EL 28 de agosto de 1973 debutó en el Madrid Günter Netzer. Fue el primer alemán en aterrizar en Chamartín y uno de mis ídolos de la infancia. Hasta ese año, no estaba permitido fichar jugadores extranjeros, salvo los oriundos. Tenía una clase descomunal con aquellos maravillosos pases de larga distancia, con una visión de juego estratosférica y un potente disparo desde fuera del área. Fue campeón del Mundo con Alemania en 1974 y en 1972. Después de hacer una excelente Eurocopa y ganarla para los teutones, quedó segundo en la votación para el Balón de Oro por detrás del Kaiser Franz Beckenbauer.
Fuera del campo, fue también un adelantado a su época. Tenía formación académica, montó negocios compatibilizándolos con su carrera futbolística, y vestía como un galán de cine o un cantante de rock, marcando un estilo propio y peculiar.
Toni Kroos debutó de manera oficial con nuestro equipo el 12 de Agosto de 2014, casi 41 años después del Fary alemán o el Nibelungo, como se conocía a Netzer, siendo el noveno alemán en vestir la camiseta blanca. No nos podemos quejar de la camada germana que ha recalado en el Bernabéu: Breitner, Stielike, Schuster, Illgner, Ozil o Rüdiger son magnificas muestras de lo rentables que fueron los teutones para nuestro club.
Pero el mejor, de largo, ha sido don Toni Kroos.
Hemos vivido 10 años disfrutando cada partido de él. Es como si el amante de los buenos automóviles pudiese conducir cada mañana un Ferrari 250 GTO.
Hemos vivido 10 años disfrutando cada partido de Kroos. Es como si el amante de los buenos automóviles pudiese conducir cada mañana un Ferrari 250
Toni llegó al Madrid de tapado, sin hacer mucho ruido. Costó 25 millones, cuando ese mismo año se pagaron 70 por James, que iba a ser la gran estrella. El Bayern fue cicatero en su oferta de renovación y Kroos no dudó en poner tierra de por medio, bastante decepcionado con la directiva muniquesa, que cometió el mayor error de toda su historia al dejar libre a un jugador que iba a marcar una época. Cuando lo intentaron ya era demasiado tarde. Ya sabemos que Toni cuando toma decisiones no cambia de criterio. Y siempre son sabias, como bien conocen sus rivales en el campo de juego.
A lo largo de toda esta década, Kroos ha seguido yendo de tapado. A la sombra de Ronaldo, de Modric, de Benzema... Los titulares de prensa se los llevaron ellos, los mayores aplausos de la afición se focalizaban en las grandes estrellas mediáticas, los balones de oro fueron a las vitrinas de Cristiano, de Luka o de Karim. Toni nunca estuvo, mediáticamente hablando, en esa primerísima pole position. Es justo y necesario reconocerlo.
Este estilo suyo de pasar desapercibido, de jugar con el mismo par de botas de toda la vida, de no dar entrevistas, ni escándalos, ni renovaciones salariales aireadas a los cuatro vientos, incluso de retirase cuando está en la cresta de la ola, son circunstancias que engrandecen todavía más a un jugador único e irrepetible, al que ya echamos de menos nada más consumarse su marcha, como pasa en la vida cuando se van aquellas gentes excepcionales que nunca quisieron ser protagonistas de la película porque en su personalidad estaba la de ir de actores secundarios.
Los madridistas tenemos una deuda con él y, como somos gente de ley, no debemos descansar este verano en la playa antes de pagarla. Debemos unirnos todos para secundar una campaña a favor de que el Balón de Oro de este año sea para él. El futbol mundial no puede permitirse que Toni se retire sin el máximo galardón individual que se concede a un jugador. Es el único que tiene 6 Copas del mundo de Clubes y, como es conocido, de los pocos que atesora 6 Champions y 5 Supercopas de Europa. No digamos nada si además gana esta Eurocopa para añadir al palmarés con su selección, donde brilla el Mundial.
Debemos unirnos todos LOS MADRIDISTAS para secundar una campaña a favor de que el Balón de Oro de este año sea para Kroos
Su temporada ha sido espectacular, ha ganado la Supercopa, la liga y la Champions, y quién sabe, como decimos, hasta dónde llevará a su selección. Ha cerrado su trayectoria en el Real Madrid con un acierto del 93% de los pases que ha intentado. Un porcentaje de locos, sobrehumano, propio de una computadora, no de una persona.
Kroos ha sido durante toda la temporada( y durante diez años) el gran cerebro de este equipo, como se denominaba antes al jugador que lleva la manija del conjunto. Suyo es el lanzamiento de una falta magistral con la que comienza el cambio de cara del Madrid en la segunda parte de la final de Wembley. Suyo es el córner que le pone a Carvajal para abrir el marcador. Suya es esa asistencia memorable a Vinícius en Múnich.
¿Todo esto se quedará sin premio?
Yo quiero que Kroos sea el primer jugador en recibir un Balón de Oro en el año de su retirada.
Desde luego, si España no puede ganar la Eurocopa, yo voy con los alemanes. La camiseta de esta selección también es blanca y su timonel juega con botas blancas y tiene el corazón igual de blanco que los nuestros.
Yo quiero que Kroos sea el primer jugador en recibir un Balón de Oro en el año de su retirad
De niño soñé que un alemán como Netzer me haría ver ganar Copas de Europa. En la cincuentena, otro germánico me brindó 5 Champions. Quiero que esta vez sí gane un Balón de Oro.
Y luego que vuelva por un día al césped del Bernabéu a compartir con su afición el galardón.
Se lo merece.
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Hola a todos, amigos. Tras su brillantísima victoria por 1-0 ayer ante Italia, España es la sensación de la Eurocopa. Sólo Alemania puede arrogarse el papel de favorita de una manera clara por encima de la selección dirigida por Luis de la Fuente. Francia o Inglaterra siguen estando ahí, pero mucho más en virtud de la calidad que se le supone a sus jugadores que de lo que han demostrado a esta altura del torneo, que ha sido bien poco. Por el fútbol llevado a cabo, sólo España hace sombra a Alemania y, si no fuera porque en los eventuales cruces ambas selecciones (la de De la Fuente y la de Nagelsmann) se encontrarían en Cuartos, nos darían ganas de asegurar que España es firme candidata al triunfo final. O sea, que Marca a lo mejor se pasa hoy con lo de los sueños "a lo grande", pero razones para admirar el fútbol patrio hay.
Ayer se demostró que arrollar a Croacia no fue un accidente. A España sólo se le puede achacar una fatalidad algo bisoña a la hora de definir, pues debió ganar por más goles y no sólo merced a la fatalidad de un tanto en propia meta de los italianos. Demostró verticalidad, talento a raudales, energía, visión, organización, virtuosismo. Hemos criticado a Luis de la Fuente, pero si hemos de rectificar lo haremos sin ambages. Es posible ser un apesebrado que aplaude a Rubiales y aleja a Brahim y, a la vez, un buen entrenador. Está liberando a la selección del corsé táctico del TikiTaka. Esta España no es rehén de ningún dogma futbolístico, lo que inevitablemente genera algunas tímidas simpatías, que creíamos olvidadas. Juega bien, y eso ayuda, se llame España o se llame como se llame.
