Buenos días, amigos. Hay dos nombres del día, si bien, al estar sus destinos de algún modo unidos, es casi un solo nombre-fusión: Dembappé.
Dembélé y Mbappé. Dos hombres y un destino. Ousmane y Kylian. Ousmylian. Kylmane.
Sí, acepto la pastilla, gracias. Este portanalista lleva demasiados portanálisis veraniegos a sus espaldas. El otro portanalista principal está de vacaciones. Se empieza a notar, ¿no? Ya le falta poco. Que disfrute lo que le queda. Mi turno de asueto comienza el jueves, y mi propósito es vacacionar concienzudamente en cierto paraje playero no lejano al lugar de nacimiento de Fernando Hierro.
-Y a nosotros ¿qué nos importa esto? Sea profesional. Cumpla usted con su cometido como portanalista y analice, denos algo a cambio de nuestro dinero (??).
Puedo escucharos, queridos galernautas, protestando por haberme entretenido en confesiones estrictamente personales cuando estáis ansiosos por ver las portadas de la jornada. (Nota respetuosa: si realmente lo estáis, es posible que seáis vosotros quienes más necesitan la pastilla).
Marca informa de la inminente partida de Dembélé en dirección PSG, lo que según el diario dirigido por Gallardo supone otro empujón para la salida de Mbappé. Es imposible sustraerse a la tentación de ensayar unos ripios con tanta aguda acabada en -e.
Parte ufano Dembélé
con un maletón gigante
y dirección PSG.
Nos cuentan Gallardo y cía
que eso coloca a Mbappé
muy cerca del Bernabéu
y jugando para usté.
La conexión parece clara. Clave Dembappé. El que el jeque fiche a otro atacante, con un perfil similar al de su compatriota, parece abonar la tesis de que Kylian puede estar próximo a volar a Valdebebas. A nosotros lo que nos gusta de la portada de Marca es la foto. Dembélé siempre nos ha producido una extraña forma de ternura. Nos recuerda a algún personaje de Ice Age, y desde que supimos que se quedaba dormido en los aeropuertos y Jordi Alba tenía que buscarle por la terminal para evitar que el avión despegara sin él, le tenemos una consideración que comparte con muy pocos de sus compañeros de vestuario. Ese aire de empane permanente excita nuestro instinto maternal, y si es verdad que se marcha le vamos a echar de menos.
Por otro lado, ¿qué demonios lleva el bueno de Osumane en ese pedazo de maletón? Camina con aire muy decidido, como si se hubiera divorciado en secreto y llevara a su nueva prometida en la maleta, dispuesto a casarse con ella en el avión, en ceremonia conducida por el comandante. Ousmane es raro cual bigote en pierna, amigos, y no sobran en nuestras vidas locos lindos como él, excéntricos de mirada despistada y aire tímido que te sorprenden una y otra vez con cosas delirantes, niños grandes con toda la pinta de bañarse durante horas haciéndole olitas a un patito de goma. A veces, muy de cuando en cuando, como el sábado, nos marca un gol, y en nuestro fuero interno pensamos: si alguien tenia que hacerlo, nos alegramos de que haya sido él.
Sport da por perdido a Ousmane, como refleja el taxativo título de la portada de hoy. Nos parece de excelente educación que le digan adiós. Es lo que corresponde hacer con quien se marcha según todas las reglas de urbanidad, si bien hay otras reglas, que el portadista de Sport parece desconocer, según las cuales si te despides por escrito debes usar la coma del vocativo.
Pensándolo bien, es muy posible que otra de las razones por las que Dembélé nos cae bien es porque ha sido un pésimo negocio para el Barça. Costó 150 millones. Hay quien todavía reprocha al Madrid, por ejemplo, el precio de Bale, que costó 2/3 de esa cantidad y ganó entre otras 5 Champions, siendo muy importante en varias de ellas. Parece que Dembélé se marcha del Barça, y el balance no puede ser más catastrófico: se ha pasado lesionado gran parte de los 6 años en que ha estado en nómina, ha marcado unos escasísimos 39 goles y tras costar esa millonada se va ahora por 25 millones, ya que parece ser que por contrato el 50% de lo que perciba el Barça se lo queda el representante del futbolista.
Si Florentino Pérez protagoniza una gestión tan nefasta, tiene que exiliarse a Sumatra en el primer avión rumbo a Paraguay (para ponérselo más difícil).
Mundo Deportivo también da por casi cerrada la incorporación de Dembélé al club parisino, pero la operación aún tiene aristas que, en la línea de excentricidad del protagonista, son más rarunas que un ataque de honestidad en Medina Cantalejo. El PSG podría pagar la cláusula y ya, pero parece ser que Osumane ha consultado con su osito de peluche y ha decidido que el Barça se beneficie un poco más de la operación, lo que tiene a las partes hablando. Como enfaden a Alkhelaifi, la negociación se puede ir al traste y Laporta puede acabar con un ojo morado (es decir, como siempre) si nuestro hombre del Golfo (del Pérsico, no de Laporta) saca a relucir su vena de vestuarios del Bernabéu.
As, por su parte, pasa de todo esto. La postura editorial del diario es que Mbappé no va a venir. Veremos cómo les sale la apuesta, pero el resultado, de momento, es que no se meten en profundidad ni en lo de Ousmane ni en lo de Kylian, ni qué decir de lo de Kylmane.
A cambio, traen una entrevista exclusiva con el Cholo Simeone, cuya existencia casi habíamos olvidado entre tantas campañas grises y veranos brumosos. Y ahí tenemos al Cholo, amenazando con una subida de adrenalina.
Pero, Cholo: ¿más?
Yo de vosotros, queridos lectores, me encerraba en casa en los próximos días, máxime si vivís en los aledaños del Wanda, y solo permitiría que el guardaespaldas sacara a pasear al dóberman si ambos van armados hasta los dientes. Hay amenazas que no deben caer en saco roto.
Pasad un buen día.
Servidor tiene manitas de ginecólogo. Pequeñas, juguetonas. Cariñosas. Capaces de entrar, moverse y resolver en espacios reducidos. Me lo dijo un profesor hace unos muchos años. “Tú tienes que ser ginecólogo, esas manitas…”. Sí. Mis manos son Amancio en manos. Cito al gallego pues cuando aquel consejo era el rey de la cosa reducida.
