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Un Real Madrid enamorado de su pasado

Un Real Madrid enamorado de su pasado

Escrito por: Francisco Javier Sánchez Palomares10 noviembre, 2020
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Hace unos años, el Real Madrid fue ligando poco a poco a un grupo de futbolistas espléndidos y los reunió con los que ya tenía en casa o en fase de crecimiento en el huerto. Con algunos se topó casi en el instituto (Sergio Ramos y Marcelo), pronto empezó a llamarles desde una cabina, quedaron para ir al cine, para tomar unas cañas y terminó por integrarlos en el equipo. A otros jugadores, sin embargo, los conoció más maduros, cuando ya eran los más populares de su condado, como es el caso de Cristiano Ronaldo. A Toni Kroos lo sedujo aprovechando que en su casa no lo valoraban, del mismo modo que quien seduce a la pareja de un amigo que no la estima en su justa medida y consigue rescatarla del tedio y de una suegra (Guardiola) insoportable. Otros futbolistas gozan de una magnífica relación con el Real Madrid gracias a la insistencia y la mente preclara del papá más temido del barrio (Mourinho). Como Modric y de Casemiro, por ejemplo. El padre tímido que conecta con los inteligentes sin hablar (Zidane), cautivó a Varane y no paró hasta que lo vistió de blanco.

Con el tiempo, la relación entre todos los actores de esta obra fue afianzándose. Tenían complicidad, disfrutaban y eran capaces de remontar las malas rachas. Se sentían fuertes, poderosos, y el enlace fue tan sólido que, tras la luna de miel, propició una fructífera descendencia en forma de títulos. La felicidad iba ascendiendo hasta que alcanzó el culmen en aquellas vacaciones del diecisiete en Cardiff.

Real Madrid Cardiff

El ciclo comenzó a cambiar —cuando se llega a lo más alto, solo se puede bajar—, mas era tanto el afecto que nadie se dio cuenta. Las primeras desavenencias fueron ignoradas, no entraba en la cabeza de nadie que aquella unión tan perfecta pudiese tener problemas. Las vacaciones del año siguiente también fueron en hotel de lujo, en este caso, en Kiev. Una nueva Champions. Pero en mitad de la fiesta, el hijo mayor (Cristiano) anuncia que se va de casa. Y poco tiempo después, hizo lo propio el cabeza de familia (Zidane). En pocos días, el patriarca (Florentino) se quedó de rodríguez.

En ese instante, el entorno no pudo negar más la evidencia y asumió el cambio de ciclo que llevaba ocurriendo desde hacía tiempo. La resaca se preveía dura, lo fue y lo está siendo. El siguiente marido en pasar por el altar anulo por amor su inminente boda con el mundial de fútbol, pero el resultado de la convivencia no fue el esperado y lo de Lopetegui acabó en divorcio. Surgió entonces la posibilidad de un antiguo amante argentino (Solari), educado, cabal y honesto, que regaló a la relación un Mundial de Clubes ayudado por la inercia de años anteriores.

Pero se echaba de menos al padre de familia (Zidane), de modo que la anulación de unas vacaciones en el hotel de lujo (eliminación de Champions frente al Ajax) precipitó su vuelta. Costó retomar el idilio, porque el tiempo había pasado y las cualidades de todos habían mermado. Pero el Madrid seguía confiando en el grupo porque es muy difícil asumir el declive de alguien a quien amas tanto, de modo que la nostalgia frenó la necesaria renovación.

Marcelo Varane Modric

El tiempo seguía trascurriendo de manera inexorable cuando el mundo fue sacudido por un virus. La hecatombe inyectó adrenalina a este segundo matrimonio de Zidane, el cual exprimió hasta la última gota del potencial del grupo y colocó en las vitrinas una nueva Liga. Pero las consecuencias económicas retrasaron aún más la necesaria inyección de savia nueva en el grupo.

Llegados a este punto, la situación del Real Madrid es como la del matrimonio que está roto y lo sabe todo el mundo menos los propios cónyuges. Es doloroso dar el paso porque se teme a la incertidumbre y el instinto pone zancadillas utilizando la nostalgia. Pero actualmente el Madrid está enamorado de su pasado, se empeña en ver a sus héroes como fueron cuando estaban en la cima y no como son ahora.

Aunque duela horrores, la única solución es que todos los protagonistas de la película y los espectadores asuman que se acabó el amor, de tanto usarlo. Es necesaria la ruptura y un nuevo comienzo. Será duro, pero siempre nos quedará el Madrid.

 

Fotografías Getty Images.