Buenos días. La primera regla del Club de la Lucha es no hablar del Club de la Lucha. La segunda regla es exactamente la misma. En el fútbol español impera desde hace años una organización con normas parecidas y código de silencio, aunque bastante menos clandestina. De hecho, está a la vista de todo y conforman la mayoría del mismo. Su primera regla consiste en no hablar de Negreira. La segunda, en hablar del Real Madrid cuando alguien incumple la primera.
Mourinho nunca ha tenido la intención de acatar reglas impuestas por sinvergüenzas.
«Nadie lo sabía, pero vivimos los años importantes de Negreira», afirma don José. Habrá quien piense que el prime del negreirato fue antes o después (o incluso post mortem). Pero este es un detalle menor, fueron tiempos durísimos. Llama la atención que el Club de Negreira tuviese que esforzarse tanto en aquella época, curiosamente el cénit del club catalán.
Quizá Mou no lo conociese en el sentido de que no había visto las facturas pagadas por el Barça al vicepresidente del CTA, pero sí veía el evidente sesgo arbitral y lo denunciaba. El Club de Negreira le colgó el sambenito de provocador y enemigo del buen fútbol.
Si Mourinho protestaba, el problema era de Mourinho. Si Mou denunciaba los arbitrajes, el problema era que Mou denunciaba los arbitrajes. Y a quien se le ocurría analizar esos arbitrajes se le ponía en tela de juicio, porque la maquinaria mediática asociada al Club de Negreira funcionaba —funciona— como un reloj suizo, aunque su mecanismo tenga piezas fabricadas en Las Rozas.
En Cien años de soledad, García Márquez describe una epidemia de insomnio que acaba provocando la pérdida de memoria entre los habitantes de Macondo. Para combatir el olvido, los personajes comienzan a identificar los objetos con etiquetas que indican sus nombres y utilidades.
No sería mala idea aplicar el procedimiento al fútbol español. Por ejemplo, ahora que están de obras en el Camp Nou, pueden aprovechar para poner una plaquita que rece: «Esto es un campo de fútbol donde juega el FC Barcelona, club que pagó millones de duros durante décadas a al vicepresidente de los árbitros».
En la sede de Mundo Deportivo podría rotularse: «Esto es la redacción de un diario llamado Mundo Deportivo que al día siguiente de hacerse público el caso Barça-Negreira no hizo mención alguna al mismo».
Tampoco estaría de más instalar un luminoso en el cuarte general de Sport: «Esto es la redacción de un diario llamado Sport. Dicho diario tituló “42 millones para tapar vergüenzas” cuando el Real Madrid fichó a Modric».
La primera regla del Club de Negreira sigue siendo no hablar de Negreira.
Afortunadamente, Mourinho nunca ha destacado por su obediencia a las reglas de los demás.
Buena prueba de ello es la rueda de prensa que acaba de facturar en Valdebebas, poniendo a la prensa en su sitio. Os dejamos algunos extractos. No os lo perdáis.
Pasad un buen día.
Este sábado vuelve el Real Madrid al Bernabéu y en él estaremos muchos de nosotros. Digo muchos porque me consta que no pocos socios leéis La Galerna. Y, sinceramente, no parece que vaya a ser un sábado cómodo para nadie dentro de nuestro templo.
La situación es la que es: prácticamente todos nuestros jugadores, con la excepción de Vinícius (que ha ido a peor), parecen rendir mucho mejor con sus selecciones que con nuestro equipo; venimos de perder el derbi por segundo año consecutivo en el Metropolitano, con robo incluido; Mbappé, que supuestamente está lesionado, ha tenido tiempo para aparecer por las discotecas de París y hasta para montarse en una bicicleta a una mano mientras se grababa.
Un detalle que quizás para algunos no tenga importancia, pero que adquiere cierto interés cuando apenas 48 horas antes Mourinho había dicho en una entrevista que los jugadores que montan en bicicleta le parecen irresponsables. Y, para rematar, aquel episodio de las camisetas en favor de los empresarios de Ceuta.
Vamos, que, si todo transcurre más o menos como parece, dentro de la pitada general que reciba el equipo, la dirigida a las dos grandes estrellas puede ser tremenda.
A todo esto hay que sumarle que enfrente estará un equipo que, única y exclusivamente, se encuentra en la posición que ocupa porque la pelotita le ha tardado demasiados partidos en entrar, pero que juega muy bien al fútbol y tiene plantilla suficiente para ganarte sin necesidad de hacer nada extraordinario.
En resumidas cuentas, socialmente hablando, es un partido que, como lo futbolístico no acompañe, puede convertirse en desagradable. Y si tengo que basarme en lo futbolístico de ambos conjuntos, mucho tendría que cambiar el panorama para que enfrentarse al Villarreal de Íñigo Pérez no fuese motivo de preocupación.
La afición del Bernabéu está a un pinchazo más y a otra goleada del Barcelona de estallar del todo. Se palpa. Se ve en los grupos de WhatsApp, en las conversaciones familiares, en las redes sociales, en todas partes.
La afición del Bernabéu está a un pinchazo más y a otra goleada del Barcelona de estallar del todo
Falta una sola gota para que el vaso rebose y tengo la sensación de que este sábado veremos blanco o negro, pero será muy difícil salir del estadio con una sensación gris.
Y lo creo porque, si el Real Madrid sale desde el principio con una actitud diferente y consigue marcar pronto, el Villarreal sufre cuando se ve obligado a atacar sin disimulo. A poco que estemos acertados y, sobre todo, que mantengamos la actitud durante los 90 minutos, el partido podría incluso resolverse de una manera relativamente cómoda y terminar convirtiéndose en un encuentro divertido.
Pero como empiece el mamoneo típico del que sabe o, mejor dicho, del que se cree que de una manera u otra lo va a ganar, y el Villarreal empiece a generar dos o tres ocasiones de peligro, ay, amigo mío, qué poco me apetecería estar ahí abajo.
Porque lo peor de todo es que con esta generación de jugadores se produce una especie de pescadilla que se muerde la cola: lejos de reaccionar ante la presión, muchos se bloquean.
A Gareth Bale, Cristiano Ronaldo o Casemiro podías pitarles después de empezar perdiendo 0-2 en el Bernabéu y lo normal era terminar ganando 6-2, con los jugadores saliendo después a zona mixta para reconocer que era imperdonable lo que había sucedido al principio.
Estos, digamos, son un poquito más débiles de cabeza. Y cuando llegan los problemas, cada uno empieza a librar su propia guerra, con un ansia que provoca más errores, que provoca más pitos y que termina alimentando todavía más el problema.
Ya sabemos cómo termina todo esto. Cuando suenen determinados nombres durante la alineación habrá pitos. Cuando alguno de los señalados falle un pase claro, también. Pero esos pitos duran nada y menos si el equipo juega bien o, al menos, si demuestra que se está esforzando por jugar bien.
El Bernabéu puede ser exigente, pero también es tremendamente agradecido cuando ve a once jugadores dejándose el alma. Lo que no perdona es la sensación de indiferencia, esa imagen de futbolistas que parecen estar pensando que el partido se ganará simplemente porque ellos son el Real Madrid.
El Bernabéu puede ser exigente, pero también es tremendamente agradecido cuando ve a once jugadores dejándose el alma. Lo que no perdona es la sensación de indiferencia
Ahora bien, como se dejen llevar por el susurro inicial del Bernabéu, como empiecen a escuchar cada silbido, cada murmullo y cada protesta, y además el Villarreal se haga con el control del partido, el ambiente puede convertirse en uno de los más desagradables de los últimos tiempos. Y no hará falta demasiado para que suceda.
El Madrid está cuarto en la clasificación, a seis puntos del Negreira Tebas FC. Un pinchazo más y se acabó la Liga. No habrá que hacer demasiadas cuentas ni esperar milagros. La temporada se pondrá prácticamente imposible y el Bernabéu lo sabe.
Por eso los jugadores tienen facilísimo evitar que les piten, solo tienen que demostrar que les apetece jugar al fútbol. Que les importa el escudo que llevan en el pecho. Que entienden dónde están y lo que significa vestir esta camiseta.
Que cuando las cosas se ponen feas no se esconden, sino que corren más, meten la pierna, ayudan al compañero y dan la cara. Se me ocurren sacrificios bastante peores, sinceramente.
Porque este sábado el Bernabéu no les va a pedir milagros, les va a pedir algo mucho más sencillo: que parezca que quieren estar ahí.
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Se despierta algo sobresaltado, como cada mañana. ¿Dónde estoy? ¿Qué habitación es esta? ¿Y mis padres? ¿Por qué me han dejado aquí? Aún no ha amanecido. Les acuestan temprano, y siempre se despierta cuando aún falta mucho para que despunte la primera luz del día. Esas primeras horas que transcurren hasta que llega una de las auxiliares a asearle y acompañarle al desayuno se le hacen durísimas. Llora en silencio. No puede evitarlo. Se siente solo. Solo y desamparado.
La cuidadora llega como cada día con alegría de voces elevadas, tono festivo y ánimo optimista. ¡Buenos días, Anselmo! ¿Qué tal hemos dormido hoy? Mire, mire, qué día tan maravilloso hace. ¡Venga, levántese que vamos a darnos una ducha, y luego a desayunar, que hay que mantenerse fuerte! Una alegría que le irrita de forma indefinida pero profunda. Una alegría bien intencionada pero profesional, impostada. Le hace sentirse pequeño. Débil. Desubicado en el mundo. ¿Por qué me siento tan triste y esta mujer se empeña en actuar como si todo fuera una fiesta?
