El Real Madrid ganó el pasado domingo frente al Fútbol Club Barcelona y con la victoria se sitúa como líder indiscutible de La Liga y aventaja al segundo clasificado en 5 puntos. Además, asesta un golpe en lo moral y en lo futbolístico a un perseguidor que vive horas bajas. El Madrid sale reforzado tras el clásico y acaba un mes de octubre crucial.
El proyecto de Xabi Alonso luce en lo estadístico y asienta las bases de un equipo que hace del pragmatismo su filosofía de juego. Apenas recibimos goles y arriba anotamos casi sin querer. Este balance es utilísimo para ganar campeonatos ligueros y para construir un equipo ganador. Casi todos los analistas comentan que Xabi Alonso dio un baño táctico a Hansi Flick, otrora entrenador de moda y prototipo de yerno ideal para el periodismo pipero. El técnico tolosarra tiene una muesca en su revólver. Al fin puede arrojar a los periodistas que su equipo también gana a los grandes.
En la batalla táctica, Eduardo Camavinga fue el as bajo la manga de Alonso. El francés actuó de navaja suiza y lo mismo cubría el flanco izquierdo como el derecho. Durante buena parte del partido, hizo labores de contraespionaje en la banda derecha. El bueno de Eduardo se hinchó a robar balones y dar soluciones tácticas a sus compañeros. En definitiva, el partidazo de Eduardo Camavinga es una gran noticia.
Y otra gran noticia es que el estado de forma de Eder Militao es espectacular. El central brasileño está imperial. Por momentos, pareciera que está a su mejor nivel y que lejos quedaron los traumas por sus lesiones pasadas. La dupla que conforma con Dean Huijsen está siendo imparable. Realmente lo único negativo del domingo es la nueva lesión de Dani Carvajal.
Al ser un jugador tan peculiar, gran parte del madridismo ve en él al nuevo Juanito, genial aunque ingobernable. Vini es un jugador de absoluto culto. Un tipo al que ama con locura gran parte de su afición
Nuestro capitán salió a sustituir a un tocado Fede Valverde e hizo su labor a la perfección. Lógicamente, todos entendemos que Carvajal debe ir poco a poco esta temporada. Las recaídas están dentro de lo esperable tras estar prácticamente un año recuperándose del cruzado. Para tranquilidad de todos tenemos ya sano a un Trent Alexander-Arnold que es garantía del más alto nivel. A buen seguro será ya titular frente al Valencia Fútbol Club el próximo sábado.
Sin querer extenderme mucho en el tema Vinícius, comentaré el asunto de forma analítica. Existen dos grandes teorías, una sostiene que es un tema no deportivo y la otra, sí. La primera indica que Alonso sigue una orden del club de achuchar un poco al jugador para que renueve y tal. Por el contrario, la segunda guarda relación con un tema táctico y de meritocracia.
Esta última, la más extendida entre los aficionados y periodistas, nos hace ver que Alonso cambió a Vini porque le estaba costando defender. Digamos que en el minuto 70 estaba fundido y Rodrygo, su homólogo, iba a realizar una presión asfixiante. De hecho, muchos de los que se abonan a esta tesis no escatiman elogios al partido de Vinícius. Difícilmente le puedes afear el partido a uno de los mejores jugadores del pasado domingo.
¿Cuál es mi postura? La tercera vía. Desde mi punto de vista, Alonso quiere darle minutos de refresco al astro brasileño. El técnico donostiarra ya tenía en su punto de mira el siguiente encuentro contra el Valencia, y quería que uno de sus mejores jugadores llegase en perfecto estado de revista. Es decir, continúo con la humilde tesis que sostengo desde el partido contra el Oviedo donde la suplencia de Vinícius sorprendió a propios y a extraños.
¿Es algo estrambótica mi argumentación? Pues tampoco tanto si aceptamos las otras dos posturas que están sobre la mesa. ¿O acaso alguien puede pensar que a Vini se le puede sentar cada partido? ¿Es el único que necesita probar el jarabe de la meritocracia? ¿Es Rodrygo el perfecto recambio? Muchas preguntas difíciles de responder desde la lógica más elemental.
Ya saben, aplicar la Navaja de Ockham no está de más. El fenómeno de Vinícius es digno de estudio. Un chico que llega a España y recibe de todo menos cariño. Incluso en sus propias filas se le cuestiona. Jamás se esconde en el terreno de juego, se echa al equipo a sus espaldas en la primera temporada y es el mejor hasta que se lesiona en la eliminatoria contra el Ajax. Luego, ha de picar piedra hasta que Ancelotti confía en él y lo hace indiscutible. En ese periodo de tiempo se convierte en uno de los mejores futbolistas del mundo.
Al ser un jugador tan peculiar, gran parte del madridismo ve en él al nuevo Juanito, genial aunque ingobernable. Vini es un jugador de absoluto culto. Un tipo al que ama con locura gran parte de su afición. Sin ir más lejos, las redes sociales se llenaron de mensaje de cariño tras su partido frente al Barcelona. Al aficionado le encendió su pasión dentro y fuera del campo. Más allá de sus cualidades deportivas, el madridismo le agradeció su defensa del escudo cuando la tangana.
Por todo ello, me reitero en que sus continuas sustituciones no son por un tema de meritocracia, es solo que el técnico quiere darle descanso. Las rotaciones son básicas para no forzar a ningún jugador con un minutaje excesivo. A lo mejor es titular frente al Valencia o ni siquiera va convocado. Todo va en pos de darle descanso, la temporada es muy larga y necesitamos al mejor Vinícius.Estas decisiones hay que vivirlas con naturalidad pues tanto Alonso como el club quieren lo mejor para el Real Madrid.
Pero este análisis no es respaldado por buena parte de la afición. Digamos que existe un nuevo y un viejo madridismo. Mientras el madridista curtido se mantiene frío, el joven madridista tiende a dejarse gobernar por las emociones fuertes. Esta disputa es una especie de guerracivilismo. Infórmese bien cada cual y actúe en conciencia. Parafraseando a Antonio Machado, madridista que vienes al mundo, te guarde Dios. Uno de los dos madridismos ha de helarte el corazón.
Entre los madridistas debemos entender que no podemos estar 100% de acuerdo en todo. Los aficionados pueden tener diferentes pareceres y querencias. No estamos obligados a comprar el catálogo entero del pack del buen madridista cuando éste se resume en lugares comunes y frases hechas. Seguir con fe ciega esta conducta conduce al sectarismo.
Dicho esto, la disparidad tampoco puede caer en el nefasto insulto gratuito o en guerra de guerrillas que conducen al guerracivilismo.
La semana pasada comentaba que se avecinaba el primer puerto de montaña de la temporada y sinceramente lo hemos coronado con todos los honores. Tras hacer pleno de victoria y con un balance futbolístico positivo, encaramos noviembre con la seguridad del trabajo bien hecho
Esto último se puede observar con claridad en las redes sociales, especialmente en Twitter. En ese campo de batalla hay mucho odio prejuiciado. Hay una fijación ambivalente que va mutando y encontrando su razón de ser en diferentes sujetos. La disparidad de criterio no puede llevar al insulto. Y uno no es menos madridista por mostrarse de una u otra manera. El concepto de lealtad y fidelidad va mucho más allá de la defensa a ultranza de un jugador o un entrenador. A riesgo de no estar de acuerdo con otra persona, cuando uno opina diferente ni eres desleal ni eres infiel al club de tus amores.
Así pues, demos una oportunidad a la paz entre nuestras filas. Octubre se nos escurre entre los dedos y la valoración no puede ser más positiva. El Real Madrid es primero en La Liga con cinco puntos de distancia del segundo. En Champions, somos quintos pero empatados con el primer clasificado. Hemos hecho pleno de victorias en Europa y tan solo hemos perdido un partido en España. La semana pasada comentaba que se avecinaba el primer puerto de montaña de la temporada y sinceramente lo hemos coronado con todos los honores. Tras hacer pleno de victoria y con un balance futbolístico positivo, encaramos noviembre con la seguridad del trabajo bien hecho.
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He visto eso que llaman “clásico” con cierto desdén, quizá porque leí el artículo del Grinch Jesús Bengoechea justo antes y logró aplacar mi instintivo entusiasmo. De todos modos, no me acostumbro a los partidos a la hora de la siesta y menos a uno contra el Barcelona. Lo más emocionante que puede pasar a las cuatro de la tarde durante un partido es que te caigas de la cama justo cuando estabas soñando con ganar la 16. Con todo, he sacado algunas luces, sombras y conclusiones de la experiencia.
La primera es de tipo práctico: nunca te sientes en el sofá, calentito bajo mantas, justo después de comer, a ver la previa con un café para llevar entre las piernas. Es horrible empezar el partido con los huevos fritos. Si no me crees, pregúntale a Lamine.
