Buenos dias, amigos. Jude Bellingham se ha lesionado, y no estará de vuelta hasta dentro de un mes. Se perderá todos los partidos hasta después del parón de selecciones de septiembre.
-Pero ¿hay parón de selecciones en septiembre?
A nuestros viejos pero aún afinados oídos llega vuestra exasperada pregunta, queridos lectores. Sí, lo hay.
-Y ¿con qué motivo? Es decir, ¿para qué?
No lo sabemos a ciencia cierta. Pueden ser amistosos de preparación de no tenemos ni idea qué, o acaso las primeras rondas de la oprobiosa Nations League. El caso es que, en este caso y sin que sirva de precedente, el parón, absurdo y cansino, le vendrá bien a Jude para recuperarse de esta lesión que es un indudable contratiempo para él y para su equipo.
Marca deja caer la B de la BMV para símbolizar esta contrariedad. Si sigue cayendo, a merced de la ley de la gravedad, impactará contra el faldoncillo dedicado a Lenglet, que se vencerá por la izquierda e impulsará al central fuera de la portada, en efecto palanca.
As es menos efectista para contarnos lo mismo, es decir, que Jude se perderá todos los encuentros del próximo mes "por una lesión muscular en la pierna derecha". Añade que "es la tercera baja del Madrid está temporada tras las de Alaba y Camavinga". Nos resulta extraño que As incluya en la relación de bajas de esta temporada a Alaba, que ya venía lesionado de gravedad de la anterior. La del austríaco no es una baja que se haya producido en esta campaña, aunque siga de baja al inicio de la misma. Queremos pensar que es un despiste y no una llamada al alarmismo.
Lo cierto es que la mala fortuna está ahí, y que Bellingham ha dejado caer en sus redes sociales el que cree que puede ser el motivo de la lesión.
"Tal vez mi cuerpo me está diciendo que necesito más descanso después de un año muy movido". Algunos jugadores volvieron de vacaciones y, sin apenas pretemporada, se les puso a jugar la Supercopa (se entiende más o menos por la naturaleza del trofeo) y el primer partido de liga (se entiende menos con la profundidad de la plantilla, sobre todo en ataque). Sin animo de encender polémicas con el gran Carletto, tal vez el mensaje del cuerpo de Bellingham sea extensible a otros cuerpos, que deben ser tratados con tiento en este inicio de una temporada que además será poco menos que eterna.
La prensa cataculé, por su parte, se centra en el partido que esta tarde jugarán el equipo cliente de Negreira y el Athletic Club. La cosa tiene el morbo de saber si, caso de marcar Nico Williams, lo celebrará o no. Al fin y el cabo, jugará contra su exequipo, cuya camiseta blaugrana tantas veces ha lucido en Photoshop a lo largo del verano que ya se aproxima a su final. Por respeto a la que ha sido su afición virtual durante todo el estío, Eurocopa incluida, se espera que Nico se abstenga de celebrar en la eventualidad de marcar un gol.
Por lo demás, se presupone que el Barça no llegará a tiempo de inscribir a Dani Olmo para este partido, en un nuevo capítulo de la vergüenza insondable de la presidencia de Laporta.
Pasad un buen día.
Ante las recientes informaciones acerca de las dos posibles enésimas ventas de un porcentaje de Barça Studios, Barça Visión o sucedáneo que acontezca, en esta ocasión ejecutadas por parte de la empresa Bridgeburg Invent, perdón, queríamos decir Bridgeburg Invest, compañía cuyo presidente es… ¡el mismísimo Joan Laporta!, ante la imposibilidad por hastío del personal de continuar denunciando públicamente las constantes tropelías y atajos del club (ir)responsable, y ante la más absoluta de las certezas de que la liga y su entusiasta presidente van a permitir gustosos cualquier tipo de prestidigitación que proceda del club blaugrana, La Galerna tiene intención de unirse a esta exhibición de sudapollismo para anunciar lo siguiente:
La Galerna se complace en comunicar a todos sus lectores su intención de vender La Galerna Estudios para acometer el fichaje y su correspondiente e inmediata inscripción (que nosotros sí que podemos permitirnoslo) de Manuel Jabois, ya que, pese a que nuestra situación económica tampoco es que sea para tirar cohetes, aún podemos atenernos a la regla 1:1.
Dicha compra será acometida por la empresa productora de queso de Burgos, Bengoechea S.A. presidida por, ah, queridos y caprichosos azares del destino, nuestro editor Jesús Bengoechea, quien me insta a recordarles que él no es primo de nadie. O al menos de nadie que haya recibido instrucciones de cierto hijo de cierto vicepresidente de cierto comité arbitral. Era eso, ¿cierto? Sí, algo de cierto debe de haber ahí. Ah, sí, que esto era un comunicado oficial. Solemnidad, redactor, solemnidad. En la Junta Directiva de la empresa se encuentran personajes tan ilustres y ectópicos como Emilio Athos Dumas, Amiguete Barney o Francisco Javier Sánchez Palomares.
No estamos en disposición de revelar la cuantía total o los métodos de la compra, ni tan siquiera los plazos del mismo. O sí que lo estamos, pero preferimos mantener el misterio y que sea el lector quién elija su propia aventura. ¿Pagará Jesús a Bengoechea o Bengoechea a Jesús? ¿Se realizará una transferencia bancaria a sí mismo? ¿Se colocará frente a un espejo y se pasará el dinero del bolsillo izquierdo al derecho? ¿Se autoinvitará a desayunar, tapear o cervecear durante los próximos 20 años? Quizás algún día se desvele este enigma. Lo único que podemos adelantar es que las cifras cuadran y son limpias, se lo asegura este humilde redactor que jamás mentiría a sus lectores.