No le hice caso al maestro, quizá me equivoqué. El caso es que con mis manitas me fui ayer al campo de fútbol más próximo, el del Mercadal CF, agarré una escalera y con mis manitas medí el travesaño. Me sobró mano derecha. No probé con la izquierda, pero imagino que el resultado habría sido el mismo.
Es un ‘peazo’ madera a lo largo. A lo ancho, poca cosa. Bajé y me retiré unos metros. Ves la portería así, de frente, y concluyes: hay que tener mucho arte para darle una vez a cualquier palo. El Madrid lo hizo cinco veces. Los yanquis acabaron encantados. Buscan show en el deporte y los blancos no le fallaron. Se explica que casi todos sean madridistas.
Leí y escuché que le faltó puntería. Disiento: darle a eso cinco veces, cinco, los pistoleros del Oeste. La portería es enorme y la pelota, como mis manitas, pequeña. Y más allá de la portería está el resto del mundo. Lo normal ‘quicír’ es mandarla al carajo o entre palos. Puede, claro, que si se da esa opción el portero bloque o despeje el lanzamiento. Pero darle a la madera y cinco veces está sólo al alcance de los elegidos. El guardavallas Ter Stegen se rió de lo lindo cuando el zapatazo de Tchouaméni dio en el larguero, en su cabeza y se fue a córner. ¡Qué arte!
El Madrid no me desagradó en ataque. No marcó, pero llegó 28.000 veces. Si hubiera defendido parecido, la cosa habría acabado 0-0. Creo que el reto de Ancelotti y cía está atrás más que arriba. En lo que requiere atención, sacrificio, concentración
Cosa parecida se la vimos al Barça en la final de la sexta Copa de Europa. Tras atracar al Madrid por dos veces, en el Bernabéu y en el Camp Nou, los arbitrajes de Ellis y Leafe, abuelos de Obrevo y Aytekin, se plantaron en Basilea ante el Benfica pre Eusebio. Palmaron 3-2 el gran Kubala y compañía y le dieron tres veces a los palos que eran cuadrados. Un despelote fue. Tanto que la UEFA ordenó que en adelante fueran redondos. Entraban los 60. Con palo cuadrado el Madrid ganó cinco y con los de ahora, nueve. Un detallito.
El Madrid, por cierto, no me desagradó en ataque. No marcó, pero llegó 28.000 veces. Si hubiera defendido parecido, la cosa habría acabado 0-0. Creo que el reto de Ancelotti y cía está atrás más que arriba. En lo que requiere atención, sacrificio, concentración.
Y viene de lejos, no es de este verano. La asignatura del arte la tiene aprobada. Le queda pendiente la del fajarse, también el aseo en la salida una vez recuperada la bola. Marcar no sólo con la mirada. La cosa defensiva que empieza en el ataque.
Se lo cuento el 31-J, fecha en la que MBappé debe cobrar una parte de su prima de fidelidad al PSG. Lo que firmaron, vaya. ¡Pesetero! Hombre, si Arabia le iba a dar 700 kilos y los rechazó -también las tres o cuatro ofertas de renovación del todavía su club- estamos ante un pesetero sui generis. Un fijo discontinuo del peseterismo.
Lo del amor por el dinero me excita. ¿Es más pesetero un futbolista que pide lo firmado o uno de los directivos y similares que sacaron más de siete millones del Barça en la cosa Negreira? Sí, nos cuentan que ni un euro acabó en el bolsillo de un árbitro. Vale. Bien. ¿Y la pasta? ¿’Ande’ la llevó el Team Negreira? Eso es amor a la peseta químicamente puro. Y menos bonito.
Kylian pues fichará -imagino- por el Madrid en agosto. Uno de los hombres clave está preparando la maleta, ojo. No puedo decir más. Agosto. Es su mes. Su momento. Me encantaría que se hiciera oficial en el descanso del partido en San Mamés, primero de la Liga.
EL PSG quiere a Dembelé y me parece bien. Y lógico: Laporta dijo que el llamado Ousman es mejor que el futuro 9 del Madrid. Y Laporta, en materia de fútbol y señoras, es un crack indiscutible.
Hola a todos. La resaca del cada día peor llamado clásico nos obligó ayer, en esta sección donde repasamos las portadas y otros dislates de la prensa patria (incluyendo, con su permiso, la catalana), a aparcar por el momento un abracadabrante artículo firmado por Lluís Mascaró en Sport. Ha llegado el día de mostraros el funcionamiento de una mente calenturienta y/o (no son excluyentes) los mecanismos internos de una jeta tamaño XL.
-¿Es estrictamente necesario?- os preguntaréis apesadumbrados.
Pues sí que lo es, amigos, y alguien tiene que ocuparse de estas cosas, pues de lo contrario terminarán por hacer colar la especie no ya de que el Barça fue la simple víctima de un chantaje de Negreira (¡eso ya lo están diciendo!), sino de que fue Florentino, patrocinado por Franco, quien se hizo con los servicios del dirigente de los trencillas para hacerle declarar ante Hacienda que llevaba 17 años a sueldo de los culés para garantizarles arbitrajes "neutrales", así como que el auténtico socio de Rubiales para lo de la Supercopa arábiga no fue Piqué sino Modric, entre otras muchas cosas.
Bajo el ya despelotante título "La mentira del caso Negreira", Mascaró empieza fuerte.
El ‘caso Negreira’ se ha diluido tanto que hasta la UEFA ha decidido aparcar cualquier tipo de sanción. La campaña de acoso y derribo contra el club blaugrana, amplificada hasta extremos paranoicos por la caverna mediática, no ha conseguido a lo largo de todos estos meses ninguno de sus objetivos. No sirvió para desestabilizar al equipo, porque acabó ganando la Liga con extraordinaria solvencia. No sirvió para hacer tambalear el Espai Barça, porque los inversores extranjeros dieron su apoyo inequívoco a Laporta. No sirvió para manchar la imagen internacional del club, porque todos los grandes futbolistas (Gündogan es el mejor ejemplo) quieren venir al Barça. Y no ha servido, tampoco, para expulsar al conjunto blaugrana de Europa, porque los investigadores de Ceferin han sido incapaces de encontrar alguna prueba de las supuestas irregularidades. En definitiva, mucho ruido y pocas nueces. Lo cual demuestra lo que siempre defendió el presidente: los enemigos del Barça, que son muchos y muy poderosos, intentaron destruir el club aprovechando su delicada situación financiera. Vertiendo grandes mentiras y manipulando. Pero no lo han conseguido.
