Carlo Ancelotti sabe abstraerse del alarmismo que provoca una derrota severa, que en el Madrid equivale a un empate contra el tercer clasificado de la Liga; sabe centrarse en el objetivo sin que le aparten del camino los imprevistos, que pese a llamarse imprevistos siempre está previsto que sucedan; sabe manejar la urgencia con calma y sabe qué es importante y qué no. Y Ancelotti lo sabe, en definitiva, porque es sabio.
Hemos podido leer en Relevo una charla deliciosa entre Carlo y Davide Ancelotti, padre e hijo, primer y segundo entrenador del Real Madrid. Ancelotti se muestra en ella como un desmitificador de milongas y, una vez más, como un entrenador mucho más capaz y versátil que lo que algunos quieren hacernos creer.
Ancelotti supone un dique de sensatez frente al alarmismo y el panenkismo.
El alarmismo es una característica común a la mayoría de aficionados, si por el grueso de la hinchada hubiera sido, Ancelotti habría sido destituido tras el 0-4 contra el Barça de la temporada pasada y probablemente el final glorioso de campaña con el colofón de la Catorce no se habría producido. Los seguidores son impacientes y anteponen en caliente su necesidad de culpabilizar a alguien tras una derrota al objetivo principal del equipo. Si por ellos (o nosotros) fuera, echarían al instante a este o aquel futbolista porque ha jugado horrible o al entrenador porque ha errado en su planteamiento.
Ancelotti supone un dique de sensatez frente al alarmismo y el panenkismo
Es una reacción instintiva, primitiva, comprensible, un ansia de venganza que aflora también quizá en parte empujada por los problemas personales de cada uno, esas preocupaciones para las que el fútbol sirve de bálsamo y que cuando este falla su magnitud se agiganta y lleva a volcar las frustraciones en el equipo y no en los problemas propios que se padecen. Pero no por habitual es una reacción sabia, de hecho, es el camino más directo al fracaso, el camino que eligieron en su día personajes como Jesús Gil y Gil.
El panenkismo es un mal —aunque en ocasiones muy divertido de observar, sobre todo por el léxico que emplean sus acólitos— que consiste en la elevación a principio de lo superfluo. Pese a que presuman de visión global del fútbol, los panenkitas tienden a tener una mirada micro del juego.
Un entrenador panenkita cree a pies juntillas en sus dogmas y está convencido de que si es fiel a ellos conseguirá la victoria, por lo que se afana por grabar en sus jugadores movimientos y jugadas predeterminadas que funcionarán a la perfección si el partido se desarrolla según sus previsiones. Pero la realidad es imprevisible y a menudo transcurre por caminos insospechados, lo cual es un problema para estos equipos porque sus jugadores están entrenados para comportarse como soldados que cumplen órdenes y no como futbolistas que han de tomar decisiones inteligentes ante lo imprevisible o adaptarse al caos.
En un momento de la charla, Carlo afirma: “Ahora en el Real Madrid estoy insistiendo en el 1-4-3-3 porque creo que por las características de los jugadores que tenemos es el sistema al que se pueden acoplan mejor, donde puedes encajarlos mejor. Al final no es tanta la diferencia. Si me preguntas cómo jugamos la final de París, si 1-4-3-3 o 1-4-4-2 te diré que no lo sé. Si pongo de extremo a Valverde, sus características siempre serán distintas a cuando meto de extremo a Rodrygo. Esas características distintas de los jugadores es la que te cambian la estrategia del partido, pero no es lo más importante, digamos”.
El panenkismo es un mal —aunque en ocasiones muy divertido de observar, sobre todo por el léxico que emplean sus acólitos— que consiste en la elevación a principio de lo superfluo
Es probable que estas frases provocaran algún esguince de sistema nervioso central entre los apóstoles del panenkismo. Sacrilegio, ¿cómo el entrenador del Madrid no va a tener claro si en la última final de Champions que jugaron, y ganaron, empleó un sistema u otro?
Sin embargo, Ancelotti sabe que es más importante trabajar con Fede Valverde para darle confianza y responsabilidad de manera que pueda reaccionar adecuadamente ante las diferentes circunstancias que se presentan en un partido que anclarlo matemáticamente a la posición de extremo o a la de interior.