Otra, más propiamente futbolera. Hay varios jugadores que están despertando poco a poco: ayer Jude y Vini nos hicieron vibrar (las otras vibras, las malas, van en el capítulo de sombras). También he visto una levísima mejoría en Brahim, muy lejos aún de su mejor versión con la camiseta blanca. Confiemos.
Me apena advertirlo, pero Rodrygo parece haberse aburrido del fútbol otra vez. ¿Pudo golpear su maltrecha autoestima el desprecio público de Vini al cambio? Lo que es seguro es que el incidente no lo motivó, que era la otra posibilidad.
La libreta de Xabi Alonso dio en la diana el domingo. Jugamos de forma extraña pero eficaz. Juntísimos en una pequeña parcela del campo, la que el Barsa necesita para hacer "su fútbol", o lo que sea eso que hacen mientras aburren a las moscas pasándose la pelota en horizontal durante horas y horas, hasta que el rival se queda dormido, y entonces marcan gol.
Carreras cumplió todo lo que se le encargó de manera brillante: MiniMessi, ante la imposibilidad de jugar al fútbol durante el partido, tuvo que limitarse a pensar que tontería publicaría más tarde para disculparse por su incomparecencia. Carreras le dio una bonita clase de humildad.
Con algunos matices, Arda estaba haciendo un buen partido hasta la pifia. La novedad el domingo es que trabajó muy duro allá donde no sales en las portadas: en las coberturas y presiones, corriendo hacia su portero detrás de alguno de los de las venditas. Me niego, en todo caso, a considerarlo el sustituto natural de Modric –es un decir, permítaseme el sacrilegio- mientras de tarde en tarde sufra esas desconexiones que le llevan a arriesgar un pase horizontal inútil junto a su portería, o como ayer, a darse la vuelta entre medio millón de rivales a pocos metros de Courtois, con el indignante final que ya conocemos y que pudo haber resucitado al Barsa cuando estaban contra las cuerdas.
Camavinga vuelve a demostrar que es capaz de jugar bien en casi cualquier puesto. Una bendición para cualquier entrenador. Yo creo que lo pones a conducir el autobús del Real Madrid y te lleva al estadio por la ruta más directa y más rápida que el mejor conductor oficial.
MiniMessi, ante la imposibilidad de jugar al fútbol durante el partido, tuvo que limitarse a pensar que tontería publicaría más tarde para disculparse por su incomparecencia. Carreras le dio una bonita clase de humildad
A Carvajal no le hace gracia que le metan prisa para nada. Especialmente cuando está en el banquillo. Lo entiendo. Es horrible pasar de cero a cien en un segundo y de cien a cero al segundo siguiente. Su nueva lesión es una debacle moral porque el equipo necesita su carácter.
Mbappé lo remata todo y lo mete casi todo, pero necesita meter tres o cuatro goles para que le den uno por bueno, porque ahora juega en el Real Madrid. Cosas de la liga española. El domingo se pitó en España el primer fuera de juego intencional; el francés soñaba secretamente con estar adelantado, aunque todavía no lo estaba. El árbitro le leyó la mente y las intenciones y le anuló el gol. Esto la IA no te lo mejora.
Vini, ay, merece un correctivo. Las caras de sus compañeros eran de pura desolación. Rompió el partido con su show adolescente, y el Madrid perdió su alegría al instante. ¿Porque ya no estaba el en el campo? Puede ser. Pero también es posible que a los jugadores les haya descentrado el mal rollo vivido con su "me voy, me voy del equipo". Hasta ahora yo no compartía sus movidas extra futbolísticas en el campo; en el clásico –con permiso del Grinch y Scrooge- su actitud fue lamentable e indigna del Real Madrid y enturbia una de sus mejores actuaciones de la temporada. Y esto no es incompatible con decir que el entrenador se equivocó sustituyéndolo por Rodrygo cuando aún estaba generando peligro.
En definitiva, y teniendo en cuenta que marcamos muchos más goles y tuvimos más ocasiones de las que el árbitro nos concedió, el triunfo ha desbloqueado una nueva habilidad en el Real Madrid de Xabi Alonso. Confieso que ardo en deseos de ver qué ocurre cuando todo esto esté bien engrasado y el proyecto sea al fin sólido. Pero ardo en deseos de que sea ya.
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Buenos días, queridos amigos. Los ecos de la victoria del Madrid en el mal llamado clásico se han evaporado ya. De hecho, ayer martes apenas quedaban rastros del mismo en las primeras planas.
Es lo que tiene ganar en el Madrid: los medios, incluidos los presuntamente afines al club de Concha Espina, o quizá muy especialmente estos, fijan sus miras en el siguiente problema o supuesto problema (léase en este caso Vinícius) en lugar de profundizar en la alegría de los madridistas y/o las razones que se tradujeron en el triunfo, ya sea el baño táctico de Xabi Alonso a Flick, ya las portentosas actuaciones individuales de tipos como Bellingham, Camavinga, Militao, Tchouaméni o el propio Vinícius.
No, amigos. A la prensa no le interesa lo positivo. Es verdad que hablan casi siempre del Madrid y poco del resto (en esto damos la razón a los antis), pero es para meter palitos en las ruedas de manera casi invariable (esto es lo que los antis no dicen).
El argumento para no permitir bajo ningún concepto que el madridista esté feliz hoy (cuando ha ganado todos sus partidos menos uno y, con un equipo en construcción, va viento en popa a toda vela tanto en liga como en Champions) es Vinícius.
Ved cómo se las gasta As, por ejemplo.
Ya veis. Lo “universal” no es el resultado del mal llamado clásico, sino el cabreo de Vini (excesivo e injustificable) cuando fue sustituido. En el planeta tierra no se habla de otra cosa. Los franceses lo comentan con los tenderos cuando se hacen con su baguette mañanera, los alemanes preguntan al camarero su opinión antes de pedir su salchicha con chucrut, y en la Isla de Pascua coronan con una admonición al brasileño la celebración de sus tradicionales danzas rapanuis.
—Vinícius debe ser vendido a Arabia. A ser posible, esta misma semana. Con un lacito. Intolerables sus gestos, incompatibles con el señorío del Madrid.
—Mark, ¿quieres dejarte de hostias y subir al camión? ¿No oyes sonar las sirenas?
Se trata de un diálogo captado ayer, a primera hora de la mañana, entre dos bomberos de Montgomery (Alabama), donde no se habla de otra cosa que de la indisciplina viniesca.
“Las críticas a Vini por su actitud en el cambio son una cascada”. No diremos que ahí precisamente, a la gran cascada, es donde debería acudir ipso facto este redactor de As, empeñado en abortar a todas luces cualquier atisbo de felicidad madridista. Sergio López, se llama el chico, quien además añade: “La magnitud de lo vivido fue tal que se ha vuelto más protagonista que el propio partido”. ¿No será, estimado Sergio, que eres precisamente tú (y detrás de ti tu periódico) quien quiere restar protagonismo a la victoria del Madrid para otorgárselo en cambio, de manera absolutamente artificial, a una anécdota cuya relevancia es objetivamente muy inferior a la de la victoria misma? Si coges líneas sueltas de periódicos de aquí y de allá, seguro que lo logras. Ánimo.
“Un enfado sin precedentes”, corona Sergio. Absolutamente. Jamás, nunca jamás antes en la historia del fútbol, nunca jamás antes en la historia del género humano, se ha enfadado un futbolista por que le sustituyan, ni se ha marchado del campo haciendo aspavientos y jurando en arameo. Es la primera vez y, en consecuencia, los madridistas debemos llorar con amargura y fustigarnos por la esquinas entre lamentos. La “universalidad” del enfado de Vinícius debe consternarnos de manera abrumadora.
Madridista, ¿estás tentado de sonreír ante el recuerdo de los goles de Mbappé y Bellingham al club cliente de Negreira? Recapacita. Haz examen de conciencia, siente dolor por el pecado que comporta tu vano intento de alegría y formula un propósito de enmienda convincente. ¿Acaso no sabes que el enfado de Vinícius es “universal”?
—La relación con Xabi Alonso está muy deteriorada y el delantero, en este momento, no descarta su marcha del equipo.
—Me parece muy bien, Shūyí, mi amor, pero ¿no habíamos quedado en que te ibas a quitar ya el sujetador?
Lo anterior es un diálogo de alcoba captado ayer en Taiwán. Hasta ese punto ha llegado la “universalidad” del enojo viniesco ante el cambio. Según nos informan, el diálogo acabó en la apetecida coyunda, pero no sin que antes mediara un pormenorizado análisis de la opinión que sobre Vinícius tiene Julio Salinas.
Por otro lado, y cambiando de tema de manera radical, si el mismísimo diario Sport dedica su portada a felicitar por sus 125 años de existencia a sus acérrimos enemigos locales, es decir, el Espanyol de Barcelona, ¿cómo no lo vamos a hacer nosotros, aunque sea con un día de retraso, siendo como es el Espanyol un club esencialmente amigo?