Sería interesante saber a qué llama Mascaró "diluirse". Si por tal cosa se entiende el irse de rositas después de delinquir deportivamente durante un mínimo de 17 años, entonces lo de Negreira se ha en efecto diluido, ya que el club catalán no ha sufrido sanción alguna, ni deportiva ni penal, por lo que a todas luces es un crimen mayúsculo contra la limpieza del deporte.
Agrega el bueno de Lluís que la "campaña" se ha "amplificado hasta extremos paranoicos", cuando francamente no se nos ocurre de qué modo se podría amplificar todavía más la enormidad de lo que ya se sabe, es decir, que el Barça pagó durante 17 años (mínimo) el vicepresidente del colectivo arbitral y que este reconoció (repetimos) que había cobrado más de 7 millones de euros para garantizar a su cliente "neutralidad". En lo que acierta plenamente Mascaró es en que el conocimiento de este escándalo no ha hecho ningún daño al Barça (si acaso de imagen, aunque lo niegue el autor), pero nadie ha sancionado a la entidad catalana, ni la justicia deportiva española por efecto de la callada labor del exdirectivo culé Albert Soler (que desde su puesto en el CSD dejó caducar ladinamente el delito desde el prisma deportivo), ni una UEFA que ha decidido esperar a que haya sentencia por la vía ordinaria antes de sancionar a quienes según el propio Ceferin son autores de (le citamos) "el caso de corrupción más serio que nos hemos encontrado".
De momento. Porque la vía judicial, incomprensiblemente, sigue abierta aunque ya haya quedado demostrado, por activa y por pasiva, que el Barça no sobornó a ningún árbitro ni se benefició de ningún trato de favor. Otra cosa es que tener a sueldo al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros pueda considerarse éticamente reprobable... Estéticamente no es defendible. Y en eso sí que el Barça, cuando todo el proceso quede cerrado y se demuestre que no incurrió en delito alguno, debería hacer autocrítica y pedir perdón. Porque no solo hay que ser honesto, sino también parecerlo.
¿Qué os parece, amigos? ¿Delirio extremo? ¿Sinvergonzonería al por mayor? ¿Tal vez mitad y mitad? ¿60% de delirio y 40% de sinvergonzonería, o invertimos los porcentajes? Como dice nuestro colaborador Alberto Cubero, lo peor de esta gente no es que aflojen esfínteres en el interior de la piscina de todos, sino que lo hacen desde lo alto del trampolín, partidos de risa y sosteniendo un altavoz que desparrama reggaetón desde la cumbre.
Dice Lluís que la vía judicial sigue "incomprensiblemente" abierta. Nosotros, no, Llúís, y nuestros hijos tampoco, pero ya verás cómo se van a quedar nuestros nietos cuando vean que el Barça es "incomprensiblemente" condenado por los descendientes de los actuales jueces. Intenta nuevamente Mascaró hacer valer la idea de que "el Barça no sobornó a ningún árbitro" cuando sabe perfectamente que nadie sostiene que ese sea el delito. El delito no fue (aunque a lo mejor también) quedar en una gasolinera con verbigracia Hernández Hernández y entregarle un sobre cerrado, sino comprarse el conjunto del sistema precisamente para evitar trámites tan individuales y engorrosos. El Barça sobornó a quien estaba en lo alto de la cadena de mando de los colegiados para que (solo o en compañía de otros, DEP D. Victoriano) usara su poder en beneficio del cliente. Esa es la acusación, como bien sabes, Lluís, y no la que pretendes hacer pasar por tal.
"Otra cosa es que tener a sueldo al vicepresidente del CTA pueda considerarse éticamente reprobable. Estéticamente no es defendible". Al principio parece Mascaró apuntar a la ética, pero enseguida recula y se centra en la estética, que es otra cosa eufemística muy en boga entre los negreirólogos. Parece ser que sobornar a la cúpula del estamento arbitral durante dos décadas estuvo mal desde un punto de vista estrictamente estético, como si vas ligeramente desaliñado en una cena de gala y te disculpas por el detalle. Pero esto está feo desde un punto de vista distinto, Mascaró. Esto está feo desde el punto de vista de un ladrón que te roba la cartera, o sea, no está feo sino que es feo: no es que parezca mal sino que está mal, bien lo sabes, Lluís. Y no pensamos darte las gracias porque sugieras que el Barça pedirá perdón por esta disculpable falta de higiene que le atribuyas "cuando se demuestre que no incurrió en delito alguno", primero porque lo que se demostrará algún día a los ojos de nuestros nietos será justo lo contrario, o sea, que el Barça cometió un delito de corrupción continuada, y segundo porque no necesitamos tus pírricas concesiones a la galería. "Tendremos altura de miras y pediremos perdón por esta menudencia", pareces decir, "pero será cuando queramos y a pesar de que en realidad no tendríamos por qué porque es una cosa meramente estética". Hay peticiones de perdón, estimado Mascaró, que muy bien pueden seguir la ruta por donde nunca sale el sol.
Por lo demás, es llamativo que la razón que das para esa hipotética petición de perdón sea que "no solo hay que ser honesto sino también parecerlo". No te preocupes por eso. En el caso del Barça la disyuntiva se resuelve sola, por cuanto dicho club ni es honesto ni lo parece.
Os dejamos con las portadas del día.
Es como estar tirando solo. Se impone parafrasear a Sergio Dalma ante los curiosos comentarios a los que ha dado lugar el último (cada vez peor llamado) clásico veraniego, que tiene al sector más histérico del madridismo de las redes sociales dudando entre defenestrar a Ancelotti, volver a hacer memes sobre Vinicius o declarar finalizada sin éxito la campaña 23/24. O todo ello.
El Madrid palmó contra el Barça, 3-0 además, y yo entiendo que eso genere siempre abatimiento e irritación. Yo soy el primer irritado. Duele mucho perder contra quien se ha ido de rositas después de comprarse la competición durante no sabemos cuántas décadas, pero un mínimo de dos. Hay que encontrar alivio ante el hecho de que fuera un partido amistoso, no por el hecho en sí de que lo fuese, sino porque es el único tipo de partido, el amistoso, que al Barça se le debería permitir jugar después de haber (repetimos) adulterado la competición pagando a la cúpula del estamento arbitral durante al menos 17 años. Dolería más haber perdido un partido oficial, no solo por serlo, sino por la conciencia de que el Barça no debería disputar partidos oficiales después de haberse reído de todos los demás a lo largo de lustros y lustros.
