Si existe una leyenda negra equivalente a la atribuida a España es la que atañe a la relación de Franco con el Real Madrid. Pero, como en todas las tergiversaciones históricas, sólo hay que apartar la hojarasca del populismo y los infundios para hallar a los beneficiados —e instigadores— del descrédito: los imperios británico y neerlandés en el origen del caso español y el F.C. Barcelona en el del equipo blanco.
En el capítulo de hoy, veremos el caso de los estadios y las recalificaciones. Corría el mes de septiembre de 1973 cuando el Real Madrid decidió hacer público un proyecto rompedor: construir un nuevo estadio en el barrio de Fuencarral, junto a la salida de la N-1, con capacidad para 120.000 espectadores sentados y a cubierto, ¿les suena esto último? Todo un adelanto para la época. Pero Bernabéu tenía un problema, y es que para financiar el nuevo mausoleo necesitaba que se recalificasen los terrenos donde estaba el campo que ya llevaba su nombre. Y no las tenía todas consigo.
En el comunicado del club, tras una argumentada exposición del arraigo del Madrid en la ciudad y su contribución a su crecimiento social, se explicaba que la ubicación del estadio en la Castellana comenzaba a entorpecer el tráfico y molestar a los vecinos por el ruido y los trastornos derivados (esto también les sonará). Así que proponía una solución: recalificación del terreno y construcción en el mismo de la torre más grande de Europa, diseñada por William Zeckendorf, el responsable, entre otros, del edificio de la ONU.
Todo estaba bien estudiado, con sólidos razonamientos y serios proyectos, pero Franco, en una reunión mantenida con Santiago Bernabéu para tratar el tema, mostró una actitud distante. Previamente, desde los medios (especialmente ABC) algunas voces ya se habían levantado contra la idea del dirigente blanco, por lo que la decisión final no sorprendió a nadie.
Arias Navarro, por entonces alcalde de Madrid y más tarde último presidente del Gobierno franquista, oficializó la negativa con el peregrino argumento de que una torre como la planteada generaría un volumen de actividad que la ciudad no podría absorber. Tampoco se devanó los sesos el hombre.
Se dice que Bernabéu siempre sospechó que los promotores de Torre Europa, que se empezó a construir en las inmediaciones del estadio del Madrid pocos meses después, estaban detrás de la negativa de Franco. El dictador, que supuestamente llevaba favoreciendo al equipo de la capital desde su subida al poder, no dio su brazo a torcer y los blancos, una vez más, siguieron su camino sin las prebendas del régimen.
El que sí las tuvo, casualmente, fue el F.C Barcelona. En el Consejo de Ministros del 13 de agosto de 1965, celebrado en el Pazo de Meirás, Franco autorizó con su rúbrica la modificación urbanística definitiva de los terrenos de Les Corts, antigua ubicación del estadio blaugrana. Fue el último paso de una operación que se había iniciado mucho antes, en marzo de 1951, cuando el Barça logró la primera recalificación que les permitió trasladarse al espacio donde actualmente se ubica el Camp Nou. Y que había seguido en 1962, con una segunda recalificación acordada con el Ayuntamiento que permitió club catalán liquidar una deuda que superaba los 230 millones de pesetas.
Los mitos se desmontan con datos y fechas, y el del comodín de Franco con el Real Madrid, más que desgastado o caduco, lo cierto es que nunca existió.
Getty Images.
Acaba el parón de selecciones y en una semana hemos envejecido lo que en otras 52. Los últimos siete días los hemos pasado emparedados entre polémicas absurdas y campañas orquestadas de forma sibilina y con intenciones espurias. Es decir, hemos pasado una semana, parafraseando a ese gran madridista que es Jota de Los Planetas, atrapados en el motor gripado de un autobús destartalado. ¿Quién es el verdadero conductor de este autobús? Lo desconocemos. ¿Hacia dónde se dirige? No lo sabemos con seguridad, pero sí que podemos afirmar que es un lugar muy turbio.
El aquelarre mediático que se montó la semana pasada en torno a Vinícius Júnior es la enésima demostración de la infamia que se lleva perpetrando contra el brasileño desde su llegada a España en el verano de 2018. Más allá de si sus palabras se han tergiversado, más allá de si el mensaje profundo de su entrevista con Darren Lewis para CNN haya sido o no captado, esto no tiene un pase. En La Galerna podemos leer a grandes firmas como la de nuestro editor Jesús Bengoechea que han puesto por escrito lo que muchos pensamos al respecto.
Por mi parte, y saliéndome del debate maniqueo en torno a sus últimas declaraciones, tengo claro desde hace bastante tiempo que con Vinícius Júnior se busca su estigmatización y degradación pública. En un caso similar al de Mourinho. Para muchos, hasta que el brasileño no salga de España no cesarán en montar campañas de odio en su contra. Al técnico portugués se le llegó a llamar “nazi” en la prensa. A Cristiano Ronaldo le decían de todo. A muchos se les olvida los insultos repetitivos contra el astro portugués que tenían por foco su nacionalidad y su supuesta condición sexual.
Con Vinícius existe racismo y xenofobia pero también simple odio. Si el racismo y la xenofobia son manchas execrables en cualquier sociedad, el odio total es aún más difícil de aplacar
Es muy típico escuchar desde las gradas ofensas soeces contra los jugadores y aún más si son grandes estrellas. Pero no es tolerable ni tiene excusa alguna. De hecho, tanto la jurisprudencia de cualquier estado desarrollado como los fundamentos de la FIFA que recogen los patrones de conducta de nuestro campeonato sancionan estos comportamientos de forma implacable. Siendo así, muchos nos preguntamos, ¿por qué se ha llegado a este estado degradado en nuestro fútbol? Las instituciones responsables algún día deberían explicarlo y, acto seguido, disculparse con todos y cada uno.
Decía que lo vivido con Vinícius Júnior es de lo más denigrante que he presenciado nunca. Porque con Vinícius existe racismo y xenofobia pero también simple odio. Si el racismo y la xenofobia son manchas execrables en cualquier sociedad, el odio total es aún más difícil de aplacar. Vinícius representa todo lo que odian los antimadridistas. Es un joven talentoso que en sus primeros pasos fue mordido en la cabeza por un rival enajenado y no pasó absolutamente nada. Aquella fue la carta de presentación para el joven Vinícius.
Muchos de sus compañeros en el Castilla cuentan cómo en muchos campos le insultaban de forma sistemática. Cuando ascendió al primer equipo, tuvo que enfrentarse con la inquina del antimadridismo que lo tomó a broma por su falta de puntería. Cuando empezó a encadenar goles de importancia y ser decisivo en los grandes partidos, el odio estalló. Porque no le perdonan ser lo que es. El odio es tal que hasta le censuran por sus declaraciones. Les molesta su mera existencia. Muchos de estos odiadores se excusarán de no ser racistas ni xenófobos, pero en el fondo se suman a estos canallas. Porque el odio no conoce ni de fronteras ni de matices.