En caso de que los organismos superiores no presenten la misma laxitud que el presidente de la liga de fútbol profesional ante las irregularidades de cierto club de la Ciudad Condal o de que las cifras no cuadren, tendremos que recurrir a nuestro plan B: solicitaremos a cada seguidor de nuestra cuenta de X que nos envíe 1, 2, 3 euros o los que estime convenientes hasta que consideremos que nuestros bolsillos, eeeh, quiero decir que el bolsillo de Jabois haya quedado satisfecho. Sí, eso.
Hasta el día de hoy, La Galerna siempre se ha preciado de adoptar una postura de receloso secretismo acerca de las negociaciones que mantuviera con los periodistas a los que anhelaba por respeto a los medios en los que estos trabajaban, pero este periodo estival, y la cantidad de portanálisis que se han zampado aquí mis compañeros con la consecuente matraca que han pegado los portavoces del club barcelonés con Nico Williams, nos han abierto los ojos y hecho darnos cuenta de que el respeto hacia otros compañeros de profesión está más que sobrevalorado en la sociedad actual, así que lo confesamos: hemos mantenido conversaciones con Jabois. Algunas a deshoras y más inapropiadas de lo que nos gustaría reconocer. Le hemos leído y alabado. Le hemos llegado incluso a premiar en nuestra I Gala de Premios La Galerna, lo cual a nuestros ojos le convierte en canterano galernauta. ¿Quién puede decir que hasta no le hayamos cantado el himno al que él mismo puso la letra? Nosotros no, desde luego.
El periodista viene a hacer historia y formar parte de un tridente ofensivo de ensueño junto con Falstaff y Fantantonio, evocando a la mítica tripleta compuesta por Di Stéfano, Puskás y Gento o a la actual que conforman Bellingham, Vinícius y Mbappé. El escritor y periodista gallego hará las delicias de nuestros lectores con su inigualable ingenio y su cuidada prosa durante las próximas cinco temporadas, que acabarán siendo veinte cuando mire el contrato y se percate del diferimiento salarial que ha firmado. Si tiene la suerte de cobrar, claro, jeje, que esa es otra historia. Otra historia que, ya que por fin está por aquí, quizás debería contarnos él mismo. Bienvenido a La Galerna, querido Jabois.
Nota del autor: es más que probable que Manuel Jabois no tenga conocimiento acerca del acuerdo alcanzado con La Galerna y que los precontratos hayan sido negociados y firmados por su agente o alguien de su entorno. O puede que todo esto sea una filtración interesada de su agente para desestabilizar a los medios de la competencia. Quién sabe. Es el nuevo mundo en el que vivimos, amigos. Toca acostumbrarse. En cualquier caso, su incorporación es un hecho y será tan inmediata que por contrato tendrá que presentarse en nuestras oficinas el mismo día que el Barcelona reciba una sanción deportiva por parte de la liga por haber estado sobornando al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros durante al menos 17 años.
Nota del editor: El presente texto de Jesús Bengoechea forma parte del libro colectivo "Real Madrid: el álbum", editado por Pedro Tabernero con ilustraciones de Shelley Himmelstein. Lo publicamos con ocasión del cumpleaños de Carlos Alonso Santillana.
Me hice futbolero y del Madrid de manera relativamente tardía. Era un niño de once o doce años más interesado en el cine, los libros y otras cosas gafapastosas. Mi hermano, nueve años mayor que yo, me insistía en las bondades del balompié como espectáculo, y ejercía sobre mí un proselitismo madridista que suscitaba en mi alma más respeto que entusiasmo. Supongo que le decía que sí a todo, y luego volvía a mis cosas de niño repipi que no quiere mezclarse con las masas.
Las cosas cambiaron de pronto un día, con la brusquedad de las epifanías. Estaba con mi hermano en una cervecería que aún existe (con otro nombre) en la calle Domenico Scarlatti de la capital, cuando entró por la puerta Santillana. Lo de encontrarte en lugares de la gente corriente a héroes balompédicos era aún moneda de curso común por entonces. Hablando de monedas, mi hermano le entregó muchísimas al barman para asegurarse de que el 9 blanco estuviera siempre provisto de cerveza mientras no saliera del bar.
—Ponle otra.
Santillana le daba las gracias desde el otro lado de la barra, con un gesto que al principio era sólo de agradecimiento, hasta que gradualmente se convirtió en otro de agradecimiento acompañado de ya está bien, por favor. Mi hermano vibraba de emoción mientras un Santillana del futuro ya habría lidiado con treinta y cuatro fotos en redes sociales, su profesionalidad puesta en duda por nicks maliciosos de Twitter. Lo cierto es que no vi a Santillana perder el control ni a la cuarta o quinta, que debió ser cuando mi hermano desistió. A la salida mi hermano y Santillana intercambiaron unas breves palabras. Para pronunciar las suyas en el guion, a Santillana no le resbaló la lengua ni nada.
—Gracias, gracias…
—A ver si ganamos la liga.
—A ver, a ver…
Es verdad que no le tocó un guion excesivamente exigente, pero su aguante me resultó formidable. No estaba ni borracho ni harto de mi hermano, a quien un golpe de suerte —coincidir con una de las figuras del equipo— acababa de ayudar inesperadamente, y de manera definitiva, en su afán por convertirme a la causa que ya nunca más lograría dejar de lado. Comprendí que, si el madridismo era capaz de convertir a alguien ponderado como mi hermano en un mitómano (y en un plasta por el mismo precio), algo tendría el agua —o la cerveza— cuando la bendecían.