Por lo demás, el tono familiar empleado por la cuidadora, tan parecido al que emplearía una madre con su hijo, agudiza su tristeza, esa tristeza que ya le es tan familiar como su propia piel. ¿Por qué esta desconocida me habla como si fuera un crío? Y es que Anselmo puede no recordar que la había visto el día anterior. Y el anterior. Y casi cada día durante los últimos meses. No, no recuerda. Pero siente. Vaya si siente. Siente con intensidad creciente, tanto más cuanto más avanza la enfermedad, como si su sensibilidad fuera conquistando el espacio que desocupa su memoria. Y eso duele.
Una vez aseado, y antes de bajar a desayunar, no olvida echar una breve mirada a la foto protegida por un sencillo marco de madera que descansa en la mesilla de noche. Le da paz. Una frágil certeza de que todo va a ir bien.
Como cada mañana, recorre con una mano apoyada en el bastón y con paso inseguro el camino al comedor. El suelo reluce de limpio, como siempre. Los azulejos, que se alzan hasta media altura de la pared, brillan impecables. Los cubrerradiadores de mármol resplandecen. Incluso la cenefa de madera que recorre todos los pasillos para proteger las paredes de los golpes de las sillas de ruedas, y que a él le produce una leve e inexplicable melancolía, luce como recién esmaltada. Todo transmite limpieza, orden, cuidado, armonía… y frialdad.
Tras las actividades de la mañana —desayuno, gimnasia, paseo por el jardín, tiempo libre, almuerzo— regresa a su habitación para la siesta. Se tumba sobre la cama y echa —como siempre hace— un vistazo a las fotos de sus hijos y nietos, cuyos nombres y parentescos se confunden cada vez más en su memoria. Y justo antes de volver la mirada al techo y dejar pasar los cuarenta y cinco minutos prescritos para la siesta sin apenas pestañear, vuelve a mirar la foto en blanco y negro del marco de madera.
Cuando baja tras la siesta a la sala social, se encuentra con Pilar. Pilar es una de las cuidadoras, pero no es una más de las cuidadoras. Pilar le mira de otra manera. No le hace sentirse pequeño. Le transmite alegría, una alegría —tenue, amortiguada— que sí se contagia. Anselmo no recuerda el nombre de Pilar, pero sabe que a su lado se encuentra a gusto, aunque no pueda explicar por qué. Lo siente. Vaya si lo siente.
—Anselmo, no sé si se acuerda, pero hoy tenemos plan. Esta tarde juega el Madrid. Así que, si le parece, hoy, en lugar de la partida de brisca, vamos a ver el partido. Jacinto también vendrá. Empieza en seguida. ¿Qué me dice?
A Anselmo se le ilumina la cara, y hasta parece que se mueve con algo más de agilidad.
—Claro, guapa, hay que ver al Madrid. Pero antes tengo que ir a mi habitación a por una cosa.
—No se preocupe, Anselmo, que ya se la he cogido yo, como siempre que juega el Madrid. Mire, aquí la tiene.
Anselmo coge la foto dentro del marco sencillo de madera. Guiado por Pilar, se dirige a la sala de televisión, se sienta en una de las butacas y, mientras Pilar sintoniza el partido, aprieta suavemente contra su pecho la foto en blanco y negro en la que sale él de joven estrechando la mano de don Santiago. Y levanta la mirada al televisor. No sabe ni se pregunta quién es el rival. No sabe ni se pregunta de qué competición se trata. Nada de eso importa. Por fin está en casa.
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Historias madridistas (II): El viejo maestro
Aunque ya he escrito anteriormente sobre esto, este verano me sorprendió comprobar, hablando con amigos sobre el caso Barça-Negreira, que muchos madridistas bastante informados no conocen bien los límites de la Ley del Deporte, qué son los códigos éticos de la RFEF y de la FIFA ni qué cambios legales se han producido en España. Muchos me dicen que esto no se ha explicado y que el Real Madrid debería hacer hincapié en ello.
Muchos sí lo hemos explicado, pero estoy de acuerdo en que el club debería hacer vídeos didácticos y distribuirlos a través de sus redes. Es más, creo que, después de la poca vergüenza que está mostrando el FC Barcelona denunciando a Florentino Pérez por ensuciar su imagen, el club está obligado a ponerse manos a la obra y no concederles ni un día de tregua. Aportar luz es fundamental.
Cuando se habla del caso Barça-Negreira, mucha gente desconoce que en él concurren tres tipos de derecho. Tampoco sabe qué cambios se han introducido en algunas leyes y códigos éticos, por lo que conviene aclararlo.
El primer tipo de derecho del que podemos hablar en este caso es el derecho penal. El Barça, como entidad jurídica, y Rosell, Bartomeu, Óscar Grau, Albert Soler, José María Enríquez Negreira y Javier Enríquez Romero están investigados por diferentes delitos: corrupción entre particulares en el ámbito deportivo, administración desleal y falsedad en documento mercantil. No todos están investigados por los mismos delitos y concurren distintas circunstancias.
Cuando se habla del caso Barça-Negreira, mucha gente desconoce que en él concurren tres tipos de derecho
El actual presidente culé no está investigado, no porque no haya hecho lo mismo que el resto, sino porque los plazos de prescripción del presunto delito impiden investigarlo.
La causa se encuentra actualmente en fase de instrucción, aunque la jueza, doña Alejandra Gil, ya ha dictaminado el fin de esta, quedando pendientes dos declaraciones testificales para noviembre. Después se pedirán los escritos de acusación y defensa, y la jueza decidirá si se abre juicio oral o, por el contrario, se sobresee la causa. Sobre este asunto ya he publicado bastante, pero creo que, con toda la investigación de la UCO, el CNP y la AEAT, más todas las declaraciones testificales que se han producido en el propio juzgado, sería bastante raro que no se llegara a juicio oral. Ya sabéis, según los satélites culés, parece que ya se ha archivado todo.
Otro tipo de derecho que se aplica aquí es el derecho contencioso-administrativo, a través de lo que se conoce como la Ley del Deporte, que se aplica en España a conflictos contractuales, alineaciones indebidas y también a amaños de partidos o competiciones. Esta ley, desde los años noventa, establece un plazo de prescripción de tres años para las infracciones graves que podrían aplicarse a este caso (amaño de partidos o competiciones).
Mucha gente cree que, cuando Albert Soler pasó de la directiva del FC Barcelona a ser director general del Consejo Superior de Deportes, modificó esta ley para cambiar el plazo de prescripción. No es correcto. Bajo su mandato se modificaron algunos plazos de prescripción de otros supuestos, pero este quedó intacto. Eran tres años y así se quedó. Es ridículo, pero nadie lo cambia.
El último tipo de derecho que concurre aquí es el derecho privado, por la existencia de un Código Ético. La FIFA es una entidad privada y tiene delegaciones en prácticamente todos los países del mundo en los que se practica el fútbol federado. El Código Ético de la FIFA es un reglamento que deben cumplir todos los entes deportivos y personas que abarca la organización. Cada país tiene su propia delegación, que puede considerarse una sucursal de la FIFA: la Federación Nacional de Fútbol correspondiente. En España es la Real Federación Española de Fútbol (RFEF).
La finalidad del Código Ético de la FIFA es que todos los equipos del mundo, independientemente de las leyes de cada país, se rijan por un mismo reglamento, cumplan las mismas obligaciones y estén sujetos a las mismas infracciones y sanciones.
El ejemplo más claro de lo que hablamos lo acabamos de ver con el Manchester City. No hace falta remontarse más atrás.
La Premier League, a raíz de una publicación de Der Spiegel en noviembre de 2018 con documentos financieros filtrados del City, decidió abrir una investigación que se prolongó durante varios años y que, en febrero de 2023, se formalizó en 115 cargos por presuntas infracciones de sus normas de sostenibilidad financiera y fair play. De ellos, 80 correspondían a infracciones financieras y 35 a la falta de cooperación con la investigación.
La propia Premier League remitió el caso a una comisión independiente en febrero de 2023. Fue dicha comisión la que el pasado 25 de septiembre encontró culpable de 114 de los 115 cargos al Manchester City. Ahora habrá apelaciones y después se dictarán las penas si los cargos se mantienen tras dichas apelaciones.
En España, la Ley del Deporte no permitió tomar medidas en el caso Barça-Negreira debido a los plazos de prescripción que establece. Precisamente, el Código Ético de la FIFA viene a solventar este problema. No es justo que el City pueda ser investigado en el ámbito deportivo y el Barça no. El Código Ético viene a corregir esa situación.
Por ese motivo, el Código Ético de cualquier federación nacional debe ser idéntico, como mínimo en cuanto a infracciones y sanciones, al de la FIFA.
En los Estatutos de la RFEF, que podemos consultar aquí, podemos apreciar que el apartado 5 del artículo 1 dice:
La RFEF está afiliada a la Fédération Internationale de Football Association (FIFA) y a la Union des Associations Européennes de Football (UEFA), cuyos Estatutos acepta y se obliga a cumplir.
Y en el apartado 8 del mismo artículo vemos:
Tanto los órganos de la RFEF como quienes los conforman, se comprometen a observar los reglamentos y directrices de los organismos internacionales del fútbol, incluyendo el Código Ético de la FIFA.
