Las mejores firmas madridistas del planeta

Buenos días. La primera noticia, si nos atenemos al runrún desatado ayer por la tarde cuando se anunció que Florentino daba una rueda de prensa, es que no ha dimitido. La zozobra palpable que esa posible noticia llegó a producir, incluso en sus más acérrimos detractores, puso bastantes cosas en perspectiva. Pero no era eso lo que nos aguardaba en Valdebebas, por grandes que fueran los temores.

La segunda es lo que sí fue, en cambio, noticia objetiva y propiamente dicha: Florentino no dimite pero convoca elecciones, a las que se presenta. El durísimo y por momentos chocante ataque a la prensa, con nombres y apellidos y enzarzamientos dialécticos con algunos de los periodistas presentes, es discutible. Puso sobrar visceralidad y faltar orden. También faltó un análisis de los males deportivos que han desembocado en una muy mala temporada, pero desde el primer momento dejó claro Florentino que no estaba allí para eso. Estaba allí para anunciar las elecciones, complementando  de paso el anuncio con una diatriba desatada contra árbitros, medios e instituciones, con frases memorables por lo certero y desinhibido.

No se le puede negar coherencia al presidente, en el sentido de que no hizo esa aparición para dialogar pacíficamente sobre los malos resultados, ni para confirmar si viene Mourinho. Como decía un miembro de nuestro consejo de redacción, “todo lo que estaba mal ayer en el club sigue estando mal hoy, pero es que lo de hoy era otra cuestión: Florentino estaba librando una batalla por el poder que nadie sabía si iba a librar, y lo ha hecho tomando ventaja clara, cambiando el guion”.

Electoralmente hablando, en efecto, el golpe es maestro por inesperado. Cualquier posible candidato necesita no solo veinte años de socio y un aval mastodóntico. Necesita tiempo, bien preciado que Florentino no va a concederles, pues aunque no detalló fechas las elecciones se presuponen inminentes. Dudamos que alguien llegue a presentarse, francamente, a pesar de las alusiones presidenciales para que lo hagan (“es el momento, que aprovechen ahora”). Aunque todo podría ser.

A continuación, en aras del salseo, y de la indiscutible veracidad de mucho de lo que dijo, ofrecemos un somero recuento de citas, a cual más impactante. La mayoría son celebrables por el modo en que desenmascaran la realidad putrefacta del fútbol español, un deporte donde delinquen por sistema esbirros de Negreira que siguen ahí años después a pesar del gravísimo escándalo, mientras el realizador de las retransmisiones hurta imágenes de su continuo latrocinio al espectador (¿y al VAR?) honrando su vínculo empresarial con el Barça y Tebas —prestatario del propio Barça— da rienda suelta a su batalla contra el Madrid haciendo suya la Federación.

 

“Convoco elecciones y me presento para proteger a los socios del Madrid”

“Voy a hacer que los socios del Madrid tengan 100.000 euros cada uno”

“Voy a cancelar mi suscripción a ABC”

“He ganado siete ligas, pero es que el resto me las han robado”

“Voy a acabar con todos los malos”

“No se debe pitar a los jugadores, pero hay malos detectados dentro del Madrid”

“Solo he ganado 66 títulos. Intentaré mejorarlo”

“Ese con acento mexicano que se presente. Tiene ahora la oportunidad.”

“Dicen que los malos pueden conseguir financiación a través de las eléctricas. No, de eso nada, necesitan un aval personal para presentarse. A ver si tienen el dinero”

“Cada año se han pegado dos jugadores. O cuatro. El problema es que salga fuera.”

“Si se meten con el Madrid, ¿por qué no se meten con el Atleti?”

“Que los de mayo del 68 se dediquen a meterse con el Madrid como si fuesen Demóstenes no, eso no”

“A ver si la UEFA mete mano en lo de Negreira, que lo va a hacer”

 

Estas y otras perlas, absolutamente desacomplejadas, soltó Florentino, y aún no se nos ha quitado de encima la sorpresa, teñida de estupor y no ajena, lo confesamos, a un júbilo tonificante. Con sus defectos, con su desarmante humanidad, fue una intervención que puso a todo el mundo en su sitio, como nunca antes se había hecho en términos de insobornable crudeza. Es posible que Florentino haya perdido el filtro, y con él lo que los americanos llaman “gravitas”, pero la contrapartida fue un festival de mandobles tan necesario que casi compensa. Habló como si estuviera en una reunión informal. Fue un Florentino espontáneo, el Florentino de los audios. Aunque aquellos audios fueron publicados para desprestigiarle, consiguieron el efecto contrario, convirtiéndolo en más popular aún. Es muy posible que esta intervención histórica surta el mismo efecto. En términos electorales, que son los que nos ocupan, aunque ya veremos si se presentan alternativas, su discurso fue efectivo.

Muchas de las críticas legítimas a la rueda de prensa de Florentino llevan implícitas la consideración de que vivimos un fútbol español normal, con árbitros normales, medios normales e instituciones normales y limpias. Quizá esta intervención, que indudablemente ha sido chocante, haya servido precisamente para que el mundo se dé cuenta de que no es es así.

Nos habría gustado que el presidente hubiera aprovechado la ocasión no solo para destrozar al Barça como hizo (la desnudez con la que dijo que le habían “robado” siete ligas quedará para siempre vibrando en el tímpano), sino también para haber demostrado alguna contrición por haber tardado en sacar los cañones gordos contra el corrupto rival, habiendo llegado a afirmar que había que “ayudarle”. “Me he dado cuenta de ese error”, podría haber declarado, “y a partir de ahora vamos a hacer la guerra total a la corrupción del fútbol español, siendo mucho más beligerantes y empezando por el Barcelona. Pero, precisamente porque me equivoqué, creo que es necesario dar la palabra a los socios a fin de que decidan si siguen confiando en mí para ese empresa. Por ese y otros motivos voy a convocar elecciones.” Eso sí habría humanizado de verdad a Florentino. Bajo este parámetro, habría tenido aún más clara la victoria en unos comicios que, ya decimos, tal vez no lleguen a celebrarse.

Por lo demás, en las portadas del día, como era previsible, arrecian las críticas. Es normal. Están todavía aturdidos ante el aluvión de soplamocos. Han pasado ya unas cuantas horas, pero siguen en estado de shock. Es lo que tiene ser un cuarto poder absolutamente vendido a la putrefacción reinante: que aparece uno de los hombres más poderosos y brillantes del planeta y te saca las vergüenzas en vivo y en directo. Una legión de ofendiditos brama hoy en las distintas cabeceras contra el hombre que les ha expuesto de manera inmisericorde. El propio club cliente de Negreira ha anunciado que estudia tomar medidas legales contra el mandatario blanco. Que lo haga. Así veremos un eco aún mayor de las justísimas denuncias de Florentino.