Gracias, Carlos. La que liaste sin querer.
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Hay caso Rodrygo en el Real Madrid. Una vez finalizada la final de la Supercopa, el diario MARCA ponía en portada una foto de Mbappé, Vinícius y Bellingham que cortaba a Rodrygo (salía en la foto original).
El 11 del Madrid ha generado revuelo en los últimos meses. Todo comenzó cuando dijo antes de la final de la Champions que «el Manchester City era el mejor equipo del mundo», declaraciones que no gustaron al madridismo. Además, cuando fue preguntado por su continuidad, respondió que está feliz, pero que ya se verá. Esto y las constantes quejas sobre su rol han incomodado a la afición blanca. Al madridista, o por lo menos a mí, no me gustan las reivindicaciones fuera del campo, como hizo el brasileño en su canal de WhatsApp diciendo que había faltado la «R» en el bautizado tridente BMV.
Si bien Rodrygo ha sido un jugador clave en las últimas dos Champions del Real Madrid (sobre todo en la 14), no ha pasado de los 10 goles en ninguna de las cinco temporadas de liga que ha disputado. Su falta de consistencia se debe quizás a lo aislado que está en el campo cuando juega por derecha
Con la llegada de Mbappé, Ancelotti ha optado por el 4-3-3, sistema que, en los dos primeros partidos de la temporada, no ha favorecido al equipo. En defensa hay un desbalance, ya que el no acabar jugada hace que el repliegue se haga tarde y con pocos jugadores. Esto es porque Bellingham y Valverde se incorporan al ataque y el equipo contrario tiene muchos espacios para acometer tanto por banda como por el centro. Cuando el Madrid ataca, acumula demasiada gente en banda izquierda, a Vinícius, Mbappé y Bellingham se le suma Rodrygo, que también se siente cómodo en ese perfil.
Güler necesita protagonismo y continuidad para ser el complemento perfecto de los intocables de esta plantilla
Y no es su culpa. Esa es su posición natural y es normal que esté más cómodo generando ocasiones en ese sector del campo. Pero así el Madrid no es letal y aunque cuente con futbolistas de talla mundial termina siendo muy previsible. Además, se terminan incomodando entre ellos. Ante el Mallorca vimos una imagen donde Bellingham, Vinícius, Rodrygo y Mbappé estaban en la misma línea de pase.
Si bien van tan solo dos partidos y no hay que volverse locos, creo que el Madrid necesita un zurdo en el equipo. Yo volvería al 4-4-2 en rombo, con Güler de 10, Bellingham y Valverde de 8, Tchouaméni de 5, y arriba Vinícius y Mbappé. La calidad de Arda en ese perfil y su disparo de media distancia son registros fundamentales para un Madrid que peca de ser previsible. Sabiendo que tanto Vinícius como Mbappé aparecerán por la izquierda y por el centro, es necesario un futbolista que caiga por derecha, capaz de perfilarse a su pierna natural. Además, las llegadas de Valverde en ataque darían esa polivalencia, ya que Fede optaría más por el centro o la llegada a línea de fondo, y Arda por el disparo.
La cualidad más importante en esa posición es la personalidad para pedir siempre la pelota. Arda demostró tenerla tanto la temporada pasada como en la Eurocopa con Turquía. Blindado por tres centrocampistas y teniendo a dos delanteros, Arda puede flotar en una zona que le permita mostrar todo su arsenal.
El turco necesita protagonismo y continuidad para ser el complemento perfecto de los intocables de esta plantilla. Espero que Ancelotti se dé cuenta de que Arda es un galáctico que hay que pulir.
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Hace tan solo unos años las Páginas Amarillas hablaban de ellos como de circunspectos empresarios, profesionales liberales o hacendosos agricultores, pero entonces eran, simplemente, mis amigos. Formábamos un grupo tan desaliñado y heterogéneo como una guerrilla. Sin hipotecas, sin hijos, sin números rojos, apurábamos los días como una sociedad limitada y pretendidamente eterna, el paradero de cuyos socios desconozco hoy.
Aquel tiempo se desvanece en la distancia como una tormenta de verano, fresca y fugaz, que se aleja. Sin amago de reencuentro, nuestro propio Peter's friends sería un error, tal vez alteraría un trago largo y dulce, apurado allí y entonces, donde nada puede dañar lo que fuimos. Nuestros lugares ahora son calles sin color porque sin contacto la amistad es como un cuchillo romo. Su recuerdo, no obstante, me regala algo inconmensurable y valioso que ya no somos ni seremos. Más vale así.
Ahora que ya he jugado mis mejores veinte partidos, ese verano me sacude como el viento las hojas de una rama. Precioso tiempo en el que el beso era una unidad de medida, dulce y nueva. Ahora que casi todo es reaccionario, recuerdo aquella vida como realmente libre. Y es que hoy hay quienes defienden ideas que solo se diferencian de las que critican por el color de la gorra de plato de sus propios tiranos.