Desde hace bastante tiempo que con Vinícius Júnior se busca su estigmatización y degradación pública
Y quien quiera negar que tenemos un problema de racismo en nuestro fútbol, que se asome a lo sucedido este fin de semana en el derbi asturiano. Una señora profirió insultos racistas a Haissem Hassan, actual jugador del Real Oviedo que la pasada temporada militaba en el Sporting de Gijón. Un sinsentido total. Este triste ejemplo es el último de una larga lista. Es decir, no estamos ante casos aislados ni delirios que nos montamos los que lo denunciamos.
Por otro lado, al fin vuelve nuestro Madrid. Este sábado jugamos en Anoeta frente a la Real Sociedad. Llegamos a San Sebastián algo mermados con la baja segura de Ceballos y las dudas de Mendy, Tchouaméni, Güler o Militao. Algunos arrastran sobrecargas y otras pequeñas recaídas en lesiones últimas. Muchos medios apuntan que tanto los jugadores como sus preparadores han querido ser prudentes y por eso muchos de ellos volvieron de sus concentraciones nacionales. Si es así, bueno es. Porque a pesar de que a buen seguro que son lesiones pequeñas, son lesiones al fin y al cabo. Con la mosca detrás de la oreja estaremos todos en el siguiente parón que tendrá lugar entre el 7 y el 15 de octubre de 2024. Esperemos estar versados ya contra toda clase de males.
Para San Sebastián se estima que puede volver Jude Bellingham. La vuelta del centrocampista británico es buena cosa, pues estamos más necesitados que nunca de efectivos en la medular. Jugar con Bellingham es jugar con un jugador que se multiplica. El internacional inglés no solamente aporta talento, facilidades tácticas y soluciones en el último pase, también es un chute de oxígeno para sus compañeros. En su rol de jugador total, su presencia en el once nos acerca aún más al gol y, además, suma poderío a balón parado y seriedad en el repliegue defensivo.
En los primeros partidos del campeonato liguero el equipo ha echado en falta tanto a Bellingham como a Eduardo Camavinga. En su estilo, jugar con Camavinga también es hacerlo con un jugador que vale por dos. Tanto en defensa como al ataque, el joven francés es capaz de ofrecer un arsenal de habilidades y recursos que facilitan la vida a sus compañeros y amargan al contrario. Su presencia física e inteligencia táctica, es garantía de excelencia en defensa. Y sus recursos en el ataque, una auténtica fuerza anárquica con esas galopadas capaces de romper líneas en pocos movimientos.
En los primeros partidos del campeonato liguero el equipo ha echado en falta tanto a Bellingham como a Eduardo Camavinga
Para terminar, quisiera poner una nota más positiva. Quisiera sumarme a las felicitaciones al gran Luka Modrić, que cumplió el pasado lunes 9 de septiembre unos espléndidos 39 años como soles. Un fichaje que llegó en su día procedente del Tottenham por 42 millones de euros y para tapar vergüenza según la prensa culé. Un hombre que trajo Mourinho convencido que enamoraría al Bernabéu y jugaría durante años en el club. Doce años más tarde, ni los más optimistas del lugar imaginaban que el croata llegaría a ser capitán del equipo, jugador con más títulos en la historia del mayor club del mundo, Balón de Oro en 2018 y el jugador más mayor en jugar con la camiseta blanca. Un Luka Modrić que para celebrar su cumpleaños consiguió un golazo de falta el pasado domingo con su selección. El madridismo únicamente puede desearle lo mejor a un señor de la honestidad de Modrić.
Getty Images.
Hola de nuevo:
Este sábado visitamos San Sebastián, y no descubro nada si te digo que es una de las ciudades más bellas que he visto. El deje señorial permanece en suspenso, visible pero no ostentoso, como un pijo que a base de delicadeza y buen gusto hubiese conseguido despojar de vanidad a su condición. Vivir en un ambiente como este sin duda debe de tener consecuencias en el espíritu, de ahí que algunos vecinos desdeñosos traten de burlarse de los oriundos, denominándolos ñoñostiarras en virtud del sentimentalismo del que hacen gala cuando evocan sus calles y paseos más lustrosos. Sin embargo, las pullas suelen naufragar; la melancolía, lejos de constituir un motivo de oprobio, ha sido reivindicada como sello de identidad del lugar y empleada sin vergüenza por sus embajadores más famosos. Verbigracia, la Oreja de Van Gogh, grupo protagonista de la enésima y artificial polémica twittera del verano, cuyas canciones desprenden un poso de nostalgia tan apropiado para estas fechas de vueltas al cole que uno se cuestiona si el algoritmo que programa el calendario de liga acaso tiene también en cuenta estos aspectos, y no solo el fastidiar al equipo del pueblo.
Volviendo al fútbol, conviene señalar que el Madrid alberga tradicionalmente buenos recuerdos de Donostia. Al fin y al cabo, el vínculo entre entidades se ha fortalecido en los últimos lustros –pese a la incomprensión de un sector de aficionados, algunos por manía respetable y otros envilecidos por cuestiones extradeportivas-, reforzado por colaboraciones como la del partido del centenario de la Real o el reguero de jugadores cedidos y traspasados en ambas direcciones. Personalmente, alguna vez te he confesado que mi memoria de aficionado madridista me impide pensar en San Sebastián sin asociarla inmediatamente a Gareth Bale. No en vano, desde su debut en Anoeta en 2014, marcó en todas y cada una de las ocasiones en que pisó el césped donostiarra. Por otro lado, las muecas de su última visita, ya relegado al ostracismo en 2020, ilustraron a las claras el papel ignominioso al que fue condenado –entre todos lo mataron y él solito se murió- en su etapa final en el conjunto blanco. De hecho, se puede observar una simetría casi perfecta entre la trayectoria del galés en el club y sus actuaciones en el campo de la Real Sociedad: de diva sin nombre y montón de ilusión a foto borrosa y flor sin olor.
desde su debut en Anoeta en 2014, bale marcó en todas y cada una de las ocasiones en que pisó el césped donostiarra. Por otro lado, las muecas de su última visita, ya relegado al ostracismo en 2020, ilustraron a las claras el papel ignominioso al que fue condenado –entre todos lo mataron y él solito se murió-
No obstante, sería injusto e irreal centrarse únicamente en la triste coda: una vida, en San Sebastián, en Granada o en Alpedrete, se compone de una sucesión de momentos diversos, y la Oreja de Van Gogh siempre posee canciones para todo. La llegada de ese jugador descomunal llamado Bale a mí me retrotrae a anhelos universitarios, época felicísima en la que la mayor de las angustias la constituía el preguntarse si con aquella incorporación sería posible aspirar con garantías a la Décima, mientras uno hacía tiempo en la parada junto a Amaia Montero, llega tarde el veintiocho –el veintiocho, carambolas de la existencia, coincide con el dorsal inicial del que comenzó como sustituto de Gareth en el rol de revulsivo, un muchacho brasileño que ha pasado de llegar tarde a rematar en el área a erigirse como el próximo favorito para el Balón de Oro-.
