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Zidane en el Clásico del precipicio

Zidane en el Clásico del precipicio

Escrito por: Quillo Barrios24 octubre, 2020
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Los que me leen en La Galerna o tienen la (mala) suerte de seguirme en Twitter saben que soy muy crítico con el Zidane ‘Post-Cristiano’. Posiblemente me haya equivocado en algunas de mis reflexiones sobre el técnico francés, pero hay otras que todavía mantengo y que, por desgracia, han sido reforzadas en las últimas semanas.

Sea como fuere, lo cierto es que tengo la sensación de estar asistiendo a la primera gran crisis de Zizou como entrenador. Lo vi abatido en la rueda de prensa posterior a la dolorosa derrota contra el Shaktar. Su autocrítica, contundente e intensa, sonó sincera. Sabe que se le está escapando todo aquello que tenía controlado y no encuentra la forma de recuperarlo (al menos de momento). Del Zidane que revolucionó la manera de gestionar un vestuario empiezan a quedar los rescoldos y poco más. Sus propias decisiones (y algún movimiento erróneo por parte de la directiva) le obligan a lidiar con una plantilla que parece a medio camino de todo. La mezcla de pasado glorioso y futuro prometedor no termina de salir rentable.

El jueves, el tuitero @Madridisme escribía algo así como que Zidane es idóneo para una plantilla plagada de estrellas dada su facilidad para manejar egos de gran tamaño, pero que la cosa cambia mucho cuando se enfrenta a una plantilla a medio hacer o inmersa en un proceso de regeneración. Me parece una afirmación excelente con la que, además, estoy cien por cien de acuerdo. Y esto no le resta mérito al técnico francés. De hecho, pocas cosas hay más complicadas que gestionar, con éxito, un grupo de futbolistas de élite acostumbrados a ganarlo todo.

La tormenta ha venido con algunas de sus decisiones. No hay un once tipo, algo que se echa de menos cuando necesitas cerrar filas espantando fantasmas. Solía hacer gracia aquello de que nadie acertase las alineaciones pero, a día de hoy, el Real Madrid necesita recuperar la confianza en sí mismo y cierta regularidad. Con cambios de cromos constantes acabas consiguiendo todo lo contrario. Ni siquiera las rotaciones entrarían como argumento salvable. Más allá de eso están también las suplencias de Vinicius (inexplicable que un futbolista de su talla/personalidad no sea indiscutible), los minutos a Marcelo, la tardanza en apostar por Jovic, el error de hacer que Benzema juegue hasta cuando no tiene el día, la no inclusión de Ceballos en la planificación de una plantilla que, tras las salidas, quedó algo corta de centro del campo hacia delante, y las extravagancias tácticas que ha ido firmando desde que arrancó la temporada.

Solía hacer gracia aquello de que nadie acertase las alineaciones pero, a día de hoy, el Real Madrid necesita recuperar la confianza en sí mismo y cierta regularidad. Con cambios de cromos constantes acabas consiguiendo todo lo contrario. Ni siquiera las rotaciones entrarían como argumento salvable.

Así todo, y tras dos encuentros absolutamente nefastos (el partido ante el Cádiz es el peor que ha hecho el Real Madrid en muchos años), Zidane se encuentra, como decía en el segundo párrafo, ante su primera gran crisis. El precipicio lo tiene bajo los pies y no está sabiendo darse la vuelta para escapar de él. El club le debe mucho, pero no suele esperar por nadie, tampoco por uno de los más grandes de su historia. Nunca lo ha hecho y nunca lo hará. Si Zidane resbala nuevamente en el Clásico y el equipo da la sensación de desgaste total y bloqueo, los cambios se podrían precipitar pese a lo doloroso que suena solamente intuirlo.

El proyecto del Real Madrid no casa del todo con lo que ha venido formulando Zidane. Hay que apostar más por Vinicius, Odegaard, Valverde y compañía que por los Marcelo, Modric o Isco. Apostar de manera firme, continuada, casi indiscutible, no como si las jóvenes perlas fueran el guadiana y supieran que hay sombra cuando vienen mal dadas. Hablaría de Pochettino, pero no son horas y tampoco el momento. Zidane puede todavía girarse y no caer por el precipicio. De él depende.

 

Fotografias de Getty Images

Pucelano de nacimiento y amante del Real Madrid. Asegura tener la virtud y el defecto de decir siempre lo que piensa. Siempre situará a Zinedine Zidane por encima del resto. Mourinhista, no cree en la objetividad y sueña con ver a su equipo levantar otras diez Copas de Europa. @quillobarrios