Final de temporada esperpéntico que nos deparaba un Barça-Real Madrid que podía significar el alirón blaugrana en su propia casa. El trofeo de la Liga lo tenían en la hielera Louzán & Tebas, con Carlos Martínez —a la postre el más destacado del encuentro— echándole un ojo para que no se calentase. Por lo que evitar que nos lo restregasen por la cara parecía harto complicado. Sobre todo si el Madrid no lo iba a dar todo. Como ocurrió.
Arbeloa puso en liza al retornado Courtois; Trent y Fran García en los laterales; Rüdiger y Asencio —Huijsen se cayó a última hora por gripe— en el eje defensivo; Tchouaméni, Camavinga y Bellingham más o menos por el medio y Brahim, Gonzalo y Vini por arriba.
El primer tiro a puerta fue blanco, contragolpe comandado por Brahim que resolvió el capitán Vini con un disparo endeble como una hebra de azafrán. La respuesta, de Fermín. Contraataque de Fermín a la espalda de Trent que desactivó Fran García con la puntita. Poco después, Asencio llegó como un Concorde para evitar el disparo de Rashford.
Un Rashford que en la siguiente acción clavó un golazo de golpe franco al borde del área. Desde el perfil zurdo, la colocó con la derecha al segundo palo de Courtois. 1-0.
El Madrid intentaba percutir principalmente por medio de Brahim, pero lo normal era que Gavi y el inscrito lo frenaran, con más o menos limpieza. En el 18' el inscrito se la dejó botando a Ferran para que anotase el 2-0 mientras la defensa del Madrid se recostaba en el sofá.
Unos minutos después, Gonzalo gozó de una ocasión inmejorable. Se plantó frente a Joan García y la tiró fuera. Después, Eric García evitó que Vini rematase a un par de metros de la portería.
Los aficionados del Campo Nuevo se desgañitaban a olés. A estas alturas del encuentro, una buena parte del madridismo ya había dejado de ver el partido.
En el 32', Trent sirvió de maravilla a Vini, que cedió al borde del área para Tchouaméni, pero el francés golpeó mal y fuera.
El Madrid se acercó, vía Gonzalo, pero Cubarsí se arrojó contra él, Hernández Hernández picó y señaló falta al madridista. Poco después, Rashford primero e inscrito Olmo después, perdonaron el tercero.
En el minuto 43, Camavinga se metió a la cocina y sirvió una empanadilla, más que un balón, a Fran García. El lateral hizo un movimiento alejado de un disparo convencional y la oportunidad se fue al limbo.
Descanso. 2-0. Apatía blanca. Los tres tipos más honestos que se recuerdan en el fútbol mundial no tenían nada que temer.
A los madridistas sí nos importaba la imagen del equipo, pero no había atisbo de mejora en la segunda parte. Hecho que no es incompatible con el enojo que supone asistir a la enésima narración y realización sesgada. Varios minutos dedicaron los amigos de Movistar para reclamar una falta de Tchouaméni por una entrada en la que no rozó al rival ni lo puso en peligro. No les bastaba con la victoria.
El Madrid saltó al campo en cuerpo pero no en alma. Courtois intervino con acierto un par de veces en los primeros minutos de la reanudación. La respuesta del Madrid fue un acercamiento de Asencio, quien remató una vez que el colegiado había detenido el juego y se llevó la amarilla. Olmo lo derribó con violencia y no vio la roja, solo amarilla.
Varias jugadas después, Eric García le hirió el labio superior a Bellingham en el área de un codazo. «Acción de fútbol» dijo uno de los imparciales comentaristas. Concretamente Maldini, promotor de la ludopatía a cambio de dinero. El penalti y la roja no se contemplaban. Daban ganas de irse de la Liga y no regresar jamás. Ya no es penalti ni que te partan la cara. Sin embargo, sí es falta no tocar al rival. Abónense a Movistar.
El Madrid era un drama, pero el arbitraje y la retransmisión eran de cárcel. Probablemente, si los blancos hubiesen competido, habrían redoblado esfuerzos para no salirse del guion.
A Jude le anularon un gol por fuera de juego y Joan García salvó un mano a mano con Vini.
En el 70', Pitarch sustituyó a Camavinga. Minutos después, Palacios y Mastantuono, por Brahim y Gonzalo.
El partido era un suplicio. El MVP fue Carlos Martínez. Sus comentarios en una acción protagonizada por Trent y Raphinha fueron eméticos. Si hubiese narrado en Italia, donde se investiga la corrupción, quizá no se mostraría tan ufano.
Final. 2-0. Otra liga para el club más corrupto del fútbol. El Madrid ni se molestó en intentar retrasar el alirón.
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Buenos días, queridos. Un clásico es una obra artística que debería ser digna de admiración, que resistiera el paso del tiempo por su calidad, su atemporalidad o su belleza. La noche estrellada de Van Gogh, La rendición de Breda de Velázquez, El Padrino de Francis Ford Coppola, Crimen y castigo de Dostoievski o la Tocata y Fuga en Re menor de Johann Sebastian Bach, por mencionar solo lo primero que nos viene a la cabeza.
Pero “clásico” tiene otra acepción, que es la relativa a “tradicional, que sigue reglas establecidas, costumbres o modelos antiguos”. Y en esta línea, es toda una costumbre “clásica” que el diario Marca ofrezca portadas que provocan arcadas. La de esta mañana entra de cabeza en el top-10, o incluso top-5, de portadas más desafortunadas de su historia:
Poner a uno de los (tristemente) protagonistas de esta semana, Aurelien Tchouaméni, con el rostro desencajado en el preciso instante de golpear un balón, y escribir con una mezcla de sorna y coñita sin gracia ese titular solo puede ser catalogado como despreciable. Y revanchista, deleznable, lamentable, vomitivo, macarra… añadan el adjetivo que prefieran. Cuando los jugadores han salido rápidamente a disculparse en público y a negar cualquier golpe más allá de un forcejeo terriblemente desafortunado, cuando el club ha actuado con celeridad para expedientar a ambos jugadores, cuando el entrenador Álvaro Arbeloa estuvo brillante ayer para esquivar las balas del periodismo carroñero que acompaña por desgracia al Real Madrid, poner el dedo en la llaga con ese titular mezquino, “A evitar otro golpe”, es algo muy propio de la gallarda manera de entender el periodismo deportivo del diario Marca.