Bale, por aquel entonces aún con flequillo y sin moño, planeaba con sus orejas como un avión para ridiculizar las artimañas de Bartra en una final y acallaba con golazos esporádicos nuestras dudas por su recurrente abulia. Sus gloriosos chispazos y sus buenas rachas no evitaron del todo algunas suspicacias, que aguardaban en perpetua Plaza de Mayo a un líder que nunca se acabó de presentar. Aunque unos pocos también lo ayudamos cuando el circo romano llamado Bernabéu dictó sentencia y prefirió sacrificar lo que quedaba del futbolista en virtud de una supuesta dignidad.
Dicen los expertos que este fin de semana el Madrid va a acusar la baja de varios centrales, pero los que realmente conocemos los misterios simbólicos de la redonda -poetas que decidimos trabajar en un banco- a quien verdaderamente echaremos en falta en la batalla del sábado será al mejor Bale. Aquel que nunca faltaba a su cita con ese rival y estadio. No solo por coquetería retórica: el reciente aturullamiento en el área y la ausencia de profundidad convierten en un deseo imposible no imaginar al británico trotando por la banda izquierda del Reale Arena y reventando la portería a cañonazos. En realidad, sus nostálgicos solo nos callamos porque, como escribieron Xabier San Martín & Co., es más cómodo engañarse y porque la razón siempre gana al corazón. Y al mismo tiempo procuramos encender en secreto una vela, no sea que por si acaso un golpe de suerte algún día quiera que lo volvamos a ver, acaso reencarnado en una versión mejorada oriunda de Bondy, reduciendo estas palabras a un trozo de papel.
Cuídate. Volveré a escribirte pronto.
Pablo.
Getty Images
Buenos días, amigos. La bajeza moral de sujetos con eco mediático que quizá no sepan que son racistas, pero que indudablemente lo son, sigue disparada a cuenta de las declaraciones de Vinícius para la CNN.
En esta sección solemos comentar las portadas de la prensa deportiva del día, pero no será la primera vez que salimos al paso de indignidades relacionadas con el Real Madrid y cometidas por la prensa generalista. Ayer le tocó al diario Público por la elección torticera de una foto sin relación con el artículo, y hoy le toca a El Mundo, que ayer publicaba un texto incalificable de Pedro Simón, periodista (¿?) que se hizo célebre promoviendo en una serie de reportajes un fraude relativo a la búsqueda de donantes de una niña cuyo padre era en realidad un jeta de primera división. Bastó que los lectores hicieran unas sencillas búsquedas en Google para desacreditar todo el entramado fraudulento al que Simón se encargó de brindar gratuito (¿?) altavoz en prensa.
Resulta que, además de ser un irresponsable que facilita crowdfundings chungos, Pedro Simón facilita también el racismo (cuando no participa de él) a base de escribir cosas oprobiosas en las que se mofa de la batalla contra la xenofobia de un jugador de fútbol y figura pública que lo ha sufrido en sus carnes, aunque Simón parezca negarlo mofándose de él.
Ahí, en la mofa, empieza el racismo.
Este titular, que se cachondea abiertamente del padecimiento del futbolista brasileño con el acoso y los cánticos xenófobos de determinados sectores de determinadas aficiones de España, es racista. Si no lo sabe Pedro Simón, es necesario que se entere, pues burlarse del acoso racista lo es y el experimentado en sus carnes por Vinícius está documentadísimo. Sucede que Pedro Simón (oh, qué sorpresa) es indisimulado hincha del Atlético de Madrid. Que la mayor parte de los sujetos que andan por ahí juntando letras en la misma línea que Simón beba los vientos por el mismo equipo cuya afición (o mejor dicho: un sector de la misma) ha sido una de las que ha protagonizado el acoso descrito empieza a dar qué pensar. Curiosamente, la misma afición a la cual pertenece el Ilustrísimo Señor Alcalde de Madrid, que le faltó para mandar rectificar a Vini el mismo tiempo que jamás ha invertido en pronunciarse sobre el Frente Atlético.
Prosigue la burla, ya desde la primera línea de este párrafo, y tras la línea viene la mentira, porque Pedro Simón miente. Vinícius no ha dicho que deba quitársele el Mundial a España, sino que ha manifestado su confianza en que los (lentísimos) avances en la lucha contra las minorías racistas en nuestro país anularán la necesidad de hacer tal cosa. Como es del Atleti, Pedro Simón se ha abstenido sin duda de ver la entrevista de Vinícius entera, no fuera a ser que la realidad le privase no en este caso de un buen titular, sino de un artículo lleno de odio como el que ha facturado.
A continuación, siguen una serie de apuntes demagógicos que tratan de hacer pasar a Vinícius como culpable de la pobreza en su país, rematando la sucesión de absurdeces con una alusión al sueldo del jugador. Se conoce que, como el delantero cobra un sueldo que provoca la envidia sarracena de Simón, no tiene derecho a quejarse por el racismo que sufren en sus carnes él y otros jugadores negros (este fin de semana, en Gijón y en Elda sin ir más lejos). Como Vinícius no dona la integridad de su sueldo (y qué sabrá Simón de lo que dona Vinícius) a la lucha contra la pobreza en Brasil, no tiene derecho a denunciar el racismo en los estadios de España, racismo del que ha sido indudable víctima aunque el autor de esta bazofia ¿lo niegue? ¿lo obvie? ¿lo defienda?
Tras una serie de chistes de todo a cien y una referencia cinematográfica que abochornaría a Scorsese, el racista ignorante de su propia condición nos comenta que la minoría racista “execrable” “no define a un país”, es decir, exactamente lo mismo que dijo Vinícius en sus declaraciones a la CNN, algo que se ocupó en recalcar: que España no es racista, pero que hay una minoría que lo es y da mala imagen al resto, mostrándose las autoridades muy lentas en la acción contra dichas minorías, a las cuales por cierto, aunque no lo sepa, pertenece Pedro Simón.
Y llegamos a la apoteosis del cuñadismo. Llegamos al “algo habrá hecho” casposo de quienes celebran los comportamientos mafiosos. Siempre ha habido gente así en la historia, ya sea justificando a la Camorra, a la ETA o al Frente Atlético cuando lanza a la gente al río (o cuelga muñecos con el aspecto de Vini del puente más cercano). “Algo habrá hecho”.
