El Madrid está viviendo su, quizá, periodo exitoso más largo y próspero en todos los ámbitos del Club, que incluye, obvio, la faceta más importante: la deportiva. Cada título, sobre todo cada Champions, es una punzada en el alma del antimadridismo.
El enfado que producen los continuos triunfos blancos se ha visto agravado por un hecho incontrovertible: quien hacía trampas no era el Madrid, como siempre han sostenido los antis, sino el Barça, entidad enarbolada por ellos como adalid y ejemplo de conducta moral y deportiva.
Cuando a alguien se le derrumba aquello en lo que había creído siempre, la primera reacción es la negación. No pocos han quedado atrapados ahí y no han sido capaces de asumirlo aún. Quienes lo han aceptado, se han enojado. Mucho. Principalmente con ellos mismos, por haberse tragado una falacia durante tantos años. Pero su orgullo no les permite reconocerlo públicamente, de modo que proyectan esa ira contra su enemigo: el Madrid.
La consecuencia es el afán de venganza y, como el Real es tan grande, su némesis también lo es, y tiene en funcionamiento constante una ingente maquinaria que busca al microscopio cualquier asunto, por ínfimo que sea, para atacar al club de Concha Espina, sin que la veracidad de la acusación sea requisito indispensable para su utilización. Sucede continuamente y estos días pasados sirven como ejemplo perfecto.
El antimadridismo tiene en funcionamiento constante una ingente maquinaria que busca al microscopio cualquier asunto, por ínfimo que sea, para atacar al club de Concha Espina, sin que la veracidad de la acusación sea requisito indispensable para su utilización
Primero fue que al Madrid de baloncesto le iban a desposeer de dos títulos merced a un turbio asunto con el pasaporte de Slaughter. El conato de escándalo duró menos que una tormenta de verano en Mercurio, donde ni hay verano ni hay agua. El Madrid, de momento, no expide pasaportes. Habría sido un hito de la ignominia que al Madrid le hubiesen quitado un par de trofeos por haber sido la víctima en el tema Slaughter (recordemos que la orden de detención fue contra el jugador y no contra nadie del Club) y al Barça no solo no le hayan desposeído de ningún título, sino que rápidamente se encargaron en hacer público —vía Tebas— que comprar la cúpula arbitral durante años está feo, pero que ha prescrito —lo prescribieron— y no va a tener consecuencia deportiva alguna.
Después asistimos al bochornoso espectáculo de la licencia del Bernabéu. He aquí los titulares de tres medios de comunicación:
El País: «El Real Madrid opera con una licencia caducada tanto para los conciertos como para el fútbol».
Relevo: «El Madrid ha funcionado durante 23 años con una licencia caducada».
El Confidencial: «Nueva denuncia: el Bernabéu celebró los conciertos con una licencia caducada de hace 23 años».
Estos medios se tomaron la licencia de dar por sentado que el Bernabéu no contaba con la ídem. Todos los titulares comunicaron como un hecho que el Real Madrid carecía de ella. Ninguno de ellos tuvo la precaución de confirmar la veracidad o anteponer en el titular un «Según la Asociación Vecinal de Perjudicados por el Bernabéu». Sería interesante conocer en qué parte del Libro de estilo de El País se recomienda actuar de este modo.
Lo primera reacción de los madridistas con los que hablé fue de extrañeza: «qué raro que esto sea así, tengo muchas dudas de que sea posible, aunque los titulares son tajantes. Si se confirmara, tendrían que depurarse responsabilidades».
El grandioso escándalo volvió a quedarse en nada. Tanto el ayuntamiento como el Club desmintieron ese mismo día que el Madrid estuviese operando sin licencia de funcionamiento.
¿Alguna disculpa o rectificación? Pueden esperar sentados. Nadie se preocupó de contrastar la noticia con todas las partes. Después del jarro de agua fría para el antimadridismo, cabe destacar la reacción de Relevo.
Una vez confirmado el bulo de que el Bernabéu no tenía licencia, Relevo tuvo el cuadradismo gonadal de publicar que «El Ayuntamiento desmiente a los vecinos y afirma que el Bernabéu cuenta con licencia de funcionamiento». Es decir, afirmaron que a quien desmintió el ayuntamiento fue a los vecinos, no a ellos, que en su titular dieron por buena la mentira. Sublime acto de trilerismo informativo.
Lo grave es que para estos medios la verdad no importa, hay, al menos, dos aspectos que les merecen mayor consideración: la difusión de su mensaje y los clics, las visitas. ¿Qué importancia tiene que no sea cierto que el Bernabéu no tuviese licencia de funcionamiento en vigor si la noticia ya ha sido compartida en todo el mundo y millones de personas se han quedado con esa idea en la cabeza?
El relato lo es todo, y más en los tiempos que corren donde la opinión pública se moldea a base de flashes teledirigidos sin contraste ni explicación alguna porque además casi nadie se tomaría la molestia de leerla.
El antimadridismo lo sabe y actúa en consecuencia. Los hechos son evidentes: no dejan de publicarse bulos que afectan al Madrid mientras se silencian o se minimizan las noticias negativas que afectan al FC Barcelona. Por este motivo, en la sociedad de hoy es tan importante un Negreira en los medios como en el CTA. Es imprescindible disponer de personas en puestos clave, contar con su favor, a cambio de lo que corresponda en cada caso, para imponer su relato.