Tanto es así que, en diciembre de 2019, la Comisión Delegada de la RFEF, que es el órgano encargado de modificar los Estatutos, se reunió y modificó el citado código porque la FIFA había cambiado los plazos de prescripción de determinadas infracciones. Concretamente, entre otros, los correspondientes a casos de corrupción o cohecho y de amaño de partidos o competiciones, que son los que afectan a casos como el Barça-Negreira. Estos pasaron de no tener plazo de prescripción a tener uno de diez años. El Código Ético de la RFEF incorporó los cambios.
En junio de 2021, sin que se reuniera la Comisión Delegada y sin anunciar qué cambios se iban a llevar a cabo en el orden del día de la Asamblea General de la RFEF, se modificó el Código Ético de la RFEF. El cambio implicó la eliminación de todas las infracciones y las sanciones correspondientes.
Sobre este cambio, tanto el entonces presidente de la RFEF, Luis Rubiales, como la prensa y los satélites culés nos han querido vender que no tenía sentido que el Código Ético estableciera plazos de prescripción más largos que los de la Ley del Deporte. Es decir, mezclan a conveniencia el derecho contencioso-administrativo, por el que se rige la citada ley, con el derecho privado, por el que se rige el Código Ético. Hasta entonces nunca se había hecho eso. ¿Por qué sí se hace en junio de 2021?
La prescripción de la Ley del Deporte no debería impedir sancionar al Barça: el Código Ético de la FIFA solventa ese problema
Pueden ser dos los motivos: el caso Barça-Negreira (que, además, el 18 de julio siguiente prescribiría según la Ley del Deporte), del que ya tenían conocimiento la AEAT, la Fiscalía y el Consejo Superior de Deportes, donde ya estaba Albert Soler; y el caso Supercopa, en el que estaban implicados el entonces presidente de la RFEF, Rubiales, y el jugador culé Gerard Piqué.
Además, se ha mentido haciendo creer que Florentino Pérez votó a favor del cambio del Código Ético. Hay imágenes de la votación, con los asistentes usando mascarilla por ser tiempos de COVID, en las que se ve que Florentino no vota a favor.
Este cambio en el Código Ético, aparte de no haberse efectuado mediante el procedimiento legal seguido en las demás modificaciones (explicación del cambio en el orden del día de la Asamblea General y reunión de la Comisión Delegada de la RFEF para tratarlo), incumple por completo los propios Estatutos de la RFEF en los puntos del artículo 1 antes citados, ya que no se ajusta a los de la FIFA. Por tanto, muchos entendemos que el cambio es completamente ilegal y que la FIFA debería echarlo atrás y sancionar a quien corresponda por ello.
¿Qué pasaría si estuviera vigente el Código Ético que corresponde? Que el Comité de Ética y Disciplina Deportiva de la RFEF debería haber actuado descendiendo ipso facto al FC Barcelona a Primera Federación por haber pagado a un mando federativo, hecho que constituye una infracción grave en el citado Código Ético.
La FIFA tampoco ha actuado como debe, ya que el sistema funciona así:
El artículo 30.2 del Código Disciplinario de la FIFA establece que:
Las confederaciones, federaciones y otras organizaciones deportivas son responsables de investigar, procesar y sancionar las conductas mantenidas en sus respectivas jurisdicciones. […]
Para ello, el artículo 45.1 de los Estatutos de la RFEF faculta a su propio Comité de Ética para castigar las conductas ilegales o inmorales, aplicando subsidiariamente las severas sanciones tipificadas en el Código Ético de la FIFA o de la UEFA (como el descenso o la inhabilitación), precisamente cuando estos organismos supranacionales no sean los competentes por razón del ámbito territorial.
Si la RFEF se niega a sancionar, mira hacia otro lado o escuda su inacción en que la vía ordinaria ha prescrito, la jurisdicción internacional puede intervenir.
El artículo 30.6 del Código Disciplinario de la FIFA advierte que los órganos judiciales de la FIFA se reservan el derecho a investigar, procesar y sancionar directamente las infracciones graves (mencionando específicamente la manipulación de partidos) en la jurisdicción de una federación nacional, si dicha federación no ha emprendido una investigación formal en un plazo de 90 días desde que se tuvo constancia de la infracción.
Por otro lado, cuando es la RFEF la que finalmente impone una sanción a nivel nacional por una infracción calificada como grave (como manipulación o corrupción), el artículo 70 del Código Disciplinario de la FIFA le impone la obligación de solicitar a la Comisión Disciplinaria de la FIFA que extienda dicha sanción para que tenga efecto en el ámbito mundial.
En conclusión, es el Comité de Ética de la RFEF quien debe proponer y aplicar estas sanciones basándose en las normas de la FIFA. Pero si la RFEF no cumple diligentemente con este deber, tanto la FIFA como la UEFA tienen herramientas estatutarias para arrebatarle el caso, juzgarlo en Suiza e imponer esas mismas sanciones directamente.
Algunos gurús del derecho, que no han pisado en su vida un juzgado, dicen que no se puede aplicar el Código Ético de la FIFA porque los implicados ya están siendo juzgados, apelando al principio non bis in idem, según el cual una persona (o entidad) no puede ser juzgada dos veces por el mismo delito.
La trampa aquí está en mezclar el derecho penal con el Código Ético. Hay ejemplos que demuestran lo erróneo que es argumentar eso: a Blatter y Platini los inhabilitó la FIFA y, posteriormente, la justicia ordinaria les dio la razón en la vía penal, pero no recuperaron sus cargos; al Fenerbahçe se le retiró la invitación a la Champions y la UEFA lo sancionó otro año más. Después ganó su caso en la justicia ordinaria y pidió una indemnización a la UEFA, pero tanto el TAS como un tribunal ordinario se la denegaron; y la Juve fue descendida y privada de sus títulos por el Código Ético de la FIFA y, años después, fue declarada culpable también por la vía penal. Las terminales mediáticas culés están constantemente emponzoñándolo todo para que no se sepa la verdad y todo resulte difuso.
Es por ello por lo que ahora un grupo de abogados ha presentado una denuncia ante la FIFA, el caso Gravissimum, para que esta actúe de oficio, igual que hizo en el caso Jenni Hermoso contra Rubiales, dada la inacción de la RFEF.
Es más, alguien que pertenezca a la FIFA puede denunciar ante el Comité de Ética de la propia organización el cambio que se hizo en el Código Ético de la RFEF, a todas luces ilegal según sus propios Estatutos, como he explicado. Nosotros no podemos, pero el Real Madrid, por ejemplo, sí.
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Hay una forma muy cómoda de contar la historia del FC Barcelona durante el franquismo: seleccionar los barcelonistas perseguidos, represaliados o exiliados, sumar episodios reales de intervención política sobre el club y extender después esa plantilla hasta convertir varias décadas de historia en una película con sólo dos colores.
El inconveniente aparece cuando se abren periódicos, boletines oficiales, expedientes y la propia revista BARÇA. Entonces surgen directivos, socios y figuras barcelonistas que fueron procuradores en Cortes, concejales, excombatientes nacionales, miembros de organismos oficiales, participantes en depuraciones, visitantes habituales de autoridades franquistas o defensores explícitos del régimen.
No uno. Ni dos. Y no precisamente personajes inventados retrospectivamente por un adversario del club.
La Historia vuelve a estropear el guion.
Empecemos por una fotografía magnífica. Bernardo Lassaletta, futbolista y directivo del Barcelona en los primeros años del siglo XX, científico, ingeniero y profesor, formó parte en 1923 de la comitiva que acompañó a Albert Einstein durante su estancia en Cataluña, incluida la visita a Poblet.
Einstein. Cataluña. Ciencia. Barcelona. Todo impecable.
Puede bajarse aquí el telón y tenemos una preciosa semblanza. El problema aparece si alguien hace la pregunta que da título al trabajo de SALTATAULELLS: ¿y después qué otras cosas hizo en su vida?
Porque Lassaletta siguió viviendo. Y bastante activamente. El estudio lo sitúa en la reorganización de la Escuela de Ingenieros Industriales después de la guerra: en 1940 fue nombrado vocal de la Junta Económica docente y recibió otros encargos académicos. Posteriormente aparece también en organismos profesionales y económicos de la Barcelona franquista.
Y queda el pequeño detalle final: al morir en 1948, su trayectoria oficial incluía la condición de procurador en Cortes. La propia investigación de SALTATAULELLS localiza su presencia en las Cortes Españolas de 1946.
Así que sí: acompañó a Einstein. Y sí: es una noticia preciosa. Pero la biografía no termina en Poblet. A veces el problema no está en lo que se cuenta, sino en el punto exacto donde se decide dejar de contar.
Miguel Useros fue tesorero del Barcelona entre 1905 y 1909, dentro de las juntas de Juli Marial, Vicenç Reig, Joan Gamper y Otto Gmeling. Ingeniero industrial y profesor, desarrolló después una larga vida profesional y pública.
Tras 1939, el trabajo de SALTATAULELLS lo documenta dentro del mundo académico reorganizado por el nuevo régimen y relacionado con procesos de depuración. También aparece una Orden de 17 de febrero de 1941 que atiende una petición suya relativa a funciones y retribuciones en la Escuela de Ingenieros Industriales.
La conclusión razonable no es que el Barcelona fuese por ello franquista. Es otra, mucho más limitada y mucho más difícil de esquivar: un antiguo directivo barcelonista podía integrarse plenamente en estructuras franquistas y participar en mecanismos depuradores.