Pasad un buen día.

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En determinadas ocasiones, los lobos más famélicos hacen jauría cuando un miembro de la manada está débil o dado por muerto. Obviamente, los cobardes actúan así. Podemos observar estos comportamientos en reuniones sociales de todo tipo, desde las familiares hasta las profesionales. Normalmente, los pobres hombres tratan de asociarse para atizar a la persona honesta y noble. Este tipo de comportamiento execrable esconde una terrible verdad: en el mundo existe la maldad, y ésta se transparenta en las pupilas de los ojos de aparentes personas funcionales.

Ayer nos alcanzó a todos los madridistas un comunicado extemporáneo: Florentino Pérez convocaba una comparecencia urgente con los medios. En un margen de dos horas, las especulaciones volaban. Los dispositivos móviles de medio mundo del fútbol echaban humo. Los aficionados más jóvenes, adoctrinados por la nueva ola, clamaban que llegaba el momento de asaltar el cielo. Por su parte, los amantes verdaderos del Madrid, esperaban paciente la comparecencia del presidente.

Los medios tradicionales dirimían en la redacciones posibles titulares para amortizar el proyecto del señor Pérez. Por su parte, los dueños de los canales en plataformas archiconocidas, se colocaban su mejor sonrisa de hiena esperando la oportunidad para atizar al presidente más laureado de la historia del club más grande del fútbol mundial.

cuando la corrupción está institucionalizada, me llena de orgullo ver a un referente salir a declararle la guerra a todos los sátrapas. Estamos conviviendo en un fútbol nacional en el que se premia al tramposo

A la hora señalada, Florentino Pérez se sentó ante una masa filiforme de periodistas deportivos con menos profesionalidad que decencia. Nadie estaba preparado para la catarata de argumentos que iba a soltar el señor Pérez. Por aquí va uno: “El ABC es un periódico de Madrid y el Madrid es un club del mundo. ¿Por qué el ABC se empeña en ir contra el Real Madrid?” Más claro, agua. ¿Existe lógica alguna? Sí, la maldad al servicio de intereses espurios. Y, por allá, el otro: “Estamos haciendo un dossier de 500 páginas sobre el Caso Negreira para enviar a la Uefa. Y el presidente del CTA dice que lo olvidemos. ¿Cómo lo vamos a olvidar?”

Por momentos Florentino se sonreía e incluso se soltaba soltando su vena más irónica. La situación ameritaba la sorna pues en los últimos meses el delirio se ha institucionalizado. Con vehemencia, aseguraba que no estaba cansado y que estaba decidido a dar la batalla para asegurar el futuro del Real Madrid lejos de las sucias manos de todos aquellos que pretenden comercializar con el legado del club.

En definitiva, ningún tema candente se dejó en el tintero. Pero, más allá de la reivindicación de su gestión, o de recordarle al mundo la gravedad del Caso Negreira, lo que subrayo de la comparecencia de ayer fue comprobar que Florentino está fuerte. Cuando una figura de su calibre se decide a recordarle al mundo que tiene temperamento y que está al día de cada cosa que se dice en su contra, uno solo puede quitarse el sombrero y saludar.

Porque, cuando la corrupción está institucionalizada, me llena de orgullo ver a un referente salir a declararle la guerra a todos los sátrapas. Estamos conviviendo en un fútbol nacional en el que se premia al tramposo. En las tertulias más populares de este país, se sigue celebrando cada victoria del Barcelona, ese club que tenía comprado el sistema. Porque algunos como Alfredo Relaño ya preparan el terreno ante la posible vuelta de Mourinho y vuelve con la matraca de si el luso es una mala persona por quejarse mucho de los árbitros. ¿En serio no se sonrojan? Pues se les acabó el chollo, el Madrid, con su presidente a la cabeza, ha decidido plantarles cara. Que se aprieten los machos porque ahora vienen curvas.

 

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Palomitas, cerveza fría y rueda de prensa de Florentino Pérez. Me ha recordado a John Wayne, inmediatamente después de beberse el chupito de whisky y lanzar el vaso contra el suelo de la cantina, para remangarse y arreglar a continuación algunos asuntos pendientes. Tres segundos, no más, ha tardado en hacer saltar por los aires todas las previsiones del día, todo lo que los adivinólogos, siempre bien informados, llevaban desde la mañana adelantándonos sobre lo que iba a decir. No han acertado ni en el formato elegido. No había venido a dimitir, ni a analizar la temporada, ni a nada de eso. Había venido a presentar el tráiler de una nueva era de mourinhismo aplicado, de madridismo reivindicado, él solo, a pecho descubierto.

Quienes se quejan de que no haya hecho autocrítica por la temporada deportiva de Real Madrid no han entendido nada, y ya es difícil, porque hemos visto al Florentino más transparente de la historia. El presidente del Real Madrid no es futbolista, ni entrenador, ni siquiera director deportivo. Es presidente de una de las instituciones más grandes y complejas del mundo. Y no lo es esta temporada, sino que preside una rueda que gira desde hace años, mañana, tarde y noche, en un sinfín de proyectos satelitales que permiten que Real Madrid sea el club más grande del mundo. En el cómputo de un mandato tan largo y glorioso, también en lo que a las vitrinas se refiere, hacer una lectura de primer plano sobre el Real Madrid de esta temporada para extraer conclusiones sobre la era Florentino es un despropósito, pero también es una estupidez.

hubo Un mensaje muy claro a todos aquellos que pretenden hacer borrón y cuenta nueva sobre el escándalo Negreira, como si fuera un pecadillo menor convertir la Liga española en un lodazal de sospecha constante, sospecha con todo fundamento, y que nadie pague por ello: el Real Madrid no lo va a permitir

Hay quien confunde la fotografía convencional con la panorámica. La fotografía de este final de temporada es calamitosa en lo deportivo, ya lo sabemos y lo hemos escrito mil veces, la panorámica del Real Madrid de Florentino es galáctica y tal vez insuperable. Juzgar a toda la junta directiva del club por dos temporadas sin Champions es, aparte de una bobada, una manera de devaluar el inmenso precio de la gran competición europea, por más que, como madridistas, solo contemplamos la opción de ganarla siempre, de ganarlo todo siempre.