Algo habrá hecho Vini para merecer que le llamen mono de mierda. Algo habrá hecho para merecer que se emitan a su paso sonidos guturales de orangután. Algo habrá hecho porque (tatachán, aquí viene la perla torrentiana, otro gran atlético) resulta que a Mendy no se lo hacen. Algo habrá hecho porque resulta que a Camavinga no se lo hacen. Algo habrá hecho porque resulta que a Rüdiger no se lo hacen (es mentira, a Rüdiger se lo hicieron en Cádiz).
Algo habrá hecho esa tía buena para que la violen, dado que hay otras tías buenas a las que no violan. Algo habrá hecho ese vecino de Baracaldo para que le peguen un tiro en la nuca, dado que a otros vecinos de Baracaldo no se lo han pegado. Llevar minifalda corta, ser del PSOE o regatear como los ángeles. Lo que sea.
Algo habrán hecho.
Resumimos, pues, el artículo de este racista ignorante (o no) de su propia condición: Vinícius no tiene derecho a quejarse porque le llamen mono o negro de mierda porque no ha arreglado el hambre en Brasil y porque a Bellingham, en cambio, no le llaman mono.
Os dejamos con las portadas del día.
Después de los numerosos escándalos protagonizados por el FC Barcelona desde hace décadas, uno se pregunta qué pensará el culé decente sobre esta realidad. Porque si bien algunos desmanes menos graves pueden verse blanqueados por el filtro del forofismo, la mayoría son fechorías, faltas, quebrantamientos o infracciones, cuando no (presuntos) delitos severos con pruebas palmarias. Sobre todo el asunto Barça-Negreira, el caso más grave del deporte español y probablemente europeo.
Desde que se supo que el FC Barcelona había urdido una trama para obtener beneficio deportivo mediante el pago a la cúpula arbitral —vía su vicepresidente— calificada por el juez instructor del procedimiento como corrupción sistémica, estamos esperando que aparezcan barcelonistas honrados que condenen esta ignominia. Porque, más allá de lo que dictamine el proceso judicial abierto, las facturas pagadas a Enríquez Negreira por todos los últimos presidentes azulgranas existen, las hemos visto y obran en poder del fisco y de la justicia. Y, por tanto, no es un hecho discutible.
No es apropiado pagar millones de euros a uno de los jefes del Comité Técnico de Árbitros que gobierna a los colegiados que arbitran las competiciones en las que participa el pagador, del mismo modo que no es apropiado pagar millones de euros a uno de los miembros del Consejo General del Poder Judicial que gobierna jueces y magistrados que dictan sentencia en los procesos en los que se ve involucrada la persona que abona las cantidades económicas.
Aquello que parece de Perogrullo, que un hincha cabal del Barça condene este baldón y reclame que los responsables asuman las consecuencias de sus actos, sin embargo, no ha ocurrido aún. O al menos yo no lo he visto. Claro que existen culés decentes, honrados y honestos, innumerables, es un completo absurdo ponerlo en duda, pero se echa en falta que se pronuncien públicamente, que reconozcan que lo perpetrado por su club es una vergüenza y los títulos ganados bajo esa mácula no pueden sino estar todos (como mínimo) bajo sospecha.
Esta falta de condena pública es incluso contraproducente para el propio Barcelona, porque una vez reconocida la fechoría, pedido perdón y pagado las consecuencias, la imagen del club se vería limpiada y podría emprender una nueva andadura al dictado de la ley. Siempre y cuando los socios votasen a un presidente capacitado para ello.
Como no puede ser que no haya un solo culé decente que admita públicamente el ingente oprobio en que vive instalado su club, decido salir a buscar uno.
El primer lugar donde busco un culé decente es en la panadería-pastelería de la señora conquense. Realmente no sé si es de Cuenca, pero cierto deje del habla me hace sospecharlo. Se trata de una señora más cerca de comunicarse mediante telegramas que a través de correos electrónicos, cuyo propósito principal en la vida es quejarse de y hacer sentirse mal a sus propios clientes, sirviéndose para ello de la posición que le otorga la regencia del negocio.
Ella despacha a los parroquianos mientras, dicharachera, dirige a su oompa-loompa particular para que reponga los expositores con más pasteles, pan, etcétera, o bien hornee más género. Por el aspecto y la manera en la cual ella se dirige a él, este trabajador bien podría ser el hijo de la señora conquense. Mas es su esposo.
—Buenos días.
—Buenos días, ¿qué desea?
—Por favor, quería seis minicroissants de chocolate.
—Vaya… ¡Fernando (nombre ficticio para mantenerlo en el anonimato)! —grita con preocupación la señora conquense a su marido—, ¡hornea más minicurasanes de chocolate, que este señor se los lleva casi todos y dentro de un rato viene Rafa a por los de siempre y no va a tener!
No le sienta bien que los clientes le compren productos porque se le acaban y expresa sin recato su molestia. Ella es así.
La verdad es que los minicroissants de chocolate son un espectáculo, aunque también es cierto que es lo único que merece la pena, porque producen otros, pero de pasta filo, con el aspecto y la dureza de un radiador de aire acondicionado. Dejan peor sabor de boca que una visita guiada por Clos Gómez a la segunda sala VOR. Y las empanadillas no saben a nada.
Mas me interesa que la señora esté receptiva para intentar extraerle información.
—Es que están riquísimos —comento.
Aparece el oompa-loompa y se incorpora a la conversación con entusiasmo e inseguridad a partes iguales.
—Sí, sí, a mí me gustan mucho. Si sobran, ella me los echa de postre en la comida que me prepara para el trabajo. Porque por las tardes tengo faena en otro sitio, ¿sabe? —confirma Fernando la bondad del producto—. Pero solo me los echa si sobran, ¿eh? Y no sobran nunca…
—Son de categoría. No me extraña que se le acaben —prosigo mientras retorno la mirada hacia la señora conquense—. Seguro que vienen personas de todo tipo y condición a comprar sus minicroissants de chocolate.
—De todo hay, ya lo creo. Se suelen terminan a primera hora. Si no madruga se los pierde.
—Y, entre todos esos clientes, ¿no habrá avistado alguna vez a algún culé decente?
—¿Se refiere a un culé decente que manifieste públicamente su condena en el asunto del Barça y Negreira, verdad? —quiso asegurarse la señora conquense. El oompa-loompa, al oír «Barça» y «Negreira» en la misma frase, puso cara de susto y salió escopetado hacia el interior de obrador como si hubiese mentado a la bicha—. Porque Rafa, el señor al que usted casi deja sin minicurasanes de chocolate, es culé y muy decente, no consumó hasta que no se casó, no le digo más, pero cuando Fernando le saca el tema de Negreira se transforma, niega la mayor, agarra los curasanes y sale de aquí maldiciendo al Madrid.
—En efecto, señora. Me refiero a un culé decente que se posicione sin ambages contra la corrupción de su club, sobre todo en el asunto Barça-Negreira. ¿Conoce alguno?
