Buenos días. Se consumó lo que cantaban todas las fuentes, menos la de la esperanza. Kylian Mbappé certificó su renovación con el PSG y convirtió en papel mojado años de ilusión madridista (amén de la ilusión propia), su palabra dada y no sabemos si su palabra escrita. Se consumó la tradición barnizada de oro negro y aderezada por presuntas amenazas de Ceferin y hasta intervenciones directas de Macron. Se consumó la felonía de la UEFA, que por motivos probablemente espurios otorga carta blanca a los clubes que pertenecen a petroestados sin que exista el menor atisbo de fair play financiero. Una industria global con intervención de estados es una industria indigna y, si la intervención es de estados ilimitadamente dotados en lo financiero, la industria se convierte en ilimitadamente indigna.
Nos faltan elementos de juicio para dictaminar si ha habido ingenuidad por parte del Real Madrid. No lo podemos juzgar mientras no sepamos a ciencia cierta si había algo firmado, y si eso que se firmara da o no da lugar a alguna indemnización. En cualquiera de los casos, de haberla habido, la ingenuidad no es la más clamorosa de las fallas cuando se opera en un contexto de buitres carroñeros. Lo que procedería, en ese caso, sería apuntar al ave de carroña y disparar, exactamente como hace Jesús Bengoechea en este texto que publicábamos hoy de buena mañana.
Nos gusta la portada de Marca, aunque nos repugne profundamente la foto que la engalana (es un decir). “Hace falta mucha clase para jugar en el Madrid”. También podrían haber llegado a un acuerdo de mínimos y titular “Hace falta algo de clase para jugar en el Madrid”. Nos habría valido igual. Esa foto simboliza la muerte del fútbol tal como lo conocíamos y la definitiva entrada en un nuevo paradigma. De momento, ya fichan a quien quieran sin control, incluso aunque acumulen pérdidas millonarias, y por el simple procedimiento de enchufar la cuenta corriente al tubo de los hidrocarburos. Lo siguiente será lo que el pútrido PSG no ha logrado hacer aún (ni acercarse) pero el City ya está en perspectivas de lograr: ganar. Será solo cuestión de tiempo y know-how que el fútbol sea un capricho en manos de sátrapas petroleros, y que sólo ganen ellos. Unas veces uno, otras veces el otro. Y que se preparen City y PSG porque el Newcastle ya está aquí y la fortuna de Arabia Saudí es infinitamente superior a la de los otros petroestados. Algún día City y PSG pedirán ayuda a la UEFA frente a la intromisión de las urracas, pero para entonces Ceferin ya se habrá cambiado de árbol y de sombra.
También nos gusta lo que titula As. Pues sí. Él se lo pierde. El tema es si no nos lo perderemos todos también, en tanto en cuanto el Madrid, en el nuevo paradigma del fútbol de petroestados que campan a sus anchas, sin el menor control financiero, ya no puede ser el Madrid, sencillamente. El Madrid ha sido siempre el club en el que han jugado los mejores. Si nadie pone coto a lo que oficialmente empezó ayer, eso ya no será posible. Si el Madrid, gracias a los ingresos que con mucho esfuerzo y un nuevo estadio generará, es capaz de ofrecer 50 a un jugador, inmediatamente aparecerá un City o un PSG (o un Newscastle) que ofrecerá 100 sin pestañear. La Superliga se planteaba como la solución a esta situación, y los mismos que no la apoyen están condenados a ver cómo los petroclubes se reparten primero el dinero y luego los títulos sin dejar casi nada para los demás. Ahora es el Madrid, pero esta es una batalla que, aunque por su actitud no lo parezca, concierne a todos los grandes clubes de siempre.
También al Barça, claro, a pesar de que se permitan intuir en las exclamaciones regocijadas de las portadas de sus catecismos una íntima alegría por lo sucedido. El culé que se alegre de esto se está alegrando, en el fondo, del anuncio de su propia defunción como club grande, y lo mismo cabe decir del conjunto del antimadridismo.
Es un día negrísimo, amigos. Tan negro que en la Final de la Euroliga palmamos también, por un solo punto ante el Efes en un partido a-lo-Limoges donde se cometieron errores a pesar de los cuales lo mejor sería cerrar filas y no olvidar las infinitas turbulencias a las que se enfrentaron los de Laso antes y durante esta Final Four. La Galerna está con ellos.
Hay un horizonte de seis días para levantarse y pelear, como sólo el Madrid sabe hacerlo, por apurar el vaso de la gloria, la que ningún PSG ni ningún City ni ningún Newcastle nos podrán arrebatar en cien años, pero también aquella a la que no seremos capaces de responder en el futuro como no sea que alguien ponga en acción una respuesta sistémica a la ignominia de ayer, a saber, un club que pierde dinero a espuertas y renueva a un jugador por cien millones al año.
Vayan a la mierda.
Vosotros no. Vosotros pasad un buen día en la medida de lo posible.