Sea como sea, Florentino –con la convocatoria de elecciones por delante- no ha venido a hablar de la fotografía de este instante, porque no se presenta a las elecciones con la tabla de clasificación de la Liga en la presente temporada, sino de la panorámica, con el bagaje de más de veinte años de títulos y éxitos, tanto dentro como fuera de los terrenos de juego, y con una manera de gestionar el club que, salvo para los ciegos por sectarismo y para los de los intereses espurios, ha dado a los socios y aficionados los años más felices e increíbles que podríamos soñar, en medio de unas pocas temporadas que habríamos preferido olvidar, que en el contraste es en donde brilla la verdadera gloria.

Pero aún hay algo más. Un mensaje muy claro a todos aquellos que pretenden hacer borrón y cuenta nueva sobre el escándalo Negreira, como si fuera un pecadillo menor convertir la Liga española en un lodazal de sospecha constante, sospecha con todo fundamento, y que nadie pague por ello: el Real Madrid no lo va a permitir; y no solo porque ha sido el gran perjudicado, y porque sus millones de seguidores en el mundo no merecen que los corruptos hayan jugado con sus emociones durante años, sino también porque es una injusticia para todos los clubes y los aficionados, y porque es un nuevo y determinante desprestigio para la Liga española.

Hemos visto también un reparto nada timorato contra los que se mueven entre bambalinas para romper el madridismo, que son los mismos que parecían felices ante cada nuevo fracaso deportivo esta temporada, porque su único objetivo era pescar en el caos en las aguas de la abundancia ajena, y llevarse la gloria que otros se trabajaron. Ahora han quedado en pelotas y, en contra de lo que muchos piensan, ese ejercicio de desenmascaramiento beneficia más al Real Madrid que al propio Florentino.

Lo gracioso es que, aunque no haya dicho ni una palabra sobre la cuestión deportiva, esta histórica rueda de prensa de Florentino solo tiene un precedente bajo su mandato, y es la era Mourinho, cuando por vez primera el madridismo dejó de ser el amigo bueno y un poco tontorrón que soporta con elegancia todas las bofetadas, calumnias y traiciones, y trató a su manera de aclarar que se puede ser elegante y, al tiempo, defender el honor propio, la justicia, y la verdad, y denunciar las campañas orquestadas de las industrias clandestinas del antimadridismo de toda la vida, se vista la mona con la seda que se vista.

Más allá de unas elecciones sin muchas emociones esperables, lo más divertido, en fin, de la rueda de prensa de Florentino, es que parece imposible no entenderla como el tráiler del advenimiento de una nueva era Mourinho; que todos los que siempre echamos de menos al talentoso portugués nos hemos quedado en ascuas esperando que se anuncie la fecha del estreno de la película. Ya nos ha dicho el presidente de qué irá la nueva entrega de la saga mourinhista del Real Madrid, pronto sabremos si además la protagonizará desde el banquillo el actor original de la vez anterior.

 

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Hola a todos. ¿Cómo lo lleváis? Nosotros mal, y no sabemos cuándo vamos a volver a ilusionarnos, si es que tal cosa ocurre. No es que La Galerna se haya autoimpuesto nunca la obligación de ilusionar, sino que tal cosa ocurría de manera orgánica, natural. Tan natural como el estado plomizo que nos inunda ahora, al término de una temporada desquiciante.

Porque lo peor no es que haya sido mala, sino que ha sido eso, desquiciante (además de mala). Hubo momentos ilusionantes que al final, sin embargo, quedaron anegados en una corriente insufrible de mal juego y sometimiento ¿inevitable? al apestoso sistema arbitral. Ha sido una montaña rusa emocional que, encima, ha acabado mal, con su mezcla de responsabilidades propias e injusticias exógenas, lo que nos ha dejado a todos tan extenuados como apesadumbrados, cuando no iracundos.

Continuar en este valle de lágrimas se hace duro, pero en él seguiremos. La Galerna nació un 21 de mayo de 2015, al día siguiente de ser el Madrid eliminado por la Juve en semifinales de Champions y pocas semanas antes de que el equipo cliente de Negreira firmase un triplete. Queremos decir que, si no desfallecimos entonces para echar a andar, mucho menos lo haremos ahora para proseguir caminando.

Marca nos trae a Mbappé, de quien se nos dice que “no se esconde”. No tenemos la menor idea de qué se nos pretende decir con eso, aunque inaginamos que es un tributo de gratitud a Mbappé o su propio entorno por haber concedido a alguien de Marca dos minutos al teléfono. Si por “no se esconde” se nos quiere indicar que, al revés de lo sucedido ante el club cliente de Negreira, Kylian pretende estar disponible ante el Oviedo, con la liga ya sentenciada, se entenderá que seamos capaces de controlar, sin gran esfuerzo, la euforia que nos produce el titular.

La verdad es que no entendemos nada de lo que ha hecho Mbappé en los últimos días/semanas, pero ¿a quién entendemos? Presidentes que no nos explican nada. Jugadores que se enzarzan en discusiones violentas o semiviolentas con conmociones cerebrales. Youtubers presuntamente madridistas que se prestan a reírse del Madrid en canales propiedad de dementes que se ríen de Juanito. Sí uno lo mira desde la perspectiva de lo incalificable que es todo lo que estamos viviendo, el que la máxima estrella del equipo se dedique a recuperarse en alta mar y mejor compañía  de su lesión, se niegue (presuntamente) a viajar a Barcelona ante la perspectiva del banquillo y se mofe (también presuntamente) del resultado del partido en su ausencia, casi nos parece medio normal.

Mentimos. No, no nos parece medio normal. No sabemos si se está riendo de nosotros, no sabemos si busca un traspaso e incluso, caso de ser cierto esto último, no sabemos si lo querríamos. Hasta ese punto estamos desconcertados, amigos. Esta inaguantable combinación de silencio, rumor, declive y sensación de “sálvese quien pueda” va mucho más allá de lo que podemos soportar.

As dice que nos encaminamos hacia “un nuevo Madrid”. ¿No podría ser hacia uno viejo? Concretamente, al de la temporada 16/17, por ejemplo. O a la de la 23/24, no hace falta irse tan lejos, si bien remontarse a los valores que llenaban el pecho de aquellos héroes primigenios (D. Alfredo, D. Paco, Puskas, Santamaría, Rial…) de los 50 nos vendría también de perlas. Lo de “nuevo Madrid” nos da algo de vértigo, la verdad, teniendo como tenemos el corazón madridista aterido por la pena y el miedo, que son dos sentimientos mucho más cercanos entre sí de lo que a veces estamos dispuestos a reconocer.

La prensa cataculé está de celebración. No es para menos. Lo vienen haciendo todo muy bien. Tienen controlado al estamento arbitral (literalmente comprado durante al menos 17 años), a las instituciones (RFEF y Liga, valga la redundancia) y por supuesto a los medios. Ayer circuló este magnífico resumen de quién es quién en los medios audiovisuales españoles. Sobran los comentarios.