Pues sí. "España es una fiesta", y lo seguirá siendo si prosigue en esta senda de excelencia. Como también dice As, el marcador "no refleja" la superioridad hispana. Habrá que ver a este equipo frente a escuadras con verdaderos pesos pesados en la delantera (Mbappé, Kane, Havertz), sobre todo si De la Fuente persiste en alinear a jóvenes que juegan en Arabia por encima de quien acaba de ganar su sexta Champions League, pero de momento juega mucho y bien. Carvajal es la gran estrella consagrada, aunque juegue en una posición tan poco "de" estrellas; en el centro del campo, ha afianzado el dúo Rodri/Fabián, jugador boya + box to box en vías de consagración; arriba, dos auténticas perlas como Nico Williams y Lamine Yamal, que están deslumbrando, acompañados por un Morata que demuestra más sus dotes goleadoras cuanto más se olvida de combatir mediáticamente una inexistente campaña en su contra.

La prensa cataculé también se rinde al fenómeno de la Selección, haciendo hincapié en su golden boy Lamine. Donde hay talento sólo cabe reconocerlo, y es posible que esta vez no estemos ante un hype de la Masía, infladísimo por la prensa afín, sino ante un futbolista realmente prometedor. Lo mismo diríamos de Nico Williams, delantero al que estaríamos como locos por traer al Madrid, si no fuera porque no nos hace falta al tener ya a los mejores. Nos sobraría, literalmente.
Hace unos días publicábamos un portanálisis/editorial títulado "No es obligatorio apoyar a la Roja". Era un acto de rebeldía. Desde los medios de comunicación españoles se da por hecho que toda persona con DNI rojigualda debe apoyar la Selección llamada España o hasta la Roja, y nosotros reclamábamos el derecho a negarse a hacerlo. Quien no quiera admitir que su país sea representado por un equipo regido por la corrupta RFEF, entidad putrefacta hasta el tuétano (desde la presidencia hasta el estamento arbitral), tiene esa prerrogativa. Si eres madridista, has asistido además a un ejercicio de alejamiento emocional de la Selección, reivindicada (y de hecho secuestrada) como herramienta para dañar el prestigio del Real Madrid durante lustros.
Sin embargo, el mismo ejercicio de libertad que nos faculta a renegar de la selección por ser el equipo de la RFEF y el mundo anti puede conducirnos a trascender el que lo sea y considerar que nos representa como equipo de España, por encima de esas variables. Probablemente no haga falta decirlo, pero es igualmente legítimo. Si fuera preceptivo renegar de la selección porque sea el equipo de Rocha o de Medina Cantalejo, también habría que desear el fracaso de los atletas españoles en los Juegos Olímpicos, caso de no gustarnos el gobierno coyuntural de la nación. ¿No convendría quizá disociar, impedir que se entienda en exceso la mancha de nuestro desafecto?
En La Galerna abogamos siempre por la libertad (cuánto más por la libertad de los sentimientos, con frecuencia incontrolables), y seguiremos con interés el devenir de esta prometedora selección española -con tres madridistas en sus filas- en lo que quede de Eurocopa.
Pasad un buen día.
Cuando, hace apenas un puñado de semanas, un aro perverso de una cancha de Berlín se empeñaba en escupir de manera reiterada todos los malditos lanzamientos y la final de la Euroliga se nos iba por el sumidero, miles de madridistas nos hacíamos cruces, impotentes ante el televisor. En ese terrible trance, mi mirada lo buscó, implorante. La segunda mitad se había convertido en una cuesta abajo por la que nos estábamos despeñando y solo había un freno posible. El mismo que tantísimas veces nos había salvado de la derrota tras un partido mal encarado, cuando más calentaban las papas; el mismo que tantísimas veces me había salvado de la desidia tras un día de trabajo cochambroso y alienante. Arrodillado como un devoto, mis labios bisbisearon la enésima oración suplicante: “No soy digno de insistirte de nuevo, Chacho, pero una jugada tuya bastará para sanarme”. Sergio saltó a la pista con idéntico semblante a aquel con el que, cuarenta y ocho horas antes, había dado la puntilla al Olympiacos en la semifinal, pidió el balón… y falló sus tiros. En ese instante, algo dentro de mí supo que todo había acabado. Y no se refería a la final.
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Cuando era pequeño, me costaba muchísimo convencer a mis amigos de que jugásemos alguna vez al baloncesto en lugar de al omnímodo balompié. No obstante, en ocasiones se alineaban los astros y, bien porque los mayores hubiesen ocupado el espacio correspondiente a las porterías de fútbol, bien porque mis cansinos requerimientos acabasen haciendo mella, se me concedía el deseo. Situados bajo la canasta, llegaba el momento de escoger el papel que iba a representar cada uno; se trataba de un artificio ridículo e infantil con el que pretendíamos adjudicar una leve pátina de épica a nuestras respectivas torpezas. Por aquel entonces la influencia de la NBA ya era enorme, y el grupo solía dividirse entre tradicionalistas y renovadores. Es decir, entre los que querían ser Michael Jordan y los que querían ser Kobe Bryant. Esporádicamente, algún despistado, acaso contagiado de chovinismo, pedía nombrarse como Gasol. Y luego estaba yo, el dueño de la pelota y que, por tanto, tenía el privilegio de elegir el primero. El que siempre, siempre, siempre, prefería ser el Chacho.
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Cuando estaba en la universidad, había épocas mejores y peores. El retraso de la adolescencia en las sociedades desarrolladas ha convertido ese feliz período en el del apuntalamiento de la personalidad, una etapa que idealmente debiera suceder de forma previa. Sin embargo, la intolerable demora en mi propia madurez me permitió hacerla coincidir con la consolidación deportiva del Chacho. Regresado de una América ingrata, la irregularidad marcó sus inicios en el Madrid, y hubo quien incluso jugueteó con la opción de echarlo. Hasta que una tarde de mayo de 2012, espoleado por la bronca del entrenador ,que lo recuperó para la élite -glasolina noventa octanos; que Dios me perdone la simpleza- y escoltado por un yugoslavo -en el baloncesto siempre hay un yugoslavo rondando-, conquistó Vitoria y su hueco, desde entonces perenne mientras él quiso, en la plantilla merengue. Aquel verano, el Chacho y yo nos dejamos barba, y hasta hoy.
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Cuando me preguntan los motivos de mi predilección por Sergio Rodríguez, mi primer impulso es dudar de la inteligencia de quien plantea la cuestión. Pero no es del todo justo: al fin y al cabo, uno tiene otros jugadores fetiche en este histórico Real Madrid. La respuesta rápida suele aludir a que, mientras que el encanto de Llull reside en su desbordante energía y en su explosividad, mientras que el atractivo de Rudy radica en su capacidad para reinventarse con inteligencia tras la agresión que se llevó su añorado físico -y en su doliente rictus de sacrificio al lanzarse a por un balón que se pierde-, mientras que la fascinación por Carroll se establecía en un acierto sobrehumano, maquinal -de IA, diríamos hoy-, mientras que la admiración que despertaba Felipe se construía por medio de la fricción y la pugna constante contra gigantes más poderosos, mientras que el entusiasmo que aviva el Facu apunta al nervio y al arrojo como complementos de un talento superlativo, lo del Chacho es otra cosa, algo que está por encima. Del mismo modo que él, a menudo, parecía levitar por encima de los partidos. Habrá quien hable de la opción de los estetas, del poder transformador de la belleza, de la creatividad. Tendrán razón, pero se trata de consideraciones demasiado obvias. Hay algo más.
En el Renacimiento, Baltasar Castiglione escribió un manual de las virtudes que debían caracterizar al perfecto habitual de la vida palaciega. En El cortesano se subraya la importancia de comportarse con gracia, evitando tanto las groserías como las poses excesivamente afectadas. Se hace referencia a la sprezzatura, una condición que logra aparentar que todos los movimientos y actos se realizan sin esfuerzo. He ahí el hechizo engañoso del Chacho, un jugador que podría venir del Renacimiento, y no precisamente por una proporciones corporales vitruvianas. Una internada interrumpida, un paso atrás y canasta inverosímil. Un balón arrojado al aire más allá de los límites de lo tolerado en una bomba ortodoxa. Un alley oop idéntico al anulado inmediatamente antes . Una penetración y un pase a la esquina, con bote y por debajo de sus piernas y las del adversario. Se le atribuye el mayor número de regalos inesperados, pero es mentira. Él dio un paso más: los regalos dejaron de ser inesperados.