Y también hay que encontrar alivio (dado que en la pretemporada es más importante la puesta a punto y los ajustes que los resultados) ante el hecho de que el Madrid jugara bien pese a perder. Pero cuidado, porque primero está quien no quiere encontrar ningún tipo de alivio en medio de su frustración, y luego está quien no considera que el Madrid jugara bien. Es más, considera que jugó muy mal. Cuando esgrimes a este último el argumento de los 6 postes que pegó el Madrid como prueba de que muy mal no pudieron jugar, niegan el hecho de que dichos postes prueben nada, aunque sean 6 (lo nunca visto: 4 largueros y 2 postes), dado que la mayoría de ellos “no se corresponden con auténticas ocasiones de gol” (cito más o menos textualmente).
El panenkismo ha hecho más daño de lo que yo pensaba. Cuando les preguntas de qué modo es posible que un balón al palo -que es lo más cerca del gol que se puede estar sin marcar gol- no cuente como ocasión, aluden al concepto de gol esperado (GE) como definición, supongo, de lo que consideran una ocasión de gol como Dios y las pizarras mandan. Con arreglo a esta lógica, el trallazo al larguero de Tchouaméni no es una ocasión de gol porque nadie esperaba que metiese gol desde allí, aunque de hecho estuviese cerquísima de hacerlo. En el caso del larguero postrero de Vinicius, supongo que no cuenta como ocasión de gol porque estaba demasiado escorado, por lo que en términos de GE la jugada está tan en pelotas como el chutazo del francés.
Tirar de lejos no es tirar, amigos, y parece que tirar con poco ángulo tampoco, aunque estés a puntísimo de meterla. En lugar de incrementarse el mérito de la acción, la distancia o escoramiento la disminuyen. Si resulta que la metes será gol, vale, pero no como resultado de que hayas creado una ocasión de gol, sino que el gol habrá brotado de la nada, por así decirlo. Por tanto, el Madrid jugó muy mal porque no creó ocasiones pese a estrellar el balón en la madera 6 veces, que es una cosa paranormal quizá, pero en ningún caso un testimonio de juego decente.
El panenkismo ha hecho más daño de lo que yo pensaba. Cuando les preguntas de qué modo es posible que un balón al palo -que es lo más cerca del gol que se puede estar sin marcar gol- no cuente como ocasión, aluden al concepto de gol esperado (GE) como definición, supongo, de lo que consideran una ocasión de gol como Dios y las pizarras mandan
Cuando estás empeñado en sufrir, cualquier cosa te sirve para ello, y nada en absoluto te proporciona el mínimo confort. Comprendo que el madridismo es inconsolable en la derrota, pero de ahí a negar el pan y la sal a un equipo que nos hizo vibrar en amplias fases del partido hay un abismo. Vibró la madera, y con ella nosotros. No vamos a ir a Cibeles a celebrar los 6 palos, ignominia que ya nos atribuyen los memes, pero si no podemos ni ponderar el mérito de determinadas jugadas para aplacar nuestra desazón, después de un partido de pretemporada, porque el libro gordo de Aitor Lagunas y Marcos Ruiz dice que eso no fueron ocasiones de gol comme il faut, lo mejor es que apaguemos la luz y dejemos de bailar. Será como estar llorando solos.
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Buenos días. El Real Madrid cayó por 3-0 ante el Barça, cosa que puede pasar. Queremos decir que es posible. Lo que en cambio no puede suceder, porque es imposible, es que remates cinco veces al larguero (o cuatro al larguero y una al poste, o dos al poste y cuatro al larguero, ya ni sabemos) porque eso supone una revocación de las leyes de la probabilidad.
Y sin embargo sucedió. Y tampoco fue una cuestión de falta de puntería o de incapacidad atacante, porque (salvo el penalti lanzado por Vinicius) no fueron balones al palo que malograran claras oportunidades, sino acciones meritorias del rematador, chuts lejanos en su mayoría. A partir de aquí, leed la crónica de Andrés Torres y culpad a quien queráis, al rombo de Ancelotti, al apartamiento de Vinicius de la banda, a los fallos en defensa (ay, Mendy), al lucero del alba. Cualquier análisis nos parece legítimo, siempre y cuando vaya precedido de la asunción de que serán análisis no de un partido de fútbol propiamente dicho (aunque también), sino de un poltergeist veraniego.
Porque repetimos: disparar cinco veces al larguero en el transcurso de un partido es imposible, aunque sucediera. Pero hay una cosa más imposible todavía, tanto que esta sí que no sucedió: es imposible tirar cinco veces al larguero (o cuatro al larguero y una al poste, o lo que sea) habiendo hecho un partido “pésimo”, como sentenciaron muchos en redes sociales. Hay que hacer más al amor, amigos. No se puede ir por la vida con ese afán de devastación, por mucho que duela perder ante los hijos putativos de Negreira, por muchísimo que escueza ser goleados por ellos cuando el partido nada tuvo que ver con el marcador.
Sí, ya lo sabemos. No debemos caer en el argumentario prototípicamente culé, lo del “marcador impostor”’y demás excusas baratas. Totalmente de acuerdo, pero tampoco se puede hablar del encuentro de ayer como si hubiese existido una mínima correlación entre fútbol y resultado, como si no hubiera habido un poltergeist (o cinco poltergeist y dos subversiones de lo posible, lo que sea). Analizar lo de anoche como si hubiera sido lo más normal del mundo sería como hablar del Barça como si no hubiera comprado al estamento arbitral durante un mínimo de dos décadas, es decir, algo que La Galerna no está dispuesta a hacer.
Para otros, en cambio, ayer no sucedió nada llamativo relativo a los palos de las porterías (tampoco a las prodigiosas manos de Ter Stegen), y son capaces de contarte las cosas como si nada en ese sentido hubiera ocurrido. No es de extrañar, porque son exactamente los mismos que entierran la desvergüenza de la compra de la cúpula arbitral llevada a cabo por el Barça como si no hubiera sucedido tampoco.