Podemos añadir esta portada a otras que ya provocaron el sonrojo de los lectores:
Estas portadas definen la línea editorial de un medio y en ellas cabe todo: la manipulación, la tendenciosidad, el racismo,… la falta de clase, justo lo que convierte algo memorable en “clásico”.
La lamentable portada de hoy del diario Marca recoge con cierto alborozo en su subtítulo que “El Barça puede cantar el alirón por primera vez en un Clásico”, un deseo que nada nos gustaría más que ver frustrado esta noche. Reincide el gallardo diario en utilizar la palabra “Clásico”, cuando un enfrentamiento entre la institución más exitosa de la historia del fútbol y el mayor corruptor de todas las competiciones jamás debería ser considerado como tal, sino como un duelo entre el Bien y el Mal, entre el camino recto o la falta de moral.
Puesto que tras el crimen (culé) nunca hubo castigo (federativo), la de hoy podría ser “una noche estrellada” que culminara con la rendición de los nuestros y viendo cómo se le entrega al Padrino de esa institución el trofeo de campeón de Liga, un torneo que aquí nos gusta denominar como MLN por lo mugriento de su desarrollo. Sería el triste colofón a una semana horrible y a una temporada para olvidar, pero, por otro lado, sabemos que los nuestros son capaces de salir del pozo como ningún otro equipo. Tocata de Vinicius y fugaz golpeo a la red, que cosas más complicadas hemos visto. Incluso ganar en el Camp Nou con diez, con un gol legal anulado y con Hernández Hernández al silbato. Todo ello podría suceder. Sería lograr algo como lo que certeramente lleva el diario As a su portada:
Una cuestión de honor, una palabra que es imposible de emplear en la misma frase en la que aparezca el Fútbol Club Barcelona. Los periodistas catalanes dieron ayer una nueva muestra de su falta de clase en una pregunta a Hansi Flick en la que acompañaron la mención a Juanito con unas risitas cobardes, la misma carcajada pedorril que el entrenador culé dejó escapar para solaz de sus palmeros. Lo hemos dicho muchas veces y lo repetimos: es el entrenador perfecto para esa institución. La prensa cataculé se regocija ante lo que espera que sea una gran fiesta y reincide en el uso inapropiado del término:
El diario Sport titula de una manera algo más neutra, con el título de (este sí) un clásico de uno de los no muy numerosos culés dignos que conocemos en estos tiempos de infamia, Joan Manuel Serrat.
La clase de Arbeloa y su ausencia en Flick. “Hoy puede ser un gran día”. Claro que sí, también para nosotros. “Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así. Aprovecharlo o que pase de largo depende en parte de ti”.
Que paséis un gran día. Hala Madrid.
Ser cinéfilo es en esta vida -a falta de otra mejor- un refugio para sinsabores y tropelías de todo tipo; como la literatura, nos enseña lo mejor y peor del género humano.
Como soy un señor de provincias, de vez en cuando vuelvo a películas de las que no pueden caer en el olvido; “Los intocables” es una de ellas. Si tuviera que escoger una escena preferida, de tantas, escogería esa en la que Malone se lo explica a Ness con su claridad particular: “Ness, una vez que abres el baile con esta gente, hay que estar dispuesto a bailar todas las piezas”.
Como soy un señor de provincias que sabe poca cosa, no entiendo cómo es posible que ante el cenagal en el que el inframundo culé ha convertido nuestra liga encima, para más inri, haya que ayudarles, y por eso, no lo menciono.
Un señor de Badajoz como yo no acaba de entender lo que pasa en el vestuario del Madrid, donde parece que ciertos jugadores son intocables como un Frank Nitti de la vida mientras cada vez que el equipo juega mal sólo se puede sustituir a Arda Güler.
Desde mi rincón me produce pasmo que no lo veamos: de nada sirve cambiar al entrenador si le cae como estrella en el jardín una lista de intangibles, como si en el fútbol tuviera cabida la palabra nomenklatura; en el tapiz verde del Bernabéu, donde se tejen los sueños, no se puede parar el caudal de la fantasía; ponerle puertas al campo es la receta segura para el desastre, y por eso no lo digo aquí.
A lo mejor es que no hay un Ness en el mundo madridista que cante las verdades del barquero en la planta noble y deje trabajar a quien venga, y por consiguiente no seré yo, pobre madridista de provincias quien lo diga, porque a fin de cuentas, qué sabré yo, ¿verdad?
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Buenos días, galernautas. A punto hemos estado de dejar vacío este portanálisis, porque, como sabréis, la primera norma del club de la lucha es que no se habla del club de la lucha.
Desestimada la alternativa, es posible que aún no lo sepáis, pero mañana juega nuestro maltrecho club contra el equipo cliente de Negreira, que, en caso de no perder, se garantizará de manera matemática otro espécimen de la MLN. El panorama no llama al optimismo, las cosas como son.
Las portadas de la prensa patria presuntamente dedicada a lo presuntamente deportivo se despachan hoy con conceptos como el “mano dura” de As. Una multa de medio millón del ala a cada uno de los dos implicados, menos de un 10% de su sueldo. o unos 15 días de suspensión del mismo. Algunos consideran que lo mismo habrían dado dos Avemarías. Otras opiniones, como la de nuestro editor, Jesús Bengoechea, son más matizadas.