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Cuando el Chacho se fue del Madrid -según se dejó entrever, no en excelentes términos-, yo me mudé de ciudad, también bastante a regañadientes. Las nuevas opciones y los nuevos comienzos están muy bien para los libros de autoayuda y para los sobres de azúcar, pero conviene desengañarse: los destinos manifiestos no existen y la vida no tiene mayor sentido que el que nosotros queramos construirle a posteriori. Por tanto, los puntos de inflexión y los finales suelen ser abruptos, repentinos y no conceden ninguna ventana abierta ni asideros. De ahí que haya que celebrar cuando se nos otorga la gracia de la enmienda. De ahí que sea imposible no emocionarse con el último baile exitoso que se brindaron el Chacho y el Madrid, con un guion tan perfecto que parece mentira: una temporada con un rendimiento muy discreto, sin piernas ni pulmones, de repente redimida por una erupción volcánica en las eliminatorias cruciales. Y otra Copa de Europa, posiblemente la mejor. Piti Hurtado le puso música de Springsteen y no pudo acertar más: no se puede encender el fuego sin una chispa; la chispa que evitó que siguiéramos bailando en la oscuridad.
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Cuando el Chacho se jubiló, me dio su última asistencia. La posibilidad de afrontar una adultez -y una posterior vejez- desde una posición superior a la de los arrogantes venideros. La de alguien que sí lo vio jugar.
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Desde hace años, décadas, muchos madridistas hemos venido observando y denunciando situaciones anómalas en el mundo del fútbol cuando el FC Barcelona está involucrado. Desde antes de las ligas de Tenerife, aunque algunos apenas éramos unos púberes, ya asistíamos a arbitrajes escandalosos, pero lo que apreciabas de manera meridiana en las imágenes, no tenía eco en los medios, sobre todo desde que Canal + comenzó con sus retransmisiones.
Veías, porque tenías y tienes ojos en la cara, penaltis no pitados o un gol legal anulado contra el conjunto tinerfeño que habrían dejado sentenciado el partido, y la liga, y después el relato no mencionaba estas circunstancias, solo cargaba las tintas contra el Madrid. Los medios y parte de la sociedad nos hacían sentir a esos madridistas como una panda de locos conspiranoicos que veíamos complots donde solo había sublimidad blaugrana.
Con el cambio de siglo, los escándalos se incrementaron exponencialmente. Veníamos de años en los que el Madrid había vuelto a ganar Champions y el Barça quemaba y quemaba millones fichando desde estrellas como Ronaldo y Rivaldo hasta media población de los Países Bajos. Muchos de aquellos holandeses, como se les llamaba entonces, no eran mejores futbolistas que el peor jugador de La Masía.
El juego azulgrana tampoco era para tirar cohetes, llegando a ser paupérrimo algún ejercicio bajo la presidencia de Gaspar. Sin embargo, en aquella misma época comenzó a crearse y a extenderse un relato que hablaba de cantera, de ADN, de excelencia en el juego, de valores en el deporte, en la vida, etc. Aun estando recientes multitud de hechos que lo desmentían.
Mientras se hablaba de esos valores, veíamos cómo al Madrid de Figo le arrojaron de todo en el Camp Nou, incluidas botellas de cristal y la célebre cabeza de cerdo, o cómo el Barça no se presentaba a un partido de Copa porque no le venía bien, y asistíamos incrédulos a presenciar que estos actos contrarios a toda norma o reglamento vigentes no conllevaban sanción alguna. Y si la tenían, se les amnistiaba antes de cumplirla.
Después vinieron los años del Barça de Messi, Guardiola y demás. Se produjeron situaciones surrealistas y estadísticas imposibles sin la participación de factores externos. Suárez, fuera de España, era sancionado cuando agredía —hecho habitual— a alguien, pero en la liga tenía patente de corso para pegar. Se puede hacer un tratado de cómo agredir a un compañero de profesión sin ser sancionado por ello apenas dedicando cuarto de hora a buscar jugadas del nueve culé.
Al Barça no le expulsaban a nadie y no le señalaban penaltis en contra, la Tierra dio más de una vuelta al Sol sin que le pitaran ni una pena máxima en su área. A los rivales, lo contrario. Si Piqué cogía el balón con las manos para evitar gol, no era penalti. Si Jordi Alba le daba adrede una patada al suelo y se tiraba, once metros.
Eran situaciones surrealistas que se repetían semana tras semana. Mientras tanto, una parte del madridismo clamaba por tan palmarias injusticias. Con la popularización de Twitter, muchos nos dimos cuenta de que nuestra postura no era tan rara, sino que otra gente estaba igual de indignada.
Comenzó a crearse y a extenderse un relato del Barça que hablaba de cantera, de ADN, de excelencia en el juego, de valores en el deporte, en la vida, etc. Aun estando recientes multitud de hechos que lo desmentían
En mayo de 2015 nació La Galerna en plena vorágine de títulos azulgranas. Desde el principio comenzamos a denunciar los hechos, al igual que otros muchos lectores, tuiteros y demás madridistas que simplemente veían lo que ocurría y lo contaban.
Algunos, como Maketo Lari o Juanpa Frutos, sustentaron la denuncia con pruebas estadísticas. Cuando manifestábamos que no era normal que al FC Barcelona no le pitaran penaltis y no le expulsaran a nadie, a menudo nos respondían que sucedía porque atacaba mucho. Pero cuando les mostrabas, gracias a las estadísticas anteriores, que otro equipo que también atacaba mucho como el Madrid por el contrario sufría uno de los peores saldos arbitrales de Europa, o bien colapsaban y cambiaban de tema o te volvían a llamar loco.
En el ámbito institucional, los cacareados valores también eran difíciles de encontrar, los escándalos que afectaron a profesionales del club y otros órganos están en la cabeza de todos. En los tribunales, en 2016, el Barça fue condenado y declarado culpable de dos delitos fiscales en el caso Neymar. Pero su imagen seguía sin mácula.
Muchos años después, un 15 de febrero de 2023, se hizo público que el Barça pagó millones de euros durante lustros al número dos de los árbitros, Enríquez Negreira. Los pagos estaban y están acreditados por la Agencia Tributaria y la Fiscalía. Las facturas y los documentos del fisco los pudieron ver todos, no se trataba de una hipótesis, sino de un hecho.
En ese momento comprobamos que no estábamos locos, que estábamos en lo cierto, habían aparecido las pruebas que demostraban que el FC Barcelona había estado comprando la competición durante al menos 17 años (con toda probabilidad muchos más). Ilusos nosotros pensamos que nuestros argumentos serían irrebatibles, que nos dirían: llevabais razón.
Creíamos que entenderían nuestros años de lucha escribiendo sobre las tropelías cometidas por el FC Barcelona. En La Galerna nunca nos hemos quejado de vicio, La Galerna es rebelde porque el Barça la hizo así.
En La Galerna nunca nos hemos quejado de vicio, La Galerna es rebelde porque el Barça la hizo así
Lo marciano del tema es que la adulteración de la competición perpetrada por el Barça, en lugar de jugar a favor de los madridistas, juega en contra. Salvo leves coletazos de dignidad nada más conocerse el delito, el Madrid ha visto cómo se acrecentaba la ira de todos los antis contra él, incluido el CTA, que juzga mucho más graves los vídeos recopilatorios de RMTV que el Barça les hubiese tenido comprados durante tres cuartas partes de eternidad.
