Las mejores firmas madridistas del planeta

Anduve anoche con lo de las elecciones en Andalucía y me dio por pensar que el Madrid me recuerda al PSOE, desde luego que en materia de resultados; a ambos les urgen.

Con una diferencia notabilísima, eso también: en lo del PSOE no hay VAR, o sea, árbitros. En lo suyo sí hay jueces, pero no llevan pito. Debe dar una paz envidiable. Imagínense que, además, tuvieran que lidiar con Manolete, Iglesias no sé cuántos, esa tropa.

Y no me quedó muy claro quién necesita más a Mou, si el Madrid o el partido socialista. Pasan las horas y sigo igual. Ambos tienen líder, Floren y Sánchez respectivamente, pero necesitan algo más, ese tipo peculiar que les lleve a ganar partidos o elecciones. Ese líder.

El Madrid es poder. Perfecto. Barça, la Liga, el CTA, la federación entera, ¿son poder también? Anden, váyanse al carajo.

¿Si podría ser una tipa? Sí, por supuesto. En el PSOE tienen magníficos ejemplares, y sería estupendo que desde el 1 de julio al Madrid lo entrenara una mujer, igual da señora o señorita. Faltaría más. En realidad, un pollo entre sexos es lo poco que le falta al club en este momento.

Mourinho prensa

Habría otra posibilidad, y es que Mou entrenara a la vez al Madrid y al PSOE. Recordarán que, cuando su primera vez se planteó si podría entrenar a un tiempo al Madrid y a Portugal, la cosa no cuajó. Y ahora, de Ferraz a Valdebebas, media hora en horas punta. O sea, entre tres y cuatro de la madrugada. Yo le veo preparado para ello.

Porque va a ser Mou; en el Madrid, digo. La situación es parecida a la de hace un año, cuando la mayoría de expertos y similares se rendía a Xabi Alonso y el presidente no lo veía claro. Pasa lo mismo al revés. Naturalmente. Los anti dan al Madrid candidato al descenso y Floren lo ve levantando la 16. Que no sería ganar la Copa de Europa, digo yo, sino convertir al equipo en lo que fue. En lo que usted está pesando.

Un reto apasionante. Como el de Xabi en el Chelsea, por cuatro años firmó. Le irá bien, normalmente, vamos. El lugar y su momento son magníficos. El equipo ganó el primer Mundial con Maresca y acabó deshaciéndose ocupando el décimo puesto de la Premier. También perdió la final de la Cup, pero eso fue más digno. En una final, uno pierde seguro. Y tampoco metió Mou al Benfica en la Champions. Portugal tiene dos plazas ahí y ya se sabe: Benfica, Oporto y Sporting, sobra uno. A Xabi no le faltará dinero, además. Sí, normalmente le irá bien.

Ambos tienen líder, Floren y Sánchez respectivamente, pero necesitan algo más, ese tipo peculiar que les lleve a ganar partidos o elecciones. Ese líder

Será Mou y explica cómo está el patio blanco. Su vuelta no es que se descartara, es que se le veía en la recta final de su carrera y, si acaso, en una selección. En plan Ancelotti -renovado por O Brasil hasta 2030- y es probable que también Guardiola.
La de su Portugal, quizá, y eso que el papel de Roberto Martínez está siendo excelente. A inminente plazo, la renovación con el Benfica, desde luego. Pero…

Total, que lo más probable es que el nuevo Real Madrid siga siendo el de Florentino al mando y el del regreso de Mourinho al banquillo. Un madridista ‘decíamos ayer’, Fray Luis nos lo permita. Muy interesante. Y una gran prueba de paciencia y templanza: la batalla contra esa realidad será terrible.

Y acabo. El ruido de la semana pasada acabó con un resumen por lo escuchado y leído: Florentino ha sido un magnífico presidente, pero ya no (uno) y el Madrid es el poder (dos). Me parece muy bien, hay gente ‘pa tó’, pero pregunto: si el Madrid es el poder, ¿qué es el FC Barcelona?

¿El de las palancas ficticias captadas por la Liga? ¿El de los jugadores inscritos merced a una cautelar ordenada por el Gobierno? Oigan, que Dani Olmo lleva con la cautelar esa desde enero de 2025. Cautelar va aparejado a carácter provisional, por supuesto. Enero 2025-mayo 2026: 16 meses. Vamos, que el niño está ya a punto de andar. Y Negreira. Y todo lo demás.
El Madrid es poder. Perfecto. Barça, la Liga, el CTA, la federación entera, ¿son poder también? ¿No lo son? ¿Qué son?

Anden, váyanse al carajo.

 

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Buenos días, amigos. Si la elaboración de los Portanálisis estuviera a cargo -un suponer- de Xavi Hernández, hoy comenzaríamos afirmando que las portadas están muy altas, que así no hay manera de desarrollar los portanálisis que nos gusta proponer, y que quien pierde es la literatura. Con mucha humildat, eso sí.

Si, por el contrario, quien firmara estas líneas anónimas fuera Guardiola -otro suponer- tal vez hablaríamos de que venimos de un país pequeño, allá arriba, en la esquinita, lleno de campanarios, y lamentaríamos que el pérfido estado español nos presente unas portadas inanes para que no podamos desarrollar nuestra desaforada agudeza portanalítica y nuestra prosa que, aunque nos esté mal el decirlo, reinventa cada día la literatura. Esto lo expresaríamos con mucha humildat, por supuesto, porque a nosotros a humildes no nos ganaría nadie, lo que sería dicho con toda la humildad del mundo, esa que nosotros monopolizaríamos.