Francisco Figuerola fue secretario de la junta de Josep Suñol. El 26 de julio de 1934, actuando como secretario del Consejo Directivo del FC Barcelona, dirigió al comisario general de Orden Público un escrito oficial redactado en catalán. El propio trabajo de SALTATAULELLS lo sitúa también en el núcleo de publicaciones y actividades del club vinculadas al catalán.
Por tanto, conviene fijar primero este extremo sin trampas: Figuerola perteneció a un Barcelona culturalmente catalanista y utilizó el catalán en la documentación oficial del club.
Después llegó la Guerra Civil. Y aquí la biografía exige contexto, no caricatura.
Su hermano menor, Juan Figuerola Ferrer, vinculado a Falange, fue asesinado en las costas del Garraf. Su suegro, José Bassedas Montaner, médico barcelonés de prestigio y presidente del Instituto Agrícola Catalán de San Isidro, también fue asesinado durante la guerra. Estos dos asesinatos familiares forman parte del itinerario vital que precede a la evolución posterior de Figuerola.
En 1938 aparece ya en el bando nacional como teniente provisional auxiliar de Estado Mayor. En la posguerra fue secretario del general Orgaz, aparece en actos de la sociedad oficial franquista y desarrolló una extensa trayectoria profesional e institucional. Muchos años después todavía ocuparía responsabilidades en entidades inequívocamente catalanas, como la vicepresidencia segunda del Orfeó Català.
El mismo hombre, por tanto, pudo escribir documentos oficiales del Barcelona en catalán, sufrir el asesinato de dos familiares próximos durante la guerra, combatir con los nacionales, integrarse después en la sociedad franquista y continuar participando en instituciones culturales catalanas.
Una biografía así tiene muy mala educación: se niega a caber en los dos cajones que se le habían preparado.
El interés del caso Sagnier está en comprobar qué ocurre cuando, en lugar de dar por concluida la biografía en la inmediata posguerra, se sigue su rastro durante las décadas siguientes. SALTATAULELLS lo localiza repetidamente en la vida social y pública barcelonesa hasta su fallecimiento en 1976.
Nada de ello niega la intervención política franquista sobre las entidades deportivas después de la guerra. Sí obliga, en cambio, a separar dos afirmaciones distintas: que el régimen interviniera sobre el club y que todos los hombres que ocuparon responsabilidades en ese período deban describirse automáticamente como víctimas personales o simples figurantes sin trayectoria propia.
Un secuestro histórico puede documentarse. Convertirlo en explicación biográfica universal de cada directivo requiere bastante más trabajo.
Federico Amat procedía antes de la guerra del ambiente de la Lliga Catalana y había participado en la vida municipal. Después de la guerra aparece en la dirección del Ferrocarril Metropolitano de Barcelona en una etapa en que su consejo intervino en la depuración de personal.
Más tarde fue directivo del Barcelona con Enrique Martí Carreto, entre 1952 y 1953. Y su biografía pública bajo el franquismo no parece precisamente clandestina: asociaciones católicas, cargos municipales, visitas a autoridades, responsabilidades en la Barcelona institucional del régimen y presencia en actos oficiales.
SALTATAULELLS documenta además su condición de concejal entre quienes acompañaron a Franco bajo palio en la Catedral de Barcelona.
Tenemos, por tanto, catalanismo conservador antes de la guerra; participación en depuraciones después; directiva del Barcelona; Ayuntamiento franquista; y acompañamiento ceremonial a Franco.
Si todo eso forma parte de una misma biografía, quizá el problema no esté en la biografía. Quizá esté en el cajón donde se intenta meterla.
Luis Rosal fue un médico prestigioso. Antes de la Guerra Civil participó en actividades científicas en catalán, entre ellas el VII Congreso de Médicos de Lengua Catalana. Después aparece integrado en la Barcelona oficial del nuevo régimen y vinculado a Auxilio Social.
Posteriormente fue vicepresidente del Barcelona con Miró-Sans y tesorero con Llaudet, además de ocupar responsabilidades municipales. Es decir, una misma persona podía tener una trayectoria anterior ligada a la cultura catalana, integrarse después en estructuras oficiales franquistas y ocupar simultáneamente puestos relevantes en el club.
No hay incompatibilidad. Ésa es precisamente la noticia.
Aquí el sarcasmo casi se escribe solo. La revista BARÇA, el 3 de febrero de 1956, entrevista a Vicente García Ribes sobre fútbol amateur y lo identifica expresamente como «procurador en Cortes». Es decir, procurador en las Cortes franquistas.
No lo descubre un enemigo del club décadas después. Lo publica la propia revista barcelonista en 1956.
La escena imaginaria resulta inevitable: «¿Dónde está el representante del barcelonismo antifranquista?». «Ha salido un momento». «¿Adónde?». «A las Cortes de Franco».
Mariano Cañardo fue una enorme figura del ciclismo y un ídolo estrechamente relacionado con el barcelonismo. SALTATAULELLS utiliza su caso para señalar el mismo mecanismo observado en Paulino Alcántara y Josep Samitier: la biografía deportiva se recuerda con entusiasmo, mientras determinadas vinculaciones políticas posteriores reciben mucha menos atención.
El interés del caso no consiste en disminuir al deportista. Cañardo no pedalea peor retrospectivamente por sus ideas. La cuestión es mucho más elemental: si se cuenta una vida, se cuenta la vida entera.
Carlos Cava de Llano merece el final porque ofrece el remate documental más difícil de disimular. Fue alférez provisional durante la Guerra Civil, desarrolló una larga trayectoria en organizaciones de excombatientes y en el mundo político y social franquista, y figura además entre los socios de la Comisión Organizadora de los festejos del nuevo estadio barcelonista de 1957.
Pero podría objetarse que una cosa es ser socio y otra ser considerado por el propio ambiente del club un barcelonista representativo. Para resolverlo aparece la revista BARÇA.
Número 347. 19 de julio de 1962. Título: «Hombres del Barcelona. Don Carlos Cava de Llano. El hombre de la ponderación con firmeza en las decisiones». La entrevista lo presenta como un «barcelonista de pro» y como un hombre que siente el Barcelona extraordinariamente.
Así que no estamos ante una etiqueta inventada después por SALTATAULELLS: lo decía BARÇA.
Cava de Llano siguió mostrando después sus posiciones políticas. En 1975 pronunció una conferencia publicada por Ediciones Movimiento bajo el título «La aportación de los catalanes a la Guerra de Liberación y a la paz española». Muerto Franco, continuó expresando una valoración abiertamente favorable al régimen anterior.
Y queda la guinda musical.
El propio trabajo de SALTATAULELLS identifica como composición de Carlos Cava de Llano, con letra y música dedicadas a Franco, la canción «El Generalísimo». El enlace directo que ofrece el artículo es:
ESCUCHAR «EL GENERALÍSIMO» — ENLACE DIRECTO
La importancia del enlace es evidente: en este punto casi sobran los adjetivos. El lector puede acudir directamente a la fuente señalada por SALTATAULELLS.
BARÇA lo llamó «barcelonista de pro». Su trayectoria política fue inequívocamente franquista. Y su actividad creativa incluyó una canción dedicada al Generalísimo.
A veces una grabación hace el trabajo ella sola.
Para que el informe no incurra en el defecto que critica, conviene identificar también los casos que van en otra dirección. En el rastreo de SALTATAULELLS utilizado para este trabajo aparecen expresamente dos antiguos directivos tratados por su exilio y posterior regreso a España: Joan Alavedra Segurañas, directivo entre 1932 y 1934 y colaborador de la Generalitat, y Eugeni Xammar Puigventós, directivo entre 1903 y 1904 y jefe de prensa de la Embajada republicana en París durante la Guerra Civil.
No se presenta esta cifra como censo absoluto de toda la historia del FC Barcelona. Sí es el resultado del conjunto documental aquí utilizado: los dos exiliados expresamente identificados en ese rastreo son Alavedra y Xammar.
Se han comprobado además tres nombres que podían plantear duda. Paulino Carbonell Serra no amplía la lista: SALTATAULELLS lo localiza fallecido en Barcelona en 1951 y lo describe expresamente como un directivo de Suñol muerto en la Barcelona franquista y no en el exilio. De Antonio Cabestany Farré, el rastreo utilizado sólo localiza su esquela en Barcelona en 1977, dato insuficiente para acreditar un exilio anterior. Y de Miguel Zapata Pascual no se ha encontrado documentación bastante para incluirlo con seguridad entre los exiliados. Por ello, esta versión mantiene como exiliados documentados a Alavedra y Xammar, sin convertir esa relación en un censo absoluto.
Esto permite evitar dos exageraciones simétricas: ni borrar a quienes se exiliaron ni convertir dos nombres documentados en una multitud retrospectiva.
Conviene ser rigurosos precisamente aquí.
Estos casos no demuestran que el FC Barcelona fuese un club franquista. Una cosa es la institución y otra las trayectorias políticas individuales de jugadores, socios y directivos.
Tampoco niegan la existencia de represión política ni la intervención franquista sobre el deporte y sobre el propio club, especialmente en la inmediata posguerra.
Pero, dentro del conjunto concreto de personas estudiadas en este informe, hay un dato que no debe diluirse con un contrapeso retórico que no procede de estos trabajos:
ENTRE LOS PERSONAJES AQUÍ ESTUDIADOS NO HEMOS ENCONTRADO NINGUNO DOCUMENTALMENTE ANTIFRANQUISTA.