Aprovechamos la ocasión para, más específicamente, felicitar a ilustres espanyolistas amigos, como el gran Rafa Marañón, su hijo Carlos y nuestro inimitable Tomás Guasch.
Os dejamos con el resto de portadas del día, no sin antes instaros una vez más a que os alejéis de cualquier amago de felicidad. Ante la tentación, duchas de agua fría o artículos de As.
Pasad un buen miércoles.
Primer duelo entre el Real Madrid y el equipo cliente de Negreira de la temporada. Se ha ganado por la mínima, y los titulares que se ven en los medios convencionales y redes sociales del “antimadridismo sociológico” son que el Madrid ha perdonado, dejando vivo al Barça; que contra el peor Barcelona que se recuerda, plagado de lesiones, se terminó pidiendo la hora; que el Madrid ha robado; el enfado de Vinícius al irse del campo; la que lía el 7 provocando dos tanganas; el Madrid no sabe ganar ni perder; los jugadores del Real Madrid unos matones contra un niño de 18, etc.
Empecemos por lo primero: las declaraciones de Yamal antes del partido son vergonzosas. Y me da igual que tenga 18 años, que esté en una promoción de la Kings League, y que sea una conversación distendida. Respecto a su chulería, en el fondo es indiferente, pero si las declaraciones las hubiera hecho Vinícius habría abierto titulares al día siguiente en todos los periódicos nacionales. Lo grave es decir que el Madrid roba. Que un profesional del fútbol diga públicamente que el rival roba es bastante severo, pero que lo haga un jugador del Barça, después de que su club haya tenido a sueldo al CTA durante un cuarto de siglo, es para alucinar. Creo que lo normal es que competición lo sancionara. No se debe consentir eso en un profesional, pero bueno, su presidente lo hace cada poco, y Xavi siendo entrenador lo decía y nunca pasó nada. Debe de ser la marca España.
Aun así, el Real Madrid salió a jugar el partido, y durante los minutos que duró el mismo, en ningún momento ningún jugador fue a provocar Lamine. Igualito que el trato que recibió Vinícius por parte de ellos y, como los labios sólo se los leen a Vinícius, jamás hemos sabido que improperios le sueltan al brasileño.
Primer lance del encuentro: penalti a Vinícius Jr. Los comentaristas no tenían forma de defenderlo: ha sido penalti claro, le ha zancadilleado. Empezaron a verse repeticiones, y... ¡cuidado!, que es Vinícius quien golpeó a Lamine. El VAR llamó al árbitro, y empezó a verse el Negreirato en todo su esplendor: nos mostraron las imágenes que estaba viendo Soto Grado y, con todas las cámaras que hay en el campo, sólo le enseñaron una perspectiva, en la que hasta parece que Lamine tocó balón, y Vinícius le dio una patada después. Se la mostraron en bucle.
Como será que, aunque yo sí he visto todas las imágenes, terminé diciendo que estaba bien anulado, que fue Vinícius quien dio una patada a Lamine y no al revés. Hasta que en frío lo volví a analizar: Vinícius levantó el pie para disparar y Lamine plantó el pie en el medio de la trayectoria, en el suelo, sin tocar balón. Eso es penalti de libro. ¿Por qué tardaron tanto en avisar al trencilla? Porque estaban preparando las imágenes que debían mostrar para anularlo.
Primera victoria del CTA y el relato. Después llegó el golazo descomunal de Mbappé. Tardaron bastante en decirle al árbitro que era fuera de juego, y aún se demoraron más en enseñarnos la burda imagen en la que debemos creernos que es situación ilegal. Lo primero: no hay ni una sola imagen clara en la que se aprecie quién dio el pase: ¿Fermín o Güler?, hasta el punto de que en un chat yo discuto con un amigo porque yo digo que le da Güler, y él que le da Fermín.
Obviemos esto de momento, sin olvidarnos que si es Fermín quien dio el pase no hay fuera de juego jamás. La repetición que enseñaron en televisión para mostrar la infracción fue una perspectiva lejana en la que no se podía ver la bota del turco y, según se perdía tras la pierna de Fermín, pararon la imagen. Te tienes que creer que cuando la detuvieron ahí fue porque Güler estaba dando al balón, y entonces la toma fue hacia Mbappé y Cubarsí, y se convirtió en los malditos muñequitos, que enseñaron un Mbappé al que una avispa parecía haberle picado el gemelo, y dos fibras del mismo estaban en fuera de juego.
A Mbappé se le han anulado 3 goles en fuera de juego milimétrico contra el Barça, esa estadística es completamente imposible. Y más sabiendo que eligen el frame que más les conviene. ¿Cómo es posible que nunca sea al revés?
No había llegado el minuto 15 y ya nos habían birlado dos jugadas: una de gol y la otra, si hubieran acertado desde el punto de penalti, también
Minuto 22, gol de Kylian. Tardaron más de 3 minutos en dar el OK desde el VAR. Debieron buscar imágenes de Kiki en la primera comunión. No había manera, hay que dar el gol. Es más, lo que hacen es mostrar una toma en la que parece que está habilitado por poco. En la imagen real, la que no ponen esos muñecos irrisorios, se ve que hay mucho más espacio que el que muestran los monigotes de marras.
En el 38, cantada de Güler, gol del Barça. Estoy convencido de que si el Madrid le quita un balón así a Pedri en el borde del área, lo único que tendría que haber hecho el culé habría sido irse al suelo, y el CTA habría señalado falta. De hecho, sucedió varias veces en el partido.
Antes del 42, Jude marcó el segundo. Nos estaban poniendo en las redes sin parar el salto entre Huijsen y Cubarsí: “es falta clarísima del madridista”. Varios analistas de diferentes canales lo afirmaban en canales de televisión, en prensa, radio y RRSS. Debió anularse. De hecho, el VAR tardó en dar el OK, estaban viendo de qué forma podían anularlo, pero repararon en una cosa: cuando Cubarsí estaba aún en el aire cayendo, se llevó la mano a la cara para quejarse, y se sujetó el lado izquierdo. Se supone que le habían golpeado en el derecho
Estoy seguro de que lo primero que hizo el profesor de teatro del Barça en el entrenamiento del lunes fue reñir a Cubarsí por el fallo: “hay que quejarse agarrando el lado que toca, no el contrario”.
Segunda parte. Empezó con un penalti evidente de Eric García. En DAZN, tuvieron una conversación surrealista para determinar si era o no: “No parece que Eric tuviera iniciativa de arrancarse por sevillanas y el brazo no está muy alto, que hay que tener en cuenta si supera la altura del hombro”. Yo lo vi en directo claro, pero en la repetición es evidente: levanta la mano para parar el balón.
El VAR tardó una eternidad en verlo, debieron estar buscando tomas claras para anularlo, y no hubo forma. Fastidiados, tuvieron que avisar al del campo, que tardó una barbaridad también en rendirse a la evidencia, no había forma de evitarlo y lo pitó. Para anular el primero tardó mucho menos.
Habían conseguido su objetivo, desde que se pitó el penalti hasta que lo lanzó Kylian habían pasado unos minutos en los que hasta el más frío de los lanzadores se pondría nervioso. Kylian marró la pena máxima.
Casi al final del partido, falta por detrás de Pedri a Camavinga, de tarjeta clarísima. No se la mostró porque suponía la roja. Menos de 2 minutos después, le ha de amonestar porque vuelve a cometer una falta merecedora de amarilla. En las redes se leía a los habituales: un escándalo que se expulse a nuestro mejor jugador, que se dedica a jugar al fútbol. Algunos hablaron de Pepe, de Casemiro, de Ramos…
La única verdad es que para expulsar a un jugador tuvo que hacer 3 faltas claras de amarilla. Leí otra cuenta habitual: 4 tarjetas rojas a los rivales en los 3 últimos partidos del Madrid. Hay que retirarse de la liga. Uno piensa que ¡por qué demonios no lo hacen de una santa vez!
No he querido pararme en todas las faltas que cometieron que no quiso pitar Soto Grado, ni en todos los piscinazos del Barça en los que picó, pero una última jugada de las redes: entró Araujo en tiempo de descuento en nuestra área, y Carvajal cargó con el hombro, y el azulgrana se dejó caer. El propio Ronald se levantó y se fue sin rechistar. En las redes y en los medios era un escándalo: “Ha sido penalti de libro. Para que sea carga legal es hombro con hombro, no hombro con espalda. Es un empujón clarísimo. Hay consigna en el CTA: este año debe ganar el Madrid. Nuevamente: retirémonos, van a ganar, es tontería luchar”. Tengo que decir que el año pasado se leía lo mismo, y hace dos, y tres... y siempre. Su táctica: llorar y robar. No falla.
Finalmente se armaron dos tanganas, una antes de acabar el partido y otra al terminarse. Vamos a ver el vídeo de lo que pasa al final, y lo que se ha comentado. En esta publicación de X se ve un vídeo con lo que pasa al final:
A lo de “Carvajal se ha ido a por Lamine” igual tienes que darle una vuelta. Se ve perfectamente que Carvajal se va y Lamine (como el bocazas que es) se queda haciendo de matón de patio de colegio, y ahí con Carva pincha en hueso!!