Resulta, por el contrario, que no somos ni Xavi Hernández ni Guardiola, sino que somos madridistas y estamos orgullosos de serlo. Así que no va en nuestra naturaleza el ponernos campanudos, ni el tratar ridículamente de dotar de un barniz de pretendida transcendencia a cualquier excrecencia de nuestro magín, ni mucho menos el buscar excusas desatinadas que justifiquen un victimismo cobarde y ventajista. Las portadas del día son las que son, el césped está cortado a la altura a la que está cortado y los campanarios siguen dando las horas en la esquinita -and elsewhere- sin acento catalán. Así que vamos allá.

Lo cierto es que, tras la semana convulsa que acabamos de pasar, agitada como un terremoto por la rueda de prensa de Florentino, flota en las portadas una sensación de distensión, un aflojamiento general. Tras los espasmos, estremecimientos y paroxismos de placer agónico provocados por las declaraciones del presidente del Real Madrid, las portadas vienen hoy blandas, flácidas, diríase que fumándose un pitillo con la cabeza apoyada en el cabecero de la cama.

A ello ayuda que la liga también es ya una cosa fofa y lacia, más allá de la lucha por evitar un descenso que -no nos engañemos- interesa sólo a las aficiones de los equipos concernidos por ella. Para el resto, incluidos nosotros, madridistas, estas últimas jornadas se asemejan a esas olas silenciosas que mueren de viejas en la playa cuando la mar está en calma. Una sensación de balneario de la tercera edad, una cosa triste y ligeramente depresiva, como ver a Dirk Bogarde despedirse en silencio del amor y de la vida en Muerte en Venecia, con la Quinta de Mahler sonando de fondo.

Así que, aprovechando la calma chicha, o más bien forzados por ella, los cuatro periódicos del apocalipsis madridista se centran en sendas despedidas: la de Griezmann de los fracasos rojiblancos, y la de Lewandovski de las trampas azulgranas.

Marca hace hincapié en unas declaraciones del propio Griezmann que son la enésima versión colchonera de la fábula de la zorra y las uvas, y que demuestran que el buen delantero francés ha acabado plenamente compenetrado (con perdón) con el club que no podemos entender. Y es que nadie se identifica tanto y tan bien con la zorra (con más perdón) de Esopo como el simpar Atleti. “Vuestro cariño vale más que una Champions”.

Hombre, querido Antoine, a nosotros nos parece estupendo (y en los días pares, hasta comprensible) que un futbolista profesional deje el Atleti para fichar por el Barcelona en busca de títulos. Pero se nos antoja pelín hipócrita que años después, y regresado a casa con el rabo entre las piernas, sostenga que el cariño de los aficionados atléticos vale más que una Champions. Por otra parte, quién querría una Champions cuando puede disfrutar de que sus propios aficionados vandalicen la placa con su nombre en el estadio y la cubran de excrementos humanos. Cositas de la mejor afición del mundo, esa que no podemos entender y que también acoge en su seno a grupos filonazis inclinados a solucionar diferencias con aficionados rivales mediante el procedimiento abreviado de ahogarles en el Manzanares.

Añade el diario de Gallardo (de nombre) en un faldoncillo que se trata del “adiós de una leyenda”. Prima facie, uno podría pensar que Marca exagera, toda vez que calificar de leyenda a un (buen) delantero que ha contribuido con sus goles a la consecución de escasos tres tres títulos puede parecer ligeramente forzado, incluso para un club tan acostumbrado a perder como el Atleti. A punto hemos estado de afearle esa falta de comedimiento al periódico madrileño, pero en el último momento hemos reparado en el rigor sintáctico y semántico que caracteriza a esa cabecera. No es posible -nos hemos dicho- que Marca se exceda cargando la suerte de sus efusiones colchoneras, y finalmente creemos haber penetrado el sentido del titular. Efectivamente. Con gran tino, Marca se está refiriendo a la primera acepción que da la RAE al término leyenda: “narración de sucesos fantásticos que se transmite por tradición”. ¡Bravo, Marca!


El resto de portadas, ya os decimos, más de lo mismo: gracias por tanto, más leyendas (esta vez de Polonia, con perdón nuevamente), huellas imborrables y demás tópicos al uso. Y más olas lacias y más playas sin sol y más cerveza sin espuma y más espuma sin cerveza. ¡Qué días, Señor!

Pasad un buen día.

Buenos días. En las portadas deportivas de hoy hay gente volando por los aires. Tranquilos, no se trata de ningún ataque terrorista, sino de dos homenajes (uno en el Metropolitano y otro en el Camp Nou) a sendos jugadores de fútbol. En el mejor estadio de Coslada, el tributo era para Griezmann, delantero que abandona el Atleti con vistas a una última aventura, financieramente provechosa, en algún destino exótico.