El altavoz de aquella piscina municipal gritaba en bucle Baby Jane y Year of the cat como un toque de fagina. Luciendo ante aquellas chicas esos extraños pantalones de baloncesto de líneas verticales y horizontales, nos sentíamos distintos y nos congratulábamos por ello. Besas bien, sus labios papel de arroz bajo aquel cimbreante sauce llorón eran todo lo que necesitaba. No había nadie sobre aquel cuadro de césped atestado, tan solo ella y yo. Tocaba aprender a ganar. Me recuerdo aquel día, volviendo a casa, bailar sobre mi moto como Nanni Moretti. Y, desde entonces, tras los entrenamientos, recorrer aquel pasillo en penumbra esperando toparme con sus cartas, que recibía a veces abiertas.
Militantes del nuevo deporte en aquel páramo, hicimos nuestra propia reconversión desde el deporte rey, admirados por la nueva estela de la selección de Díaz Miguel, de Fernando Martín, de Romay, pero también del resto, que consideramos desde el principio nuestros (¿acaso no lo eran?). Por entonces, en aquel 1986, antes de este mundo que nos azora y no comprendo, desconocíamos que Chico Sibilio era negro porque era solo Sibilio, aquel jugador de todos, sin aditivos. Y los demás, también.
El baloncesto era una tregua en tiempos duros y amargos. Aquella maldita pared de casa me contaba que las cosas no iban bien. Cuando el ruido arreciaba, los dientes apretados, me aferraba a aquel póster del Banco Exterior de España, de burda serigrafía y caras felices, rojo y azul.
Cuando espera una casa en llamas, un antiguo Mikasa no es tan tosco ni golpea tan duro. El baloncesto nos mostraba el dolor y el placer de un juego honesto y bello, de la oculta estética de la precisión. La cancha se convirtió tres veces por semana en un refugio a resguardo del miedo. Jugábamos a ser Petrovic, Sabonis, Oscar Schmidt, Gallis, Dalipagic, Valters, Corbalán, Volkov o Riva.
Hoy ya no temo a ese miedo que me mordía el estómago, ya nunca cae la noche porque duermo con ella, con aquella chica de labios papel de arroz. Ahora que el temor a ser descubiertos, el sentido de culpa infligido, esa tensa espera que lo pervierte todo, son solo un mal recuerdo. Aprendí hace mucho que hay personas que envilecen lo que tocan, gente que nació para regalarnos su ausencia.
El tiempo pasa. Dentro de poco seré incapaz de recordar lo que he desayunado pero no olvidaré el reloj Orient en la muñeca de aquel viejo profesor y a aquellos malditos bastardos nunca. Tal vez porque este mundo empieza a no ser el mío, echo de menos a aquel destartalado equipo, partidos de baloncesto a sangre y fuego sobre un manto de cemento gris a los que solo la noche podía dar fin. La amistad, aquella bola extra, aquella bala de plata para combatir nuestros demonios.
Siempre antes de dormir, mi mente viaja en un desgarro a aquellos fogones humeantes donde aún mi madre es una joven de pelo oscuro que cocina y me sonríe. Mis hermanos y yo, apenas niños, seguimos porfiando por aquellas tostadas frente a una pequeña televisión, compacta y roja, mientras mis amigos esperan ya en la calle. Al menos una vez al día retumba aquel verso (no te conoce el niño ni la tarde porque has muerto para siempre) y vuelvo a casa, sin miedo, porque sé que él no está.
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El Madrid tiene este año siete frentes en los que competir, uno de ellos ya conquistado, y para afrontar la temporada más exigente de la historia del club se ha confeccionado una plantilla brillante. Con carencias, como absolutamente todas, pero de un nivel sobresaliente, incluso mejor que la que al año pasado ya conquistó la Copa de Europa y dos títulos más. Por supuesto, en el camino, sobre todo en el que llevaría a revalidar el cetro europeo, esperan rivales formidables. Pero aunque algunos equipos reúnan una nómina impresionante de jugadores, creo que el principal enemigo del Real Madrid esta temporada es el propio Real Madrid. Concretamente, el demonio a batir se llama autocomplacencia, un monstruo que se alimenta de loas y que trabaja sin descanso para destruir los valores básicos de un equipo.
El principal enemigo del Real Madrid esta temporada es el propio Real Madrid. Concretamente, el demonio a batir se llama autocomplacencia
De hecho, el indiscutible éxito de la temporada pasada se cimentó en un compromiso extraordinario de toda la plantilla para sobreponerse a una abrumadora serie de catástrofes en forma de lesiones, que golpearon sin piedad especialmente la retaguardia del equipo. El Madrid convirtió en rutina salir con el cuchillo entre los dientes y jugar al límite cada partido, sin negociar un esfuerzo. Y cuando futbolistas fantásticos como los que visten de blanco ponen su talento al servicio del colectivo sin ambages, es muy difícil que salga mal. La exhibición de supervivencia en el Etihad fue un claro ejemplo, con los once jugadores y los cambios manteniendo la intensidad y el rigor táctico a costa de su lucimiento personal. El resultado ya lo conocemos; ese día quizás se ganó un tercio de la decimoquinta.
Mallorca fue un serio toque de atención en este sentido. Más allá de posibles errores del entrenador a la hora de confeccionar el once y la disposición de los jugadores, lo que se vio fue a un buen número de futbolistas sin fuerza y correteando en el campo con una aparente apatía, desconocida en el Madrid desde hacía tiempo. Y esto sin mencionar la querencia por floritura ‘globetrottesca’ de algunos momentos en la primera parte, tan efectista como poco efectiva. La sensación que se captaba al otro lado del televisor era de que muchos no querían jugar ese partido, que reunía varios condicionantes para considerarlo menor. Y ese es el primer error, porque no existe para el Madrid un partido oficial que no sea importante y se deba intentar ganar al máximo.