Ahí lo tenéis, amigos. Se ve que para Mundo Deportivo no hay nada de particular en el hecho de que un equipo la mande cinco veces al palo o qué sabemos cuántas, puesto que no hay la menor mención a esta anécdota en la portada. Raro es, para los profesionales de Mundo Deportivo, el partido en que uno de los oponentes (no entre los dos, sino uno de ellos) NO estrella cinco balones en el palo en el transcurso de un encuentro. “Baño de verano”, titulan, con fotografía del sorprendente Fermín. Baño de millones el que las arcas culés hicieron llover sobre Negreira a lo largo de un mínimo de dos décadas para tener bajo control al colectivo arbitral.
A los amics de Sport les pasa lo mismo. ¿Alguien ha visto alguna vez algún partido en el cual uno de los contendientes no tire quince o dieciséis veces al larguero? Así, el que ayer los de Carletto lo hicieran cinco veces (o seis) no les llama la atención y, por consiguiente, como sus amigos de Sport, tampoco lo hacen figurar en portada. La máxima concesión que están dispuestos a hacer el Madrid es por la vía indirecta, o sea, afirmando que el choque fue “vibrante”, en el entendido de que sí lo fue lo sería porque ambos rivales jugaron muy bien.
Marca, el diario de todas las aficiones, sí refleja que el Madrid tiró a la madera en un millón y medio de ocasiones, pero se decanta por un titular aséptico, algo que no hiera más de lo debido al aficionado blanco pero que también halague someramente al hincha del negreirismo. Ya está: “el Barça golpea primero”, titular poco sonoro que no hace sangre y que contentará al patrocinador máximo del rotativo, a la sazón cocinero de huevos con chistorra con la complicidad de Laporta.
Hemos ordenado hoy las portadas, como enseguida calibraréis, de menos a más dignidad. As destaca la abundancia de remates a los palos por parte de los blancos como el componente más llamativo del choque, y acierta en ello, porque lo fue. Apunta además que “el Madrid puso el fútbol y el Barça los goles”, lo que tampoco es un análisis desatinado para nadie que presenciara el cada día peor llamado “clásico”.
Y esta es la historia, queridos galernautas. El que quiera quemarse metafóricamente a lo bonzo (o quemar a otros) para mostrar su disconformidad por un marcador terrible -y terriblemente injusto- en la pretemporada tiene nuestro permiso. Maldecid la falta de acierto, la defensa fallona en la salida del balón, la desubicación de Vini, el esquema diamantino. Exigid el cese de Ancelotti. Haced lo que queráis. Para nosotros fue un poltergeist, y como tal hay que encargar a los muchachos de Expediente X, y no a Manolo Lama, el examen de los desperfectos.
Pasad un buen día.
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Courtois (5). Sin milagro.
Mendy (4). Peligroso… para su equipo.
Militão (5). Serio, pero desconectado al final.
Alaba (5). Ídem.
Carvajal (5). Corajudo pero sufriente.
Tchouaméni (7). El mejor del Madrid. Valladar en defensa. Sacó a relucir su fenomenal disparo a larga distancia.
Camavinga (6). Dinámico, activo, voluntarioso.
Valverde (5). Apagado.
Bellingham (5). Intermitente.
Rodrygo (4). Fallón y despistado.
Vinicius Jr. (5). No puede ser el 9. Lo intenta siempre.
Fran García (6). Bravo. Le plantó cara a Dembélé.
Kroos (4). Un error impropio de él.
Modric (5). Dejó alguna delicatessen.
Joselu (5). Poco tiempo. Rondó peligro.
Brahim (-). Sin tiempo.
Ancelotti (5). En busca de la fórmula del alquimista.
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Nos quitaron el Teresa Herrera. Nos arrebataron el Carranza. Hasta la Supercopa se la tuvieron que llevar al desierto. A cambio nos timan y nos brindan un Madrid-Barça de veraneo. Estival y en Dallas, ciudad de magnicidios, ese por el que suspiran cada día, el nuestro precisamente, els nostres amics blaugranas, sea Liga, Copa, Shempions, Uropali, o The Cookie Trophy. Sin Gavi en la convocatoria, al menos sabíamos de antemano que a priori no habría necesidad de paramedics en el AT&T de la ciudad de Texas.
Con su aura frankestiniana Oriol Romeu nos despertó del letargo propio de la somnolencia de las noches de verano con un trallazo al larguero. Respondieron pronto Vini y Goes, en su nueva función de Pareja de Oro, que hiciera de Oliver Atom y Tommy Backer en el New Team una dupla imparable. Lo que ocurre, de momento, es que alejar a Vini de su autopista acaba por atascar el centro y desemboca en Ferland Mendy tirando melones desde la izquierda. Tiempo al tiempo. Esperemos que este rombo que se ha sacado Carletto de la chistera no acabe en Cuadrado Mágico de Vanderlei Luxemburgo. Mientras tanto, pudo Bellingham estrenar incluso su cuenta en un Clásico, aunque fuera este descafeinado, pero se aturulló y malogró el excelente servicio profundo de Valverde. Fue el preludio de una brillante jugada de pizarra de la xavineta; es justo reconocerlo.
Un saque de esquina cedido al balcón del área fue aprovechado por Gündogan, que asistió para derechazo inapelable de Dembélé. Se las prometía felices el Barça mientras Maldini se relamía de gusto con cada boutade que pudiera protagonizar Frankie. Ya saben ustedes que esa terminación -Frankie, Gavi, Pedri, Busi, Messi, Fresi- gusta mucho en Can Barça. Poco después, protestón Araujo cometió un absurdo penalti por mano, que Vini, que sepamos prácticamente por primera vez desde los once metros, estrelló en el larguero.
El Clásico de Dallas habría de acelerarse frenéticamente a partir de la media hora. Justo cuando Eric García -¿pero éste no se había ido?- hizo acto de presencia. Un minuto tardó Vini en hacerle el lío tras un fenomenal robo de Tchouaméni, todo un Tchou en defensa. Ter Stegen y su nueva melena al viento evitaron el gol de falta de Goes. La tensión crecía por momentos, el Madrid también y el Barça comenzaba a acogotarse, máxime después de que Camavinga clavara sus rodillas en los atributos de Araújo en un balón dividido.
Vini estrellaría el balón en el larguero -presumiblemente botó dentro, pero no había VAR por esos lares y qué quieren qué les diga, ni así lo llegamos a echar de menos- y Dembélé fallaría un mano a mano con Courtois tras tremenda cantada de Mendy. Goes correspondería después al favor fallando ante Ter Stegen. Ferland pagaba la torrija con la entrada de Fran García, mucho más bravo durante todo el encuentro.