El diario marcaico de Gallardo, ignorante o quizá renuente a comunicar estos matices, nos cuenta que “medio millón y a correr”. Igual hay que explicarle que esto va más de no agredir a semejantes y de comportarse con un mínimo decoro, pero sería inane intentar hacer entrar semejante matiz en la cabeza de un hincha atlético. ¿Somos nosotros o se nota un punto de solaz y, por qué no, de refocile en las redacciones? Hasta los más posicionados, nunca por ellos, adalides de la mal llamada Central Lechera (copyright Santpedor Perfumed Urine Inc.) parecen gozar de la actual tesitura. Nunca sabremos si por el volumen de pinchazos, y, por ende, de negocio que producen, o porque realmente están disfrutando de las cuitas de un club que nunca ha sido ni será el suyo, más bien al contrario.
La prensa cataculé parece preocupada, ocupada y entretenida con el carajal de nuestro equipo. Sport se pregunta si se va a producir un regreso al pasado mientras nos muestra una instantánea de la presentación de José Mourinho en 2010, cuando recaló en nuestro club tras proclamarse campeón de Europa por segunda vez con dos clubes distintos. En este caso, fue con el Inter. ¿El titular de Sport denota curiosidad? ¿Entretenimiento? ¿Temor? Nunca lo sabremos.
Lo que sí sabremos, supimos y sabemos es el nivel de obsesión que esta gente tiene con nuestro club, manifestación hondamente reveladora de un complejo de inferioridad descomunal. Haceos cargo. Pueden ser campeones de liga y lo que más les excita ahora mismo es la posibilidad de que dos jugadores del Madrid se hayan zurrado.
Por cierto, las exageraciones respecto al triste episodio han sido patentes. En sendos comunicados, tanto Tchouameni como Valverde han negado que hubiera golpes, sino un forcejeo que acabó con un golpe desgraciado contra una mesa. Un episodio inacaptable, en efecto, pero eso no da derecho a mentir sobre cómo fue el mismo. El propio Valverde se fotografió ayer y posteó la foto en redes sociales, dejando clara la ausencia de magulladuras o golpes en la cara, desmientiendo las presuntas informaciones de los desaprensivos de siempre.
Mundo Deportivo intenta ser original y se queda en inquietante, hasta el punto de resultar su portada más propia de la clásica revista paranormal “Año Cero” que de un diario de lo que sea que hace el del Conde de Godó, Grande de España. La composición de la imagen está formada por jugadores culés abrazados formando un castell, y está tomada desde arriba. Un picado, lo llamaría un técnico. O un pedante. A primera vista podría parecer una instantánea de la Ciénaga de los Muertos del Señor de los Anillos, si bien, estando Gavi de por medio, vaya usted a saber si no acabó así la artística sesión fotográfica.
Pasad un día excelente e intentad que tengamos dos días de tranquilidad, haced el favor.
Allá por finales de agosto de 2014, con la Décima recién colocada por Florentino Pérez en la sala de trofeos del club, la última jornada del mercado estival se vio sacudida por la salida con rumbo a Múnich de Xabi Alonso, al parecer por petición propia. Todos nos extrañamos por lo inesperado de la noticia y por lo rápido de su desenlace. La temporada que empezaba se cerró sin títulos relevantes para el Real Madrid y con el final de la primera etapa de Ancelotti. Se dijo que el equipo no trabajaba, que había demasiados días libres y que había sensación de acomodamiento de la plantilla.
Transcurrido un tiempo, empezó a crecer en las mientes de este escribano la teoría de que Alonso salió, entre otras cosas, porque veía una progresiva pérdida de principios en lo tocante a la meritocracia. La llegada de Toni Kroos para jugar en su posición tampoco debió ayudar, es de justicia añadirlo. Ese mismo verano había salido del Madrid Diego López, que, junto a Iker Casillas y el recién llegado Keylor Navas, formaban una más que estimable terna de guardametas. Aún a pesar de la manifiesta baja forma de Casillas, con reiterados errores (que, por ejemplo, casi nos cuestan la final de Lisboa) y su también patente falta de trabajo en los entrenamientos, donde se veía sobrepasado en todos los aspectos por sus compañeros de portería, el mostoleño fue indiscutible como titular. La presión de la prensa amiga (es decir, casi toda) y la tendencia lanar de un nutrido sector de la afición a hacerse esclava del "con lo que nos ha dado", así como la tradicional querencia carléttica a la evitación de ruidos y líos, hicieron intocable a alguien que no lo merecía, hasta el punto de tener responsabilidad directa en derrotas clave como las acaecidas en el Nou Camp en liga y contra la Juventus en semifinales de Champions.
¿Tenía razón Xabi al querer salir? No lo sabemos, pero no tenemos duda de que tenía razones. Sus razones.
Extrapolado el asunto al actual Real Madrid, ¿tiene razón Mbappé al adoptar la actitud pasota y despreocupada de la que hace gala? No lo sabemos, pero razones tiene. Hay varios jugadores a los que la salida de Alonso, otra vez él, les pareció impactante por venir precedida de reiteradas faltas de respeto y gestos inaceptables por parte de varios miembros relevantes de la plantilla, junto con una retirada de la autoridad inherente al cargo de técnico, en este caso, por la directiva. Ante los desmanes de algunos, la cúpula del club no sólo no respaldó al entrenador, sino que se puso del lado de los rebeldes. El mensaje fue claro: no hay consecuencias para las barrabasadas que hagas.