No significa que Ancelotti y su equipo no trabajen las jugadas ensayadas, los automatismos, la táctica, pero sí que saben ponderar lo realmente relevante en cada momento.
Pero como bien dice en la charla Carlo, lo más importante es la inteligencia del jugador, sin ella —y sin la inteligencia del club demostrada con su respaldo— serviría de poco la sabiduría de Ancelotti.
Hoy se cierra el mercado de invierno, una ventana de fichajes que en el pasado supuso para el Madrid la llegada de grandes futbolistas y también de otros un tanto peculiares.
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Buenos días, amigos. Ayer se celebró el sorteo de las semifinales de Copa del Rey y las bolitas decidieron que se enfrentaran Osasuna y Athletic por un lado y —lo que nos interesa— Real Madrid y Barcelona por otro. Si tiramos del refranero podemos decir que éramos pocos y parió la abuela, los de Ancelotti se enfrentan a un calendario de vértigo, como asegura Marca en su hoy sí acertada portada en la que recurre al clásico de Hitchcock.
En unas pocas semanas el Madrid, además de las obligaciones cotidianas de la Liga, disputa el Mundial de Clubes en Marruecos —castigo por haber ganado otra Champions—, juega de nuevo contra el Liverpool en Champions, se mide otra vez al Atleti y al Barça, ahora en Liga, y, por si fuera poco, aborda la eliminatoria de Copa contra los culés. Solo le falta que le inviten a la boda del compañero plasta del trabajo y a la comunión de la sobrina repipi.
El clásico clásico es la clásica repetición de clásicos que fomenta el clásico ambiente competitivo de crispación clásica frente al televisor mientras se consumen los clásicos packs de seis de Mahou Clásica.
¡Que vuelva Mourinho!, gritaron algunos cuando vieron ayer el resultado del sorteo. No sería una mala idea. Para aligerar de carga de trabajo al Madrid de Ancelotti, que retorne Mourinho con su ejército de rock and roll encabezado por Xavi Alonso, Arbeloa, Pepe, Cristiano, etc., para jugar estos clásicos de Copa y así dar descanso al Madrid de Carlo actual.
Ya puestos, al Mundial de Clubes podríamos enviar a Raúl con su aguanís y reservar para la Champions, sobre todo, y para la Liga al equipo actual.
La portada de Marca es buena, aunque realmente el Madrid se crece ante las dificultades y suele responder mejor a las grandes exigencias que a las obligaciones en principio menos severas. El Madrid no siente vértigo cuando tiene que lidiar con otro grande de Europa en un eliminatoria de Champions, vaya ganando o perdiendo, quede mucho o poco tiempo. “Otro centro lateral se prevé”. Siempre responde. El equipo blanco es más proclive a padecer ataques de vértigo un domingo por la tarde en el Bernabéu frente un antecolista random y matón.
En la película de Hitchcock, John “Scottie” Ferguson —James Stewart— sentía una fuerte atracción por las mujeres conjugada con temores insalvables. Es lo mismo que ocurre en la actualidad si sustituimos James Stewart por Barcelona y mujeres por Copa de Europa. El Barça sí es propenso a sufrir vértigo cuando llega la hora de la verdad y no dar la talla. Esta patología tiene como positifo para ellos que no están castigados con jugar el Mundial de Clubes ni la eliminatoria Champions del Madrid porque ya se despeñaron hace tiempo —otro triunfo de Xavi—, con lo cual llegarán menos exigidos y más frescos físicamente a los clásicos clásicos.
El resto de portadas también destacan la palabra clásico, que parece clásica, pero en realidad no lo es porque su uso generalizado se remonta a antes de ayer.
As se inclina por “Tormenta de clásicos”, Mundo Deportivo opta por “Clásico en las ‘semis’ de Copa” y Sport se decide por “Triplete de clásicos”.
Si hablamos de clásicos, quién más clásico que Ancelotti, portador del clásico sentido común apabullante que desarbola a los charlatanes y desmitifica el fútbol. Carlo dijo que si le preguntas si en la final de París el Madrid utilizó un 4-3-3 o un 4-2-2, él diría que no lo sabe. En ese momento estallaron como un mascletá varias agrupaciones neuronales panenkitas a lo largo y ancho del mundo.