Si Griezmann aparece, como decíamos, volando por los aires, es porque existe la costumbre de mantear a los homenajeados (el padre de una exnovia de este portanalista decía ojomeneados, sin que jamás llegara a saber si lo decía en broma o creía en serio que la palabra es así), lanzándonos al viento en medio de olés. Marca titula con una emotiva frase del francés: “Vuestro cariño vale más que una Champions”. Vaya nuestra consideración paga Griezmann en esta hora del adiós, si bien dudamos de la conveniencia de exhibir el cariño de la afición a este deportista en la sala de trofeos del club. Griezmann, por cierto, solo ha ganado tres en el referido club, lo que no impide que Marca y As le llamen “leyenda” y “mito”, respectivamente. El lenguaje tiene sus límites. Queremos decir, con el debido respeto, que si Griezmann puede ser calificado de leyenda y mito habrá que inventar palabras nuevas para reflejar el estatus que en la historia del fútbol corresponde a Di Stéfano, Gento, Modric, Kroos o Cristiano. Si Griezmann es una “leyenda”, si Griezmann es un “mito”, ¿qué etiqueta merecen los que acabamos de mencionar?

En el estadio del equipo que pagó a Negreira, el ojomeneado era Lewandowski, a quien Sport también califica de “leyenda”. Se trata de un jugador que llegó el club prestamista de Tebas con la vitola de ser campeón de Europa en el Bayern de Múnich, título que no ha podido revalidar con los colores blaugranas. Sin embargo, y gracias a que pudo ser inscrito con palancas financieras manifiestamente fraudulentas, sí ha podido ganar unas cuantas ligas, todas ellas marcadas por la acción implacable de los herederos de Negreira, gente obstinada en honrar las enseñanzas de su padre putativo. Que le vaya muy bien al polaco, gran goleador que tuvo el desacierto de estropear su ilustre historial jugando para un club corrupto.

En lo tocante al Madrid, ya sabréis que ganó de manera intrascendente al Sevilla (0-1) gracias a un gol de Vinícius que, de haber estado el Madrid jugándose la liga, habría sido anulado por falta previa de Mbappé con probabilidad igual a uno. El sistema es tan previsible… Con el título de liga ya decidido, nos hallamos en lo que nuestro amigo Paul Tenorio ha denominado “fase de disimulo arbitral”, es decir, aquella a través de la cual, con el campeonato ya descansando en Can Barça con arreglo al plan trazado, se maquillan las escandalosas estadísticas regalando favores intrascendentes que son como stripteases practicados ante los ojos de un eunuco.

En esta fase de disimulo arbitral, los que sigue sin disimular nada, en cambio, son los medios de comunicación, entre ellos la inefable COPE, esa emisora que pertenece a una institución teóricamente intachable y que a la hora de la verdad, al menos en lo referido a información deportiva, es el Sodoma y Gomorra de la radio. No eres un impresentable como Dios y la Conferencia Episcopal mandan si no has vomitado tus excrecencias en los micrófonos de esa emisora malhadada.

¿Que si nos gusta la COPE? Leyendo entre líneas, habréis podido deducir nuestra postura, y eso que estimamos enormemente a profesionales como Arancha Rodríguez, Melchor Ruiz y por supuesto nuestro adorado Tomás Guasch.

El caso es que Vini marcó y que a la COPE no le gustó que el brasileño celebrara su gol sin pedir perdón ni usar debidamente el cilicio. Lanzaron una botella al brasileño, que es lo que debería preocupar a todo el mundo. Sin embargo, ved el enfoque del incidente por parte del CM de la cuenta de X de la eximia cadena.

Como bien apuntaba un amigo tuitero, la pregunta debió estar complementada por otra que luciera, ya sin tapujos, la verdadera preocupación de la COPE.

“¿Lamentas que la botella no acertara con el objetivo?”

Pasad un buen día.

Courtois: notable. A Thibaut le da igual la trascendencia del partido, está ahí para evitar goles y habitualmente lleva a cabo su tarea con brillantez.

Carvajal: suficiente. Mbappé interrumpió un gran centro suyo cuando Gonzalo se encontraba en franca posición para remacharlo.

Rüdiger: suficiente. Faena de aliño sin errores groseros.

Huijsen: suficiente. Al igual que Camavinga, sufre desconexiones puntuales. Hoy no aprovechó el Sevilla una grave.

Fran García: suficiente. No escatima esfuerzos y suele jugar a su nivel.

Bellingham: suficiente. También luchó. Mejor sin balón que con balón.

Tchouaméni: bien. Se mantiene a buen nivel.

Thiago: aprobado. Comenzó errático en el pase. Después, no mejoró excesivamente.

Brahim: aprobado. Jugó el encuentro, como casi todos los que salieron.

Vinícius: bien. Mostró colmillo marcando el gol de la victoria y fue el atacante más incisivo, aunque sin llegar a molar del todo.

Mbappé: aprobado bajo. Falló varias ocasiones. Sigue peleado con la regla del fuera de juego. Firmó una asistencia de gol.

Camavinga: aprobado. Ejerció de pivote.

Mastantuono: bien. Estampó un balón contra el poste nada más salir.

Trent: sin calificar.

Gonzalo: sin calificar.

Leiva: sin calificar. Debutó con el Real Madrid. Ehorabuena.

Arbeloa: bien. Hizo su trabajo, que no es poco.

 

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Arbitró José María Sánchez Martínez del colegio murciano. En el VAR estuvo Daniel Jesús Trujillo Suárez.

Partido con varias acciones reseñables en el área sevillista y con más intensidad en los jugadores del cuadro local que en el visitante.

La jugada más polémica del partido tuvo lugar en el gol de Vinícius con un manotazo de Mbappé a Carmona que no se señaló como falta. El francés protegía el balón e impactó su antebrazo en la cara del futbolista local. Hizo bien en dejar seguir al ser un lance del juego sin intención ni voluntariedad.