—Huy, por supuesto que no. Corre el rumor de que doña Justina, la de la mercería, una vez vio uno. Incluso habló con él, fue a comprarle hilo para zurcirse una manga ranglan —se acerca a mí para concluir la frase en voz baja mientras levanta ambas cejas como si llevara dúplex.
—¿Y sabe dónde puedo encontrarla?
—¿La manga ranglan? Es difícil, ya no se lleva.
—No, a doña Justina, que dónde puedo encontrar a doña Justina.
—Cuando se jubiló su hijo se marcharon ambos a surfear a Jamaica. Me escribió una postal decorada con plantas para decirme que había abierto un negocio de botones para camisas hawaianas, al parecer allí es legal vestirlas de manga corta. Pero pregunte usted en el horno del señor cotilla, él lo sabe todo. Está ahí mismo, en diagonal, al otro lado del cruce.
El lugar indicado se encuentra a unos 50 metros. Para llegar, cruzo dos calles y una docena de carriles bici.
—Buenos días —saludo al señor cotilla. A pesar de no haber venido nunca al establecimiento, su cara me resulta familiar. Es calvo con barba, tiene cierto parecido a Gárgamel, porta gafas semirredondas que quedan custodiadas por cejas populosas y cabalgan sobre una nariz considerable. Lleva bordadas unas letras pequeñas en el mandil que no alcanzo a leer.
—Buenos días. Llega usted a tiempo, acabo de sacar unas empanadillas de longaniza y habas que quitan el hipo. ¿Quiere una?
—Ya que insiste…
—Pruebe, pruebe.
—Deliciosas —balbuceo.
—Viene usted de la finca esa con el patio grande donde aparcan coches y escribe en La Galerna, ¿no es así?
—Nunca he venido por aquí, ¿cómo lo sabe?
—Me fijo mucho. Como los búhos. La gente dice que no se me escapa una, que sería la persona ideal para suministrar imágenes al VAR.
—Fenomenal entonces, quizá pueda ayudarme.
—Dígame.
—¿No habrá avistado alguna vez a algún culé decente?
—¿Se refiere a un culé decente que manifieste públicamente su condena en el asunto del Barça y Negreira, verdad? —quiso asegurarse el señor cotilla—. Porque aquí viene de manera asidua Vicente, un culé decente que se viste por los pies. Educado, limpio, amable, nunca luce camisas de manga corta, vaya, un encanto. Siempre saluda. Pero cuando otro cliente dice «palanca», «Barça Studios» o «límite salarial» tuerce el gesto. Y si escucha las palabras «corrupción», «cohecho», «Laporta» o «Negreira», se le demuda el rostro y se marcha maldiciendo al Madrid.
—Lo temía, es una rara avis, pero mucho más rara de lo que pensaba. No puede ser que no haya un solo culé decente que admita públicamente el ingente oprobio en que vive instalado su club.
—Sí lo hay. Incluso conozco a quien habló con él —musita acercándose a mi oreja al tiempo que se coloca al lado izquierdo de su boca la mano contraria.
—Ya, ya lo sé, doña Justina, la de la mercería. Pero está en Jamaica surfeando con su hijo jubilado. Está demasiado lejos para mí.
—Sé de primera mano que ahora mismo se encuentra en España. Ha venido con su hijo a vendimiar a Motril. Quizá sea su día de suerte, mi socio sale ahora para allá en una furgoneta, seguro que no tiene inconveniente en que le acompañe. Además, el chófer es buenísimo, tiene mucha experiencia acompañando a profesionales importantes.
—Huy, estupendo. Me apunto. ¿Dónde es?
—Le acompaño.
No me encuentro bien, desde que comí la empanada de longaniza he comenzado a sentirme mareado.
—Hemos llegado —me indica el señor cotilla acercándose a mí. Puedo leer las iniciales de su mandil: JR—. Suba al asiento trasero de la furgoneta. Le acompañarán en el mismo mi socio y un compañero de negocios. Delante, un colaborador necesario y un conductor experto.
Subo. Cada vez estoy peor. Me recibe su socio con una sonrisa de oreja a oreja y la mano tendida. Le conozco, es Tatxo Benet. Al lado, el compañero de negocios, Laporta, me lanza una mirada psicodélica. Echo la vista hacia adelante. Primero al lado derecho. Tebas me clava los unos ojos inyectados en billetes. Y, desde la izquierda, Javier Enríquez me guiña un ojo. Todos comienzan a carcajearse de manera grotesca. El hijo de Negreira acelera.
Antes de perder el conocimiento, vuelvo a pensar que no puede ser que no haya un solo culé decente.
Getty Images.
Es normal que existan dudas en el club tras dejarse 4 puntos ante rivales como Las Palmas y el Mallorca. Pero no hay que preocuparse. Recordemos que Ancelotti no tuvo disponible a todos sus futbolistas en la gira de Estados Unidos. Además del estado físico, hay jugadores que aún se están adaptando al regreso del 4-3-3. En esta segunda etapa, Carletto está arrancando su cuarta temporada y es el tercer esquema que utiliza.
La campaña pasada, con el 4-4-2 en rombo y Bellingham como protagonista, el Madrid era imprevisible porque el inglés no estaba fijo en el área. Los cambios de frente que hacía Kroos y la libertad que tenía Vinícius para moverse en zonas indetectables hacían que el Madrid fuese un equipo con equilibrio y a su vez letal.
El regreso del 4-3-3 ha hecho que algunos futbolistas estén en un proceso de adaptación, teniendo que cambiar ciertos automatismos. En ataque, Mbappé y Vinícius poco a poco irán entendiendo su rol. Siendo los dos extremos puros, es normal que en estos primeros partidos se ´molesten´ dentro del verde. En el centro del campo, la falta de equilibrio cuando el equipo tiene la pelota se está notando mucho. Demasiadas imprecisiones dejan al conjunto mal parado y el rival genera demasiadas ocasiones.
El regreso del 4-3-3 ha hecho que algunos futbolistas estén en un proceso de adaptación, teniendo que cambiar ciertos automatismos. Sin embargo, el que no necesita adaptación es Fede Valverde
Sin embargo, el que no necesita adaptación es Fede Valverde. El halcón está siendo sin ninguna duda el futbolista más consistente en lo que llevamos de temporada. Además de sus dos goles, lo que aporta con su conducción es clave en un equipo que juega con tres delanteros. Es, actualmente, el jugador de la liga que más pases ha completado (94) en el último tercio del campo. También tiene la mayor cantidad de pases verticales en campo contrario (117).
Para que el resto del centro del campo también brille, Ancelotti tiene que encontrar la mejor formación. En partidos exigentes, usar el 4-4-2 otorga el balance necesario para que el equipo no se rompa. Cuando vuelvan los lesionados, la clave es que haya un once titular indiscutible y que los suplentes afronten los partidos entendiendo cuál es su rol. Esto le permitirá al técnico italiano preparar los partidos con más de una variante.