Al contrario: con intensidades distintas, aparecen integración en estructuras oficiales, participación en mecanismos depuradores, servicio en el Ejército nacional, cargos políticos franquistas o adhesiones públicas al régimen.
Eso no autoriza a tratar a todos con la misma etiqueta ni con la misma intensidad. Cava de Llano, por ejemplo, representa una adhesión política explícita mucho más clara que otros casos de integración institucional o profesional. La precisión fortalece el argumento: no hace falta exagerar lo que ya es suficientemente elocuente.
Lo que sí resulta difícil de mantener, después de reunir todos estos casos, es la identificación automática entre barcelonismo y antifranquismo durante cuatro décadas.
EL BARCELONISMO DEL FRANQUISMO NO FUE POLÍTICAMENTE UNIFORME.
El conjunto aquí estudiado es especialmente llamativo porque ninguno de estos personajes, a partir de estos trabajos concretos, puede presentarse como documentalmente antifranquista. En cambio, aparecen repetidamente directivos, socios o figuras barcelonistas integrados en la sociedad franquista, algunos con responsabilidades políticas, otros con participación en depuraciones y otros con adhesión pública y explícita al régimen.
Lassaletta acompañó a Einstein y terminó siendo procurador en Cortes. Useros fue directivo con Gamper y aparece después ligado al aparato académico y depurador. Figuerola escribía las cartas del Barcelona en catalán, sufrió el asesinato de su hermano falangista y de su suegro, combatió con los nacionales y se integró luego en la sociedad institucional franquista. Amat procedía de la Lliga, fue directivo barcelonista, participó en depuraciones, ejerció como concejal y acompañó a Franco bajo palio. Rosal combinó cultura médica catalana, cargos franquistas y vicepresidencia del Barcelona. García Ribes fue presentado por BARÇA como procurador en Cortes. Y Cava de Llano fue presentado por la propia revista como «barcelonista de pro» antes de dejar, entre otros testimonios, una canción dedicada a Franco.
Frente a ello, el rastreo empleado identifica expresamente dos antiguos directivos exiliados y retornados: Joan Alavedra y Eugeni Xammar. Deben nombrarse porque existieron. Pero precisamente nombrarlos permite medir mejor el conjunto en vez de sustituir la investigación por una impresión.
Se pueden discutir interpretaciones, pesos relativos y contextos individuales. Lo que resulta mucho más difícil es continuar contando una historia donde el barcelonismo aparece colocado colectivamente a un lado de una frontera política y el franquismo al otro.
Porque cada vez que se dibuja esa frontera con regla y tiralíneas...
APARECE UN BARCELONISTA POR EL LADO EQUIVOCADO.
Nota del autor: Texto ordenado, contrastado y tratado con ayuda de IA a partir de los trabajos y fuentes indicados.
Fotos: SALTATAULELLS
Nota de la redacción: Las investigaciones y conclusiones expuestas corresponden a su autor, Antonio Arias.
Pues ya sabemos quién va a pitar el partido contra el Barcelona en el Camp Nou de waterpolo: Hernández Hernández. Lo he escrito aquí. Van a ir con todo hasta el final. El criminal no puede parar hasta que es detenido. Necesita la adrenalina del delito. La persecución le estimula. Es una droga. Vivir al límite, en la creencia de que nunca será atrapado. Todos piensan lo mismo.
España vive un momento distópico. En todo. En la política, en la sociedad, en el deporte, en la cultura, la educación, la vivienda, la cesta de la compra, el empleo, la inmigración, los servicios públicos. Una espiral descendente hacia la ruina, la miseria, la desesperación. Ni el fútbol nos alivia.
No es culpa sólo de los políticos. Es culpa nuestra. Tenemos averiado el termostato moral, el de la exigencia (también la propia). No estamos a la altura de nuestra historia ni de nuestros antepasados, que eran mucho mejores que nosotros. Probablemente nuestros hijos serán más tolerantes con la injusticia, más apáticos en la adversidad, más conformistas con el destino. Porque nos ven. Y porque no estamos siendo capaces de mejorar lo que heredamos. Porque no nos atrevemos a darle al mundo un día de furia.
No estamos a la altura de nuestra historia ni de nuestros antepasados, que eran mucho mejores que nosotros
El Real Madrid tampoco es mejor que antes. No sabemos qué habría hecho Santiago Bernabéu en las circunstancias que estamos padeciendo. Florentino Pérez está acostumbrado al juego largo en su profesión, a prevalecer sin ruido, a desarrollar estrategias, a negociaciones complicadas, a llegar a acuerdos con personas de honor, a buscar alianzas convenientes. Es lo que hizo con la Superliga antes de ser traicionado. Si el rugby es un deporte de truhanes jugado por caballeros y el fútbol lo contrario, imaginen la calaña de quienes gobiernan a los truhanes.
Florentino reaccionó como sabe. La prisa es enemiga de la eficacia. No se puede luchar contra el sistema. El berrinche, la impaciencia sólo conducen a la frustración. La vía judicial le proporcionó un comodín de 4500 millones de euros (el sartenazo que refiere @TelecoCalvo) que usó para negociar con la UEFA “el futuro del fútbol”. La partida no ha terminado. Es una forma antigua, lenta pero inexorable, de llegar a la meta. Irritante en la era de la inmediatez, sí, mientras soportamos el hate de las redes sociales. Mientras el infecto ecosistema clientelar de Tebas se traga cien millones de euros anuales, generados por el fútbol, que abultan los bolsillos de sus portavoces con opacidad premeditada. Nos falta un día de furia.
Cuentan que Bernabéu prohibió el acceso al palco del estadio al general Millán-Astray, a raíz de un agravio a la esposa de un diplomático extranjero invitada a un partido. La historia retrata al militar como un personaje excesivo: soberbio, prepotente, mujeriego y pendenciero, además de muy poderoso. Semanas más tarde del incidente volvió a presentarse en el palco sin ser invitado, llegó a las manos con personal de seguridad encargado de impedir su acceso y llegó a retar a un duelo a pistola a don Santiago, que se mantuvo firme frente a amenazas y provocaciones. La intervención de Franco y de otro general amigo de Bernabéu evitó que la cosa fuera a mayores. Lograron persuadir a Millán-Astray, que no volvió a pisar el estadio. No se dejen engañar por antimadridistas ignorantes, repetidores de bulos: el Real Madrid nunca estuvo del lado del dictador. De hecho, fue un club proscrito hasta que abrió las puertas de Europa, logrando lo que el régimen no pudo conseguir en los quince primeros y durísimos años de nuestra posguerra civil.
Tenemos un Barcelona - Real Madrid en menos de tres semanas. Con Hernández Hernández al silbato. Una chulería. Un desafío. Un brindis. Un “sujétame el cubata” del CTA. El árbitro del gol anulado a Bale en 2016 por ser embestido por Jordi Alba. El de 2018 con la falta de Suárez a Varane previa a un gol de Messi y el penalti catedralicio no señalado de Jordi Alba sobre Marcelo. El de los dos penaltis sobre Varane que se fueron al limbo en el Camp Nou en 2019 ignorados por el VAR. El de las dos manos consecutivas sin sanción en el área del Levante en 2020. El de la mano de Felipe en el derbi en 2021 que no concedió tras ser llamado por el VAR; el balón le caía a Casemiro, solo delante de la portería. El del codazo de Eric García sobre la cara de Bellingham sin penalti. Ese es Hernández Hernández. Árbitro del método. Del Método Negreira.
Hernández Hernández recibirá instrucciones de pitar contra su costumbre, contra el sistema. Esta vez va a perjudicar al Barcelona para Mostrar al mundo, y a la UEFA, que el Real Madrid vive fuera de la realidad, que imaginamos conspiraciones
Me gustaría que Tebas fuera poco inteligente. Un zoquete. Me gustaría que quisiera seguir cachondeándose de nosotros con su alegre pandilla. Abusar de su suerte. Recrearse. Exhibir su obra. Concedernos la oportunidad de parar el partido en el minuto diecisiete con catorce segundos y retirar al equipo tras un acto prevaricador inevitable, obsceno y definitivo. Mostrarle al mundo, UEFA incluida, la corrupción en directo, en prime time y señalar a todos sus beneficiarios en sala de prensa. Una ocasión única. Mourinho delante de los micrófonos, con el equipo camino del aeropuerto. Nuestro día de furia.
Pero no pasará. Tebas es malvado, pero no estúpido. De hecho, creo que sucederá lo contrario: Hernández Hernández recibirá instrucciones de pitar contra su costumbre, contra el sistema. Esta vez va a perjudicar al Barcelona. Validará un gol de Mbappé en fuera de juego. Ignorará un penalti claro de Huijsen sobre Yamal. Nos perdonará tarjetas a nosotros y será estricto con el rival. Encabronará a la grada. El Método Negreira ha desarrollado anticuerpos contra la decencia y es capaz de adaptarse a la presión del entorno. Mostrará al mundo, y a la UEFA, que el Real Madrid vive fuera de la realidad, que imaginamos conspiraciones. Que LaLiga no es la Premier y que los árbitros son humanos, y que, por tanto, se equivocan. Concretamente, con un saldo de +72 veces para el Barcelona y de -14 para el Real Madrid, desde 2001.