Esa situación irrita a cualquiera, especialmente si se trata de futbolistas que vieron su posición reforzada, se sintieron importantes y tuvieron pruebas de que su futuro mejoraba notablemente con el hombre que vino de Tolosa. Para más inri, el equipo marchaba líder en liga y, tropezones puntuales aparte, tenía muy buena pinta. En ese momento llegó el cambio de Vinicius contra el Barcelona y el ataque de locura del brasileño. Parecía un émulo de Locomía despojado de abanicos mientras profería gritos para que todo el mundo lo viera y oyera. Vino el comunicado de disculpa del que excluía al entrenador y la aquiescencia de la directiva. Se acabó la temporada. Barra libre de desmanes para todos. La motivación, a hacer puñetas. Meritocracia, ¿qué es eso? A la vista de la situación, Mbappé no se ha ido aún, pero parte de su cabeza lo ha hecho. ¿Profesional? No, en absoluto. ¿Humano? Sí, totalmente.
Centrándonos en cuestiones de actualidad, la noticia más destacada es que parece que ayer no se produjo un nuevo asalto del combate entre Tchouaméni y Valverde. Debidamente azuzado y manipulado por la prensa, el asunto ha dado lugar a innúmeros memes que no son sino el síntoma de en qué se ha convertido el club. Exacto, en un meme. También trasciende que Rüdiger atizó un soplamocos a Carreras, presuntamente, por aparecer en el entrenamiento con los ojos como los fogones de una vitrocerámica al 9. Desgobierno, indisciplina y anarquía. ¿Es Mourinho la solución o, visto lo visto, es más conveniente hablar con Don King?
Este escribano no puede evitar posicionarse en el bando del francés, cuya profesionalidad ha quedado bastante más patente esta temporada que la del uruguayo, por mucho que éste haya tenido momentos de rendimiento realmente alto, culminando con el trance histórico de su partido contra el City. Valverde era uno de los que se posicionaron contra Alonso, protagonizó episodios bochornosos como el no calentamiento de Almaty y es vehemente a la hora de mostrar su disgusto ante la eventualidad de tener que jugar en determinadas posiciones. Si tuviera que salir uno de los dos, la elección estaría clara.
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Mientras el vestuario del Madrid se descompone y arreglan las diferencias a garrotazos, por si eso fuera poco, me surge otra preocupación. Visto el panorama, creo que es muy probable que el Madrid pierda el próximo partido contra el Barcelona (hace años que no merece que le llamen “el clásico”) y eso provocaría la consecución matemática del título de liga por parte del equipo que pagaba al hijo de Negreira (y a Negreira).
No es que me interese mucho esta competición. Desde hace tiempo considero que es un torneo devaluado y que su única virtud es proporcionar una plaza para la Champions League del año siguiente. Pero lo que sí me preocupa es la reacción que tendrá el club cuando, un año más, el Barcelona se proclame campeón de esta desprestigiada liga.
Tengo mucha curiosidad, por no decir miedo, al mensaje que en redes pondrá el Real Madrid para felicitar al Barcelona. Otros años suelen ser unas frases muy asépticas en las que se limita a felicitar al campeón. Aun así, por muy contenido que quiera ser el mensaje, siempre me parece excesivo usar el vocablo “campeón”.
Entiendo que detrás de las felicitaciones estará el departamento de relaciones institucionales liderado por Emilio Butragueño. Nada amante de las polémicas. También aquello que decía el himno de las “mocitas madrileñas”, según el cual cuando se pierde hay que dar la mano. Pero no. Yo por ahí ya no paso. No soy licenciado en derecho, pero he visto las suficientes películas sobre abogados como para saber que un juicio puede declararse nulo si las pruebas que se aportan para demostrar un delito están contaminadas o simplemente se demuestra que son falsas. Y, en este sentido, las evidencias que declararían al F.C. Barcelona como el mejor equipo de España están más que podridas.
Tengo mucha curiosidad, por no decir miedo, al mensaje que en redes pondrá el Real Madrid para felicitar al Barcelona
Cuando el momento llegue no procederá felicitar a campeón alguno. Porque para que haya competencia primero debe haber igualdad de condiciones. Y ha quedado demostrado que desde hace décadas todo está manchado. La forma de hacerlo ha sido en ocasiones muy burda, pero también han incorporado maneras sutiles. Sirva de ejemplo ese doble rasero de medir el listón de las tarjetas o de definir lo que es falta y lo que no. A tenor de esto, me da por pensar ¿hasta dónde hubiera llevado su ímpetu a Camavinga si no hubiera sido coartado por tanta tarjeta amarilla temprana e injustificada? ¿Cuáles serían los números de Vinicius y Mbappe si, al recibir un balón, en vez de pensar por dónde le llegará una impune agresión pudieran empezar a imaginar cuál será la mejor jugada de ataque? ¿Se encontraría el vestuario como el patio de un colegio si las victorias hubieran amansado a las fieras? Con esta táctica no solo se ha logrado condicionar el devenir de partidos. También, a mi juicio, se ha llevado por delante carreras de futbolistas brillantes.
Aun así, entiendo que Butragueño y su “savoir-fair” será incapaz de contener su caballerosidad. También que Florentino no hará nada por frenarle y, por ende, el club se apresurará a felicitar al Barça cuando el crimen de esta temporada se haya perpetrado. La única alegría que nos quedaría por vivir sería que eso no pasara esta jornada con un Real Madrid de cuerpo presente en el Spotify.
Por si acaso eso sucede, quería aprovechar para sugerirle un mensaje que al menos no chirriara en nuestros oídos. Bastaría con un escueto “Enhorabuena por el buen trabajo realizado”. Así de simple, directo e indoloro. No hay que negar que tener a sueldo al CTA durante años y ahora manejar los frames corruptores del VAR tiene mérito. Sobre todo, cuando uno además sale impune. Hay gente que ha hecho del crimen una forma de vida. Dentro de toda la gama de personas y entidades que cometen delitos, como en todo, los hay mejores y peores. Y el Barcelona en esto de delinquir es bueno. Muy bueno. Es el campeón de gánsteres. Y justo es reconocerlo. Por eso, no cabe otra que darles la enhorabuena por eso y solamente por eso. Y pasar otra cosa. Que son muchos los temas graves que atañen a nuestro Madrid.