Necesitamos retener el hambre competitiva que distingue históricamente al 15 veces campeón de Europa. En todo caso, es muy pronto y hay tiempo de sobra para mantenerse en la senda de la temporada pasada
El poder debilitador del halago es innegable. Llevamos todo el verano escuchando y leyendo lo increíblemente superior que es el Madrid con respecto a sus rivales locales. Aquellos que componen el equipo no son inmunes a estos comentarios y, aunque sea a través del subconsciente, el mensaje acaba calando. Necesitamos retener el hambre competitiva que distingue históricamente al 15 veces campeón de Europa. En todo caso, es muy pronto y hay tiempo de sobra para mantenerse en la senda de la temporada pasada. Mallorca hizo que saltaran las alarmas, como dejó claro el mismo Ancelotti en la rueda de prensa posterior. Quizás ni siquiera alcance la categoría de problema, si se toman medidas para que no se repita.
Afortunadamente, en el Madrid no impera la hiperpositividad tóxica que envuelve a algunos de nuestros rivales. Encontrándose en una situación notablemente peor tanto en la índole deportiva como en la económica, siempre ven el futuro brillante, aunque tengan pocas razones para hacerlo. Esta ausencia casi total de crítica, unida a un caldo de cultivo ilusionante, cocinado artificialmente desde la directiva y transmitido a medios y redes, solo consigue que el proceso de degradación que viven se asuma e incluso se celebre por una masa social convenientemente anestesiada. Mientras se hacen cábalas con las maravillas que asoman en el horizonte, se aparta la vista de la basura que se acumula ahora bajo la alfombra.
El Madrid de la crítica instantánea, donde cada empate es una crisis, vive en el extremo contrario. Esto hace que muchos se pasen la vida angustiados por las catástrofes venideras que se nos anuncian a diario, y también que sea muy complicado que errores, males y contratiempos no se detecten y se puedan corregir. Si el equipo no cae en la complacencia de creerse los mejores, es mucho más fácil que lo vuelvan a ser de verdad.
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Buenos días, queridos amigos. Antes de nada, a ver si se me van centrando ustedes un poco, que, con tanta playa y montaña, con tantas vacaciones, “me los veo descentraos”.
Hagan caso a los que saben, lean y escuchen al periodismo de investigación de este país, al que les habla de “la locura de afición del Atleti”, pero no es capaz de encontrar elementos violentos o racistas en ellos, ese mismo periodismo que da por válido cualquier cuesco de Laporta, pero no tiene el mínimo interés en analizar las trampas financieras perpetradas por el club que preside, unos medios sin los bemoles necesarios para criticar ninguna de las decisiones de los mandamases de LaLiga, ya sea la vista gorda ante las cuentas inverosímiles del “Palancas”, o los ruinosos acuerdos con el fondo CVC que tantas dificultades financieras han traído a los clubes firmantes. Esos medios, esos mismos medios que destacan por su conocida capacidad de análisis son los que se permiten aleccionar, aconsejar, instruir o criticar el juego y la plantilla del campeón de Liga, Champions, Supercopas y demás.
Cuánta osadía exhiben los redactores de Marca. Osadía y algo más, pues a nadie se le escapa que el mapa de calor es la excusa para soltar un nuevo palo al club que les da poco más allá que los buenos días y las notas de prensa oficiales. El lenguaje no es casual y “Tienen que centrarse” no es una frase referida exclusivamente a las estrategias del fútbol, por supuesto que no. No quiere decir solo que Mbappé, Vinícius, Rodrygo y Jude tengan que jugar más por dentro o por el centro del ataque madridista. No, para Marca, tienen que centrarse porque están descentrados: Mbappé porque no encuentra su sitio, Vinícius por la oferta de Arabia o las peleas con el público, Jude por retrasar su posición y Rodrygo por los supuestos celos o la falta de cariño. Aunque esos celos fueran creados por ellos mismos al recortar al brasileño en una portada triunfal para luego regalarle dos completas:
Eh, Real Madrid, que vosotros no os dais cuenta, pero nosotros, grandes periodistas de investigación, sí: aquí hay un enorme futbolista que está cabreado porque le habéis quitado de los focos, a ver si os centráis un poco. Cierto es que si los editores de Marca no hubieran “descentrado” la foto e inventado eso de la BMV no habrían tenido chicha para dos portadas más, pero eso es irrelevante. Lo suyo es el periodismo del “güeno”, del que pasa de puntillas por lo que menciona en el faldón inferior de la portada de hoy:
Laporta prepara dos “palancazos” y lo dejan caer como si fuera una gracieta más de Laporta y no un escándalo aberrante. Lo sueltan con las mismas tragaderas con las que se zampan cualquier burrada de Henry Cherry, que es que es tan gracioso que no se puede uno aguantar. Pero el Madrid tiene que centrarse, claro que sí. Están des-centrados de tanto ganar títulos y no están tan con-centrados como sus principales rivales, que sí saben lo que hacen. Es tan ridículo todo, que solo podemos tomarlo como una coña propia del período estival y la falta de tensión competitiva del mes de agosto.
Una portada dedicada al Fantasy, algo totalmente ignoto para los pollaviejunos que portanalizamos en la intimidad. Pues eso, debe de ser la falta de tensión competitiva, suponemos. Cuesta tanto entenderlo que el propio diario tiene que justificar su elección de portada: “Si más de 2.500.000 usuarios dedican su tiempo a Biwenger nosotros le dedicamos una portada”. Cualquier día veremos a Omar Montes o a cualquier reguetonero de medio pelo porque, si más de dos millones de personas escuchan sus canc… sus “eso”, pues nosotros le dedicamos una portada. Esperemos que no llegue tal día.