Se acabó la pretemporada. Una vez finalice el parón de selecciones, vuelve la Champions y empieza la exigencia. Con más rodaje, el Madrid recuperará el ritmo necesario para generar peligro en un 4-3-3. No nos volvamos locos, hasta ahora, solo hemos visto un avance de lo que será la mejor película del año.
Getty Images.
España es un país que se odia a sí mismo, al menos eso es lo que cabe inferir de la deriva política en los últimos veinte años. Sin embargo, odia incluso aún más al Real Madrid, a la vista de lo que está pasando con Vinícius. Yo tengo mi teoría, que es clara como el agua: el odio de los españoles al Madrid es la forma quintaesenciada de ese autoodio, por otra parte tan de Occidente en nuestra época, que no obstante aquí adquiere una magnitud mayor y una intensidad feroz. No en vano el Madrid es, desde hace más de ciento veinte años, lo que queda de aquel otro país que fuimos, que fue, y que ya no es. A Vinícius se le odia por ser la estrella y el mejor jugador del Madrid. Por esa razón se le insulta llamándolo negro de mierda, mono y aberraciones similares, indiscutiblemente racistas.
Aún peor, en mi opinión, que la ofensa baja, sucia y lumpénica que se pronuncia en la grada de cualquier estadio, es el paternalismo injurioso que practican en España tantos prebostes, políticos, dirigentes y todo tipo de gente con mando en plaza. Es peor porque se le suman la sinvergonzonería y el cinismo. Por ejemplo, el alcalde de Madrid, Martínez Almeida, aficionado atlético declarado y también declarado mentiroso, cogió la semana pasada unas declaraciones del brasileño manifiestamente tergiversadas y sacadas de contexto por la prensa vendida y procedió a tratarlo como a un imbécil. Incluso tuvo el cuajo de pedirle que rectificara. Escuchándolo, recordé que Martínez Almeida ganó las elecciones en el año 2019 prometiendo la liquidación inmediata de Madrid Central. A pesar de que faltó a su palabra, en 2023 volvió a ganar las elecciones, esta vez con mayoría absoluta, lo que me lleva al principio de este artículo, y es que España está compuesta en su abrumadora e insoportable mayoría por exciudadanos con vocación de súbditos que se odian a sí mismos.
España es un país que se odia a sí mismo. Sin embargo, odia incluso aún más al Real Madrid, a la vista de lo que está pasando con Vinícius
La cosa con Vinícius ahora es que pidió que le quitaran a España el Mundial, cosa que oyendo su entrevista al completo no puede decirse que fuera exactamente así. Salieron en tromba antis y sobre todo muchos madridistas fervorosamente patriotas a acusarle de bocazas, niñato y agente marroquí. Habría que recordar que no fue Vinícius quien incluyó a Marruecos en pie de igualdad en una candidatura mundialista que en principio iba a ser ibérica. Pero en España hace tiempo que nadie es iberista, más bien al contrario: cualquiera diría que los últimos ministros de Asuntos Exteriores socialistas han sido elegidos directamente en El Elíseo para trabajar en favor de los intereses de nuestro querido “vecino del sur”, al que hemos regalado, entre otras tantas cosas mucho más importantes que un Mundial, la soberanía de iure sobre el Sáhara, técnicamente aún provincia española. Regresando como Sísifo a la piedra del autoodio, esto, si la memoria no me falla, pasó antes de las últimas elecciones, en las que por mayoría los españoles volvieron a avalar esta gestión netamente antipatriótica. A todas luces parece evidente que los españoles se enfadan más con que les quiten un Mundial que con que les quiten la Nación con su propio dinero.
Luego que si no hay que hablar aquí de política. ¡Qué más quisiera yo! Pero se lo ponen a uno directamente imposible con estas canalladas. Lo de España con Vinícius tiene un tinte tan obsceno ya que me resulta complicado ponerme aquí a hablar de cualquier otra cosa. Un país destruido moralmente por décadas de incuria e indiferencia ya sólo se une para crisparse e insultar a un veinteañero brasileño al que le duele el color de su piel. La portada del MARCA del otro día, por ejemplo, usando para decirle al negro respondón que se callara una foto de Carvajal, subió el nivel hasta el olimpo de la charca. ¿De qué otro modo calificarlo? Aquí todo el mundo puede declararse víctima menos Vinícius, aunque estén bien presentes las pruebas de un linchamiento colectivo a cuenta del color de su piel. Es una cosa enloquecedora y para desmentir cualquier acusación al respecto las terminales mediáticas del tinglado deportivo, político y social acuden raudas como centellas a decirle que se calle.
A todas luces parece evidente que los españoles se enfadan más con que les quiten un Mundial que con que les quiten la Nación con su propio dinero
En estas circunstancias, ¿quién quiere un Mundial? ¿Para qué? En el año 82 España organizó una Copa del Mundo con la que quería enseñarse como un país nuevo, joven, ilusionado, cándido y voluntarioso. La situación es completamente diferente. En 2030 España sólo puede lucirse como lo que es: un parque temático colonizado por poderes e intereses extranjeros, sin masa crítica ni orgullo cívico alguno, al garete de los vientos que soplen en la comunidad internacional, sometida con gusto a las consecuencias de todo tipo de decisiones tomadas en centros de poder que están muy lejos de ella. Un país en vías de subdesarrollo encantado de conocerse al que le han dado la vuelta como un calcetín y del que sólo queda, como rasgo puro y genuino, un furioso y simiesco antimadridismo que le lleva a pasar por encima de cualquier límite con tal de justificar el atropello.
Como las aguas no se calmen un poco, pienso que Vinícius corre físicamente peligro esta temporada por esos campos de España que se jibarizan cuando aparece por ellos el Madrid. No es algo nuevo, pero no sé hasta qué punto es sostenible una guerra civil cada quince días, un aquelarre permanente, un paroxismo de guerrilla alimentado por altavoces mediáticos irresponsables y siniestros. A ver qué pasa cuando le den el Balón de Oro porque todo parece indicar que se lo van a dar. Nadie, la verdad, lo merece más que él, pero el mérito hace tiempo que desapareció de la primera línea de esta industria tan podrida. Cada estamento del fútbol español es una auténtica ciénaga, una swamp como dicen en inglés que alguien tendrá que drenar alguna vez. No se le puede pedir a Vinícius que haga él solo lo que debería hacer una sociedad civil que estuviera viva, pero alguien tendrá que prender la mecha.
Getty Images.
Buenos días, queridos amigos. Estamos en las postrimerías del parón de selecciones de septiembre, que es como decir que se atisba la luz al final del túnel. Se están jugando ya los últimos partidos. Ya sabéis que la vida es lo que sucede entre un parón de selecciones y otro, encontrándonos ahora mismo en la puerta de salida de uno de esos periodos de suspensión existencial. Ya lo dijo John Lennon: “Life is what happens to you while you’re busy making other plans and footballers get injured playing against the Feroe Islands”.
