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Qué esperar de Güler

Qué esperar de Güler

Escrito por: Luis Alonso6 julio, 2023
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De sobra es sabido que nada se puede acercar al inocente placer generado por las expectativas. Y si estas son provocadas por un fichaje veraniego apenas visto, el gozo pasa a analizarse no desde un plano psicológico, como hasta ahora, sino más bien desde la biología y sus efectos inesperados en el cuerpo humano.

Buena fe de ello dan las ilusiones que nos hemos hecho todos con Güler, y eso que sólo sabemos de él lo que enseñan esos cuatro o cinco vídeos de highlights suyos que estos días circulan por Twitter y YouTube, porque ya me dirán quién coño ha visto a este buen muchacho jugar en la liga turca.

En mi caso, la primera vez que le vi —en una de esas compilaciones en las que cualquiera es candidato a balón de oro y nunca hay un mal control o un pase fallado— pensé en lo muchísimo que se parecía el tal Güler a Özil. En fondo, forma, contenido y dirección de arte. Pasada la odiosa costumbre del futbolero de tratar de sacar parecidos y parentescos, lo siguiente que me rondó por la cabeza fue lo mucho que nos vamos a divertir con él en Concha Espina. Lo que le vamos a querer y las pitadas que el pobre chaval se va a llevar.

Özil

Representa Güler, aun sin saberlo, el arquetipo de futbolista fetiche del Bernabéu, a saber: mediapuntita zurdo, intermitente, vago, con el 10 en la espalda y, si puede ser, el pelo largo recogido con cinta, objeto que, además de aportar carisma y dar un cierto aire de canalla enemigo de la monogamia —imprescindible esto—, es vital para que ese flequillo no estorbe ni medio segundo la visión de juego. Además le vamos a añadir la cabeza levantada, los balones al pie, los controles perfectos y una tendencia desmedida a tirar túneles al rival —cuantos más innecesarios y en zonas arriesgadas, mejor—. Y, si todavía podemos pedir algo más, que baje a defender entre una y ninguna vez por partido. Que no se le conozca una ayuda al lateral derecho en toda la temporada. Definición perfecta del jugón por antonomasia.

Güler representa el arquetipo de futbolista fetiche del Bernabéu: mediapuntita zurdo, intermitente, vago, con el 10 en la espalda y, si puede ser, el pelo largo recogido con cinta, objeto que aporta carisma y un cierto aire de canalla enemigo de la monogamia

Güler es todo lo que está bien. Güler es todo lo que quisimos ser los que coleccionábamos recreos de zapatos rotos a base de punterazos y cambios de clase tirando caños a sillas y mesas. Lo que hubiese dado por ser, aunque fuese un ratito, ese futbolista que ahora reivindico para mi equipo, y no este tronco diestro y mediocre, delantero sin fuerza ni velocidad, que ya me dirás tú qué gracia tiene.

Arda Güler

Nos gustan tanto estos mediapuntas mentirosos porque representan una especie en peligro de extinción. Son una rara avis, amén de uno de los mayores daños que ha perpetrado Guardiola al deporte rey, mucho más sacrílego que la dictadura de los porteros con buen juego de pies sacando el balón desde atrás. No, yo me refiero a la imposición sistemática del maldito 4–3–3. Porque ya todo es 4–3–3, o, en su defecto, 5–3–2. Incluso habrá quien hable del 3–5–2, dependiendo de la altura de los carrileros o, desde un punto de vista más técnico, de lo duros que estén los huevazos del entrenador de turno para tratar de enmascarar una defensa de cinco.

Güler es todo lo que está bien. Güler es todo lo que quisimos ser los que coleccionábamos recreos de zapatos rotos a base de punterazos y cambios de clase tirando caños a sillas y mesas

El democratísimo 4–3–3, empleado por equipos que aspiran a ganarlo todo y por aquellos de regional, tiene una consecuencia tan vil como lógica. En este esquema que no entiende de jerarquías, los mediapuntas zurditos, que antes encontraban su hábitat natural en el 4–2–3–1 o en el 4–4–2 en rombo, quedan relegados a la banda, generalmente la derecha para jugar a pierna cambiada. Pienso en Bernardo Silva, Asensio o Take Kubo.