Unos minutos después también se pidió en el equipo merengue una mano de Carmona en el área tras un cabezazo de Rüdiger, pero no era punible. Por último, la entrada de Kike Salas a Vinicíus fue imprudente y bien le pudo costar un penalti al zaguero. El defensa despejó, pero luego con fuerza puso su plancha en la rodilla de Vini. Ambos estaban picados y quiso marcar territorio.

En lo referente a las tarjetas, en total amonestó a cuatro jugadores. Todos ellos locales. Gudelj se libró por un agarrón a Thiago en el 45', pero ya no en la segunda parte por obstruir a Fran. Le siguió Alexis por protestar en el 79' y luego Juanlu por agarrar a Mbappé en el 83'. El último fue Agoume, por protestar ya terminado el choque.

Por último, cabe añadir que se anuló un tanto a Mbappé por claro fuera de juego en el 74'.

Sánchez Martínez, CORRECTO.

 

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Era el penúltimo partido de una temporada que ya había acabado. El Madrid viajaba a Sevilla sin ningún color especial, simplemente con su habitual segunda equipación azul. Allí esperaba un equipo resucitado que había firmado tres victorias consecutivas que le hicieron rebotar desde el fondo hasta la zona media de una clasificación en la que un punto arriba o abajo supone varios puestos.

El partido tampoco tuvo mucho color. Los de Arbeloa se impusieron en una contienda en la que ambos se afanaron en marrar ocasiones claras. Ganó el Madrid, pero quien lo celebró fue el Sevilla, que se salvó matemáticamente del descenso.

En pocos días, Mbappé ha pasado de ser —según sus propias palabras— cuarto delantero de la plantilla a titular. Dice mucho en favor del francés —muy criticado—, pues significa que ha trabajado con denuedo para sobreponerse a la adversidad. Todo un logro que merece ser resaltado.

El manicomio de Nervión —uno de los responsables de la reacción sevillista— recibió a los suyos entonando el habitual himno del centenario mientras los madridistas deseábamos que nuestro equipo no fuese una casa de locos.

La primera ocasión fue para los de Luis García Plaza. Oso metió un zarpazo desde la frontal que obligó a Courtois a estirar sus casi dos metros para despejar el balón.

El CTA había designado a Sánchez Martínez para dirigir la contienda. Su pose torera le iba como anillo al dedo al escenario.

La efervescencia inicial del Sevilla FC fue aplacándose, pero seguía creando peligro, principalmente por medio de Oso. Un centro suyo no acertó Akor Adams a empujarlo a la red.

El Madrid no desaprovechó la primera que tuvo clara. Mbappé la bajó con el pecho, la cedió a Vini y el brasileño pateó a gol. La jugada se revisó porque Kylian golpeó de manera involuntaria al defensor en la pugna. Como ya no sirve de nada, no se molestaron en anularlo. Más allá de que fuese justo hacerlo o no. En la tele afirmaron que fue falta sin lugar a dudas. Fue extraño, el otro día no pareció tan claro el penalti a Mbappé después de que le provocaran una brecha con el golpe.

Porque las decisiones arbitrales no se toman en función del reglamento, sino del interés.

Poco después hubo una mano en área local. A los motivos anteriores se les suma el embrollo normativo y de criterios a la hora de discernir si es o no penalti. En la situación actual, puede ser pena máxima un toque con la frente en el centro del campo y no serlo una atajada del central bajo palos. El fútbol ahora es así. Esta vez no fue penalti. Daba igual. Desde el punto de vista del aficionado blanco, aunque el resultado sí afectaba a terceros.

Vargas gozó de una oportunidad en el 31'. Chutó no muy lejos de la escuadra derecha de Thibaut.

Cuatro minutos después, Salas despejó el balón en el área una milésima de segundo antes de dejar impresos los tacos de su bota en la pierna de Vini. Aplica lo comentado antes: según quién golpee después de tocar el esférico y cuándo lo haga es penalti o no.

Boskov dijo aquello de fútbol es fútbol. Pero ya no es así: fútbol no es fútbol, fútbol es pressing catch.

Ganó el Madrid, pero quien lo celebró fue el Sevilla, que se salvó matemáticamente del descenso

Antes del 40', Mbappé ejecutó una acción muy suya: control, colocación de la bola hacia la derecha y golpeo potente al segundo palo. Últimamente también es habitual que no acierte a marcar. Quizá hable después del partido para decirnos quién o quiénes son los responsables de su desacierto, porque él no puede serlo.

Entre sol y sombra se llegó al descanso. Estos partidos que se disputan con la campaña concluida siempre son trepidantes y plenos de emoción. La tensión se corta con cuchillo y la incertidumbre por el vital resultado se mantiene hasta el pitido final. A pesar de ello, Sánchez Martínez sacó tiempo para explicar a Gudelj y Carvajal que uno más uno son siete.

Cabe destacar el buen estado físico que mantiene Gudelj cuando han transcurrido bastantes años desde su destacado paso por el Celta de Vigo.

Tchouaméni dispuso de la primera oportunidad de la segunda parte tras apoyarse en Mbappé. Su disparo lo despejó la defensa hispalense. El Sevilla anduvo cerca de empatar poco después por medio de Alexis, pero despejó en lugar de rematar.