Vale, está bien, nos hemos tomado alguna licencia parafraseando al genio de Liverpool, pero más o menos es lo que viene a decir su famosa cita, que por cierto pertenece a su canción Beautiful Boy. Pese al título, no era un tema dedicado a Brahim Díaz, que volvió a marcar con Marruecos para dar la victoria a su selección. Ni siquiera trata de Arda Güler y la apelotante exhibición de virguerías y eficacia que se marcó anoche ante Islandia jugando con Turquía. No os vamos a engañar: trata sobre su hijo Sean, a quien canta cosas tan sencillas y bonitas como “Close your eyes / Have no fear / The monster’s gone / He’s on the run / and your daddy’s here”. John Lennon padreando, tal como hicieron ayer Brahim y Arda.
El caso es que nuestro monstruo, como el de Sean Lennon, también parece estar on the run, dado que se acaba ya el maldito parón, aleluya, aleluya. La prensa mira ya en otras direcciones, como Marca, cuya portada se centra en la Vuelta Ciclista a España, o como As, que tiene la increíble audacia, en los tiempos que corren, de dedicar una portada a loar, con toda justicia, el éxito financiero y deportivo de la política de fichajes del Real Madrid.
La prensa cataculé, por su parte, se mira el ombligo con algún alivio, lo cual nos alegra por los culés de bien, si los hubiere. Decimos “si los hubiere” porque aún está por aparecer el primer culé que admita públicamente el ingente oprobio en que vive instalado su club, con el caso Negreira como mascarón de proa, así como la dudosa legitimidad de los títulos logrados bajo la influencia del marido de la propietaria de La Torrada.
Esperaremos sentados. No es posible que no exista un solo culé decente. Sólo falta que se manifieste.
En medio del lodazal blaugrana, brilla una perla como Lamine Yamal. Les ha venido Dios a ver con el chaval. Tienen dónde mirar sin asquearse, suponiendo, ya decimos, que les asquee toda la inmundicia consentida por el sistema que es el club de sus amores. Sería absurdo negar que Lamine Yamal es un auténtico fenómeno, aunque habrá que ver su evolución teniendo en cuenta la presión que se está ejerciendo sobre él. Por cierto, ayer se publicó en algún lado de procedencia culé que el chico ha ganado en un año diez kilos de masa muscular. Diez kilos. En un año. Se publican sin pestañear datos que, analizados fríamente, levantan cejas.
Sport habla del nuevo Camp Nou. Parece ser que Laporta afirma que el Barça jugará en su estadio remodelado antes de fin de año, pero no dice exactamente antes del fin de qué año. También afirma Laporta que todo va según lo previsto, tanto en plazos como en presupuesto, lo cual probablemente significa que nada va según lo previsto, ni en plazo ni en presupuesto, ni mucho menos en lo tocante a las infrahumanas condiciones de trabajo de los obreros, tal como publicó en una serie de reportajes El Periódico de Catalunya. Semiesclavitud en Can Barça, otra realidad a la que da la espalda el soci. Lo dicho: seguro que existe un culé decente. Se le espera con ansia.
Por otro lado, tanto Sport como Mundo Deportivo informan de la operación a la que ha sido sometido el joven canterano Marc Bernal. Aparcamos ahora toda ironía para desear una pronta recuperación al chaval. Ánimo, Marc.
Por lo demás, también esperamos que exista un periodismo decente. Si es así, corresponde que se manifieste ya, por nuestra paz mental. El diario generalista Público publicaba ayer un artículo sobre casos de violencia sexual en el fútbol (incluyendo affairs tan disímiles como el de Dani Alves y el de Rafa Mir), y para ilustrar el texto, y el correspondiente post en redes sociales, ¿a que no sabéis de quién ponía una foto?
¿Y por qué?, os preguntaréis. ¿Qué tienen que ver con un asunto tan sórdido Vinícius y Florentino Pérez? Ya os lo decimos nosotros: absolutamente nada.
¿Cómo se puede ser tan sinvergüenza?, os preguntaréis entonces, en referencia a los redactores de Público. “Love is the answer, and you know that for sure”, cantaba también Lennon, aunque aquí nos maliciamos que la respuesta es justo la contraria al amor.
Pasad un buen día.
Bueno, pues cuatro días. En cuanto volvió el fútbol aquí. Cuatro desde que Vinícius dijo que España no es un país mayoritariamente racista, pero tiene un sector… Se lo resumo: asqueroso a fumigar. Lo dijo él, pudo decirlo cualquiera con una mínima sensibilidad, orejas limpias, una formación normalita…
El caso es que sí, a la primera, ayer, a unos futbolistas negros les llamaron lo clásico. En Gijón y Elda. Ninguno atiende por Vinícius: simplemente son negros. Y a mucha honra, añadiría mi amigo Carlitos Kameni. En Gijón y Elda la mayoría es gente de bien. Claro.
¿Deberán quitarnos el Mundial si de aquí a 2030 seguimos con lo mismo? Eso también dijo Vinícius. Libertad de expresión. ¿O no? Mientras lo aclaro, sigo esperando a que alguien me detalle los méritos de este fútbol español, este, para organizar el campeonato más importante entre países. Sin duda los tendremos y muchos, como en su día Rusia y/o Catar, pero me cuesta verlos.
A todo esto, apareció el ciudadano Pablo Bustinduy, magnífico ministro de España. En concreto, de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, otra vez ese añito… No tengo el gusto. El caso es que se confiesa madridista de izquierdas en una entrevista que concedió a Relevo.
La redacción es la que es, copio literalmente: “Mi corazón es del Éibar, que es de donde viene mi familia. Y soy un madridista de izquierdas, esa especie, digamos, que está en una perpetua lucha por su propia identidad, pero que existe, que existir existe y que yo reivindico abiertamente. Somos muchísimos en realidad, pero cuesta decirlo porque claro, son una serie de contradicciones grandes, pero yo creo que el Madrid representa evidentemente una estructura de poder y representa una ética de la victoria, una convicción en la victoria y creo que esos valores no deben ser ajenos a la izquierda”.
Desconocía la lucha que, por su propia identidad, libra el madridista de izquierdas según este ministro. Una batalla para casar madridismo e izquierda. Coño. Por lo visto les cuesta decir que son del Madrid, fíjense. Interesante y novedosísimo para mí, pues en mi vida conocí un madridista de izquierdas con esa pelea interior.
Desconocía la lucha que, por su propia identidad, libra el madridista de izquierdas según este ministro. pues en mi vida conocí un madridista de izquierdas con esa pelea interior
Pedradas mentales tienen también en esto: es inevitable. Pero que les cueste decir que son madridistas, lo dicho: ni uno. Por centrarnos en lo de ahora, están como locos con lo de las lesiones. Como el madridismo de derechas, fíjense.