Y Tebas se irá feliz a la cama después de pedir en X que le dejen trabajar, denunciando la persecución de RMTV y repitiendo tres veces que lo de Negreira ha prescrito. Para que siga la burla. Para tapar la mugre. En la tertulia nocturna, su portavoz de la COPE repetirá las consignas. Como cada día. Pero ese día faltará un día menos para que la UEFA haga su trabajo. Hay 4500 millones en un papel que dice “páguese a la Superliga”, los designadores del CTA turco en la cárcel y el City mirando la hoja de la guillotina desde abajo. El futuro del fútbol está en juego. Un futuro sin tramposos, ni corruptos, ni Hernández Hernández. Hágase.
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Buenos días. Las portadas culés rinden homenaje a Messi, que se despidió de la selección argentina.
As abre con una entrevista a Asencio. Destacan las palabras del defensa blanco sobre su multa por un incidente de tráfico. El defensa soltó: «Pido perdón. No volverá a ocurrir» y se quedó como un rey.
Marca dedica su portada a la recuperación de Mbappé de una lesión de rodilla que curó, en parte, acudiendo a locales de ocio nocturno. Pero lo que más nos interesa es un círculo negro colocado prácticamente fuera de la portada donde se habla de la entrevista a nuestro querido César Lage: «En el caso Negreira, la UEFA es una amenaza real que la gente subestima».
César lleva años explicando —con modos exquisitos y paciencia infinita— algunas cuestiones jurídicas y lógicas que son extraordinariamente difíciles de comprender para buena parte de quienes se dedican a desviar la atención del caso.
Una de ellas es que la corrupción deportiva no exige necesariamente demostrar que un árbitro alteró el resultado de un partido concreto. Lo relevante, desde el punto de vista penal, es acreditar una conducta dirigida a modificar fraudulentamente el desarrollo de una competición.
Para ilustrarlo, Lage recurre al ejemplo de un conductor ebrio. No hace falta que atropelle a un joven, se estrelle contra un local de coaching arbitral o termine introduciendo su vehículo en el salón de un señor al que solo le molesta el ruido proveniente de cierto estadio. Basta con que conduzca bajo la influencia del alcohol en los términos que establece el Código Penal. El accidente, en su caso, vendría a complicar todavía más las cosas, pero no es indispensable para sancionarlo.
Lage también advierte del peligro que representa la UEFA para el Barcelona. Una eventual actuación disciplinaria europea no depende necesariamente de que exista una sentencia penal firme en España.
En la entrevista, César Lage también refuta el argumento de la neutralidad: «La neutralidad del árbitro no es un servicio que un club pueda contratar; es una obligación del sistema hacia todos los equipos por igual».
Sin embargo, según afirmó el propio Negreira ante Hacienda, el FC Barcelona le pagaba para asegurarse la neutralidad arbitral. Como, por ley, la neutralidad se supone garantizada, entendemos que se trataba de alguna neutralidad premium.
Suponemos que hay diferentes modalidades a la hora de contratar neutralidad, pero es cosa nuestra, cualquier parecido con la realidad es una desgracia:
Neutralidad básica: gratuita, con anuncios. Al albur de la decisión de individuos cuyo sueldo depende de unos jefes enemigos declarados del Real Madrid.
Neutralidad premium: cuesta varias decenas de miles de euros al año. Los colegiados reciben coaching del hijo del vicepresidente de los árbitros mientras ambos, padre e hijo, cobran del FC Barcelona y la RFEF anda por medio.
Neutralidad premium con chófer: al menos 8,4 millones de euros durante, como mínimo, 17 años. Proporciona todas las ventajas de la premium, pero cuenta con asesoramiento personal del vicepresidente del CTA y servicio de recogida y desplazamiento con charla de su hijo, Javier Enríquez, quien explicó al fisco que utilizaba un vehículo para acompañar «prácticamente cada semana» a un equipo arbitral durante su estancia en Barcelona, con recogida en el aeropuerto y traslados al hotel y al estadio. Su empresa, Soccercam, que facturaba al FC Barcelona a través de Tresep, declaró casi cien mil euros en gastos de comidas, alquileres de vehículos, transportes y representación. Recapitulemos: el hijo del vicepresidente de los árbitros cobraba indirectamente del Barça por sus servicios de asesoramiento y, dentro de esa misma actividad empresarial, justificaba gastos relacionados con la atención y el transporte de los colegiados que después debían arbitrar los partidos del club que le pagaba.
Todo muy normal. En cualquier empresa española, el hijo de uno de los máximos responsables de un organismo regulador presta servicios a una compañía supervisada por ese organismo, mantiene amistad con los supervisores y, en sus ratos libres, los recoge en el aeropuerto. Lo habitual.
Pero el servicio no terminaba en el transporte. Javier Enríquez también elaboraba informes que incluían datos personales de los árbitros: cumpleaños, aficiones o amistades. El hijísimo, en su declaración judicial de septiembre de 2025, aseguró que los acompañaba «por amistad, vínculo, admiración al colectivo y como forma de estrategia comercial».
Imaginamos al colegiado negreiro de turno llegando a Barcelona después de un vuelo agotador de 500 Km en business, porque su magro sueldo de 300.000 al año no le alcanza para permitirse un billete de primera.
En la zona de llegadas le espera un joven de pelo moreno, probablemente con reloj —el joven, no el pelo—, con una sonrisa y un cartel en el que puede leerse el nombre de pila del trencilla.
Durante el trayecto al hotel, charlan. El chófer comenta:
—Por cierto, ¿no cumple usted años el domingo?
—Efectivamente.
—Pues muchas felicidades. Qué importante es la neutralidad, ¿verdad?
El automóvil continúa su camino por la Ciudad Condal mientras suena una agradable música de fondo. De pronto, es interrumpida por un pitido molesto.
—Amigo, no olvide abrocharse el cinturón de neutralidad. Si no, salta la alarma.
Pasad un buen día.
(Este artículo continúa la serie de investigación judicial sobre el contenido de la Diligencias del Caso Negreira. Capítulos anteriores han analizado la inimputabilidad de José María Enríquez Negreira, la prescripción, el Caso Núñez y la evolución temporal de los pagos. Éste se dirige directamente a uno de los investigados).
Querido Josep María:
El 10 de agosto de 2026, la Magistrada Alejandra Gil Llima firmó el auto que denegaba la prórroga de instrucción de las Diligencias Previas 348/2023. Dos testificales acordadas quedan pendientes para noviembre. El procedimiento penal continúa. Y tú sigues en él.
Lo que los documentos dicen antes de que digas nada tú. Empecemos con lo que no tiene discusión posible. El 27 de febrero de 2020, la Directora de Tesorería del FC Barcelona, Sara Palanca Guillot, y el abogado fiscalista Ángel Rocamora comparecieron ante la Inspección de la Agencia Tributaria. La AEAT les había pedido los documentos, informes y vídeos que justificaban los pagos millonarios a NILSAD SCP y DASNIL 95 SL. La respuesta quedó registrada en la Diligencia de Constancia núm. 5:
"En relación a su petición de documentación no le ha resultado imposible su localización puesto que las personas encargadas de tales trabajos ya no se encuentran en el Club y, por ello, no se ha podido encontrar la requerida documentación."
Tú eras presidente desde enero de 2014. Llevabas seis años en el cargo cuando se firmó ese documento. Tus personas, Josep Maria. Tus personas ya no estaban en el club cuando las buscó Hacienda.
El 21 de julio de 2021 —ya con Laporta de vuelta en la presidencia, pero con pagos que en su mayor parte pertenecen a tu mandato— el FC Barcelona firmó actas de conformidad con la AEAT. El club reconoció formalmente que los pagos a NILSAD y DASNIL-las mercantiles de Negreira Padre- eran una mera liberalidad. Gasto no deducible. Sin contraprestación verificable. En términos menos técnicos: el propio club reconoció ante Hacienda que el dinero había salido sin que existiera un servicio acreditado a cambio. Eso fue en julio de 2021. Con los pagos correspondientes principalmente a tu mandato.
Aquí está el problema central de la defensa que has sostenido, Josep Maria. Y es un problema documentalmente acreditado. Cuando declaraste el 13 de febrero de 2023 ante la Brigada Provincial de Policía Judicial -Fiscalía-, en calidad de investigado, dijiste esto:
"En todo momento estuvo convencido de que todos los pagos eran por los trabajos y servicios realizados por Javier Enríquez Romero. Nunca que eran importes pagados a las empresas del padre, José María Enríquez Negreira. Siempre pensó que los pagos eran solamente por los servicios de Javier."
Eso declaraste. Bajo la asistencia de tu abogado, Josep Maria Fuster-Fabra. Hay un problema. La fiscalía provincial de Barcelona, en su requerimiento al club de 15 de junio de 2022, dirigió dos oficios separados. Uno para NILSAD SCP y DASNIL SL. Otro, en folio aparte, para SOCCERCAM SLU y TRESEP 2014 SL. Dos documentos distintos. Dos circuitos distintos. La Fiscalía ya sabía —antes de que tú declararas— que existían dos relaciones económicas separadas.
El Circuito A era el de NEGREIRA padre:DASNIL y NILSAD facturaban directamente al FC Barcelona. Más de 7,3 millones de euros, pagos que nacen mucho antes de tu mandato, según el propia acta de declaración.
El Circuito B era el de NEGREIRA hijo:SOCCERCAM facturaba a TRESEP 2014 SL, que era la sociedad del intermediario José Contreras Arjona, y TRESEP facturaba al FCB. Una cantidad muy inferior.
Dos circuitos. Dos titulares. Dos flujos de dinero diferentes. Y tú declaraste que pensabas que todo era del hijo.