Un panenkita es al fútbol lo que el vendedor de crecepelo itinerante a los pueblos del lejano Oeste. Un panenkita sufre si la inclinación de la corva del lateral derecho de su equipo no tiene un ángulo de (π/3)2 radianes en el minuto siete de la segunda parte de un partido de pretemporada contra el Écija. Sin embargo, Ancelotti sabe que los jugadores, una vez comienza el partido, tienen la mala costumbre de moverse por todo el campo y que eso de cuadricular una realidad que es redonda no sirve de nada salvo para ganarse la vida trabajando poco.
Nos despedimos con el clásico, y sincero, deseo de que paséis un buen día.
Lo que les cuento más abajo, la tercera transformación, iba a hacerlo ganará el Madrid o no a la Real, magnífica en su desempeño esta temporada y ayer en el Bernabéu, por cierto. Como equipo, quizá el mejor que lo ha visitado este curso.
Iba a hacerlo incluso si empataban, que fue el caso. Un empate blanco agrio y dulce, ya. El equipo jugó bien todo el rato, cosa que no venía sucediendo, pero no ganó. Lo cual supone que los tres puntos de distancia con la cabeza son ahora cinco.
¿Y? Pues se ha puesto interesante la cosa. El Barcelona va a sumar montones de puntos pues la Liga es la que es. Si el año pasado aquel incalificable equipo culé acabó segundo, no hay que darle muchas vueltas: éste, segundo o primero. 200 y pico millones después, qué menos.
Para salir de dudas, si primero o segundo, habrá que ver si sigue ganando como hasta ahora, a lomos de un magnífico portero y el golito que vale, si las piernas le acompañaran hasta junio. Esas cosas. Si sigue, en un decir, como el tonto con la linde, que se acaba la linde y sigue caminando, no habrá nada que hacer.
Tiene el Barça más necesidad de ganar la Liga que ningún otro equipo en el mundo. Milongas, en la sala de prensa. En el verde, ni una. Normal
Ya ven que del estilo y esas historias tan del Camp Nou no les hablo. Y es que Xavi hace bien. Tengo un buen equipo para España, voy a jugar en superioridad montones de partidos. Pero como sobrarme, poco, si la cosa se encampana me meto en el área y que sea lo que Dios quiera. Que de momento quiere. La necesidad de ganar la Liga la tiene más que ningún otro equipo en el mundo. Milongas, en la sala de prensa. En el verde, ni una. Normal.
Al Madrid. Ya digo que jugó bien y seguido, lo que anima pensando en lo único verdaderamente importante, la Copa de Europa. Al Madrid si le pica algo es eso. Lo doméstico lo tiene por castigo. Rompió a jugar bien y yendo a lo que les contaba de entrada debemos considerar que lo está haciendo en la tercera y última transformación. No es fácil, pero lo está haciendo.
El Madrid acomete ahora en plena temporada, la transición en su centro del campo. Como el que no quiere la cosa ya hizo dos. La defensiva, primero. Keylor, Ramos, Varane y Marcelo fueron saliendo. Fue después, y casi a un tiempo el turno de la BBC: sólo queda Benzema. Casemiro liquidó la CKM. Kroos y Modric, 37 tacos él, les queda más que un último vals, pero el club hizo santamente buscándoles recambio. El Madrid, pues, ha ido transformándose ganando Ligas y Copas de Europa. Otra señal de su condición única en el mundo.
El Madrid acomete ahora en plena temporada la tercera transformación, la transición en su centro del campo
¿Hay que vivir al día? Con matices, ¿eh? Tengo claro que no va a ganar siempre. Y que este es un juego extraño donde lo de ayer puede no valer para mañana. O valer menos. La temporada del Madrid está siendo rarita. No acabó y lo más importante: ha acertado con los relevos y tiene claro, desde Florentino al último socio, lo que el equipo necesita para apuntalar la sucesión de un equipo que ganó cinco Copas de Europa, cinco, en nueve años. Miro por ahí y no me sale cosa parecida. Lo frecuente es que tras grandes equipos y tremendos logros, el cambio sea complicadísimo. No es el caso.