Tiene muchas sopas que comer aún. pic.twitter.com/joWwd0erkS— Alecrín (@alecrin_74) October 27, 2025
Carvajal saludó a Lamine y se fue, y este se quedó increpando. Dani se dio la vuelta y le dijo que hablaba mucho, y Lamine se giró y le citó en vestuarios, por los gestos que vemos. Camavinga fue para llevarse a Yamal, y entonces empezaron a llegar todos los jugadores de ambos equipos. Yo lo que veo es que el de Mataró se fue emplazando en vestuarios o en la calle a todos cuantos acudían: Courtois, Vinícius, etc.
Diversos periodistas han acusado a Carvajal y Courtois de haber ido a por Lamine, y que el chico tiene 18 años solo. Es decir, tiene la edad suficiente para decir públicamente que el Real Madrid roba, y vacilar con lo que va a pasar, pero no se le puede decir a la cara nada. Esa doble vara de medir. Y lo dicen los mismos periodistas que generaron una campaña de odio contra Vinícius con 20 años, después haber hecho una para tratarlo de meme con 18 por fallar.
Como en cada partido, hubo un seguimiento a Vinícius Jr con cámara y lector de labios. Enseñaron una discusión con Lamine, en la que sólo se escribió en pantalla lo que dijo el brasileño. Vaya mala suerte, el lector de labios no descifró lo que hablaba Yamal. El año pasado pasó lo mismo con Gavi.
Si a Vinícius le atizan bien, le muestran tarjeta y todo el campo le insulta y él recrimina algo al público, contrarios o árbitros: la culpa de Vinícius. Si Lamine la lía y se encara con todos: la culpa es del resto. Así funciona.
El colegiado, tras la tangana, sacó roja a Lunin (¿?), y varias amarillas a ambos equipos.
Repasas las redes, y diarios en la web y te encuentras esto:
No saben ni perder ni ganar
— Toni Freixa (@tonifreixa) October 26, 2025
El año pasado ganaron los cuatro partidos los culés. Salvo en la final de Copa, que Rüdiger y alguno más tuvieron sus más y sus menos con el árbitro (no con los rivales), en el resto no hay nada, ninguna tangana.
Merece mención especial el primero del Bernabéu, cuando Gavi estuvo calentando al final del partido a Vinícius, y le mostraba los dedos con los goles (4) para reírse en su cara. Fermín en el banquillo, sentado en el suelo, enseñando cuatro dedos y moviéndolos a los jugadores del Real Madrid. No hubo ninguna tangana pese a la provocación.
Todos vimos cómo celebraban los jugadores en su rúa por Barcelona la liga: jugando en el bus con un balón de playa para reírse de Vinícius Jr.
El domingo perdieron después de un año goleando al Madrid, y se montaron dos tanganas. Sí, querido Toni, es el Madrid quien no sabe ni perder ni ganar. En mi experiencia, salvo alguna que otra excepción, el equipo que suele liarla cuando pierde es el Barça, o haciendo faltas de roja, o armando una trifulca.
Es el Madrid quien no sabe perder, pero es el Barça quien se compró durante un cuarto de siglo al vicepresidente del CTA para no perder, porque ellos saben perder, pero por si acaso. Y seguro que en 2040 o 2050, nos enteraremos de cómo han estado pagando al CTA desde 2018, porque así funciona este país. Nos enteramos cuando prescriben los delitos.
Pero es que además he leído mensajes de antes del partido, de los habituales diciendo que el CTA había elegido al árbitro más madridista, que no quieren que el Barça gane. Su relato de siempre: victimizar y robar. ¿Si acierto? Ya lo dije, ¿si fallo? A pesar de todo somos tan buenos que ganamos.
El Real Madrid tiene que ganar siempre 3 veces al Barça: la primera vez en el campo a base de fútbol; la segunda contra el CTA: hay que meter varios goles para que te den uno, hay que sufrir varios penaltis para que te piten alguno, y el rival debe hacer más de dos entradas de amarilla para que le saquen dos y lo expulsen; y la tercera vez en los medios, redes sociales y contra el relato. Ahí es imposible, ganan ellos por goleada. Siempre.
Está clarísimo que ya no están monitorizando los de la FIFA los arbitrajes, porque fue descarado. Para la estadística queda otro partido ganado del Madrid con Soto Grado, y otro perdido del Barça con este árbitro, así pueden seguir diciendo que es madridista. Así mantienen su relato.
¿Hasta cuándo vamos a aguantar que esta gentuza sin valores, que se compró el sistema arbitral, nos siga dando lecciones? ¿Cuándo se dará cuenta el club que callar durante toda la vida ha tenido como consecuencia que el relato que han creado ellos sea más poderoso que la realidad?
Ya va siendo hora de que el club tenga una voz, y que ésta sea parecida a la de Mourinho, para construir el relato. Además, el nuestro es más sencillo: basta con contar la verdad.
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No se equivoquen. Estamos muy contentos, claro. Hemos vuelto a competir contra nuestra némesis del último año, contra el equipo invencible ayudado por un entramado corrupto de todas las formas posibles. Hemos tenido intensidad, hemos generado ocasiones, hemos visto cómo mejora nuestro fútbol y cómo vamos recuperando jugadores para la causa. El bien, esta vez, ha prevalecido sobre el mal, tres goles anulados después y un penalti catedralicio cancelado por el VAR. Todo en un mismo partido, como es costumbre.
El aparato prevaricador-corruptor sigue en plena forma. A los dos minutos de partido, penalti indiscutible, de los de antes, de Lamine a Vinícius. Correrán ríos de tinta para explicar que si el espacio estaba ocupado, que si la abuela fuma. Horas de tertulias, minutos de YouTube y el tonto mirando el dedo. El árbitro pitó instantáneamente. Lo vio claro. A veces los árbitros pitan lo que imaginan y otras de oído. Esta vez la reacción fue instintiva, inmediata. Penalti.
El VAR hizo lo que nos explican sesudamente que no hace: rectificar una apreciación del árbitro de campo. Un par de jornadas después de decir que se va a limitar su intervención, ahí lo tienen: protagonista de un clásico. El VAR invitó al árbitro a rectificar ofreciéndole la toma más confusa posible de la jugada. Subliminalmente: “César (Soto Grado), que te la estás jugando…”. El VAR de Roures y de Benet al rescate, porque el proveedor VAR sigue siendo Mediapro, avalista del Barcelona y cooperador necesario de las palancas fake de las que ya nadie se acuerda.
Me he tomado la molestia de revisar algunas retransmisiones internacionales para comprobar si estoy siendo víctima de mi madridismo enfermizo. Nada. Estoy bien. Práctica unanimidad de los grandes medios. Nadie se explica la anulación del penalti. El Nuevo Testamento del fútbol sólo aplica en España y sólo lo aplica el CTA como herramienta de confusión para legitimar una decisión, su contraria o la reversibilidad de cualquiera de las dos. Una discrecionalidad como nunca se ha visto en el fútbol.
El bien, esta vez, ha prevalecido sobre el mal, tres goles anulados después y un penalti catedralicio cancelado por el VAR. Todo en un mismo partido, como es costumbre
Diez minutos después, los monigotes y el frame corruptor de Clos Gómez para llevarnos de vuelta al espejismo de la neutralidad tecnológica. Gol anulado a Mbappé por uno de esos fueras de juego de prepucio. He oído en un programa nocturno de deportes que "te tienes que fiar, no se puede dudar de todo". Muy conveniente. El equipo del tertuliano no tiene 39 goles anulados por el VAR, tiene sólo 14. Otra vez nos quieren mirando el dedo que señala la Luna. Ni nos ponen la acción previa (cesión de Fermín), ni la toma con la posición de los jugadores y el golpeo del balón en la misma imagen. Es una burla. No podemos creernos los muñecos a estas alturas. Nunca más después de que el propio Clos nos explicara cómo se eligen (manipulan) los frames desde la sala VOR. A calzón quitado. Con el mundo del fútbol mirando desde los cinco continentes. Golazo de póster de Mbappé al purgatorio del CTA donde aguardan justicia las almas de los goles anulados por dinero, por antimadridismo, por el odio visceral a Florentino desde la ciénaga del fútbol.
Lo sustantivo: tres puntos más. Lo importante: contra un conglomerado corrupto. Nos vamos a cinco puntos del único rival serio para la liga. Eran siete en febrero del año pasado, justo antes de la salida en tromba del CTA que nos alejó del título. Hay que mantener alta la guardia. Xabi sigue en el ojo del huracán del vinagrismo porque el Real Madrid no juega como los Harlem Globetrotters y porque no les metimos cinco a los corruptos. Siempre encuentran un problema para cada solución. Xabi aún no ha lubricado los automatismos ni ha convertido en espartanos a los jugadores de más brega, pero está en ello. Vimos un Real Madrid intenso en la primera mitad, con un derroche de energía que pagamos en el último cuarto de partido. 23 remates, 10 entre palos. Pudimos hacer daño, pero no hubo acierto y cuando lo hubo el CTA salió al rescate.