Casualmente, no deja de tener su gracia que el diario As recoja en la parte inferior la foto completa, “centrada” y no recortada de los descentrados Kylian, Vini, Bellingham y Rodrygo junto a un mensaje sobre la precocidad de sus éxitos. Habla de un grupo que acumula 240 títulos, pero no sabemos de quiénes hablan porque los jugadores del Real Madrid están descentrados, no lo olvidéis, amigos.
Os dejamos con las portadas de la prensa cataculé. No hace mucho tiempo que celebraban los fichajes, consumados o en grado de tentativa, y hoy llevan a sus portadas como un éxito las salidas de jugadores, las inscripciones o las cesiones. O los “palancazos”, que todo se andará.
“Otra salida”. Nos falta oír el “¡yujuuu!” de Laporta, pero sabemos que se escuchó en la ciudad condal. Más entrañable nos resulta la portada del Mundo Deportivo:
Sí, señores, la apuesta es Cancelo. El mismo del que se despedían hace nada por su rendimiento:
Centrémonos cada uno en lo nuestro y al rival, que siga en lo suyo. No los despistemos del camino que su presidente y los agentes afines le marcan.
Pasad un buen día.
Me dirijo en estas líneas a Carlo Ancelotti, entrenador del Real Madrid y asiduo lector de La Galerna, para solicitarle formalmente que modifique una táctica que no le está dando ningún resultado. No me refiero a la futbolística, ya que la dilatada experiencia del italiano entrenando en la élite europea nada tiene que envidiarle a la mía, consistente en las más absoluta de las nadas. Igualmente, si nuestro Carletto quisiera una lección futbolística, no tendría más que pasearse un rato por el espacio digital anteriormente denominado como “Twitter”, donde encontraría a una verdadera cátedra de expertos en táctica futbolística, preparación física y gestión de grupo que no mostrarían ningún reparo en señalar la miríada de errores que tiende a cometer el veterano entrenador de Reggiolo.
En mi caso, vengo a señalar otro tipo de error o posible error que puede estar cometiendo Carletto, acostumbrado por su metodología a la hora de gestionar grupos, pecando quizás de un exceso de diplomacia que, por otra parte, casa bastante con la imagen que da desde hace tiempo el Real Madrid.
Cuando finalizó el partido en el que el equipo blanco pinchó frente al Mallorca, ante la pertinente pregunta de un periodista en rueda de prensa, sorprendió escuchar a un Ancelotti que se mostró excesivamente pacificador con el arbitraje realizado por Soto Grado (colegiado con el que el Real Madrid posee un paupérrimo 55% de victorias), defendiendo incluso la amarilla sacada por el colegiado a Maffeo por su pisotón al gemelo de Vinícius sin intención alguna de disputar el esférico.
En cualquier otra liga, una que gozara de pulcritud y estuviera alejada de la sombra de la corrupción, actitudes como la de Carletto, o la de los propios jugadores del Madrid, que suelen evitar hablar de los errores de los colegiados e incluso disculparlos públicamente, no generarían más que simpatía hacia los nuestros, que evitan constantemente utilizar su mayor altavoz para echarlos al fuego de la opinión pública.
Ancelotti peca quizás de un exceso de diplomacia, lo que, por otra parte, casa bastante con la imagen que da desde hace tiempo el Real Madrid
Desgraciadamente, participamos en la liga española de los Negreira, Cantalejo, Gómez y demás esbirros que aprovechan esta pasividad blanca para seguir cargando sin honor ni pudor contra el club de Concha Espina, tornando en negra cada jugada de esas “grises” de las que tanto gusta hablar a los especialistas arbitrales del relato. El “señorío” de Carletto es la rodela tras la cual se escudan los colegiados para continuar cometiendo “errores” contra el club blanco, sabedores de la ausencia de repercusiones para ellos, tanto laborales como mediáticas.
Estamos en guerra, Carlo, y no una fría precisamente. El domingo no hubo una sola de esas jugadas grises que cayera del lado del Real Madrid y la sensación que se respira en el ambiente es que la anomalía sería que alguna lo hiciera. Ni el penalti o falta a Mbappé (con la correspondiente amarilla a Maffeo), ni la expulsión a este por la agresión a Vinícius, ni el penalti a Militao (del que seguimos esperando repeticiones, Mediapro; o su señalamiento, ya que este año el CTA aseguraba que se iban a pitar todos los agarrones).
Ni tan siquiera una mísera amarilla a Samu por las 7 faltas realizadas, una de ellas particularmente dura contra Vinícius en la que fue con los tacos por delante y que creo que ni siquiera Soto Grado llegó a señalar. Eso sí, no se le escapó ir con el dedito a por el brasileño cuando este lo único que estaba haciendo era un gesto de complicidad con la afición blanca que estaba en la grada de Son Moix.
El arbitraje español, querido Carlo, demuestra cada fin de semana que no siente ningún tipo de respeto por el único club (junto con el Athletic de Bilbao) que dignifica la competición que les da de comer. En su peor momento en cuanto a credibilidad, tras descubrirse que uno de los equipos de la liga española estaba corrompiendo las entrañas de todo el CTA, 8 millones de euros mediante, en lugar de ofrecer si no una explicación, al menos una disculpa, la respuesta de los colegiados fue atenerse a la ley del silencio, renegar de Negreira, mentir públicamente sobre su papel en esta obra y confiar en que funcionara la patada a seguir para continuar disfrutando de sus fastuosos e inmerecidos emolumentos sin tener siquiera que contestar a ninguna pregunta incómoda.