En fin, amigos. Que paséis un buen día, dentro de lo posible.

En la crónica que escribe Hughes en su web personal, tras cada partido, aporta un dato interesante: de los 25 años que llevamos con Florentino Pérez como figura fundamental del Real Madrid, el equipo de fútbol se ha quedado sin liga, copa o Copa de Europa en un 64% de las temporadas. Esto hace, naturalmente, que el 36% restantes de las campañas disputadas en este cuarto de siglo concentren un número abrumador de éxitos. Pero, como él dice, el modelo florentinista de dirección deportiva del primer equipo de fútbol se define por su radical desequilibrio, naturaleza que explicaría crisis civilizatorias tan terminales como la que estamos viviendo.

También podrían citarse como elementos propios de este modelo la desautorización sistemática de los entrenadores y el desprecio general por la misma figura del técnico. Sin embargo, el modelo florentinista alcanzó sus mayores cotas de éxito bajo figuras de autoridad en el vestuario (Mourinho, Ancelotti, Zidane). Esta es la paradoja que ha marcado el cuarto de siglo del Madrid de Florentino, qué duda cabe.

Un respeto a D. Florentino Pérez

En la historia del Madrid nunca ha habido clase media porque en el ethos madridista no cabe un término medio: o César o nada, que decía el lema de los Borgia. El florentinismo lo ha exacerbado tanto que resulta que tenemos un equipo lleno de superestrellas mundiales que sin embargo corre menos que ninguno: ayer mismo salió el revelador dato de que el Madrid es el equipo con menos aceleraciones de la liga, estadística que supongo hará referencia a los desplazamientos de cada jugador en desmarques de apoyo y ruptura, así como coberturas, repliegues y jugadas de fuera de juego. Vamos, el abecé del juego, porque sin aceleraciones, o sea sin movimiento, estaríamos hablando del futbolín y no del fútbol y de muñecos de madera y no de atletas profesionales.

En resumen, el Madrid de Mbappé ha devenido en quintaesencia del modelo florentinista, o en su degeneración absoluta. Porque, siguiendo con las aceleraciones, decía Lenin antes de la revolución de febrero de 1917 que lo mejor, para quienes deseaban destruir el régimen zarista, era un desarrollo vertiginoso del capitalismo en el imperio de los Romanov, tras el cual la revolución caería como fruta madura.

tenemos un equipo lleno de superestrellas mundiales que sin embargo corre menos que ninguno: ayer mismo salió el revelador dato de que el Madrid es el equipo con menos aceleraciones de la liga

Se puede decir que Mbappé ha sido el cisne negro que, en vez de la economía, ha desfigurado inesperada y ferozmente la realidad del club más exitoso del mundo. O uno de ellos, si se considera también la cuestión de la posible inviabilidad del Bernabéu como recinto de espectáculos de primer nivel, tal y como se nos fue presentado (y acaso, sospecho, no concebido). La conjunción temporal de ambos acontecimientos amenaza con llevarse por delante al Madrid tal y como lo hemos conocido, pues anula sus proyecciones de crecimiento económico y lesiona de gravedad su capacidad para renovar la primera plantilla del equipo de fútbol de suerte que recupere a corto plazo sus opciones de ser otra vez la mejor del mundo.

Y aquí llegamos al meollo. El equipo de fútbol.

¿Sigue siendo el equipo de fútbol y su competitividad el centro de gravedad de la organización llamada Real Madrid Club de Fútbol?

Los partidos del Madrid se siguen llenando, aunque el público habitual vaya poco a poco transformándose en una masa de turistas que rota aprovechándose del fenómeno del alquiler del abono y con el presunto beneplácito de «la gerencia», que así se aseguraría una parroquia controlable y anestesiada. Las tiendas oficiales siguen llenas y supongo que facturando a destajo así que, en ese sentido, ¿qué mas da que el rendimiento y compromiso de Vinicius, Bellingham, Mbappé o Valverde sea lamentable si las camisetas se venden igual?

Yo no cerraría el Madrid. De momento, vamos

Esta especie de interregno plagado de desgobierno y de una anarquía cósmica, que no galáctica, hace que un aficionado cualquiera como yo, cuya única autoridad para divagar sobre esto es la que me da dedicarle al Madrid las horas mejores de mis días y fines de semana, se haga preguntas a tenor de la opacidad que caracteriza el vaticanismo con que el club manifiesta su voluntad: con bisbiseos y rumores de pasillos que llegan a la opinión pública a través de las terminales mediáticas de los numerosos clanes y familias que (dicen) gobiernan el Madrid desde el nivel inmediatamente inferior al trono del faraón.

¿Alguien puede explicar cómo es que se acometió la obra capital de la que depende el presente y el futuro de la organización sin que se previese la eventualidad de un proceso judicial que paralizase la explotación comercial del estadio sine die?

¿Se puede manifestar, con gestos como no ir a un palco o no permitir la entrada de los equipos de la televisión para las previas, la repulsa al Barcelona como ente corrupto y corruptor del fútbol español y a la liga de Tebas como gran sindicato latrofaccioso, y sin embargo amparar a ese mismo Barcelona de la quiebra financiera, brujulear (presuntamente) en torno al gobierno para conseguir la flagrante inscripción de Olmo o pasar por alto la ignominiosa amenaza del Comité Técnico Arbitral antes de una final de copa y no retirarse?

Florentino abre el melón societario

El florentinismo llegó hace 25 años a nuestras vidas como una promesa de recuperar el estatus del Madrid como número 1 del fútbol mundial. Esto no sólo pasaba por ganar Copas de Europa (en el verano del 2000, cuando el presidente Pérez gana por primera vez las elecciones, ya se habían ganado dos), sino además en conquistar el ránking reputacional. Es decir, en convertir al Madrid en un referente simbólico y moral más allá del terreno de juego y en que ese círculo virtuoso asentara una forma de hacer las cosas reconocible universalmente.

En ese sentido, el período comprendido entre 2012 y 2024 constituyó la fase de esplendor de un modelo florentinista propiamente dicho, a pesar de sus altibajos (Benítez, Lopetegui) en la planificación deportiva.