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Buenos días. La chocante noticia que ayer sacudió los medios y las redes sociales tiene al madridismo entre la indignación y, en algunos casos, la simple rechifla, que es a lo que se llega cuando ya no te queda ni siquiera espacio para lo primero. Ya habían salido a la luz filtraciones relativas a piques entre jugadores, pero ayer se publicó algo que no es comparable a nada que hayamos leído o visto con anterioridad.
Dice Marca que ha habido “otra pelea” y que la imagen (del Madrid, se entiende) está “por los suelos”. Hasta un reloj parado acierta un par de veces al día, y Marca tiene razón al apuntar, con inocultable alegría, que el incidente es vergonzoso. No llega solo, y se produce como colofón (¡pero aún pueden pasar más cosas!) a una temporada horribilis. Primero fueron las fotos desahogadas de Mbappé recuperándose de su lesión en unas lujosas vacaciones, luego la trifulca entre Rüdiger y Carreras y ahora la mucho más escandalosa entre Tchouaméni y Valverde, que concluyó con el uruguayo casi inconsciente y sangrando, como si fuera el propio Mbappé ante la mirada impasible de Arberola Rojas. La cosa es muy fuerte, desde luego, y no es de extrañar que la prensa cataculé nos abochorne carcajeándose del madridismo con muy buenas razones para hacerlo.
Fijaos que tanto Sport como Mundo Deportivo hablan de “pelea”, mientras que Marca dice que el uruguayo y el francés “se pegaron”. Nuevamente, el inefable panfleto proculé que edita Juancho Gallardo supera en sentimiento blaugrana y animadversión al Madrid a los rotativos publicados en la Ciudad Condal. Estos dos últimos al menos no mienten. No pretendemos restar importancia al horroroso íncidente, pero Tchouaméni y Valverde no “se pegaron”, sino que fue un forcejeo con empujón el que terminó con el segundo abriéndose la cabeza en un golpe contra una mesa.
Lo aclara un comunicado (por lo demás manifiestamente confuso y mejorable) publicado por el propio centrocampista hispanoamericano. No hubo por tanto puñetazos, no se “pegaron”. El matiz es importante, pero ¿a quién le importan los matices si puedes hacer al Madrid aún más daño del que el Madrid se hace solito?
El club, a su vez, reaccionó antes que Valverde, anunciando la necesaria toma de medidas disciplinarias. Toca realizar un esclarecimiento más profundo de los hechos, pero parece claro que las medidas a tomar deben ir más allá de las expresadas en este escueto texto.

¿Y cuáles deben ser esas medidas? Una leyenda como Juanito tuvo que dejar el Real Madrid por su incidente con Mathaus. La exigencia de ejemplaridad en el Madrid es y debe ser máxima. Abogar por que ninguno de los dos jugadores vuelva a vestir o camiseta del Madrid suena en consonancia con esa exigencia. Aplicarla sería devastador en lo deportivo. Sí hay dos futbolistas que a priori parecían dos pilares indiscutibles, en un contexto donde otros con mucho nombre ya han dejado de parecerlo, eran estos dos. Por eso la consternación es total entre los aficionados. Cualesquiera dos jugadores que, siendo realistas, puedan venir a sustituir a Valverde y Tchouaméni van a ser peores que ambos.
Aplicando, de todos modos, hasta el límite ese mismo realismo, se llega a la conclusión de que colocar jugadores en el mercado, y venderlos a un precio satisfactorio, tampoco va a ser tarea fácil. Normalmente (claro es que estamos ya fuera de toda normalidad), los futbolistas no quieren marcharse del Real Madrid, y si tienen contrato en vigor no hay forma de echarles.
Los madridistas canosos recordarán cómo Lorenzo Sanz se quitó de encima a la llamada Quinta del Ferrari en cuanto detectó que, una vez lograda la ansiada Séptima, la plantilla se había aburguesado y desarrollado comportamientos de una inmadurez impropia del escudo que llevaban en el pecho. Seedorf se peleaba con Mijatovic. Panucci hacía peinetas en la sala de prensa. Suker se convertía en protagonista de portadas de la prensa del corazón por su relación con una celebrity, en un eco premonitorio del Suker actual. Todos estaban más pendientes de competir en coches y colonias que de hacerlo en los entrenamientos. Había rencillas y rencores. Sanz reaccionó taxativamente, quitándose de encima a Mijatovic, a Seedorf, a Panucci y a Suker. Los vendió a todos, incorporó otros jugadores y ganó la Octava.
¿Estamos irremisiblemente ante una nueva Quinta del Ferrari? ¿Son irreconducibles estos jugadores? De no serlo, ¿se puede replicar lo hecho por Sanz? ¿Se querrían ir, como quisieron irse aquellos, y serían vendibles por un precio conveniente? Ha pasado un cuarto de siglo. Es otro fútbol, es otro mundo. Probablemente, y aunque ahora mismo el cuerpo lo pida, la remodelación en profundidad (otros prefieren palabras como “limpia” o “purga”) es impracticable a día de hoy. Probablemente, lo que toque ahora sea aplicar medidas disciplinarias inflexibles y severisimas, confiando en que Florentino sea capaz de elegir al entrenador que pueda llevar de vuelta a la buena senda a estos futbolistas… en el entendido de que el propio Florentino se aplicará también el cuento y dejará a dicho entrenador hacer lo necesario para reconducir la situación. Así sea.
De momento, mientras acaba este tormento de temporada, a la que aún le falta la inaguantable perspectiva de ver al Barça convertirse en campeón ante nuestros ojos en su feudo, el madridista está horrorizado, abochornado como hacía mucho que no estaba. Menos mal que hay quien prefiere tomárselo a coña. El humor siempre es una buena válvula de escape. De entre los muchos memes enfrentados, este nos ha hecho especial gracia. Solo nos queda la risa, una risa amarga y profundamente preocupada.