No sólo el actual arbitraje español no merece la más mínima consideración o el beneficio de la duda, sino que además, esta tibieza de Carletto y cualquiera que represente al Real Madrid públicamente desde hace años (la primera etapa de Carletto, prácticamente) no mejora en absoluto los arbitrajes recibidos, más sangrantes cada temporada.
Sorprendentemente, lo único que hasta ahora minó medianamente la escandalosa diferencia de saldo arbitral entre Real Madrid y Barcelona fue la beligerancia mostrada por José Mourinho en su etapa como entrenador de la casa blanca, en plena era Negreira. Quizá las circunstancias mediáticas actuales sean diferentes, pero el caso es que la presión ejercida por el portugués surtió un mayor efecto que la elegancia señorial que ostenta actualmente el club (con Carletto a la cabeza) y de la que en condiciones normales sería lógico ser partidario.
La beligerancia mostrada por Mourinho en plena era Negreira surtió un mayor efecto que la elegancia señorial de Ancelotti, de la que en condiciones normales sería lógico ser partidario
Entrenadores como Carlo o Zidane, que siempre han evitado directamente señalar la labor de los trencillas, han visto cómo ligas como la 2020/21 o la 2022/23, en las que el Real Madrid fue el mejor equipo de la competición, se escapaban de sus respectivos palmareses por acciones u omisiones arbitrales, a estas alturas ya no vamos ni a decir que dudosas, que siempre actuaban en detrimento de los intereses blancos.
De poco sirve que la televisión del club haga esos magníficos vídeos, por desgracia semanales, en los que recopilan la retahíla de errores arbitrales y que los aficionados se desgasten compartiéndolos por las diferentes redes sociales si posteriormente los portavoces “oficiales” del club no actúan en consonancia con ellos. Entiendo que la postura oficial del club se base en un noble silencio sustentado por la grandeza de representar a algo más grande que todos nosotros y que permite que sean tantos otros, los aficionados, como los hechos, los que hablen por sí mismos y defiendan al club, pero la historia reciente demuestra que el factor arbitral se ha convertido en una circunstancia que puede resultar incluso más determinante que la calidad de las plantillas o el juego desempeñado en el verde, como hemos tenido la desgracia de comprobar en las dos últimas ligas que no hemos conseguido.
Es hora de cambiar de táctica, Carlo, porque no sólo está en juego el título liguero, sino todos los que disputamos este año, el más exigente de la historia para el Real Madrid a nivel de títulos y partidos por jugar. La temporada pasada pudimos ganar la liga de manera holgada gracias, además de al magnífico rendimiento del equipo, a la no comparecencia de nuestros principales rivales. Este año apunta diferente y, aunque sigue existiendo una diferencia de nivel amplia con el Barcelona y el Atlético, el factor arbitral puede equilibrar una liga que va a desgastar al equipo más de lo debido, pudiendo repercutir así en el resto de competiciones. Igual sería conveniente hacer todo lo posible por disputar la competición con el menor hándicap posible.
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Buenos días, amigos. Esta mañana, tras libar el esencial café y asearnos, nos precipitamos a la calle en pos de la prensa deportiva y, como es menester, saludamos a quien nos sale al paso.
—Buenos días, Aurelio.
—Buenos días, ente portanalista.
Según nos acercamos al quiosco, una musiquilla enlatada se hace cada vez más presente en nuestros oídos. La melodía con olor a naftalina nos resulta conocida. ¿Qué era esto…? ¡Ya está! ¡La música del NO-DO!
La cancioncilla parece brotar del establecimiento. Avanzamos, aumenta el volumen. Nos detenemos frente a los montículos de diarios que Alfredo el quiosquero apila con mimo cada madrugada a los pies de su puesto.
—Buenos días, Alfredo. ¿Por qué tienes puesta la música del NO-DO en el Spotify? No te tenía por nostálgico.
—Buenos días, ente portanalista. No es el Spotify, la melodía mana de las portadas de As y Marca. Me las han servido así, yo no he tocado nada, lo prometo.
Asimos despacio el diario de PRISA y nos lo acercamos a la oreja. Es cierto, suena el NO-DO. Repetimos el gesto con el Marca. Lo mismo. Es chocante, pero cosas más insólitas hemos visto, por ejemplo, que un club pague millones de euros a un jefe de los árbitros durante décadas sin consecuencia alguna.
Nos fijamos ahora en la portadas de ambos diarios y entendemos por qué brota el NO-DO de sus extrañas.
Los periódicos madrileños de hoy son una sesión de baño y masaje («baño de masas» lo llama As) al Atlético de Madrid que recuerda a la adulación brindada al dictador en el noticiero propagandístico franquista que se proyectaba antes de las películas en los cines españoles.
Marca titula «Esta afición es una locura», y la verdad es que no podemos estar más de acuerdo. Quizá la intención no era esa, pero el diario de Gallardo ha atinado de pleno. Una afición que no alza la voz contra un sector de la misma de filiación neonazi con dos muertes a sus espaldas no parece la actitud más cuerda del mundo.
No solo no exige la expulsión de los violentos, sino que se une a ellos en cánticos y actitudes racistas hacia jugadores negros, con Vinícius como objetivo principal de su acoso.