Los de García Plaza se envalentonaron; sin embargo, la siguiente ocasión fue visitante. Kylian arrancó de tacón un contragolpe fantástico. Lástima que cuando se plantó frente a Vlachodimos olvidó que había más rivales, se confió y le robaron la pelota cuando el espétec goals —o como se diga— era 0,99.

De vez en cuando, la pelota se movía sola, como impulsada por la mente de Uri Geller. Pero se trataba del viento, esa fuerza invisible que sopla —como el agua que cae del cielo— sin que se sepa exactamente por qué. Tras efectuar las correspondientes consultas, comprobamos que ni Uri Geller ni Louzán se encontraban en el Sánchez-Pizjuán.

Arbeloa sustituyó a Tchouaméni y Thiago por Camavinga y Mastantuono en el 70'. Nada más salir, el argentino reventó contra el segundo palo un balón cedido por Vini. El siete se encargó de no aprovechar el rechace. La pugna por no marcar goles estaba reñida.

Poco después, Mbappé coló la pelota en la red con arte. El tanto no subió al marcador porque el diez incurrió en fuera de juego. Gonzalo lo observaba desde la banda mientras se quitaba la camiseta de calentamiento para colocarse la zamarra de jugar.

Akor Adams remató de cabeza desde cerca, pero la buena colocación de Courtois, unida a la poca fuerza imprimida por el sevillista, supuso que la acción terminara sin pena ni gloria.

Trent por Brahim y Gonzalo por Vini. El brasileño se marchó con molestias.

Huijsen regaló un balón a Alexis en la retaguardia que Isaac, muy cortés, no hizo el feo de convertir en gol. Ambos equipos se mostraban muy caballerosos cuando llegaban arriba. Deportividad, empatía, esto es lo que pide el pueblo español y no esa ordinariez de ganar.

Leiva debutó con la camiseta del Real Madrid. Entró al terreno de juego en lugar de Jude Bellingham.

Kylian no remató a gol un centro útil de Carvajal cerca del minuto noventa. La cortesía es capital para la convivencia.

Sánchez Martínez añadió tres minutos. Courtois evitó el empate en el último minuto con una parada excelsa.

Ganó el Madrid y se salvó Sevilla.

 

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Papá, cuéntame otra vez

aquella historia tan bonita

en la que los periodistas

siempre hablaban de un Real

en el que todo era fiesta…

Sí, aquella historia en la que, una vez expulsada la anciana junta, tras perpetrar un año sin títulos, llegó un nuevo presidente que logró que solo se hablase del Madrid para dar buenas noticias.

Se volvieron a ganar dos ligas consecutivas después de muchos años sin hacerlo. Como cuando estaba Ramón Calderón. De hecho, podía intuirse un patrón por el que Barça y Madrid se repartían las ligas según les hicieran más falta. De esa forma, todo el mundo era feliz. Incluso al Atleti le tocaba ganarla una vez cada diez o doce años. Así, la liga siempre tenía interés para la gran mayoría de los aficionados. Desde el extranjero también se percibía como una competición muy potente. Algo parecido a la Premier League, en la que nunca había un favorito claro.  Eso provocó que sus derechos televisivos se vendieran a todos los países de África y Asia y que el señor Tebas se hiciera inmensamente rico. Y como era una persona tan generosa, repartía mucho dinero entre todos los equipos.  Sólo les pedía a cambio unos “poquitos” derechos televisivos de sus próximos trescientos años. Con eso podían seguir comprando a los grandes jugadores que no habían tenido suerte en la Premier, pero cuyo sueño siempre había sido jugar en España. De hecho, hasta rechazaban importantes ofertas de equipos italianos y franceses para poder venir aquí a triunfar.

Tebas en caída libre: apocalipsis zombi en el fútbol

Gracias a esta gestión, el Madrid por fin vio que no le quedaba más remedio que poner el foco en su cantera. Así se llenó el primer equipo de chicos españoles. Todos eran majísimos, además de muy accesibles para la prensa y con muy buena presencia. Por eso se hartaron de anunciar chocolatinas, agencias de viajes e incluso seguros de deceso. Todo el mundo los quería, porque además hicieron una selección española muy competitiva que, en realidad, era lo que le interesaba al público. Mucho más que el fútbol de clubes. Por fin podíamos sentirnos orgullosos como país al ver a jugadores de toda la geografía patria peleando por hacernos campeones a aficionados del Madrid y del Barça juntos. Era precioso.

Daba un poco igual que no se volviese a ganar la Copa de Europa. Lo importante era que, año tras año, se intentaba. La prensa siempre decía que aquel año sí tocaba. En octubre, el Real Madrid era colocado como el mejor equipo de Europa todas las temporadas. Y a pesar de que siempre se cayera en cuartos de final, como el juego era muy vistoso, para el aficionado era como una victoria.  De hecho, nunca como en aquella época se vendieron tantos periódicos. La prensa escrita volvió a vivir días de gloria. Gracias a esas ventas y a sus correspondientes cupones, los aficionados pudieron disfrutar de las pantuflas del Real Madrid, un ajedrez con las efigies de los jugadores, platos, vasos y tazas con el escudo… incluso cuando ibas a El Corte Inglés a comprar cualquier otra cosa de merchandising que no era posible encontrar en un quiosco, te regalaban un ejemplar del ABC para que se lo dieras a tu padre. La tele también mejoró mucho. Real Madrid Televisión pasó a llamarse Iberdrola Televisión. Su presentador estrella, Javi Enríquez, comentaba los partidos mientras proporcionaba consejos de ahorro energético y trucos para seleccionar la mejor tarifa. Resultó ser un tipo con unas dotes comunicativas excelentes, tanto que acabó presentando el Estudio Estadio en TVE.