En el plano comercial sucede algo similar. Lo más sensato sería pensar que las empresas no querrían que su imagen se viese relacionada con la de un club que ha pagado millones de euros al vicepresidente de los árbitros y está acusado de corrupción continuada en el deporte por un juez instructor, empero, asistimos con asombro a patrocinios de empresas aparentemente serias que se quieren asociar con el club de Laporta, de cuyo comportamiento y entorno es mejor no hablar.
Los aficionados del resto de equipos, sobre todo los más obsesionados con el Madrid, como los atléticos o los valencianistas, han redoblado su odio hacia todo lo relacionado con el club blanco, porque se sienten estúpidos al comprobar que se han pasado eones detestando al Madrid y acusándolo de toda clase de fechorías que después se ha demostrado que había cometido su reverenciado Barça. Es como si uno malgastara treinta años de su vida persiguiendo a quien cree que ha allanado su morada y le ha robado todas sus joyas y de repente descubriera que el ladrón era su cuñado, aquel al que lleva años haciéndole la pelota. Están enfadados consigo mismos y la forma de quitarse ese sentimiento de ridículo propio es insistir en su antimadridismo.
Lo marciano del tema es que la adulteración de la competición perpetrada por el Barça, en lugar de jugar a favor de los madridistas, juega en contra
Aunque quizá lo más inconcebible es la cantidad de madridistas que viven conectados a la máquina del relato que dictan los medios tradicionales desde hace décadas. Es habitual que durante charlas con amigos vikingos salga a colación alguno de los muchos desafueros culés, te limites a explicarles hechos demostrables, no ya opiniones, se te queden mirando de manera condescendiente y te digan: «Qué vas a decir tú, si eres de La Galerna».
Ellos articulan un discurso lleno de lugares comunes tales como que al Madrid le iría mejor con más canteranos en la plantilla, como el Barça; que el Madrid no juega a nada, no como el Barça, que tiene una idea de buen juego y la ejecuta siempre; que el Madrid trata mal a sus leyendas, a diferencia del Barça, etc. Llega un momento en el que desconectas porque te recuerdan a esas personas que viven con frases hechas: la natación es el deporte más completo, las mejores baladas son las de grupos heavies, los perros son más inteligentes que las personas…
El discurso de estos madridistas no es que no resista a una somera proyección de futuro, sino que no se tiene en pie ni frente al pasado. Todo su argumentario es rebatible con el palmarés de las competiciones, las cuentas de los equipos y las noticias judiciales.
Si pudiésemos viajar en el tiempo y volviésemos a 2015, cuando echó a andar La Galerna, y tomáramos a uno de estos aficionados y le contáramos que en los próximos nueve años el Barça iba a ser condenado por dos delitos fiscales, que durante ese tiempo no olerán una Champions, que Messi remachará los clavos de la tumba económica del club, que protagonizarán un escándalo tras otro, que se descubrirá que compraron durante años la cúpula del CTA, que, mientras tanto, el Madrid se mantendrá en la excelencia económica, institucional, deportiva y que ganará otras cinco Copas de Europa, el sujeto se nos quedaría mirando y nos diría: «Están locos los de La Galerna».
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La Galerna pone a su alcance un rico argumentario para apoyar a cualquier selección de la actual Eurocopa que no sea la española, cosa que comprenderé perfectamente. Apetece muy poco animar a la selección de la podrida y corrupta federación de Villar, Rubiales, el CTA de Negreira, Rocha el machihembrado al sillón y de los juntaletras que se cobijan bajo el ala del presunto equipo de todos y siempre acaban tirando piedras, casualmente contra el Real Madrid. Esos pequeños de espíritu, esos pobres milpesetas, predican en un erial cada vez más despoblado, pero siguen existiendo almas permeables a sus anacolutos mentales, por lo que desmontemos los argumentos que puedan esgrimir pormenorizando los motivos que nos llevan a animar a cualquiera de los equipos nacionales contendientes:
Por Rüdiger y, sobre todo, por Kroos. Quiero que gane Alemania y que nuestro Toni apure al máximo sus opciones de hacerse un Paul Newman, como expliqué hace unas semanas, esto es, ganar el Balón de Oro una vez retirado.
Por Wolfgang Amadeus Mozart y por la tarta Sacher, alimento para el alma y para las lorzas, no cabe un mal deseo para este combinado.
Por ser, con mucho, la selección con la camiseta más bonita, por mucho que la actual no llegue siquiera al metafórico chicle que le queda en la metafórica suela del metafórico zapato a aquella que llevaron entre los años 94 y 96. Escocia es además el país natal de los hermanos Young de AC/DC.
Es la cuna de Franz Liszt, el mejor instrumentista de todos los tiempos, si acaso empatado con Paganini. Por si esto no fuera suficiente, también son húngaros Houdini, Béla Bartok y, sobre todo, nuestro Pancho Puskas. Huelga cualquier argumento adicional.
Dinero, relojes y chocolate. Qué podrida hay que tener el alma para que a alguien no le gusten al menos dos de esas tres cosas. Mafalda, la niña creada por el genial Quino, acuñó la frase “el himno de la Marina Suiza es un canto a la claustrofobia”, así que quedan bancados.
Dos palabras: Luka Modric. Si hay que explicarlo, me temo que está usted, querido lector, en un lugar equivocado.
Verdi, Puccini, Roma, Florencia, Paganini, el mejor instrumentista de todos los tiempos, si acaso empatado con Liszt, el Renacimiento, la Toscana, Rossini, Mónica Bellucci, Sophia Loren, el rock progresivo de Premiata Fornería Marconi… Italia es belleza, por lo que es imposible desearles nada malo. Además, lograron nacionalizar a Romina Power.
Por simpatía con Romina Power, no se puede querer que pierdan.
El país de nuestro Luka Doncic. Añadamos a la ecuación que es la tierra natal de Melania Trump, que hizo que los Estados Unidos tuvieran, empleando palabras de ese titán que fue Luis Sánchez Polack “Tip”, una primera dama que no nos la merecemos.
El primer hombre que me hizo querer llevar el 10 del Real Madrid fue Michael Laudrup, pilar, mito y leyenda de este equipo nacional. Por si eso fuera poco, además Dinamarca nos ha dado gente como Andersen, Kierkegaard o Lars Von Trier, si bien este último, por pomposo, pretencioso e ininteligible, a nadie extrañaría que pudiera tener adscripción culé.
La tierra de Vujadin Boskov y de dos exponentes de la variabilidad del tino en los fichajes como el Átomo Perica Ongnjenovic y Luka Jovic. En cualquier caso, nuevamente apelo a una cuestión personal. El músico estadounidense Cory Wong, al que insto a que conozcan, cuenta entre las filas de su banda a un joven batería zurdo natural de Belgrado, de nombre Petar Janjic. Aparte de ser uno de los mejores baterías del mundo, es un tipo encantador con el que eché un rato estupendo tomando una cerveza y hablando de música. Con esos pronunciamientos, resulta imposible tener malos deseos para con este combinado.
Jude Bellingham. David Beckham. Los zapatos Oxford. Los trajes de Saville Road. Tener el rey con el mejor armario del Mundo. Beatles. Stones. Pink Floyd. The Who. Los Kinks. Led Zeppelin. Lemmy. Con razón fueron un imperio.
La sufrida y católica Polonia siempre nos ha caído maravillosamente. En sus tierras vieron la luz referentes que van desde Copérnico hasta Marie Curie, desde Lech Walesa hasta Chopin. Un país admirable desde cualquier punto de vista.