El relato lo es todo. Por este motivo, en la sociedad de hoy es tan importante un Negreira en los medios como en el CTA
Cualquier ser humano adulto provisto de un teléfono con conexión a internet puede averiguar en poco tiempo si el Bernabéu dispone o no de licencia. Los medios, y quienes están detrás, lo saben, y aun así publican algo que horas después se demuestra falso. Como se ha dicho antes, da igual, el objetivo está cumplido, el mensaje ya ha calado. Sin embargo, asuntos como el narrado por Jaume Llopis, exdirectivo del Barça que afirmó que uno de los inversores del Espai Barça es un narcotraficante chipriota, ha pasado sin pena ni gloria desde marzo de este año. No sabemos si es cierto o falso, aunque provenga de una fuente interna, porque ni siquiera se han molestado en investigarlo. Como no es contra el Madrid, no vende.
Tres cuartas partes de lo mismo sucedió cuando Bassat, excandidato a la presidencia del Barça, afirmó en una entrevista en Marca que una persona importante del club le soltó que no podía ser presidente porque no sabía comprar a un árbitro. Como ya suponen, quien le estaba realizando la entrevista, en lugar de ahondar en tamaño filón, prosiguió preguntándole por asuntos con el mismo interés que la vida marital del rape en ausencia de Netflix.
Tampoco tuvieron repercusión mediática aquellas declaraciones de Alfons Godall, vicepresidente del FC Barcelona, donde sostuvo que «La buena relación de Laporta con los comités de árbitros ayudó (…). Tenemos que estar al lado de las entidades en las que se ejerce el poder y no darles la espalda. Recuerdo que en su día Laporta lo tuvo clarísimo. ¿A qué presidente apoya Florentino? A Gerardo González. Entonces al Barça le conviene apoyar a Villar y tener una buena relación con la federación, donde se cuecen los comités de árbitros, la competición y la Liga de fútbol (…). Creo que Laporta cultivó mucho, y muy a fondo, las buenas relaciones con estas instituciones y eso nos ayudó».
¿Por qué ocurre esto? Porque el antimadridismo mueve mucho dinero e interesa más publicar cualquier cosa, aunque sea falsa, contra el Madrid que cualquier noticia, aunque fuere verdad, que afecte al Barça. Lo del Negreira de los medios.
El antimadridismo mueve mucho dinero e interesa más publicar cualquier cosa, aunque sea falsa, contra el Madrid que cualquier noticia, aunque fuere verdad, que afecte al Barça
Se acusa siempre a Florentino de mover los hilos, pero a poco que uno observe la realidad es complicado sostener ese mantra. El CTA lo integran los mismos, y sus descendientes, que lo conformaban mientras Negreira era vicepresidente y cobraba millones de euros del Barça; la LFP la preside Tebas, enemigo acérrimo de Florentino; la UEFA la dirige Ceferin, lo mismo aplica; Soler fue actuando ora en el Barça, ora en el CSD para, entre otras cosas, allanar la prescripción de los pagos a Negreira; el anterior presidente de la RFEF hacía negocios con el capitán en activo del club azulgrana incurriendo en un conflicto de intereses solo menor que el mayor de todos: que el realizador de los encuentros y proveedor de imágenes de la sala VOR sea avalista del FC Barcelona. En cualquier país civilizado esto último llevaría tiempo judicializado.
Este clima abona una sensación de impunidad en el antimadridismo en general y en el barcelonismo en particular que puede ser el pecado por el cual se cuele un ápice de Karma.
El ejemplo lo tenemos en Freixa, que no ha tenido empacho en confesar en diferentes escenarios el delito —ya demostrado, hay facturas— cometido por el Barça al abonar dinero a uno de los jefes de los árbitros. El Madrid ha estado ágil y le ha pedido al juez que le eche un ojo.
Disculpen el chiste pésimo, pero quién sabe si en próximas Navidades no brindaremos con una copa de Freixanet.
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Aquellos dos camareros eran lo menos parecido a dos triunfadores. Esos dos chicos negros hacían suyos los uniformes de una franquicia de comida rápida como un desafío. Con sus redecillas en la cabeza oteaban desde ese bar de comidas frías y bebidas calientes su lugar en la escalera social de un país que, como EEUU, premia y castiga como pocos el éxito económico y el prestigio social. Tras diez días en el país, esperando la salida de mi vuelo, me afanaba ocioso en ese aeropuerto por distraer mis pensamientos engañando mis ansias por volver a casa, controlando a duras penas mis ganas de ver a la familia y de retomar una rutina que, curiosamente, cobra valor cuando no se practica. En aquel asiento duro como un adiós, en medio de la nada, sentado frente a ese local de neones irritantes y olores pesados, con poco más que hacer, no podía evitar observarlos.
Esa noche eran pocos los pasajeros que arrastraban los pies y las maletas por unos pasillos tan largos como las horas de espera, casi todos hombres de negocios americanos y europeos, en retirada como yo de aquella feria, refugiados ocasionales en las pocas tiendas de souvenirs abiertas de ese hospital de tullidos a medianoche que era la terminal. Como en un cuadro de Hopper, el local de esos chicos era un inventario de clientes indolentes, de banquetas giratorias color plata y vitrinas con comida que resaltaba como una luz al final del túnel. No aparentaban más de veinte años, pero tras aquella barra esos chicos estaban dispuestos a mantener el aplomo digno de saber que ese trabajo podía ser su primer y último tren. Hijos del extrarradio, aferrados a la expectativa de un salario semanal, intercambiaban motivados consignas entre sí al tiempo que se ofrecían amables a cualquiera que se les acercara.
No pude evitar recordarlos cuando hace unos días, y por abrumadora petición popular, Carlo señaló a un Jesús Vallejo tan sorprendido como agradecido para que saltara al campo. Correcto y amable a pesar de su lugar en la historia, simpaticé con él como lo hice con aquellos chicos. No discuto la evidencia, es posible que no tenga "nivel Real Madrid" pero sin duda alguna luce la dignidad propia y esperada de un jugador que defiende los valores del club. Pensaba, al observarlo en aquel partido errar, dubitativo e inseguro, en la necesaria solidaridad y empatía con el fracaso, al margen de las conclusiones deportivas que se deriven del rendimiento exigido a un deportista de élite al final de cada temporada. Vallejo destila una dignidad que no se ensaya. La debida condescendencia hacia tipos como él solo puede humanizarnos a la vez que nos define como afición y sociedad.