La cosa parece mejorar ‘malgré’ el empate y que lo grande está por ventilarse. El madridista puede fumarse tranquilamente un puro viendo las obras. Bueno, casi mejor si chupa un caramelo. El futuro, todo, está despejado.
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Buenos días, amigos. El Real Madrid no pudo pasar del empate a cero en el Bernabéu ante la Real Sociedad, y se acrecienta la sensación de que la Liga va a costar un dídimo y un núcleo esferoidal, de color amarillo, del otro. Si ni siquiera jugando tan espectacularmente como lo hicieron los de Ancelotti ayer nos va a dar para ganar siempre, habrá que revisar nuestros argumentos de cara al gol y encomendarnos a los dioses de la famosa pegada, ese mito.
Y luego se da otra circunstancia, esta vez de carácter milenario. El Real Madrid, desde el mismo y bendito día de su fundación en 1902, consagra religiosamente la tradición de consagrar en el desarrollo de su profesión al guardameta rival. Quien peine canas y visite el Bernabéu desde hace unas cuantas décadas sabrá de lo que habla este humilde portanalista, que en algún punto temporal de los primeros noventa vio a un portero del Sporting, que el fútbol ha olvidado y que hoy probablemente sea un amable prejubilado del sector siderúrgico, volar de palo a palo en estiradas imposibles, blocar cada balón con la solvencia de un titán y salir a los pies de los delanteros blancos para atajar cualquier opción de gol local.
Más o menos como ayer Remiro, a quien As trae en portada como lo que fue, es decir, el gran protagonista del partido, salvando milagrosamente el tanto de un Vinicius a quien llegó a desesperar el portero navarro.
Remiro, amigos. Otro portero al que hemos hecho internacional, casi seguro porque, al no estar ya Luis Enrique, es posible que empiecen a ir a la selección los buenos. Este humilde portanalista vuelve a recordar con escalofríos a aquel cancerbero noventero del Sporting. No recuerdo el nombre, si bien, a pesar de no proceder de la Masía, tengo claro que acababa en -i. Tal vez Chumi. Acaso Curri. Le llamaremos Chachi para entendernos.
Nada en la figura de aquel perfecto desconocido bajo los palos asturianos hacía presagiar, al comienzo del partido, el recital que descerrajaría bajo los ojos estupefactos de la parroquia blanca. Chachi era más bien rechoncho y canijo. Su cabeza lucía una melena como la del malo de Schrek. Su equipación era de un verde raído que hacía intuir que ese mismo uniforme había sido usado con anterioridad por otro portero de Langreo, posiblemente de nombre Chumi. Nada hacía intuir que iba a frustrar todas y cada una de las ocasiones blancas con tanta eficacia como espectacularidad. Sacó una manopla imposible a un cabezazo de (pongamos) Zamorano, repelió con reflejos portentosos un trallazo de Míchel que iba a la escuadra y despejó con el pie un tiro a bocajarro de Butragueño. Empate a cero, como ayer. Todavía tengo pesadillas con Chachi.
A la jornada siguiente, el Betis le metió siete, y Chachi se sumió para siempre en las brumas del otro fútbol. El fútbol de la anécdota.
Es una cosa de brujas, y lo es desde siempre. El Madrid saca lo mejor de cada portero visitante, que nunca falta a su cita con la gloria en Concha Espina.
Tanto As como Marca enfatizan el buen juego del Madrid pese al empate, lo cual es muy bueno y muy malo. Muy bueno porque el equipo está muy bien, y muy malo porque (a las pruebas nos remitimos) sufre para marcar un gol aun estando muy bien. Podéis leer la crónica de Andrés Torres para haceros a la idea de cómo fue el encuentro, donde Camavinga volvió a deslumbrar como lateral izquierdo (arma de doble filo, pues preferiríamos verlo siempre en el centro del campo), Ceballos volvió a marcarse otro señor partido y los dos brasininhos levantaron al respetable de sus asientos en varias jugadas de fantasía. Pero la Real también jugó muy bien. Fue un duelo que ni Shakira y Miley Cirus cuando les deja un novio y entran a grabar al estudio (en esto somos de Miley, no nos escondemos).