Lo de ayer puede parecer el final de un sueño, pero en realidad es el comienzo de una pesadilla. Kylian Mbappé volvió sobre sus pasos, pero sobre todo avanzó. Avanzó -y de su mano nos llevó a todos- por un camino de no retorno. Apretó el botón. Dios nos protegerá del holocausto nuclear, pero del mas modesto apocalipsis del fútbol ya no hay salvación. Desde ayer, veintiuno de mayo de dos mil veintidós, el balompié es oficialmente el juguete de los sátrapas del oro negro. Se ha difundido un supuesto mensaje de whatsapp de Florentino a Kylian en el que lamenta “que no le hayan dejado cumplir su sueño de niño”. Ignoro si el mensaje es fidedigno, pero sí sé que es incompleto. Ayer fueron abortados los sueños de todos los niños, por la sencilla razón de que esto ya no se parece en nada al fútbol con el que ellos sueñan.
En caliente, dábamos ayer paso al texto de Daniel Mateos, tan despechado como el que habríamos firmado cualquiera de nosotros. “Mbappé no ha nacido para jugar en el Real Madrid”, sentencia su título. Puede tener razón, pero ese es un tema secundario. Mbappé no es el asunto. Mbappé, de hecho, se convirtió a sí mismo en irrelevante ayer. Ensañarse con él es errar el tiro, un tiro por lo demás tan fútil como el que yo estoy descerrajando ahora. Comprendo la consternación, pero no la sorpresa. ¿Cómo puede sorprender que un chaval de poco más de veinte años traicione no solo su palabra (¿y su firma?) sino sobre todo su propia ilusión cuando es manipulado por un conglomerado mundial de políticos, dictadores, vándalos y empresarios como no se recuerda en la historia del fútbol?
Por un lado, está el PSG con todo el dinero del mundo -ya escribí en estas páginas que lo normal sería que no viniera, pues quien tiene todo el dinero del mundo lo normal es que retenga al objeto de su interés-. Por otro, la UEFA dando carta blanca para que todo ese dinero del mundo sea usado sin el menor pudor ni respeto al fair play (fair what?), con sujetos como Ceferin lucrándose ignominiosamente. No falta en la ecuación el mismísimo Macron, que ha insistido en público y privado a Kylian para que siga siendo el estandarte de la Francia moderna y multirracial en la que cree (muy bien, cabe responder, ¿no podría haberlo sido igual desde el Real Madrid, o es que lo que está en juego aquí es en realidad la putrefacta relación entre el estado francés y la dictadura catarí?). Para terminar de aderezar la ensalada, añadamos un grupo de ultras pululando en la escena con el objeto de amedrentar físicamente al chico y sus seres queridos.
Dios nos protegerá del holocausto nuclear, pero del mas modesto apocalipsis del fútbol ya no hay salvación. Desde ayer, veintiuno de mayo de dos mil veintidós, el balompié es oficialmente el juguete de los sátrapas del oro negro
El milagro, y el motivo de orgullo madridista que nos queda hoy, un orgullo nada nimio, es que en medio de eso Mbappé haya estado cerca de rubricar pese a todo su contrato con el Real Madrid. Durante muchos meses, el chico estuvo a punto de superar todo eso y abrazar su sueño. Lo que toca hoy es mirar el escudo (el nuestro, claro) y sacar mas pecho que nunca. Hay otra dimensión en la que Kylian Mbappé manda a la mierda al emir, a Macron, al sinvergüenza de Ceferin, a los ultras parisinos y a todo el dinero del mundo para entrar en la dinastía de Di Stéfano y Gento, de Roberto Carlos y Raúl, de Cristiano, de Modric y Benzema. Estuvo cerca de ocurrir. No pudo o no quiso. Prefirió -pero preferir es solo opción propia del hombre libre y no del niño preso- el otro lado, y al preferirlo inauguró oficialmente el nuevo paradigma. El fútbol ha muerto, viva el petróleo, y en este escenario ominoso queda el Real Madrid como cabecilla de una resistencia que solo si el resto le reconoce como líder tiene algún mínimo viso de triunfar. No me lo creo mucho, pero con el Real Madrid, hijos de puta, hasta eso es posible.
Mbappé no ha nacido para jugar en el Real Madrid. Se ha confirmado. Las razones son varias.
- Porque un jugador que nos niega 2 veces no ha nacido para jugar en el Real Madrid.
- Porque un jugador que prefiere el dinero al prestigio no ha nacido para jugar en el Real Madrid.
- Porque un jugador que quiere hacer y deshacer en fichajes, y no sólo centrarse en el fútbol, no ha nacido para jugar en el Real Madrid.
- Porque un jugador que traiciona a una directiva que lo apostó todo por él no ha nacido para jugar en el Real Madrid.
- Porque un jugador que no aguanta la presión no ha nacido para jugar en el Real Madrid.
- Porque un jugador que nos ha hecho renunciar al probablemente mayor goleador de la próxima década no ha nacido para jugar en el Real Madrid.