La situación actual del primer equipo pone de manifiesto una carencia intolerable de autoridad, jerarquía y disciplina en la administración del patrimonio principal del club, que no son sus jugadores sino su nombre. Su buen nombre, se entiende, concepto vinculado estrechamente con el comportamiento y actitudes de los 23 futbolistas que representan la «fisicidad» (concepto cinematográfico acuñado por Garci) del Real. El caos del vestuario es el síntoma de una enfermedad mayor, no su causa, y que afecta a todos los niveles operativos del club. Más allá de la mano dura, se presume la necesidad de una auténtica refundación del Madrid, algo parecido a lo que urgía en 2010, cuando vino (por primera vez) Mourinho. Entonces, The Special One se consumió cual Prometeo en una batalla que trascendía lo puramente futbolístico y cuyo objeto era impedir que el Madrid, como referente absoluto en el mundo, se perdiese por el sumidero de la Historia. Ahora Mourinho tiene 15 años más, como todos, y está prejubilado de la élite…

 

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Sentí alivio cuando Hernández Hernández pitó el final del partido. No caímos goleados. Por una vez en la vida el Barcelona levantó el pie. Nos ganó a medio gas. Se acabó la temporada y se acabó la ilusión de ver un rayo de esperanza, una señal. Todo lo que constatamos fue la consumación de la terrorífica temporada 2026 del Real Madrid. Un segundo año con una plantilla que sobre el papel debería haber dominado el fútbol europeo, y que hemos visto arrastrarse frente a rivales del último tercio de la tabla en la liga.

El Real Madrid bate récord de ingresos

De la misma forma que el antónimo natural del amor es la indiferencia, no el odio, el equipo insiste con contumacia en no querernos, en arrojarnos a un camino de apatía, de desconexión, de abandono, que es lo más peligroso para el club si continúa silente frente a la tormenta mediática que se cierne sobre la plantilla, el estadio, los estatutos, los ejecutivos y el presidente. El silencio esta vez no tranquiliza ni se percibe como señal de fortaleza, sino de debilidad. Porque no anticipa ni presagia un plan. Preocupa. Y si por toda estrategia estamos pensando en un Mourinho crepuscular, en el ocaso de su carrera, y tal vez con una energía ya atenuada por los años... El panorama es devastador. Llevamos meses transitando por el camino de la irrelevancia. Si el fútbol es un estado de ánimo, puede que ni siquiera hayamos tocado fondo aún, porque el ánimo está en mínimos.

Pero empecemos por el principio. Ancelotti no fue capaz de resolver problemas mucho más sencillos que los de hoy a la vuelta del verano dorado de 2024, como conformar a Rodrygo para que diera unas prestaciones decentes en la derecha. No fue capaz de conseguir la regularidad de un Vini desnortado por la puñalada criminal de Ceferin en el balón de oro. Tampoco consiguió que sintiéramos que Mbappé participaba en el equipo. Güler era demasiado joven para tomar el cetro. Modric le pareció demasiado viejo. Las lesiones castigaron a la plantilla. Empezamos a ver apatía y desconexiones en los partidos. Nada comparado con lo que hemos visto este año. Pero ahí estaban las señales. Nos acostumbramos a esperar a los rivales atrás y la cosa medio funcionó contra algunos. Perdimos o empatamos todos los partidos contra oponentes de enjundia. El Barcelona nos goleó en los tres choques directos y el Atlético pudo hacerlo. Nos reímos de la rabieta por el doble toque de Julián, pero en liga sólo obtuvimos dos míseros empates ante un equipo colchonero que jugó mejor que nosotros. En cuartos, un Arsenal terrenal nos goleó sin misericordia solamente poniendo intensidad.

el equipo insiste con contumacia en no querernos, en arrojarnos a un camino de apatía, de desconexión, de abandono, que es lo más peligroso para el club si continúa silente frente a la tormenta mediática que se cierne sobre la plantilla

Y el club le apostó a Alonso. Pero sólo a medias. Le embarcamos a la fuerza en el Mundial de Clubes, con mal resultado pero con algunas buenas noticias en el juego. Empezamos la liga ganando, probando alternativas como siempre pasa cuando cambia el entrenador. Al equipo se le notaba falta de físico por la insuficiente pretemporada con la que Tebas nos castigó. Llegamos al Metropolitano demasiado confiados y salimos con un 5-2 inesperado hasta por los rojiblancos. Volvimos a ganar en la liga y en Europa y nos plantamos frente al Barcelona en el Bernabéu haciendo un buen partido, en el que pudimos sentenciar, y nos acabamos complicando la vida. Estábamos llegando a noviembre. Líderes, a 5 puntos del máximo rival.

Madridistas vs. “jugadoristas”

En el minuto 72 del partido se produjo el punto de inflexión de la temporada. Vini fue sustituido, se retiró muy mosqueado "siempre yo..." Dicen que se le pudo escuchar en días posteriores "si sigue Alonso, no renuevo" y todo cambió de repente. La cosa no quedó en el malestar por una sustitución. Parte del vestuario empezó a polarizarse contra Alonso, sus vídeos, sus instrucciones precisas a los futbolistas, el control milimétrico de las posiciones en el campo. La exigencia de presión arriba. El club se inhibió. No hubo respaldo a Alonso ni sanción a Vini. Ahí se empezó a fraguar lo que tenemos hoy. Alonso se fue alejando de la plantilla y perdiendo el control. Vimos signos de autogestión de los jugadores. Tres empates consecutivos en liga: Rayo, Elche y Girona. El colofón fue la Supercopa, en enero. Otra derrota frente al Barcelona y una imagen de impotencia inolvidable.

Una llamada de Florentino a Vini habría sido suficiente para calmar las aguas, aunque ya sabemos de la marmórea personalidad del brasileño, para lo bueno y para lo malo. No me explico por qué Alonso no le dejó en el banquillo en el siguiente partido para que pensara mejor en lo inconveniente de sus rabietas. También el entrenador tuvo su parte de culpa. Para vestir un cargo difícil se necesita el valor para tomar decisiones difíciles. Debió entender que la situación era delicada, y que estaba poniendo en peligro el patrimonio del club en medio de una renovación importante. O alguien se lo explicó así. Mal el club. Mal Alonso. Contra la indisciplina, autoridad. Sin paños calientes. Y si te quieres ir, ahí está la puerta (Bernabéu dixit).

Nunca sabremos la intrahistoria. Vini estaba obsesionado por su renovación y vio en Alonso un obstáculo para conseguirla. Le obligaba a trabajar para Mbappé. Públicamente nunca se quejó, y hasta reconoció querer hacer pichichi al francés. Pero la procesión siempre fue por dentro. En ese tiempo Valverde y tal vez Bellingham se alinearon con Vini frente a Alonso. Los franceses se unieron en el otro bando. Vestuario roto.