Xabi no llegará este año a los registros de Mourinho en la temporada 2012, cuando el equipo se juramentó en torno a Excalibur y se consagró a una batalla cruenta y sagrada que dejó víctimas en los rivales y también en nuestras filas. Hoy sabemos lo necesario que fue el sacrificio. Alonso ha heredado una alta misión. Alonso, ahora mismo, es el club. El antídoto contra un sistema que ha normalizado dos o tres intervenciones VAR decisivas en cada partido y que se nos anulen dos o tres goles cada jornada sin que le sorprenda a nadie. Largos minutos para validarnos cada gol, incluso cuando no hay nada que validar. Largos minutos para pitarnos un penalti a favor, por si apareciera una brizna de hierba en mal sitio, un flequillo, una oreja. Unos segundos para anularnos goles o para despitarnos penaltis desde la sala de prevaricación. Si @Futbolgate analizara el tiempo dedicado al análisis VAR cuando nos perjudica y cuando nos favorece y comparase los registros con los de ese equipo que tenemos en mente...
Xabi sigue en el ojo del huracán del vinagrismo porque el Real Madrid no juega como los Harlem Globetrotters y porque no les metimos cinco a los corruptos. Siempre encuentran un problema para cada solución
Y luego, toda la farfolla de los medios para que no miremos detrás de la cortina: Lamine y sus modos de cani poligonero... que si hay riesgo de mal ambiente en la selección... ¿realmente le importa a alguien? Si Lamine fuera inteligente estaría callado una temporada y se tragaría su propio sapo. No parece ser consciente de que está siendo el tonto útil de un circo en el que cree ser el protagonista mientras otros se llevan la recaudación y les importa una higa que el león le pegue una dentellada o que caiga desde el trapecio en un salto sin red. Es un crío. La picadora de carne humana de las redes ha detectado que Lamine tiene dudas sobre si de mayor quiere ser futbolista legendario o "personalidad de internet". El primer camino es el de un deportista de élite, requiere sacrificio, dedicación y no ser gilipollas. El otro, no.
Mientras tanto, en la pista del circo de COPE, el titular la noche del domingo fue Vinícius y su mal gesto al ser sustituido. 16 minutos en la apertura del programa para Vini con unanimidad en la censura. Manolo Lama, en una de sus extravagancias más propias de un deterioro cognitivo irreversible que de la edad, ha llegado a comparar a Vini con un perro que le hace mucha gracia al dueño cuando ladra a los vecinos o muerde a alguien por la calle, pero que le deja de gustar cuando muerde la mano que le da de comer. Lama. Otra vez Lama y su universo de bar de barrio cutre, de trilerismo y de miseria moral en el que vive su vida. Lama. El colchonero antimadridista que ha vivido del Real Madrid toda su vida. Paradojas del periodismo deportivo de la pobre España.
Y qué me dicen de Marca. Esta vez, "la central lechera" en sus calificaciones de los futbolistas del partido puso a Carreras y a Camavinga (¡Camavinga!) la misma valoración que a los desaparecidos e intrascendentes Rashford y Ferrán: una estrella. No fue lo peor. Agárrense: Vini se llevó un suspenso (-), idéntica calificación que Lamine, en un intento de igualar lo inigualable, la indolencia del español y la voluntad de hierro del brasileño, percutiendo una y otra vez, agresivo en defensa, generando el pánico en el área rival, provocando un penalti y siendo clave en uno de los goles. Marca es un instrumento necesario para propagar y mantener el relato putrefacto y la ocultación de la miseria del fútbol español, tras el velo de una objetividad que perdieron cuando vendieron su alma al diablo por treinta monedas de plata.
Desde que entendimos la repercusión y el valor del saldo arbitral a los damnificados por el Negreirato nos ha dado por hacer números para explicar las cosas. Mi mente ingenieril, en sintonía con la de nuestro inimitable Teleco Calvo, @AtalayaBro37373, ya no da nada por sentado hasta ver coeficientes, porcentajes, estadísticas. Según la valoración de Marca, los jugadores del Real Madrid terminan con 1,5 sobre tres posibles estrellas. Siendo el 3 la excelencia, el dos un notable y el uno un aprobado, nuestro once habría tenido una calificación media de aprobado alto. El Barcelona habría promediado 1,28. Aprobado alto también. ¿Es esto lo que vieron el domingo, queridos galernautas? Estoy abierto a discutirlo.
Será una buena semana. Hemos ganado merecidamente a los corruptos en el campo, a los esbirros del CTA en su sala oscura y al consorcio Tebas-Mediapro con su tramposa tecnología disfrazada de modernidad, de una tacada. Lo han intentado. Han hecho lo que han podido, pero esta vez no ha sido suficiente. Sólo les pido que no miremos al dedo que señala ni nos traguemos los señuelos. Xabi, el club y el vestuario sabrán manejar lo de Vini, estamos contentos por la victoria, pero nada ha cambiado en el corrupto fútbol español, seguimos teniendo la imperiosa necesidad de mandar a los corruptos a segunda, cortar el grifo a los medios después de desinfectarlos y rociar el CTA y LaLiga con lejía hasta que huelan a limpio. Costará.
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Vaya por delante que nadie ha estado, está o estará por encima del Real Madrid. La reacción de Vinícius al ser sustituido frente al Barça me pareció una falta de respeto tremenda hacia la institución, el presidente, el entrenador, los propios jugadores, los trabajadores y, sobre todo, el aficionado. El Club no puede permitir estas situaciones.
Podemos entrar a debatir si el cambio fue acertado o no por parte de Xabi Alonso. En mi opinión, desde luego que no. Lo que no podemos discutir es que el brasileño tuvo una reacción desmedida y totalmente fuera de lugar. Agachas la cabeza, haces un gesto mínimo de rechazo y punto. No puedes caminar cuarenta metros en el Bernabéu haciendo aspavientos, hablando en un tono poco amigable e irte directo al vestuario.
Me tiene descolocado saber si este tipo de comportamientos son buenos o malos tanto para Vini como para el Real Madrid. Es un aspecto positivo que quiera jugar siempre, esté bien o esté mal, pero muy negativo el hecho de mostrar en un partido tan popular como un 'Clásico' esa imagen hacia tu propio entrenador. Espero que Xabi sepa reconducirlo para evitar problemas internos.
El madridismo está dividido, es un hecho. Por una parte, están los que defienden a Vinícius y, por otra, los que lo hacen con Xabi Alonso o ponen por delante al Club. Me parece peligroso culpar a tu propio entrenador de una decisión técnica, sea cual sea el fondo. Porque Vini no se equivocó en el fondo, sino que le perdieron las formas.
Tengan cuidado con la prensa en general. Ellos solo buscan la noticia, el alboroto, sacar de quicio a unos y a otros. Una tarde que debió ser feliz para cualquier aficionado del Real Madrid tras ganar al Barça no puede emborronarse de esta manera, porque es palpable el mal sabor de boca que todos tenemos respecto a este tema.
Ya me gustaría a mí que Vini tuviese la misma prensa que un Lamine Yamal que pasa desapercibido y está superando límites que no debería superar. Su vida extradeportiva va de exclusiva en exclusiva y jugadores como Courtois, Carvajal o Vinícius se encargaron de recordarle que todavía no es nadie en esto del fútbol. Acusar al Real Madrid de "robar" no puede salirle barato y menos jugando en el equipo de los ocho millones a Negreira.
Hala Madrid.
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Con ElClásico (marca registrada) regresó, sin embargo, el rock´n´roll. Algo nos había prometido Xabi Alonso cuando fichó este verano, de entrenador: fuera la abulia, corriente eléctrica sobre cuerpo esclerotizado por la rutina y la panza llena, un nuevo renacer del espíritu guerrero del equipo. Contra el Barcelona, los jugadores salieron encendidos, llenos de eneryía y con ganas de ganar, cosa que se agradece pues se contaban ya cuatro palizas seguidas frente al equipo de la corrupción y el fraude: entonando los sones de la antigua canción del degüello, el Madrid fue a por todas y sólo el infecto tinglado federativo-arbitral, que ha naturalizado con impunidad el videofraude, además de la bisoñez de Güler, mantuvieron vivo al rival hasta casi el minuto cien.
Fue una lección de mourinhismo. La verdad es que Lamine Yamal ayudó bastante. Mourinho fue quien recuperó el orgullo de la camiseta blanca y la boca de chancla de la estrella actual del fútbol español renovó el viejo son de guerra. Carvajal, que es la Historia con piernas, le recordó a Yamal, desde lo alto de sus seis Copas de Europa, que el Madrid es capaz de sobrevivir a un holocausto nuclear, pues la fuerza que lo anima no es humana.