- Porque un jugador que ha jugado con los sentimientos de todos los madridistas no ha nacido para jugar en el Real Madrid.
- Porque un jugador que no tiene palabra no ha nacido para jugar en el Real Madrid.
- Porque un jugador que no quiere anunciar la Coca-Cola pero se vende al país que encarcela a los homosexuales no ha nacido para jugar en el Real Madrid.
Puedes ser el mejor jugador del mundo, Kylian, pero no has nacido para jugar en el Real Madrid.
El golpe no nos puede durar más de 1 minuto. Alguien así en nuestro equipo nunca.
Y ahora, a por la decimocuarta!! Sin ti, Kylian.
Siete años de textos y de abrazos,
de trabajo y costumbres sin rutina.
Siete años escribiendo cada trazo
con el alma, la mente y la ironía.
Siete años de portadas matutinas,
desbrozando insidias y boutades.
Siete años refutando las maldades
que quieren amargarte cada día.
Fue cosa de Jesús el nacimiento
de este foro rendido al madridismo.
Homenaje al insigne Paco Gento
sin quien nada hoy y aquí sería lo mismo.
Siete años de roulettes de Athos Dumas
encestadas ingrávidas por Joe.
Siete años de locuras de Fred Gwynne
sembradas en primicia por Ramón.
Y todos los demás, que cada día
sembramos de los hinchas el sustento
con la pena de lóbregos momentos
y muchos victoriosos de alegría.
Siete años, cuatro Champions, muchas copas
en el campo, tras cenas, en la vida.
Siete años con Di Stéfano, Bale, Kopa,
Cristiano, Adebayor, Santamaría.
Y luego está Karim, un mundo aparte
de elegancia, denuedo y virguería.
Con Vini, que decían que no valía,
driblando a los rivales, puro arte.
Pero si hay algo que escojo por valía
de este invento Galerna bautizado,
es la amistad que Gento aquí ha forjado
entre quienes la hacemos día a día.
Siete años, ay, Galerna de mi vida.
Getty Images.
Buenos días, amigos lectores.
Si el fútbol es “lo más importante de las cosas menos importantes”, frase atribuida por unos a Jorge Valdano y por otros a Arrigo Sacchi, no tendremos reparo en reconocer que los fichajes de jugadores son “la cosa menos importante de todo lo que mueve lo más importante de las cosas menos importantes”. Y que los fichajes en mitad de la temporada, o cuando aún queda mucho en juego, constituyen “la cosa que más nos toca las pelotas de todo lo que se mueve en este mundillo de lo más importante de las cosas menos importantes”. Pero es a lo que dedican sus esfuerzos día sí, día también, los periodistas de estos medios que hace años se autoproclamaron “la mejor prensa deportiva del mundo”.
Qué hastío, qué pereza, como decía ayer Luis Montero Manglano, estamos Mpachés del tema. El tema aburre, no Mbappetece seguir hablando del asunto, máxime cuando hoy mismo nuestro equipo puede lograr un nuevo título de Copa de Europa de baloncesto. Sería la Undécima de la sección, y un nuevo día de mayo que tachar en este calendario de Copas de Europa que más parece un cartón de bingo a punto de ser cantado.
Y no hay más porque la mayoría de las Copas de Europa “de canastos” se obtuvieron en abril, y alguna de fútbol en junio. Tenemos partidazo en Belgrado, una nueva proeza al alcance de la mano y debemos suponer que las portadas de la prensa madrileña pondrán todo su foco en…
Pues eso, la duda ofende. Cuenta más el culebrón que el deporte en sí, las declaraciones de la madre que lo parió que la final de Belgrado o la despedida de leyendas como Marcelo, Isco y Bale. Sí, Bale e Isco. Ambos fueron decisivos en ese calendario de mayo repleto de triunfos y no podemos olvidarlo. Del mismo modo que nos extraña no ver una sola referencia al hermoso gesto de Betis y Real Madrid homenajeándose en un doble pasillo de campeones, de rivales que reconocen la gesta de los que se llevaron el título en buena lid. Lo podemos entender, claro que sí.
Marca “photoshopea” a Kylian Mbappé para simular una balanza en la que sopesar sus querencias por QSG o Real Madrid, y creemos que en el montaje han alargado las manos del jugador francés en exceso, ¿acaso no veis esos dedos más largos que un partido del Atleti? Puede que sea un mensaje subliminal referido a la capacidad de pedir y pedir del jugador, si nos atenemos a muchas de las cosas que se han publicado estos días, o a las declaraciones de la madre del jugador, que reconoce que “la tortuga más veloz que hayan visto nuestros ojos” tiene un acuerdo con ambos clubes, lo cual ha creado una psicosis permanente en algunos aficionados y quién sabe si directivos. Aquí en la redacción preferimos imaginar al presidente diciendo “tranquilos, tranquiiiilos”, pero no podemos confirmarlo hasta que lo diga nuestro Fred Gwynne.