El propio receptor lo dijo antes que tú.
El 29 de octubre de 2021, José María Enríquez Negreira declaró ante la Inspección de Hacienda. Lo que dijo quedó registrado en el expediente:
Que no existía ningún documento ni informe que acreditara su servicio. Que el club le pagaba para asegurarse de que no se tomaban decisiones arbitrales en su contra. Que "todo fuera neutral". Y que su hijo Javier ni hacia Informes ni participaba en el dinero que sus empresas —DASNIL o NILSAD— cobraban del club.
El padre lo dijo primero: el hijo no tenía nada que ver con lo que él cobraba.
Meses después, Javier Enríquez Romero declararía en fiscalía y en sede judicial ante todas las partes en el mismo sentido: ninguna cantidad de los millones ingresados en DASNIL o NILSAD correspondía a trabajos realizados por él.
Tú declaraste lo contrario: que siempre creíste que los pagos eran por los trabajos del hijo.
Josep María, alguien se equivoca. Y son los propios padre e hijo quienes te contradicen.
El 9 de febrero de 2023, a las 09:15 de la mañana, compareció ante la misma unidad de Policía Judicial que te recibiría cuatro días después una persona llamada Concepción Díaz Herbella. Era la secretaria de DASNIL y NILSAD. La persona que llevaba la administración cotidiana de las sociedades del señor Enríquez Negreira.
Declaró que nunca vio a Negreira trabajar en la confección de ningún informe ni grabar ningún disco. Que lo único que se remitía al FC Barcelona eran las facturas. Que las facturas viajaban solas.
Y añadió, según consta en los escritos del procedimiento, que recordaba haber visto a Bartomeu en una ocasión en el despacho, hablando de fútbol con el señor EnríquezNegreira.
Eso dijo ella el 9 de febrero. Cuatro días después, eras tú quien se sentaba ante los investigadores. Ese mismo día 9 de febrero, a las 09:15 horas, tu abogado —Josep Maria Fuster-Fabra, buen abogado, por cierto, compareció ante el Subinspector de la Policía Judicial. El acta recoge que se le dio vista:
"A la totalidad de las actuaciones y documentos correspondientes a las referidas Diligencias de Investigación".
La diligencia concluyó a las 11:00 horas del mismo día. Cuatro días después, declarabas tú.
El acta de tu declaración no recoge ninguna pregunta formulada por los investigadores sobre Concepción Díaz Herbella. Tampoco sobre tu visita al despacho de Negreira. Las preguntas se centraron en confirmar que sabías que existía el servicio, pero no su contenido, que la Junta no lo aprobó formalmente porque venía de antes, y que siempre creíste que se pagaba al hijo.
Un interrogatorio como ese, que previamente ha sido preparado por la defensa, tiene una característica: Tu abogado te da las respuestas antes de que se te formulen las preguntas. No te preguntaron por Concepción Díaz, Josep Maria. Pero ella ya había hablado.
Lo que declaraste en Fiscalía ante la CNP. Y lo que no. Sobre el conocimiento personal de Negreira declaraste lo siguiente:
"Lo conocía por haber sido árbitro de fútbol y haber coincidido en la Federación Española de Fútbol. Que lo conocía por la prensa, no por tener relación con él personalmente."
Y cuando te preguntaron si era cierto que te habías reunido con Negreira unas seis veces al año, respondiste que no era cierto, que lo habías visto "alguna vez en la Federación y algún día supone que, en el campo de fútbol, pero nada más".
Concepción Díaz Herbella declaró recordar al menos una visita al despacho. No digo que hayas mentido. Una visita al despacho puede encajar con haber coincidido algún día. Pueden ser la misma cosa desde perspectivas distintas. Pero sí digo que los dos relatos merecen ser leídos uno al lado del otro. Y que el tribunal lo hará.
Querido Josep Maria, esto es lo que los documentos permiten decir con claridad:
No fuiste el primero. Los pagos comenzaron en 2001. Y con los antecedentes del Caso Núñez con Hacienda, con Núñez como presidente condenado por cohecho activo(1990-1999). La relación con Negreira arranca de toda la década de los 90, sigue Gaspart, continúa con Laporta, Rosell, y termina contigo.
Pero el tipo penal del art. 286 bis.4 CP se introdujo en 2010. Tu mandato va de 2014 a 2020. Los pagos cesan exactamente cuando Negreira pierde el cargo en el CTA, en 2018. Todo eso cae dentro del período en que el tipo existe, en que tú eras presidente, y en que los plazos de prescripción que no han completado su curso.
La prescripción protege a algunos. El tiempo protege a otros. El fallecimiento hace imposible juzgar a todos. Pero tú sigues aquí. Y el procedimiento también. No fuiste quien inauguró aquello. Pero eres quien tiene que explicarlo.
Y la explicación que has sostenido —dices que siempre creíste que pagabas al hijo— tiene un problema: los propios Negreira padre y Negreira hijo declaran lo contrario. El padre dijo que el hijo no hacía informes y nada tenía que ver con lo que cobraba DASNIL. El hijo dijo que ninguna cantidad de los millones de DASNIL era para él. No repitas una versión que los propios protagonistas desmienten. Te ridiculizas al hacerlo.
Si heredaste aquello sin saber exactamente qué era, dilo. Si sabes quién decidió que las facturas de DASNIL se siguieran pagando durante tu mandato sin contrato ni documentación, dilo. Nadie dice que lo decidieras tú. Si la explicación de los informes del hijo no es la que realmente ocurrió, no la hagas tuya. Que la defienda él que la ha inventado.
Tú ya no eres presidente. No tienes que defender la narrativa del club. No tienes que proteger la versión de ninguna junta. Tienes derecho a tu propia defensa. Que puede ser diferente. Úsala, que creo que te irá mejor.
Hay una última cosa que necesito decirte, Josep Maria. Como abogado me pongo en la piel de tu buen abogado. Como un experto que lleva meses leyendo este expediente, y que ha llegado a una conclusión que los documentos sostienen con una claridad incómoda.
Los mismos que hoy necesitan que sostengas su versión, el camarote de los que nos que no son tus amigos, son los que durante los últimos cinco años han hecho todo lo posible por hundirte.
No es una opinión. Es una cronología. En 2021, cuando Joan Laporta regresó a la presidencia del FC Barcelona, una de sus primeras decisiones fue encargar auditorías forenses sobre la gestión económica de tu mandato. Se contrató a empresas externas para revisar las cuentas del período Bartomeu. Se promovieron informes. Se señalaron operaciones. Se filtró información que te dejaba en el peor lugar posible ante la opinión pública y ante los socios del club. Un relato sostenido e injusto contigo.
Tú dejaste el Camp Nou en octubre de 2020. Dieciséis meses después, tu sucesor iniciaba el proceso sistemático de hacerte responsable de todo lo que había salido mal. De la deuda. De los contratos. De la gestión. De las decisiones deportivas. De prácticamente cualquier cosa que pudiera justificar el estado en que Laporta decía haber encontrado el club.
Te convirtieron en el origen de todos los males. Te han denunciado. Te usan como muro contra el que golpear cuando la situación financiera del club generaba preguntas incómodas. Y mientras tanto, públicamente, la narrativa del Caso Negreira que el club construyó —la de los informes del hijo, la del asesoramiento técnico legítimo, la de la transparencia total— era también la que te pedía a ti que sostuvieras en sede policial y judicial.
Piénsalo un momento, Josep Maria. Te atacaron cuando les convenía atacarte. Y te necesitaron cuando les convenía necesitarte. Y tú, mientras tanto, sostienes ante los investigadores una versión —que los pagos eran por los trabajos de Javier— que resultó ser incompatible con lo que declararon el propio Javier y padre. Una versión que recientemente has reiterados en medios, una versión que no te protege. Una versión que, si los tribunales la consideran incompatible con los hechos acreditados, puede complicar seriamente tu situación judicial procesal.
¿Por qué, Josep Maria? ¿Por lealtad a quién, exactamente?. La estrategia comunicativa del club te incluye a ti y a todos los presidentes anteriores. Pero cuando llegue el momento de responder ante un tribunal, ese "nosotros" tan cómodo en tertulias de radio y programas de youtube se deshace con rapidez. Cada investigado responde por su propio período. Por sus propias decisiones. Por sus propios años. Y el tuyo es el período más reciente. El que tiene el tipo penal vigente. El que no ha prescrito.
Javier Enríquez Romero declararía que ninguna cantidad de los millones ingresados en DASNIL o NILSAD correspondía a trabajos realizados por él. Tú declaraste lo contrario: que siempre creíste que los pagos eran por los trabajos del hijo. Josep María, alguien se equivoca. Y son los propios padre e hijo quienes te contradicen
Querido Josep Maria, voy a recordarte lo que pasó el 18 de septiembre de 2025 en el Juzgado. Entre las diez de la mañana y el mediodía. Creo que lo necesitas y creo que lo sabes. Pero conviene que lo veas escrito.
Ese día declararon en el Juzgado de Instrucción número uno de Barcelona tres personas de forma consecutiva. A las 10:00 horas, Javier Enríquez Romero. A las 11:00, Sandro Rosell. A las 12:00, tú.
Tres investigados. El mismo día. La misma sala. Y un guion defensivo que, junto con el camarote de los que no son tus amigos, llevabais meses construyéndose: el asesoramiento lo prestaba el hijo, los pagos estaban justificados por esos servicios técnicos, todo había sido una práctica normalizada y transparente. El guion duró exactamente ochenta y cuatro minutos.