Otra labor que conviene llevar a cabo con premura es la detección del topo del vestuario, el irresponsable que filtra a la prensa cada incidente, no sabemos a trueque de qué. Sea quien sea (tenemos nuestra información, pero al no haber pruebas no las expondremos públicamente), este sí que es definitivamente indigno de vestir la camiseta.
Compartimos vuestra consternación y nuestra zozobra, madridistas. A lo mejor La Galerna, y el llamado madridismo happy, se ha equivocado esta vez confiando en esta plantilla.
Os dejamos con As, que otorga, con todo merecimiento, el espacio principal de su portada a la gesta del Rayo, increíble finalista de la Conference League. Y un espacio también al Madrid de baloncesto, que no todo van a ser disgustos: los de Scariolo se han clasificado para la Final Four. Nos/les felicitamos con mucha alegría. Leed la estupenda crónica de Pablo Rivas sobre el partido ante Hapoel que ha colocado a los nuestros en el gran acontecimiento del baloncesto europeo.
Pasad un buen día.
Nos conviene hablar de la autodestrucción del Real Madrid. Es una píldora muy difícil de tragar, pero tenemos que hacerlo. Por responsabilidad. Por la historia. Por el futuro. Nada mejorará si el club no reacciona. El incendio no se extinguirá mirando para otro lado. No solo viene del interior, el madridismo está militando en bandos guerracivilistas: las redes sociales escupen gasolina. El clima es irrespirable. Somos el Real Madrid, debemos ser el faro en medio del estercolero moral que es el fútbol español. Tenemos que blindar al club, compactarnos como un agujero negro del que no salga nada hacia el exterior hasta que tengamos algo que contar. No validar filtración alguna. Nos puede costar años de mediocridad no aplicar cirugía ahora. Encontrar y exhibir públicamente al (los) topo(s) es prioritario. Alguien ahí dentro está pagando con odio al club que le ha hecho millonario. No le perdonaremos.
Lo de Valverde y Tchouameni ha sido la gota que ha desbordado el vaso. Lo que se dice desde fuera apunta a la tensión por el estrepitoso fracaso una segunda temporada, a señalamientos internos buscando filtradores. A la frustración por las derrotas y por cómo se han producido. A la certeza de que no sólo se tiene que ganar al rival cada partido, sino a un sistema corrupto y a su ejército prevaricador. A la rebeldía y la oposición frente a dos entrenadores que han intentado todo para liderar un equipo de hombres incompletos, inmaduros, irresponsables. Si Bernabéu levantara la cabeza…
Él no tardaría en encontrar la salida de esta increíble espiral de caos y negligencia en la gestión del vestuario, del club. Florentino sólo debe pensar qué habría hecho don Santiago y dejarse llevar. El único principio sólido sobre el que se puede reconstruir esta ruina es el club que soñó quien da nombre al estadio. La afición aguantará cuatro o cinco años sin rascar metal. Ya aguantó treinta y dos años sin Champions. Aguantó la sequía europea de la quinta del Buitre. Aguantó y aguanta las ganas de incendiar la RFEF y LaLiga, con toda la purrela dentro, desde que conocimos el caso Negreira. Aguantar aguantará. Sabemos soportar la envidia, el odio, la burla y la injusticia. Estamos preconfigurados de serie para la grandeza.
El club debe encontrar un líder para el proyecto. Me da lo mismo Klopp que Ancelotti, Mourinho o Arbeloa. Plenos poderes para configurar una plantilla, evaluación y examen uno a uno a todos los jugadores, a calzón quitado. Mirarles a los ojos y escudriñar qué tienen dentro. Algunos pasarán la prueba. El resto, al mercado. Sin mirar nombres ni status. Necesitamos madridismo, actitud y padres de familia en el vestuario, así nos quedemos con dos centrales lisiados y cuatro canteranos. Prohibido hablar de dinero. Como en cualquier empresa, si no hay resultados, no hay premio. Si Vini quiere renovar, ahí tiene el contrato sin un inmerecido aumento y ya se hablará cuando vuelvan los títulos. O lo tomas o lo dejas.
Uno de los debates va del jugador franquicia. Sólo puede quedar uno. Galácticos 2.0, segundo fracaso. Si tuviera que elegir entre Vinicius y Mbappé siempre elegiría a Vini. Es una debilidad muy personal. Por Tomás Guasch. Porque me gusta la rebeldía del brasileño, porque es un luchador, porque tiene sangre en las venas, una descomunal calidad y una voluntad de roca metamórfica. Pero si el club le puede imputar la rebelión que terminó con la salida de Alonso, venta. Ni renovación ni remordimientos.
Todo el mundo cree saber cómo resolver los problemas del club y la fórmula magistral. Es más, todo el mundo cree saber exactamente qué pasa dentro y quiénes son los buenos y los malos de la película, pero sólo unos pocos saben. Exijamos responsabilidad y profesionalidad con el bisturí. Este desmadre tiene que acabar. El madridismo no se merece esto. Podemos soportar años sin títulos, sin juego... incluso años de mierda. Pero esto es demasiado.
Después del espectáculo mediático de las últimas semanas, Mbappé no puede seguir en el club. Más allá de su estratosférica calidad futbolística y de su madridismo desde niño. Si pensamos en la institución, no hay referencias históricas a las que poder atribuir la división de la plantilla y de la afición como la que parece haber originado este futbolista, señalado por propios y ajenos. Esas fotos… esa risa de personaje de Stephen King en medio de la destrucción y el caos…
La prensa está acudiendo al festín de la cebra muerta en medio de la sabana. Buitres y hienas alimentándose con delectación de la carne descompuesta bajo el sol africano. Mientras, el supervillano de esta historia, el dueño del fútbol, aprovechará el momento de máxima debilidad para colocar su mejor golpe. No lo veremos llegar, pero lo tiene pagado. Espérenlo. Lo está calculando en este momento para infligir el mayor daño posible. Le sobran esbirros para llenar páginas, horas de radio y debates televisivos o retransmisiones editorializantes. Esperen a ver el aquelarre sicalíptico de Martínez el domingo por la noche cuando termine de desplomarse el gigante blanco en territorio enemigo.