Reconozcamos que siempre han jugado muy bien, por mucho que ahora no conozcamos a nadie de su selección. Aún guardamos en el corazón a gente como Seedorf, qué mediocampista, oigan, o Van the Man, don Ruud Van Nistelrooy. Además, ahí nació Eddie Van Halen. Pues eso.
Camavinga, Tchouaméni, Mendy, Mbappé ahora, y gente como Benzema, Zidane o Kopa en el pasado, constituirían, de manera individual, argumentos válidos para apoyar a la selección francesa. El país galo y sus habitantes están muy lejos de ser perfectos, lo sabemos, pero no es menos cierto que es un país admirable a muchos niveles, empezando por el artístico y el gastronómico. Nada que añadir aquí.
Mejillones, Hergé, patatas fritas, Eddie Merckx, gofres, chocolate, Jean Claude Van Damme y Courtois. Pas plus, pas moins.
Aquí viene una historia personal. Mi primera profesora de piano, la que me enseñó a leer música, habilidad esta que sólo ha aportado felicidad a mi vida, es oriunda de Bratislava. Sería muy desleal por mi parte no animar a su selección, así que lo haré sin ambages.
Tópicos vampíricos aparte, Rumanía es cuna de un madridista como el genial e irregular Gica Hagi, de genios totales como Ionesco o Tristán Tzara, así como del mejor Tarzán de la historia, Johnny Weissmüller, y un coloso de la escena como Edward G. Robinson. País de artistas. Apoyado hasta el hartazgo.
Andriy Lunin, el héroe por accidente del Real Madrid en esta temporada, es un argumento más que poderoso para apoyar sin fisuras a Ucrania. La terrorífica guerra que allí tiene lugar por la invasión rusa no hace sino acentuar nuestras simpatías.
La caótica belleza de Estambul o del Bósforo. Pocos países han hecho más por la autoestima del varón español merced a esos vuelos de calvos al país otomano que retornan repoblados y que deberían llamarse Con Hair, y además, Arda Güler, señores.
Aparentemente, una cenicienta en este torneo, pero parece que saben muy bien lo que hacen. No la pierdan de vista.
Vecinos bienamados. Cuna de leyendas madridistas. El lugar al que huir como la cosa siga así en España. El portugués es un pueblo orgulloso, ordenado, limpio y prolijo. No puedo admirar más ese país ni tener más ganas de volver cada vez que lo abandono. Obrigado, irmãos
Aunque sea una resonancia del pasado, la selección de la República Checa ha dado grandes momentos de fútbol a mi yo más joven, cuando aún me interesaban este tipo de competiciones. El equipo de Poborsky, Berger, Baros, el gigantón Koller y, por supuesto, Pavel Nedved, ha quedado en mi imaginario, no sé si idealizado, pero si lo supiera, es probable que los bancara menos.
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Buenos días, amigos. Hoy la cosa portadil va de España e Italia, de fútbol y Fórmula 1, de pelotas y Ferraris, ya sean bólidos en sentido literal o figurado.
Marca titula: «Dos Ferraris contra Italia», e ilustra con una imagen de Lamine Yamal y Nico Williams, puntales, según este diario, de España para buscar el pase a octavos de final de la Eurocopa en el partido que se disputará esta noche a las 21 horas frente a Italia. Nosotros no descartamos que, dado su estado de forma, vuelva a ser Carvajal el puntal, que el propio Dani pare un penalti, saque de puerta, provoque un córner, lo bote y, él mismo, lo remate de cabeza elevándose por encima del mismísimo Adriano Celentano para anotar el gol de la victoria.
Nos recuerda Marca que, si gana, España será primera de grupo y, si pierde, se jugaría el pase contra Albania. Tremenda complejidad la que se atisba en el horizonte para el combinado de Lluís de la Font.
La imagen elegida por Marca rebosa juventud y blancura dental, y es que una boca sana es fundamental para tragar todo lo que nos quieren hacer tragar. Otra cosa es que nosotros vayamos a comulgar con ruedas de molino, pero nos va a dar igual, por una cosa o por otra, quien no respeta las normas o leyes en el fútbol español, si guarda relación con la Ciudad Condal, se va de rositas.
En una minifranja, Marca informa que Rosell y Bartomeu son imputados por el Caso Negreira. Que ya lo estaban, pero bueno. Más allá de consideraciones jurídicas, uno sufre un esguince cerebral cada vez que recuerda que Laporta, quien cuadruplicó el sueldo a Negreira, no está imputado.
También pretenden hacernos tragar el show guionizado de cada verano, una pelea de mentirijillas entre Liga y FC Barcelona a cuenta del cumplimiento de los requisitos financieros para poder inscribir con la norma 1:1. La enésima venta ficticia de tal o cual porción de Barça Studios que ya estaba vendida pero no cobrada, que sí pero no, que ahora sí que sí pero luego que tampoco, que un embargo por aquí, que otro por allá, en definitiva, ni vendida ni cobrada. Indiferente, de todos modos, el resultado es el mismo.
Llega un momento en el que es palmario que la Liga va a volver a mirar para otro lado y el Barça no va a cumplir la normativa a la que están obligados el resto de clubes, por lo que asistiremos a otra liga adulterada. Solo pedimos que no nos traten por imbéciles, que, ya puestos, les dejen inscribir directamente lo que quieran y lo anuncien como tal, pero que dejen de tratarnos como a idiotas.
Ahora es el momento en el que respiramos, nos calmamos, y pensamos que con suerte pronto dejaremos esta liga corrupta para embarcarnos en un proyecto —se llame Superliga o de otro modo— acorde a la grandeza del Madrid.
Antes de abandonar la portada de Marca, y tras echarle un último vistazo, entendemos que los dos únicos Ferraris que vemos no son ni Lamine ni Nico, con todos los respetos para ellos, sino Modric y el Chacho, que aparecen en minifotos.
La Croacia de Luka lo tiene feo para clasificarse tras el empate frente a Albania, y el Chacho anuncia su retirada. Menuda racha llevamos, primero fueron Kroos y Rudy y ahora Sergio Rodríguez. Es cierto que marcha esperada, pero no por ello menos dolorosa.
Después de decenas de años y de títulos, el Chacho dice adiós, no volveremos a disfrutar de la magia de uno de los mejores bases españoles de la historia. El club lo despedirá como merece y el próximo 26 de junio a las 12 horas tendrá lugar un acto institucional en la Ciudad Real Madrid que contará con la presencia del presidente Florentino Pérez. Preparad los pañuelos porque se nos volverá a escapar alguna lagrimita, o lagrimota, en la despedida de este jugadorazo. El Chacho sí que es un Ferrari.
Decíamos al inicio de este portanálisis que la cosa iba de España e Italia, de fútbol y Fórmula 1, de pelotas y Ferraris, y también, como vemos en la portada de Mundo Deportivo, de Roja y Azzurra. Les encanta llamar a España la Roja. Son sus costumbres.
El tema de los Ferraris en este caso es literal, porque Carlos Sainz ofreció un road show con su bólido rojo por el paseo de Gracia. «Ruge Barcelona», titula el diario de Godó, grande España. Y está bien, ya que no puede rugir con las victorias de su equipo preferido, que ruja con las habilidades de un madridista hijo de otro gran aficionado blanco que además es el primer Premio Madridista de La Galerna: Carlos Sainz Cenamor.
Os dejamos debajo las portadas de As y Sport y nos despedimos con el deseo de que disfrutéis de una buena jornada.
