Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
Sin noticias de Rub(i)

Sin noticias de Rub(i)

Escrito por: Fred Gwynne24 abril, 2022
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

El fútbol llegó a la galaxia GN-z11 el 24 de mayo de 2014. Dildimi y su pareja Krisna hacían el amor por novena vez en el estimulador atómico cuando, en medio del orgasmo 14.427, las alarmas de los instrumentos de medición cuántica atronaron en el módulo de seguimiento.

—Siempre igual —dijo Krisna, visiblemente contrariada. No hay manera de llegar a los 15.000 sin que nos molesten.

—Te recuerdo que estamos en horas de trabajo— replicó Dildimi mientras anulaba su levitación, ponía en bloque bajo su miembro artificial Sport Energi Plus y se calzaba su única prenda de trabajo: unas botas plateadas, de media caña, con botones digiatómicos y pantalla 7D incorporada en la puntera. Nuestro deber es permanecer atentos a las pantallas y no revolcarnos como fillocófilos en celo, un día de estos nos van a pillar.

—Hirisditribiji hirisditribriji, mimimimimimi, siempre estás igual.

—Tenemos que controlarnos, Krisna, no podemos seguir así.

Krisna no contestó, estaba a unos 80.000 kilómetros, en el satélite artificial Hd22. Apagó la conexión, maldijo por lo bajo al imbécil de Dildimi y se centró en la alarma recibida. Era una señal muy débil, un pico de energía de un planeta situado a unos 32.000 millones de años luz. Reordenó las parabólicas internacionales, calibró el espectro basculante y buscó el epicentro de la señal, el germen. Pocos minutos después, el planeta causante de la alarma se mostró nítidamente en su pantalla principal. Era un astro azulado, poblado, según las primeras estimaciones del manómetro de émbolo, de seres vivos de exigua inteligencia. Llamó a Dildimi.

—Dildimi, lo tengo, es un planeta cerca de la estrella NI78, en el cuadrante 9B. Te doy un doble pase cifrado, toma nota: 47&%···##ºººººº35000014. ¿Lo tienes?

—Sí, lo instalo ahora mismo. ¿Has hallado el origen de la señal?

—No, estoy en ello. Los datos son muy confusos, la explosión de energía ha sido múltiple, parece que empieza en un punto y desde ahí se reparte por toda la superficie del planeta. Dame un par de segundos… Voy a acercar el zoom coral, ¿lo ves?

Cámara cenital

—Sí, procedo a la grabación inversa. Es un edificio con forma de estadio disco-rectángulo. Hay miles de especímenes de dos patas, peludos, contemplando a otros cuantos entes más que persiguen y golpean un objeto redondeado. Parece una especie de juego. Voy a rebobinar hasta el momento exacto del estallido… Veo varios marcadores… Voy con la cuenta atrás: 108… 107… 99… 93. Sí, aquí está, déjame que lo calibre un poco más, 92,48, ese fue el detonante. En el 92,48 la energía se desató, hay picos diseminados por todo el planeta, fue una ola de potencia que lo arrasó todo.

—Dildimi, ¿habías visto alguna vez algo así?

—Nunca. Acabemos el informe y demos parte.

En ese justo momento, como si fuese una señal programada, la alarma volvió a sonar. Otro gigantesco pico de energía recorrió toda la superficie del planeta y estuvo a punto de fundir, a millones de años luz, sus delicados instrumentos de medición. Esta vez lo contemplaron en directo y, sin saber muy bien el porqué, sufrieron un ligero escalofrío cuando la esfera, empujada después de un majestuoso salto por un espécimen de bello y musculado cuerpo, entró mansamente en una malla rectangular. Más o menos la mitad de los seres presentes en el acontecimiento se volvieron locos y la otra mitad se quedó, inexplicablemente, paralizada. La experiencia se repitió otras dos veces más. Al final del juego, los once seres que vestían de blanco se abrazaron. Habían conseguido introducir la esfera en la malla en cuatro ocasiones.

Real Madrid celebra gol

—Dildimi…

—Dime, reina.

—Me gusta.

—¿El qué?

—El juego este, me gusta, tiene algo primitivo que me excita. Me encantaría conocer su mecánica, sus reglas. Igual podríamos importarlo.