Proliferan los relatos. Según uno de ellos, Carvajal, el capitán, es quien está filtrando toda la mierda para que los medios apoyen su candidatura al Mundial con la selección, señalando a Arbeloa por no darle minutos. El chico que colocó la primera piedra de Valdebebas, el que sale en la foto con Di Stéfano, un canterano, denigrando el final de su carrera veinte años después. ¿Lo compran? Si fuera cierto, el único español después de Gento con seis Champions, se habría autoexcluido de la presidencia de honor dentro de cuarenta años. Muy raro que un futbolista con la vida resuelta pueda ser tan imbécil en la hora de su retirada. Raro. No imposible. Sabremos.
Examen. Uno a uno. De quien venga a hacer la purga. Con plenos poderes. Y una cara que represente al club y que nos lo cuente. Valverde y Tchouameni fuera. Bajas y ventas. Las necesarias para contener la infección. Y que sea lo que Dios quiera.
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En el instante en que Dan Oturu metía su tercera canasta consecutiva, desnudando a un asustado Len, prácticamente todos los madridistas que estábamos ante la pantalla compartimos el mismo augurio penoso: igual que en el tercer partido de la serie, la ausencia de Tavares iba a constituir el agujero por el que se iban a colar las opciones del Madrid. Su suplente ucraniano retrocedía como quien entra tarde en una pesadilla, lo que, sumado a su falta de explosividad para corregir, hizo que Oturu oliese la sangre. Teniendo en cuenta las dificultades del equipo fuera de casa en esta temporada, los más timoratos ocultaron sus caras tras los cojines, y hasta hubo algún pipero que jugueteó con el mando a distancia, queriendo evitarse el exceso de sufrimiento.
Sin embargo, en la vida hay momentos cruciales en que una decisión especialmente acertada varía el rumbo establecido de una manera portentosa. Scariolo dio entrada a Garuba y, aunque no lo sabíamos entonces, finiquitó el partido. La actuación de Usman, que quedará para la historia del Madrid en la Euroliga, fue inconmensurable, y si utilizo ese término es con toda la intención: aún más importantes que los guarismos fueron los intangibles. Garuba se multiplicó en cada ayuda, llegó a todas partes, cambió tiros, puso tapones… En definitiva, dio un golpe en la mesa con esa energía salvaje que no siempre puede sostener durante meses pero que, cuando emerge, transforma el escenario más difícil en una trinchera personal y victoriosa. El final del primer cuarto, 21-23, parecía incluso corto para las sensaciones que transmitían los blancos.
La segunda unidad sostuvo una obra coral defensiva meritoria. Deck, usado casi de forma quirúrgica, con el cuidado que exige un físico alejado de aquel toro cimarrón de hace varias temporadas, se mostró aguerrido e incómodo, y volvió a demostrar que entiende el baloncesto competitivo mejor que la mayoría. El argentino tapó a Bryant hasta convertirlo en una sombra del jugador dañino del tercer encuentro. Abalde también aportó lo suyo en la intendencia, si bien la serie deja por encima del resto de secundarios la consolidación de Feliz. El dominicano, sin grandes aspavientos, ha encontrado su rol: suma, ordena, aprieta atrás y toma decisiones maduras. Por otro lado, el mismo Len, después de aquellos minutos en que Oturu lo trató como a una puerta giratoria, logró recomponerse poco a poco. A pesar de su vulnerabilidad evidente cuando enfrente tiene un interior físicamente superior y dinámico, enmendó sus dudas, protegió alguna acción importante y, sobre todo, resistió un contexto que había amenazado con devorarlo.
Porque Oturu continuaba imponiéndose en la pintura -terminaría con un tremendo 14 de 21 en tiros de dos-, pero el esfuerzo colectivo madridista convirtió ese dominio en una circunstancia insuficiente. Junto a él, Micic parecía más vivo que en las otras citas de la eliminatoria, y aprovechó un pequeño apagón merengue mediado el segundo cuarto. No obstante, el Madrid logró salir del bache sin perder estructura, mordiendo el partido con una convicción física que fue desgastando lentamente al Hapoel. Cuando se llegó al descanso con el 36-46, la diferencia transmitía algo más importante que los puntos: autoridad. Los muchachos jugaban con confianza porque dominaban, y dominaban porque jugaban con confianza. Si Hezonja transitaba dejando jugadas muy esporádicas, Campazzo otorgaba el temple necesario para dirigir con inteligencia, y Maledon, en una de sus mejores actuaciones del año, atacaba el aro con una valentía magnífica. El francés está teniendo una difícil adaptación, pues le cuesta sincronizarse con el ritmo emocional del equipo, pero en la cancha búlgara-israelí demostró la personalidad necesaria para justificar la apuesta por él.
El equipo ha conquistado algo previo a las victorias y mucho más difícil de explicar: el derecho íntimo y legítimo a creer que todavía puede escribir otra página imposible
La segunda parte derivó pronto hacia un ecosistema de contacto durísimo, muy permitido por los árbitros. El Madrid no se amilanó -miedo da pensar lo que puede ocurrir en Atenas, eso sí-, ni siquiera cuando Micic aprovechó el contexto propicio para pegar un arreón y colocar a los de Tel Aviv a cinco puntos. Entonces volvió a aparecer Garuba, cuya actuación alcanzó tintes épicos con varias postales para la foto: cogió rebotes hasta desde el suelo, y jugó lesionado varios minutos del último cuarto. Cojeando, visiblemente agotado, fue capaz de anotar seis tantos consecutivos que terminaron de abolir cualquier reacción del Hapoel. El impacto emocional que tuvo su concurso resultó decisivo, compensando en un día clave su borrón en la final de la Copa del Rey. Su capacidad de mantener ese nivel se convierte en fundamental: por esa sensación de revolución permanente pasan muchas de las opciones restantes de esta temporada.