Es inevitable buscar el máximo responsable del éxito de un equipo cuando éste se convierte en un referente para el mundo del fútbol. A lo largo de la historia del balompié, tenemos muchos ejemplos de entrenadores o futbolistas que aglutinaron en torno a su figura una escuadra suficientemente heroica como para bautizar un club en un momento dulce de su fútbol. Suelen ser equipos que por su desempeño suponen un salto enorme en el modo de entender la táctica o la estrategia. Podríamos citar al Inter de Milán de Helenio Herrera, El Benfica de Bela Guttman y del gran Eusebio o el Milan de Sacchi. Todos los aficionados guardamos en nuestra memoria citas o comparaciones con equipos históricos aunque no los hayamos visto jugar. Por ejemplo, si queremos decir que un equipo juega de maravilla solemos compararle con el Brasil del Mundial de 1970.
La historia del Real Madrid es rica en cuanto a equipos históricos. Algunos de ellos son tan gigantes que empequeñecen otros más humildes pero con un peso específico digno de tener en cuenta. Todos los que leemos La Galerna conocemos por Alberto Cosín entresijos que incluso desconocíamos. Gracias al saber enciclopédico de Cosín, hemos aprendido esas grandes historias ocultas por la luz cegadora de los grandes nombres. Inevitablemente el Madrid de Di Stéfano, el Madrid de los yeyé, el Madrid de La Quinta del Buitre o el de Los Galácticos son los que tienen su nombre en letras de oro.
Todos los madridistas que nos acercamos a nuestra historia rápidamente memorizamos sus hazañas pues éstas son tan impresionantes que nos obligan a no olvidarlas jamás. Obviamente es un poco injusto dejar otras plantillas ilustres un poco de lado como es el caso del Madrid de Los García, ese equipo entrañable lleno de jugadores españoles y de la cantera. Ese Madrid fue bastante especial pues era un Madrid de entreguerras. El Madrid atravesaba un momento delicado en lo económico, y sin embargo fue capaz de crear un equipo sólido que logró levantar ligas y conseguir el pase a la final de la Copa de Europa de 1981 frente al Liverpool quince años después de la de 1966. Habría que esperar diecisiete años para volver a otra final y ganarla.
El Real Madrid que conocí es el Real Madrid del último Lorenzo Sanz. Es el Madrid que venía de ganar la Séptima y cuya estructura volvió a levantar la Octava y la Novena. La verdad es que los de mi generación hemos tenido una suerte tremenda. Si bien el Madrid de Lorenzo Sanz era un Madrid de grandes jugadores, también era un Madrid un poco desaliñado. Lo mismo te cerraba el fichaje de Nicolas Anelka, una especie de Mbappé de la época cuando el primer Mbappé del Mundial de 2018, que te tenía que malvender a Clarence Seedorf porque se necesitaba dinero de inmediato.
Sin embargo, hay una figura imposible de obviar que para mí lo transforma todo. Por supuesto, hablo de Florentino Pérez. Cuando Florentino llega a la presidencia, en el verano del 2000, con el fichaje de Figo bajo el brazo, todo cambió. Verano a verano, el presidente parecía el genio de la lámpara del cuento de Aladino. Con Figo, Zidane, Ronaldo y Beckham el Madrid era un equipo de ensueño. Si bien en títulos no lució como se esperaba, en repercusión fue un tremendo éxito. Tanto que jugadores como Cristiano Ronaldo o Karim Benzema confiesan que empezaron a fijarse en el Madrid cuando de chavales vieron aquella constelación de estrellas. Por ello, se bautizó a aquel primer equipo de Florentino como el Madrid de Los Galácticos. Se dice que realmente el término nace cuando el presidente del Valencia Jaime Ortí definió como tal a la escuadra merengue con cierta socarronería.
Aquel proyecto naufraga con la salida de Florentino Pérez en febrero de 2006 tras conquistar la Novena, algunas supercopas y dos ligas. Tras unos años de tumbos e historias para no dormir, la vuelta de Florentino Pérez en junio 2009 fue vista por muchos madridistas como nuestra particular parusía merengue. En su segunda venida, y tras una multimillonaria inversión, Florentino trajo de una tacada a Cristiano Ronaldo, Karim Benzema, Xabi Alonso y Kaka. En un solo verano recuperó el terreno perdido. No obstante, esta segunda etapa se caracterizó por atender también posibles agujeros en la plantilla. Tan importantes como la llegada de estrellas fueron las incorporaciones de fichajes como Arbeloa, Khedira o Di María. Ya no bastaba la política de “zidanes y pavones”, había que tener una plantilla profunda.
En las últimas semanas se viene estableciendo una comparación entre el actual Madrid y el de Los Galácticos. En mi opinión, el debate está viciado desde el anuncio del fichaje. Mbappé es una auténtica estrella que viene a ser la guinda del pastel y no el pastel
Dicha exigencia llevó al equipo a dominar el fútbol en la última década. El Madrid de Los Jerarcas o el de las 4 de 5 Champions únicamente se puede entender así. Bajo la batuta de Zinedine Zidane, uno de los mayores legados de Florentino, el equipo jugó a un nivel altísimo y dominó con mano de hierro en Europa. Con la temporada 2016/2017 se llegó al cenit del proyecto, pues el entrenador marsellés pudo hasta contar con dos alineaciones para afrontar la temporada.
En los últimos años, el Madrid ha cambiado de nuevo su política de fichajes. Con la llegada de jugadores como Vinícius, Rodrygo o Camavinga, el club se adelantaba y traía a futuras estrellas aún en su momento formativo. Estas jóvenes promesas mundiales crecían sin prisas al lado de auténticas leyendas como Toni Kroos, Dani Carvajal o Modric. A la vez, el club lograba cerrar grandes traspasos de jugadores espectaculares por un bajo precio. Así llegaron David Alaba o Thibaut Courtois. En un ciclo sin fin, el club logra un balance perfecto y mantiene su hegemonía sin aparente dificultad.
Por todo esto, me molesta el ruido mediático en torno a la llegada de Kylian Mbappé. En las últimas semanas se viene estableciendo una comparación entre el actual Madrid y el de Los Galácticos. En mi opinión, el debate está viciado desde el anuncio del fichaje. Mbappé es una auténtica estrella que viene a ser la guinda del pastel y no el pastel. El francés llega a una plantilla que esta temporada lo ha ganado todo y en la que hasta el último efectivo tiene una Copa de Europa.
Por ello, la única comparativa posible es ya la del Real Madrid con su propia leyenda. O si se quiere, incluso con otras otras grandes dinastías en la NBA como Celtics o Lakers. Y bajo mi punto de vista, esta dinastía futbolística tiene un claro responsable, Florentino Pérez. Estamos pues ante el Madrid de Florentino Pérez.
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Buenos días, amigos. ¿Recordáis cuando veíamos las Eurocopas y los Mundiales con la intención de encontrar futbolistas prometedores y usar las redes sociales para pedir a Florentino que los fichara? Bueno, pues eso ya pasó, por la sencilla razón de que Florentino ya los ha fichado antes. Llegan a la Eurocopa ya fichaditos, que es como hay que salir de casa.
No nos hacemos a la idea de la gloria bendita que esto supone. Es un poco más aburrido cuando llega (en este caso) la Eurocopa en cuestión, por cuanto no procede el pajiplantilleo, como decía aquel. Pero la sensación de plenitud que produce atestiguar que los mejores jugadores del torneo ya son nuestros no tiene parangón. Primero fue Carvajal contra Croacia. Luego Bellingham y su golazo a Serbia, tras el que algún despistado gritaría FICHAR para a continuación darse cuenta de que ya forma en nuestras filas (de hecho, acaba de hacernos campeones de liga y Champions). A continuación, la gran jugada de Mbappé frente a Austria y su lesión, de la cual esperemos se reponga pronto. Y por último, ayer, pudimos suspirar de alegría al recordar que Arda Güler, autor de un gol prodigioso en el Turquía-Georgia, ya es uno de los nuestros también. Lo son todos los citados, y otros muchos, asimismo, que no nos caben aquí.