Ese día me recordó, como una lección sabida, cómo la vida nos pone siempre a todos sin excepción, uno a uno, frente al espejo alguna vez, atemperados y humillados, mostrándonos la peor versión de nuestra verdadera medida. Porque cualquiera de nosotros ha sido en algún momento poco para otros. Y porque hubo en cualquier expediente intachable un tiempo en el que alguien mordió el polvo por un amor o un trabajo, por la expectativa incumplida con un error inexcusable o por una muestra grosera de escasa pericia.
Es el sabor amargo del segundo premio. Lo he vivido en carne propia. Todo lo que alguna vez quise decir ya está en las letras de Bob Dylan, en algunas canciones de Sabina y en todos los textos de Manuel Vicent. Desde abajo, me conformo con soñar que me acerco a sus descartes, esos que duermen en cestas en forma de arrugadas bolas de papel. Por eso miro con especial afección, incluso ternura, la lucha estéril, el esfuerzo sin premio y el quiero y no puedo. En comparación con esta constelación de estrellas, tal vez Jesús Vallejo sea aquel tipo corriente que describe Sloan Wilson en "El hombre del traje gris" y no puedo evitar verme en él.
Aquellos chicos parecieron crecerse cuando los viajantes, como reactivados por la promesa de embarque, se agolparon impacientes todos a una. Cuando despacharon las comandas con eficiente celeridad y una sonrisa, confirmaron la importancia de su lugar en el sistema. Como ellos, Jesús Vallejo también disfrutó de sus días azules porque hubo un minuto 115 en la recta final de un partido ante el Manchester City en el que lo creímos capaz de todo. Por eso la empatía y la nobleza obligan. Dentro de unos años, tal vez enfundado en un traje gris, puede que un Jesús Vallejo otoñal gestione un negocio particular desde una oficina sin dirección. Entonces será poco menos que el asiento de un libro ajado en nuestra propia historia colectiva. Pero siempre tendrá el poder oculto de recordar a quien se olvidó de él, de conservar una mueca de satisfacción cuando piense en aquel minuto 115 como aquellos chicos negros de redecilla en el pelo recordarán satisfechos que, por un instante cada noche, con la llamada de embarque, fueron efímeramente importantes cuando alguien camino a casa los necesitó.
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Uno anda ya tan desorientado con los parones internacionales y los virus FIFAS que ya no sabe ni por dónde le da el aire, ni cuándo regresa la Liga de Tebas, la nueva Shempions de los prodigiosos cálculos matemáticos o los dieciseisavos de final de la Copa de Su Majestad El Rey contra el Racing Lermeño de turno. Es más, y así lo saludan unánime las primeras planas de la prensa deportiva, al parecer ayer la selección española campeona de Europa se enfrentó y derrotó en Murcia a la legendaria Dinamita Roja danesa.
No obstante, en esta ocasión el olor a podrido no venía de Dinamarca… sino de más abajo, concretamente del Metropolitano, one more time.
Tampoco lo verá usted en las portadas, amigo galernauta.
De hecho, ahí las tiene.
El mejor uso que pudiera darle es envolver su carpeta del instituto con recortes de Zubimendi si usted fuera una quinceañera enamorada de donostiarra con posibles. Del esperpento putrefacto al que nos referimos, y que nada tiene que ver con Dinamarca, ni una coma en portada. Hay que ver cómo provoca Vinícius.
La historia comienza con otro fenómeno lúdico-balompédico alternativo que nada tiene que ver con la Superliga de Florentino, sino con los nuevos streamers comunicadores como Dj Mario, Ibai Llanos y compañía, y sus competiciones variopintas de pseudofútbol al desternille con presidentes de clubes a la noventoide como Piqué y Casillas. Una cosa rara que anoche mutó en una suerte de All Star futbolístico en un duelo entre estrellas del Youtube patrio y figuras del Youtube francés, un España-Francia en definitiva disputado en un Metropolitano, curiosamente patrocinado por Civitas, precisamente allá donde la civilización brilla por su ausencia. Al parecer algo venía de antes, y se habían picado mucho en un partido anterior disputado en París, pero para el caso conviene confesar que a uno esto del Twitch ya le pilla mayor, no todos tenemos el tiempo libre de Luis Enrique para estos menesteres.
Sin embargo, no conviene perder la perspectiva: anoche había nada menos que un millón de personas siguiendo la retransmisión en directo de este duelo de las estrellas del Youtube hispanofrancés, además del ¿respetable? presente en las gradas del Metropolitano. Es decir, el nuevo aficionado a esto se lo toma muy en serio, fíjense en cómo celebró su gol de penalti DJ Mario: como si estuviera en un derby en el Metropolitano.
No era un derby. Pero seguía siendo el Metropolitano.
Así las cosas, regresó el esperpento. Esta vez no fue un chaparrón de mecheros o una fina lluvia constante de amenazas de muerte, tampoco tiraron a nadie al río o asestaron puñalada alguna. Anoche se regresó a lo básico, lo primitivo, lo propio de estos imbéciles; a lo simiesco. Fueron gritos guturales y gestos variados de rascamiento de sobaco los que acabaron por encender los ánimos de los jugadores de la selección de youtubers franceses que, tras enfrentarse a la grada, decidieron abandonar el verde entre aplausos burlones de “España, racismo” en el túnel de vestuarios. Bochorno mundial. Otro más. Hay que ver cómo provoca Vinícius.