—Y a mí. Voy a proponer una inmersión en el planeta. Habrá que camuflarla, no suelen dar salvoconductos para juegos.

Conseguir la autorización para explorar aquel planeta azul fue relativamente fácil: optaron por entregar un diagrama AIC pentagonal. Nadie, absolutamente nadie, y mucho menos el haragán de su supervisor jefe, iba a perder el tiempo en desentrañar aquella jerigonza. Primero borraron todo rastro de sus archivos de su enésimo encuentro sexual, luego camuflaron los datos que les interesaban bajo un millón de flechas y círculos de colores y, por último, maquillaron —con una doble capa de lenguaje inclusivo, no sexista y plagado de múltiples citas sobre el calentamiento interplanetario— el principal objetivo para obtener una inmersión estándar: la búsqueda de recomuños, el combustible que rastreaban por todo el universo y que hacía funcionar su civilización.

La vida media de un GN-z11niano era de unos 2 millones de orgasmos (medida vasca-terrestre), o sea que los siete años, once meses, dos días, cuatro horas y diecisiete segundos que tardaron (también según la medición terrestre) en recorrer en la nave Satisfa&er5 (metal líquido transparente, indetectable, incolora, tracción trasera, sin delco) la distancia entre los dos planetas, se les pasaron, y nunca mejor dicho, volando. Krisna y Dildimi, jóvenes, ardientes y sobradamente preparados gracias al gran nivel adquirido en su formación Milenial planet ESO basic, aprovecharon el viaje para empaparse de la civilización que iban a visitar: historia, geografía, cultura, religiones, costumbres… y para intentar batir, con ciertas ayudas químicas no muy bien aceptadas en su planeta, su récord de orgasmos: 17214.

A unos 500.000 kilómetros de la atmósfera, después de un tórrido viaje, pusieron el piloto automático, se calzaron sus botas plateadas y, en un par de minutos, aterrizaron en medio del círculo central del Santiago Bernabéu. El epicentro de la energía detectada estaba situado en Lisboa, pero decidieron, después de estudiar el suceso y ver que había un nexo común entre el estallido y los seres que lo habían expandido por todo el planeta, posarse en la zona cero, el inicio: el estadio Santiago Bernabéu.

Bernabéu círculo central

—Tenemos que separarnos, Krisna. Lo primero es conseguir toda la información posible sobre el juego. Y hay que hacerlo de primera mano, usando la disminución física espacial, el traductor instantáneo y la introducción cuántica. ¿Tienes seleccionado el objetivo?

—Sí, tienes que buscar al mandatario de más alto rango en el fútbol, que es como se conoce en este planeta a esta práctica. A través de su cerebro lo aprenderemos todo. Te paso las coordenadas y su aspecto externo. He contado, globalmente y después de un análisis pormenorizado de su cuerpo, siete orificios de entrada. Tendrás que buscar la mejor vía por medio del ensayo-error.

—De acuerdo, probaré todas las variantes. Nos vemos aquí mismo en cuatro días terrestres. Sigue buscando información sobre el juego, no te vayas muy lejos y no te metas en líos; antes de volver tenemos que inventarnos el informe de la recolección de recomuños.

Rubiales rueda de prensa

Luis Rubiales estaba muy nervioso. Había convocado la rueda de prensa para explicar los audios robados y le estaba empezando a picar la nariz de una forma muy extraña. Primero se rascó un orificio y luego otro. A los dos minutos ya estaba desesperado, nunca había experimentado una sensación como aquella, era un picor intenso, una quemazón como si le estuviesen perforando las fosas nasales con un taladro provisto de una broca de plumas. Se sentó y respiró agitado. El estrés le estaba empezando a pasar factura.

—¿Estás bien? —le preguntó Piqué.

—Sí, sí, tranquilo, no te preocupes.

Rubiales, a pesar de lo dicho, sí estaba preocupado, muy preocupado. El picor parecía extenderse a la boca y a los oídos. Cerró los puños e intentó aguantar. Aquello se le estaba yendo de las manos.

Piqué suspiró. Él ya había pasado la prueba de la rueda de prensa, pero también se jugaba mucho en la que iba a protagonizar su presidente y estaba claro que los nervios se hacían fuertes en su interior. Había mucho dinero en juego. Quedaban solo dos horas para la comparecencia y estaban sentados en una mesa, codo con codo, repasando la estrategia para minimizar daños con la opinión pública.