Lamal se pensaba que, por haber vapuleado unas cuantas veces al Madrid, ya estaba todo hecho. Ese es el error de todos sus enemigos. El Madrid está más allá de la muerte porque ama vencer más que a la propia vida. A ganar lo sacrifica todo, menos el honor, por eso para atléticos o barcelonistas resulta tan difícil comprender lo que significa el madridismo.
Hacía tiempo que el estadio no vibraba así. Xabi se amamantó de la loba mourinhista, fue uno de los jugadores que mejor expresó aquel estilo, que trascendía lo meramente deportivo, de ser y de estar en el mundo: sin Mourinho no habría existido el ciclo dorado de la última década y Alonso demostró el domingo que, al hacerse entrenador, su brújula apuntaba a Setúbal.
Yamal se pensaba que, por haber vapuleado unas cuantas veces al Madrid, ya estaba todo hecho. Ese es el error de todos sus enemigos. El Madrid está más allá de la muerte porque ama vencer más que a la propia vida
Bellingham, que amenazaba con ser un problema, resultó capital en la transición relámpago que planteó para desarmar el delicado mecano de Flick en el centro del campo. Alonso requería su aura en un partido así y el inglés volvió en sí certificando su condición de llegador puro, lo más parecido a un back-to-back que hay en el mundo. Bellingham no es ni un creador de juego, ni un carrilero ni, exactamente, un mediapunta; sino un producto puramente británico, un paracaidista de inverosímil mezcla en el juego del equipo y, sin embargo, imprescindible cuando el fútbol exige grandeza.
El Madrid simplificó el asunto maximizando sus virtudes ofensivas y llenando de hormigón el espacio entre su defensa y Güler, que Tchouaméni y Camavinga convirtieron en una Zona de Bajas Emisiones: por allí rondaron Pedri, De Jong y Fermín sin crear, salvo alguna vez, verdadero peligro, lo que también hay que agradecer a la presencia de Huijsen y Carreras, quienes, entre los dos, maniataron al divo de Mataró y confirmaron su bautismo de fuego en las grandes ocasiones.
Si rescató Xabi el mourinhismo que hasta el enfado de Vinícius al ser cambiado recordó a aquellas escandaleras que le montaban a Mourinho Ramos o Cristiano a cuenta del ostracismo de Özil o de las novelerías del Aquiles de Madeira cuando estaba triste. Cuando Vínicius volvió relatando al banquillo, terminó peleándose con medio Barcelona y después Alonso zanjó el asunto ante los micrófonos con absoluta normalidad, entendí que todo forma parte de lo mismo: una estrategia de electrificación del equipo, una manera de que su Madrid se vuelva incandescente.
El Madrid nunca fue explicable desde lo rigurosamente futbolístico. Eso es para los demás y, por qué no decirlo, algo muy vulgar. El Madrid es un organismo vivo, complejo y sentimental: un universo dando vueltas sin parar sobre sí mismo donde el único sistema admitido es la victoria. Todo debe tender hacia ella o, de lo contrario, se vuelve absurdo, prescindible y molesto. Xabi Alonso, que llegó con fama de meticuloso, de táctico, de «pizarrista», jugó aquí y parece que lo sabe.
El Madrid nunca fue explicable desde lo rigurosamente futbolístico. Eso es para los demás y, por qué no decirlo, algo muy vulgar. Xabi Alonso, que llegó con fama de meticuloso, de táctico, de «pizarrista», jugó aquí y parece que lo sabe
Para alcanzar la meta, Alonso sabe que su equipo debe hacerse, de presa, cazador. Había que ventilar la casa tras una temporada de peligroso pancismo. ElClásico del domingo fundamenta un nuevo mourinhismo incluso en lo ambiental: como Yamal es la estrella de la selección española y el Barcelona, su supuesta espina dorsal, la sitcom que es España, producida por El Terrat, ya ha encendido la mecha del odio contra el Madrid, como en aquellos viejos tiempos. El panenkismo, que es el antimadridismo con gafas de pasta, un disfraz contemporáneo y un catalanismo pesecero refinado, apunta incluso a VOX, del que al parecer Carvajal, «el hijo de policía», sería el portavoz y el símbolo. ¡A Carvajal, que es el verdadero tipo duro del cuento del Bronx, el hijo del pueblo! No es nuevo: Diego Torres, hace ya quince años, en El País, que es la nodriza de todo este lumpen con ínfulas, ya asoció a Mourinho con Mussolini y el fascismo. El mourinhismo también era una manera de que el Madrid le hablara directamente al corazón del aficionado, saltándose a todos esos engreídos intermediarios que controlan el relato del fútbol.
Ladran y, la verdad, es que cabalgamos.
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Buenos días, lectores. De niño se cree que los ídolos futbolistas piensan como uno mismo. Según se va creciendo, se pone más en duda y, a partir de la adultez, hay ocasiones en las que incluso se duda que vivan en el mismo planeta por ciertas actitudes —o falta de ellas— que uno aprecia y que parecen no ir acompasadas con el sentimiento de la afición. No fue el caso del Madrid del domingo contra el Barça. Algo que nos reconforta en lo más íntimo, incluso si en los más íntimo uno no quiere Chilly.
Hubo numerosos ejemplos de conductas de los jugadores blancos que nos enorgullecieron. En especial, una que tuvo a Bellingham, Pedri y Soto Grado como protagonistas principales, con Mbappé como actor de reparto.
La cosa fue más o menos así: Jude y el 8 blaugrana pugnaban por un balón cuerpo con cuerpo cuando el canario se desplomó como si hubiese sido abatido en pleno vuelo. En su camino al suelo, fue dejándose caer busquetianamente con la mano izquierda tratando de tapar un imaginario boquete en la carótida derecha, como intentando contener una vida que se le escapaba a chorros (música de copla dramática, arrebatada).
Jude no daba crédito. Nos hemos acostumbrado, pero lo cierto es que contemplar a un adulto actuar así produce mucho alipori. Se acercó a recriminarle el fingimiento y, cuando le tocó la cabeza, Pedri redobló la función, un simple roce en la testa y ¡aaaaaaaayyyyy! El, por otro lado fantástico futbolista, yacía con la cabeza gacha a lo McFly padre.
En ese momento solo queda el humor, y así se lo tomó el inglés, que empezó a parodiar —con una sonrisa en el rostro— al actor del Método, del Método Culé. Los blaugrana pedían roja. Mbappé, también sonriente, se acercó para decir que no era roja. Sería osado incluso afirmar que fuese falta.
Ante la solicitud de expulsión, llegó el clímax: Bellingham se acercó a Soto Grado y le espetó socarrón: «Ni con Negreira». Bravo. La cara del colegiado era un poema. ¿Qué podía recriminarle a Jude, si este se había limitado a decir la verdad? Una verdad punzante, lacerante, en tanto en cuanto el daño barça-negreiril está hecho y sin embargo no reparado ni castigado.
'' ...''.#ElDíaDespués pic.twitter.com/nqZ9YbzgRW
— El Día Después en Movistar Plus+ (@ElDiaDespues) October 27, 2025
«Ni con Negreira», escuchó Soto, «Ni con Negreira», oyó, no de buen grado. Mas ¿qué podía hacer? ¿Cómo recriminar lo irrecriminable? «Ni con Negreira», retumbaba en la cavidad craneal del trencilla como rebota una bola de acero en los bumpers, slingshots y targets de un pinball.
«¿Y qué voy a hacer?», pensaría Soto, «si lleva razón en grado sumo». Rebatir o castigar a Jude sería como ponerle un pero al siguiente tuit de Tamiroff.
Cuando Benaiges se iba a por los alevines no decíais nada. https://t.co/wk8BtWmhin
— Tamiroff (@tamiroff_) October 26, 2025
La frase de Jude nos restaura el espíritu, nos renueva las fuerzas, sirve de prueba fehaciente de que nuestros futbolistas están en el mismo barco que nosotros, no en un yate sin cobertura al que no llega la señal de nuestra ira por la ignominia de la adulteración continuada de la competición por parte del Barça durante décadas de manera impune.
Tienen sangre en las venas y responden a las afrentas, como las de un Lamine arrabalero en la previa que después se diluyó en el partido de la misma manera que se diluye un delito en el inabarcable historial del FC Barcelona: sin que se note.
Después, los medios y el sistema en general se encargan de cortar, trocear, cambiar de sitio, ocultar, pegar las imágenes para mostrar siempre al Real Madrid como el malo de la película y quien recibe el castigo. Sirva como muestra la primera tangana, bien analizada por el galernauta Álvaro Martín Gallego.
Por fin el video de la primera tangana:
- Vinicius celebra la expulsión de Pedri.