La prensa cataculé celebra los cinco puntos que nos sacan de ventaja desde ayer a las once de la noche, y es comprensible. Por supuesto, no hay mención alguna a las expulsiones flagrantemente perdonadas a Dembélé, Ansu Fati y Gavi en su partido del sábado ante el Girona. Lo de Gavi desborda todos los comentarios posibles. Agredió a un defensa local en una suerte de amalgama de patinaje artístico, boxeo sarraceno y patada de karate. Es un hombre de síntesis, un innovador en el noble arte del fostiar. Hacen muy bien los árbitros no expulsándole nunca. Los genios deben expresarse libremente para poder hacer avanzar la disciplina que practican.
El tema es que aún no hay un nombre para la que practica Gavi.
Pasad un buen día.
El Madrid jugó el mejor partido de la temporada, obviando que no metieron gol, con la sensación de que este es el equipo y el esquema que casi nos permite enlazar a Benzema con Endrick.
Con el equipo que sacó Carletto, Benzema miraba a la izquierda y tenía 3 opciones de ataque, con gente ávida de recibir el pase. Camavinga, capaz de atacar y defender en cada jugada, Ceballos, al que oficialmente renovaría después de estos partidos y Vinicius, que sigue negado cara-al-gol pero cada día mejor reventando la defensa rival. Ejerciendo un efecto de atención en el equipo rival como solo Mbappé lo logra. Y cuando miraba a la derecha (Benzema, aún), tenía a Valverde y Rodrygo. No marcaron pero marcarán en el 95% de los partidos.
Después de lo visto, si yo fuera Carlo seguía por “acá”.
Me da casi pena escribir que las ligas que se tuercen de esta manera no se terminan ganando, pero sigo pensando que nos la llevaremos, sigo pensando que el Barca está teniendo bastante suerte y que el jueves estaremos a 2 puntos de ellos. Ayer vi de reojo el partido contra el Gerona y vi a un equipo pobre.
El Madrid jugó el mejor partido de la temporada, obviando que no metieron gol, con la sensación de que este es el equipo y el esquema que casi nos permite enlazar a Benzema con Endrick
Mientras tanto, y volviendo a lo nuestro, veo bastantes jugadores enchufados para el Mundialito, para la Copa y para el Liverpool. Veo a Courtois mejor que antes del mundial, veo a Nacho capaz de ser el lateral que necesitamos el mes que entra, veo a Militao al nivel de Araújo y veo a Rüdiger olvidando ya la Supercopa. Además, opino como Jesús Bengoechea, cuando dice que Camavinga ha estado espectacular, aunque no puede estar así siempre, veo que en el centro del campo están rotando, veo que Vini y Rodrygo deben marcar o asistir en los partidos que quedan de temporada y, finalmente, SÉ que Benzema jugará bien y marcará. Es el camino, o como diría un mandaloriano, THIS IS THE WAY.
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Courtois (9)
Cuando no te disparan apenas en todo el partido y de repente tienes que repeler un tiro envenenado de un japonés pequeñito bajo las piernas de un tallo alemán.
Camavinga (5,5)
Luces y sombras. Detalles fabulosos, dignos de Clarence Seedorf, pero dudas tácticas y defensivas. Fue lateral izquierdo.
Militao (9)
Está a otro nivel. De central, de lateral. Otra galaxia.
Rüdiger (5)
No se advierte ninguna cualidad especial en todo un central del Real Madrid. El disparo de Kubo bajo sus piernas es un vacile.
Nacho (5)
Pudo acabar en la calle por una segunda amarilla absurda al obstaculizar un saque de banda. Peleado con el mundo.
Kroos (6,5)
Orden y concierto. También mucha pelea.
Valverde (7)
Nos recordó al de antes. En todas partes.
Ceballos (7,5)
Vigor, clarividente y poco arabesco. El Madrid necesita sus piernas.
Vinicius (8)
Desatado.
Benzema (6)
Conectó fácil con todos, pero acabó exhausto.