Y por cierto, y ya que hablamos de psicosis y de madres, la de Norman Bates decía que “el mejor amigo de un chico es su madre”, y puede que sea una sentencia aplicable a todas las madres del mundo excepto quizás a la del propio Norman Bates. Y hasta nos atrevemos a insinuar que puede que la frase tampoco sea la más oportuna para referirse a la de Kylian.
Toda la portada del As para Mbappé y las palabras de su madre, y por ahí en chiquitito, sendas (mínimas) referencias a la final de Belgrado o a la emocionada despedida de Marcelo. Una pena que lo más importante ocupe los huecos menos importantes de la prensa dedicada a lo más importante de las cosas menos importantes. “En ascuas”, reza As, y no sabemos si el diario madrileño se refiere a que las brasas de amorío de Mbappé por el Madrid empiezan a apagarse, a convertirse en rescoldos de un amor no correspondido, así que hemos acudido al Diccionario antiguo para ver su significado preciso:
“Sobresaltado, e inquieto de algún recelo, o temor”. Pues vale, lo que ustedes digan, mas llamamos la atención sobre la siguiente acepción de nuestro vasto diccionario: “estar hecho un ascua de oro”. Si algunas de las cifras que han soltado los medios fueran ciertas, el ascua, la mazmorra o la jaula puesta por los cataríes a Kylian sería de oro, platino, diamantes y rubíes, pero con fair-play, of course, que Ceferin vigila estas cosas. Lo cierto es que nos da bastante pereza entrar en esos juegos absurdos y nos parece de mal gusto hablar de temas monetarios, así que volvemos al “tranquilos” del presidente, que preferimos dejar los nervios para la cancha de Belgrado o el césped de Saint Denis.
Os dejamos con las portadas de la prensa cataculé, dedicadas a la final de la Copa de Europa de su equipo de fútbol. El bueno, el femenino, no el del Jardiner. La del Mundo Deportivo con la coma del vocativo bien puesta por una vez:
La Gloria espera a las culés. A nosotros Lamonica (no en este caso Merchante) en Belgrado. Casi nada.
Que paséis un gran día, al final del cual esperamos poder glosar una nueva gesta de los chicos de Laso. Un abrazo.
El 15 de mayo de 1966 Real Madrid y Real Betis protagonizaron el encuentro más extenso y agónico de la historia del coliseo blanco. Alrededor de 150 minutos de juego dividido en el tiempo reglamentario de 90’, una prórroga de media hora con dos partes de 15’ y tres prórrogas complementarias de 10’ cada una. Aún no estaba instaurada la tanda de penaltis en choques oficiales y debía concluir la eliminatoria aquella noche con un vencedor.
El partido correspondía a la vuelta de cuartos de la Copa del Generalísimo, en un cruce que quedó encuadrado entre medias de la final de la Copa de Europa que los blancos jugaron ante los yugoslavos del Partizan de Belgrado. El duelo de ida en Heliópolis se celebró tres días antes de la final continental y el Real Madrid fue con el equipo B. Miguel Muñoz tenía claras las preferencias y mandó a Sevilla a los menos habituales. No fue ni siquiera él y la persona encargada de dirigir a los blancos fue su segundo, el siempre leal Moleiro.
En el campo bético se pudo ver a los veteranos Puskas y Santamaría (fue el último partido oficial de ambos con la casaca blanca), a Manolín Bueno, eterno sustituto de Gento, a un renqueante Betancort tras su lesión ante el Inter, a varios clásicos de la plantilla como Félix Ruiz, Miera y Casado o a futbolistas con muy poco protagonismo durante el curso como Jaime Blanco o García-Ramos. El Real Madrid igualó dos veces el marcador con tantos de Bueno y Blanco pero finalmente los verdiblancos se llevaron el triunfo por 3-2 con un doblete de Rogelio y un tanto en la segunda parte de Azcárate.
El día de San Isidro tuvo lugar la vuelta con el Real Madrid ye-yé recién proclamado campeón de Europa por sexta vez. Por ello, la afición le brindó un caluroso homenaje al equipo. Así lo contó MARCA: “En los prolegómenos del partido se tributó un homenaje al Real Madrid por su reciente triunfo en la final de la XI Copa de Europa. Representantes de las Peñas madridistas hicieron pasillo al equipo hexacampeón, que seguidamente dio una vuelta de honor al campo, entre aclamaciones de ¡Hala Madrid!, portando Gento la sexta Copa europea. Ríos, capitán del Betis, hizo entrega a Gento de un ramo de flores”.
Muñoz apostó por la Copa y buena parte de los titulares en Bruselas lo fueron en el Bernabéu. El XI que sacó fue muy competitivo con Araquistáin; Pachín, de Felipe, Miera; Pirri, Zoco; Serena, Félix Ruiz, Jaime Blanco, Velázquez y Gento. De la final de Bruselas repitieron ocho hombres, faltaron Sanchis, Grosso y Amancio.