El ambiente político también experimentó una gran mejoría. Por fin los tan denostados políticos pudieron acercarse a los ciudadanos a base de compartir ruedas de prensa y actividades con algunos jugadores del equipo y demostrar que eran gente cercana que también sufría y disfrutaba con el fútbol. De hecho, insistieron mucho en que se retirasen todas las denuncias por aquellos hechos del pasado que involucraban al Barcelona y los árbitros en pos de una buena convivencia. Y vaya si se logró.

Así, el Madrid se convirtió en el preferido de todos los partidos políticos y al Bernabéu se lo rifaban para ser el escenario de los mítines de cierre de campaña, eso sí, sin música y hablando muy bajito para evitar molestar a los pobres vecinos. Fíjate si era estricta la norma, que hasta cuando volvió a España el Papa se le pidió que no hiciera la misa cantada.

Y así pasaron los años. La gestión económica era mejorable, pero ¿qué más daba? La solución era simple y pasaba por transformarse en sociedad anónima. Con la buena fortuna de que un jeque nada déspota compró el equipo. Entonces el Real Madrid era inmensamente rico y pudo volver a competir con los clubes poderosos de Europa, como el PSG o el Manchester City y así, treinta años después, llegó a ser de nuevo campeón de Europa…como cuando estaba Florentino.

Bueno, mejor déjate de cuentos, papá.

 

Getty Images y Gemini

¿Por qué escribir un libro sobre el Real Madrid y titularlo The Greatest? Sinceramente, porque no hay otro título posible. Invitaría a un café a cualquiera que fuese capaz de buscar una calificación más exacta y acertada que “el más grande” para explicar lo que representa el Real Madrid en la historia del fútbol mundial. Porque eso es lo que es el Madrid. No solamente el más exitoso, que también, sino el más grande. Lo es en Madrid, lo es en España, lo es en Europa y lo es en el mundo.

Hay otros equipos grandes, muy grandes. Hay otros equipos exitosos, muy exitosos. Ninguno, no obstante, es el Real Madrid. Un club que fue el mejor del siglo XX y va de camino, con un cuarto de siglo ya recorrido, de ser el del XXI también. A partir de esa premisa central, todo tiene más sentido. La pasión que despierta, el odio que genera, la envidia y la admiración. El peso de la camiseta blanca, el miedo escénico del Bernabéu y los sueños que habitan la mente de cualquiera que se vista de corto.

Vaya por delante que yo no soy madridista y, quizás por eso, siento que tengo la libertad total y absoluta de escribir sobre el Madrid. No soy esclavo de la pasión del hincha y puedo mirar al club, a su legado y a su gente con la genuina admiración de quien sabe que está delante de algo absolutamente único e irrepetible. Lo que sí soy es un madrileño adoptivo, alguien que pasó gran parte de su vida viviendo muy cerca de Chamartín, que conoce de memoria sus calles y sus recuerdos y a quien siempre le pareció increíble cómo es que el mundo realmente cree que sabe qué es el Madrid sin saberlo en absoluto.

The Greatest

El gran motor de esta obra literaria que la editorial Pitch Publishing edita para que la lean en el Reino Unido, Australia, Estados Unidos, Brasil o Suecia por igual es hacer justicia al legado de un club que se ha definido a los ojos de muchos solamente por los títulos cosechados y que dejó, también bajo responsabilidad directa de quienes lo manejan, que su historia la contaran otros. Otros que la han contado mal a propósito, como era previsible. Así que The Greatest, que es un libro sobre el Real Madrid, sus gestos, sus títulos, sus héroes, sus momentos y su legado, es, sobre todo, un libro sobre lo que es el Real Madrid y lo que no es, aunque muchos crean que sí.

¿Y qué no es el Real Madrid? No es el club de Franco. No es el club del poder. No es el club que tuvo en nómina al vicepresidente del comité de los árbitros. No es el club que rechazó acoger a un rival durante la Guerra Civil. No es el club que rechazó entrar por soberbia en la Copa de Europa y luego se montó una telaraña de conspiraciones para justificar su error. No es el club que intentó vender su parte de don Alfredo di Stéfano a la Juventus cuando la cosa se complicaba porque el argentino no era para tanto. No es el club que tuvo el apoyo de la fuerza aérea después de la Guerra Civil para sobrevivir. No es una institución que compite con doping financiero alimentado por estados petroleros o dueños multimillonarios. No es un club que excluye a los que no son madrileños o castellanos y cree que hay seguidores de primera y de segunda. El Real Madrid no es nada de eso.

¿Por qué escribir un libro sobre el Real Madrid y titularlo The Greatest? Sinceramente, porque no hay otro título posible

¿Qué es, entonces, el Real Madrid? Es el club de Juan Palacios, de los hermanos Padrós y de Pedro Paragés. El club que estuvo detrás de todas las grandes competiciones nacionales y también internacionales en su afán de superarse cada día. Es el club cuya cantera nadie valora, pero el único filial que jugó una final de Copa, participó en las competiciones europeas, ganó un torneo de Segunda División y dio al primer equipo la mayor generación de canteranos de la historia del fútbol español, con su récord de cinco ligas consecutivas.