Rodrygo (5,5)
Intermitente.
Modric (4)
Mal.
Asensio (4)
Ausente.
Ancelotti (4)
El Madrid perdió energía con sus cambios.
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Arbitró Mario Melero López del Comité andaluz. En el VAR estuvo Jaime Latre.
Hoy tocaba en el Bernabéu uno de los varios trencillas de la Liga que son desesperantes y malos en lo disciplinario. Se deja muchas acciones sin señalar y unas cuantas claras sin amonestar.
Oyarzábal, Rüdiger o Brais debieron ver amarilla clara en la primera parte y se libraron los tres.
Los amonestados fueron Zubimendi por falta tardía a Ceballos en el 26', Nacho por un plantillazo a Zubeldia en el 41', Aritz por llegar tarde ante Camavinga en el 63', Kubo por juego peligroso ante Courtois en el 68' e Imanol y Remiro por perder tiempo en el 85' y 93' respectivamente.
Además, el malagueño obvió un penalti de Le Normand a Rüdiger en el 43', no vio una clara falta de Kubo a Kroos en la frontal del área en el 51' y pudo sacar a Nacho la segunda amarilla en el 80' por impedir un saque de banda donostiarra.
Melero López, MAL.
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Tras la insidiosa ducha de inquina y bilis colchonera padecida esta semana por el madridismo, resultó todo un alivio recibir un soplo de viento fresco del Cantábrico con aroma a pincho donostiarra en el Bernabéu. Después de sufrir al Cholo corriendo la banda, sudoroso y enajenado cual Pablito Terrores, daba gusto esta noche ver a Imanol con su foulard de señorito de Aiete paseando por el banquillo. Al madridismo en general, la Real le cae simpática, aunque probablemente el sentimiento no sea del todo recíproco.
Lo intentaron los de Alguacil, terceros en la tabla —mucho más cerca que el Atleti, por cierto— a pesar de la buena puesta en escena de los de Carletto, con Camavinga de nuevo en el lateral izquierdo dando carrete a La Invención de Didier, con Kroos, Ceballos y Valverde en la sala de máquinas, con Karim y los brasucas en punta.
Poco tardó la Real en sacar el txistu y relucir a sus txistularis, encabezados por Kubo. Así avisaron los de Donosti a los cinco minutos. El gigantón escandinavo Sorloth, con ese aíre de seminarista perdido en Gaintxurizketa, no llegó por muy poco a un buen centro servido desde la izquierda.
La Real, tan pulcra, bonita y aseada como inoxente, observó cómo poco a poco el mayor empuje merengue empezaba a volcar el campo. Primero fue Karim Behind The Enemy Lines contra todos, después fue Vini a los 10´ con un primer aviso que coronó tres minutos después con un caño sobre Zubeldia de los de ponerse sotana para toda la eternidad.
La Real, acogotada, pero con buenos detalles en la circulación de balón y con un Kubo tan euskaldun que parecía Takefusategui, alertó al cuarto de hora con un disparo cruzado de Illarramendi que se marchó rozando el palo. De haber entrado, el bueno de Illarra habría metido la casi la mitad de los goles de su carrera en el Santiago Bernabéu y la Kuadrilla en Mutriku hubiera pedido unos potes. Y si minutos antes Vini había dejado por los suelos a Zubeldia en la izquierda, el brasileño, generoso, quiso solidarizarse con su colega del otro lateral, Aihen, que tomó la M30 mientras Vini le regalaba otro delicioso caño.
Valverde, más mochuelo que halcón últimamente, volvía a volar cual pajarito, Kroos ordenaba, Ceballos empujaba. Arriba Vini, Goes y Karim, hacían de las suyas con toques, quiebros, amagos y paredes. La Real llegó a entrar en pánico y a propiciar a través de las botas de un desafortunado Brais contraataques potencialmente letales del Madrid. Remiro, achicando aguas como podía, casi se santiguaba.
Pero 0-0 al descanso y sensación agridulce.
La Real aguantó como pudo el chaparrón y el Barça se escapa a cinco
Como un zurito, que está fresquito, pero sabe a poco.