Ninguno de los 60.000 espectadores que asistieron al partido se imaginaba un duelo tan largo, extenuante y épico. Un gol de Gento en la primera mitad igualó la eliminatoria y el tanteo ya no se movió el resto del tiempo reglamentario. En la primera mitad de la primera prórroga Pirri batió al arquero Vega para marcar el que parecía el tanto definitivo. Sin embargo, en el minuto 118 apareció por primera vez el héroe verdiblanco de la noche: Landa. La defensa blanca con de Felipe y Miera no acierta a despejar y el 2-1 aboca a otra prórroga.
El 15 de mayo de 1966 Real Madrid y Real Betis protagonizaron el encuentro más extenso y agónico de la historia del coliseo blanco. Alrededor de 150 minutos de juego dividido en el tiempo reglamentario de 90’, una prórroga de media hora con dos partes de 15’ y tres prórrogas complementarias de 10’ cada una. Aún no estaba instaurada la tanda de penaltis en choques oficiales y debía concluir la eliminatoria aquella noche con un vencedor
Con la llegada de la primera prórroga complementaria afloró también el cansancio extremo en varios jugadores madridistas. Serena o Velázquez acusaron la fatiga y con sendas cojeras debieron ser atendidos por los masajistas merengues. Miera también cayó a causa de un tirón. En la segunda prórroga complementaria, en el minuto 136, se le multiplicaron los problemas al Real Betis (Girón y Ríos estaban tocados) con la expulsión de Frasco. La crónica de MARCA de Jesús Fragoso lo detalló así: “Frasco – uno de los más destacados por sus violencias y desplantes – lanzó contra el público un balón para protestar por un córner señalado (que, en efecto, no lo era) y fue expulsado del terreno de juego”.
El Real Madrid viendo al rival con diez hombres apretó, y cerca estuvieron Gento y Pirri de conseguir el gol del pase a la siguiente ronda. Sin embargo, el resultado continuó inamovible y se vino la tercera prórroga complementaria. Los futbolistas mostraban grandes signos de cansancio aunque las piernas de los merengues delataban más plomo por lo acaecido en el estadio Rey Balduino cuatro días antes. El epílogo para tan maratoniano encuentro llevó la firma de nuevo de Landa en el 149’ al recibir un pase de Antón, deshacerse de Pedro de Felipe y con un chut a media altura superar a Araquistáin para colocar el definitivo 2-2. Así zanjó el Real Betis su clasificación para semifinales y se pudo dar una gran alegría un mes después de consumar su descenso a Segunda división.
En declaraciones a los medios algunos jugadores del Madrid hicieron visible su enfado y decepción. Zoco, molido a golpes y con moratones, declaró: “Cuando se sucedían las prórrogas a mí me daba miedo. Me lo estaba temiendo. Un rebote, un gol y ¡se acabó! ¡Con la cantidad de oportunidades que tuvimos nosotros…!”. Félix Ruiz hizo autocrítica comentando que “el Betis se ha encontrado con nuestro juego y ha hecho su partido. Nosotros no jugamos bien”. Por último, un lesionado Velázquez en el tendón se mostró sorprendido por el juego de los verdiblancos: “Lo que yo no entiendo es que un equipo que lucha como lo hace el Betis haya bajado a Segunda…”.
En cuanto al técnico Muñoz, aseveró que la “eliminación es injusta” y se quejó amargamente por el calendario: “Lo que no se puede aguantar es tener que sacar un equipo magullado, hecho polvo, que ha tenido que disputar una final de Europa; que jugó el domingo; el miércoles, otra vez; nuevamente el domingo y, si hubiéramos ganado hoy, el jueves en Bilbao. Y después se nos pone un límite de veinticinco jugadores para hacer frente a todo esto. ¡No hay derecho!”. Y es que el Real Madrid, de la mano de su gerente Antonio Calderón, pidió a su rival y a la Federación una moratoria de 24 horas dada la excepcionalidad de las circunstancias pero su petición fue rechazada. También, se había descartado previamente la opción de un partido de desempate por la urgencia de cerrar el calendario y la Copa para que la selección comenzase a preparar el Mundial de Inglaterra del mes de julio.
Las luces del Santiago Bernabéu se apagaron más allá de la medianoche en un encuentro que había dado comienzo a las 20 horas. Fue el partido más largo de la historia del coliseo madridista y probablemente del fútbol español.
Arbitró Santiago Jaime Latre del Comité aragonés. En el VAR estuvo Iglesias Villanueva.
Partido sin demasiadas incidencias pero con varios errores del colegiado. En resumen claro y conciso, se tragó cuatro faltas en la frontal del área sin señalar ninguna.