Es el club que dijo no a un rey que le había concedido el título de Real por mantener su independencia en lugar de someterse al entramado financiero de la empresa del Metropolitano de Madrid. Es el club que tuvo un presidente socialista encarcelado y otro comunista fusilado por Franco. Es el club del espíritu castizo y castellano de la ciudad de Madrid y no de la comunidad vasca en la capital. El que era considerado por las altas esferas del franquismo como un nido de rojos, pero que fue tanto el club de Monchín Triana como el de Pahiño por igual. El club de un visionario que se convirtió en el presidente más importante de la historia. Es el club del miedo escénico y de la camiseta tan famosa que hizo que equipos como el Leeds o Liverpool cambiaran su equipación inspirados por sus éxitos.

The Greatest

Es el club de Gento, Alfredo y Ferenc, y también el de Sergio, Cristiano y Karim. El club de entrenadores de vanguardia como Valdano y Beenhakker, y de entrenadores más racionales como Mourinho y Capello. Es el club que España decidió odiar por simbolizar el centralismo y el que muchos han decidido amar porque representa la universalidad. Es el club que elevó el fútbol a su dimensión comercial bajo el liderazgo de Florentino Pérez a la vez que daba al mundo el último equipo totalmente romántico: los Galácticos. Es el club de la Orejona. De los goles en el último suspiro. Del éxito interminable.

Eso es el Real Madrid, un club que siempre ha estado más cerca del espíritu de la Fuerza y de los Jedi, pero que muchos han intentado pintar como la representación terrenal del imperio de Darth Vader. The Greatest: Real Madrid Never-Ending Story sirve, además de para recordar nombres, eventos, recuerdos y legados, para poner la verdad en el centro. Quizás ni siquiera todos los madridistas la conozcan en su totalidad. Y quizás todo empiece por ahí, que el madridismo descubra realmente qué es y qué no es el Real Madrid para luego no dejarse condicionar por todos aquellos que han intentado escribir su historia desde el odio y la rivalidad. En las páginas de este libro encontraréis la verdad y una certeza. Sólo hay un club que pueda considerarse el más grande, y ese viste de blanco.

 

Fotografías Pitch Publishing

Buenos días, amigos. A poco que miréis a vuestro alrededor, observaréis que la coma del vocativo ha caído en desuso. No ya por quienes no la han utilizado antes, sino por quienes —por oficio, decoro, lógica o simple vergüenza profesional— deben emplearla y servir de ejemplo.

Un motor Barreiros de 1964 nunca ha escrito una coma vocativa ni esperamos que la escriba nunca, en caso de que sus cilindros sigan explotando gasóleo aún. Tampoco esperamos que un aloe vera sea asiduo de esa separación que, además de resuello, aporta significado. Sin embargo, sí es de recibo exigir que un maestro la emplee.

Abrimos un paréntesis para invitaros a que realicéis una pequeña comprobación cuando concluyáis de leer este portanálisis. Acudid al lugar donde los profesores del colegio de vuestros hijos escriban sus comunicaciones a los alumnos. Es importante tener hijos, de lo contrario, probablemente no exista tal lugar en vuestro PC, móvil o agenda. Leed correos electrónicos al azar.

De cada diez, probablemente ocho estén escritos sin coma del vocativo. Habrá casos similares a: «Hola chicos, qué tal» o «Buenos días Baldomero». Un maestro, una maestra y un maestre —si es con mayúscula, olvidadlo— son referentes para sus pupilos. Si quien tiene que enseñar las normas no las sabe, será difícil que vuestra descendencia las aprenda y aplique.

Cerramos el paréntesis, pero seguimos con el asunto.

La prensa escrita debería ser también uno de los faros que iluminaran la senda de los renglones. Quizá algún día lo fue, cuando no era tan fácil acceder a cualquier tipo de contenido que permitiera formarse. En cambio, si intercambiáis algún mail con un periodista, es muy probable que comprobéis que un alto porcentaje no escribe una coma del vocativo ni loco.

Sirva este proemio para presentar la portada premiada con el MVP del día:

«ADIÓS BENFICA

HOLA MADRID»

En esta ocasión ni siquiera sirve de excusa la sustitución del signo ortográfico por un salto de línea, o el empleo de distinto color.

Adiós Benfica podría ser un central de Coímbra que Monchi barajó fichar en 2009. Y Hola Madrid suena a nombre de enésimo partido político surgido por la disgregación de la novena partición del núcleo original (o irradiador). Nada más lejos de la realidad, pues el mensaje es una despedida de Mourinho de su club actual y una bienvenida al —parece— próximo.

Debajo, podemos leer: «El club blanco tiene apalabrado a Mourinho y su fichaje se anunciará tras el proceso electoral». Hemos de confesar que el subconsciente nos ha jugado una mala pasada y de primeras leímos: «tras El proceso, de Kafka».

La pifia de los de José Félix es más sonrojante, si cabe, cuando comprobamos que Mundo Deportivo no cae en el atentado sintáctico de As.

Es imposible conocer la causa de tan extraño acierto. Este portanalista se decanta por que el titular no lo escribió un periodista, pues es el gremio menos tendente a su empleo (junto con el gremio de los motores Barreiros antes mencionado).

Eso sí, tienen el desahogo de subtitular «Atrás quedan cuatro temporadas impecables con tres Ligas y 119 goles que impulsaron la resurrección del equipo». Impecables. Ay. Su advenimiento llegó con la mácula del pecado original de la inscripción fraudulenta admitida merced a multitud de pecados capitales con palanca, freno y marcha atrás.