Mourinho no es la solución. Sigue teniendo gasolina en las venas. Pero tal vez ya no es de 98 octanos, sino de 95 sin plomo, o diesel

Los bofetones entre Valverde y Tchouameni denotan que la guerra no ha hecho más que empezar. No es una anécdota ni un roce por dejar abierto el champú. Un vestuario fracturado, indominable, lleno de egos infantiles, escasamente profesional. Un triste e inmerecido colofón a la era de Arbeloa. Para muchos ahí dentro el Real Madrid es sólo un logotipo y quien les ingresa sus fichas en el banco. No hay sentimiento ni pasión, y el orgullo sólo es individual. El grupo está roto, cada cual a su aire. Están las caras... qué me dicen de la cara de Carreras en el banquillo durante los últimos dos partidos, o de la de Mbappé saliendo en su coche el día de la gresca. Hace mucho que no veo caras desencajadas por el esfuerzo, por llegar al último balón en el último minuto. Veo funcionarios millonarios que "hacen su trabajo". Y veo caras que me bastan para tener mi opinión intrascendente como seguidor con trienios del Real Madrid. Sí, pondría a la venta jugadores sólo por lo que me dicen sus caras. Bernabéu reivindicaba la importancia del carácter y la honestidad por encima del talento técnico. Para él, la expresión de un futbolista en los momentos de presión revelaba si realmente tenía la casta necesaria para vestir la camiseta blanca. ¿Han visto esas caras?

El Benfica en siete puntos

Mourinho no es la solución. Sigue teniendo gasolina en las venas. Pero tal vez ya no es de 98 octanos, sino de 95 sin plomo, o diesel. En cuanto le ponga encima de la mesa al presidente que quiere fuera a seis titulares, ya sabemos la respuesta. Hará lo que pueda. En enero de 2027, tal vez antes, le echaremos, porque él no se callará ante el desprecio de un niñato y es capaz de llegar a una rueda de prensa con una nota que nunca querríamos leer, revelando quién ha engordado, quién no descansa lo suficiente o quién es incapaz de seguir el ritmo en un entrenamiento. O eso, o será él quien le dará un bofetón a alguno para regocijo del antimadridismo, que nos estará esperando con la sonrisa de la hiena. Puede que hasta algún jugador se despiste y se dé cuenta demasiado tarde de que Mourinho hablaba en serio sobre que quien filtrase interioridades del vestuario sería hombre muerto. No habrá topos. O no vivirán para contarlo.

La era de los galácticos se desplomó con estrépito. La de los Zidanes y Pavones se extinguió por sus mediocres resultados. Le pondrán un nombre a esta, que parece que entra en fase terminal. Es el fracaso de la estrategia de inversión en proyectos adolescentes de futbolista. Eso es lo que fichamos, eso es lo que tenemos. Hemos construido una plantilla de jóvenes talentos, cierto, pero les hemos abandonado a su suerte, sin referentes. ¿En quién se va a fijar Güler ahora? ¿En quién Mastantuono, Endrick...? ¿En Mbappé? ¿Ése es el ejemplo? Acabáramos... Un equipo sin líderes que a las primeras de cambio le ha achicharrado la carrera a dos entrenadores de la casa. Lo que hemos hecho con Alonso y con Arbeloa no tiene perdón de Dios.

Lo que más me apetece ahora, una vez arruinada la temporada, es ajustar cuentas. Miren, veo con desesperación cómo el madridismo se divide y milita en las trincheras de Valverde, Tchouameni, Mbappé o Vinicius. Yo echaría a los cuatro. A cada uno por una cosa. El odio entre Valverde y Tchouameni sigue ahí, latente. No se soportan. Un adulto no se enzarza otro por una tontería. Se enzarza con él para hacerle daño, porque crees que es un mierda y no lo puedes soportar. No tiene arreglo. Mbappé puso un reel con "Hala Madrid", y 2-0 en el marcador, fotografiando la tele de su confortabilísima casa. Pudo irse lesionado a pasar unos días románticos con su pareja, pero no pudo volar con sus compañeros para pasar juntos el mal trago de Barcelona... No quiero un futbolista así en mi club.

Mbappé

Mbappé tuvo que venir porque nuestro presidente le dio su palabra. Pero desde que vi el vídeo de Luis Enrique exigiéndole compromiso y mostrándole la ética del líder de un colectivo, no me ha llegado la camisa al cuerpo. Mbappé ha sido uno de los errores más graves del presidente, junto con el anuncio de la Superliga y el apoyo explícito al Barcelona en la junta de compromisarios, mientras el juez instruía el caso más grave de corrupción en el deporte de la historia. Son muchos errores y muy graves en muy poco tiempo. El madridismo se resquebraja. Un error más y dormiremos años noqueados en la lona.

Actualización Caso Barcelona-Negreira. Parte VIII

Tenemos el mejor estadio del mundo, por fin arreglaremos lo del ruido, lo del parking y lo del sky bar. Tenemos cogida por los mismísimos a la UEFA. Tenemos planes de generación de ingresos inagotables para el parque tecnológico de Valdebebas. Pero tenemos una guerra abierta con la organización corrupta del fútbol español que nos está haciendo un daño difícil de cuantificar. Ayer en la COPE comparaban los títulos de liga de los últimos 20 años de Barcelona y Real Madrid con impúdica desvergüenza, ignorando el caso de corrupción más grave de la historia del deporte, y acabaron censurando a Siro López por preguntar si Negreira no tendría algo que ver en que pasáramos de un palmarés de 25/10 ligas a 36/29, coincidiendo la "remontada" de títulos con el período de los pagos al vicepresidente de los árbitros. Estamos rodeados de enemigos y nuestros futbolistas siguen pensando que son el ombligo del mundo, que pueden ensuciar el nombre del club con peleas barriobajeras y sin darlo todo en cada partido. Llevamos todo el año desviando la atención de la corrupción y de la sanción de la UEFA hacia los problemas deportivos del equipo. Y ahora esto…

Todos los días hablamos del futuro y de la modernidad, de la experiencia inmersiva para los partidos de las futuras gafas de Apple, pero el presidente sigue eligiendo y despidiendo personalmente entrenadores, como don Santiago hace cincuenta años. No tenemos una dirección deportiva formal ni tampoco unos servicios médicos y de recuperación que mantengan sana la plantilla una temporada completa. No es posible competir contra los grandes de Europa en estas circunstancias.

Estoy seguro de que todo esto preocupa a Florentino, pero creo que ha llegado el momento de dar un giro al guión. Empezar de cero. Sin urgencias por los títulos. Un verdadero proyecto de reconstrucción. Profesionalizar el club. Profesionalizar a los jugadores, participar en la formación de los más jóvenes, para que puedan entender dónde están y qué representan. Deportivamente estamos en ruinas. Por eso es necesaria una demolición controlada de lo que queda y cimientos nuevos para un club nuevo. Y Mourinho podría ayudar, claro, es un hombre de fútbol con las ideas claras, pero solo Mourinho no es la solución. Cuando se fue nos dijo casi lo mismo que Zidane unos años después. Nada ha cambiado.