La verdad, habíamos dado por hecho que el gül de Goler (perdón, el gol de Güler), el gülazo (perdón, el golazo), coparía hoy las portadas de la llamada Central Lechera. Nada más lejos de la realidad, acaso porque As y Marca son llamados la Central Lechera de manera harto inapropiada. El hecho es que la bestialidad protagonizada por la joven perla turca, que estaríamos pidiendo a Florentino que fichara de no ser porque está fichado ya, sólo ocupa espacios marginales en las primeras planas de As y Marca.
En lugar de hablar de Güler, gran protagonista de la Eurocopa hasta la fecha, Marca se inclina por publicar la enésima entrevista destinada a lavar la imagen de Morata frente a la inexistente campaña por mancharla. Güler queda en la esquina inferior derecha, a pesar de ser la sensación y el "eurogoleador más joven" de la historia.
As también hace de menos al bueno de Arda, pero al menos otorga el argumento principal de portada a Louis Van Gaal, a quien ha sido diagnosticado un cáncer de próstata. Es una buena causa, y nos sumamos al activismo que quien fuera entrenador de Barça y United, entre otros, quiere ahora ejercer en pos de una mayor concienciación sobre la enfermedad.
La prensa cataculé viene también con sus cositas, incluido el enigma de los miércoles: ¿quién exactamente es Mika Faye, y en virtud de qué pide el Barça 15 millones por él?
Pasad un buen día.
El nuevo Chamartín se terminó en 1947, pero pronto comenzaron las ampliaciones para mejorar el estadio en cuanto a tamaño y capacidad. Apenas siete años más tarde se culminó la construcción de tres anfiteatros coronados a los lados por dos grandes torres, con lo que el aforo pasó de 75.000 a 125.000 espectadores. La cumbre de aquel nuevo lateral elevado acabó siendo conocido por todos los aficionados como el ‘gallinero’. Para conmemorar dicha obra, el club blanco organizó un gran festival el 19 de junio de 1954 que tuvo como postre especial un partido amistoso entre el conjunto madridista y el Athletic Club. Hoy se cumplen 70 años de ese día.
El coliseo blanco se había quedado pequeño pese a que muchos tildaron de loco a Santiago Bernabéu con su impresionante obra en la década anterior. El primer Chamartín constaba de dos anfiteatros en los fondos, el lateral del Paseo de la Castellana y enfrente, en la zona de la actual calle Padre Damián (carretera de Maudes por entonces), una grada coronada con la famosa torre con el marcador. Con la nueva edificación desapareció el monolito y en lo más alto se erigió el ‘gallinero’, una zona mayoritariamente de pie salvo tres filas con asientos. Las obras iniciadas en mayo de 1953 duraron poco más de un año y tuvieron un coste de 12 millones de pesetas. El diseño corrió a cargo de dos viejos conocidos, los arquitectos Luis Alemany y Manuel Muñoz Monasterio.
Aquel curso el Real Madrid volvió a ganar la Liga después de 21 años de sequía y la pasión y el crecimiento crecía entre los hinchas. Cada vez más gente quería ir al estadio para ver al equipo blanco con la gran estrella Di Stéfano y sus lugartenientes Gento, Roque Olsen, Muñoz, Mateos, Molowny, Zárraga…
Para celebrar la ampliación se decidió realizar una gran fiesta del club antes de que se jugase la final de Copa que tenía como sede el terreno de juego capitalino. Como la final del torneo del KO estaba programada para el día 20 de junio, el festival se organizó para el día anterior. En un primer momento la idea apoyada por la Real Federación Española de Fútbol fue disputar un encuentro el día 6 de junio entre Europa y América, parecido al que un año antes se festejó en Wembley con motivo del 90 aniversario del nacimiento fútbol. En esa ocasión, la selección inglesa tuvo como rival a una selección de la FIFA en la que figuró el madridista Joaquín Navarro. Sin embargo, varias de las selecciones sudamericanas que tenían que viajar al viejo continente para la disputa del Mundial de Suiza se acabaron echando atrás por el miedo a lesiones o percances de sus jugadores.
Finalmente, el gran partido con el que terminó el festival del club blanco fue un choque entre el Real Madrid y el Athletic Club. Ambos conjuntos tenían el calendario despejado al haber caído los merengues una semana antes en semifinales de la Copa frente al Barça y los vascos también ante los culés en la ronda anterior de cuartos de final. El cuadro bilbaíno tenía una gran afición repartida por toda España y era un equipo de categoría con los Zarra, Gainza, Panizo, Venancio, Garay y Carmelo, por lo que fue un invitado a la altura de tan magna celebración.
La mañana del festival, Santiago Bernabéu, junto al notario y directivo del club, Ignacio Méndez Vigo, quiso tener un detalle con los 300 obreros que trabajaron en la ampliación. En nombre de la entidad blanca, el presidente les entregó un sobre con 150 pesetas y una tarjeta de libre acceso al estadio para la siguiente campaña.
Por la tarde, ya en la fiesta del estadio, el primer evento fue un partido de balonmano entre la sección merengue del club y una selección castellana. Luego se celebraron una serie de actos con pirotecnia, tracas, suelta de globos con banderines del club, una banda del Frente de Juventudes tocando sus trompetas y un izado de la bandera del Real Madrid en el mismo césped por parte de Santiago Bernabéu mientras sonaba el himno nacional.
Además, al descanso del encuentro entre blancos y vascos desfilaron alrededor del terreno de juego todas las secciones deportivas (ajedrez, atletismo, balonmano, baloncesto, balonvolea, boxeo, gimnasia deportiva y educativa, lucha, pelota, pelota base, remo, tenis de mesa…) de las que disponía la institución madridista por entonces.
Antes del pitido inicial, la plantilla blanca recibió el trofeo de Liga conquistado unas semanas antes con el alirón frente al Valencia. El capitán Miguel Muñoz subió al palco de autoridades y recogió la copa de manos de José Luis del Valle, vicepresidente de la Real Federación Española de Fútbol. A continuación, bajó al terreno de juego para las fotos de rigor y una vuelta al campo de todo el equipo que recibió una atronadora ovación. El entrenador, Enrique Fernández, también entregó a cada jugador una reproducción en miniatura del título liguero.
El estadio no estaba completamente lleno, pero sí registró una estupenda entrada de más de tres cuartos del aforo, por lo que el aspecto que tuvo fue excepcional. El duelo contra el Athletic resultó espectacular, la gente se divirtió y presenció una orgía de goles. En los blancos hubo alguna baja, como la de Pazos y Molowny, y en los vascos no jugaron Garay, Orúe y Gainza, pero las alineaciones sonaron de maravilla. El Real Madrid formó con Juanito Alonso; Navarro, Oliva, Lesmes; Muñoz, Zárraga; Joseíto, Olsen, Di Stéfano, Mateos y Atienza. A lo largo del partido también gozaron de minutos Juanito González, Campa, Becerril, Gabriel Alonso, Goñi, el charrúa Rodríguez, Pérez Payá y Gento. Por su parte, el técnico del Athletic, Antonio Barrios, alineó a Carmelo; Areta, Venancio, Canito; Manolín, Maguregui; Jáuregui, Arteche, Arieta, Panizo y Bilbao. Otros jugadores que participaron fueron Lezama, Zarra, Estenaga, García y Prieto. El resultado fue un sensacional 5-4 con Enrique Mateos como gran figura del partido con tres tantos.