Pudiera concederse que lo de anoche en el estadio de los mil nombres (Metropolitano, Wanda, Riyahd Air, Civitas) y mil y un insultos por una vez no fue cocinado por los neonazis del Frente Atlético. Por lo que se deduce de las imágenes que pudimos ver ayer, en esta ocasión no se trata de ningún energúmeno nostálgico del Reich que no sabría ni decir “hola” en alemán, sino directamente de otro tipo de gilipollas, el básico, el que hace lo que ha visto en casa por la tele o se anima a hacer el mono porque lo hacen sus colegas. Claro, que cuando el negro ofendido te pide explicaciones, aludir acongojado a un repentino picor en las axilas como que no cuela.
Y no quisiéramos ser ventajistas aquí para solidarizarnos sin fisuras con un tal Koko, un jugador de color que formaba parte anoche de la selección española de youtubers, que se acercó a la grada del Metropolitano a pedir calma a los tontos de la noche. Hasta aquí todo bien… salvo por los prepotentes exabruptos regurgitados por el susodicho Kokó cuando otro jugador de su misma raza y color, a otro nivel y en otro Liga por supuesto, era vilipendiado en cada jornada fuera del Bernabéu entre pitos, insultos y gemidos primitivos.
Ayer tuvo que salir llorando del campo, y nos duele decirte que así de ignominiosas resultan las humillaciones del alma, Kokó. Lo cierto es que verte abandonar el verde siendo consolado por el soplagaitas pirómano de Cristóbal Soria vestido de árbitro es prácticamente justicia poética. El primero, que se reía de un Vinícius sacudido por estadios enteros; el segundo, que fue quien prendió la mecha del odio contra el carioca haciendo el payaso en chiringuitos varios. Lo decíamos antes. A pesar de esto, Kokó cuenta con toda la solidaridad de La Galerna. El otro se puede ir a buscar amapolas, que diría el gran José María Gutiérrez “Guti”.
Ha quedao buen domingo para el portanálisis, amigos galernautas.
Incluso me ha dado por mirar si lo que ayer jugó España en Murcia valía para clasificarse para el Mundial ese que nos van a quitar por culpa de Vinícius y no del Frente Atlético, Rubiales, Tebas, Rocha, Villar o Negreira. Pues resulta que no.
A ver si con el Mundial 2030 al final va a resultar lo mismo.
Y a ver a quién le echan la culpa con tremendos dídimos toreros.
Buenos días, amigos. Hace años, antes de la sobrelegislación imperante que convierte en pecado social cualquier uso y costumbre anecdótico, el papel de periódico se utilizaba para envolver el pescado, entre otras cosas. Hoy es un día de esos en los que bien podría recuperarse tal tradición, porque entre leer las portadas de este 12 de octubre y ojear los componentes del champú durante una tarde aburrida no hay mucha diferencia.
Sport dedica su espacio principal a Cubarsí y titula: «Quiero ser como Puyol». A tu salud, quiero ser como tú, le cantaría Pau a Puyi si nos encontráramos en una película de Disney.
En la franja derecha del diario culé hay dos noticias que llaman la atención: «Batalla campal en el Camp Nou» y «¡Mbappé se fue de copas a Estocolmo!».
La primera de ellas hace referencia a la trifulca que mantuvieron unos trabajadores de los que están remodelando el estadio azulgrana. La pelea transcurrió a varios metros de altura y entre ferrallas que asomaban de una columna cual lirios de un florero. Se nos ocurren dos posibles causas, que uno de ellos defendiese la mermada tesis de que Negreira era, precisamente, un florero o que no se pusiesen de acuerdo en cómo denunciar a la empresa contratada por el FC Barcelona por obligarles a trabajar en condiciones más propias de otro siglo.
La segunda cataloga como escándalo que Mbappé decida emplear parte de su tiempo para el ocio. A pesar de los avances, seguimos viviendo en una sociedad gazmoña en la cual lo realmente bien visto es quedarse en casa las 24 horas del día, a poder ser haciendo obras de caridad on line, consultando el Teleprograma o haciendo crucigramas. ¿Qué diantres es eso de evadirse? ¡Esto es el colmo!, aquí y en Suecia. Para este adalid de la modernidad que es Sport, el hecho de que un profesional —que había acordado con su seleccionador no acudir con Francia— después de sus tareas decida airearse un rato es otro pecado social (diferente al comentado en el primer párrafo).
Además, a partir de unas fotografías tomadas en la calle afirman que «se fue de copas». Pruebas irrefutables. Pero, y si se hubiera ido de copas un día en su tiempo libre, ¿qué narices importa? Es mucho más decente perseguir, acosar e inventar historias sobre familiares de árbitros, ¿verdad, Sport?
Que Mbappé decida salir un rato con amigos es muchísimo más grave que pagar durante, al menos, 17 años al vicepresidente de los árbitros, a tenor del tratamiento dispensado por este periódico.
Mundo Deportivo se decanta por la selección española como tema principal de su frontispicio. Ya sabéis que es devoción lo que hay por el combinado nacional en Barcelona. El protagonista —muy bien traído por hallarnos en el Día de la Hispanidad— es el seleccionador Luis de la Fuente y hoy toca loar, otra vez, a Lamine Yamal, quien va a portar el 10 de España. La verdad es que es bueno, ya escribimos hace tiempo que merecería acabar jugando en un grande.
La primera plana de As también tiene como tema principal al equipo nacional y a la «revolución» obligada por las lesiones. Es curioso, si los estamentos que gobiernan el fútbol no se inventasen —a mayor gloria de sus bolsillos— torneos superfluos como el que disputa España hoy, los futbolistas sufrirían menos percances de salud y sería menos probable una portada como la de hoy.