 

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Buenos días, amigos, en la medida en que los buenos deseos no os suenen a cruel sarcasmo. Ha amanecido un lunes que exige desayunarse un Talisker o un Dalmore a fin de acopiar las fuerzas necesarias para acometer la ingente tarea de hacer frente a los quehaceres diarios, cualesquiera que sean, con cierta entereza de ánimo. Nosotros ya vamos por el segundo, os confesamos.

Ayer acabó a efectos prácticos esta pesadilla, aunque aún quedan tres partidos que se nos antojan como tres visitas al proctólogo, habida cuenta del rendimiento de los nuestros. No vamos a hacer en este Portanálisis leña del desempeño de nuestros jugadores en el destartalado Camp Nou, que para eso tenéis la crónica de Francisco Sánchez Palomares y las notas puestas por Atenea Johanson. También la crónica arbitral de Alberto Cosín. Entre unas y otras os haréis cabal idea de la insoportable combinación de desidia de nuestros jugadores y putrefacción mediático-arbitral que ha caracterizado esta temporada desde el primero hasta el ultimísimo día. En este Portanálsis nos limitaremos a decir que el partido de ayer -nos negamos a llamar Clásicos a los enfrentamientos entre el Real Madrid y el Barcelona, como no sea para referirnos a la clásica lucha entre el bien y el mal- fue una manera coherente de abrochar la temporada. En todos los sentidos.

Decía san Ignacio de Loyola que en tiempo de desolación no conviene hacer mudanza. Así que, toda vez que ha habido en la historia del Real Madrid pocas semanas más desoladoras que la que ayer concluyó, y habida consideración de que el segundo Talisker todavía no ha acabado de surtir sus efectos de sursum corda, vamos a acogernos a la máxima ignaciana. Dejadnos, pues, que rellenemos nuestra copa y posterguemos el análisis de la temporada y de los cambios que equipo y club precisan para cuando el tiempo haya calmado un poco los ánimos y otorgado algo de perspectiva. ¿Es una excusa para eludir nuestras responsabilidades portanalistas? Tal vez. Pero, francamente, queridos, nos importa un bledo.

¿Y las portadas? Pues tan decepcionantes como esperábamos, aunque algo menos hirientes de lo que nos temíamos. Decepcionantes porque, por supuesto, no hay la menor referencia en ninguna de ellas al fétido elefante negreiril en la habitación. No nos cansaremos de repetirlo: mientras el Barcelona no sea castigado ejemplarmente por la acreditadísima corrupción sistémica del fútbol español en que incurrió -que se sepa- durante al menos diecisiete años, cualquier título suyo estará indeleblemente manchado de abyección, deshonra, obscenidad e indecencia.

Pueden intentar taparlo con toneladas de silencio comprado por la publicidad de Tebas, pero nunca podrán cambiar esa realidad ni el inmundo odor que desprende el club cliente de Negreira y financiador de Tebas, y que produce arcadas en todo aquel que no haya decidido taparse la nariz con una pinza, y los ojos, los oídos y la boca como los tres monitos del Japón. Ninguna imagen más representativa de esta MLN que la foto de Tebas, Louzán y Laporta ayer en el palco blaugrana. Qué santísima trinidad, una y trina, qué tres caras espejo de tres almas que son sólo una.


Decíamos que las portadas son también algo menos hirientes de lo que nos temíamos, y nos referíamos principalmente a la de Marca. Nos maliciábamos que el diario de Gallardo (de nombre), después de la vómica portada de ayer, hoy gallardearía (de gallarda) con la victoria azulgrana y la aflicción madridista. Sin embargo, se limita a titular “Alirón sin rival”, que, dejando a un lado el consabido silencio sobre la corrupción que bastardea y envilece cualquier título del fútbol español, tristemente refleja con asepsia lo acontecido en el terreno de juego.


As y Sport, curiosamante, coinciden en calificar lo de anoche como “histórico”. Hombre, vamos a ver, histórico, lo que se dice histórico, es haber ganado las cinco primeras Copas de Europa. Histórico, lo que se dice histórico, es ganar tres Champions consecutivas. Histórico, lo que se dice histórico, es ganar cuatro Champions en cinco años. Histórico, lo que se dice histórico, es ganar seis Champions en once años. Histórico, lo que se dice histórico, es ser tener quince Champions y treinta y seis títulos de Liga en la vitrina. Lo de proclamarse campeón de Liga en un mal llamado Clásico no es histórico. Es una anécdota. Un sucedido. Un accidente en el curso de los acontecimientos que puede dar para algún chascarrillo picajoso, pero que no alcanza la condición de memorable, no digamos ya de histórico. Claro que quien no alcanza la carne, se conforma con el hueso, por más podrido hasta la médula que esté.


Por su parte, el diario del Conde de Godó, Grande de España, demuestra tener digestiones pesadas y resaca cabezona, de manera que no puede evitar un regüeldo al levantarse trabajosamente de la cama. “Saluda al campeón” titula con elegancia, añadiendo en el faldón inferior que “El Barça levanta su 29º título de Liga en la cara de su gran rival”. Noblesse oblige. Celebramos que, una vez más, los culés demuestren su condición de segundones incapaces de disfrutar de sus éxitos sin acordarse del Real Madrid, al tiempo que vuelven a poner de manifiesto esa verdad inmutable de que quien no sabe perder, tampoco sabe ganar. En fin, cosas de equipos pequeños y aficiones acomplejadas.

Señores de Mundo Deportivo: el Real Madrid, y con él todo el madridismo, saludará con respeto los triunfos del Barcelona, como saluda el de todos sus rivales, cuando el Barcelona respete la ley, la competición, las reglas del juego, la moral y las buenas costumbres. Pero mientras el Barcelona siga chapoteando impunemente en la corrupción más nauseabunda, sólo tendrá nuestro desprecio. Nuestro inmenso desprecio. Y nuestro asco.

Pasad un buen día. O tomaos otro whisky, lo que prefiráis.

 

Me fui a acostar con la sensación de que la figura del Clásico había sido Hernández Hernández. Me levanté y sigo pensando lo mismo. Me pongo a contarles.

¿Si el Barça ganó por el árbitro? No, de ninguna manera. Claro, planteadas así estas líneas puede inducir a error, y no. Lo aclaro pronto y es más: el Barça nunca gana por los árbitros. Y de Europa lo echaron ellos, precisamente. Así lo asegura Laporta, el tipo más respetado en el fútbol español.