Y todo en 45 minutos. Difícil abstraerse de la atmósfera de un Clásico. Aunque sea en verano y en Dallas. Y, sobre todo, si hay que padecer entradas alevosas y criminales como la de Frankie por detrás a Bellingham. Los gringos madridistas nos exigían ganar este partido.
No obstante, el Madrid perdió el hilo en la reanudación ante el cloroformo que los culés aplicaron. Los merengues brindaron quince minutos tan insulsos, que los pretorianos Kroos y Modric ingresaron en el verde en detrimento de un apagado Halcón y un voluntarioso Camavinga. La grada, entusiasmada, y media hora para el final. Tchouaméni inauguraba el asedio final con un obús al larguero, otro más, del Madrid en Dallas. Toque de corneta y veinte minutos para Joselu, un 9 para el asedio. Bellingham, intermitente, al banco.
El tiempo se agotaba a pesar de la esperanza blanca que insufló Hernández con un quíntuplo cambio que incluyó incluso a un tal Fermín en Arlington Road. Y el tal Fermín sentenció el encuentro después de que Kroos perdiera el balón en la salida con un fenomenal latigazo desde la frontal. Aguantó el chaparrón el Barça tras el tercer larguerazo de Vini y consumó su magnicidio en Dallas de pretemporada.
A Canaletas.
Suena a tópico balompédico, pero al Madrid le toca seguir trabajando.
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Good morning, dear friends, good night from Dallas.
Esta noche española y tarde americana vuelve el Real Madrid a los terrenos de juego y lo hará en un duelo frente al Barça de Xavi Hernández en la ciudad de Dallas. No es un sitio cualquiera, es el escenario en el que Luka Doncic suele realizar sus mejores actuaciones semana tras semana. Igual que J.R., otro ilustre habitante de la zona.
As lo titula "El Clásico americano", y aunque es un titular que “mola” bastante, por otro lado pensamos que podría valer igual para La diligencia, El Padrino o una hamburguesa doble con chile y estilo BBQ. Será el primer Clásico de Jude Bellingham, a quien vemos fino, muy fino, en la imagen, por mucho que su apellido podría traducirse libremente como “hinchándose a jamón”. El inglés (que será próximamente también irlandés) resulta elegante hasta cuando saca los dientes y nos recuerda demasiado a Zidane como para no amarlo desde el primer día. La summeriana de 2023 será una gran temporada de fichajes aunque no llegara nadie más. O aunque solo hubiera llegado Jude.
Quien parece que ha estado belling ham es su compañero de foto, el alemán de origen turco Gündogan. Se le vio pesado en la goleada recibida frente al Arsenal, con una belly que no tenía cuando levantó la Champions hace un par de meses.
El de esta noche será un partido amistoso más de la gira por Estados Unidos, ya saben, esos partidos en los que los clubes pactan una serie de condiciones con los organizadores:
- Emolumentos por partido.
- Número de cambios permitidos.
- Calendario.
- Horarios de juego.
- Modo de arbitraje: sin negreiras, secuaces de Cantadelejos, ni VARes rouriles.
Hemos sabido en esta gira que Xavi Hernández introdujo otra serie de condiciones adicionales en los contratos:
- No vale jugar con intensidad.
- El césped debe tener un máximo de 1,6 cm. y regarse cada 22 minutos.
- Prohibido tirar a trallón, por alto, dentro del área pequeña o con mala intención.
- No vale meter la pierna, salvo si te llamas Gavi o Araújo.
- Si el calor supera los 35 grados, el partido podrá suspenderse porque el equipo culé viene de una gastroenteritis.
- Prohibido jugar como si fuera un partido de Champions, que ahí nos golean en cada actuación y nos trae malos recuerdos. ¡Arteta, cabrón!
Sport escoge a los mismos jugadores para su portada, de cuerpo completo, con lo que se aprecia con mayor nitidez lo comentado acerca de la figura con la que ambos llegan a la pretemporada. Según vemos, el Barça jugará como local esta noche y, puesto que los culés se encuentran de promoción de su camiseta blanca, la más bonita que han tenido en años, por cierto, nos surge la duda acerca de si se dará la paradoja de que el Real Madrid tenga que jugar de azul marino para evitar confundirse con “el blanco del Barça”. Ojalá nuestros ojos no lleguen a ver nunca una camiseta del Real Madrid con la mezcla de colores azul y grana.
Hay cosas que no cambian desde hace varios veranos: los amistosos en Estados Unidos, los problemas del Barça para inscribir a sus nuevos fichajes, las palancas salvadoras que Tebas admite aunque no se cobren, la marcha de los jugadores con más talento a otras ligas (muy raro, ya que con la firma de CVC nos habían contado que a todos los equipos les sobraría la pasta), las maniobras de Ceferin para sancionar a unos clubes (Juventus y Osasuna, por ejemplo) por prácticas que a otros se les consienten, el ascenso de los dirigentes más peligrosos del mundo del fútbol (Medina Cantalejo ha sido el último)… y el fichaje de Mbappé, que es lo que trae el Marca a su portada por bicentésimo cuadragésimo sexta vez (ordinal de 246, que hemos tenido que buscarlo).
“Sólo falta fijar el precio”. ¿Perdón? ¿Sólo? ¿Pero cuántos veranos llevamos con lo mismo? La desinformación en la que mantiene el Madrid a los medios es perfecta, y por eso sorprende leer los detalles de la noticia:
“Los blancos ya conocen que el PSG pide 250 millones”.
“Pero quieren rebajarlo a 225 o están dispuestos a esperar un año”.
Han estado tan despistados tantas veces que nos sorprende que tengan fuentes fiables para ofrecer esta información. Y no digamos la siguiente:
“La madre del jugador y un intermediario han acordado el reparto del traspaso”. A ver si lo entendemos. Puede que venga este año, o puede que no venga hasta 2024, o que no venga nunca, y nos dicen que no hay nada acordado, pero a la vez que ya se han repartido las comisiones… la Mari y “un intermediario”, que esperamos que no sea uno de tantos insiders supuestamente bien informados que pueblan las redes. El Día de la Marmota de este fichaje desplaza a la parte superior de la portada el Real Madrid-Barça de esta noche, y aunque se trate de un amistoso, nuestra prioridad siempre se centrará en los que están, no en los que podrían estar. Y mucho menos en los que podrían no estar.