También puede calificarse de locura el hecho de que siendo uno de los clubes que más dinero gasta en fichajes su afición no les exija ganar nada y se conforme con vencer una vez al año al Madrid, aunque sea en un torneo de verano.
Asimismo es de locos que sus actuales dueños se apropiaran indebidamente del club y los hinchas no reaccionaran en masa ante el robo con luz y taquígrafos de la entidad de sus amores.
«Estado de ilusión» es el titular elegido por As sobre una fotografía de las nuevas caras de esta temporada: Julián Álvarez, Le Normand, Sorloth y Gallagher, que posan en ese oasis que es el Metropolitano, quizá el único estadio de un club de cierta relevancia que aún permite que los ultras campen a sus anchas por el mismo.
Aunque, debido a la propia naturaleza de la afición atlética, lo que realmente les hace ilusión es entonar cánticos contra quien ellos consideran su rival: el Real Madrid.
⚽️La afición del ATLETI se acuerda del REAL MADRID el día de la MEGAPRESENTACIÓN de sus fichajes
"Madridista el que no bote es"@diarioas pic.twitter.com/e2TUfm0QuM
— AStv (@AS_TV) August 21, 2024
Habrá quien califique de patético ser un gregario de la mediocridad, pero los atléticos son así. Al final, cada uno tiende a relacionarse con aquellos con quienes comparte aficiones y valores, y los miles de seguidores rojiblancos que habitualmente pueblan el Metropolitano se codean con el Frente Atlético sin que ello les suponga ningún conflicto moral.
El Atleti presenta a sus fichajes en su estadio —unos jugadores a quienes no les va a demandar ningún título— y lo primero que hacen sus aficionados es acordarse del Madrid. Sintomático. El Madrid acude a Cibeles a celebrar copas más a menudo que alguien del Barça comisiona por un fichaje y no se oye ni una referencia a ningún rival o equipo mediocre. Diferencias.
Diferencias las existentes entre la prensa madrileña y la catalana. Una habla de Atleti y otra del Barça. Aunque, en el fondo, son iguales. No hay que morder la mano que te da de comer.
Pasad un magnífico día.
Hace unos días, Roberto Gómez Mira lanzó por X un debate sugerente: “¿A quién ficharías de La Quinta para el actual Real Madrid?”. La cuestión, que inmediatamente suscitó un intercambio de candidatos y argumentos históricos, técnicos y emocionales, cobra un especial sentido ante la situación actual del club blanco. Verán por qué.
Con la salida de Nacho —One Club Man Interruptus—, la plantilla 24/25 sólo cuenta con un jugador criado Valdebebas con plaza asegurada en el once, Carvajal, y dos que, a priori, serán complementos de renombre: Lucas Vázquez y Fran García. Aunque vivan la semana con los mayores, es de suponer que Jacobo y Fran González serán soldados de Raúl en el Castilla.
Además, y fruto de la filosofía exportadora de La Fábrica, este verano el club ingresó 19 millones por Rafa Marín (aun sufriendo escasez de centrales), Álex Jiménez y Marvin. Así las cosas, el juego propuesto por la voz autorizada que es Roberto adquiere, si quieren, mayor interés.
Juguemos pues. En orden posicional, el primer nominado es Manolo Sanchís, al que el fútbol le rebosaba en los genes (su padre, como recordarán, fue campeón de Europa Ye-yé). Inicialmente se desempeñó en el centro del campo, como un box to box cuando todavía ningún panenkita había imaginado el término, pero terminó como central implacable, eternamente recordado por formar un tándem de lujo con Fernando Hierro y levantar La Séptima.
El segundo es Martín Vázquez, el verso suelto de aquella generación. Tremendo, de exquisito paladar, al punto de resultar sospechoso para el graderío más exigente. Un inclasificable con el don de una visión y un toque muy cercano al arte.
No muy lejos de su calidad y finura deslumbró un 8 con alma de 10: Míchel. Elegante y vivaz, su guante asesino en la derecha fue disfrutado por todos los moradores de los terrenos del 9 blanco.
El cuarto fue el más fugaz, quizá haciendo honor a su velocidad: Pardeza, un auténtico ratón de área.
Y por último, la bandera: Butragueño. Heredero del 7 eterno, aunó finta y audacia haciéndose dueño de la imaginería de toda una generación.
Si atendemos a la lógica —y más considerando los antecedentes de las lesiones de Militão y Alaba— Manolo Sanchís sería la guinda de lujo para la actual plantilla de Ancelotti. Con el austriaco en fuera de juego hasta dentro de unos meses y teniendo que recurrir a Tchouaméni como central de guardia, el madrileño cubriría un hueco en el que previsiblemente se sufra.
¿A quién ficharían ustedes? ¿Recuperarían a Sanchís? ¿Se dejarían embelesar de nuevo por las ocurrencias de Martín Vázquez? ¿Apostarían por la polivalencia y el rendimiento asegurado de Míchel? ¿Le darían una segunda oportunidad a Pardeza? ¿O quizás configurarían una delantera total con la incorporación de un jugador de época como El Buitre? Aprovechen la ocasión y pronúnciense, pues no les pasará como al propietario del término de La Quinta, Julio César Iglesias, que tras su artículo recibió una llamada de Di Stéfano, por entonces técnico blanco, para citarlo en una cafetería y, mirándole a los ojos, espetarle: “Si los subo y la cagan, ¿qué?”.
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