La parte superior es para Nadal. Disculpadnos, pero aún estamos asumiendo su anuncio de retirada, que no por esperada es menos dolorosa.
En el faldón, el diario de PRISA anuncia que Carvajal fue operado ayer. Lo repetimos, le deseamos lo mejor a nuestro querido Dani.
La portada de Marca es prescindible como una publicidad de Tecnocasa en el buzón. Llaman la atención dos personajes de ella: un señor maduro cooperador necesario del Barça cuyo sueldo es inversamente proporcional a la salud de la liga que preside, y un tipo —del Atleti, claro— que justifica y aplaude al sector neonazi de su afición.
Pasad un buen día.
La lesión de Dani Carvajal ha vuelto a poner el foco en un eventual reemplazo de la cantera. Y claro, no hay. Lo primero de todo, Carvajal es insustituible. Probablemente, el mejor lateral derecho que ha tenido nunca el Madrid, casi a la altura de Roberto Carlos en la otra banda. Lo segundo, que de donde no hay no se puede sacar. Y ahí surge el debate.
Coincide esto en el tiempo con la no continuidad de Raúl al frente del Castilla, tras seis años con más sombras que luces. Tres son los objetivos que debe cumplir el filial, en este orden: sacar jugadores para el primer equipo, obtener un buen traspaso por aquellos que no alcancen ese nivel y, a ser posible, ascender. Aunque a punto estuvo de subir hace dos temporadas, lo cierto es que Raúl no ha conseguido moverse de la antigua 2ªB. En el tema ventas de jugadores sí puede decirse que la gestión es, cuando menos, rentable. Pero donde realmente hay un área clara de mejora es en la progresión de talento a la primera plantilla.
En puridad, aquí la responsabilidad debe ser compartida. Sí, Raúl entrena al Castilla, pero quien decide quién sube y disputa minutos es Ancelotti. El italiano nunca ha sido un técnico muy partidario de jugársela con la cantera, ni tampoco con los jóvenes. En esto, Carlo es conservador, como otros tantos colegas suyos: prefiere morir con sus “vacas sagradas” sobre el césped. Veteranos antes que noveles. Y a tenor de su palmarés, no puede decirse que le haya ido mal.
La prensa hace las inevitables comparaciones, en especial con el Barça. A nadie escapa que, de unos años a esta parte, la Masía funciona. A los Xavi, Piqué, Pujol, Iniesta, Busquets o un tal Leo Messi les siguen ahora Gavi, Fermín o Lamine Yamal, por citar solo algunos. Se están haciendo bien las cosas, es de justicia reconocerlo. Pero igualmente hay que poner el foco sobre un factor de vital trascendencia: la situación económica del club. En efecto, el Barcelona lleva más de lo que quisiera sin poder fichar como le gustaría. En su defecto, se ha visto obligado a tirar de cantera. No por gusto ni vocación, sino por una acuciante necesidad.
En el Real Madrid, sin embargo, el panorama es distinto. La excelente gestión financiera hecha por Florentino Pérez ha permitido tener unas cuentas saneadas y fichar con un patrón muy definido: talento joven prometedor —Vinícius, Rodrygo, Camavinga— o ya contrastado —Bellingham, Mbappé—. A día de hoy, es prácticamente imposible que ningún canterano pueda disputar ni siquiera minutos a cualquiera del primer equipo. De acuerdo, quizá Raúl no haya dado con la tecla para sacar lo mejor de los suyos, ni Ancelotti le haya prestado la debida atención al filial ni le haya dado mucho chance. Pero tampoco Nacho y Carvajal, en su momento, lo tuvieron sencillo para hacerse un hueco y, en cambio, tiraron la puerta abajo con su calidad.
La cantera del Real Madrid lleva tiempo sin sacar a nadie top. Una pena, pero es así. La trayectoria reciente merece un notable alto: títulos, grandes partidos, jugadores excelsos y un estadio impresionante, todo ello con una gestión económica más que exitosa. Hechos, no opiniones. ¿Significa eso que, como sugiere el oficialismo más radical, debamos obviar el resto? En absoluto. Algunos pensamos que la cantera tiene que mejorar. ¡¿A quién no le gusta ver a un jugador que llegó a la Ciudad Deportiva siendo un niño levantar trofeos con el primer equipo?! No es un debate españoles/extranjeros, es más bien una cuestión afectiva y práctica a la vez. Porque, amén de la cuestión sentimental, está lo barato que sale subir a un canterano en lugar de pagar un pastizal fichando un foráneo. Más cantera, por favor.
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Un par de días después del anuncio de su retirada y ya quiero que se ponga a calentar. No me siento legitimado para pedirle nada a alguien que me ha sabido dar momentos de orgullo sin tasa y, qué diablos, de felicidad, pero lo voy a hacer. Pese a ser un poco más joven que quien esto escribe, es tal la reverencia que me despierta que no osaré tutearlo. Don Rafael, por favor, caliente usted. El Real Madrid necesita de sus servicios. No será inmediato ni mucho menos, pero vamos a requerir de su buen hacer en el medio plazo.
Florentino Pérez es el más exitoso presidente de la historia del Real Madrid, de eso no hay duda, pero nada dura para siempre, por mucho que el fondillo de un bote de mayonesa en la nevera de un soltero se empeñe en contradecir el teorema. El actual presidente ya tiene más años detrás que ante él en el cargo, y nadie se me ocurre con mejor preparación que don Rafael Nadal para, llegado el momento, sucederlo.
El Real Madrid es excelencia, autoexigencia, tesón, señorío y magnanimidad. Rafael Nadal encarna esos valores de manera prácticamente paradigmática. La componente empresarial y de gestión no parece resultar problemática, pues el fenomenal tenista posee negocios que funcionan de manera satisfactoria, y, lo más importante, parece ser persona que se sabe rodear de buenos asesores y tiende a escucharlos. La sabiduría no consiste sólo en conocer cantidades ingentes de información y datos, sino en saber interpretarlos, admitir que habrá siempre quien sepa más sobre cualquier asunto y dejarse aconsejar por esas personas.