Kylian al Madrid, Dembélé al PSG, y como decía con acierto algún ilustre tuitero.
Que paséis un gran día y una mejor noche.
El proceso de imitación es el motor que ha movido a los seres vivos a pervivir y que, unido a la innovación, ha permitido la evolución de las especies, principalmente de la humana. Los principios son bastante simples; existe un modelo cuyos usos, hábitos y comportamiento son copiados por otro individuo o grupo. El procedimiento se produce naturalmente entre padres e hijos o cuando se crece idolatrando a una figura concreta. Por pura lógica, cuando el referente a imitar se elige y no se hereda, suele tratarse de alguien notable, de una persona excepcional en algún aspecto. Si yo quisiera ser tenista profesional, probablemente me fijaría en cada gesto de Rafa Nadal, de Novak Djokovic o de Björn Borg, por poner tres ejemplos. Para ser actor, buscaría referentes quizás en De Niro, en Brando o en Newman. Y así sucesivamente, encontrando el espejo en que mirarse en cada actividad.
Si tuviéramos que determinar un molde ideal en la gestión financiera y deportiva de un club deportivo en España, la elección más racional sería el Real Madrid, ejemplar en la manera de regir su economía, instalado en un nivel de éxito altísimo y de forma sostenida en el tiempo. De hecho, cuando sales de la burbuja nacional y hablas con aficionados al fútbol de cualquier otra parte del planeta, el Madrid desprende para ellos un halo de superioridad inquebrantable. Se le considera casi de forma unánime el arquetipo de club deportivo de éxito, el inquilino perpetuo del puesto al que los demás aspiran.
En el fútbol español el Real Madrid está lejos de ser el arquetipo a emular. De hecho, ocurre todo lo contrario. Cada propuesta que proceda del 14 veces campeón de Europa en cualquier institución deportiva nacional se deshecha acompañada de una catarata de críticas, mofas y protestas. La entidad que preside Florentino Pérez recorre una ruta perfectamente trazada en sus despachos, que le permite seguir siendo competitiva a nivel financiero, incluso sin recursos artificiales inyectados por estados, sin accionistas dispuestos a endeudarse o a ampliar capital y sin la necesidad de acumular deudas durante décadas para competir en el más corto plazo. Al mismo tiempo, la mayor parte de los clubes españoles bracean para mantenerse a flote a duras penas, con pérdidas operativas en cada ejercicio. El fútbol se arruina. Alguien lo advirtió hace unos años y propuso fórmulas para atajar el problema, pero se le lapidó de forma inmisericorde.
El maná de CVC, que no fue otra cosa que empeñar un tractor para poder pagar las facturas pendientes, a costa de que en los años venideros se coseche mucho menos, no arregló absolutamente nada. Como alternativa a esta ruinosa operación, el propio presidente del Madrid presentó al resto de equipos otra oferta con mejores condiciones en cuanto a años e intereses, que fue desestimada sin considerarla siquiera. La razón quizás fuera el beneficio personal de algún dirigente, seguidismo o consecuencia del odio cerril a todo lo que tenga que ver con el Madrid.
Apenas un par de campañas después del trato que iba a dar un gran impulso a la competición nacional, la deuda del fútbol profesional recupera cotas milmillonarias y la inmensa mayoría de los equipos tienen que desprenderse de talento (entre otras muchas cosas) para malvivir. El potencial de la Liga no deja de mermar, exportando jugadores ya no solo a gigantes como la Premiership inglesa, sino también a campeonatos que, hasta hace poco, no podían competir económicamente con el fútbol español. Italia, Francia y hasta México está comprando futbolistas en España. Mientras algunos intentan centrar el foco en las reglas que ellos mismos firmaron para permitir inscripciones y exigen flexibilizar el marco legal para que se puedan generar números rojos sin control, se obvia la nefasta gestión que ha llevado a este punto cercano a la quiebra a la mayor parte de los clubes que componen la Liga. Los de arriba se endeudaron sin medida para intentar ganar títulos (y perseguir al que se coronaba una y otra vez campeón continental), los del medio pretendiendo llegar a Europa y los de abajo buscando mantenerse.
Al final, todo se reduce a elegir entre antimadridismo y progreso. Y casi todos escogen siempre la primera opción
Se trata un efecto dominó pernicioso y que se mantuvo como única forma de manejarse hasta que no hubo más ventanillas a las que llamar para pedir prestado. Mientras, a aquel que actuó invirtiendo o guardando acorde a sus posibilidades, se le criticó por hacer una cosa, y también por la contraria. El Madrid puede permitirse el lujo de gastar en fichajes más que el resto de sus competidores nacionales juntos, carece de la necesidad de desprenderse de activos, tiene el estadio casi renovado por completo y posee una de las plantillas más talentosas de Europa, pero aún así sigue aislado en el fútbol español. Solo en la cima, con el resto cada vez más y más lejos, pero aún escuchando el murmullo de todo lo que hace mal y de lo fantásticamente bien que actúan los demás.
A muchos de los dirigentes deportivos españoles les ciega tanto el antimadridismo, que no comprenden que alinearse con la entidad deportiva más grande del mundo en lugar de recorrer el camino opuesto supondría para clubes y competiciones un más que probable avance. Al final, todo se reduce a elegir entre antimadridismo y progreso. Y casi todos escogen siempre la primera opción.
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Existe un cierto sector del madridismo a quien le parece importantísimo que los jugadores extranjeros del primer equipo aprendan español lo antes posible.
Pienso que, para un jugador del Madrid, no hablar español puede ser incluso una ventaja. En 1823 la reina Desireé, esposa de Carlos XIV de Suecia, desembarcó en su reino por primera vez. Los suecos la recibieron como a Courtois en el Metropolitano porque no querían saber nada de aquella extranjera que ni siquiera hablaba su idioma. Se daba además el caso de que la nación estaba pasando por una dura sequía, así que cuando la reina desfiló frente al pueblo, este gritó sin parar “vi vill ha regn!”, que en sueco significa “¡queremos lluvia!”. Para el oído francés de Desireé aquello sonaba casi idéntico a “Vive la Reine! (¡Viva la Reina!). Por lo tanto, la buena mujer se puso muy contenta pensando que había conquistado los corazones de sus súbditos gracias a su carisma arrebatador.