Diez minutos del segundo tiempo bastaron para saber que la vida seguía igual bajo la luna del Bernabéu. Proseguía la galerna blanca, aunque, de tanto en cuanto, el pequeño nipón txuriurdin nos liaba alguna. Especialmente malévolo su disparo bajo las piernas de Rüdiger en la esquina al que reacción Courtois con reflejos felinos. Antes, Remiro había sacado con el pie la enésima acometida de Vinicius y Zubeldia se redimía del sotanazo llegando milagrosamente para evitar el fusilamiento de Goes. Al tiempo unos hiperactivos Valverde y Ceballos probaban fortuna desde lejos. Imanol, antes de hacer el ridículo, movía fichas en el banquillo como quien busca paraguas en el Paseo Nuevo.
Pero el gol no acababa de llegar. Ni siquiera cuando Vinicius en el 70’ se plantó mano a mano con Remiro y éste evitó con la yema de los dedos la vaselina del brasileño. Ya saben ustedes, amigos galernautas, cómo es esto de nuestras tradicionales maldiciones madridistas, entre ellas la del clásico partidazo del portero rival —del montón— en el Santiago Bernabéu.
El Madrid empujaba y empujaba, con Courtois por momentos de líbero, con Militao de carrilero derecho, como hacía tiempo que no veía el madridismo, cómo si súbitamente todos los Big Data del método Pintus se hubieran recalibrado. A falta de un cuarto de hora para el final, entraban Modric y Asensio en lugar Valverde y Ceballos, ovacionados, en busca del merecido gol de la victoria.
Pero el gol nunca llegó merced de la lógica frustración que comenzó a prender en el corazón de los merengues, pero también por unas malas artes de una sorprendente Real Sociedad que incluso acabaron por cholinizar a Alguacil, que retuvo un balón en la banda al estilo Pep, y al mismísimo Kubo, haciendo teatro del bueno, que diría Mourinho.
El caso es que la Real, afortunada, aguantó como pudo el chaparrón y el Barça se escapa a cinco.
Aún así, esto es muy largo.
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Hola de nuevo:
Se había hecho esperar, y tenía que suceder. Ya hubo una tentativa tímida con aquella caída de Lewandowski en el área del Bernabéu, pero la debilidad culé demostrada aquel día no permitió que cuajase como argumento. Ciertamente, el mes de enero supone una demora insólita. Pero al final todo llega, no conviene desesperar. Tras la caricia de los tacos de Reinildo a la pierna de Rodrygo en el Metropolitano, tras el cariñoso saludo con que el Papu Gómez obsequió a Valverde en su visita a Madrid, tras el sugestivo criterio para considerar que Gazzaniga controlaba el balón con la mano mientras lo atraía con el guante hacia su cuerpo, tras el aplauso que el vallecano Balliu le dedicó a Vinicius bien cerca del oído -sin duda para que el brasileño pudiera advertir mejor su admiración-, tras el paternal abrazo heterodoxo con que Fali quiso premiar la nobleza de Goes, tras el comedido intercambio de pareceres entre Parejo y Rudiger en el área de Villarreal y tras el masaje de tobillo del corajudo Araújo en la Supercopa, por fin la balanza de la polémica, esa que sentencia a qué lado caen las jugadas que ahora llaman grises como a la policía del franquismo, se inclinó el otro día, por primera vez de manera clara esta temporada, en favor del Madrid.
Corría el minuto 71 del encuentro cuando un balón bajaba del cielo en la frontal del área del Madrid. Daniel Ceballos levantó la pierna para intentar ahuyentar el peligro, no se sabe si con un nuevo despeje o con un arriesgado control de los suyos. Sin embargo, ajeno a la presencia de Lemar al hallarse de espaldas a él, terminó golpeando la rodilla del rojiblanco cuando este se le anticipó en la disputa del balón. Falta clara, posible segunda tarjeta amarilla. Las miradas de media España se depositaron en el árbitro, anhelantes, como la de aquel centurión de Cafarnaúm en Jesús de Nazaret. Una palabra tuya bastará para sanarme. El colegiado solo señaló falta, y con ello decretó el final del encuentro. Lo que vino después, las rectificaciones de Ancelotti para arreglar su propio desaguisado, el excepcional despliegue de Camavinga, el golazo de Rodrygo, la impotencia de Simeone… constituye una propina insignificante, casi una molestia que puede distraer de lo verdaderamente importante. Cómo escribir poesía después de Auschwitz, se atreverá algún adornado cronista.