Si no fuese tan indecente y corrupta, esta historia podría ser una fantasía humorística de Jardiel.

Sport ha sido más listo y, conocedor de sus limitaciones, no se ha aventurado a una empresa tan ciclópea como la utilización de la coma vocativa. Despacha la noticia con un lacónico «Lewandowski se marcha».

La prensa deportiva ha decidido que hoy es día de despedidas. Después de la marcha de Lewan del FC Barcelona y la doble espantada vocativa de As, Marca despide a Griezmann. Afirma que se va del Atleti por la puerta grande. Quizá no para todos los aficionados. Parte de la hinchada no quedó demasiado contenta con el sainete del documental aquel de La Decisión y lo demostró colocando basura y ratas de peluche en su placa.

La obsesión de una parte del Atleti con la basura —véase Frente Atlético— y su afinidad faunística lindan con el trastorno. Contaron con un mapache como mascota; tildan de rata a cualquier futbolista que fiche por un club cuyo objetivo sea la obtención de títulos —lícita o ilícitamente— y no quedar el cuarto; a los madridistas los llaman ciervos; profieren el insulto racista «mono» a los rivales con cualquier tonalidad dérmica menos clara que un guiri antes de llegar a Benidorm (a veces, hasta los muerden). Quizá se deba a que llevan un oso en el escudo, cerquita del corazón.

Con todo, lo más triste es que hoy juega el Madrid y lo que preocupa a muchos no es su desempeño. Los madridistas deseamos que no haya lesiones y que no ocurra nada raro más. Los antis se frotan las manos ante la probabilidad de otro comportamiento lamentable de algún miembro de cualquier área del club.

El error que ha dejado en coma a la portada de As nos ha servido para solventar este portanálisis, uno de cuyos objetivos es proporcionar entretenimiento en estos momentos convulsos. Hecho, sin embargo, que no pretende servir como cortina de humo que opaque los numerosos errores cometidos por el Madrid de un tiempo a esta parte. Más bien al contrario, este portanálisis nace con el objetivo de mostrar que, apetezca más o menos realizar las tareas de cada uno, es obligatorio llevarlas a cabo para el buen funcionamiento de cualquier empresa.

Espabila y trabaja, Madrid. No es la primera ni será la última vez que le das la vuelta a un embrollo así. «La noche es más oscura justo antes del amanecer»*.

Pasad un buen día.

 

* Concesión a la galería más cursi, colocada aquí como cebo para comprobar si seguíais prestando atención.

La realidad, por suerte o por desgracia, es muy tozuda e introducir une nueva estrella (Mbappé) en un sistema binario (Vini Jr. – Bellingham) ha sido como meter una pieza externa en una maquinaria que funcionaba por equilibrio (si no de juego, al menos de títulos). Al principio parecía el refuerzo, pero su atracción gravitatoria ha roto ciertas órbitas estables y ha transformado un baile predecible en un problema de tres cuerpos donde las trayectorias se vuelven caóticas e imprevistas.

Como en el sistema estelar, no hay forma sencilla para recuperar la estabilidad. Hace falta tiempo, ajustes cuidadosos e incluso sacrificios para reconfigurar el sistema y volver a la armonía, que en el fondo no deja de ser la aspiración de cualquier grupo humano…


Pero no pretendo con este texto escribir de táctica o fichajes, hay artículos muy buenos de especialistas tanto en La Galerna como en otros medios. Por mi parte, quiero volver a llamar la atención sobre lo siguiente: aunque lo más importante sean los títulos y el primer equipo, en tiempos de crisis, las respuestas no vienen solo de un lugar. Incluso nuestra galaxia posee otras galaxias satélites que acaban influyéndola de una u otra manera, y cada una es necesaria para recomponer el orden. Y ese remedio múltiple recorre, como onda gravitatoria, a todos los satélites del Real Madrid, como son las peñas internacionales del club, porque nada queda al margen del movimiento que busca restablecer la armonía.

Es esencial que el Real Madrid no olvide cuidar a sus embajadas, que son las peñas. que las apoye y fortalezca, porque en su crecimiento y estabilidad reside también la esencia del club

Como ya escribí en La Galerna, las peñas internacionales del club son las verdaderas embajadas del Real Madrid, portan identidad y organizan una logística que reúne cientos de aficionados, haciendo que cualquier estadio sea una extensión del Bernabeu. Obviamente el club más seguido del mundo va a tener un gran respaldo, pero últimamente las pruebas de la importancia de las peñas sobran… Desde la afluencia el pasado verano en el Mundial de Clubes en Estados Unidos, donde el Madrid jugaba prácticamente “en casa”, hasta el apoyo masivo en esta exitosa edición de la UEFA Youth League finals en Suiza.


Las peñas internacionales afrontaron tiempos muy complicados durante la pandemia, algunas de ellas no pudieron sobrevivir a esa travesía… Ahora, cuando comenzaban a renacer y a vibrar de nuevo, esta crisis de juego y resultados les pesa como una sombra. Es esencial que el Real Madrid no olvide cuidar a sus embajadas, que las apoye y fortalezca, porque en su crecimiento y estabilidad reside también la esencia del club y el poder atraer a miles de nuevos aficionados internacionales en el futuro.

 

Getty Images

 

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