- Le increpan desde el banquillo de BCN
- Vinicius se encara
- El subnormal del encargado del BCN le hace lo del balón de playa
- Ferran Torres y Balde van a por él, empujón y tirón de camiseta… pic.twitter.com/VGi0d2eji4— Álvaro M-G (@AlvaroNCG) October 27, 2025
En una acción en la cual Carles Naval —lleva en el Barça todo el Negreirato— se burla de Vinícius mientras Ferran y Balde lo empujan y agarran por la pechera, el expulsado es Lunin por acudir a poner paz. Es una metáfora de lo que sucede en la parte enferma de la sociedad que padecemos, donde ha calado que el Madrid es el culpable de que el Barça se hubiese comprado la cúpula arbitral y debe pagar por ello.
La prensa no cumple su papel ni informa y saca del error a la gente porque está pringada hasta el cuello.
En Mundo Deportivo dicen que en el Madrid están hartos de Vini. La verdad es que llevan diciéndolo desde hace dos Champions, exactamente las que ha ganado el club de Chamartín con Vinícius decisivo en ambas. A Lamine, sin embargo, lo califican solo de difuso. Buen eufemismo. Si bien es cierto que le dan un pellizco de monja: «El Barça espera que reaccione y hable en el campo».
Para Sport directamente «Explota el ‘caso Vinícius’». El Madrid está ya a cinco puntos y hay que desestabilizar fuera y dentro del campo. Soldados tienen en ambos frentes.
La prensa madrileña está regada con la misma agua que la catalana, por lo tanto no es de extrañar el titular de As.
De Marca, sin embargo, esperábamos más carnaza, pensábamos que pondrían de nuevo a Vini en el foco. Quizá Tebas anoche libró.
Pasad un buen día en compañía de seres queridos, no os juntéis con arrabaleros, mentirosos, delincuentes ni con Negreira.
Dijo, en cierta ocasión, Javier Aznar: “Perder el vértigo puede ser peligroso”. Me pareció inteligente. Lo apunté. Asomarse al precipicio sin sentir un vuelco en el estómago, como mínimo, te invita a acercarte un poco más. En algún momento, haber perdido el miedo será la causa de unos sesos esparcidos unos cuantos metros más abajo.
Quizá sea el caso de Lamine Yamal. Quién, con dieciocho años recién cumplidos, multimillonario, encumbrado casi a la altura de un Dios, sería capaz de mantener las suelas de los zapatos lejos del precipicio. En algún momento de la semana pasada, rendido al aplauso y al cachondeo, confundió una manifestación pública con una quedada de colegas. Fue lo que dijo y también cómo. Llamó a la ira y al fuego.
Ganó el Madrid con un 2-1 que mereció ser 3-0. Le perdonó la vida. Sin embargo, pudo ser 1-1 e incluso 2-2 porque no hubo forma de sentenciar el Clásico: sorprende que esta manada de búfalos en estampida no sea capaz alimentarse con grandes bocados. Hizo méritos para ello, pues en apenas un cuarto de hora ya se le había pitado y anulado un penalti a Vinícius, que en el área contraria habría sido un clamor en análisis y tertulias, y un gol a Mbappé por un fuera de juego imposible por milimétrico. Por qué será que me viene a la mente una cita de David Gistau: “Fue peor que un crimen, fue un error”.
Poco después, con la funesta sombra arbitral sobrevolando el Bernabéu, y con el estadio cantando algo sobre corrupción en algún sitio porque alguien pagó a no sé quién durante muchos años a cambio de quién sabe qué, apareció Jude Bellingham. A pesar de que fue señalado como el elefante en la habitación, sobre todo después de perder en el Metropolitano, el inglés sirvió, ahora sí, el 1-0 a Mbappé. De repente, la primavera de nuevo. Los blancos volaban y alguien masticaba la idea de la goleada, de la noche histórica, de anuncios de Uber Eats en los que un futuro exjugador del Madrid le habla de manitas a otro del Barça, y no al revés. Pudieron ampliar la ventaja Huijsen, Vinícius y Bellingham, pero fue Fermín el que empató el partido. Pensamos que la vida nos va a deparar algo asombroso, pero en el momento menos esperado sobreviene la desgracia.
Ganó el Madrid con un 2-1 que mereció ser 3-0. Le perdonó la vida. Sin embargo, pudo ser 1-1 e incluso 2-2 porque no hubo forma de sentenciar el Clásico: sorprende que esta manada de búfalos en estampida no sea capaz alimentarse con grandes bocados
Con el Madrid herido, los de Flick pudieron remontar y tuvieron opciones para ello. Apareció Courtois, otro al que habrá que colocar de forma juiciosa en el santoral blanco en algún momento. Sus paradas dieron opción a que, al borde del descanso, Bellingham marcase el 2-1 después de que Vinícius pusiera a bailar a Koundé. Dio tiempo incluso, antes del descanso, a que se le anulara otro gol a Mbappé, esta vez demasiado claro como para ponerse a recordar. Son montañas nuestra memoria.
También evidente fue la mano de Eric García con la que se inauguró la segunda parte. Mbappé, desde el punto de penalti, eligió susto en vez de muerte y su disparo tuvo más potencia que puntería: Szczęsny metió la mano e hizo un paradón. El fracaso no es optativo, como dice Diego Garrocho, ni siquiera para el mejor delantero del mundo.
Así el partido fue embarrándose. Las ocasiones comenzaron a espaciarse: sólo Fermín parecía capaz de empatar y sólo el límite del reglamento de evitar la tranquilidad local. Pasada la hora de partido, otro fuera de juego anuló un gol de Bellingham. Llegaron los cambios y con ellos la polémica: a Vinícius no le gusta irse al banquillo, menos cuando quedan veinte minutos por jugarse, menos si el Barça está enfrente, menos si se ve con opciones de marcar un gol. Tampoco le gusta al brasileño defender mucho, por lo que cuando Xabi Alonso vio que el equipo flaqueaba por su lado, tomó decisiones a costa de complicarse la vida.
Vinícius se fue despotricando contra el banquillo con una cámara y un foco bien grande en la cara. Los lectores de labios contratados por las televisiones se frotaron las manos: hoy se cena, dijo alguno. El brasileño está sosteniendo una industria entera. Dijera lo que dijera, habrá que solucionar su indisciplina: no se puede consentir, por el acto en sí, pero sobre todo por los precedentes que crea.
No se jugó mucho más porque el Madrid cedió el terreno, el balón y las ganas. Así las cosas, para terminar de condimentar el primer Clásico de la temporada hacía falta un tumulto sabroso. Los ingredientes ya estaban, se había encargado de ellos Lamine Yamal, así que cuando el 2-1 fue definitivo, recibió la receta de viva voz de unos cuantos madridistas que creyeron ver justicia en la venganza. Alguno quiso, e incluso quizá debió, dársela también por escrito pero para eso habría que, como pedía el catalán, haberse visto en el túnel de vestuarios, donde luego, por fortuna, o no, nunca pasa nada. Lamine Yamal, dieciocho años, graduándose pronto en gesticular demasiado.
El Madrid ganó sólo 2-1. La tangana final y el cambio de Vinícius atrajeron la atención de todos, también de la grada. Nadie pareció reparar en que sobró compasión. El Barça ofreció el cuello pero no fue ajusticiado. La última franja del partido fue un sinsentido teniendo en cuenta las posibilidades de cada uno. La herida del año pasado aún supura como para ser clemente. Un equipo sin vértigo se asomó al precipicio, demasiado, por fin, pero no hubo nadie para cobrar venganza. El día del Clásico coincidió con el de la misericordia.
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Lo de ayer no fue un partido de fútbol, fue una sesión de espiritismo. Cada gol del Real Madrid parecía una aparición mariana: se veía, se celebraba y acto seguido se desvanecía en el éter digital del VAR. Tres veces el balón entró en la portería del Barcelona y tres veces el oráculo tecnológico dictó penitencia. El fútbol se ha convertido en una religión sin fe: los hinchas ya no gritan “¡gol!”, murmuran “espera, a ver si vale”.
Soto Grado pitaba y el estadio contenía la respiración. Iglesias Villanueva, desde la cabina del VAR, aparecía en las pantallas como un dios menor que necesita cámaras lentas para decidir lo que todos habíamos visto a simple vista. El penalti sobre Vinícius fue una escena digna de Fellini: primero sí, luego no, después depende. La justicia arbitral se ha vuelto líquida; se adapta a la camiseta del infractor. Iglesias Villanueva se cuidó mucho en entregar a Soto Grado la imagen gris, la de la duda, la del desconcierto. No le mostró la de la entrada de Lamine Yamal sobre Vinicius, la del penalti como un castillo, por lo que, en la más estricta negreitud, el trencilla respiró y pudo anular el penalti pitado, no sea que en el CTA le manden a la nevera por tamaña insidia al club que durante tantos años les ha pagado bien los servicios prestados.