El antimadridismo ve los partidos de su eterno rival esperando que pierda o que robe, y no se sabe qué le proporciona más placer. O quizá sí, no en vano habitualmente no hay mejor riqueza que tener razón. El verbo empleado, por cierto, posee su importancia. El Madrid no es beneficiado, ni siquiera ayudado. El Madrid roba. Es decir, su condición no es pasiva, como la de un ciudadano que se encuentra un billete de cincuenta euros. Así solo le llegan los goles en los que el árbitro no interviene: fruto de la casualidad y la mala suerte del adversario, exentos de cualquier mérito. Pero en las acciones polémicas toma parte activa, ejerce su poder, tan invisible e indemostrable como todos los dogmas de fe –al fin y al cabo, el antimadridismo constituye una religión no precisamente minoritaria-. Cada temporada, mientras los blancos se afanan en recorrer trabajosamente el camino hacia los títulos, otros escriben el relato impugnador de la travesía colocando las cerezas más feas en la superficie del mostrador, justo al contrario que los tenderos. Al final de año, un youtube recopilatorio con cinco o seis jugadas inundará las redes sociales y los grupos de whatsapp, compitiendo con los mensajes fake acerca de la pandemia o con los artículos falsamente atribuidos a Reverte, y el posible trofeo, de haberse alcanzado, será indefectiblemente puesto en solfa. Habrá que estar atentos por si el vídeo empieza a circular en febrero; de ser así, podremos confirmar que la llegada del primavera se ha adelantado. Porque la llegada de la primavera ya no la marcan las golondrinas de Bécquer ni las alergias. O, al menos, no las alergias al polen.
El antimadridismo ve los partidos de su eterno rival esperando que pierda o que robe, y no se sabe qué le proporciona más placer. O quizá sí, no en vano habitualmente no hay mejor riqueza que tener razón
Por otro lado, esta guerra fría no tiene efectos restringidos a lo simbólico. No se trata de un mero reparto de papeles en el que verse reflejado más guapo. Del mismo modo que los entrenadores de baloncesto fuerzan muchas veces la falta técnica para condicionar, por psicología inversa, el criterio de los colegiados, la señalización del Madrid como club injustamente favorecido busca también réditos más espurios y menos inocentes. Conviene recordar, por acudir a un ejemplo de tu época, que tras lo de Guruceta –epítome legendario capaz de poner de acuerdo a un franquista como Montal y a un comunista como Vázquez Montalbán-, hubo fastuosa generosidad en las compensaciones: cincuenta millones para la construcción de un pabellón de hielo y el nombramiento como delegado nacional de Deportes al falangista y gerente del FCB Juan Gich i Bech de Careda. No solo de pan vive el hombre. Pero tampoco solo de mitos.
Una vez asumido el carácter ilegítimo de los triunfos del madrid, al club solo le queda centrarse en ganar, sin gastar un ápice de esfuerzo en justificarlos
De cualquier modo, la perenne refutación a los logros madridistas, efectuados o hipotéticos, posee una consecuencia positiva para nuestra institución. Una vez asumido el carácter ilegítimo de los mismos, al club solo le queda centrarse en ganar, sin gastar un ápice de esfuerzo en justificarlos. Acaso suponga la verdadera explicación para un palmarés histórico tan colmado de éxitos: sin nada que perder en lo alegórico, solo puede buscarse el sentido en el resultado. Quizá el antimadridista cave su propia tumba al cerrarle las salidas metafóricas a su enemigo, convertido en una bestia asustada y acorralada. En tiempos de escasez de bienes –en la sociedad mediática el relato es un bien-, hay que refugiarse en lo sólido. Y, como saben los especuladores, el oro siempre es un valor seguro. La plata de ley de los trofeos, también.
Cuídate. Volveré a escribirte pronto.
Pablo.