En la crónica de MARCA realizada por R.M. se destaca que hubo fútbol del bueno con un juego de “calidad, brioso, espectacular y eficaz” como prueba el resultado con el que finalizó la contienda. La razón fue que “ambos equipos, olvidando feas tácticas, se dedicaron de lleno a jugar al fútbol de verdad, el que tiene como fin primordial el marcar goles, aunque el deseo de hacerlo en mayor proporción que el adversario obligue a cuidar debidamente la parte defensiva; pero sin trastocar las cosas de modo que lo secundario se convierta en principal, y viceversa”.
Pese a que “Madrid dominó más y ligó mejores avances” al descanso se llegó con victoria rojiblanca por 1-2. Di Stéfano hizo el primer tanto con un tiro raso cruzado y luego un autogol de Navarro y un empalme de Bilbao a centro Jáuregui dieron ventaja a los vascos. En la reanudación, a los dos minutos, Olsen logró la igualada al empujar a la red una asistencia de Joseíto. Después apareció Mateos, con su primer tanto tras un buen disparo después de un jugadón de Di Stéfano. ‘Fifirichi’ aumentó la ventaja con un tiro precedido de una combinación entre Olsen y Joseíto. El gol con el que el madrileño firmó el triplete en su cuenta particular fue el 5-2 y lo consiguió al rematar un centro de Joseíto. Los bilbaínos redujeron la distancia en el marcador al 5-4 final por mediación de Maguregui, que aprovechó un despeje del guardameta blanco a envío de Arieta, y luego con Zarra, al descerrajar el delantero un tiro durísimo cruzado que entró en la meta de forma fulminante.
Al día siguiente, con un lleno en las gradas de Chamartín, se disputaron las finales de Copa de los juveniles y profesionales. En la primera se midieron el RCD Español y el Plus Ultra, con triunfo para el cuadro asegurador, y en la segunda se vieron las caras el Valencia y el FC Barcelona, con victoria para los che, produciéndose sobre el terreno de juego la famosa celebración de su portero Quique que se aupó al larguero de unas de las porterías.
Fotografías: archivo Alberto Cosín.
El affaire Hezonja nos ha dejado a todos un poco descolocados a causa de las sacudidas experimentadas por el asunto hasta su resolución. Más que la renovación o marcha de un jugador de baloncesto, parecía una enrevesada película con más giros argumentales que zooms tenía un videoclip de Pepa Flores filmado por Valerio Lazarov.
Estos días se han escrito diferentes teorías para responder a quién, cómo, cuándo dónde y por qué. En el presente artículo, explicaré la versión que me ha llegado.
El affaire Hezonja ha sufrido más giros argumentales que zooms tenía un videoclip de Pepa Flores filmado por Valerio Lazarov
El pasado 8 de mayo, Laporta se prepara para ver el quinto partido que Barça y Olympiacos disputan en el Palau a la misma hora que el Real Madrid de fútbol afronta el encuentro de vuelta de las semifinales de Champions contra el Bayern. Es optimista, siempre. No le queda otra, porque él no vende gestión ni realidades, Jan vende ilusión. Y los azulgranas se la compran sin pedirle cuentas.
En fútbol no le ha servido de nada contar en España con un CTA heredero directo de Negreira, con Clos Gómez en el VAR, con Mediapro surtiendo de imágenes al videoarbitraje, con Tebas haciendo la vista gorda, etc. En Europa les han enviado al carrer de nuevo y encima con goles de Mbappé y Dembélé. El título europeo de baloncesto es su última gran esperanza.
El encuentro ante Olympiacos avanza y la frente de Laporta se perla, no pinta bien. Jan se retrepa en su asiento. Hace muecas. La energía de McKissic, la puntería de Papanikolau y un paupérrimo acierto desde la línea de tiros libres condenan al Barça. Pierde 59-63 y queda fuera de la Final Four de Berlín.
Para colmo, el Madrid se mete en la final de Champions de fútbol merced a dos goles de Joselu en un suspiro. Laporta monta en cólera. Los responsables de catering del Palau se colocan raudos los cascos anticanapés, aunque, afortunadamente, esta vez ninguna albóndiga sufre la ira del presidente culé, como sucedió en Montjuic tras el empate contra el Granada.
Esa misma noche se reúne con un directivo responsable de la sección de baloncesto y con Juan Carlos Navarro, director general de la misma. La conversación trascurre en unos términos similares a los siguientes:
—Señores, esto no puede seguir así. Sabéis que no podemos competir con el Madrid en fútbol, solo nos quedan nuestras otras secciones para vender esperanza a los culés. Es necesario revertir la situación del equipo de básquet, urge un cambio de ciclo. ¡Hay que fichar hoy a Hezonja! ¡Ya! —ordena Laporta.
—Presidente, no puede ser —comienza Navarro—, este chico pide un caché muy alto, varios años y no entra dentro de nuestras posibilidades.
—O fichas a Hezonja o estás despedido.
Al día siguiente, Juan Carlos Navarro ofrece al representante Mario un contrato de cuatro años que lo convertiría en el segundo jugador mejor pagado de Europa.
En ese momento, el croata no está contento, para Chus Mateo es suplente, no había participado casi en la final de Copa, el Madrid no le ofrece lo que él estima necesario para renovar y decide firmar ese acuerdo de intenciones con el Barça que es válido para presentar a la ACB y estar sujeto a un derecho de tanteo por parte del Madrid.
Navarro vuelve al otro día con el documento firmado y se encuentra a un Laporta que ha superado su estado de cólera. Más calmado, el presidente blaugrana le espeta al director general de baloncesto:
—Este contrato no nos lo podemos permitir, es mucho dinero, no sé cómo vamos a hacerlo, pero yo no lo veo.
Navarro se queda atónito ante el cambio de humor y de parecer de su presidente.
Laporta exige a Navarro que fiche a Hezonja, y cuando Juan Carlos llega con un documento firmado, el presidente del Barça se arrepiente y le dice que no pueden permitírselo
Entonces es el Madrid quien mueve ficha. Florentino se acerca a Hezonja y, entre bromas, lo anima a reunirse con él para llegar a un acuerdo.
En ese momento, Mario se da cuenta de que realmente su club le quiere, aunque llegase a pensar lo contrario en el pasado. Con la intervención de Florentino, que baja al terreno para asegurarse su continuidad, su forma de ver el asunto experimenta un giro de 180 grados, y por ese motivo realiza las famosas declaraciones que hacen pensar a los seguidores blancos que renovará. Sin embargo, poco después, los medios anuncian que Hezonja jugará en el Barcelona la temporada que viene en virtud del pacto relatado antes.
Estas declaraciones son las excusa perfecta para el Barça, que ve en ellas el pretexto ideal para bajarse del carro y retirarse de la lucha por Hezonja un par de días después de las mismas, cuando en realidad lo hacen porque no pueden acometer ese gasto.
El Madrid, por su parte, actúa como hace siempre, anteponiendo la cabeza a las tripas. Si Mario se hubiese presentado exigiendo más dinero con la oferta del Barça en la mano, el club le habría enseñado la puerta. Pero el Madrid, aunque se enteró de que el croata había llegado a un acuerdo con el Barça, sabe que puede contraatacar y renovar a Hezonja dentro de los límites económicos que se ha marcado. Y como puede hacerlo lo hace. No da importancia al factor sentimental de una posible traición del jugador, sino que entiende que se trata de una negociación entre profesionales.
El Madrid ha sido, casi sin querer, magnánimo con Laporta: con la renovación de Hezonja libera al Barça de afrontar un oneroso contrato que había firmado irresponsablemente, y que en realidad no quería afrontar. Aun viendo que no podía fichar a Hezonja, el Barça filtró el acuerdo firmado con SuperMario con el mero afán de enturbiar el ambiente y molestar a un Madrid que ahora mismo es inalcanzable para el Barça en casi todas las secciones donde compiten.
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