Y, sin embargo, el Real Madrid ganó. Ganó porque tiene algo que no cabe en las pantallas ni en los reglamentos: carácter y bemoles. Con el marcador empatado y después de un penalti tangado y un gol anulado injustamente, el equipo se rebeló como si la adversidad fuera un viejo amigo que siempre viene a cenar. Bellingham impuso su jerarquía inglesa, Vinicius agitó el avispero y Mbappé convirtió cada carrera en una tesis sobre la inevitabilidad del talento. El Bernabéu, incluso a través de la televisión, olía a remontada.
Lamine Yamal, que había pasado la semana hablando más que jugando, se encontró con la realidad: en el fútbol los micrófonos no sirven de escudo. Los jugadores del Real Madrid lo buscaron al final del partido, no para agredirlo, sino para recordarle que los clásicos no se ganan en Twitch. A Vinicius, a su edad, lo llamaban provocador por sonreír; a Lamine lo excusan porque “es un chaval”. El doble rasero mediático es tan español como la tortilla de patatas. Personalmente, eché de menos a Camacho en el campo, nostálgico que me he vuelto…
los jugadores del madrid buscaron a Lamine Yamal al final del partido, no para agredirlo, sino para recordarle que los clásicos no se ganan en Twitch
El VAR es la gran metáfora de nuestra época: cuanto más mira, menos ve. Y cuando el Real Madrid está de por medio, el ojo tecnológico se convierte en lupa inquisidora. Hay fueras de juego por pestañeos, penaltis que se evaporan, faltas que solo existen en el Photoshop del reglamento, pero el equipo se sobrepone con la naturalidad de quien ya ha leído el guion. El gol anulado a Mbappé es el paradigma de la caradura y el cinismo. Balón que le cae al francés, que lo impulsa el defensa de ese club del que usted me habla, pepinazo y a la jaula, que diría mi amigo Morales. Pues nada, el 1-0 se convirtió en nada porque el señor Iglesia de Villanueva decidió (qué sorpresa, ¿verdad?) que el galo estaba media bota y media media adelantado pero…. La imagen muñequil que nos mostraron ¿se dio en el mismo momento del pase/rechace? Nunca lo sabremos. Hay que creérselo, hay que hacer un acto de fe para creer que lo que nos has mostrado es la realidad, porque no hay una prueba, ni física, ni química ni cuántica de que el momento que nos ponen con los muñecos del VAR es el momento en el que, supuestamente, se produce la posición ilegal. Lo de siempre, los negreiros de turno campando por sus respetos en Chamartín. Para que luego digan que si nos quejamos. Esto es un atraco continuado domingo si, domingo también… y ¿hay que callar? No, hay que denunciar todos los días la manipulación del VAR y la predisposición arbitral a pitar en contra del Real Madrid. Todos los días.
El relato mediático, mientras tanto, sigue repartiendo indulgencias. El equipo cliente de Negreira, dicen, “compitió bien”. El Real Madrid “sobrevivió”. Es la misma cantinela de siempre: cuando gana el Madrid, pierde el fútbol; cuando pierde el Madrid, gana la justicia. Y así llevamos un siglo. El antimadridismo es una religión que se practica incluso los días de fiesta nacional.
El Bernabéu se ha convertido en una catedral de resistencia. Cada revisión del VAR se vive como una procesión: la grada aguanta, espera y, cuando llega la injusticia, responde con una carcajada colectiva. Esa risa, mitad ironía y mitad desafío, es la mejor definición del madridismo: un pueblo que ha aprendido a convertir la sospecha en combustible.
A pesar de todo, este Madrid me gusta. Tiene mezcla de músculo y poesía, de obreros y artistas. Camavinga corta y crea; Valverde corre como si tuviera tres pulmones; Mbappé es una máquina de hacer goles y Vinicius un cuchillo afilado. Y en el banquillo, Xabi Alonso está construyendo un grupo que debe tener la ambición del joven y la grandeza del veterano. Poco a poco se va consiguiendo, poco a poco. La sensación es que el equipo está construido para durar, que esta temporada huele a grandeza.
Cada revisión del VAR se vive como una procesión: la grada aguanta, espera y, cuando llega la injusticia, responde con una carcajada colectiva
Ese club del que usted me habla sigue hablando de “valors” mientras colecciona expedientes, y deja el “seny”para otra ocasión, porque cuando gana se enaltece, pero cuando pierde… pierde los nervios, como ayer y el Real Madrid sigue ganando mientras colecciona excusas ajenas. Es la diferencia entre predicar y practicar. Los unos pagan al vicepresidente de los árbitros; los otros escriben historia. La temporada se augura brillante: hay equipo, hay fútbol y hay algo más importante que todo eso, hay fe. La fe blanca, esa convicción íntima de que, por muchas cámaras que nos apunten, el balón terminará entrando.
Al final del partido apagué la televisión con una sonrisa cansada. Habíamos ganado. Otra vez. A pesar del VAR, de los milímetros, de las tertulias y de las moralejas de los lunes, ganó el Real Madrid y perdió la excusa. El fútbol, de vez en cuando, recuerda que todavía le queda algo de justicia.
Y pensé: si esto es el principio de temporada, que vayan preparando los titulares. Porque este Madrid no solo gana; este Madrid educa. Enseña cómo se responde al ruido: jugando mejor. Y eso, querido lector, ni el VAR puede anularlo.
Y ahora que todo ha terminado, llega el lunes y con él los exégetas del reglamento. Los mismos que el domingo por la tarde juraban que el Madrid era un equipo “sin alma” se convierten el lunes por la mañana en forenses del milímetro. Hay doctores en líneas y licenciados en fotogramas. Todos coinciden en lo esencial: el VAR tiene razón, y si no la tiene, la tuvo en espíritu. Porque el VAR, como las viejas supersticiones, nunca se equivoca; simplemente interpreta.
Uno empieza a sospechar que dentro de la cabina hay un grupo de monjes cartujos meditando sobre el concepto de “posición adelantada”. Mientras el fútbol se detiene, ellos deciden si un gol es moralmente aceptable. El Real Madrid debería empezar a celebrar los goles en diferido, quizá el miércoles, cuando llegue la confirmación por fax.
El Bernabéu se ha vuelto una academia de humor negro. Cada vez que el árbitro se lleva la mano al auricular, medio estadio se levanta a aplaudir. No al árbitro, claro, sino al destino: “ahí viene otra”. Esa risa coral es el nuevo himno; suena entre el rugido del cemento y el brillo de los focos. Hay quien va a misa los domingos; nosotros vamos al VAR.
El equipo, mientras tanto, juega con la serenidad del que conoce la historia. Los chavales nuevos ya han aprendido la primera lección: en el Real Madrid los goles se celebran dos veces, una cuando entran y otra cuando sobreviven al VAR. Lo importante es que entren, aunque sea de milagro. Lo demás, como dijo aquel, es literatura.
Uno empieza a sospechar que dentro de la cabina hay un grupo de monjes cartujos meditando sobre el concepto de “posición adelantada”. Mientras el fútbol se detiene, ellos deciden si un gol es moralmente aceptable
Y así, entre ironías y milagros tecnológicos, el Real Madrid sigue ganando. A veces con épica, a veces con oficio, pero siempre con estilo. No hay algoritmo que pueda medir eso. La temporada pinta bien; se huele en el ambiente como se huele el café recién hecho. El equipo tiene fondo, tiene hambre y tiene algo que no sale en las estadísticas: una fe casi cómica en su destino.
Porque, seamos sinceros, el Madrid vive en una sitcom permanente. Cada jornada hay un nuevo gag: un gol anulado, un penalti “rectificado”, un comentarista que descubre que las reglas cambian cuando viste de blanco. Y, aun así, capítulo tras capítulo, la serie termina igual: el Real Madrid ganando y el resto buscando explicaciones metafísicas.
Este año no será distinto. Los rivales hablarán de presupuestos, de arbitrajes, de karma y de milímetros. Nosotros hablaremos de victorias. Porque el Madrid no discute, colecciona trofeos, polémicas, insultos y portadas. Todo suma a la narrativa.
Al final, eso es lo que más desespera a los demás: que da igual lo que hagan, el Real Madrid siempre encuentra la manera de ganar. Es una especie de fuerza natural, una ley no escrita. Puedes anularle tres goles, revisar cinco penaltis y dibujarle líneas de colores en la pantalla; el resultado será el mismo.
Cuando todo termine, los de siempre dirán que fue suerte, que fue el árbitro, que fue el VAR, que fue el universo conspirando. Y el madridismo, con la flema de los viejos sabios, responderá: “Sí, claro. Como siempre”. Y se servirá otra copa.
Porque ser del Real Madrid es eso: vivir en la paradoja,ganar sabiendo que nadie te lo va a reconocer, disfrutar del escándalo ajeno, domar la injusticia a base de goles, convertir la sospecha en arte.
La temporada apenas empieza, y ya se respira esa sensación de que algo grande se está cociendo. No hará falta suerte ni disculpas; bastará con seguir siendo el Real Madrid. Los demás que sigan midiendo milímetros, nosotros mediremos títulos.
Me despido como siempre, ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida… ¡Hala Madrid!
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