Espero un par de minutos, mirando de reojo sus extrañas reacciones. Aquellas muecas no auguraban nada bueno. Cuando empezó a ver que Rubiales, además de alternar la introducción de sus dedos entre los dos orificios de su nariz y sus dos oídos, había comenzado a abrir y cerrar la boca como si fuese un pez fuera del agua, decidió agarrar el toro por los cuernos antes de que fuese demasiado tarde.

Piqué rueda de prensa

—¿Seguro que estás bien, Rubi? Si quieres podemos posponer la rueda de prensa.

—No, ni hablar, hay que solucionar este problema cuanto antes. Solo necesito un poco de tiempo para calmarme.

Luis Rubiales intentó en vano concentrarse en los papeles que tenía delante. El ardor iba de la nariz a los oídos, de los oídos a la boca. Era una comezón que dolía y picaba a la vez. Había comenzado a estornudar y, de repente, el ardor pasó a ser un leve hormigueo.

—¿Krisna?

—Dime, Dildimi.

—Estoy en el objetivo, la introducción norte es más complicada de lo que pensaba, en cuatro entradas hay mucho pelo que atranca las turbinas y en la quinta la humedad afecta al delco. Voy a probar en el sur. ¿Has conseguido algo más de información?

—Sí, un filón, y además la he encontrado aquí mismo, en el estadio, en un enorme museo lleno de trofeos propiedad del Real Madrid. Es apasionante, estoy muy excitada. Dildimi…

—Dime.

—Me he quitado las botas…

—Krisna, ahora no, estoy muy ocupado, sigo con la inserción. Cuando encuentre la mejor abertura te vuelvo a llamar.

Dildimi puso rumbo al cuadrante sur. Solo le quedaban dos puertas, las más pequeñas, las coordenadas de situación espacial eran muy claras. Empezó por la más fácil para su objetivo, la que se encontraba aproximadamente entre las dos piernas del ente. Decidió poner su bólido de entrada en fase 7 Turbo-Ras.

Todo había terminado. Rubiales respiró aliviado, ya se encontraba mucho mejor, el picor había desaparecido y ya podía concentrarse en la rueda de prensa. Se prometió a sí mismo consultar a un psicólogo.

—Geri, ¿te parece bien si empezamos por el tema de la mujer en Arabia y dejamos lo de la comisión de Kosmos para el final?

Por fin, parecía que su presidente ya se había calmado. Estaban a tiempo de salir de aquel embrollo. Se prometió a sí mismo animarle a consultar a un psicólogo.

—Perfecto, Rubi —contesto Piqué. Yo creo que deberíamos hacer hincapié en…

—AAAAAAAARGH!!!!!!!

—¡Rubi, qué te pasa, Rubi, por Dios, no me asustes!

—AAAAAAAAAAAAAARGGG!!!!

Rubiales había caído al suelo y daba vueltas sobre sí mismo como la niña del exorcista. El ano le ardía, era un dolor insoportable que le carcomía las entrañas. Se arrancó el pantalón de golpe y empezó a gritar, después le tocó el turno a los calzoncillos. Su desesperación le nublaba la mente y empezó a rascarse el culo arrastrándolo contra el suelo. Iba a lanzarse por la ventana cuando el dolor, de golpe, igual que había venido, desapareció.

—Krisna, ya está, estoy dentro, he usado la entrada B8, la trasera, me ha costado un poco, pero usando el Turbo Ras en el nivel 7 lo he logrado. Ahora me dirijo al cerebro… ¿Krisna? ¿Estás ahí?

El chip prodigioso

Krisna no contestó. En una foto de la Décima había encontrado un talismán, un ser especial, intenso, lleno de magnetismo y sex-appeal. Había decidido ir en su busca…

¿Krisna? ¿Me oyes? “Siempre igual, siempre me hace lo mismo” — pensó Dildimi mientras marcaba las coordenadas de la sesera de Rubiales. Era el momento de poner en marcha todo lo aprendido sobre los terrestres y sacar la máxima información sobre aquel extraño y apasionante juego llamado fútbol. Decidió tomar el control del sujeto. Intentaría hacerlo lo mejor posible.