La toma de decisiones de Rafael Nadal ha demostrado ser ejemplar, no en vano la fortaleza mental de la que hace gala, unida siempre a una excelencia técnica de la que se habla muy poco, nos ubica ante una persona capaz de mantener la cabeza fría ante la adversidad, conjugándola con la habilidad de, a la vez, desatar un ciclón devastador contra ella. No piense quien esto lea que Nadal carece de carácter. Sabe revolverse contra cuestiones que juzga injustas, y prueba de ello pueden dar muchos jueces de silla del circuito. Hay términos medios entre Butragueño y McEnroe. Tal es así que no me importaría ver qué haría ante, verbi gratia, la ausencia absoluta de consecuencias del mayor escándalo de la historia del deporte español, que es la compra del vicepresidente de los árbitros por parte de un club durante décadas.
No habría logrado este Titán español todo lo que ha conseguido sin una desmedida pasión por lo que hace. En la fenomenal película “El secreto de sus ojos”, al personaje apodado Platón, por ser fanático de Racing de Avellaneda, conocido como la Academia, se lo refiere a la hora de enunciar que un hombre puede cambiarlo todo menos su pasión, siendo la de éste el club de sus amores. Nadal es madridista, por lo que muy bien podríamos atribuirle, hasta demostración en contrario, una pasión por el Real Madrid, es decir, como cualquiera de nosotros.
Por último, todo lo anterior y su excelso rendimiento deportivo, han llevado a Rafael Nadal Parera a convertirse en una figura venerada con toda justicia, con una imagen pública prácticamente inmaculada, cuestión esta en absoluto baladí para alguien llamado a tener un cargo, según Ramón Mendoza, más importante que el de un ministro, esto es, presidente del Real Madrid.
Excelencia, tesón, señorío, magnanimidad, sabiduría, fortaleza mental, pasión e imagen. Quizá esto es una estupidez, pero yo le votaría en cualesquiera elecciones a las que se presentase. Rafa for President.
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He leído en La Galerna un artículo titulado Hay que fichar a Ramos ya, escrito por un tal Gutiérrez de Panga, y, cual Arquímedes sumergido en una piscina, mi indignación ha sufrido un empuje vertical y hacia arriba que me ha impelido a contestarle mediante el presente escrito.
En la citada pieza, sostiene el interfecto —en su segunda acepción del DLE, aunque sus deyecciones escritas bien podrían suponerle pasar a la primera— que el Real Madrid Club de Fútbol tiene que contratar a Sergio Ramos, en octubre de 2024 d. C., como futbolista profesional. La mera enunciación de la propuesta define a quien la emite, y me inclina a pensar que, en el mejor de los casos, ha sido perpetrada a causa de algún tipo de fanatismo aldeano y, en el peor, lubricada por el entorno renesiano del camero. Aunque nunca hay que descartar aquello de no atribuir a la maldad lo que se explica adecuadamente por la estupidez.
No es la primera vez que se expresan en medios de comunicación deseos de este tipo. A modo de ejemplo, dos casos: el de Cristiano Ronaldo, cuya vuelta se pidió en varias ocasiones, y el de Ruud Van Nistelrooy, tampoco faltaron quienes reclamaron su refichaje en tiempos de zozobra atacante. Las nostalgias infantiloides de esta clase siempre tienen algo en común: aprovechan para aflorar durante los inevitables periodos de crisis ante la incapacidad para pensar en una solución más coherente unida a la impaciencia y desmemoria inherente a este tipo de personas.
Afortunadamente, hace lustros que el Club está blindado frente a tales disparates y no cae en prácticas bananeras más propias de otros tiempos y otras entidades. Si cada vez que el Madrid hubiese atravesado una situación difícil a causa de las lesiones o cualquier otra circunstancia se hubiera recurrido al recurso fácil y estéril de fichar a un futbolista cuyo ciclo ha terminado, no habríamos asistido a la germinación del ramillete de excelentes y jóvenes futbolistas del que disfrutamos ahora, que ya ha comenzado a dar sus frutos, Champions incluidas.
Afortunadamente, el Club está blindado frente a nostalgias infantiloides como la hipotética vuelta de Sergio Ramos
Estos comportamientos, aunque alejados de la razón, son habituales y pueden explicarse con facilidad gracias a los errores propios de funcionamiento del cerebro humano. Ninguno estamos a salvo de ellos, pero es preciso mantenerse firmes y acallarlos cuando brotan. Aunque pertenecientes a otra categoría, son similares a los que exigen destituir al entrenador ante cualquier mala racha y niegan la valía de tal o cual jugador por el mismo motivo. No hace falta buscar mucho para encontrar un «Kroos ya no está para jugar en el Madrid» a principios de la pasada campaña. Curiosamente, es probable que los mismos que clamaban por su prejubilación en septiembre del 23 hace unas semanas pidieran su vuelta para ordenar el desaguisado del mediocampo blanco.
Sergio Ramos fue un excelente futbolista y uno de los jugadores con mayor jerarquía de los que han vestido la camiseta del Real Madrid. Tuvo sus sombras, y no parece elegante enumerarlas ahora, pero sus luces son cegadoras, y una de ellas prendió el ciclo deportivo glorioso en el que aún está instalado el Club. Pero su etapa como futbolista en la entidad ya terminó. También la de jugador de élite.
Una hipotética vuelta al equipo de Ramos, como solicita esa persona de la que usted me habla, no serviría nada más que para empeorar su legado. El equipo blanco es el más exigente del mundo y Ramos ya no está en condiciones de mejorar ninguno de los aspectos en los que deslumbró. Sería perjudicial para ambos.
El Madrid debe buscar soluciones al problema causado por las cuantiosas bajas en la defensa, pero ninguna de ellas pasa por repescar al excapitán.
Sergio dejó de pertenecer a la disciplina vikinga cuando tocaba, ha podido disfrutar de otras experiencias y, cuando se retire, volverá con nosotros al lugar que le corresponde en la historia del Real Madrid.
Segundas partes nunca fueron buenas, salvo la de El Padrino y la de la Duodécima en Cardiff.
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Buenos días. Como titula hoy en portada el diario francés L'Equipe, la tierra ha dejado de girar con el anuncio de la retirada de Rafa Nadal.
José Luis Llorente Gento, conmovido por una noticia no por esperada menos triste, escribía ayer esto en estas vuestras páginas.
Hay pocos personajes, tampoco deportistas, que conciten la admiración ilimitada y el acuerdo sobre sus virtudes. Cuando alguno de ellos deja de ser lo que fue, una parte de nuestro corazón se congela y el frío de la nostalgia paraliza nuestros deseos. No queremos admitir que lo que tanto fue no volverá a ser.
El que ha dicho adiós hace unas horas sobresalió en seguida por una presencia de contrastes: un huracán en la pista, un chico prudente y educado, casi tímido, en sus apariciones públicas. Con el paso del tiempo su temperamento se fue templando, más certero con la raqueta, más comunicativo con los micrófonos. Fue entrando en nuestros hogares con sus victorias, algunas apabullantes; otras, tras remontadas imprevisibles, tras levantarse de la arena cuando nadie confiaba en él.
Tanto lo repitió, como si quisiera escribir una carrera paralela a la de su querido Real Madrid, que llegamos a creernos que era imbatible. Y quizás lo hubiera sido, de no ser por un físico de privilegio con demasiados talones de Aquiles que lo han atormentado desde el inicio hasta hoy mismo. Con la sobriedad de un monje, creyente firme en la fe del Deporte —así, con mayúsculas—, sobrellevó sus carencias, sus limitaciones, para afinar su tenis: “el dolor me doblegará, pero le haré sufrir hasta que lo haga”.
Prosigue Llorente:
Éste (hacer sufrir al dolor) podría haber sido el lema de un deportista doliente, que ha llegado a ser una leyenda jugando medias temporadas, porque su cuerpo no le permitía más. Un destino cruel para el resto de los mortales, un acicate en una mente privilegiada, a la que habría que analizar a su muerte, como se hizo con la de Einstein, si es que eso nos hubiere llevado a algún lugar.
Con la sobriedad de un monje, creyente firme en la fe del Deporte —así, con mayúsculas—, sobrellevó sus carencias, sus limitaciones, para afinar su tenis: “el dolor me doblegará, pero le haré sufrir hasta que lo haga”
Cincelado por un tío implacable, poseedor de la sabiduría popular más sabia, de un sentidocomún excepcional, los españoles le vemos como un héroe más que como a un tenista , a pesar del infortunio del último par de temporadas. O quizás aún más por esto, al menos en mi opinión humilde, porque no ha dejado de batallar en busca de ser quien fue hasta el último suspiro.
Vayan estas palabras para honrar a un muchacho volcánico, a un hombre recto, con los pies en el suelo, respetuoso con los rivales y su juego. Vayan estas palabras para honrar a un madridista legendario. Vayan estas palabras para honrar a Rafael Nadal.
Por su parte, nuestro editor Jesús Bengoechea decía lo siguiente en El ESpañol:
Hay pocos personajes, tampoco deportistas, que conciten la admiración ilimitada y el acuerdo sobre sus virtudes. Cuando alguno de ellos deja de ser lo que fue, una parte de nuestro corazón se congela y el frío de la nostalgia paraliza nuestros deseos. No queremos admitir que lo que tanto fue no volverá a ser.
El que ha dicho adiós hace unas horas sobresalió en seguida por una presencia de contrastes: un huracán en la pista, un chico prudente y educado, casi tímido, en sus apariciones públicas. Con el paso del tiempo su temperamento se fue templando, más certero con la raqueta, más comunicativo con los micrófonos. Fue entrando en nuestros hogares con sus victorias, algunas apabullantes; otras, tras remontadas imprevisibles, tras levantarse de la arena cuando nadie confiaba en él.
Tanto lo repitió, como si quisiera escribir una carrera paralela a la de su querido Real Madrid, que llegamos a creernos que era imbatible. Y quizás lo hubiera sido, de no ser por un físico de privilegio con demasiados talones de Aquiles que lo han atormentado desde el inicio hasta hoy mismo. Con la sobriedad de un monje, creyente firme en la fe del Deporte —así, con mayúsculas—, sobrellevó sus carencias, sus limitaciones, para afinar su tenis: “el dolor me doblegará, pero le haré sufrir hasta que lo haga”.
Éste podría haber sido el lema de un deportista doliente, que ha llegado a ser una leyenda jugando medias temporadas, porque su cuerpo no le permitía más. Un destino cruel para el resto de los mortales, un acicate en una mente privilegiada, a la que habría que analizar a su muerte, como se hizo con la de Einstein, si es que eso nos hubiere llevado a algún lugar.
Con la sobriedad de un monje, creyente firme en la fe del Deporte —así, con mayúsculas—, sobrellevó sus carencias, sus limitaciones, para afinar su tenis: “el dolor me doblegará, pero le haré sufrir hasta que lo haga”
Cincelado por un tío implacable, poseedor de la sabiduría popular más sabia, de un sentido común excepcional, los españoles le vemos como un héroe más que como a un tenista , a pesar del infortunio del último par de temporadas. O quizás aún más por esto, al menos en mi opinión humilde, porque no ha dejado de batallar en busca de ser quien fue hasta el último suspiro.
Vayan estas palabras para honrar a un muchacho volcánico, a un hombre recto, con los pies en el suelo, respetuoso con los rivales y su juego. Vayan estas palabras para honrar a un madridista legendario. Vayan estas palabras para honrar a Rafael Nadal.
Getty Images.
Si los equipos fuesen objetos, la defensa sería la zona que los sostiene, la que evita que se desequilibren y se peguen un porrazo morrocotudo contra el suelo merced a la gravedad. Ahora mismo, la zaga del Madrid es una silla en equilibrio precario sobre una pata que a menudo cede, una astillada, y otras dos que no son patas pero ejercen como tal. Si ocurre otro percance, hipótesis nada desdeñable, la situación será insostenible (si no lo es ya).
Dani Carvajal se ha lesionado para muchos meses, probablemente no podrá jugar esta campaña. La vuelta de Alaba no deja de posponerse, si parecía que podría producirse este mes de octubre, ha vuelto a retrasarse, ahora hasta enero. Desgraciadamente, debido a la edad y a la gravedad de sus percances, la condición en la cual regresen ambos es una incógnita. Militao sufre una lesión muscular en el cuádriceps, si bien se prevé que se recupere en unos 10 días, no es aconsejable forzar en este tipo de dolencias y tampoco es segura su participación contra el Celta a la vuelta del parón. Para agravar la situación, Jacobo Ramón, con molestias en el sóleo, también es baja para un periodo previsto similar al de Militao.
De modo que, en estos momentos, el equipo blanco tiene que apoyarse sobre Mendy, excelente defensor cuyo riesgo de lesión es alto; Rüdiger, que ha de jugar todo por falta efectivos y padece artrosis prematura en la rodilla; Tchouaméni, centrocampista en labores de central por necesidades del guion; y Lucas Vázquez, extremo reconvertido a lateral. Salvo Mendy, que puede ser suplido por Fran García, ¿qué ocurriría si se lesiona alguno de estos?
Ahora mismo, la zaga del Madrid es una silla en equilibrio precario sobre una pata que a menudo cede, una astillada, y otras dos que no son patas pero ejercen como tal
Con la baja de Carvajal, el único jugador que ejerce funciones de lateral derecho habitualmente en la plantilla es Lucas Vázquez. ¿Es prudente obligarlo a jugar todos los partidos de la temporada más cargada de encuentros a la que se ha enfrentado el Madrid nunca? Existe la opción de que juegue ahí Militao, pero, además de que su última actuación en esa posición fue dantesca, ahora mismo está de baja y ¡tampoco hay centrales! ¿Y si se lesionan a la vez Lucas y Eder? Fran García o Mendy en el lateral diestro no parecen opciones sensatas. Quizá quien mejor pudiese desempeñar ese papel es Valverde, pero es una locura esquilmar más el centro del campo y además privarlo de su pieza más en forma.
En el centro de la defensa no hay nadie de alta salvo Rüdiger, a quien no conviene exprimir por su artrosis (se le va a exprimir de todos modos). Ya se está utilizando un recurso, Tchouaméni, del también mermado por las bajas centro del campo. Con Militao y Jacobo Ramón lesionados, si Antonio sufre un percance, ¿quién jugaría como central? Aurélien y Mendy, ambos propensos a sufrir lesiones. ¿Y si caen ellos?
El Madrid, después del Celta y con estos mimbres, ha de jugar contra Dortmund, Barcelona, Valencia y Milan.
Es indiscutible que la situación es dramática. No contar con defensas reduce considerablemente las probabilidades de ganar, fin último del Club. Es apremiante la contratación de al menos un zaguero, preferiblemente alguien polivalente que pudiese desempeñarse tanto en el lateral derecho como en el centro de la retaguardia y cuya adaptación fuese inmediata, porque habría que contar con él nada más aterrizar.
Debido a la coyuntura y a las limitaciones normativas de contratación, la opción es clara: hay que fichar a Ramos ya.
Esta posibilidad es rechazada de plano por un sector del madridismo que se centra en los contras que conllevaría la operación. No faltan quienes aseguran que Ramos enturbiaría el vestuario ni quienes afirman que ya no tiene nivel, debido a la edad, para jugar en el Real Madrid.
Claro que en condiciones normales a nadie se le pasaría por la cabeza fichar a Sergio, lo que sucede es que la situación no es ni remotamente normal, y en este contexto los beneficios que aportaría Ramos al equipo son, sin duda alguna, mayores que los perjuicios.
Hay que fichar a Ramos ya. La situación es dramática y en este contexto los beneficios superarían a los perjuicios
El sevillano está libre, es fichable, conoce la casa y juega tanto en el centro de la defensa como en el lateral derecho. Futbolísticamente es una solución a corto plazo a los problemas de la zaga y económicamente asumible. Además, y aunque en estos momentos no es lo más perentorio, Sergio aportaría también en ataque, sobre todo en el juego aéreo.
A buen seguro que Ramos se habrá arrepentido más de una vez de no haber aceptado en su día la generosa oferta de renovación que le ofreció la entidad y está deseando quitarse esa espina. Por este motivo, asumiría sin rechistar el rol secundario que tendría que adoptar para encajar en la plantilla. Y su madridismo lo empujaría a darlo todo para prestar un último y necesario servicio al Club que lo encumbró como uno de los mejores centrales de la historia del fútbol.
La defensa del Madrid es una silla en equilibrio precario, es necesario fichar ya a Sergio Ramos para reforzar de una tacada dos de sus patas y así a final de temporada, como popularizó Alaba, poder izarla para celebrar los títulos a los que aspira el Club.
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