La primera fue un agarrón de Pezzella a Benzema en el 36'. De pitar la falta, debería haber visto amarilla el argentino. La segunda fue poco antes del descanso cuando Guido cometió falta a Casemiro tras ejecutar el disparo el brasileño. Las otras dos fueron en la segunda parte. En el 55', Alex pisó de forma peligrosa a Rodrygo pero el árbitro dejó una ley de la ventaja sin excesiva ventaja para el equipo que sufrió la falta. El defensa bético se ganó la tarjeta con dicha acción. Por último, Pezzella cometió obstrucción a Ceballos en el 78' pero Jaime Latre volvió a inhibirse de la jugada.
Jaime Latre, REGULAR.
Courtois (8)
Sin sobresaltos. Lució un espectacular juego de pies y manos.
Carvajal (8)
Se lo tomó en serio. Buenos centros desde la derecha.
Militao (6)
Relajado, pero más entonado.
Nacho (7)
Nacho, defensa pesimista como dice Carletto. Serio.
Mendy (7)
Sólido atrás, peligroso en ataque.
Casemiro (6)
Festivo. Intentando frivolites. Duro atrás. Algo lento.
Kroos (7)
Recital de pases y cambios de orientación desde su batiscafo.
Modric (7)
Ídolo.
Vinicius (8)
Una incansable mosca cojonera.
Benzema (7)
Afinando la puntería para París.
Rodrygo (6)
Parece menos si no salva eliminatorias desde el banquillo.
Camavinga (8)
Otro rollo, otro ritmo. Qué fichaje.
Valverde (7)
Zancada y pulmones.
Ceballos (6)
No se corta, se ofrece, lo intenta. ¿Merece un sitio en esta plantilla?
Marcelo (10)
Matrícula de honor a su trayectoria digna de las más grandes leyendas del Real Madrid.
Isco (10)
Matrícula de honor a un jugador clave en el ciclo victorioso de cuatro de cinco Copas de Europa.
Ancelotti (8)
Atento a los detalles. Relajado. Menos chicles.
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En la última jornada del campeonato, Real Madrid Club de Fútbol y Real Betis Balompié honraron a la competición con un doble pasillo de campeones. Aunque no lo podamos entender resulta que lo entendemos perfectamente. Cuestión de honor.
Mientras tanto, el viejo Carlo disponía sobre el verde del Bernabéu un once probablemente muy parecido al que luzcamos en la Ciudad de la Luz, hoy bajo la perturbadora sombra de Mbappé y su santa. Con Toni postulándose como mariscal de campo en París, el Madrid saludó el saque de honor de un madridista universal como Alejandro Sanz pisando fuerte. Enfrente, un Betis alegre y trianero. Especialmente ardoroso, por juvenil, será la primavera, el preciso pase con la mano de Courtois que permitió un fugaz contraataque merengue malogrado en última instancia. Lo que le faltaba al belga, flamenco, por añadir a su repertorio.
Un Betis con duende, sin embargo, sandunguero alrededor del partido merced al buen criterio y el colmillo de dos viejos conocidos de Valdebebas como Canales o William José. Un Madrid relajado, demasiado tal vez, teniendo en cuenta lo que viene, se sumó con candor primaveral al ambiente festivo. Una pachanga entre las flores sacudida por por la polvareda desatada a su paso por el bisonte Mendy en penetración por banda izquierda.
Sirvió el francés de ébano y primero Karim, en disparo despejado por la defensa, y después Kroos, que disparó el rechace fuera por poco, dispensaron al arquero bético su correspondiente ración de Special K.
Pronto, sin embargo, el calor plomizo, vietnamita, que reina en la capital se apoderó del ritmo del partido, un ambiente pegajoso digno del municipio sevillano de Écija, la sartén de Andalucía. Tanto fue así que el trencilla ordenó incluso una pausa de hidratación, aunque no apareciera por allí el Cholo a soltar alguna arenga como aquel día ante Osasuna en el Wanda.
Antes, en una maniobra digna de La Galerna del Cantábrico, frenó Vini en seco tras carrerón en el área dejando a su par tomar el correspondiente desvió a Cuenca. Así, entre pinceladas de los artistas, transcurría el partido sin mayores sobresaltos.
Y en la reanudación, mientras Carletto como jefe de pista preparaba el circense carrusel de cambios para el homenaje del Bernabéu a leyendas que podrían hoy disputar su último partido con la camiseta del Real Madrid, Madrid y Betis aumentaron, aún perezosos, el ritmo.
Pudo adelantar Karim al Madrid, después Rodrygo, al quite, al disparo rechazado. Mientras nuevos actores como Valverde o Camavinga, en detrimento de Casemiro y Kroos, trataban de tomar las riendas de un encuentro por el que el Betis viajaba plácido. Por parte del campeón de Liga, el partido parecía evocar y versionar la legendaria frase de Rick, cómo no, en Casablanca que decía aquello de siempre nos queda París.
A falta de veinte minutos, la fiesta subía en decibelios cuando Luka, amado por el madridismo, dejaba su lugar al meritorio Ceballos y después, en histórica ovación, Marcelo sustituía a Mendy. Isco, figura clave en las 4 de 5 Orejonas, ocupaba el lugar de Rodrygo. Muchas Champions sobre el campo, damas y caballeros. Somos los reyes de Europa, rugía el Bernabéu. Sólo faltaba Joaquín para contarse un chiste recién ingresaba sobre el verde entre aplausos del respetable ante el que también podría ser su último partido en Chamartín. A Bale, tristemente, no se le veía por ningún lado, para alegría de los isquiotibiales de Bartra.
A falta de un cuarto de hora, los futbolistas, a echar un traguito.
Más allá de las insistentes acometidas de un infatigable Vini y una nueva ocasión que malogró Karim por encima del larguero, al igual que Joaquín minutos después, y la clásica merengue en tiempo de descuento, poco más que añadir a un encuentro presidido por un Madrid bucólico, cual garçon apoyado en una farola, enamorado de París, con el Betis dando palmas.
En el horizonte la 14ª.
Y nada más.
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Leonardo da Vinci era culé. No tengo pruebas, pero tampoco dudas. Toda la obra leonardesca, de hecho, desprende un aura blaugrana inconfundible. Yo es que veo la Gioconda y se me parece a Laporta vestido de señora sin cejas. La Gioconda del Louvre no tiene cejas porque desaparecieron hace tiempo bajo un montón de capas de barniz.
Antiguamente era costumbre colocar una capa de barniz a un lienzo cuando el color perdía su lustre. Era un método eficaz pero engañoso, pues aunque ciertamente el barniz devolvía un brillo momentáneo a la pintura, este duraba poco ya que el barniz tendía a amarillearse a causa de la suciedad del ambiente. Para mitigar el efecto, se barnizaba de nuevo el lienzo y el ciclo se repetía. Así una y otra vez, hasta que, finalmente, la pintura original quedaba oculta bajo múltiples capas de barniz sucio. Eso le pasó a La Gioconda, por eso hoy la pobre Mona Lisa parece Laporta con ictericia. Siento tener que desengañarles, pero eso que llamamos “sfumatto” leonardesco en, gran medida, pura roña. Barniz viejo y cuarteado.
Mucha gente que no ha pisado un museo en su vida y que tendría serias dificultades para distinguir un Velázquez de una viñeta de Snoopy, asegura sin rubor que Leonardo es el mejor artista de todos los tiempos solo porque pintó la Gioconda. De igual manera que durante una temporada estaba de moda decir que el Barça era el mejor equipo del mundo porque en él jugaba Leo Messi, afirmación que nadie ponía en duda, supiera o no de fútbol.
Al punto al que quiero llegar es que algunas afirmaciones no siempre se basan el conocimiento, sino simplemente en la inercia popular. Es, por ejemplo, popular afirmar que Kylian Mbappé es actualmente el mejor futbolista del mundo, y que su no fichaje por el Madrid sería un fracaso. Da igual que ambas afirmaciones sean cuestionables. A mí el mejor futbolista del mundo a día de hoy me parece que es Luka Modric, y el mejor delantero, Karim Benzemá; pero yo de fútbol ni papa, oigan. De Arte sé un poco más, no mucho, y opino que Rafael es mejor artista que Leonardo. Rarezas que tiene uno.
Una vez el duque de Milán le encargó a Leonardo una estatua ecuestre en bronce. Debía ser la más grande jamás forjada. El duque, Ludovico el Moro, anunció el proyecto con orgullo a todo aquel que quisiera escucharlo. Todo el mundo en Milán aguardaba impaciente el momento en que el gran Leonardo mostrara al mundo la estatua ecuestre más impresionante jamás esculpida. La expectación era inmensa.
El caballo de Leonardo no se llegó a esculpir jamás. El proyecto se prolongo durante años y años sin llegar a cristalizar nunca, y, a medida que pasaba el tiempo, se hacía cada vez más grandioso. Aquella estatua sería única en el mundo, no tendría parangón en la Historia, la humanidad admiraría el Caballo de Leonardo como la obra de arte definitiva, insuperable… Pero el caballo nunca pasó de proyecto. Tras más de una década dando la tabarra con el dichoso caballo, lo único que Leonardo llegó a esculpir fue un modelo en arcilla que los franceses destrozaron al utilizarlo como diana cuando conquistaron Milán en 1499. Vamos, que el caballo fue una filfa.
a mí, sinceramente, todo el tema de Kylian, su madre, su padre, su abogada y demás caterva del orfeón de comisionistas parisinos hace tiempo que me tiene un poco empachado. O Mpaché.
A mí todo el asunto de Mbappé me recuerda un poco al caballo de Leonardo, y vamos a ver si no acaba igual, con el delantero convertido en estatua de barro machacada por un montón de franceses. En todo caso, a mí, sinceramente, todo el tema de Kylian, su madre, su padre, su abogada y demás caterva del orfeón de comisionistas parisinos hace tiempo que me tiene un poco empachado. O Mppaché.
Echo de menos aquellos tiempos en que las ventanas de fichajes solo duraban un par de meses y servían para entretenernos un poco durante los calores de verano, ante la ausencia de partidos con los que saciar nuestra sed madridista.
— Este año fichamos a Beckham.
— No, Beckham se va al Osasuna, que lo ha dicho Marca. A quien fichamos es a De Las Cuevas.
— ¿En serio?
— Totalmente.
— ¡Ojalá! ¡Con De Las Cuevas ganamos la Décima seguro!
— Seguro.
— De Las Cuevas es el mejor.
— El mejor. Viva De Las Cuevas.
— Viva.
Luego salía el comunicado oficial del club anunciando el fichaje de un tal Modric y uno se quedaba con cara de póquer. Qué tiempos aquellos.
Con Kylian Mpaché llevamos años de ventana de fichajes, y eso no hay quien lo soporte. Parece ser que el hecho de que un jugador, que actualmente está en nómina de otro equipo, no salga a la calle con la Cibeles tatuada en una nalga y cantando a voces el himno de la Décima es motivo suficiente para provocar cuadros de ansiedad en algunos aficionados madridistas. Así que para calmar sus angustias, acuden a extraños seres de twitter llamados “insiders” que, por lo visto, tienen información de primera mano sobre lo que se cuece en el Real Madrid, el PSG y hasta en la curia vaticana. Hay plaga de “insiders” en Valdebebas y nadie se había dado cuenta. Pululan escondidos detrás de las macetas, camuflados con gafas ahumadas y maletines, y cuando se acerca Florentino se ponen a vender novedades, souvenirs y artículos de coña para despistar. Luego se abren cuentas en twitter con nombres falsos tipo @cristianompotrador y fotos de Raúl en el perfil, de cuando aún no había hecho la selectividad; para a continuación soplarnos de buena tinta que Florentino va a fichar a Lewandowski a cambio de Camavinga y un vale regalo del Corte Inglés.
Los “insiders” llevan dando la turra con el tema de Mbappé mucho más de lo que cualquier mente cuerda podría soportar. A mí, personalmente, lo que ocurra con el delantero tortuga en estos momentos me da bastante igual. En primer lugar porque (lo reconozco y no me escondo) yo a quien quería era a Erling Haaland. Yo quería un delantero loco y me han dejado sin él, qué disgusto. No solo eso, sino que encima se lo ha llevado Guardiola. Darle a Haaland a Guardiola es como darle un Ferrari a la señorita Pepis. No sé que puñetas hace Haaland con Guardiola, la verdad, y mucho me temo que nos lo va a estropear a base de lavarle el cerebro con consignas guardiolescas de tiki taka y esas cosas. Haaland es un vikingo con motosierra, Haaland lo que necesita es un entrenador prejubilado y con puro, uno que esté ya a vueltas de todo, y que le diga: “mira, chico, sal ahí y arrasa con todo, que a estas alturas no te voy a decir cómo tienes que hacer lo que mejor sabes hacer.” Yo sueño con un Real Madrid compuesto por once tíos más zumbados que el pecho de un gorila y que salten al campo como los galos de Astérix cuando llegaban los romanos. La ausencia de Erling Haaland hace que mi sueño sea menos factible.
Los “insiders” llevan dando la turra con el tema de Mbappé mucho más de lo que cualquier mente cuerda podría soportar. A mí, personalmente, lo que ocurra con el delantero tortuga en estos momentos me da bastante igual
El otro motivo por el que el asunto Mbappé me suscita enorme indiferencia es porque en estos momentos del Madrid sólo hay tres cosas que me inquietan: la Final de Champions de Fútbol, la Final de Euroliga de Baloncesto y la posibilidad de que esta noche Gareth Bale juegue su último partido con el Real Madrid y una panda de perturbados decida que es buena idea pitarle en caso de que salte al campo. Hay muchas cosas útiles y deleitosas que pueden hacerse con los labios, y estoy seguro de que pitar a un jugador de tu equipo que ha ganado cuatro copas de Europa no es una de ellas. Para eso mejor no tenerlos, los labios, e ir por la vida enseñando los dientes en una perpetua mueca de amargura, cosa que encajaría muy bien con el pitador profesional del Bernabéu.
En unos días nos jugamos la Undécima copa de Baloncesto y la Catorce (¡Catorce!) orejona europea, y yo estoy a punto de ver al jugador que me hizo madridista vestir de blanco por última vez. No tengo tiempo ni ánimos para pensar en Mbappé.
Diré, no obstante, que Kylian Mbappé fue testigo privilegiado de la reciente remontada en el Bernabéu contra el PSG. Teniendo eso en cuenta, no estaría de más recordar lo que dijo una vez Leonardo, aquel magnífico artista que no fue capaz de esculpir un caballo:
“Quien ha probado a volar siempre caminará por la tierra con los ojos mirando hacia lo alto, pues quien ha estado en el cielo allí anhela regresar.”
Piensa en ello, Kylian. El cielo aún está a tu alcance.