Tampoco se lo noté al finado Rubalcaba, que no iba al palco presidencial para no dar la nota. Por forofo, no por socialista. Por lo que leí, tampoco intuí agobio en el coronel Ortega, el comunista que presidió al Madrid durante la guerra y consiguió nada menos que salvar el estadio de Chamartín. Dos ejemplos gordos y separados en el tiempo. Por no hacer larga la lista, digo.
¡Una serie de contradicciones generales, una estructura de poder! ¿Mande? Fue una lástima que la entrevistadora no le obligara a profundizar en el asunto, se nos fue vivo. Me supo tan a poco que cavilo llamarle al ministerio y que me cuente.
Contradicciones. No creo que se refiera a que ser madridista de derechas es fácil y lógico, luego lo meritorio y duro es serlo desde la izquierda: me olería a supremacismo más propio de otros clubes. No será el caso de Bustinduy. Seguro.
Una estructura de poder. ¿Por estar donde está ciento y pico años después de su fundación? ¿Por que lo presida Florentino y no un mando de la UGT? ¿Por sus relaciones con el poder del fútbol, Federación, Liga, UEFA?
¿Es algo que sólo sucede en el Madrid, y esa pena por la estructura de poder le es ajena a los hinchas del Bayern, gloria de Baviera? ¿Del City de los 117 casos abiertos por mala práctica con los dineros? ¿Del PSG, del Barça de Negreira? ¿Las izquierdas de esos clubes qué pensarán si es que piensan algo? El poder... Ya digo, una pena que no profundizaran. Nos quedamos en la puntita…
No creo que se refiera a que ser madridista de derechas es fácil y lógico, luego lo meritorio y duro es serlo desde la izquierda: me olería a supremacismo más propio de otros clubes. No será el caso de Bustinduy. Seguro
Es parecido a ser madridista y catalán, me hizo ver el gran Kollins y acierta. Madridista puede ser cualquiera sea diestro, zocato, español o búlgaro, pues el club se abrió a todos sin excepción desde que echó a andar, empezando porque el primer presidente fue el catalán Padrós.
Kollins me pasó esta foto, una imagen de cada partido en el estadio. En la bandera más grande, en el fondo sur, el escudo del club está flanqueado por la bandera española… ¡y la senyera catalana! La Peña Madridista de El Prat la llevó un día y allí se quedó. Decidieron que luciría cada partido. Luce. Casualmente, por a tele no la he visto.
¿Serán de izquierdas los de El Prat, los de la grada que la guardan, transportan y levantan? ¿Tendrán alguna contradicción, alguna feroz lucha interior? ¿Sí, no? ¿Sufren? Ojalá lo superen, claro. Que ya lo dijo el torero: hay gente ‘pa tó’. También en los ministerios.
Getty Images.
Buenos días, amigos. Las portadas de hoy son vacuas como un entrecot de aire. Siguen copadas por el fútbol de selecciones, ese que llena los bolsillos de unos cuantos a costa de la salud de los futbolistas, que parón tras parón caen lesionados como moscas y sus clubes quedan privados de la participación de los jugadores que tienen contratados.
A esto del parón de selecciones en La Galerna le hemos sacado cantares. Si aún no lo sabéis, os aconsejamos que leáis aquí nuestro portanálisis de ayer.
La prensa del FC Barcelona también es muy fan de la selección española, como ya conocéis, y no escatiman loas al combinado nacional, sobre todo a los integrantes del Barça. Fabián marcó dos goles, pero Lamine y Ferran fueron los mejores, ambos repartieron asistencias y Torres además marcó. Joselu probablemente metería el gol sin querer, porque jugó en el Madrid. Además, Pedri se sacrificó por el equipo al ser cambiado tras la expulsión de Le Normand y fue el mártir necesario para que se produjera la histórica victoria por 1-4 contra Suiza.
Marca habla de una España de 10. Sobre otras cuestiones, el diario de Gallardo menciona en su parte superior el Marca Sport Weekend. Quizá sea un evento en el cual durante un fin de semana te enseñan a menospreciar al Real Madrid, a ceder portadas a dirigentes que se apropian indebidamente de sus clubes y albergan grupos neonazis en su estadio, a no hablar del mayor escándalo de la historia del deporte español o a poner en el foco a Vinícius. Un Vinícius, por cierto, que se ha erigido, además de en el mejor futbolista, en el mejor desenmascarador de miserables del mundo. Todos aquellos cuyo discurso huele a naftalina se ponen en fila para ir insultando uno a uno al jugador madridista.
Hay otro futbolista, también del Madrid, cuya habilidad social no es desenmascarar miserables, sino destapar sinvergüenzas. Y hoy cumple 39 años.
Modric, 39 años destapando sinvergüenzas.
Desde aquí le felicitamos y le deseamos una jornada estupenda. Luka uno de los mejores futbolistas que ha vestido la camiseta del Real Madrid. Y cualquier otra zamarra. U otra prenda, un esmoquin, por ejemplo, como el que lució al recoger el Balón de Oro. Desde aquí le deseamos un feliz cumpleaños. Ayer ya comenzó a celebrarlo marcando este golazo con Croacia:
Follow @amd_851 pic.twitter.com/6HZtW798Zk
— follow @amd_851 (@followamd_851) September 8, 2024
La calidad de Modric es un parámetro que sabemos que no es directamente mesurable, por lo que en ocasiones hay quienes, probablemente debido a sus aptitudes, no son capaces de atisbarlo y caen en errores de apreciación. Algunos de ellos verdaderamente groseros.
Habíamos dicho antes que la habilidad social de Modric era destapar sinvergüenzas y no desenmascarar miserables, como Vinícius, pero tal vez nos hayamos equivocado. Basta leer la frase: “El croata se presentó en el Bernabéu jugueteando con su hijo de cuatro años, ya casi tan 'alto' como él” de Óscar Zárate, autor del artículo “Peluka”, para darse cuenta de que Modric también desenmascara miserables.
Pero el problema de mesurar la calidad puede resolverse echando un vistazo al palmarés del 10 blanco:
Si miramos solo las Champions, él solo tiene más que el FC Barcelona en toda su historia. Hay un dato que lo dice todo: es el futbolista más laureado del Real Madrid, a su vez el club más laureado de la historia.
Nos quedaba por comentar la portada de As, que en su faldón dice que Militao y Bellingham apuran su recuperación con el objetivo de ser convocados para el partido del sábado contra la Real Sociedad.
Sí, en unos días vuelve a jugar el Real Madrid, lo que significa que termina el parón de selecciones. Pero no os aflijáis, en cosa de un mes tenemos otro. ¡Viva!
Pasad un buen día.