Y sólo aquellos que son muy buenos pueden reciclarse en la posición de interior o volante. Y ahora pienso en Kroos o Modric, pues ambos empezaron sus carreras por detrás del delantero y con un 10 a la espalda que evidenciaba la clase y el talento con el que dominarían el fútbol mundial durante una década, aunque fuese en posiciones más retrasadas a las de sus respectivos orígenes.

Kroos Alemania 10

Pero si el diez en cuestión no tiene velocidad ni disparo para jugar caído a la banda, ni tampoco el ritmo ni el control posicional para caer relegado al centro del campo, el mediapunta se nos pierde, para desgracia de los amantes del buen fútbol que cada quince días religiosamente nos citamos en el Bernabéu.

Dice la leyenda que es el nuestro un estadio racial, que muere y se desvive por todo aquel capaz de correr 30 metros para evitar un saque de banda, un estadio cuyo paladar futbolístico bebe de los cojones de Juanito, la entrega de Raúl, la garra de Camacho, el pundonor de Ramos y ya no sé qué más palabras emplear para dar cuerpo a una idea que se comprende a la primera.

Y sí, señor mío, la épica, el coraje y la testosterona son muy valoradas a esta orilla de La Castellana y que nunca nos falten, pero a mí dame un mediapuntita zurdo con la cabeza levantada y llámame tonto. Y como yo piensan los 80.000.

Porque Güler entronca directamente con la tradición del 10 blanco, heredero de la bellísima estirpe del mediapunta zurdo tan celebrado en Concha Espina. Desde Manolo Velázquez a James Rodríguez, pasando por Martín Vázquez, Laudrup, Guti o Mesut Özil. Irregulares, efímeros, más odiados que amados cuando juegan, más amados que odiados cuando faltan. Todos ellos geniales.

Güler entronca directamente con la tradición del 10 blanco. Desde Velázquez a James, pasando por Martín Vázquez, Laudrup, Guti o Mesut Özil. Irregulares, efímeros, más odiados que amados cuando juegan, más amados que odiados cuando faltan. Todos ellos geniales

Y vuelvo al principio de este texto, vuelvo a Özil y a lo inevitable que es excitarse viendo las similitudes entre él y un Güler que ya heredó su 10 en el Fenerbahçe. Porque fue Mesut el favorito del Bernabéu en esos años de plomo de Mourinho, antes de que le cogiese por la pechera y le hablase como un padre.

Porque fue el Besugo quién, flotando en el césped, casi de puntillas, levantaba el ole en la grada, ese ole tan taurino, sin tilde en la e, con el golpe de voz en la o, en este caso en la Ö; un ole patrimonio de la ciudad de Madrid y ejecutado en el Bernabéu o en Las Ventas, en ambos casos sólo reservado a los más especiales.

Ignoro si este nerviosismo por ver un nuevo mediapuntita zurdo de blanco se debe al poder de los recuerdos de la adolescencia o más bien responde al valor universal de lo estético, de lo que no me cabe duda es que el Bernabéu, siempre tan entregado al talento, tendrá en Güler a uno de sus protegidos. Porque eso no se elige, se tiene o no se tiene. Porque es por el 10 por el que se paga la entrada. Lo demás es sólo atrezo.

 

Getty Images.

Luis Alonso
Delantero sin velocidad ni fuerza; trequartista cuando el rival lo permite. @agundez__ en Twitter y @luisalonsoagun en Medium.

2 comentarios en: Qué esperar de Güler

  1. Siempre lo he dicho: el mérito de la Décima, fue que Ancelotti puso a 3 mediapuntas a trabajar como mediocentros (Modric, Kroos, James).

    Y esa es la historia, si eres capaz de educar en la cultura del trabajo a un mediapunta fino, tendrás a un top3 mundial en su puesto, si no, tendrás a un Guti, que puede ser top1 en cuanto a calidad, pero toplow en cuanto a rendimiento

  2. El Madrid no juega con 10, así que le veo más entrando desde la derecha, donde por cierto, se mueve muy bien. Me parece un buen fichaje a la espera de cerrar la plantilla con el 9 porque la sensación es q los laterales no se van a tocar este año. Ojo a las ventas porque si viene Mbappe va a salir alguien del medio seguro.

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Tal día como hoy, pero de 1962, Amancio rubricaba su contrato como jugador del Real Madrid.

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