El partido fue uno de los clásicos más sindongos de siempre. Valía para proclamar campeón al equipo que sin duda ha sido el más regular del torneo. En resultados y en juego, una regularidad indiscutible.

Sí, cuesta reducirlo a lo futbolístico, valga el esfuerzo. Escribir como si aquí todo fuera normal. OK. Lo mereció el Barcelona. Catorce puntos de ventaja, los cien en el horizonte…

Como era de esperar -lo contrario era delirante- le ganó al Madrid. Que, volviendo a hacer como que aquí no pasa nada y todo es muy natural, difícilmente iba a ganar en el campo del líder un equipo que no lo hizo en Elche, Vallecas, Girona, Pamplona, Mallorca… El asunto se aclaró pronto, 2-0 en 18 minutos y la noche se ciñó a ver si le caían más al Madrid. No tenía la cosa otra chicha, era un dulce ir pasando la noche.

Las notas del Barça - Real Madrid

El Barça pudo hacer un par más, Courtois lo evitó, y el Madrid tuvo también sus momentos, pero no fue la noche de Gonzalo ni de Vinicius ni de nadie arriba y la cosa se fue muriendo sin más.

Por cierto que, como le pasó al Atleti, el autocar del Madrid fue apedreado: en Cornellá ya se sabe. Esta vez la idiotez llegó al paroxismo y un grupo de tarados se confundió y también lanzó pedruscos al bus del Barcelona. Cornellá está lleno de cobardes.

Sí, cuesta reducirlo a lo futbolístico, valga el esfuerzo. Escribir como si aquí todo fuera normal. OK. Lo mereció el Barcelona

Y pasó que, en estas, Bellingham tuvo dos momentos estelares. Uno, cuando marcó en fuera de juego, y el otro cuando recibió un codazo de Eric García en el área, un penalti como una casa. Y fue entonces cuando apareció Hernández para convertirse en mi héroe de la noche.

En acción parecida a la de Mbappé con el Girona, tuvieron que salir médicos y similares, el partido se paró, el inglés tuvo que ser examinado fuera del terreno y sucedió esto:

1.- Ni árbitro ni VAR (como cuando lo del Girona, sí) tuvieron a bien ver por qué el futbolista del Madrid había caído fulminado. Preguntarse si había pasado algo.

2.- No hubo revisión, ni alarma alguna. Les bastó ver en directo que no hubo nada.

3.- La jugaba acabó con tarjeta a Bellingham tras incorporarse al juego por un lugar inapropiado.

4.- Las repetidas faltas de Gavi, por cierto, no se consideran inapropiadas por el CTA.

Oigan: en un partido sin ná. Es algo extraordinario. No se inmutan. Ni la pillería de pitar penalti a ver si lo meten. Y engordar las cifras: "fíjense los de Realmadrid TV la de penaltis que le pitamos al Madrid"…

Bueno, en tres meses mal contados volverá la Liga y volverá lo mismo. Los árbitros españoles con el Madrid son como el hantavirus: no hay antídoto para lo suyo. Volverán y será lo mismo. Y la Liga que viene, el Madrid no la ganará si no es capaz de hacer lo que la última vez, perder a lo sumo un partido. Y tampoco se fíen.

2-0: El Madrid presencia el alirón del Barça

Volviendo a Bellingham, su gol anulado me recordó a los dos que le hizo al Barça en Montjuïc en aquella Liga triunfal que acabo con la 15, cuando parecía Di Stéfano. ¿Volverá un Madrid como aquel, el mismo Jude?

Pues mientras esperamos todo lo que va a venir, que será mucho, centrémonos en el baloncesto, esa seminal de la final a cuatro con Valencia o Panathinaikos.

Otra vez el Madrid, fíjense. Caminan los valencianos rumbo a levantar un 0-2, cosa inaudita que no había pasado jamás…hasta que se lo hizo el Madrid al Partizán. Cómo no tenerle manía.

2-2 está la cosa. Que gane el Valencia, claro. ¿Que son antimadridistas? Ya. ¿Y qué?

 

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Courtois: notable. Se le notó la inactividad. Aun así, evitó la goleada.

Trent: aprobado. El mismo comentario de siempre: excelso toque de balón inversamente proporcional a sus cualidades defensivas.

Rüdiger: aprobado. Junto a su compañero Asencio, se dedicó a pasar la pelota a Courtois.

Asencio: aprobado. Junto a su compañero Rüdiger, se dedicó a pasar la pelota a Courtois.

Fran García: bien. Digno y luchador.

Camavinga: suspenso. No era el partido idóneo para que volviese a brillar.

Tchouaméni: aprobado. Aporta madurez.

Bellingham: suspenso. Le partieron la cara, sangró y no señalaron penalti. En la tónica de la temporada.

Brahim: bien. No jugó mal y defendió la camiseta del Real Madrid.

Gonzalo: suspenso. La que tuvo la falló.

Vinícius: aprobado. Al menos tuvo la vergüenza de decirles a sus compañeros que fuesen a agradecer el apoyo de los pocos aficionados vikingos que asistieron.

Thiago: sin calificar.

Mastantuono: sin calificar.

Palacios: sin calificar.

Arbeloa: aprobado. Es obvio que la culpa no es suya.

 

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Arbitró Alejandro Hernández Hernández del colegio canario. En el VAR estuvo Javier Iglesias Villanueva.

Una sola jugada polémica, bastante clara y, sin que sirva de sorpresa, no señaló penalti. Dos codazos con jugadores madridistas sangrando esta temporada y ninguno fue para ir a los once metros. La MLN. En esta ocasión, Eric, en el 55', golpeó con el codo en la cara a Bellingham sabiendo la posición de pugna con el inglés y era una acción claramente punible. El del VAR, por supuesto, en su cubículo de Las Rozas sin hacer nada. El colmo del despropósito concluyó con amarilla a Bellingham por salir al terreno de juego por una zona no adecuada según el colegiado.

El canario decidió, como siempre, amonestar a uno del Madrid primero. Fue Camavinga en el 39' por pisar a Olmo. La reiteración en las faltas de Gavi las dejó pasar. En la segunda mitad ocurrió lo mismo con Cancelo.

Sí fueron amonestados Asencio por una entrada a Ferran, Olmo por empujar a Asencio segundos después y tanto Trent como Raphinha por un pique a falta de cinco minutos de terminar el choque.

Además, se anuló un tanto a Bellingham por claro fuera de juego en el 63'.

Hernández Hernández, MAL.

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