Desconozco qué será capaz de hacer el Madrid en la Final Four. Si finalmente el cruce de semifinales es contra el Panathinaikos, nadie podrá colgar la vitola de favoritos a los de Scariolo. De hecho, es probable que las apuestas coloquen al Real como el último aspirante de los clasificados. No en vano, si volviera Tavares a tiempo, lo haría con muy poco ritmo competitivo. Pero hoy no es día para el pesimismo. El equipo ha conquistado algo previo a las victorias y mucho más difícil de explicar: el derecho íntimo y legítimo a creer que todavía puede escribir otra página imposible.
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Mi primer recuerdo de un Barça-Madrid (no sé si llamarlo Clásico, no sea que me "regañe" don Jesús Bengoechea), se retrotrae a septiembre de 1972. Falleció mi abuela Josefa y, en aquellos años, la tele se dejaba de ver por el luto que imponían nuestros padres. ¿Solución para verlo? Irme a la casa de unos amigos. ¿El problema? Que los diez de familia eran culés. ¡Con qué elegancia y educación se portaron todos! Casi todo el partido en silencio, incluso cuando el canario Barrios marcó el gol de la victoria azulgrana. Sabor agridulce, evidentemente. Vaya por delante que, cada vez que jugaba el Real Madrid en el Camp Nou, mis nervios se descontrolaban.
Mi siguiente recuerdo fue más amargo todavía. Día de los Santos Inocentes de 1975. De nuevo con TVE en directo. El equipo de Miljan Miljanic acariciaba un meritorio empate, cuando en el minuto 90, Carlos Rexach agarró un zambombazo desde 30 metros ante el que nada pudo hacer el "Gato" Miguel Ángel. Terminó el encuentro y me fui directo a la cama, a oscuras y sin cenar. Sólo oía de fondo a mis padres lamentar el "suceso".
El siguiente recuerdo es mucho más agradable. 4 de diciembre de 1977. Cinco días después del botellazo a Juanito en Belgrado en el famoso Yugoslavia-España de la "Batalla de Belgrado".
Partidazo de los blancos, especialmente de Juanito, y victoria importantísima por 2-3. ¡Cómo lo festejamos mi padre y yo! Mejor no dar detalles.
Así, llegamos al 10 de febrero de 1979. Presidía el flamante presidente de la Generalitat, Josep Tarradellas, quien consiguió una efímera paz entre el incontrolable José Luis Núñez y el caballeroso Luis de Carlos. Ese día se produjo un fenómeno casi esotérico: el Camp Nou ovacionó al inglés Laurie Cunningham, que hizo diabluras para llevar en volandas al Madrid hacia la victoria, 0-2, con goles de García Hernández y Santillana.
El 22 de octubre de 1983, siguiente triunfo "merengue" ante un Barça sin sus estrellas Maradona y Schuster. Goles de Juanito y Santillana, una dupla para la historia.
El Clásico de la temporada 1988-89 fue el del fichaje a la desesperada de Romerito, el jugador paraguayo que iba a ser capaz de tumbar al Madrid de la "Quinta del Buitre". El equipo blanco fue superior aunque no se pasase del 0-0.
En la temporada 1991-92, mi paisano Fernando Hierro le dio con un gol desde fuera del área el empate a uno al conjunto de Beenhakker, en un evidente fallo de Zubizarreta.
¡20 años se tiró el Madrid sin vencer en Barcelona en partido de Liga! Increíble, pero cierto.
Se rompió el maleficio en plena época de Los Galácticos, concretamente el 6 de diciembre de 2003. Con televisión en abierto en directo, el equipo del portugués Carlos Queiroz se impuso 1-2, con tantos de Roberto Carlos y Ronaldo Nazario.
En la campaña 2006-07 no se consiguió la victoria por un gol de Messi en el 90', pero los blancos cogieron impulso para obrar el milagro de la Liga del "Clavo Ardiendo".
Al año siguiente, 23 de diciembre de 2007, gran victoria 0-1, con golazo de la "Bestia" Julio César Baptista.
Uno de los triunfos más importantes y bonitos llegó el 21 de abril de 2012. Más de media Liga en juego y el que suscribe, en la boda de unos sobrinos supermadridistas. Aún recordamos aquel histórico gol de Cristiano Ronaldo y su "calma, calma" a los 100.000 espectadores que llenaban el Camp Nou. Fue la Liga de los Récords. 100 puntos y 121 goles para el Madrid de Mourinho.
En abril de 2016, ya con Zinedine Zidane en el banquillo, victoria 1-2 "a pesar" del tendencioso arbitraje del ínclito Hernández Hernández, que dicen repetirá el próximo domingo, ojalá que de forma más ecuánime.
En la espléndida temporada 2016-17, empate a uno con gol de Sergio Ramos en el 89', dentro de la era Messi-Cristiano.
En plena pandemia, un 1-3 nos endulzó el corazón la temporada 2020-21, goles de Valverde, Ramos y Modric. Eran tiempos de jugar y ganar cada año en Can Barça. Al año siguiente, ya con público, nueva victoria de los nuestros 1-2, con golazos de Alaba y Lucas Vázquez.
Aún recordará el lector el gol de Jude Bellingham (estaba bendecido el inglés en su primera temporada) que le dio la victoria 1-2 en el tiempo de descuento hace solo dos temporadas.
Último triunfo madridista en suelo barcelonés, que ojalá se repita este domingo, aunque solo sea para dar una pequeña (o gran) alegría a la, este año, sufrida afición "merengue".
Que así sea.
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