Tengo la sospecha de que los madridistas más emperrados en que los fichajes nuevos aprendan el idioma son, precisamente, los que más les insultan a la primera de cambio. Quizá por eso tienen tantas ganas de que aprendan español, para que les entiendan bien cuando les gritan sobre sus madres desde la grada. Recuerdo a Roncero, Lama, Castaño y otros devotos guardianes de la pureza de la lengua española ponerse bastante pelmas con lo de que Bale no hablaba español. Igual les fastidiaba que cuando le llamaban “parásito” no se diera por aludido. O tal vez a Gareth Bale le pasaba como a la reina Desireé y la expresión “pesetero sinvergüenza” es fonéticamente parecida a algo que en galés significa “pero qué tío más majo”. No lo sé.
Ignoro en qué medida el conocimiento de uno u otro idioma mejora las cualidades de un jugador de fútbol. Es más, sospecho que no lo hace en absoluto, como en otros campos de la vida. Michael Curtiz era un director de cine bastante bueno responsable de clásicos del cine americano del calibre de Casablanca, pero, al ser de origen húngaro, hablaba un inglés casi ininteligible. El actor David Niven, que trabajó a menudo a sus órdenes, recuerda cuando durante el rodaje de La carga de la brigada ligera, Curtiz se hizo un lío al ordenar que pusieran ante la cámara a los caballos sin jinete y dijo: “¡Traigan los caballos vacíos!”. (A Niven le hizo tanta gracia la frase que la utilizó como título para sus memorias: Bring on the empty horses). Curtiz tenía muy mal genio y a menudo perdía la paciencia cuando se reían de su espantoso inglés:
— ¡Hijos de perra! —gritaba. — ¡Estoy harto de vosotros y vuestro asqueroso idioma! ¡Creéis que no sé un jodido nada! ¡Pues bien: sé un jodido todo!
Si bien las pifias idiomáticas de Curtiz no alcanzaban ni de lejos las épicas patadas al idioma que solía propinar otro gigante de Hollywood, como era Samuel Goldwing, a quien en cierta ocasión le advirtieron de que un guion resultaba demasiado cáustico. “No me importa lo caro que cueste —respondió—, haré con él una gran película”; o cuando volvía loco a su productor favorito, Irving Thalberg, con indicaciones como esta: “Vamos a modernizar esta película con un dinámico diálogo del siglo XIX.”
Ancelotti es un poco como Michael Curtiz pero en bonachón. Cuando habla español es como si lo triturase, pero en su mente bullen las ideas del genio. Rafa Benítez hablaba un español perfecto y lo utilizaba para explicarle a Modric cómo tenía que dar los pases, lo cual es todo un desperdicio lingüístico.
El español es un idioma bellísimo cuando se usa bien. La inmensa mayoría de la gente que habla o escribe sobre fútbol en los medios no sabe utilizarlo. Manejan un vocabulario muy pobre y, a menudo, desconocen el significado de las pocas palabras que emplean, y cuando articulan frases son como gatos vomitando bolas de pelo. Esa gente es la que se escandaliza cuando un recién llegado como Güler, Bellingham o cualquier otro no muestra por nuestro idioma el respeto que ellos consideran adecuado.
En mi modesta opinión, un jugador o entrenador del Madrid no necesita hablar bien español, lo que necesita es hablar mal muchos idiomas para de ese modo entenderse en un vestuario que es como una torre de Babel. El Real Madrid es un equipo universal y multilingüe, no tiene ningún sentido exigir a quienes forman parte de él que se manejen en un solo idioma. A los madridistas no debería preocuparnos si Bellingham habla español, porque se empieza así y se acaba durmiendo mal porque en un partido no hay suficientes jugadores andaluces en el once titular, porque la plantilla tiene muchos negros o por alguna otra memez xenófoba por el estilo. El día que a la mayoría del madridismo le inquiete que su equipo parezca poco español, el Real Madrid dejará de ser el Real Madrid y se habrá convertido en el Atleti pero con copas de Europa. Que igual eso es con lo que sueñan algunos seguidores aficionados a las pipas Facundo.
Tengo un amigo que dice que no quiere morir sin ver al Madrid ganar una Champions con once tíos nacidos en el barrio de Salamanca. Lo veo poco probable y, si ocurriera, me imagino a Errejón quemando su carné de madridista, y a ver entonces cómo hacemos luego para presumir de club transversal ahora que se nos ha ido Isco Alarcón. En lo que a mí respecta, no necesito a once jugadores madrileños o de otra región española para identificarme con ellos o para comprenderlos.
Tampoco exijo que Bellingham o cualquier otro hable español. Ya lo hará si quiere, y se lo agradeceremos como corresponde, porque estudiar el idioma del país donde resides debe hacerse por cortesía, nunca por imposición. Y cuando alguien se toma la molestia de aprenderlo, ha de valorarse como un acto de generosidad y no exigirse como un impuesto.
Se puede amar y respetar el país en el que vives sin necesidad de dominar su idioma. Una vez conocí a un prestigioso artista de Bangladesh que residía en Madrid desde hacía lustros, en un piso de la Castellana con unas vistas privilegiadas sobre el Paseo. Como era un hombre muy entrañable, cada 5 de enero solía invitar a las familias de sus amigos a su casa para que los niños vieran la cabalgata de reyes desde su balcón. Era una costumbre española que disfrutaba aunque no comprendía. “Esto no parece cabalgata, parece desfile putas”, solía decir. Tras más de 15 años residiendo en España era incapaz de articular una frase más compleja que esa. Eso no impedía que sintiera verdadera pasión por este país, sobre todo por la ciudad de Toledo, que le encantaba. Y, por supuesto, era —y sigue siendo— profundamente madridista. Seguramente porque el Real Madrid habla un idioma universal que incluso un pintor bangladesí puede entender como propio.
Así pues, querido Jude Bellingham, querido Arda Güler o querido quien corresponda: en lo que a mí respecta, podéis aprender español si os hace felices; o podéis aprender francés, alemán, mozárabe, klingon, dialecto pitufo o lo que os dé la gana.
Me parecerá perfecto. Pero yo lo que quiero es que juguéis muy bien y marquéis muchos goles, que ya veréis como los goles en el Madrid suenan bonito y se entienden perfectamente en cualquier idioma.
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