A las 10:00, el propio Javier Enríquez Romero declaró ante el ministerio fiscal y su abogada bajo juramento que ninguna cantidad de los más de 7,3 millones de euros ingresados en las cuentas de DASNIL y NILSAD correspondía a trabajos realizados por él.
Que su facturación era la de SOCCERCAM, que era otra cosa, que iba por otro circuito. Que el FC Barcelona no era cliente final de ninguno de sus trabajos.
Javier Enríquez Romero desmontó el relato del hijo.
A las 11:00, entró tu predecesor Sandro Rosell. El hombre que presidió el club entre 2010 y 2014. El hombre bajo cuyo mandato se pagaron más de dos millones de euros a DASNIL y NILSAD. El hombre que, según Albert Perrín, fue quien en 2003 recomendó a Laporta mantener los pagos con el argumento de que ante esas "mafias" era mejor "callar y pagar".
Sólo contestó a preguntas de su de abogado de defensa. El interrogatorio estaba preparado. Quien decía su abogado, Pau Molins, había diseñado las preguntas para que Rosell normalizara los pagos. Para que los contextualizara como un servicio legítimo. Para que, de paso, introdujera en el relato el nombre del hijo como prestador del servicio.
A las 11:24, Molins formuló la pregunta que debía cerrar ese argumento:
"¿Sabe usted quién prestaba ese asesoramiento arbitral al Barça? ¿Solamente el señor Negreira... o también alguien vinculado al señor Negreira?"
La pregunta llevaba la respuesta dentro. Era una invitación expresa a pronunciar el nombre de Javier Enríquez Romero. A decir: sí, era el hijo. Era el servicio técnico. Era legítimo.
Rosell respondió:
"El Sr. Negreira… mmm..???... El detalle … No tengo ni idea."
Josep Maria, cuando un abogado lleva meses preparando la declaración de su cliente, no formula una pregunta cuya respuesta puede ser "El Sr. Negreira… mmmm, no tengo ni idea." Las preguntas de la defensa tienen respuesta conocida de antemano. Siempre. Lo que ocurrió a las 11:24 del 18 de septiembre de 2025 se llama, en la jerga de los interrogatorios, una fuga de verdad. Una respuesta que el declarante da antes de que el filtro del abogado pueda interceptarla. Una respuesta que describe exactamente lo que ocurrió, aunque destruya lo que se había planificado decir.
Rosell no filtró las instrucciones de su abogado y dijo la verdad: que sabía poco -"no tengo ni idea"- y, por lo que sabía, los informes eran de Negreira.
Pero eso no fue todo.
Cuando su abogado intentó reconducir, Rosell añadió algo más: que el asesoramiento lo hacía el padre, José María Enríquez Negreira, a quien conocía desde 2003 y a quien veía frecuentar las instalaciones del club. Y que al hijo lo vinculaba solo a vídeos informativos sobre jugadores jóvenes. Nunca sobre árbitros.
Traducción para el lector: el expresidente que durante cuatro años firmó los pagos al entorno de Negreira —y que según Perrín fue quien recomendó mantenerlos en 2003— confirmó ante la jueza que el servicio era del padre. No del hijo.
Mientras Laporta llevaba dos años sosteniendo públicamente que los pagos correspondían al asesoramiento técnico del hijo, el hombre que gobernó el club durante el período inmediatamente anterior al tuyo decía ante la jueza, en el mismo edificio, el mismo día, que él siempre creyó que el servicio lo prestaba el padre. Y una hora después entrabas tú.
Tú, que habías declarado en febrero de 2023 que siempre creíste que todos los pagos eran por los trabajos del hijo. Ni el padre lo reconoció. Ni el hijo lo reconoció. Ni Rosell lo reconoció. Solo tú.
Josep Maria, hay una expresión coloquial que describe lo que ocurrió aquel 18 de septiembre con precisión quirúrgica: las mentiras tienen las patas cortas. No porque sean fáciles de detectar en abstracto. Sino porque, cuando tres personas distintas declaran bajo juramento sobre los mismos hechos en el mismo día, sin haber podido coordinarse entre la declaración de las diez y la de las once y la de las doce, la versión que no encaja con ninguna de las otras emerge sola. Sin ayuda. Con la claridad de algo que simplemente no puede sostenerse.
Tú, sólo a las preguntas de tu abogado, no a las del ministerio fiscal ni de las acusaciones, en un interrogatorio cómodo y preparado, mantuviste la versión del hijo.
Rosell dijo que era el padre. El propio hijo dijo que de sus trabajos no iba ni un euro a DASNIL. Y el padre había declarado ante Hacienda en 2021 que el hijo no tenía nada que ver con lo que él cobraba. Cuatro personas. Cuatro versiones que deberían contar la misma historia. Cuatro versiones que no encajan.
Y la tuya es la única que señala al hijo como beneficiario de los millones de DASNIL. La única que ningún otro protagonista confirma.
Ese es el problema con los relatos construidos para proteger a una institución, Josep Maria. Que cuando tres personas los cuentan el mismo día ante el mismo juzgado sin coordinación posible, la arquitectura se derrumba con la velocidad de una construcción que nunca tuvo los cimientos que aparentaba tener.
No digo que hayas mentido deliberadamente. Eso es una conclusión penal que ya vendrá. Digo que la versión que sostuviste ante los investigadores en 2023 —la de los pagos al hijo— es incompatible con lo que declararon el hijo, el padre y tu propio coacusado Rosell en el Juzgado. Y esa incompatibilidad va a tener que resolverse en algún sitio. Ese sitio tiene nombre. Y lo conoces.
Tú sigues aquí, Josep Maria. Tú sigues siendo el investigado cuyo mandato cae enteramente dentro del período en que el tipo penal existe, en que los pagos son más recientes y en que la prescripción no ha actuado. No te lo digo para asustarte. Te lo digo porque los documentos lo dicen. Y porque hay una pregunta que merece una respuesta honesta: ¿qué lealtad le debes exactamente a un camarote que te hizo forensic cuando no te necesitaba, que te señaló como responsable de la deuda cuando le convenía, y que ahora necesita que sostengas una versión que tú mismo conoces mejor que nadie?
La respuesta solo la tienes tú. Pero los documentos que componen la Causa Penal sugieren que esa lealtad, si es que existe, está yendo en una sola dirección. Y no es hacia ti.
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Verano de 1978. Restaurante del hotel Arcipreste de Hita. Hipólito Rincón, de 21 años, que acababa de fichar por el Madrid procedente del Recreativo de Huelva, es el primero en aparecer en el salón donde se celebra la cena posterior a la presentación del equipo, así que no lo piensa y se sienta en una silla al azar. Será la última vez que lo haga. Juanito, el siguiente en aparecer, no duda en acercarse y le dice: “Pero vamos a ver, ¿tú te has sentado alguna vez aquí? Si no te has sentado ninguna vez aquí y no has venido nunca, ahora te vas atrás y, donde se quede libre, ese será tu sitio respetado por todos los demás”.
Mismas fechas de 2019. El Real Madrid es vapuleado por el Bayern de Múnich en un amistoso (3-0) cuando Rodrygo, que disputa sus primeros minutos de blanco, anota un golazo de falta que no duda en celebrar. Tampoco habrá siguiente ocasión. Nacho, Marcelo y alguno más, al finalizar el partido, le trasladarán al joven brasileño una enseñanza que se le quedará grabada para siempre: “En el Madrid, cuando se va por detrás en el marcador, no se celebran los goles. Se coge la pelota rápido y a por el siguiente”.
Dos protagonistas diferentes, dos vestuarios antagónicos, dos épocas totalmente incomparables. Pero el mismo espíritu y los mismos valores asociados al Madrid: educación, respeto, disciplina, ambición por la victoria.
La fidelidad no se mide por el número de besos al escudo, gesto cada vez más sospechoso, sino por asumir su historia, no salirte de sus ritmos y su exigencia, y abandonar cualquier pretensión de imponer tus propias reglas. Nadie, y parece mentira que haya que recordarlo, le hace ningún favor a la institución jugando en el Real Madrid. Es al revés. Siempre y sin ningún género de dudas.
La conversión de las megaestrellas en empresas puede causar algún nublado de mente o malentendido en algunos, pero ahí deberían de estar primero los compañeros, después el entrenador y, finalmente y si los cortafuegos anteriores no han funcionado, el propio club para recordarlo. Porque, si no, el malestar traspasa el césped y llega a la grada, inflamable como pocas veces después de dos años hambrienta de títulos y empachada de vanidades, faltas de actitud y escaso respecto por el escudo.
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Buenos días, galernautas.
Ya se cierna sobre el Barça
una espada de Damocles
tan brillante y afilada
como quepa imaginar,
en la forma de amenaza
por acuse de recibo
de un gossier de 100.000 páginas,
ya sabemos que la prensa
facturará unas portadas
ajenas a la cochambre,
evasivas, sin sustancia,
sorteando a toda costa
las camisas de once varas,
centradas en el parón,
en la Nations League de España,
en los rizos de Yamal,
sus abluciones coránicas
o el bigote de Raphinha
que sulibeya a Ortiz Arias.
Todo con tal de esquivar
el hablar de lo que entraña
alguna incomodidad,
porque lo incómodo espanta
y no es lo que gusta a Tebas
que al fin y al cabo es quien paga,
y se quiere lo que él quiera
porque aquí el que paga manda.
Pasad un buen día.