Piqué pensó que aquello ya no tenía remedio. Su presidente estaba sentado en el suelo, desnudo de cintura para abajo, con la mirada perdida y pronunciando frases sin sentido. Empezar la rueda de prensa en aquel estado era un suicidio.

—Estoy bien, Piqué, consígueme un pantalón. ¿Sabes que soy de Motril?

—Sí, Rubi, sí, lo sé —dijo Piqué siguiéndole la corriente.

—Yo no tomo alcohol ni fumo, pero no puedo garantizar que mañana me metan un saco de cocaína en el maletero.

Piqué empezó a marearse. Rubiales estaba mal, muy mal, deliraba. Se acabó su carrera, ni Kosmos ni el Barcelona, todo se iba a ir al carajo.

—Mi hermana me partió las piernas de arriba a abajo cuando tenía un mes porque cayó encima mía. Mi padre me llevó al médico y este le dijo a mi padre que yo iba a ser todo menos futbolista. Yo soy un luchador.

—Luis, mírame, voy a llamar a un médico.

—¿A quién beneficia esto? Yo soy un hombre normal de 44 años, de Motril.

Dildimi estaba muy satisfecho manejando aquel cerebro. Nadie iba a notar nada, su traductor simultáneo GZzes-Español funcionaba perfectamente. Ya era capaz de llevar una conversación fluida.

—Luis…

—Esto es una mafia, no creo que llegue el punto de que me encuentren ‘tirao’ en una cuneta con un tiro en la cabeza. My tailor is rich and my mother's in the kitchen.

Piqué se desmayó. La silla se venció y su cuerpo cayó como un fardo al lado del de Rubiales.

—Empecé a jugar al fútbol con 3 años y me federé con 6. Me llamaban Rubi por mi apellido, pero también por la melena rubia que tenía, todos los cuerpos se deterioran.

Dentro de Rubi, en los confines de las neuronas de su cerebro, un satisfecho Dildimi manejaba los hilos de aquel ente primitivo. Krisna se iba a sentir orgullosa de sus avances, en un par de días tendría toda la información sobre el fútbol y la forma de organizarlo.

Rubi se puso el pantalón y los calzoncillos de Piqué, entró al baño, se acicaló y salió con paso firme a la rueda de prensa. Se sentía bien, integrado.

—Habitualmente camino con una gorra y estos días me la he quitado para que todo el mundo me vea la cara. Porque no tengo nada de lo que avergonzarme.

"Estoy bien, Piqué, consígueme un pantalón. ¿Sabes que soy de Motril?"

Cuarenta y siete días terrestres más tarde, a varios millones de años luz de la Tierra, en el extenso salón de la Satisfa&er5, solo, desnudo, sin sus botas plateadas de media caña, Dildimi echaba de menos a Krisna. Había intentado contactar con ella de múltiples maneras, pero todo había sido en vano. Ni una llamada, ni un mensaje, nada. Había desaparecido.

—Krisna —dijo Coentrão encendiendo un enorme veguero en la enorme cama King Size de su yate.

—Dime, Fabio.

—¿Tú no eres de por aquí, no?

—No, cariño, no, soy de Motril.

 

Getty Images

¡Descárgate B+ y comenta este artículo!

Comenta y Participa con B+

Soy un hombre hecho a mí mismo. El problema es que me sobraron algunas piezas. SOL O CONTIGO. Persigo playas.

6 comentarios en: Sin noticias de Rub(i)

  1. Divertidísimo. Por fin una explicación verosímil de lo que pasó en esa rueda de prensa. Mr. Gwynne, felicidades por la información. Ahora sabemos que Dildimi estaba en el lugar que le correspondía.

  2. Me preocupaba la situación del fútbol español pero, sinceramente, ahora mismo me da exactamente igual.

    Sólo me preocupa - y aterra- el interior de la cabeza de Fred.

    Lo que no quita que no me haya hartado a reír.

  3. Y yo pensando que el jevito de Krisna iba a ser Ramos, y el cabrón este me sale con Concentrao jaja ajjaa jaja ajjajaja

    Qué grande eres, Fred...

  4. La foto, la foto principal que ilustra el texto... No puede haberla mejor para todo lo que acontece -por escrito- después . Descacharrante.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

homelistpencilcommentstwitterangle-rightspotify linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram