lo que nos está dando Sergio Llull

Hace unos años, en pleno apogeo del Barça de Guardiola, tuve la suerte de compartir un rato con Joan Manuel Serrat. La charla derivó -como derivan siempre las charlas- en el fútbol. Yo le comenté que debía estar disfrutando mucho con las victorias y el juego de su equipo. El músico, reconocido culé (pónganse Temps era temps, quizá la única canción cuyo estribillo es un once inicial futbolero al completo), me miró fijamente y me contestó muy serio: “el deporte no tiene memoria. Lo que se ganó ayer ya sólo es un recuerdo”.

Esa pugna entre el gozo por los títulos obtenidos y la eterna autoexigencia está tatuada en la misma esencia del Real Madrid. Aquí, ya se sabe, se gana una Copa de Europa y se celebra diciendo “¡A por la siguiente!”. Una obsesión probablemente insana que, sin embargo, sirve como dinamo para que no cese nunca la ambición. Si alguien no entiende ese axioma (no es fácil hacerlo) se encontrará con la incomprensión del aficionado que, como un césar romano, bajará el pulgar hacia abajo.

Las tres derrotas consecutivas del Real Madrid de baloncesto la semana pasada frente a CSKA, Khimki y Baskonia desencadenaron inevitablemente las críticas de los hinchas. En tiempos de redes sociales, cuando la inmediatez es máxima, la frustración se vuelca con vehemencia en cuanto se falla un triple o un pase. Da igual que se esté en lucha por todo, que los números sean objetivamente positivos o que -en el caso concreto del baloncesto- lo cargado del calendario provoque que sea imposible no tener minicrisis. Son temporadas tipo NBA y hasta los mejores equipos de la historia acabaron las regular seasons con al menos nueve derrotas (Golden State Warriors en la 15/16).

Aunque ya sabemos cómo funciona eso y tampoco hay que darle mayor importancia, sí resulta sorprendente que esos reproches se concentren en Sergio Llull. Sobre todo, cuando se dirigen hacia lo que cobra. Hacer alusión al sueldo del menorquín me parece una de las críticas más injustas que se pueden hacer. Un hombre que ha rechazado en diversas ocasiones a la mismísima NBA, que venía con fichas pantagruélicas por seguir en el Real Madrid. Un jugador que ha superado una lesión gravísima -ya rozando la treintena- y que se dejó todo lo que tenía por volver.

De caer en el contodoloquenoshadadismo a ser un canalla hay un buen trecho. Sí, el tiempo pasa, es ley de vida, pero quizá no igual para todos. Llull está teniendo que adaptar su juego y su cuerpo a la nueva realidad, a las lesiones, al dolor. Es un proceso difícil que tiene que ver con el entrenamiento físico y mental. Rudy tuvo que pasar por algo parecido y ahí está el resultado.

 

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